II.
"Amarlo a él fue como cambiar de idea una vez que saltaste en caída libre. Fue como los colores del otoño que son más brillantes justo antes de perderse por siempre."
-¿Estás bien?- le preguntó Kenjirou Minami antes de sentarse al lado suyo y tomar su mano-. Luces pálido…
-Estoy un poco nervioso- admitió Yuri Katsuki antes de respirar profundamente como le había indicado su terapeuta que hiciera para calmarse antes de una competencia de alto nivel como la que viviría aquel día.
-La medalla de oro es tuya, todo el mundo lo sabe- dijo Minami sonriendo alegremente cosa que siempre lograba calmar a Yuri porque el entusiasmo del joven veinteañero aquel era contagioso de verdad-. No has fallado ninguno de tus cuádruples ni siquiera en las prácticas. Celestino de verdad mejoró ese programa que tú y Victor Nikiforov crearon…
-Lo sé…- dijo Yuri tratando de no palidecer ante la mención de aquel nombre, pero estando lejos de las cámaras era más difícil pretender que no le afectaba saber que Victor Nikiforov seguía vivo e inconvenientemente cerca de él.
-Lo lamento, Yuri, no quise mencionarlo- dijo Minami bastante arrepentido-. Todo el mundo ha estado haciendo de esta competencia un circo…
-Bueno, el deporte no es solo habilidad y técnica, hay que vender chismes para hacerlo rentable- dijo Yuri quien había aprendido aquello de la peor forma-. La verdad no me importa lo que ellos digan, no soy un niño. Ni Victor ni nadie hará que pierda esto Minami, no puedo perder…
-No vas a perder…- dijo el otro joven japonés con una sonrisa orgullosa-. El Yuri Katsuki que yo conozco sabe lo que quiere y no descansa hasta tenerlo. Además, Yuri ¿te imaginas que bien te verás la temporada siguiente a mi lado? El Campeón Olímpico más reciente siendo mi entrenador…
-Caminemos antes de correr- dijo el joven Katsuki con una sonrisa que lo hizo sentir menos inquieto-. Primero enfoquémonos en el presente y además ¿no te gustaría estar en el podio al lado de tu futuro entrenador? Hace mucho tiempo que Japón no se alza con dos campeones olímpicos ¿No crees? ¿Qué te parece si tú y yo hacemos historia hoy?
El joven Minami sonrió de forma arrebatadora y asintió con fuerza a las palabras de su superior. Él sabía que lo que Yuri había dicho era sumamente difícil teniendo en cuenta que los dos estaban enfrentándose a los mejores patinadores del mundo por aquella medalla. Los rusos Plisetsky y Nikiforov seguían siendo un objetivo a vencer al igual que el experimentado suizo Christophe Giacometti o el encantador tailandés, Phichit Chulanont.
Todos esos patinadores se habían reunido en aquel lugar para hacer real un sueño y nadie iba a regalarle la medalla de oro a ninguno. Y a pesar de eso, Minami estaba seguro de que nadie podría derrotar a Yuri, no después de verlo patinando "Yuri on ice" del modo en el que el joven Katsuki lo había hecho.
Minami sabía que aquella rutina había marcado un hito en la historia de uno de los patinadores más galardonados de Japón pero sobre todas esas cosas, la rutina de Yuri que años atrás hablara de amor, ahora hablaba de otra cosa: hablaba de un amor que había sido destruido, hablaba de un corazón que a pesar de haber viajado al infierno había decidido vivir y continuar con su camino.
Y eso es lo que Yuri había hecho, se había obligado a sí mismo a seguir adelante sin Victor y a pesar de Victor. Yuri había descubierto que le era posible hacerlo, que una de las pocas cosas valiosas que Victor le habida enseñado era a sentir amor por él antes que por nadie más y de esa forma el joven había podido sobrevivir a los días en los que el dolor era demasiado al grado de que el dolor en su pecho le robaba el aire.
Después de las cosas que Victor le gritara frente a todos los patinadores que habían competido en el segundo campeonato mundial que Yuri había ganado, mundial en el que Victor había quedado cuarto por quinta vez consecutiva en las competencias de aquella temporada, Yuri había tenido serias ganas de renunciar a todo, incluso a sí mismo. Y es que antes de aquel episodio, Yuri ya sabía que las cosas no iban solo mal, sino que su vida al lado de Victor estaba cayéndose a pedazos.
