Título: Peligroso CAP2
Tipo: Wickedqueen
Dedicatoria: A todas las que me habéis comentado o leído el fic ¡gracias!
Mansión Mills, a la mañana siguiente.
Había dejado sonar el teléfono tantas veces que tenía el tintineo del aparato en la cabeza incluso cuando no sonaba. Se estaba volviendo loca, decorando sus ojos con ojeras, ni si quiera la leche caliente o las valerianas habían conseguido que durmiera, sin embargo, a pesar de no desear visitas se había maquillado para ocultar sus miedos y su cara de insomnio.
No solo se sentía vacía, todo lo que tenía lo había perdido, pero no se trataba solo de eso, había algo más. Quizás, aun no podía asimilar, y eso la mataba, que la que la había enamorado poco a poco, detalle a detalle, frase tras frase, hubiese sido su propia hermana. ¡Se había enamorado del disfraz que portaba una de las personas a la que más odiaba!; quería suicidarse, lo pensó en una rabieta, pero su imaginación no ayudaba martirizándola con las posibles miradas prejuiciosas del pueblo, la decepcionada de Henry, los gritos de "Eso es incesto" y la compasión de sus amigos, cuyas parejas sí eran quiénes decían ser.
-No puede estar pasándome esto.
Zelena Mills. Sus ojos azul claro y su voz aguda, era algo que…. A pronto se le antojaba odioso como atrayente…, "¿pero qué me está pasando por la cabeza?, debes odiarla con mayúsculas", fue una orden que se dio una y otra vez mientras recogía la cocina a modo de distracción.
La malvada bruja del oeste estaba sentada en un banco de hierro negro que tenía vistas a la mansión Mills.
Se quitó sus guantes verdes y se miró las manos, un flashback de un segundo y sus manos recrearon las caricias eróticas sobre una espalda. No eran sus manos, pero en el fondo sí lo habían sido, de algún modo las sintió suyas. Agitó la cabeza confusa ante sus propias divagaciones.
Vio encenderse la luz de lo que le parecía ser la ventanita del baño de Regina y se hizo aparecer en el interior de la casa, sigilosa. El daño estaba hecho, debía de estar dando saltos, pero le apetecía ver como estaba esa chica, si estaba triste o furiosa, si buscaba venganza o simplemente olvidarse de todo, pero la cuestión era, ¿a cuál de esas chicas deseaba ver en verdad?.
Su habitación estaba impoluta, salvo por una caja de pañuelos abierta y rodeada de unos cuantas bolas de papel, de sal y pena, la imaginó sobre la cama gastando los pañuelos envuelta en una manta.
Se complació abriendo y cerrando los cajones de su cómoda como si estuviese en su casa. Sin esperarlo dio con el cajón de la ropa interior de quien estaba en la ducha y reconoció el conjunto que llevaba la morena aquella noche en la cripta.
-A ti te he visto antes- dijo con picardía, observó las prendas y las dobló de nuevo devolviéndolas a su sitio.
Regina salía de la ducha a los minutos, enrollada en una toalla beige, cruzaba el marco de la puerta del baño y Zelena improvisó; se hizo un escudo de invisibilidad para ocultarse, ahora podía tumbarse a sus anchas en la cama de matrimonio de su hermana y observarla.
Con los brazos tras su cabeza y las piernas cruzadas se comportaba como quien estaba por ver de nuevo su película favorita; pero ahí la tenía, de espaldas, vio como dejaba la toalla sobre el pie de la cama y se miraba en el espejo, seria, fría, íntegramente desnuda. Le temblaban las manos, apretaba los labios, parecía como si fuese a llorar, reventar un embalse quedaría corto ante esos ojos encharcados que se negaban a dejar ir las lágrimas.
Zelena borró la amplia sonrisa que portaba en su rostro. Sintió compasión. "¿Por qué me da pena?, debería degustar este momento", se riñó a sí misma y agitó su cabeza.
Inmóvil observaba con detalle como Regina pasaba minutos y minutos frente al espejo, estática, respirando agitadamente, no la reconocía. Cierto es que nunca la consideró una hermana, primero porque no lo son, son hermanastras, de distinto padre, y segundo porque nunca se criaron ni crecieron juntas, no jugaron ni fueron amigas si quiera, simplemente, en su madurez, se volvieron a ver, fue un reencuentro perfumado de odios y envidias insanas.
