Konnichiwa! Como veo q al menos alguien ha dejado reviews, pues subo^^ (iba a subir igual xd) Bueno, espero q os guste este proximo capitulo!

Canciones para este capítulo: Take her to see, Mr. Murdoch

Espero que os guste!


Todo alrededor del mundo de Kiku parecía dar vueltas sobre el mismo eje siempre. Cenas con amigos, esos amigos falsos que declaraban que les importaba Kiku, cuando en verdad no era así, no les importaba si en aquel mismo momento muriese o viviese. Rodeado de gente que se agrupaba por intereses, y los verdaderos amigos los podías contar con los dedos de una mano. Pero para su pena, Kiku no tenía amigos, ni a nadie a quien importarle. Arthur parecía tomar interés en él, pero sabía que era su culpa que no fueran del todo próximos ya que no quería dejar entrar a nadie en su burbuja personal, necesitaba alguien que fuera capaz de abrirse paso él mismo, alguien lo suficientemente especial. Y por mala suerte, todavía no había encontrado aquella persona y como se iba a casar muy pronto, él estaba seguro de que ya no la encontraría.

Corría velozmente hacía la popa del barco, a través de cubierta, chocando con la gente que paseaba tranquilamente por ahí, sobresaltando a los marineros que trabajaban. Las lágrimas corrían por sus mejillas, decidido a acabar con su vida para no sufrir mas en aquel infierno de falsedades y apariencias. ¡Que envidia tenía de aquellos, que aunque fueran pobres, tenían amigos y gente a la que amar! ¿A quien podía amar él? ¿A su hermano? Si, a su hermano, él cual le estaba obligando a casarse con una chica que seguramente nunca podría llegar a querer. Un dolor horroroso le oprimía el pecho.

Llegó hasta las barandillas de proa, y observó la espuma que iba dejando el barco a su paso. Con un suspiro y tragándose algunas lágrimas empezó a subirse a la barandillas hasta quedar al otro lado, preguntándose si saltar o no saltar. Se agarraba fuertemente a la barandilla, temblando un poco porqué la verdad es que le daba miedo.

-No lo hagas.- dijo una voz detrás de él. Giro su cabeza para ver el mismo chico de ojos azules con gafas que le había estado observando en cubierta aquella misma tarde. Aguantó el aire y miro el agua.

-No te acerques.- le pidió con la voz rota por haber llorado. - Lo digo enserio,- continuó al ver que Alfred continuaba acercándose.- si te acercas mas me dejaré caer.

-No lo harás. Si quisieras hacerlo, ya lo hubieras hecho. Vamos, dame la mano.- le dijo tendiéndole una mano para que la tomará. El japonés negó con la cabeza.

-No me digas lo que tengo que hacer, tu no me conoces, no sabes quien soy y lo que estoy pasando.

-Lo siento, pero no te puedo dejar aquí.

-¿Por qué?- le preguntó incrédulo.

-Porqué ahora ya estoy involucrado. Si tu saltas, yo tendré que saltar detrás para ir a buscarte.- le dijo mientras se empezaba a quitar los zapatos y el abrigo.

-¿Que? ¡Te matarás!

-Soy un buen nadador.

-La caída sola te matará.- le dijo intentando convencerlo de que se fuera. ¿Quien era aquel hombre que se preocupaba por él?

-No digo que no vaya a doler, no. Pero a mi me preocupa más lo fría que estará el agua. - dijo el americano como si hablara del tiempo.

-¿Como de fría?- dijo Kiku como si empezará a pensárselo.

-Congelada. A lo mejor a uno o dos grados. - Kiku no respondió.- ¿Has estado en Wisconsin?- el japonés se quedo perplejo ante aquella pregunta que le parecía fuera de lugar.

-¿Qué?

-Bueno, allí hay uno de los peores inviernos. Una vez cuando era pequeño pescando en el hielo ¿Sabes como se pesca en el hielo verdad?

-¡Claro que lo se, no soy idiota!- se quejó Kiku, que se había ofendido ya que parecía que le estuviese criticando solo por ser de clase mas alta, por lo tanto mas bobo.

-Bueno, pues, estaba pescando, cuando me caí. El agua estaba congelada, era como si millones de cuchillos se me clavasen en el cuerpo. Realmente horroroso. No querrás saber lo que se siente, suerte que mi padre me pudo sacar. Pero bueno, si lo tengo que hacer, lo haré.

-Estás loco.- murmuró Kiku. Alfred se colocó detrás de él con una sonrisa.

-Es lo que dice todo el mundo, pero señorito, con todo el respeto, yo no soy el que está colgado de la parte traseras del barco.- le tendió una mano por delante de él y le sonrió amigablemente. - Vamos, se que no quieres hacer esto.