Yuri había notado la ausencia de Victor incluso cuando los dos estaban juntos en la misma habitación. El cuerpo de Victor sin duda estaba ahí pero su mente y su corazón estaban en otro lado y Yuri sentía aquella ausencia como un frío que se iba metiendo poco a poco dentro de su alma.
El chico había también notado las llamadas que llegaban a horas inapropiadas, la falta de interés que Victor mostraba a la hora de entrenarlo o de estar con él. Yuri sabía que Victor estaba enojado con él pero la razón de aquel enojo se le escapaba porque el hombre que una vez lo había apoyado hasta las últimas consecuencias de pronto parecía sentirse herido y celoso de las habilidades de su pupilo como si se tratara de un maestro narcisista que no puede tolerar que el alumno lo haya superado.
Yuri sabía que con cada día que pasaba Victor iba alejándose más y más de su lado, era como si el ruso se hubiera arrepentido de pronto de aquellas palabras dichas en un aeropuerto tiempo atrás: "cuidaré de ti hasta que te retires y por eso, deseo que jamás tengas que retirarte".
Pero aquella promesa había sido solamente una promesa vacía. Para Victor Nikiforov, Yuri Katsuki jamás sería suficiente y quizá por eso el ruso había empezado a verse con otros chicos a los que la pasión desenfrenada que consumía al ruso no fuera un lastre. Victor había empezado a salir con chicos más guapos y más experimentados; chicos como aquel al que Yuri había visto al lado de la persona que amaba, los dos revolcándose en la misma cama en la que Yuri solía dormir.
Aquella vez Victor le había dicho que todo era un error solamente, un error que no volvería a repetirse y Yuri, quien era un imbécil consumado le creyó. Después de aquel episodio, las cosas parecieron volver a la normalidad por un rato hasta que nuevamente las llamadas misteriosas comenzaron a llegar y el odio de Victor empezaba a manifestarse en los entrenamientos donde el ruso hacía observaciones crueles cada vez con más frecuencia aunque dentro de él, Victor sabía que Yuri estaba haciendo todo de forma perfecta y era eso lo que le enojaba.
Y cuando Yuri creyó que no podría seguir soportándolo ni un segundo más, todo estalló de repente después de la ceremonia de premiación del mundial en el cual, Victor se había encargado de romperlo todo.
El joven japonés recordaba aquel momento como un episodio en cámara lenta. Él había querido acercarse a Victor para que él besara su medalla de oro como el ruso solía hacer en las primeras ocasiones en las que Yuri había ganado. Idiotamente, Yuri había pensado que el refrendo de su título mundial los acercaría de nuevo, que quizá aquel campeonato lo haría de nuevo digno del amor de Victor.
Pero lo que había sucedido distaba mucho de ser aquella reconciliación que Yuri había imaginado y las palabras que Victor había guardado por mucho tiempo, esas palabras que no había podido contener ni un segundo más dentro de él, seguían doliendo dentro de Yuri porque no es verdad lo que la gente dice: a las palabras no se las lleva al viento, algunas palabras son veneno, algunas palabras son como un gas toxico, una herida que causa daño y de la cual, jamás podrás liberarte.
Pero aquellas palabras también habían hecho que Yuri despertara; aquellas palabras habían hecho que el joven japonés entendiera que había llegado el momento de terminarlo todo, que Victor le hacía daño, que él mismo estaba dañando a Victor y que el amor de los dos había muerto irremediablemente. Por eso el joven había escuchado el cruel discurso de su entrenador con aire sereno, con el aire resignado de quien sabe que no saldrá vivo de un campo minado.
