NI IDEA

…de qué estoy escribiendo. ¿Canon, what if, semi-AU? ¿Humor, romance, drama? ¿Eremika, Rivetra, crack? ¿Relaciones, traiciones, inversiones? Colección de one-shots de todo tipo, cual cajón de sastre. ¡El espectáculo debe continuar! Inspirado en "Momentos" de Chica Plutonio. NI IDEA 2 – FUERA DE SU ALCANCE: Marco, el Guerrero, sabe que sus compañeras siempre estarán demasiado lejos.


NOTA DEL AUTOR – ¡Saludos! Me alegra ver la buena acogida que ha tenido este proyecto, nada más empezar. Mi agradecimiento a quienes lo siguen con interés y/o lo han añadido a favoritos, eso siempre anima para avanzar a buen ritmo. Y especialmente…

* ¡Gracias, MadameVacaNegra-San! Su colección "My Immortal" también fue una inspiración para comenzar ésta.

* ¡Gracias, Miss Wong! No sería exagerado llamarla "la Diosa del Eremika", en castellano y próximamente también en inglés; ahí está su "I Will Always Return" para demostrarlo.

* ¡Gracias, Chica Plutonio! La gran inspiración para este proyecto, ¡y ya me ha dado unas cuantas ideas más! Gracias por el permiso para usar alguno de tus fics como punto de partida.

"Decíamos ayer…"

Sé que no lo parece, pero entre esto y lo anterior ha mediado bastante tiempo; se me han juntado varias cosas y no he podido seguir el ritmo de publicación semanal que me había propuesto. Por un lado, la "ni idea" inicial para el segundo capítulo se hizo tan larga que, al final, fue mejor publicarla como one-shot independiente; más de 10.000 palabras (incluyendo la nota de autor) que han consumido bastantes de mis energías. Por otro lado, me quedé unos días "bloqueado" sin poder trabajar con el ordenador, con todo lo que tengo pendiente: nuevos capítulos, reviews, contestaciones… Lo mejor para no desesperarse es ir dando un paso cada vez; y antes de que te des cuenta, habrás llegado más lejos de lo que te creías capaz.

Volviendo a "Ni Idea", y como ya dije antes, me alegró mucho la buena acogida que tuvo el primer capítulo. Tan inspiradora ha sido la respuesta, que ya tengo varias "ni ideas" más que podrían considerarse Eremika. Sin embargo, mi intención es evitar que esta colección termine con una sola pareja acaparando todo el protagonismo; quisiera darle variedad al asunto… y una oportunidad a otros personajes.

Quienes me conozcáis un poco, ya sabréis lo mucho que me fascinan los cadetes de la 104 en general y algunos en particular, sobre todo Marco; por algo mi imagen de perfil es la que es. Siempre me han llamado la atención las teorías sobre su verdadera naturaleza, de hecho he contribuido a varias de ellas; mi primer one-shot trataba precisamente sobre eso.

Este capítulo podría considerarse una pieza compañera de "Diario de un Traidor", o al menos parte de la misma premisa: un AU o "what if" donde Marco es un traidor y al mismo tiempo una buena persona; incluso un espíritu especialmente sensible, con alma de poeta y destino trágico (quizás buscado a propósito).

Espero que disfrutéis leyendo esta historia, tanto como yo lo hice escribiéndola. Y ahora sí…

¡Que comience el espectáculo!

EDITO - ¡Ojo! Casi se me olvidaba… ¡Aquí hay spoilers a porrillo! Quedáis avisados.


NI IDEA 2 – FUERA DE SU ALCANCE

Publicado el 19 de noviembre de 2015, con una extensión de 2.427 palabras.


El joven pecoso apoyaba los brazos tranquilamente sobre la barandilla del pequeño porche del barracón de los cadetes. Una suave brisa hacía ondear sus cortos cabellos oscuros. Sus ojos marrones seguían como hipnotizados los movimientos de aquella chica, que continuaba dando vueltas a la pista incluso con el sol ocultándose tras el horizonte.

"¿Cuánto tiempo ha pasado desde que Shadis le ordenó que empezase a correr?"

Recordaría para siempre aquella escena surrealista, que superaba con creces a las demás de su primer día en el Cuerpo de Cadetes; y no habían sido pocas. El Instructor Jefe había descubierto a la chica devorando una patata, justo en mitad de las presentaciones; y ella tampoco había intentado disimular luego, ¡incluso le ofreció la mitad al Jefe!

"Sasha Braus, de Dauper, cerca del Muro Rose."

Eso también lo recordaba Marco.

–Ahí viene otra vez –comentó uno de los chicos que estaban allí con él, pasando el rato.

Era un día agradable. Los reclutas seguían charlando entre ellos, conociéndose mejor mientras observaban el paisaje; y parte del paisaje consistía en Sasha, que continuaba dando vueltas.

