Cap II
Mi nombre es Bella, tengo 17 años, y soy una chica medianamente popular en la escuela. Realmente no me preocupa serlo o no, puesto que prefiero concentrarme en mantener buenas calificaciones para satisfacer a mis padres; no obstante, desde hace algún tiempo que mi concentración es mala, que mis pensamientos se van hacia otra parte, cuando trato de estudiar para un examen; en ocasiones no podía dejar de imaginarme como una pervertida y enferma por las cosas que llegaba a imaginar, pero no podía evitarlo, cualquier chica de mi edad diría lo mismo. A mi edad la mayoría de las chicas ya no son vírgenes, de hecho apuestan por quién será la primera que pierda su virginidad con alguno de los patanes de la escuela; mis amigas me han contado sobre las cosas que han hecho y me imagino el sexo como algo muy rico y placentero, y sin duda tengo deseos de practicarlo, pero no con cualquiera, sino con alguien en específico, la razón de que últimamente este tan distraída: mi padre, mi hermoso padre. Sus ojos verdes, que frecuentemente siento que me queman al mirarme, sus labios rosados y llenos que juraban cumplir miles de deseos, su lengua que se corría entre sus dientes cuando la comida se escapa de entre sus labios, su firme torso, papá solía ejercitarse mucho, y su cuerpo era la prueba viviente de ello: tenía unos hermosos y musculosos brazos –sin llegar a lo exagerado-; piernas firmes y también musculosas. Tenía un culo tan firme, que me daban ganas de tocarlo, apretarlo y encajar mis talones en él mientras le permito entrar en mi caliente cuerpo. Su pene, me lo había imaginado tantas veces mientras me tocaba pensando en él, encajaba mis dedos en mi vagina simulando que era su pene el que lo hacía.
Mi curiosidad había llegado a límites insospechados y un día, sin que él se diera cuenta, lo observé cuando se bañaba; en ese momento no pude evitar masturbarme, en el mismo cuarto que él, justo cuando el agua recorría su delicioso cuerpo; me vine tan rápido que me sorprendí de lo caliente que me tenía mi papá, pero no podía hacer nada para detener mi deseo. Me encantaba mi padre, quería hacer el amor con él, quería verlo desnudo, apreciar y tocar todo su cuerpo, recorrer mis piernas con sus uñas e ir subiendo lentamente, hasta llegar a su dura polla, clamando por mi atención; así, la tomaría entre mis manos, masajearía sus testículos y lo engulliría todo, lamería su pene como paleta. Mi papá me ponía muchísimo, me masturbaba casi todos los días, porque no podría controlar mi deseo de coger con él, lo necesitaba, por lo que había desarrollado un modo de hacerlo caer en la tentación: seduciría a mi propio padre, no importaba cuál fuera el precio.
Hoy es lunes, papi me lleva a la escuela y aprovecho el viaje para mirar, disimuladamente su polla apretada dentro de sus pantalones, mientras mojo mis bragas y el asiento del coche. Decidí ponerme ropa sencilla, pero provocativa, claro, dentro de lo que cabe utilizando el uniforme de la preparatoria. Subí un poco más mi falda, dejando ver mis piernas, utilicé las mismas mallas de siempre, pero hoy, me coloqué un ligero, que mamá no sabía que tenía, pero tampoco podía contarle todo. Dejé mis pechos libres, por mi edad eran firmes y no lucían caídos como los de las señoras; así que sólo cerré la camisa y me di cuenta de que mis tetas relucían, la aureola se podía distinguir y mis pezones saltaban sobre la tela. Me puse cachonda de sólo imaginar a papá apretando fuertemente el volante para no mirarme, ja, cómo si eso fuera posible. Para distraer a mi madre, que me esperaba con el almuerzo en una mano, me puse el suéter de la escuela sobre los hombros, las mangas cubrían estratégicamente mis pechos, así que ella no imaginó nada. Papi ya estaba en el carro esperándome, así que más me valía darme prisa. Caminé tranquilamente y lo miraba mientras me acercaba a donde estaba él, concentrado en el radio, sintonizando alguna estación. Papá tenía buen gusto en música, era algo que teníamos en parecido. Toqué ligeramente la ventanilla para que me abriera, y me hizo una seña para indicarme que estaba fuera el seguro y podía entrar. Lo hice con cuidado y mostrando lo más que pude de mis piernas desnudas, excepto por las medias y el ligero. Una vez dentro lo salude con un jugoso beso
-Hola, papi, cómo dormiste? Luces un poco cansado
-Dormí bien, nena, nada de qué preocuparse, cómo dormiste tú? Ayer te acostaste muy tarde- me dijo haciendo una mueca graciosa con su rica boca. Si el supiera que no dormí por estarme cogiendo con mis dedos pensando en él.
-También bien, papi. Cambiaste de loción? Hueles muy rico- me acerqué a su cuello e inhale suavemente, lo sentí temblar y en el proceso frote mis pechos con su brazo. Estoy segura de que mis pezones se irguieron al instante, es decir, mis bragas ya estaban completamente húmedas.
-No, nena, la misma de siempre. Anda, abrocha tu cinturón, que es hora de partir.
