Naruto no es mío si no de Masashi Kishimoto.

Advertencias de este One-shot:

- OoC (espero que no)

-Crack

-PwP

-UST

-Lemon (muy explicito)

Pareja principal: Gaara/Hinata

-*lalalalala (pensamientos)

-*lalalalala (diálogos y narración)

Gracias por adelantado por los reviews.

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Era una tranquila mañana como lo eran todos los días en la aldea, el cielo era claro y despejado, corría una fresca brisa que era agradecida por el calor, los aldeanos se entretenían y hablaban animadamente en el mercado.

El ruido de las personas en la calle entraba por la entreabierta ventana junto a la claridad del fuerte sol de las once que dejaba entrar la translucida cortina blanca de la habitación. La que antes fue una silenciosa habitación estaba ahora llena del suave murmullo de la calle.

Se sentía cómoda en el fantástico mundo de los sueños, no quería salir de ese lugar de descanso por nada, estaba tan cansada, sentía su cuerpo muy pesado, como si llevara encima un traje hecho de pesado acero.

No sabía que le ocurría exactamente, a parte del cansancio de su cuerpo tenía también un gran vacío en su mente que no podía llenar con ningún recuerdo.

Lo único que recordaba era haber salido del hospital y pasear tranquilamente hasta que un creciente malestar la invadió en mitad de la calle, por eso mismo decidió ir a casa a descansar para ver si se le pasaba, chocó en una esquina con Gaara al correr por no ver por donde iba y tras el golpe no recordaba nada más.

No sabía ni como había llegado a su cama ni estaba tan baja de fuerzas.

Pero quitando eso, no deseaba salir de su cama por lo increíblemente confortable y cálido que estaba su colchón, como su almohada subía y bajaba acompasadamente, como la sábana le rodeaba los hombros y le acariciaba suavemente la espalda con mimo.

Suspiró encantada con confort al sentir un cálido aliento en su coronilla seguido de un rápido beso en la zona que la hizo abrazarse más a su caliente y dura almohada.

Pasó unos segundos relajada en esa posición, siendo aún tranquilamente acariciada hasta que su cerebro procesó todo debidamente.

¿Desde cuando las almohadas subían, bajaban y eran duras? ¿Sábanas que te acarician suavemente la espada y abrazan? ¡Por Dios! Supuestamente estaba sola, ¿quién había con ella en su cuarto? Y peor aún, ¡En su cama!

Abrió abruptamente los ojos alzando la cabeza con cierto miedo, su pequeña y respingona nariz rozó con otra un poco más grande pero fina. Al centrar la vista se encontró a ridículos diez centímetros de unos grandes ojos aguamarina que la miraban a ella fijamente.

Se quedó pasmada y sin habla al ver que esos ojos color turquesa solo pertenecían a una sola persona.

El Kazekage Gaara.

Sus ojos bajaron de su inexpresivo rostro hasta más abajo, sus pálidas mejillas adquirieron un suave tono rosa al ver su lampiño pecho al descubierto. Sus iris violáceas, abiertas de par en par por la sorpresa no se detuvieron en sus perfectos abdominales, el ligero color rosa de su rostro se volvió un fuerte escarlata al ver que no solo sus pectorales estaban al descubierto y que si que tenía pelo en otro lado que no fuera la cabeza.

-¡Kyah!- Se levantó veloz de la cama y retrocedió asustada hasta toparse con la pared-. ¡Por…por favor, cú…cúbrete!

¡Gaara estaba en pelotas!

Se tapó el rostro con las manos para no verle, pero la curiosidad de vez en cuando le ganaba y entre abría los dedos para echar una ojeada y descubrir que seguía desnudo como antes pero de lado, dándole la cara.

Con eso solo conseguía que chillara de nuevo al ver que no parecía tener intención de taparse.

-No veo la razón de tu creciente vergüenza, Hinata.

¿La llamaba por su nombre de pila? Madre santa, ¿pero qué demonios había pasado entre ellos para que la llamara por su nombre y sin sufijos? Pero sobre todo, ¡¿por qué estaba desnudo en su cama?!

-¿Por…por qué estas des…desnudo en mi ca…cama?

-La cama es mía, relativamente, es la cama de la habitación que se me ha dado mientras esté en la aldea.

Miró a su alrededor y vio que era cierto, su cuarto era de un tono muy claro de lila con frisos de clara madera, esta habitación era totalmente blanca y sin ningún tipo de adorno salvo la calabaza de arena en una esquina del cuarto.

Pero le daba igual, no explicaba el por qué estaba desnudo y con ella.

-Vu…vuelvo a repetir la pre…pregunta, ¿por qué es…estas desnudo?- Cerró los ojos ladeando la cabeza sonrojada al extremo.

Y por favor, cúbrete ya.

-Estoy desnudo por el mismo motivo por el que lo estas tú.

-¿E..eh?

Bajó la mirada a si misma y el sonrojo desapareció en segundos para volverse tan blanca como un cadáver.

Volvió a gritar con pánico y tomó la arrugada sábana de la cama para envolverse el cuerpo con velocidad con ella al ver que, en efecto, estaba también como su madre la trajo al mundo.

El pelirrojo se incorporó en la cama para estar sentado y la observó detenidamente con un rostro que parecía esculpido en piedra, Hinata se sintió terriblemente cohibida ante su intensa mirada.

-No sé por qué te ocultas, en estos dos días he tenido suficiente tiempo para memorizar tu cuerpo de memoria, sé cada detalle de ti-. Vio como la peliazul abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua, él tomó esa reacción como que no creía sus palabras, por lo que decidió demostrárselo-. –Tienes un pequeño lunar en la nalga derecha en la parte baja del glúteo y otro en forma ovalada sobre tu pecho izquierdo.

