Disclaimer: Dragón Ball y sus personajes son propiedad del maestro Akira Toriyama.


Capítulo II


"Aceptación"


«Tu peux tenter de mentir à ce qui se trouve dans ta tête, mais tu ne pourras jamais mentir à ce qui se trouve dans ton cœur»


Vegeta Jr. era demasiado pequeño cuando le infundieron la idea de que Bulma Brief era su prima, sin embargo las cosas dieron un giro muy inesperado respecto a la adopción de la niña. Durante una calurosa discusión, Mei había vuelto a ganar la batalla. El motivo era que logró convencer a su esposo —con la ayuda de Piccoro—, en adoptar a Bulma como hija legítima. Evidentemente el señor Ouji no estaba de acuerdo con ello ya que él pensaba que eso ya era demasiado. Hace pocos días Vegeta padre había aceptado a regañadientes a la niña en su casa, hasta había sugerido en darle su apellido y hacerla pasar como su sobrina. Sin embargo esa idea fue descartada inmediatamente por algunas incongruencias que delataría la verdadera identidad de la niña Brief. Para ello Vegeta, Mei y Piccoro se reunieron en la mansión Ouji para hablarlo en privado debido al tema tan delicado y brutal que se convirtió, y para ello tuvieron que manejar la situación con mucha discreción. Se formaría un gran escándalo si la sociedad supiera que Bulma Brief fue adoptada por los Ouji y, en lo peor de los casos, vieran a la niña como la pobre huérfana cuyos padres tuvieron la peor de las muertes; o lo que era fatal, una niña bastarda producto de una infidelidad. Cuál fuera la opción, Vegeta padre no estuvo dispuesto en ser la burla de la sociedad, y por ese motivo aceptó adoptar a Bulma como su hija. Por suerte, las cosas resultaron bien ya que nadie sospechó la incursión de la bebé dentro de la familia Ouji. Sin embargo, había quedado un pequeño inconveniente…

No lo entiendo, mamá—decía un niño de tres años de edad, quien miraba confundido e hipnotizado a la pequeña bebé que dormía apaciblemente en los brazos de su madre—. Entonces… ¿ella es mi hermana?

Mei se maldijo a sí misma por haber manejado la situación erróneamente. No solo le había mentido a su pequeño, sino que también lo estaba confundiendo más. Definitivamente aquella coyuntura se le había escapado de las manos.

Bulma es tu hermana y tendrás que ser bueno y protector con ella—dijo Mei quien le sonreía a su primogénito para infundirle convicción.

Creí que era mi prima hermana—respondió el pequeño frunciendo sus pobladas cejas.

El niño Vegeta rememoraba vagamente a su madre hacía unos meses, no recordaba a verla visto embarazada, aunque sí un poco pálida y de un mejor humor. Había sido durante esos lapsos cuando el viejo doctor de la familia venía a verla muy seguido… entonces lo comprendió. Sí, seguramente era eso y él no lo notó, hasta ahora.

Lo siento mi vida—se disculpó Mei abrazando a su hijo con el único brazo que tenía libre—, no pude manejar muy bien las cosas. Olvida todo lo que te dije desde un principio, ¿sí?

Vegeta volvió a fruncir el ceño, mucho más confuso que antes.

Está bien, pero sigo sin entenderte mamá. ¿Por qué no me dijeron que estabas embarazada? Por eso el doctor venía a verte, ¿verdad?

Mei parpadeó un par de veces, impresionada. La verdad era que su hijo le había obsequiado la última pieza que necesitaba para armar el rompecabezas, así que la usó a su favor para darle punto final a ese tema que ya la tenía desesperada.

Cuando estés más grande te lo explico todo, ¿te parece bien?

Bueno—aceptó el pequeño Vegeta sin refutar, por el simple hecho de que el tema le era irrelevante—. ¿Papá sigue molesto?

Mei arrugó un poco la nariz, le molestó la postura que su esposo había tomado sobre el asunto de adoptar a la niña como su hija. Sospechaba que no se le pasaría el coraje hasta el próximo año. No obstante, a Mei no le preocupaba la actitud arrogante de Ouji padre, eso era un asunto sin mayor importancia. Lo que sí le angustiaba era si su hijo vería —a partir de ahora—, a Bulma como una verdadera hermana menor. Sacudió la cabeza para dejar de pensar en ello, acarició la mejilla de Vegeta Jr. y luego le sonrió.

