La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Hola a todos. Sé que no es precisamente la historia que están esperando que actualice, pero esto estaba escrito hace mucho tiempo, así que con esto espero compensar un poquito a todos aquellos que han esperado un siglo por mis fics.
PARTE 2
Su cuerpo se tensó sobre el mío, sus uñas se clavaron en mi brazo —cuyos dedos estaban enterrados profundamente en su interior, apretados por sus paredes vaginales que se contraían con fuerza mientras alcanzaba su orgasmo. Mi boca tenía marcado su cuello, y su otra mano tenía agarrado mi cabello, guiando mi boca a la suya la cual no tardé en besar, robando su aire y aplacando sus gemidos; estaba tan concentrada que solo sentí la presencia de Maléfica cuando su mano apartó la mía de entre las piernas de Regina. Dejé de besarla, mis ojos se abrieron, y vi la boca de Maléfica chupar el centró mojado de la mujer que yo tenía en brazos. Sentir a Regina estremecerse, y saber que no era yo la causa de su actual gemido fue todo lo que necesité para dejar que mi ira volviera a gobernarme. Agarré a Maléfica del cabello y la aparté de Regina con fuerza.
—Ella es mía. Creí que acababa de dejártelo claro.
Regina se inquietó en mis brazos pero no la solté, ella seguía agitada, esforzándose por recuperar el control de su respiración y de su cuerpo tembloroso.
Maléfica se puso de pie en toda su estatura —estaba por completo desnuda—, se limpió la boca con los dedos y los chupó dejándolos limpios. La forma en que nos miraba, como si fuésemos simples presas que podía despedazar cuando se le antoje me retorció el estómago.
—Supongo que no has sido lo suficientemente clara.
Sentí la magia de Regina fluyendo, como una pequeña descarga eléctrica que me hizo soltarla. Se levantó, estiró una mano hacia Maléfica y la hizo volar hasta estrellarse en la pared. La sujetó usando ramas que envolvieron sus muñecas y su cuello, pero Maléfica no demostró molestia alguna ante la situación en la que se encontraba. Regina caminó hasta llegar a la otra mujer, no pude ver su rostro pero la escuché claramente.
—No soy el juguete de nadie —dijo casi gruñendo—. De no ser por mí, seguramente estarías muerta entre los escombros de tu viejo castillo. Que no se te olvide quién te hizo reavivar el fuego o voy a tener que volver a encerrarte como lo hice la última vez.
Regina desapareció en una nube de humo púrpura. Maléfica apenas se molestó en pasar una mano por su cuello, a diferencia de mí no se vistió otra vez.
—No he terminado contigo, Emma Swan. Y definitivamente no he terminado con Regina.
—No seré yo quien rompa este acuerdo.
—Pues vas a tener que esforzarte domesticando a Regina, de lo contrario tendremos que matarla.
XXXDSQXXX
La sentencia de Maléfica se quedó marcada en cada uno de mis pensamientos. Ni siquiera pude concentrarme en buscar una llave oculta, hacer uso de mi magia me estaba resultando mucho más útil y más fácil a medida que continuaba usándola. Simplemente toqué la puerta, y esta se abrió para mí. El tiempo que me tardé llegando allí fue suficiente para encontrar a Regina con el cabello húmedo, envuelta en una salida de baño.
—Vuelve por donde viniste. Eres la última persona que quiero ver en este momento —ella estaba furiosa.
—Tenemos que hablar de lo que sucedió.
—No. Nunca vamos a hablar de lo que sucedió, y jamás volverá a pasar.
—¿Qué demonios esperabas que hiciera?
—¡Te pedí que te mantuvieras fuera de esto!
—¡Entonces te habrías acostado con un maldito dragón! ¿Eso era lo que querías?
Las dos estábamos gritando en el medio de su habitación.
—¡Sí! ¡Cualquier cosa hubiese sido mejor que tener que acostarme contigo!
—Vete al diablo —Iba a dar media vuelta e irme pero no pude hacerlo—. ¿Sabes qué? Soy yo la única que tiene derecho a estar enojada. Fuiste a mis espaldas y te aliaste con mis padres para mantener una mentira. Debí haber dejado que esa mujer hiciera lo que quisiera contigo.
—Seguramente fue más divertido hacerlo tú misma, pero supongo que no importa porque debiste haberlo hecho muchas veces antes de llegar aquí.
La tomé de los brazos con fuerza y la atraje hacia mí.
—Sí. Lo hice. La diferencia es que los otros al menos me hicieron correrme.
Solo sentí un duro golpe en mi pecho y mi espalda golpeándose contra el velador junto a la cama.
—Sal de mi casa.