La escuchó y vio tomar airé fuertemente anonada y de nuevo con los colores al rojo vivo.

¡¿Pero cómo sabía él eso?! Solo había una manera de poder saberlo.

-¡¿Te…te has aprovechado de m…mí?!

-No-. Suspiró tranquila tras oírle, pero eso no la ayudaba a relajarse del todo porque no explicaba como sabía esos detalles tan íntimos de ella-. Tú eres la que se ha aprovechado de mí.

Estaba segura que su expresión tendría que ser digna de foto, ella... aprovechándose de Gaara, la frase es que ni siquiera era creíble ni para ella.

-¿Lo… hemos he…hecho? –Miedo le daba la respuesta que él pudiera darle.

-¿Sexo? Si, muchas veces.

Y se lo decía así, tan tranquilo, como si el hecho de que se han acostado juntos Dios sabrá cuantas veces no fuera importante.

Aunque ahora entendía la razón de por qué en su intimidad sentía cierta tirantez cuando se despertó y se levantó. También delataba lo que habían hecho la pequeña mancha de sangre que había en la ropa de cama y que no vio antes por los nervios.

Se llevó una mano a la boca ahogando un grito de sorpresa que Gaara al verla extrañó.

¡Todo se originó tras salir del hospital! Ósea que la situación tenía que ver con ese lugar, pero no lograba atar cabos sueltos.

Miró al pelirrojo que seguía observándola a ella sobre la cama y de brazos cruzados, apontocado en el cabecero de la cama, y como no, sin cubrir, lo malo es que ya se estaba acostumbrando a eso, y no debería.

-¿Sa…sabes qué pasó e...exactamente?

-Tsunade dijo cuando estuvo aquí hace dos días que te dio por error un afrodisíaco experimental.

¡Oh señor! Perder la virginidad bajo los efectos de un afrodisíaco no es que fuera la noticia más agradable de todas.

-Es… espera, ¿has di…dicho dos días?

-Sí, hace dos días vino a traer el antídoto.

-¿Y por…por qué no me lo diste?

Como respuesta obtuvo algo insólito, que Gaara dejara al fin de mirarla y le esquivara la mirada con un muy escaso rubor en las mejillas.

Quien le diría que ella, la tímida Hinata sería también la primera en ver sonrojarse al pelirrojo por primera vez en la vida. Aunque debía reconocer que era muy adorable verle así.

Se sonrojó ella misma sin remedio.

-Yo… me sentía necesitado y deseado por lo que yo soy y no por mi estatus social. Se sentía tan bien saberse querido aunque fuera por efectos de una poción que odié tener que renunciar a eso.

-Oh.

No sabía que más contestar, fue un pensamiento muy personal de parte del pelirrojo.

-Y también – Al ver que seguía hablando alzó su cabeza y se tensó al verle en pie junto a ella con ambos brazos pegados a la pared a cada lado de su cabeza, sentía el corazón latirle en los oídos - no pude parar de querer sentir lo que me hiciste en ese callejón.

Su voz sonó monótona pero con un deje de fondo fogoso y un mantra en su cabeza le decía una y otra vez que ni se le ocurriera bajar la mirada de su cara.

-¿Qué…te hice?

-Me besaste – acercó su boca cerca de sus labios y ella tembló al sentir su cálido aliento rozándole- , me acariciaste y tu boca… se llevó mi cordura.

-No… no lo entiendo…

-No lo entiendas, te devolveré las sensaciones que me hiciste sentir a mi.

Sin dejarle tiempo a negarse, cosa que tampoco habría podido hacer porque su mente no la dejaba pensar con claridad ante la creciente sensación de mareo, la besó como hizo ella hace dos día.

Otra sensación de hormigueo la recorrió al sentir esos finos labios presionar los suyos, tendría que apartarle, empujarlo y poner distancia entre ellos, pero su cuerpo reaccionaba nostálgico a sus besos.

Cerró los ojos, nerviosa, intentando relajarse. Pero Gaara se separó antes de que pudiera tomar algo de iniciativa.

-Abre la boca.

No pudo negarse a semejante orden cuando la decía con esa voz tan autoritaria y grave, como si estuviera afónico.

Tentativa lo hizo y ahogó en la boca del pelirrojo un jadeo al sentir como la lengua de él la recorría y saboreaba a su total antojo.

Un ligero recuerdo, casi como una pequeña visión le nubló los sentidos, recordaba algo sobre un callejón sin salida, al pelirrojo acorralado e inexpresivo contra la valla de madera y algo de sabor a ramen.

Cerró los ojos con fuerza ante ese pequeño desliz de su mente y abrazándose a si misma cuando Gaara le arrancó la sábana y la lanzó tras él sin miramientos.

Tartamudeó un gritito de asombro cuando sintió los dedos del pelirrojo dejar la pared para acariciar sus hombros y bajar despacio al inicio de sus senos tras quitarle sus manos de en medio.

¿Por qué algo como esto se sentía tan tremendamente bien? ¿Por qué su cuerpo lo aceptaba con una abundante humedad entre sus muslos?

-Ga...gaara – el aludido gruñó complacido al escuchar su nombre mientras abandonada sus hinchados labios y comenzaba a dar atención a su cuello lleno de marcas pasadas hechas por él - ¿tú tam…también tomaste del a…afrodisíaco?

-No, tú fuiste la única quien se bebió eso. Los efectos ya han pasado.

Apresó sus sensibles senos, esos que apenas podía albergar con sus manos para hacerla gemir como sabía que haría como había descubierto esos dos días junto a ella. Casi sonrió cuando ella le complació con un sensual suspiro mientras se arqueaba. Casi.