Marco iba aprendiéndose los nombres de sus nuevos compañeros. Eren, Connie, Thomas… Jean; en éste se detuvo un poco más, con una leve sonrisa en los labios.

"No todos sobreviven así a un cabezazo de Shadis. Y desde luego, no todos somos tan honestos como Kirstein cuando nos preguntan qué hacemos aquí. Ya me gustaría a mí…"

Le atraía la franqueza de aquel joven de cabello rubio ceniza, cara alargada y ojillos almendrados. Quizás por eso se había quedado a su lado desde el primer momento, hablando de todo un poco con él; compartiendo ilusiones y temores, como si se conocieran de toda la vida, a pesar de que no habían pasado ni unas horas desde que sus caminos se cruzaron.

Sin embargo, era Sasha quien atraía ahora su mirada. Quizás sólo fuera cosa suya; quizás a los demás también les pasaba lo mismo. No se atrevió a preguntarlo, le daba demasiada vergüenza.

Y allí pasaba otra vez la muchacha, cerca de ellos. El chico bajito con la cabeza rapada ("Connie, se llama Connie") gritó animándola y otros se sumaron a él, sin maldad, más sintiéndolo por su desdichada compañera que burlándose de ella.

Marco no dijo nada, pero tampoco le quitó la vista de encima, fascinado. Por ella. Por Sasha.

Sus cabellos castaños, recogidos en una cola de caballo, saltaban animadamente con cada paso; parecían atrapar el rojo dorado del atardecer, convirtiéndose en fuego… tan vivo como su espíritu, lleno de insospechada energía, mas no incansable. Sus movimientos, cada vez más torpes y descoordinados, revelaban su enorme agotamiento por el ejercicio prolongado.

Sus ojos marrones reflejaban la luz del sol poniente, o acaso brillaban con ese fuego que ardía en su interior. A pesar del cansancio, seguía adelante; y Marco era el primero en reconocer el mérito que tenía aquello. La Cazadora de Dauper tomaba grandes bocanadas de aire, con la piel enrojecida y cubierta de sudor por aquel esfuerzo inaudito, casi sobrehumano.

El moreno pecoso salió bruscamente de su ensueño al recordar qué otras criaturas eran capaces de moverse constantemente, siempre que el sol estuviese en lo alto. La sola idea, aun sin llegar a darle nombre o forma, resultaba aterradora.

"No hay que confundir lo que uno ve con lo que uno quisiera ver."

¿Quizás era eso lo que él buscaba? Una compañera… no, algo más; alguien que también comprendiese lo que significaba aquella carga, lo que suponían esas habilidades que eran bendición y maldición al mismo tiempo.

Se pasó la mano, nervioso, por la cara… y por la boca. Se quedó paralizado al darse cuenta de lo mucho que se parecía aquel gesto a otro que conocía bien, de temibles consecuencias. Miró discretamente a su alrededor, pero por fortuna nadie se había dado cuenta de su extraño comportamiento.

Tampoco vio cerca a sus compañeros… los otros, los que habían estado con él desde mucho antes de alistarse en el Cuerpo de Cadetes. Seguramente pensarían que era débil, no sólo por su nerviosismo sino por "confraternizar" con quienes no dejaban de ser sus enemigos.

"¿Pero de verdad lo son?"

Volvió a fijarse en la muchacha que seguía dando vueltas a la pista, sin cejar en su empeño; cansada luchadora incansable.

"¿Una Guerrera, quizás? ¿Acaso desconoce su verdadera naturaleza?" Un temor frío empezó a abrirse camino en su estómago, como si de pronto se hubiera tragado un montón de hielo. "Tal vez sea ella… la persona a la que hemos estado buscando…"

Y entonces dejó escapar un suspiro, tan largo como discreto; fue recuperando la calma con inspiraciones profundas. No convenía adelantarse a los acontecimientos. Una cosa era abrir bien los ojos, estar atentos por lo que pudiera ocurrir de repente; pero sólo por desearlo mucho, no se harían realidad sus fantasías, ni hallaría mágicamente la solución a sus problemas.

Hasta que se demostrase lo contrario, Sasha seguiría siendo simplemente Sasha. Sólo una compañera más de la 104, una camarada; una enemiga. En el mejor de los casos, alguien fuera de su alcance; en el peor, un arma de doble filo que podría volverse rápidamente contra él.

Y a pesar de todo, a pesar de que dolía, siguió observándola. Siguió deleitándose en aquella fuerza de la naturaleza que había adoptado forma humana. No había nada de malo en mirar solamente… mientras no se hiciera ilusiones.