No te preocupes por tu padre—lo tranquilizó Mei—, ya se le pasará.

Vegeta le devolvió la sonrisa.

¿Sabes, mamá?—dijo Vegeta que clavó sus ojos negros en la bebé, le retiró la manta de la cara para verla mejor—, Bulma se parece mucho a ti.

Mei soltó una carcajada ante las palabras de su pequeño.

Al parecer Vegeta Jr. había olvidado ese acontecimiento, probablemente por la edad que tenía ya que en aquel entonces no le tomó la importancia que se meritaba respecto al asunto de Bulma. Los Ouji parecían aliviados sobre ello, aunque sí impresionados debido a que su primogénito era un niño súper dotado, pensando que le sería difícil olvidar el hecho de que le mencionaron que Bulma era su prima en la primera ocasión para luego cambiarle la idea de que siempre sí era su hermana; sin embargo ese mal entendido había quedado en el pasado. Ahora los niños Ouji creían que, efectivamente, eran hermanos de sangre, ambos hijos legítimos de Vegeta y Mei Ouji. Gracias también a Piccoro Daimaō quien había asesorado a los esposos estupendamente bien respecto a cómo debieron haber llevado la adopción de Bulma Brief…

¡No, no, NO! —gritó el señor Ouji ya fuera de sus cabales, yendo de un lado a otro con los brazos en alto.

Había estado sentado en uno de los sillones de la enorme sala de su mansión. No estaba solo, con él se encontraba su esposa del otro lado de la habitación, sentada elegantemente, quien lo miraba con cierto reproche. Piccoro, el abogado de los Ouji, se localizaba entre ellos, igual viendo con escepticismo la actitud del empresario.

Por favor, querido, estás siendo ridículo—musitó la señora Ouji que tomó una taza de la mesa de centro, la llevó a sus labios y le dio un pequeño sorbo a su bebida.

¿Yo ridículo?—espetó el señor Ouji totalmente ofendido—. ¡Ya tuve suficiente en aceptar a la mocosa aquí en mi casa!, ¡sugerir darle mi apellido!, ¡Y ahora quieres registrarla como nuestra hija legítima!—terminó diciendo alzando un poco más la voz con un tono de indignación.

Mei rodó los ojos ante tal griterío, definitivamente su marido era un caso perdido. Se imaginó a Vegeta como esa clase de persona que no entendía razones, que no aceptaba las opiniones de los demás, y que creían que su palabra estaba por muy encima de la de otros. Mei dirigió una mirada suplicante a su abogado, éste entendió inmediatamente la evasiva. El licenciado se aclaró un poco la garganta y se dirigió directamente a su cliente.

Vegeta—comenzó a hablar Piccoro Daimaō, tranquilamente. El aludido dejó de refunfuñar en cuanto escuchó su nombre para poner atención—, como tu abogado es mi deber asesorarte. Sé que la idea que nos compartió Mei te resulte… aberrante, pero tienes que aceptar que ella tiene razón.

Vegeta se sintió como si los dos estuviera en contra suya, eso lo cabreó más.

No lo acepto—refutó el magnate.

Piccoro parecía un poco exasperado ante la negativa de su cliente, pero como todo un profesional pudo mantenerse al margen y en calma.

Escúchame, la familia Cold está muerta, tanto King como sus hijos murieron en la persecución. Desafortunadamente hubo secuaces que sobrevivieron al accidente y lograron escapar. Por desgracia la policía no hizo bien su trabajo, esos imbéciles dejaron escapar a 7 delincuentes—Piccoro hizo una pequeña pausa turbadora, mirando los semblantes desconcertados de los Ouji—. Soy abogado, pero también soy detective. Sé cómo piensa los criminales, por eso estoy absolutamente seguro que estos fugitivos buscarán venganza contra la hija de los Brief. Aunque también cabe la posibilidad de que el sujeto que traicionó a los Cold vaya detrás de la niña.

Mei se cubrió la boca con ambas manos, impactada por las palabras de Piccoro. Se sentía angustiada y le preocupaba que la vida de Bulma corriera peligro; definitivamente tenía que protegerla a como diera lugar. En cambio Vegeta no pensaba como su esposa, para él, Bulma representaba un riesgo enorme para su persona y para su familia. Sabía que había sido mala idea en aceptar a la niña en su casa, esos hombres probablemente no tardarían en dar con ella hasta encontrarla, y para ello tenían que pasar por encima de su familia… ¡No! No podía permitirlo.