-¿En...entonces por…por qué…hmmm… -Apretó sus hombros cuando su pierna comenzó a frotarse con su empapada intimidad- haces es…esto?

-Porque lo deseo.

No fue necesaria más explicación, esa le había valido para darse por enterada y para sonrojarla de manera alarmante.

Gritó abrazándose a su espalda cuando la alzó del suelo como si fuera una pluma y la llevó de nuevo a la cama, se preparó para sentirlo sobre ella pero en su lugar se acercó a la ventana y cerró correctamente las cortinas.

Con esa acción pudo ver la espalda totalmente llena de arañazos, algunos todavía frescos. Se llevó las manos a la boca, ¿ella le había hecho eso?

-Tú... es…espalda, lo si…siento mucho Gaara.

-No pidas perdón, ese dolor mezclado con el placer me gusta.

No se sorprendió al ver al pelirrojo con un punto masoquista, algo debía quedar del pasado.

Lo que si la sorprendió fue verlo gatear hacía ella y abrirle la piernas, ahora es cuando se daba cuenta de lo que probablemente estaba a punto de pasar. Quiso cerrarlas cuando lo vio mirarla descaradamente ahí abajo.

No pudo porque se inclinó sobre ella impidiendo tanto la huida como la posibilidad de cubrirse.

Besó de nuevo sus labios con ardor disfrutando de su tersura y su sabor, sus manos disfrutaban de su caliente y tersa piel y sus oídos se deleitaban al escuchar sus melodiosos suspiros y quejidos.

Hinata era adictiva, era la primera cosa que le entusiasmaba tanto que no tuviera que ver con la sangre como era en el pasado.

No sabía ni como reaccionaría Shukaku al ver todo lo que su portador había y estaba haciendo y lo que le habían hecho en esos dos días pasados.

Bueno, se lo imagina, tras desvirgarla se habría vuelto loco al percibir el olor de la sangre y pediría más y en el estado en el que se encontraba, muy excitado, se lo habría concedido.

Sabía con certeza que hizo bien en pedirle a la Hokage poder comercializar el afrodisíaco una vez estuviera listo con Suna, más teniendo en cuenta sus planes actuales.

-¿No recuerdas nada de estos dos últimos días conmigo?

Hinata abrió a duras penas los parpados, sentía su cabeza dar vueltas, como si fuera a desmayarse al sentir al pelirrojo mecerse acompasadamente sobre ella, rozándola y humedeciéndola en el proceso.

Intentó hacer memoria, buscar en el recoveco más profundo de sus recuerdos, pero nada, seguía estando ese enorme espacio en blanco en su cabeza.

-N…no, no recuerdo nada, pe…pero siento es…esto familiar y cuando me besaste me…me pareció recordar al…algo vagamente.

Asintió complacido a su respuesta, recordaba cosas sobre la marcha, eso estaba bien, acabaría recordándolo todo, estaba seguro de eso.

-Acaríciame.

-¿Qu…qué? –Estaba demasiado entumecida como para procesar a la velocidad que debería las cosas.

-Tócame-. Tomó su mano derecha y pasándola por su pecho y abdominales levemente surcados de sudor, lo que la hizo perder el aliento, la hizo cerrar la mano entorno a su, ahora si, no como en el callejón, erecto miembro-. Así.

Le movió la mano de arriba a bajo sobre su eje, ella solo miraba con los ojos abiertos como platos y tan roja como un tomate su pequeña mano agarrando el pene del pelirrojo y masajeandolo.

Esto, por muy indecoroso y vergonzoso que le pareciera, también se le hacía extrañamente familiar, no sería que… ¿Ella ya le había masturbado antes?

De los nervios apretó el agarre entorno a su falo dándole más presión y fuerza, eso solo ocasionó que el pelirrojo soltara un gruñido y apretara las sábanas junto a su rostro. Se inclinó sobre ella mirándola con unos ojos que ardían de deseo.

Cuando quiso darse cuenta, Gaara balanceaba por si solo las caderas contra su mano mientras enterraba la cara en la delicada curva de su cuello.

Se mordió el labio inferior al sentir como soltaba la sábana que apresaba la mano derecha junto a un lado de su rostro y esta serpenteaba descaradamente su cuerpo hasta su ombligo.

Con su mano libre le arañó el hombro con nerviosismo cuando del ombligo bajó hasta el centro de sus muslos y le abrió los labios.

-¡¿Ga…gaara pe….pero qué…?! –Se alteró al sentir como introducía dos dedos dentro de ella y los sacaba repitiendo la acción una y otra vez.

-Anoche pediste que te hiciera esto, y no solamente que fueran solo los dedos a la vez.

Dios santo, el afrodisíaco la volvió toda una autentica fresca, no podía creer que ella le pidiera tal cosa, y a saber que otras barbaridades también, no quería ni preguntar.

Gimió con fuerza cuando el pulgar comenzó a frotarse con su clítoris al tiempo que metía otro dedo, ya había perdido por completo el sentido de la razón y se dejaba hacer, total, los dos días que habían pasado enganchados como conejos ya no se los quitaba nadie.

Siguió complaciéndole al mismo tiempo que lo hacía él.

Era tan curioso ver los distintos tipos de expresiones que ella podía producir en el siempre inexpresivo e imperturbable pelirrojo. Como cerraba los ojos disfrutando de cada movimiento, como se mordía el labio o echaba la cabeza hacía atrás en un gemido silencioso, como su lengua, esa que tan bien sabía manejar, salía y se humedecía los labios.

Ahora no se había dado cuenta por el afrodisíaco, si no por si misma de que Gaara era increíblemente atractivo, se sonrojó al ver su tonificado cuerpo brillar un poco por la fina capa de sudor.