Al menos le quedaría el agradable recuerdo de aquella visión inspiradora. De algún modo, saber que en el mundo había personas que brillaban con una luz tan intensa, le hacía sentirse capaz de soportar su propia carga y seguir adelante.

Adelante, a pesar de todo. Adelante, en su camino al infierno.

Asintió un tanto ausente, en contestación a algo que había dicho otro de los cadetes. Siguió observando. Siguió sufriendo.

La sonrisa que apareció en sus labios no era del todo falsa… pero pocos se darían cuenta de la amargura que había en ella.


FUERA DE SU ALCANCE


Marco volvió a encontrarse con sus otros compañeros, sus hermanos, ya al caer la noche, en el gran barracón donde se servía la cena a los reclutas.

Había un viejo dicho según el cual, cuanto peor fuese el rancho, más poderoso era el ejército; teniendo eso en cuenta…

"¡No me imaginé que el Ejército de los Muros sería tan poderoso!"

El sabor a suela de zapato no le ayudaba a concentrarse, así que el pecoso miró a su alrededor, observando a sus camaradas y a sus camaradas. Allí estaban Bertolt y Reiner, en una mesa aparte, haciendo como que el asunto no iba con ellos; aunque él sabía que su estudiada indiferencia ocultaba en realidad la tensión de quienes preferirían estar en cualquier otro lugar. Marco estuvo tentado de lanzarles algo, sólo para ver cómo reaccionarían, pero enseguida desechó aquella (mala) idea.

En cambio Annie… o era a su corta edad una consumada maestra del disimulo, o verdaderamente no sentía nada en absoluto; el muchacho no estaba seguro de cuál de las dos opciones le desasosegaba más. A su compañera la conocía de antes y ella no siempre había sido así, pero ya resultaba difícil imaginarla actuando de cualquier otra manera.

Sus tres "amigos" apenas reaccionaron, y naturalmente tampoco intervinieron, cuando alrededor de uno de los chicos de Shiganshina ("Eren, se llama Eren") se reunieron varios cadetes que empezaron a preguntarle sobre lo que había pasado aquel día, qué aspecto tenían el "Titán Colosal" y el "Titán Acorazado"… Marco fue sintiéndose cada vez más irritado.

"¡Por los dioses, sólo faltaría preguntarle qué sintió exactamente al ver morir delante de él a sus seres queridos! ¿¡Pero a quién se le ocurre…!?"

Y fue por esa irritación, no por compasión ni por remordimientos ("por supuesto que no"), que el pecoso se acercó a ellos para sugerirles que quizás estaban haciendo que el chaval se sintiese incómodo con aquellas preguntas.

En ese mismo instante creyó sentir sobre su nuca las miradas desaprobadoras de sus hermanos. Al fin y al cabo, ¿quién era él para meterse en aquel asunto? Precisamente la persona menos indicada para ello. Por otro lado, todos iban a pasar al menos tres años juntos durante la instrucción; lo mínimo que podía hacer era intentar integrarse, y aquella era una manera tan buena de empezar como cualquier otra.

Naturalmente, la cosa no iba a ser tan fácil ya desde el primer día. Fue Jean quien empezó a poner en duda los ideales de Eren, lo cual también era de esperar; los dos tenían objetivos bien distintos, pero ambos compartían la misma convicción o cabezonería (según a quién le preguntasen), así que en realidad el choque resultaba inevitable.

Y aquella habría sido una buena ocasión para que Marco intentase mediar otra vez… pero algo le distrajo en ese momento, o más bien alguien.

El Instructor Jefe no le había preguntado antes el nombre a la muchacha que ahora se sentaba junto a Yeager, pero el pecoso lo había oído luego con un escalofrío: Mikasa Ackerman.

"Con la mala suerte que estamos teniendo, ¡pues claro que íbamos a encontrarnos aquí con una Segadora!"

Y sin embargo, viéndola más de cerca, no era precisamente temor lo que le inspiraba…

Mikasa era alta, con lisos cabellos oscuros que llegaban hasta su nuca; ojos negros, que parecían conducir a los abismos del mar profundo o al vacío que había más allá del cielo. Su piel ligeramente pálida, sus facciones armónicas y delicadas, todo ello le confería una belleza muy característica… que sin embargo también le recordaba a Annie.

El tiempo que había pasado Marco al lado de su hermana de sangre le permitía reconocer, bajo la superficie en calma, la misma tensión sutil y discreta en las dos muchachas; ambas poderosas… e igual de atractivas y fascinantes, en su humilde opinión. Sabía que en el cuerpo de la oriental, delicado sólo en apariencia, latía realmente una fuerza sobrehumana; como la energía de un relámpago, o un rayo de sol o luna, tomando forma corpórea al descender entre los mortales.