Entonces si la niña se queda, mi familia y yo correríamos peligro, ¿no? —bramó Ouji mirando a su abogado con frialdad.

No si Bulma Brief aún se encuentre desaparecida—respondió Piccoro esbozando una sonrisa cínica.

¿A qué te refieres con eso, Piccoro? —preguntó Mei sin comprender absolutamente nada.

Vegeta también parecía confuso, así que se olvidó de su reciente enojo y volvió a tomar asiento para escuchar la explicación de su abogado.

Cuando fui a la escena del crimen, los forenses y la policía científica ya estaban allí. Los cuerpos ya habían sido removidos y mis colegas estaban buscando huellas dactilares y rastros de ADN. Intuía que estábamos pasando por alto algo importante, traté de registrar cada rincón del laboratorio, hasta que encontré algo inusual en el bote de la basura.

»El cofre de terciopelo donde Panchy Brief guardó su carta. Gracias a su contenido pude dar con la localización de la niña.

¿Leíste la carta ahí mismo? —preguntó Mei un poco preocupada de que alguien más supiera el verdadero estado de Bulma.

Piccoro negó con la cabeza.

No, guardé el cofre en mi chaqueta y me lo llevé a mi casa. Al leer el contenido lo comprendí y supe lo que tenía que hacer. Tomé una maleta de mi armario y luego regresé a Corporación Cápsula. Saqué a la niña de un escondite secreto y la metí en la maleta sin levantar sospechas. Nadie me vio. Cuando supe que algunos secuaces de Cold habían escapado, entonces me convencí que era lo correcto en llevar a cabo ese plan.

Piccoro no sabes cómo te agradezco por lo que hiciste—musitó Mei mirando al hombre totalmente impresionada, pero sobre todo agradecida.

Piccoro, ¿por qué no adoptas a la niña?—expuso el señor Ouji recuperando su tono severo—. Serías un buen padre—terminó diciendo a modo sarcástico.

Mei fulminó a su marido con la mirada. Sin embargo Piccoro ignoró los comentarios de su cliente y dijo:

La niña, al estar en estado de "desaparecida", la hace una buena excusa para que la adopten sin ningún problema—tomó una pequeña pausa, y continuó—. Los Brief eran amigos míos, pero yo no puedo hacerme cargo de la niña; mi trabajo no me lo permite. Sé que fue riesgoso y nada ético lo que hice, pero no tuve otra opción.

Vegeta compuso una mueca de incomodidad, había olvidado que Piccoro era un amigo cercano de los Brief así como también lo era Mei. Pero a pesar de ello, aún seguía inconforme y no se detendría sin salirse con la suya.

Mei y yo quedamos que a la mocosa la haríamos pasar como nuestra sobrina—remató mirando a su abogado de brazos cruzados. Oyó un gruñido por parte de su esposa pero optó por ignorarlo.

Vegeta vi que Piccoro se le quedaba mirando con incredulidad.

Me sorprende que siendo un hombre inteligente no te hayas dado cuenta de la falla de tu plan, Vegeta—replicó Piccoro, con un levísimo matiz de exasperación en la voz.

¡Claro que sí!—gruñó el señor Ouji—. Sé que soy hijo único, pero Mei tiene una media hermana o algo así. Podemos decir que la niña es hija de mi cuñada y listo.

Vegeta—lo llamó Mei cuyo semblante era de un cortés desconcierto—, esta mañana hablé con mi hermana y ella no está de acuerdo en adoptar a ningún bebé. Fue una plática un poco cordial. La verdad no llevamos una buena relación. No nos ayudará.

Vegeta contrajo sus espesas cejas negras.

Lo más seguro es que siga molesta con nosotros porque no le prestamos dinero—espetó Ouji incrédulo.

¡Cómo sea! No nos queda más opción—exclamó Mei imperiosamente.

Podemos convencerla—gruñó Ouji golpeando el sillón que tenía cerca con ambos puños.

