—Esto es demasiado extraño—comento Annie mientras salía junto a Mikasa. La pelinegra asintió.—Bueno, voy a saludar al resto.

Mikasa solo camino sola hacia otra dirección. Probablemente comprendió que su conversación con Annie había terminado.


—Annie—hablo Christa, junto a la rubia—¿Como has estado?

—Sobreviviendo—admitió Annie secamente.—Digamos que esto no es ni fácil, ni divertido.

—Obvio que no es divertido—se metió Ymir, apoyándose en una silla.—Digamos que ahora todo va a cambiar. ¿Que harás?

—No lo se...terminar la universidad—dijo la rubia, mientras suspiraba.—En un tiempo abandonare ese departamento.

—¿Por Eren?—pregunto Sasha, también uniéndose. Annie asintió.

—Todo en ese lugar me recuerda a Eren. Incluso Armin—admitió la rubia, para luego sonreír tristemente. Annie, Armin y Eren compartían departamento. Tras la repentina muerte de Eren Annie colapso y echo a Armin por un tiempo, porque se lo recordaba.—Por algo se fue.

—Lo echaste—le recrimino Ymir con una burlona sonrisa. Annie rió un poco.

—Sí, lo admito.—dijo la Leonhardt, más tranquila.—Ahora me siento mejor, probablemente le diga que vuelva. No me gustaría pasar esto sola.

—Eso no tiene sentido—dijo Christa, con una sonrisa.—Echaste a Armin porque querías pasar esto sola.

—Sí, lo se—admitió ella, mirando el piso.—Antes tenía una idea distinta de la muerte...quizás no tan dolorosa. Quizás no tan realista.

—Esto es simplemente cruel—dijo Ymir secamente. Las 4 asintieron.

—¿Como ibas con Periodismo?—le pregunto Sasha, curiosa.

—La mejor de la clase—dijo esta secamente. Christa sonrió tristemente. Nadie podía sonreír con una completa felicidad, pero una sonrisa era una sonrisa.

—Eso es realmente bueno—le felicito la pequeña rubia—Siempre fuiste muy inteligente y amable.

—"Amable"—dijo Annie entre comillas.—Cada día te pareces más a Armin.

La pequeña rubia hizo un puchero, el cual hizo reír a las 4.

—¿Y Mikasa?—pregunto Sasha.

—Conversa con Petra y los chicos—respondió Ymir mientras que con la mirada buscaba a la pelinegra, encontrándola al instante.

—Ah—dijo la chica con la obsesión a la comida. Annie suspiro.

—Necesito hablar con Armin, vuelvo en un instante—dijo, dirigiéndose a donde se encontraba el rubio.

Armin conversaba normalmente con Connie, Reiner y Bertholdt hasta que alguien tocó suavemente su hombro. Volteó a ver con curiosidad. Era Annie. Logro con dificultad no soltar un grito de terror por la sorpresa.

—¿Podemos hablar?—le dijo ella. Bertholdt bajo la mirada, apenado. Bertholdt había estado en una relación de 4 años desde que ambos tenían 15, y habían terminado porque Annie estaba solamente preocupada con los estudios. Bertholdt al principio lo había tomado bien, puesto que pensaba que luego de un tiempo volverían y serían felices, pero al parecer eso jamás paso.

—Claro—acepto Armin, mientras caminaba hacia otra parte con la rubia. Desvaneciéndose de la mirada del resto.


—Esto debe ser muy doloroso para ti—decía Jean caballerosamente mientras conversaba con Mikasa.—No deberías pasar esto sola.

—Sí, supongo que no—admitió la pelinegra, algo agría. Sin embargo se sentía cómoda junto a Jean, por lo cual podía mostrarse tal como era.

—Te puedo acompañar—sugirió el castaño claro, tomando sorpresivamente la mano de Mikasa. Esta se relajo y disfruto de la conexión de manos, y luego de sus dedos entrelazados.—Siempre que me necesites, yo estaré a tu lado Mikasa.

—Gracias—dijo esta, sonriendole dulcemente.—Eres un gran amigo, Jean.