Atractivo y sexy.

-Gaara… -Se sorprendió al decir su nombre por primera vez sin un tartamudeo, pero enmudeció cuando el Sabaku abrió los ojos y estos bañados en lujuria se clavaron en su rostro. Tragando saliva y desviando su mirada, le apenaba muchísimo pedirle eso, paró sus movimientos ganándose un gemido de protesta que solo la sonrojó para llevar el miembro del pelirrojo a su entrada-. Po…por favor.

-Bien-. Entendió la suplica bajo esa acción.

Lo sintió sacar sus dedos de su interior y al mirar por el rabillo del ojo lo encontró lamiéndose la mano para limpiarla con gesto de gozo.

Eso la excitó un poco.

Cuando terminó se posicionó entre sus piernas y metió la punta. Se abrazó a su maltratada espalda clavándole las uñas de nuevo cuando se introdujo entero.

Sin darle espera a que se acostumbrara la besó comenzando la fricción.

Lo que le había hecho con sus dedos no era nada comparado con esto, se sentía tan llena, tan completa, es como si eso le faltara a su cuerpo y al fin estuviera entera.

En solo unos pocos segundos su mente se nubló para abandonarse al placer, jamás pensó que esto se sentiría tan bien. No entendía por qué el sexo era un tema tabú en el Clan Hyuuga.

Envolvió sus piernas alrededor de su cintura embriagada por el calor que el Kazekage le estaba haciendo sentir en todo el cuerpo, un calor abrasador desde su vientre hasta todo los demás.

Gimió con fuerza arañando su espalda de nuevo y él gruñó aumentando el ritmo.

La cabecera de la cama chocaba con la pared sin cesar, a este paso la harían trizas y se les caería la pequeña estantería que había sobre la cama.

No sabía cuanto tiempo llevaban así, pero cada vez necesitaba más.

Necesitaba desesperadamente respirar y Gaara no es que ayudara mucho con sus furiosos besos, poco importó eso cuando Gaara le mordió en un hombro y sintió algo caliente dentro de ella llenarla lo que la hizo llegar su clímax también.

El cuerpo del pelirrojo cayó exhausto sobre ella mientras la abrazaba, al igual que él, portaba una respiración errática y cansada. Pero se sentía feliz, muy feliz de estar ahí.

Bajó la mirada al rostro tranquilo de Gaara, tenía las mejillas sonrojadas y el pelo pegado a la frente por el sudor, pero eso solo lo hacían ver más guapo. Sonrió tímidamente para acariciar su cuero cabelludo.

Ahogó una risita al escucharlo ronronear al sentir sus mimos.

Tumbada, con la espalda inclinada por la almohada, pudo ver la espalda del Sabaku, dejó de arrullarle la cabeza para hacer un par de sellos simples y posarlas en los arañazos, no sabía mucho de medicina, pero si que sabía como curar heridas y cicatrices.

Después de todo, tuvo que aprender por si sola para que su padre no la regañara al ver el estado en el que terminaba cuando entrenaba por si sola.

Poco a poco vio como las señales de sus uñas desaparecían dejando una espalda ancha y perfecta.

Cuando fue a tocar de nuevo su cabello al terminar de curarle Gaara se alzó tomándola de las manos hizo el gesto tierno de besarlas.

-Hinata, me haré responsable de lo que suceda.

-¿Su…suceder qué? –Ni habiéndose acostado con Gaara estando consciente hacía olvidarse de su tartamudeo.

-Que te quedes embarazada, en ningún momento hemos utilizado protección ni hemos tenido cuidado.

El encantador rubor de su rostro se volvió blanco. Embarazada, eso es lo que le faltaba ya.

Posó sus manos en sus fornidos hombros asustada.

-¡Mi pa…padre!- Por Dios bendito, cuando su padre se enterara se liberaría el caos en la mansión.

-Tranquila, como he dicho, me haré responsable de todo-. Se levantó de encima de ella saliendo con cuidado de su interior y la ayudó a levantarse-. Usa este baño para asearte, yo utilizaré el de mi hermano, si acabas antes espérame en la sala de estar.

Asintió a su demanda para recoger su ropa del suelo y escapar veloz al baño, por lo menos no tuvo la idea de bañarse con ella.

Cuando estuvo con el agua caliente cayendo por su cuerpo eliminando el sudor de dos días con sus noches, se permitió el lujo de tener un ataque de histeria al verse sola en el cuarto de baño.

Embarazo, apenas le faltaba medio año para cumplir los diecisiete y ya veía venir un bebé en camino, ¡O peor aún! Dos por la genética de su familia.

Muchas chicas en la aldea eran madres a su edad, pero claro, eran civiles y no una de las hijas del feje de uno de los Clanes más prestigiosos y orgullosos de la aldea. Le costó horrores ser digna a los ojos de su padre, ahora con eso, todo el esfuerzo se iría al garete.

Cerró el grifo cuando su piel se parecía a una uva pasa y salió del baño tomando una toalla que se había preparado antes de ducharse.

Buscó con la mirada un cepillo para el pelo por la sala y lo encontró nuevo dentro del mueble del baño, estaba todavía envuelto en plástico. Se vistió con los pantalones, el sostén y la camiseta de rejilla y salió a la habitación a por su chaqueta desenredándose el pelo.

-¿Ya estas lista? –Se encontró al pelirrojo colocándose la pesada calabaza de arena a la espalda, tenía el pelo húmedo, le goteaba de vez en cuando. Cuando ella se puso la chaqueta un tanto avergonzada y la bandana al cuello le asintió.- Ven conmigo.

Se acercó a él y de improvisto la tomó de la mano entrelazando sus dedos. Al sentir como se tensaba tras él se viró al comienzo de las escaleras.

