Un Jardín de Rosas…
Guerra Florida 2011.
Del lado opuesto a ese claro un par de ojos azules, increíblemente azules, cristalinos, que reflejaban el azul del cielo, se posaban sobre esa ninfa que jugaba dentro de las aguas del río. Sus ojos se fueron abriendo tras creer que sería descubierto tras haberse acercado tal belleza a la orilla contraria… Su mirada se relajó cuando vio transitar aquella figura en le río como una sirena que embrujaba sus sentidos. La había visto desde que ella se había acomodado en el lugar, él llegaba por primera vez, después de largos años de ausencia al que alguna vez había nombrado su hogar. La desolación del lugar había partido su alma… Había decidido que entonces se desharía de la propiedad cuando sin querer se había tropezado con una hermosa hada, que encantaba todo el lugar. Sus ojos no se habían podido apartar de ella y se había colocado tras la sombra de los árboles para no asustarla. De pronto se sintió culpable de espiar a tan hermosa mujer, pero sus pies y sus sentidos no reaccionaban. Se dejó llevar por la silueta de esa dorada cabellera que enmarcaba esos ojos que no había podido dejar de admirar, tan verdes y centellantes como dos esmeraldas puras. Una fina y pequeña nariz seguida de unos labios carmesí…
La silueta de esa mujer era encantadora. Y sí, para su sorpresa, ella se estaba desnudando frente sus ojos… Afortunadamente ella se había puesto de lado, dejando que los rayos del sol cubrieran su desnudez, pues buscaba algo dentro de una pequeña mochila. Dejaba al descubierto sus firmes glúteos y torneadas piernas, mientras, como si pareciera que el mirase, cubría su desnudez con una camisa delgada de algodón. Parecía que un ángel había caído del cielo y se posaba en ese lugar… Debía ser el hombre más afortunado del mundo, pues había tenido la suerte de encontrarse con esa preciosura, en ése lugar, en ése momento, y tras haber estado ausente tantos años…
Las preguntas comenzaban a rondar por su cabeza… ¿Sería que esta hermosa mujer visita con frecuencia éste lugar? ¿Alguna vez, alguien la había visto por ahí? De ser así, ¿cada cuánto frecuentaba la propiedad abandonada…?
Mientras formulaba cada una de éstas preguntas en su mente, aprovechó que la muchacha estaba dormida, y recorrió por el lado contrario la propiedad, hasta llegar a uno de los portales y cruzarlo por arriba del río. Desde que era un muchacho no lo hacía, es más no recordaba la última vez que hubiera estado en ése lugar. Con una agilidad de gato montés, trepó y descendió hasta dónde se encontraba Candy.
Él se acercó lentamente al lugar, sigilosamente, para no asustarla y despertarla… Desafortunadamente para él, la amiguita que había hecho el día anterior, reconoció sus pasos y rápidamente se bajó del árbol y se posó sobre el hombro de aquel bello, bellísimo hombre.
La pequeñita recorrió sus hombros y después dentro de su chamarra, hurgaba por algo…. Se metió en cada uno de los bolsillos internos, provocándole cosquillas a ese hermoso hombre, y conteniendo su risa, él trataba de atraparla… Finalmente la ardillita se escabulló con lo que había jugado el día anterior. Era un medallón con un águila en el frente, en oro, brillante como el sol y que la pequeña ardilla Chestnut, como le había apodado su alto amigo, adoraba… Se llevó consigo la insignia hasta una de las ramas del árbol. Ahí jugueteó con el medallón hasta que se dio cuenta que su amigo la llamaba. Traviesa como toda pequeña, corrió a su lado, pero cuándo él pensó que la iba a atrapar la pequeña saltó al piso y se colocó del lado opuesto a Candy…. Ahí soltó el medallón en el piso, y lo dejó cerca de la mano de Candy… Albert quiso estirarse pero no podía estirarse más o se caería encima de esa hermosa mujer. El viento pegaba delicadamente y ajustaba la camisa blanca al cuerpo de la joven que residía bajo sus pies…. Desafiante Chestnut, le llamaba para que la recogiera…. Él comenzó a reír pues su amiga sí que era lista… Trató de rodear el árbol, pero se encontraba rodeado de blancas rosas silvestres, que tenían espinas por doquier…. –Vaya… sí que es difícil aproximarme a ésta doncella…- Rió para sí, de la perspicacia de la pequeña ardilla, y trató de convencerla que la llevara al otro lado en vano. El olor de las almendras que Candy llevaba en su canasta, penetró por su pequeña nariz, y rápidamente comenzó a hurgar ahora dentro de la canasta y a hacer mucho ruido. El medallón había quedado del lado contrario y la hermosa joven que tenía bajo los pies comenzó a moverse al escuchar la trifulca que causaba la pequeña Chestnut dentro de la canasta.
De inmediato no le quedó más que retirarse del lugar, pues la bella joven se había llevado una mano al rostro y empezó a tallarse los ojos… Palideció, pues no quería asustarla y con sigilo, pero con la audacia de un gato, se retiró del lugar… Su medallón había quedado junto a la palma de la mano de la joven….