—¿Vas a usarlo contra mí? —Pregunté mirando la bola de fuego en su mano derecha—. ¿Qué le dirás a Henry?
El simple nombre de nuestro hijo la hizo retroceder, la llama en su mano se extinguió, pero de inmediato se esforzó por mantener lo que ahora sabía que era solo una fachada de poder.
—Eres tú quién tiene las de perder esta vez. Lo que me hiciste…
—Te quedaste. Nadie había abierto las piernas para mí tan fácilmente.
Sus manos me elevaron en el aire, pero esta vez me defendí. Use mi enojo para liberarme de su agarre. La atrapé contra la pared, y mi mano contra su cuello fue suficiente para inmovilizarla.
—Debiste habérmelo dicho. Confié en ti, estaba dispuesta a protegerte y tú te pusiste del lado de mis padres.
—Estaba… intentando protegerte —no hubo ninguna mentira en sus palabras.
Sus ojos me miraron fijamente, eran tan cálidos como su aliento suave contra mi rostro. Su olor estaba impregnado en mí, aún podía sentir la estrechez de su cuerpo. La solté y evité mirarla.
—Tienes que salir de aquí. Tienes que tomar a Henry y salir de aquí, sé de un lugar dónde no podrán encontrarlos.
—No voy a irme.
—Ellas saben que no eres una de ellas, Regina.
—No son competencia contra mí.
—No te estoy consultando —levanté la voz—. Voy a mantenerte a salvo. No quiero que tú y Henry se involucren en esto. Es mi lucha, no la tuya.
—No eres tú quién lo decide.
—¿Estás dispuesta a someterte a mí? Porque esa es la forma en la que Maléfica quiere mantenerte controlada.
—Es solo una farsa, un papel a interpretar, no soy yo quien tiene un novio esperándome.
Dejé la habitación, salí de la casa y caminé por las calles de Storybrooke, quería despejar mi mente, ordenar las ideas en mi cabeza. No sabía en qué momento las cosas se habían salido de control. Aún era de noche, y sin embargo, me sentía como si el tiempo que pasamos en esa cabaña no hubiese tenido ni horas ni minutos, solo un momento de locura que al igual que los sueños flotaban sin precisión.
Me detuve, dándome cuenta que no podía volver al departamento de mis padres, ese no era mi lugar nunca más y lo único que me quedaba era cumplir mi acuerdo con Maléfica.
Regresé, sin estar segura de que eso era lo correcto, empujada por la necesidad, por un fuego que empezaba a quemarme por dentro. Estaba dispuesta a tomar todas las decisiones que antes me habían sido arrebatadas.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Preguntó Regina al verme. Tenía puesto un pijama gris de dos piezas, la blusa me permitió ver las marcas en su cuello.
—¿Por qué no las borraste? Las marcas.
Tocó su cuello y su piel volvió a ser perfecta.
—¿Por qué regresaste?
—Quiero que te quites la ropa solo para mí.
—Emma.
—Si dices que no, vas a tener que ir con Henry donde yo diga. —La miré fijamente esperando su respuesta—. Quítate la ropa.
Sus ojos no se apartaron de los míos, desabotonó su blusa y la dejó caer en el suelo, se quitó el pantalón del pijama y deslizó sus bragas dejándolas también en el piso. No hubo nada sexy en sus movimientos, todo fue mecánico y demasiado frío. Sin embargo, cuando se acercó a mí y me despojó de la chaqueta, sus labios fueron suaves al besar mi cuello, sus manos cálidas al tomar el borde de mi camiseta, y yo levanté los brazos cooperando. Desabroché mi brasier mientras ella se hacía cargo de mis pantalones, se arrodilló para poder quitármelos, tomó mis bragas y las bajó hasta mis rodillas.
¿Era esto lo que realmente queríamos?
Me sentí incapaz de descifrar si estábamos tan solo fingiendo y cumpliendo nuestra parte. Lo único que pude hacer fue gemir cuando sentí su boca contra mi centro, lamió consiguiendo la humedad necesaria, se abrió paso y se prendió de mi clítoris, chupándolo con ansiedad, la sujeté del cabello manteniéndola de rodillas con su lengua entre mis pliegues hasta que la fuerza de un orgasmo hizo temblar mis piernas. Caí sobre la cama, calmando mi respiración mientras ella terminaba de quitarme las bragas.
Se subió sobre mí, y al besar su boca probé mi propio sabor de sus labios. Giré con ella para quedar en la parte superior. Abrió las piernas permitiéndome acomodarme mejor, comencé a mecerme, rozando mi centro contra el suyo.
—Mírame —le dije y ella obedeció.