Kiku se lo pensó, pero al cabo de unos segundos, aún temblando le tomo la mano.

-Así, bien, gira despacio.- el japonés asintió e hizo lo que le dijo. Se agarró de los hombros de Alfred y medio sonrió. - Soy Alfred F Jones.- se presentó mientras agarraba mejor a Kiku para poder ayudarle a subir.

-Yo me llamo Kiku Honda.

-¡Vaya, veo que no eres americano!- los dos rieron un poco pero Kiku piso mal la barandilla y resbaló casi cayendo si no fuera porqué Alfred lo tenía agarrado y se quedo colgando se su brazo. Grito una vez y miro el agua, haciendo que escalofríos recorrieran su cuerpo.

-¡Ayúdame, ayúdame! ¡Por favor no me dejes ir!- grito nervioso y asustado.

-No te soltaré, tranquilo, intenta subir, agarrate a la barandilla.- lo hizo como Alferd dijo y con su ayuda lo consiguió subir. Kiku enroscó sus brazos alrededor del cuello de Alfred y este le rodeo la cintura para poder subirle pero acabaron los dos al suelo, Alfred encima de Kiku. Se miraron a los ojos, quedando atrapados como aquella misma tarde pero los oficiales no tardaron en llegar gracias a los gritos que había lanzado Kiku.

Arthur, Yao y Francis no tardaron en llegar a la escena tampoco ya que se habían encargado de avisarles. Tenían envuelto a Kiku en una manta, mientras Yao le abrazaba.

-¡Como te atreves ni siquiera a tocarlo!- grito Arthur al americano quien intentaba aguantar la risa a la inquietante vista de las cejas del inglés. - ¡Rata de alcantarilla!

-¡Basta!- grito Kiku.- Fue un accidente. Yo... Yo intentaba ver las... Las... Como se dicen...

-¿Las hélices?- propuso Francis bastante divertido por toda aquella escena.

-¡Si! ¡Las hélices! Quería ver la hélices, me he resbalado y suerte que él estaba ahí.- mintió Kiku nerviosamente.

-¿Fue así?- le preguntaron a Alfred. Este asintió. - ¡Entonces este hombre es un héroe! ¿Merece una recompensa no?- dijo Francis.

-Si, dale veinte, eso servirá.- dijo Arthur mientras se intentaba llevar a Kiku.

-¿Este es mi precio? ¿Veinte?- Arthur suspiró ante la amenzante voz del japonés y se acercó otra vez al americano.

-Bien, entonces mañana si le place puede venir a cenar con nosotros a las ocho y media en el salón principal. Le esperamos.

-¡Cuente conmigo!- exclamó el americano con una sonrisa. Kiku sonrió mientras era llevado por Arthur quien tenía un brazo protector por encima de sus hombros. Alfred se quedo observando como se iba pero se fijo que el francés aún estaba ahí.

-Es curioso, como resbaló de pronto, y aún así usted tuvo el tiempo suficiente para sacarse los zapatos y el abrigo.- con una sonrisa que lejos de ser amenazadora era mas bien divertida se fue dejando el americano bastante confundido.


Arthur entró en el camarote de Kiku, con una pequeña sonrisa al ver que este estaba sentado en la cama con su pijama puesto.

-¿Kiku? ¿Estás bien?- el japonés asintió con la cabeza con una pequeña sonrisa. Arthur no le desagradaba, seguramente era una de las pocas personas en las que podía confiar y se conocían des de que habían llegado a Inglaterra. - Bien, quería darte una cosa que siempre debió ser tuya. - se sentó a su lado y se uno de los bolsillos de su americana sacó un estuche que debía contener un anillo. Kiku contuvo el aire cuando Arthur abrió la caja y reveló un anillo que tenía una piedra azul, un diamante.

-Arthur...

-Antes de que supiera que te ibas a casar, yo quería proponerte matrimonio, no por intereses, si no porqué te amo, y aún estoy enamorado de ti.- aquella repentina confesión sorprendió mucho a Kiku, quien no se esperaba eso por parte de su amigo. - Y aunque se que te vas a casar, y no pretendo que le seas infiel a tu mujer, espero que aceptes el anillo como regalo, y lo lleves. - quito el anillo de su estuche y cogió una de las delicadas manos del japonés y le colocó el anillo en un dedo. - Te queda hermoso, justo como pensé. Bueno, espero que duermas bien, yo también me retiraré. Buenas noches, Kiku.- murmuró mientras besaba ligeramente los cabellos de este, aún sosteniéndole la mano. La dejo ir y se fue cerrando la puerta detrás suyo, dejando a Kiku perplejo.