-Eres un lastre y siempre lo serás- le había gritado Victor en frente de todo aquel que quisiera escucharlo-. Ganaste este campeonato solo porque ser tu entrenador me distrae demasiado. Entrenarte es un error, encontrarme contigo fue un error. Hice todo lo que hice porque me diste lastima ¿sabes? Solo eras un chico lastimoso que me avergonzó la mayor parte del tiempo, que no fue capaz siquiera de ganar un maldito oro cuando me dediqué a él en cuerpo y alma. Tú lo sabes, ¿verdad que lo sabes, Yuri? Has ganado hoy porque a todos los demás también les diste lastima. Ganaste porque los demás cometieron errores, no porque tú seas el mejor, no lo eres ¿verdad que lo sabes? Todos son mejores que tú, siempre lo serán…
-Todos, menos tú- había dicho Yuri con una sonrisa amarga y la medalla de oro colgando aun en su cuello. Si Victor estaba diciendo cosas horribles, él tampoco iba a guardarse lo que pensaba-. Al menos en esta competencia, entrenador, fui mejor que tú porque tú sabes mejor que nadie que tu tiempo como campeón se ha terminado pero no quieres aceptarlo. La juventud y la perfección no duran para siempre ¿tú sabes eso, verdad? Ya no tienes dieciséis años aunque te comportes como si tuvieras esa edad. Tu tiempo se ha terminado y mientras no lo aceptes seguirás siendo el hombre amargado y perdido en el pasado que eres hoy…
-¡Ya no soy tu entrenador!- le había gritado Victor totalmente fuera de sí- ¡Renuncio! ¡Quiero que te vayas! ¡Regresa a Japón, quédate allá! ¡Aléjate de mí!
-Iba a irme incluso antes de que me lo pidieras- dijo Yuri con una sonrisa triste que de pronto pareció hacer sentir culpable a Victor-. Sé que no soy lo suficiente para ti ni en las pistas ni en tu vida así que me iré. Espero que seas feliz, Victor, aunque creo que ya lo eres. El chico con el que follaste anoche, no le prometas que estarás con él siempre ¿quieres? Los dos sabemos que cuando le dices eso a alguien estás mintiéndole a él y a ti mismo.
-¡Cállate!- había gritado Victor con aire ofendido-. No tienes derecho a juzgarme y si follé con otros fue porque tú jamás pudiste darme lo que yo quería…
-Ni siquiera sabes qué es lo que quieres Victor y a partir de ahora tu vida no me importa. Haz lo que quieras hacer con ella- dijo Yuri con calma y acto seguido, se quitó la medalla dorada de su pecho tirándola al suelo, a los pies de Victor, agregando después el anillo dorado que rodó también sobre el piso-. Tómala si eso es lo que quieres, creo que esta medalla te hace más falta a ti de lo que me hace falta a mí. Tómala como el pago por tus servicios de entrenador ¿quieres? Si no es suficiente envíame la cuenta a Yutopia y te pagaré inmediatamente por todo este infierno que has tenido que vivir a mi lado. Se feliz Victor, espero no tener que volver a hablar contigo nunca más. Aléjate de mí, mantente lejos de mí porque te juro por el amor que todavía siento por ti que hoy, en este justo instante, para mí tú has muerto y mi amor morirá también. No importa si tengo que matar lo que soy ahora, renaceré. Así que enmienda el error que cometiste hace dos años y si eso calma un poco tu conciencia, tu error fue de verdad una oportunidad muy valiosa para mí. Me diste un sueño posible, Victor y eso te lo agradeceré siempre y como siempre sucede con los muertos, también te prometo que solo recordaré lo bueno que hiciste por mí.
-Vete ya- dijo Victor sintiendo odio de verdad en su interior-. Vete de aquí, no necesito tu superioridad moral, no quiero verte nunca más…
-Adiós…- dijo el joven Katsuki mirándolo a los ojos-. Adiós para siempre, Victor Nikiforov.
Yuri suspiró volviendo al presente y los ojos del joven Katsuki se llenaron de pesar al recordar aquellas palabras que con el paso de los meses no habían dejado de doler.
Después de aquella escena que se había hecho viral en las redes sociales pues todo el mundo con un teléfono en la mano había podido grabarla; después de aquella escena que la prensa había explotado con saña por más de dos meses, Yuri había tenido que esconderse del mundo un rato. El muchacho había vuelto a Japón y Celestino Cialdini se había comunicado con él para ofrecerle sus servicios como entrenador y Yuri agradeció que a pesar del escándalo un entrenador de la talla de Celestino quisiera seguir trabajando con él a pesar de los nada satisfactorios resultados que los dos habían tenido en el pasado. Porque a pesar del dolor, Yuri de verdad no había pensado en retirarse.