Vegeta—intervino Piccoro con voz melosa—, tanto tú como Mei son figuras públicas. La prensa no tardaría en averiguar la mentira que se desataría si sigues con la idea de hacer pasar a la niña como tu sobrina. Además tu cuñada los delataría fácilmente si se da el caso de que ella adopte a Bulma y para eso tendríamos que decirle quien es en realidad.

Le pagamos lo que ella pida—opinó Ouji con desesperación, con tal de no adoptar a la niña como su hija.

Para ese entonces Mei se había puesto de pie, totalmente furiosa y con los brazos en jarras.

¡Basta Vegeta! —espetó furiosa. La ira daba un brillo especial a sus ojos verdes—. A partir de hoy Bulma es mi hija legítima. Fin del asunto—objetó severamente, comenzando dar unos pasos en dirección a su habitación.

¡Espera, Mei! —dijo Piccoro de inmediato, caminando con decisión hacia la matriarca de la familia Ouji—. ¿Le comentaste a tu hermana sobre el asunto de Bulma?

No te preocupes por eso—lo tranquilizó Mei—, lo manejé de forma sutil, solo le pregunté si estaba interesada en adoptar a un bebé; eso fue todo. Además le hice creer que Vegeta y yo volvimos a ser padres.

El señor Ouji, que estaba ajeno a esa conversación, sintió una punzada de irritación.

¡Qué! —exclamó el magnate a su esposa, pero ésta optó por ignorarlo.

Ya veo, estuviste delicada de salud estando en cama por seis meses. La prensa creyó que estabas esperando un hijo. Creo que todo está dicho—dijo Piccoro dando por zanjada la conversación.

Perfecto—dijo Mei frotándose las manos a causa del entusiasmo.

El señor Ouiji se sentía excluido de la pequeña reunión, la ira no tardó en inundarlo en todo el cuerpo. No podía creer que su opinión valía una mierda para los otros dos adultos presentes, y por ese motivo decidió retirarse de la sala.

Maldita sea—gruñó Vegeta dando grandes zancadas en dirección a su despacho y cerrando la puerta abruptamente.

Piccoro parecía preocupado por la reacción de su cliente, quería hablar seriamente con él y explicarle que la mejor opción para todos era la adopción de la pequeña Bulma. Pero conocía muy bien al magnate, cuando se ponía furioso no había manera de tener una pequeña conversación con él. Así que mejor decidió hablar con Ouji otro día.

Mei pareció leer los pensamientos de Piccoro, porque simplemente le dijo:

No te preocupes, haré que Vegeta se encariñe con su nueva hija.


(…)


4 años después…

Mei Ouji era una famosa y exitosa diseñadora de modas. Desde su adolescencia siempre supo que quería ser una súper modelo y desfilar en las grandes pasarelas de Europa. Gracias a su belleza y encanto logró escalar a lo más alto vistiendo fina ropa de grandes diseñadores y posando para eventos importantes, hasta ser la principal imagen de la portada de diversas revistas de modas. Su trabajo como modelo terminó cuando fue la esposa del magnate de negocios Vegeta Ouji, quien la apoyó para que ella pudiera abrir su propia casa de modas y así poder compartir sus extravagantes diseños a diferentes sociedades; siendo actualmente presidenta de su propia empresa, convirtiéndola en la diseñadora de modas de mayor éxito comercial, estimando su fortuna en 800,000 millones de zenis.

Bulma y Vegeta (de cinco y siete años respectivamente), acompañaban a su madre a su casa de modas "MOuj" para una sección de fotos infantil. Para la pequeña Bulma la idea de aparecer en una revista famosa y vistiendo ropa diseñada por su propia madre, era algo soñado para ella; le entusiasmaba la idea de ser una persona famosa como lo era Mei Ouji. En cambio Vegeta parecía querer que la tierra se lo tragara, aterrado a la idea de ser la imagen en la portada de una revista ridícula en donde lo exhibirían y luego pasar a ser la burla en su escuela; definitivamente no podía permitirlo.

—Mamá—gruñó Vegeta quien subía las escaleras junto con Mei y Bulma para llegar a la entrada de la empresa—, yo no quiero hacer ninguna sección de fotos. No quiero salir en ninguna revista, me da vergüenza.