—Si—dijo este, para luego bufar a lo bajo. Jean no veía a Mikasa exactamente como una amiga, y había echo todo lo posible para que la pelinegra se percatará de ello, pero al parecer Mikasa no lo notaba, o ignoraba sus sentimientos. Y Jean prefería creer que Mikasa no lo notaba, puesto que eso era una realidad menos dolorosa.—Luego de esto, ¿te gustaría ir a tomar algo?

—¿Ir a un bar?—cuestiono esta mientras lo consideraba.

—Sí, salir todos para divertirnos un poco para pasar el rato—dijo el, sonriendo servicialmente.

—Esta bien—acepto la pelinegra, para luego ser inpredeciblemente levantada a los aires por Jean y sus fuertes brazos.—¡Suéltame!—grito esta, mientras comenzaba a reír.—¡Jean, en serio!—este la daba vueltas y esta reía como hace mucho tiempo no lo hacía. Finalmente Mikasa logra golpear levemente a Jean con su pierna, logrando que este la bajara.

—Pegas fuerte—le dijo el, mientras se sobaba. Mikasa desvió la mirada.

—Lose—dijo esta calladamente, mientras miraba al cielo.—Gris...el perfecto día para un funeral.


—¿Que pasa?—inquirió el rubio sin mostrar los nervios que lo agobiaban. Annie solo miraba el suelo, como si estuviera avergonzada o arrepentida. ¿Que le sucedía?

—Perdón.—soltó esta, para luego arrodillarse en el piso. La primera acción que hizo Armin fue intentar levantarla, pero esta negó antes de que el hiciera un verdadero esfuerzo.—Escúchame, Armin.—el rubio asintió y esta sonrió tristemente.—No quise echarte...no lo quería. Pero realmente pensé que la mejor manera de pasar todo esto era sola...y me equivoque.—en ese instante Annie se levanta y queda viendo a Armin fijamente a los ojos, aun con esa triste sonrisa en sus labios. Armin siente que también tiene que sonreír, y lo hace.—Te quería pedir que volvieras al departamento. Por favor...

—Claro—acepto Armin con una entusiasta sonrisa. Annie borró esa triste sonrisa, por una feliz.

—Gracias—dijo esta, para luego suspirar. Entonces oyeron una voz acercaron.

—¡Annie, Armin!—gritaba Sasha con una gran emoción. Todo el mundo la miro mal, puesto que era sumamente inapropiado gritar en un cementerio, en un funeral. Annie rió en silencio, para luego indicarle a Sasha con un gesto que bajara el tono de voz.—Oh, esta bien. Todos vamos a ir a un bar a divertirnos, ¿vienen?

—Claro—acepto otra vez Armin con una sonrisa. Annie asintió y camino lo suficientemente rápido para alcanzar a Sasha. Armin solo la admiro desde lejos, para soltar un suspiro y seguir caminando junto a su grupo de amigos.


Finalmente estaban todos ahí. Jean iba conversando junto a Mikasa y Connie, Sasha junto a Annie, Christa e Ymir y Armin iba con Reiner y Bertholdt.

Todos observaron asombrados el lugar.

—¿Nos trajiste a un café con piernas?—cuestiono Bertholdt, extrañado. Jean bufó.

—Es una discoteca, tontos—dijo este con aire de superioridad. Connie rió.—Que unas se vistan de una forma "distinta" no significa que sea un café con piernas.

—Esa chica se parece a Armin—dijo Connie, señalando a una silueta que estaba en el bar. Armin sonrojo.

—¡Claro que no!—alegó, haciendo indirectamente un puchero. Todos rieron. Unos más que otros quizás, pero en el fondo todos rieron.

—¿Es mi idea o todos nos miran?—cuestiono Ymir, extrañada. Christa infló sus cachetes infantilmente.

—Aun llevamos nuestras ropas del funeral, quizás sea eso—respondió la pequeña rubia, juguetona. Ymir asintió.

—¡A comer!—dijo Sasha, corriendo a la parte del bar. Connie rió, otra vez.

—La acompañare—dijo este, caminando como Pingüino hasta la parte del bar.

—¿Reiner, quieres bailar?—le pregunto Christa inocentemente al musculoso rubio. Este sonrió conquistante.