-¿Po…por qué me to…tomas de la ma…mano?

-¿Esta mal? Las parejas se toman de la mano al caminar.

¿Pareja? ¿Desde cuando Gaara se había proclamado su novio? No le molestaba, haber, él era magnifico y era fácil tomarle cariño, ella lo tenía, pero que saliera con semejantes comentarios así de la nada la dejaban pillada.

Solo para asegurarse haría la prueba.

-¿So…soy tu no…novia?

-Sí -. Ni se lo había pensado para contestarle, esa franqueza la hicieron sonrojar, era tierno eso de él-. ¿Tienes hambre? Podemos desayunar si quieres.

-N…no, no tengo ha…hambre, come tu si lo ti…tienes.

-No, el desayuno puede esperar, prefiero ir a tu casa primero.

-¡¿Mi…mi casa?!

-Sí, voy a ir ante tu padre y pediré tu mano-. Una vez que bajaron ambos el ultimo escalón, el pelirrojo se giró de nuevo hacia ella para tomarle con la mano libre la mejilla sonrosada-. Voy a hacerte una mujer honesta, Hinata. –Bajó la mirada entristecida. Solo por lo que pudieran pensar de él, se lo imaginaba. Él le hizo alzar la cabeza -. Y no es por lo que pueda pensar la gente, es porque yo quiero hacerlo.

Recibió de buena gana el beso que el pelirrojo le otorgaba, tierno y suave, una caricia con los labios que se extendió por largos minutos.

Un carraspeo nervioso los hizo separarse sin mucha gana, en especial el Kazekage, le gustaban demasiado los labios de la Hyuuga.

Una Temari y un Kankuro obviamente nerviosos estaban frente a ellos, siendo testigos del beso que claramente había iniciado su hermano pequeño y mirando con asombro disimulado el detalle de que estaban tomados de la mano y de la suavidad con la que Gaara le trataba a ella.

Hinata deseó estar en otro lugar salvo ese, los hermanos del pelirrojo evitaban mirarlos a ambos, y ella hacía lo mismo escondiéndose detrás de Gaara.

Ellos sabían que había pasado entre Gaara y ella, mucho más si habían estado en la casa de hospedaje, en sus respectivas habitaciones mientras ellos estaban "ocupados". Solo rezaba para que no se hubieran quedado a dormir allí todo ese tiempo o no los podría mirar a la cara en la vida.

-¿Dónde habéis pasado estos dos días? No os he visto cuando venía a por agua.

-En el clan Nara-. Gaara la miró fijamente adivinando que cosas podría haber hecho su hermana allí con Shikamaru similar a los que había vivido él. Ante esa mirada se sintió acorralada.

-Yo con los Aburame.

Un incomodo silencio invadió el pasillo- recibidor, los hermanos mayores se miraban los pies descalzos buscando palabras que decir, Hinata deseaba salir de allí pero ya, y Gaara parecía ajeno a todo.

-Esto… eh… ¿cómo estas? –Temari se armó de valor para ser la primera en romper en silencio.

-Bien.

-¿Seguro?

-¿Debería estar mal, Temari?

-Gaara, lo dice por… ya sabes, dos días, ella –Señaló a la escondida y roja Hinata tras él- y tú… el afrodisíaco.

Juntó sus dedos índices, uno paralelo al otro dando a entender lo que quería decir. Para ambos hermano mayores que nunca hablaron de ese tema con el pelirrojo les estaba costando un trabajo monumental.

Hinata estaba todavía peor, inconscientemente apretó la mano de Gaara y este la miró, al verla colorada hasta las orejas y con cara de suma pena decidió animarla a su manera.

-No tengas vergüenza, lo que hemos hecho no es malo, además, ellos serán pronto tu familia también.

-¡Espera un momento! ¡Gaara! ¿De nuestra familia? ¿No me digas que vas a…?

-Sí, me casaré con ella.

-¡¿Casarte?! Esto es…. – Temari tomó aire para serenarse, lo mejor era no presionar demasiado a su hermano por lo que decidió mejor hacer otras preguntas igualmente importantes, ya tendría tiempo de preguntar en otra ocasión- ¿Pero, te lo permitirá su padre? Hinata es la heredera.

-No voy a pedirle permiso, voy a informarle de que me casaré con su hija-. Miró el reloj de pared del salón y entrecerró los ojos, ya habían perdido, entre la última ronda de sexo, la ducha y la pequeña conversación con sus hermanos, dos horas-. Continuaremos hablando luego, tenemos prisa.

Los dejó con la palabra en la boca al ponerse las sandalias y tenderle a Hinata las de ella para acto seguido irse de allí.

En la calle se sintió bien y relajada, pero solo durante unos pocos minutos, porque fue salir a una calle concurrida de gente y sentir los ojos fijos en ellos.

Aunque los aldeanos intentaban disimular, tanto las miradas curiosas como los susurros, ella y obviamente Gaara, como buenos ninjas, jounin y Kazekage, los oían y veían perfectamente bien.

Toda la atención se basaba en lo simple de la escena, Gaara la tenía tomada estrechamente de la mano.

Sintió al Sabaku apretar el paso a un caminar ligero, le miró curiosa por tal acción pero agradecida al hacerla olvidar por unos instantes que todo el mundo los miraba.

-Será mejor llegar cuanto antes a tu casa, los rumores se extienden con rapidez y no tardarán en llagar a tu Clan.

La tomó de la cintura en un firme abrazo y alzando la mano la arena los elevó en una plataforma para ver a vista de pájaro donde se encontraba la mansión Hyuuga e ir directos hacía ella.