Mei lo miraba por el rabillo del ojo, pero no dijo nada. Era evidente que su hijo se mostrara rancio respecto a todo lo que tenía que ver con su trabajo, pensó que llevarlo a la empresa el pequeño cambiaria de opinión. Sin embargo Vegeta seguía con ese semblante de irritación, ignorando a las amables y respetuosas personas que pasaban a su lado. Mei sabía que obligar a Vegeta a hacer algo que no quería, sería el preludio de una serie de furia acumulada en contra de ella. Por ese motivo decidió no incluir a su hijo al grupo de niños modelos que vestirían la marca oficial de verano-otoño. Era una gran pena ya que Mei consideraba que Vegeta tenía el porte y la elegancia para ser la imagen en la portada de la revista Voila.

Al entrar a la empresa, los hermanos quedaron impresionados por la enorme fuente de cristal que adornaba el vestíbulo. La habitación era enorme, con paredes de mármol liso y con un ligero matiz de piedras grises que lo adornaban. El techo era de vidrio, podía verse el intenso azul del cielo y el blanco de las nubes que se movían gracias al viento. Los rayos del sol hacían la tarea de iluminar por completo el lobbie, dándole un aire resplandeciente. Al fondo, casi topando la pared, había un pasillo donde se localizaban los elevadores en dónde éstos conducían a las oficinas y a las bodegas. Había finos sillones de piel que rodeaban la fuente, y en una esquina de la habitación se hallaba la recepción.

—Ustedes dos me esperarán aquí—dijo Mei a sus dos hijos, acompañándolos a que se sentaran en un sillón—. Necesito hablar a solas con la editara jefa de la revista. No tardo y por favor pórtense bien.

—¡Claro, mami!—asintió la pequeña Bulma, quien se recargó en el respaldo del sillón cruzando sus brazos y piernas. Parecía una niña muy bien portada.

—Vegeta, te encargo a tu hermana—aseveró Mei dedicándole a su hijo una mirada de advertencia, para luego retirarse del lobbie, yendo para las oficinas.

Vegeta suspiró frustrado, simplemente sacó su celular y sus auriculares del bolsillo de su sudadera, y comenzó a escuchar música; recargó su cabeza en el respaldo del sillón y luego cerró los ojos. Bulma lo miraba de reojo, empezaba a aburrirse sin hacer nada.

—¿Vegeta me prestas tu celular?—le preguntó Bulma a su hermano, pero parecía que éste no la escuchaba.

Al parecer tenía el volumen al límite ya que la niña podía oír claramente el ritmo de la música desde su lugar. Subió sus piernas al sillón y se levantó para arrancarle los auriculares a su hermano y preguntarle si podía usar el celular. En cuanto hizo esta acción, sintió como era impulsada hacia atrás, aterrizando encima de un cojín, perdió el equilibrio y cayó de bruces al suelo. La fuerza que usó Vegeta fue demasiada que la niña comenzó a experimentar un fuerte dolor en su pecho. En el lobbie se precedió un estruendoso grito que hizo que las personas que pasaban por ahí les prestaran atención a los dos niños que se encontraban en la recepción.

Bulma lloraba escandalosamente desde el suelo, palpándose su pecho y soplando sus rodillas que ahora estaban muy rojas. Vegeta, a pesar de su molestia, se levantó del sillón y ayudó a su hermana a levantarse.

—Bulma deja de llorar—espetó Vegeta un poco horrorizado por las personas que los estaban viendo. Volteó en dirección a los pasillos para ver si su madre venía hacia ellos—. Oye, no lo hice a propósito. Fue culpa tuya, no tenias que quitarme los audífonos así—la terminó regañando, pero eso ocasionó que la situación se complicara más.

—¡Me duele! —balbuceó la pequeña que ahora era cargada por su exasperante hermano mayor.

Una de las trabajadoras de la empresa se dirigía a los niños para mantener calma en el lobbie y terminar con el alboroto que se armó.

—Disculpen—comenzó a decir la mujer, que en cuanto vio a los infantes pudo reconocerlos—. ¡Oh! ¡Son los hijos de la señora Ouji! ¿Bulma se siente mal? Puedo hacerme cargo de ella.

Vegeta se puso un poco nervioso, pensando que aquella señorita iría por su mamá y le contaría lo que había ocurrido realmente. Eso no podía permitirlo.

—No es necesario—musitó Vegeta en un tono muy grosero—. La llevaré a fuera.