"¿Pero qué has hecho Zelena?, si buscabas esto que estás viendo, que se derrumbe, que le duelan las entrañas y lo pierda todo ¿cómo es que tienes unas jodidas ganas de reconfortarla?"
Notó el escalofrío que había tenido Regina que le había erizado la piel, los pezones. Ahí la tenía, sin ropa, sin escudos, esa mujer a la que tanto odiaba y envidiaba a la vez, y la situación era bien distinta a la última vez que la vio de esa manera, donde en la cripta de la familia, Zelena, con el cuerpo fornido de un hombre de campo le quitaba la ropa con desesperación a quien más odiaba.
Su teléfono sonó y ella lo ignoraba, constante en su mirada vidriosa.
Zelena nunca pensó lo que sentiría un hombre al correrse y con ella pudo experimentarlo. Fue su… primera vez, literalmente, no solo entre ambos. Sudaron horas y sintió arder su bajo vientre. Tenía mermada esa sensación de bienestar que compartió con esa morena y se vio ahora agachando su cabeza, con pesadumbre.
"¿Me he pasado?", la miró. Ella se había sentado y se había ocultado bajo su espalda encorvada, la oyó gemir. La del pelo castaño se incorporó en la cama y Regina notó agitarse el cabecero de madera de caoba. En alerta se puso de pie secándose los ojos y alcanzó un batín con el que se cubrió.
-¿Quién está aquí?- preguntó con la voz temblorosa.
Esa inocencia la mató. Zelena se había quedado inmóvil en la cama, en una postura algo incómoda que le cansaba las piernas. Agitó la mano e hizo que se cayera mágicamente el perchero de colindante al armario para así aprovechar esa distracción, salir de la cama y ponerse en pie.
La chica deprimida del batín de seda rojo suspiró, más tranquila, colocó el perchero de nuevo en pie y se acercó a la ventana que estaba con una de las hojas abiertas, dando por hecho que había sido cosa del viento.
Agarró una de las mangas del batín que ya llevaba puesto y lo pasó por una pequeña mancha que había en el espejo donde se había estado martirizando. Observando su propia mirada y su rostro enrojecido sintió que algo la envolvía, unos brazos, algo que le daba calor y la protegía. Y de repente notó perfectamente el tacto de un beso en la mejilla, y una paz que la invadía por dentro.
-¿Eres mi ángel de la guarda?- dijo con voz suave. Se sintió tonta ante esa ocurrencia. Quizás estaba divagando, o quizás es que necesitaba que todo esto que había pasado hubiese sido una horrible pesadilla.
Tiempo después,
"¿Por qué diablos has hecho eso? ¡eres estúpida!"
"Solo fue un acto de piedad"
"Pues ten piedad de ti, y algo de orgullo, ¿qué clase de Malvada bruja del Oeste eres?, la que daña y luego abraza?"
Zelena no sabía a cual de sus pensamientos echarle cuenta. Caminaba a paso rápido por el bosque colindante al pueblo, no podía parar. ¿Destino?, ninguna parte, o alguno, cualquiera que estuviera lejos de Regina.
No poder evitar hacer algo que se aleja de lo que uno esperaba hacer era algo que la mantenía en vilo.
Se pasó un tiempo sentada bajo un árbol preguntándose qué le había llevado a hacer eso. "Tan solo fue un simple y casto beso en la cara, ni que le hubieras pedido matrimonio"
-Matrimonio con Regina- le dio un ataque de risa, ella sola, volvía a parecer la sicótica de antes.
Y de repente se preguntó cómo sería despertarse junto a ella todos los días, tras ello vino un "¿estás tonta o qué?", y se dio un cabezazo contra el tronco del árbol en el que estaba apoyada. Esto hizo que una bandada de mirlos saliese volando de su copa y que una piña rebotase en su cabeza.
-Bien hecho Zelena, vas mejorando. Se auto compadeció.
Continuará!
Bueno, bueno, ¿qué ha sido ese momento de consuelo?. ;)