Hinata lloró en su interior, eso solo llamaría más la atención y no solamente de los aldeanos, los ninjas y anbus escondidos por toda la aldea para dar seguridad los estarían viendo también.

Cuando estuvieron a dos casas de la mansión, la plataforma bajó gradualmente hasta dejarlos justo en las enormes puertas de entrada.

Empujó la pesada puerta para abrirla y guió el camino sin ser su territorio, Hinata aún tomada de su mano, caminaba muy por detrás de él. Con cada paso que daba más nerviosa se ponía y más miedo le producía.

Andando por el camino de piedra que separaba los jardines y enseñaba cada una de las entradas a la mansión, se encontraron a Neji rumbo a uno de los muchos pasillos.

Al ver a su prima sonrió levemente, pero la sonrisa desapareció en un instante, no porque estuviera junto a Gaara, sino porque este la tenía tomada de la mano acérrimamente.

Se acercó a ellos con paso firme y airado, Hinata deseó llevarse la mano a la frente al ver a su primo.

Estaba en modo super- mega- sobre protector.

-¿Qué haces con mi prima, Kazekage? –Arrastró su rango con cierto malhumor.

Gaara entrecerró los ojos al percibir el tono de su voz y su porte tenso. Si lo que buscaba era intimidarle, mal lo llevaba, a él no le daba miedo nada.

-Quiero hablar con el líder del Clan.

-El señor Hiashi está en una importante reunión en estos momentos y no permite reuniones con él si no es con anticipo.

-Soy el Kazekage, líder de la aldea de la arena, si exijo hablar con alguien, lo hago.

Hinata sentía el aire cada vez más frío entre ellos, casi podía ver saltar chispas de sus duras miradas, y ciertamente, no quería verse envuelta en eso.

Por mucho que Neji hubiera ayudado a salvar a Gaara de Akatsuki en el pasado y hacer algo de amistad, por muy Kazekage que fuera, nadie, nadie se acercaba a su prima Hinata si no era con buenas intenciones.

Y ver como el pelirrojo no la soltaba para nada le estaba haciendo pensar lo peor.

-Veré que puedo hacer-. Si hacía esto era por su prima que pedía a gritos con sus ojos que pararan de enviarse el uno al otro miradas de muerte, no por Gaara-. Podéis esperar en una de las salas para el té.

Como dijo, los llevó a una de las muchas salas de la mansión ambientada para tomar un té y contemplar el sereno paisaje del jardín mientras se disfruta de la bebida.

Tomaron dos sencillos cojines para ponerlos junto a la mesa y se sentaron a la espera de que Hiashi los recibiera, una mujer de alrededor de los cuarenta años les sirvió una humeante taza de té de jazmín.

Gaara bebió un sorbo con tranquilidad cuando la puerta corredera se cerró quedándose los dos solos.

Hinata miraba la taza en sus manos con creciente miedo, sus manos temblorosas lo obviaban, fue a beber un poco pero la angustia podía con ella, estaba tan nerviosa.

-¿Estas bien?

-No, te…tengo angustia.

-¿Tan rápido dan los síntomas de embarazo? ¿Quieres turbarte un poco? –Alzó sorprendida la cabeza ante la primera pregunta.

¿Gaara pensaba que eran las nauseas propias de los primeros meses de embarazo? Si no fuera por la situación tan complicada en la que estaba pensaría que era adorable ver esa duda en él y la preocupación.

-No…no es po…por eso, son los ne…nervios.

La miró fijamente y ella sonrojada bajó la cabeza. Cuando pensaba alzar la mano y tocarle la mejilla la puerta corredera se abrió de nuevo.

Hiashi con las manos metidas en las mangas de su yukata entró con porte regio y sereno, demostrando con cada paso el poder de su presencia.

Hizo una leve inclinación con la cabeza a modo de saludo respetuoso al pelirrojo cuando se sentó frente a él, gesto que Gaara devolvió.

-Mi sobrino me ha informado de que alguien deseaba hablar conmigo con urgencia, jamás me imaginé que fuera usted Kazekage Sabaku.

-Si he ocasionado algún problema, pido disculpas.

-No, no hace falta, la reunión estaba por concluir-. La misma señora de antes ingresó con una reverencia para depositar una nueva taza de té y un bol de galletas recién hechas en la mesa-. No se tome esto como una descortesía pero, ¿qué le trae por mi casa?

-Nada importante, solo quería presentarme correctamente ante usted.

Le alzó una ceja sin comprender que quería decir exactamente con eso.

-Deberás explicarte mejor, ¿por qué deseas presentarte ante mí? –Alzó la taza para llevársela a los labios y tomar un sorbo.

-Porque me casaré con su hija.

Tosió atragantándose con el té por la sorpresa, dejó la taza sobre la mesa tapándose la boca para no escupir la bebida, respiró profundamente para tomar el aliento y miró seguidamente al pelirrojo con una intensidad que dejaría a cualquiera helado.

Menos a Gaara, seguía inmune a todo.

-¿Qué has dicho?

-Me voy a casar con su hija.

Frunció el ceño con irritación, le parecía increíble, en el mal sentido, que el Kazekage fuera a su casa para decirle eso.

-¿Qué te hace pensar que yo permitiré eso?

-Nada, no le estoy pidiendo permiso, le estoy informando de lo que voy, vamos – corrigió velozmente- a hacer.

Hinata en ese momento estaba más asustada por Gaara que por ella, estaba viendo como a su padre se le hinchaba la vena de la frente y apretaba los puños, Gaara estaba tentando la suerte.

-¡Que insolencia! Venir a mi casa exigiendo la mano de mi hija como si nada, ¡Dame una buena razón para permitirte tal barbaridad!