—Por supuesto, Diosa—le dijo coquetamente el rubio, tomándola de la mano y llevándola donde la gran multitud.

—Tsk—gruñó Ymir de mal humor, frunciendo el ceño al ver como la pequeña Christa se alejaba con Reiner. Annie lo noto.

—¿Aun no se lo has dicho?—cuestiono esta con un tranquilo tono. Ymir la miro con el ceño fruncido.

—Claro. "Oh, Christa, soy lesbiana y te amo"—dijo esta, con un notable sarcasmo y mal carácter. Luego suspiro.—No es algo fácil.

—Sí, imagino que no—le dijo Annie, mientras se sentaba en un sillón del lugar. Al otro lado estaban Mikasa, Jean y Bertholdt.

Ymir observo a Annie por un momento. Delibero mentalmente si sentarse a su lado y conversar y desahogarse, pero finalmente se negó.

—Voy a tomar algo—dijo la morena secamente mientras caminaba al bar. Bertholdt al ver como Annie quedaba sola, aprovecho la oportunidad y se fue a sentar junto a la rubia, dejando a Jean y Mikasa solos.


—Esto es tonto—comento Mikasa a Jean, mientras se acomodaba en el sillón.—¿Sabes? Ni siquiera descubrieron su puta causa de muerte.

—¿Y eso te molesta?—le pregunto el, sin saber que decir. Realmente Jean no era tan amigo de Eren, puesto que siempre discutían y todo, pero saber sobre su muerte lo impactó y entristeció bastante, por lo cual estaba ahí. Además de su enamoramiento por Mikasa.

—Bastante—confesó ella colocando una mano en su frente.—¿Como se supone que descanse en paz si ni siquiera sabe la verdad?

—Los muertos no descansan, Mikasa.—dijo Jean.—Los muertos se van y...listo. No hay nada más.

—Pero tiene que haber algo más—dijo ella, observando nostalgicamente el suelo.—Eren no puede...terminar así...no. No.

—Es la verdad—dijo el, con una triste sonrisa.—Eren se fue, y no volverá.

Annie, la cual estaba en el sillón continuo, escucho esa frase. No pudo evitar sentirse destruida otra vez.

—¿Sucede algo?—pregunto Bertholdt, intentando ser amable. Annie lo mira con aburrimiento.

—No, nada.—contesta esta mecánicamente. Este suspira. Luego sonríe de una forma esforzada. Quizás demasiado.

—Y...¿como has estado?—le pregunta el, con una amable sonrisa. Annie no comprende porque el es amable con ella. Lo detesta, de hecho. Ella fue un asco con el, dejándolo y haciendo promesas falsas. No lo entendía, y no quería hacerlo.

—Bien, Bertholdt.—contesto secamente. Luego lo miro con enfado. Este no lo comprendió.—Por supuesto. Mi mejor amigo esta muerto, mi vida es un fracaso. ¿Que mierda más le puedo pedir a esta maravillosa vida?.

—Que...—Bertholdt intentaba entender, pero Annie lo interrumpió antes.

—Idiota.—murmuro con un notable odio. Se levanto y camino hacia la puerta del bar y salió. Entonces notó como se encontraba sola. Se quedo callada un segundo, notando como nadie la seguía.—...—y entonces comprendió que estaba sola. Porque Eren no estaba. Eren la hubiera seguido.—Sola. Otra vez.

—¡Annie!—oyó a Armin gritándole, mientras se le quedaba viendo. Esta suspiro, agotada.—¿Sucede algo?—Annie no respondió, Armin entendiéndolo como un sí. El sonrió tristemente.—¿En que te puedo ayudar, Annie?

—¡No me puedes ayudar!—le grito esta, furiosa y conmocionada. Armin se sintió extrañado de la prepotente actitud de la rubia, cuando siempre actuaba fría.—¡Nadie me puede ayudar!.

—¿Annie?—cuestiono Armin, mucho más extrañado. Esta le miro directo a los ojos, furiosa.

—Lárgate y no vuelvas.—dijo esta, para luego dar pasos por la calle, sin siquiera pensar lo que iba a ocurrir.

—¡Annie!

—Diablos...—susurro esta antes de caer sin consciencia.