-He estado en bastantes sitios. Me vine de América cuando era muy pequeño, con mi madre, pero falleció y des de entonces viví con dos hermanos italianos amigos míos y su madre, en Londres. Hace unos meses vinimos a Southampton.- dijo el joven americano, quien paseaba por cubierta con el japonés, el cual escuchaba atentamente la vida de su "salvador".

-Vaya, si que has viajado para ser alguien que no... Bueno...- musitó Kiku sin encontrar las palabras perfectas. Alfred se río.

-¡Puedes decirlo! Para una persona pobre, si, he viajado bastante. Pero, tu no me has invitado para que te cuente mi vida ¿verdad?- le preguntó parando de caminar un momento. Kiku bajó la cabeza.

-Señor Jones...

-Alfred.- le cortó de inmediato porqué no le gustaba que le llamasen por su apellido.

-Alfred... Quiero darte las gracias, no solo por salvarme si no por también tu discreción.

-Ningún problema.

-Mira, se lo que debes estar pensando. Pobre chico rico, él que sabe de la miseria...

-No.- dijo Alfred convencido. - Estaba pensando: ¿Que le ha podido pasar a ese chico para pensar que no tendría salida?- su rostro usualmente alegre denotaba mas seriedad que nunca. Kiku admiró eso y suspiró.

-Era... Es todo, todo mi mundo y la gente que hay en él. Intentando controlarme, diciéndome que hacer o que no hacer, y yo... Estoy harto, y no tengo suficiente fuerza para irme.- acabó enseñando el anillo que Arthur había puesto en su dedo. La piedra relucía triunfante bajo el sol.

-¡Vaya! Si hubieras llevado eso al saltar, ¡Hubieras ido directo al fondo!- Kiku dejo ir una risita ante su comentario y dejo que el americano tocará el anillo.

-Me lo dio Arthur, aquel hombre que te invitó a cenar, y me confesó que estaba enamorado de mí, pero ese no es el problema. El problema es que es un recordatorio constante de que cuando llegue a América, me tendré que casar con una chica a la que no he visto en mi vida, y todo por dinero. - su voz se había roto al medio de la frase, pero el japonés no había dejado salir ni una lágrima. - 500 invitaciones ya se han enviado, parece que toda Nueva York va asistir a mi boda. Me da la sensación de estar en una habitación llena de gente y estar gritando a todo pulmón y aún así nadie levanta la cabeza para pedirme que me pasa. - Kiku paró para coger aire.

-Y tu, ¿quieres a Arthur?- preguntó Alfred, en su rostro se denotaba a preocupación. Kiku levantó al cabeza y alzó una ceja.

-¿Perdone?

-¿Lo quieres?

-Esto, esto no es una pregunta que deberías hacerme. Estás siendo muy maleducado.

-Bueno, es una pregunta siempre ¿Lo quieres, si o no?

-¡Ah! ¡Está usted siendo, muy maleducado Señor Jones, yo me voy, no deseo hablar con usted, ya le he dado las gracias!

-Incluso me has insultado. - comentó Alfred con una sonrisa ante lo nervioso que se habíaa puesto el japonés.

-Bueno, te lo merecías.- empezó a andar y se giro un momento para mirarlo otra vez.- ¡Que pesado!- Alfred se río más hasta que Kiku volvió hacía él.

-Creía que te ibas.

-Y lo hacía, pero ¿sabes qué? Esta es mi parte del barco, eres tu quien se tiene que ir.

-¡Vaya, mira quien está siendo maleducado ahora!- Kiku abrió los ojos como dos naranjas y de una golpe le arrebató el cuaderno que había llevado bajo el brazo durante todo el tiempo. Alfred no intentó retenerlo dejo que el japonés observará sus dibujos.

-¿Que es eso? ¿Eres un artista o algo así?- camino un poco hasta el lado del americano.- Están bastante bien... De hecho, están muy bien.- comentó casi sin aire mientras admiraba los dibujos que había hecho el americano. Varios de chicas desnudas, o simplemente chicas que seguramente habían estado paseando por la calle o sentadas en un café. Kiku se decepcionó un poco al ver que todo eran chicas.

-Sí, algo así. La mayoría los hice en París.

-París... Si que viajas, sí.- dijo aún admirando la carpeta. - Esta chica, te gustaba ¿verdad?

-No, no, solo las pinto. Era una especie de prostituta. Lo bueno de París es que hay muchas mujeres dispuestas a quitarse la ropa o a dejarse pintar. - Kiku cerró la carpeta, un poco sonrojado ya que él nunca había visto a una mujer desnuda.

-Tienes un don, ves a la gente.- le dijo Kiku. Alfred sonrió.

-Te veo a ti.

-¿Y?

-No habrías saltado.- dijo dejando a Kiku perplejo.


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