-Deseaba no tener que decirle esto, pero si insiste-. La peliazul lo miró con el rostro bañado en pánico imaginando que es lo que iba a decir -. He desvirgado a su hija.

Destrozó por completo la mesa de un manotazo, los restos revolotearon por toda la habitación, las tazas destrozadas derramaron sus contenidos filtrándose a través del suelo de tatami.

Miró a su hija fijamente lo que ocasionó que bajara intimidada la mirada haciéndola sentir más pequeña que una mariquita.

-¿Es cierto, Hinata?

-Yo…yo…sí, es ci...cierto.

Chilló cuando su padre se abalanzó hacia Gaara con el ojo blanco activado y lo tomó con rudeza de su tunica alzandolo del suelo como si no pesara nada.

-¡¿Cómo te atreves a aprovecharte de mi hija, bastardo?!

-Yo no comencé, fue ella quien se aprovechó de mí en primer lugar.

La arena, ya recorriendo en pequeños montones por la sala al ver el posible ataque que podría darle en cuanto lo alzó del suelo, se cerró entorno a las manos de Hiashi haciendo que lo soltara.

-¿Có…cómo? – La idea de pensar en su hija violando al Kazekage conocido como ex sanguinario asesino era tan inquietante como aterradora en el sentido de que su hija es incapaz de sacar siquiera valor para decir "hola" sin ponerse roja-. Imposible…

-Es una larga historia que no es buena escuchar precisamente ahora.

Cerró los ojos cesando, de momento, el byakugan. Por un lado quería la explicación de todo pero por otro no quería saber nada porque implicaba tener que meterse en la vida sexual de su hija.

¡Dios! Era tan difícil todo ahora.

Hasta hace dos días iba todo tan bien en la mansión, Hanabi progresaba con el nuevo entrenamiento, Neji seguía siendo el genio que todos conocen y Hinata también mejoraba por momentos, la que más de todos ellos y ahora esto.

Recordó que hace dos días la asistente de Tsunade fue en busca de Hinata, y ahora que hacía memoria, su hija no había aparecido por casa desde que se fue al hospital.

-Hinata – Respingó asustada al escuchar a su padre llamarla- ¿dónde has estado estos dos últimos días? –La escuchó tomar aire de manera entrecortada, decir que estaba nerviosa era quedarse corto-. Quiero la verdad.

Se hizo el silencio durante un corto periodo de tiempo que se hizo interminable para su padre.

Gaara había pasado de ser el mayor foco de su resentimiento a ser un mero espectador.

-Es…estuve todo el ti…tiempo con… Gaara.

Comenzó a juguetear con sus dedos de manera frenética al igual que se había vuelto su respiración.

Algo estaba ocultando que no deseaba decirle.

-Hinata, di lo que te está carcomiendo la mente.

-N...no puedo, t...te colapsaría padre.

-Hija.

-No me ha…hagas decirlo, po…por favor. – Cerró los ojos tapándose el rostro con sus pequeñas manos.

-Hinata Hyuuga, habla ahora.

-Su hija y yo no usamos protección un ningún momento-. Se sentó junto a Hinata esquivando los restos de mesa-. ¿Era eso lo que te preocupaba decirle?

Asintió para posteriormente esconder su rostro en su cuello roja y muerta de la pena, ya no podría mirar a su padre a los ojos en su vida sin recordar lo que estaban viviendo esa mañana.

Gaara por su parte simplemente le paso un brazo por los hombros y con el otro le acarició tranquilizadoramente la espalda. Tal vez eso la animara un poco, pero claro, poco sabía él sobre levantar el animo.

Tendría que aprender ahora de todos modos por ella.

Hiashi estaba quieto, como una estatua en el mismo lugar en el que se quedó tras soltar al pelirrojo. Estaba blanco como el papel, tan pálido que parecía un fantasma.

No usamos protección.

Esa frase se proyectaba una y otra vez en su mente sin piedad, era como un kunai clavándose una vez tras otra en su cabeza.

Dos días a solas con un chico que resultaba ser el Kazekage de Suna, dicho hombre frente a él parecía estar más que interesado en su hija, ya la había hecho suya sin dudarlo, había tenido dos putos días para hacerlo a su total antojo.

Hinata embarazada, esa idea le gustaba menos que la de su hija casándose, era tan joven para las dos cosas.

Sintió un ligero dolor en el pecho que fue aumentando conforme pasaban los segundos, se llevó la mano al pecho para apretarlo con fuerza y caer de rodillas al suelo.

-¡Padre! –Corrió hasta él viendo como se estrujaba el yukata sobre el corazón y el sudor que surcaba su frente.

-Voy a buscar a Tsunade.

-No hace falta –Hiashi habló con la voz ronca y apenas audible- la he visto venir correr hacía aquí con los hermanos del Kazekage cuando active el ojo blanco…

Como dijo, al cavo de un par de minutos justos, la Hokage acompañada de Temari, Kankuro y Naruto que se les había unido por el camino.

Tsunade le trató pidiendo que lo llevaran a su habitación, estuvo una media hora revisando su salud minuciosamente, todo el clan se había enterado de que el lider se había desplomado.

Por suerte nadie sabía aún sobre la primogénita del líder y el Kazekage, aunque por los rumores de los aldeanos algo deberán pensar seguramente ya.

Era muy fácil sacar suposiciones de todo cuando han visto escenas demasiado jugosas de ellos por la aldea esa mañana.

Cuando Tsunade salió Hinata saltó preocupada.

-¿Cómo esta mi padre?

-Bien, la situación en la que se ha visto envuelto ha podido con él y ha sufrido un ataque de ansiedad, ha estado por los pelos a punto de sufrir un infarto.

-Oh Dios, y todo por mi culpa.