Y al mismo tiempo, aquella luz siempre iría acompañada de una sombra igual de intensa; cierta oscuridad de la que jamás podría deshacerse… y que por alguna razón fascinaba a Marco, a pesar de (o quizás precisamente por) lo peligroso que era todo aquello.

También le fascinaba la manera en que semejante tormenta de fuego arrasador, en vez de consumirlo todo a su paso, se mantenía discretamente al margen e intentaba no hacerse notar, con una gracia y una naturalidad que (de nuevo) podía reconocer como algo que sus dos compañeras tenían en común.

"Mikasa Ackerman… ¿Eres consciente de hasta dónde llegan tus habilidades? ¿Conoces todo lo que implica tu apellido? Y esa bufanda que pareces llevar siempre al cuello, ¿qué significa realmente?"

No podía dejar de observar la forma en que, por su lenguaje corporal, la muchacha parecía estar todo el rato pendiente de Eren Yeager.

"Ellos también son hermanos de sangre. ¿En qué situación la derramaron? ¿Cómo se conocieron? ¿Y qué significa que ella esté sometida de esa manera? ¿En qué le transforma eso a él…?"

Entonces el pecoso meneó suavemente la cabeza, reprendiéndose a sí mismo en silencio.

"Sí, claro… Ahora resulta que él también va a ser alguien especial, ¿no? ¡Ni que nos hubiésemos reunido aquí todos los fenómenos! Deja ya de ver fantasmas por todas partes, hombre."

Y volvió a observarla a ella, ¿cómo no hacerlo? Fuerte y hermosa, poderosa pero discreta; su energía no era desbordante y alocada como la de Sasha, a duras penas contenida. Mikasa semejaba una montaña inmensa, aparentemente tranquila… que en realidad era un volcán, capaz de estallar y arrasarlo todo a voluntad.

"¿Son otra vez imaginaciones mías o…?"

Un vistazo le bastó para confirmar que no era el único que se sentía así; Jean (¿su amigo?) también estaba embelesado con la morena. Afortunadamente, la discusión no había terminado con los dos muchachos liándose a golpes; aunque luego Eren tuvo un gesto muy poco elegante, al ignorar la mano que le había tendido Kirstein… Éste le comentó algo a la bella oriental, sin demasiado éxito; Mikasa se mostró en cambio mucho más receptiva a una sugerencia que le hizo Yeager, acerca de un corte de pelo. La expresión agria que se le quedó al cenizo valió por mil palabras; y con razón.

Marco no dejaba de pensar en lo extraño que parecía que Eren pudiese controlar con tanta facilidad a una Ackerman. ¿De verdad que no se daba cuenta del potencial destructivo de aquella encarnación de la Muerte (quizás) sometida voluntariamente a sus deseos?

Le gustaría conocer mejor a Mikasa y descifrar aquel enigma, aunque era el primero en reconocer que algo así sería prácticamente suicida; un solo paso en falso y más le valdría atravesarse con una de aquellas espadas. Sería mucho más sencillo y menos peligroso (la idea casi le hizo sonreír) intentarlo con Annie; al menos no tendría que disimular ni ocultar su verdadera naturaleza.

Claro que Leonhart sería capaz de matarle, pero sólo si lo consideraba necesario para la Misión; en cambio, si la Ackerman descubría quién era él realmente (o más bien qué) y decidía tratarle como a un enemigo…

Esa última idea se juntó con todas las anteriores e hizo que le costase respirar cada vez más; empezó a sentirse como si se estuviera asfixiando allí dentro. Necesitaba aire; necesitaba salir.

Se colocó sobre el rostro su mejor máscara de "no pasa nada" y se dirigió a la puerta, sin avanzar demasiado rápido para no llamar la atención. Sin embargo, se fijó en que Annie observaba a Mikasa como ligeramente extrañada; quizás su hermana también podía ver el oscuro reflejo que le devolvía aquel enigmático espejo.

Un enigma que él jamás podría resolver. No tenía derecho.

Entonces la rubia le miró discretamente con sus ojos azules, levantando una de sus finas cejas; casi pudo oír su muda pregunta.

"¿Va todo bien?"

"Sí."

Marco mintió silenciosamente, poniendo su mejor sonrisa.

No miró atrás y salió fuera, a la noche con estrellas que sin embargo se le hacía especialmente tenebrosa.

O más bien era él quien llevaba las tinieblas en su interior; y ya no podría deshacerse de ellas… hasta su último suspiro. Marco, a solas con sus remordimientos; así estaba bien.

Más le valía no hacerse ilusiones; abandonar toda esperanza. Era la mejor manera de no llevarse luego una decepción, cuando llegase el inevitable final de su oscuro camino.

Irónicamente, le tranquilizaba la idea de que si todo se torcía, quizás sería Mikasa quien le matase.

Así estaría bien.


FUERA DE SU ALCANCE