Me mecí con fuerza, gimiendo al igual que ella. Sostuve su cadera con mi mano izquierda, y con la otra mano apreté sus senos, me incliné y chupé uno de sus pezones, deslicé mi mano entre nuestros cuerpos y la penetré con dos dedos. Ella gimió fuerte para mí. Deslicé mis dedos, suave y profundo sin salir de su interior. Lamí su piel y chupé su cuello volviendo a dejar marcas rojas, mis dientes se enterraron en su hombro y sus uñas en mi espalda. Añadí un tercer dedo, aumentando el ritmo, yendo más profundo dentro de ella, volviéndome insaciable con cada uno de sus gritos.
—Emma —fue lo último que dijo antes que su cuerpo se arqueara con violencia debajo del mío y mojara las sábanas con su esencia.
La observé estremecerse, su boca intentando hacer llegar aire a sus pulmones, sus mejillas rojas, sus ojos cerrados, su interior apretando mis dedos hasta volver a relajarse por completo.
—No podemos dar vuelta atrás. —Sus ojos se abrieron para mí—. ¿Sigues queriendo hacer esto?
—Sí —dijo sin dudar.
Atrapé sus labios con los míos y volví a mover mis dedos dentro de ella.
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No sé exactamente lo que me despertó, algo interrumpió mi sueño. Regina seguía dormida en mis brazos así que me moví despacio para salir de la cama sin despertarla. Reconocí el sonido del celular vibrando, lo encontré en el bolsillo de mi pantalón debajo de la cama. Me metí en el baño para hablar con tranquilidad.
—¿Qué quieres?
—Estamos esperando que te unas a nosotras, querida —era Cruella.
—¿Dónde?
—En la cripta de Regina. No la traigas, después de la noche que le diste merece su sueño reparador.
Colgué el teléfono. Miré mi reflejo en el espejo, me veía terrible, no podía haber dormido más de tres horas. Tomé una de las toallas y lo cubrí al recordar los cuentos de hadas que leí cuando era niña, seguramente de esa forma nos habían espiado.
No me demoré más de cinco minutos en la ducha, tomé ropa limpia de Regina, lo menos formal que encontré. Salí de la habitación y cerré la puerta. Gold me había enseñado a hacerlo, la diferencia es que esta vez usé mi magia para impedir que cualquiera entrara y sobretodo que Regina saliera de la habitación. Tomé su auto y me dirigí a la cripta.
Las tres brujas estaban esperándome en el interior y para mi sorpresa, Gold estaba allí.
—Supongo que no se enteraron de Storybrooke por su agente de viajes.
—Supones bien —sonrió Gold.
—¿Qué estamos haciendo aquí?
—Sabemos que el pequeño bastardito encontró algo sobre el autor —iba a borrarle esa estúpida sonrisa a Cruella.
—¿Eso es todo? Cuatro villanos juntos y todo lo que quieren es que un tipo cualquiera les escriba que pueden ser felices.
—No dejes que las dulces fantasías de Regina te contagien con su optimismo, tienes el mayor potencial de oscuridad, eres peor que todos nosotros —no iba a caer en las provocaciones de Cruella.
—Lo que sea que mi nieto haya encontrado lo traerás para mí.
—Voy a estar cuidando a Regina mientras tanto —Maléfica, que se había mantenido alejada y en silencio, se acercó a mí dispuesta a provocarme—, supongo que eso te dará suficiente motivación para no hacernos perder el tiempo.
—No vas a acercarte a ella. Si voy a hacer esto van a dejar a mi familia fuera.
Cruella rió, salió de la cripta junto con Ursula.
—Antes de irte —dijo Gold. Sacó una daga—. Necesito un poco de tu sangre.
Tomé la daga y corté la palma de mi mano sin dudar.
—Mantén a tu dragón lejos de Regina.
Salí de la cripta, volví a subirme en el auto de Regina y conduje por la ciudad, no tuve problema en localizar a Henry, estaba en la que creíamos era la casa del autor, y ellos tenían razón. Henry tenía la página del libro y la llave que seguramente liberaría al autor.
—No puedes darles esto.
—Tengo que hacerlo.
Guardó la llave y me entregó la página.
—Así ganaremos tiempo.
—Eres mucho más listo que yo —sacudí su cabello y besé su frente.
—¿Mamá está bien?
—Sí. Necesito que te mantengas a salvo, no más aventuras. Puedes quedarte aquí, pero no salgas, si alguien viene te escondes. No confíes en nadie. Voy a resolver esto y volveré por ti.
—Está bien.
No tenía idea hacia dónde me estaban dirigiendo mis propias acciones, pero a pesar de todas las dudas que pudiera tener, algo dentro de mí empezaba a hacerme sentir como nunca antes me había sentido: poderosa.