-¿Por tu culpa? No querida, la culpa ha sido mía, si no te hubiera dado el frasco equivocado nada de esto habría pasado.-. Miró al pelirrojo apoyado en la pared con los brazos cruzados-. Y culpa suya también, si hubiera aceptado el maldito antídoto las cosas hubieran sido más suaves.

-No me arrepiento de la decisión que tomé al rechazar el frasco.

-Como para estar arrepentido, te han montado como si fueras un toro.

Hinata se sonrojó furiosamente mirando sus pies como la cosa más interesante que hubiera visto nunca y Gaara desvió la cabeza hacía la ventana con un diminuto rubor.

-Ah si, mocoso – Llamó la atención del pelirrojo y sacó de entre sus gigantescos pechos un pergamino enrollado con un intrincado y elegante papel decorativo que le lanzó y que atrapó fácilmente al vuelo-. Esto es para ti, terminé de redactarlo esta mañana.

Lo desenrolló con curiosidad y amplió los ojos con asombro para regocijo de la Hokage.

-Esto es…

-Sí, un acuerdo de matrimonio, y fíjate bien, mi firma y la de Hiashi ya están dadas, faltan la de Hinata y la tuya para que pueda hacerse valido el casamiento, oh, y que firmes el pergamino que le corresponde a Konoka que tengo aquí guardado.

-Lo firmaré tan pronto encuentre una pluma y tinta.

-Esto, señora Tsu…tsunade, ¿cómo ha convencido a mi padre?

La rubia de repente soltó una carcajada que dejó a todos anonados por su repentino buen humor.

-Le he explicado a tu padre los pros de este matrimonio si lo acepta y lo que malo que puede pasar si no lo permite, lo bueno es que las aldeas tendrán un lazo tan fuerte de unión que durará para siempre al tener sangre del País del Fuego entre sus aldeanos cuando llegue la hora de la descendencia. Y lo malo –Volvió a reír a carcajadas- le he dicho que Gaara es muy posesivo con lo que considera suyo, Hinata ya lo es y viceversa, si se le niega la boda se podría crear un conflicto político que acabaría a las malas en guerra.

-Tienes razón, en lo de posesivo-. Tuvo que añadir eso al verle con ojos horrorizados al pensar que sería capaz de entrar en guerra-. Nunca generaría una guerra sabiendo que mis amigos y Hinata están aquí y puedan sufrir peligro.

-¿Y si no estuvieran aquí y Hinata no sufriera daño?

-Entonces barajaría la posibilidad.

Ahora si que estaban algo asustados, que dijera esas cosas con esa monotonía en la voz y esa inexpresión total en el rostro intimidaban al extremo.

-Bueno, ¿qué tal si vamos a Ichiraku a celebrar que todo esta solucionado? Podemos avisarles a los demás y hacer una fiesta.

Todos menos Tsunade que debía volver a la oficina para miseria de ella asintieron, después de todo dos de ellos no habían desayunado aún y otro cuando se trataba de ramen era un pozo sin fondo.

El camino fue tranquilo a pesar de las miradas curiosas que seguían recibiendo porque el pelirrojo seguía empeñado en tomarla de la mano como si lo hubiera estado haciendo toda la vida.

No le molestaba, para nada, en verdad se sentía querida y le gustaba la sensación de calidez que la invadía, pero todavía estaba recuperándose por los momentos de antes.

-Hinata- Salió con un repullo de sus pensamientos para verlo mirarla- no sé mucho sobre amor, es un sentimiento que hasta hace poco me era desconocido y doloroso pero te prometo aprender, solo necesito que seas paciente y me –Pareció titubear- enseñes.

Las dudas que tenía sobre una vida con él se esfumaron con sus palabras y se las llevó la agradable brisa que corría por las calles, esa suplica de querer amar la atraparon por completo.

-No te…tengo que enseñarte na…nada, ya sabes que…querer por ti solo-. Alzo sus manos entrelazadas-. Es…esto es una muestra de ello ju…junto a las pa…palabras que me dedicaste esta ma…mañana.

-Aún no sé bien que es el amor.

-Ni yo tampoco, pero ¿sabes qué es lo bueno? Tenemos una vida entera para aprenderlo juntos.

Le sonrió con la sonrisa más dulce que había recibido en toda su vida, el corazón le latió más deprisa y se sintió feliz.

-No has tartamudeado,¿ por qué?

-Me siento más segura contigo.

Sintió cosquillearle las mejillas ante su respuesta y aunque fue solamente una pequeñísima elevación de las comisuras de sus labios, era una sonrisa que pocas veces otorgaba.

-Gracias por chocarte conmigo.

Bajó su cabeza dispuesto a besarla sin importarle que los aldeanos pudieran verlos y cotillear de eso durante días, lo que más deseaba ahora era besarla, una y otra vez.

Lo necesitaba, pero Naruto no sabía eso y los interrumpió cuando sus labios ya se rozaban.

-¿Venís o no? No tenemos todo el día par de tortolitos.

Frunció el ceño y suspirando un poco con derrota siguieron caminando para ponerse al día con los demás.

Ya tendría tiempo suficiente para degustar de nuevo sus labios, y el resto de ella.

FIN.

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Al principio esto era un one-shot, pero me habéis insistido tanto para hacerle una segunda parte que al final con un poco de cacao mental conseguí esta idea y se volvió un Two-shot ¡El primero que hago!

Perdonad si veis mucho OoC, intento que no haya pero siempre algo que destroza todo esfuerzo.

En fin, este es el último escrito que escribo en el año2013 y me siento nostálgica y triste por ello extrañamente.

Hasta el próximo One-shot. Cuídense. (L)

¡Feliz y prospero año 2014!