—Pero…

Vegeta no la dejó a hablar, simplemente se retiró de la empresa con la niña en brazos y se dirigió rápidamente al estacionamiento. Visualizó la camioneta negra que estaba aparcada en una zona vip, caminó hacia allí y, cuidando que Bulma no se le resbalara de los brazos, abrió la puerta trasera con algo de dificultad pero con sumo cuidado.

Nappa se sobresaltó en cuanto escuchó la puerta abrirse, se alarmó más cuando vio a la pequeña Bulma llorar. Rápidamente se bajó del asiento de enfrente, y rodeó la camioneta para atender a la niña. Vegeta ya había depositado a su hermana en el asiento trasero, y en ese momento comenzó a revisar sus heridas.

—¿Qué le pasó?—preguntó Nappa preocupado.

—Se cayó—fue la celosa respuesta de Vegeta. Luego de unos segundos de un intenso silencio, agregó—: Nappa, necesito que me dejes a solas con mi hermana.

Nappa se quedó algo impresionado ante ese pedimento, pero no puso objeción alguna. Simplemente hizo un pequeño asentimiento de cabeza, y se retiró de ahí, aunque no lo suficientemente lejos de los niños ya que necesitaba vigilarlos.

En cuanto Vegeta vio que Nappa ya no estaba cerca de ellos, se subió a la camioneta y cerró la puerta con seguro. Luego, se dirigió a su hermanita sobándole las rodillas; era lo menos que podía a hacer ya que se sentía un poco culpable.

—¿Ya no te duele nada?—preguntó Vegeta quien seguía dándole torpes pero a la vez suaves masajes a la niña.

Bulma sorbió un poco por la nariz, se limpió sus lágrimas, y levantó la cabeza para mirar a su hermano. Éste tenía un semblante serio, pero se podía leer en sus ojos la preocupación que estaba sintiendo en esos momentos.

—No, ya no—respondió Bulma sonriéndole a Vegeta. A pesar del golpe que le dio, supo que no lo había hecho con mala intención.

Él no le devolvió la sonrisa, simplemente hizo el acto de querer regañarla pero se contuvo a tiempo. Necesitaba tranquilizarse y pensar en una buena excusa para decírsela a su mamá. Bulma aún lo miraba, se sentía un poco adolorida y algo cansada; se acomodó abarcando los tres asientos traseros, depositando su cabeza en las piernas de su hermano. Éste iba a quejarse, pero se vio interrumpido cuando la niña le dijo:

» No te preocupes por mamá. No le diré nada.

Vegeta se sintió aliviado por eso, aunque algo incomodo ya que ahora estaba en deuda con Bulma. La verdad era que su hermana a veces lo exasperaba, y eso era en la mayor parte del tiempo. Sin embargo, se sentía muy feliz tenerla a su lado, ver cada día esa hermosa sonrisa que solo ella le dedicaba a él. Definitivamente Bulma era un tesoro que tenía que cuidar, un ángel que había llegado a su vida con un propósito, estaba ansioso por descubrirlo y saber que le depararía el porvenir junto con Bulma. Sinceramente no pudo haber pedido una mejor hermana menor. Sin darse cuenta Vegeta tenía una sonrisa sutil dibujada en su rostro, miró a su hermana percatándose que había sucumbido al sueño; él estaba por hacer lo mismo. Se acurrucó en el asiento con el cuidado de no despertar a la niña, y después de un minuto se quedó dormido.


N/A:

¡Hola! ñ.ñ

La verdad estoy muy sorprendida por el recibimiento de este fic. Como me lo habían mencionado en un review, el tema es algo polémico a causa de que en este fanfic está previsto de que unos hermanastros se enamoren. Pero bueno, quise intentar algo nuevo y esto fue lo que salió. Quiero que sepan que me saltearé algunos años en el transcurso del fanfic hasta que Bulma y Vegeta ya estén en plena adolescencia; quiero evitar que el fic se alargue demasiado. En todos modos más adelante habrá muchos flashback, y eso nunca falta en mis fics. Me di mi tiempo en responder cada uno de los reviews (solo los que tienen cuenta). Igual gracias por las personas que me mandaron mensajes anónimos e igual por medio de mi página de facebook ¡INFINITAS GRACIAS! Agradezco sus follows y favs. Espero que este segundo capítulo haya sido de su agrado. ¡Mil gracias por leer!

Besos y abrazos

Macky Monyer

29/10/18