Y poco a poco, a pesar de que Yutopia estaba plagada de recuerdos de los días felices que Yuri había pasado al lado de Victor, el dolor fue remitiendo hasta convertirse en esa clase de dolor que se adormece y después aparece solamente en los momentos menos propicios porque decir que había sido fácil recuperarse de las heridas que las palabras y acciones de Victor le habían provocado era mentir de forma descarada.
Yuri recordaba el dolor en el pecho que lo había mantenido despierto por las noches. Yuri recordaba con una nitidez terrible todos los sueños que hicieron que se despertara gritando en medio de la noche porque en el reino del dormir las palabras de Victor se repetían una y mil veces como una cinta descompuesta que solo repite las partes tristes de lo que antes había sido una hermosa canción de amor.
Yuri también recordaba las tardes de llanto, los cientos de horas que Yuko estuvo a su lado intentando reconfortarlo, mientras la mujer que fuera su mejor amiga de toda la vida intentaba convencerlo de que no todo había sido su culpa.
Y es que Yuri no podía evitar sentir que las palabras de Victor habían sido culpa suya, es decir todo hubiera sido diferente si al menos él no hubiera sido tan mediocre ¿O no? Si tan solo él hubiera complacido a Victor del modo en el que él quería ser complacido. Si al menos Yuri se hubiera retirado como había prometido para que Victor tuviera su regreso soñado al hielo. Si al menos Yuri no fuera tan poca cosa, si al menos fuera más guapo, más alto, menos gordo. Si al menos no fuera solamente un cerdo que por varios meses había creído haberse convertido en un príncipe…
Los ojos de Yuri se llenaban de lágrimas ante esos pensamientos. Sí, Victor le había hecho daño pero seguramente él también había dañado a Victor. Si no fuera así ¿entonces por qué había tanto odio en los ojos azules de su ahora ex – entrenador al gritarle que él era el culpable de todo? Finalmente, había sido aquel odio reflejado en aquellas pupilas que antes le habían hecho sentir amor lo que lo había matado. Porque Victor había tirado a matar y lo había logrado y Yuri había tenido que resucitar después de pasar una temporada en el infierno.
Pero lo había logrado, a pesar de todo había podido seguir adelante porque él mismo había comprendido que no tenía más opción. El mundo no se detiene ni siquiera porque alguien haya roto tu corazón de cristal en mil pedazos. El mundo no deja de existir solamente porque tú deseas dejar de hacerlo. Al mundo le es indiferente tu dolor, al mundo no le importa que alguien haya matado todas tus posibilidades de sentir amor de nuevo.
Y es que Yuri no sentía que fuera capaz de sentir amor, quizá no lo sería jamás a pesar de que su madre, Hiroko, solía decirle que un "jamás" es demasiado tiempo para una persona.
Pero es que le había tomado veinticuatro años abrir su corazón y la misma persona que había entrado a él lo había convertido en un montón de cristales rotos que solían doler cada uno con más intensidad y por separado.
El joven suspiró sin poder evitarlo y cerró los ojos tratando de olvidar la imagen de los ojos de Victor Nikiforov observándolo en la distancia, esos ojos que por algún extraño motivo siempre terminaban sobre su piel, llamándolo, convocándolo.
Pero aquella era una llamada a la que Yuri ya no contestaría como un perro fiel, como el perro faldero en el que se había convertido en Rusia, siempre dispuesto a hacer feliz a Victor, a vivir por Victor, a patinar por Victor. No, aquel era el Yuri que Victor había matado y Yuri no quería hacerlo renacer.
Porque amar a Victor había sido lanzarse a un acantilado sin paracaídas, sin que hubiera ninguna red que estuviera esperando por él al final. Amar a Victor había sido un acto de fe que no había recibido la recompensa de un dios misericordioso. Amar a Victor había sido un instante de felicidad exótica, como los colores de las hojas del otoño que brillan con intensidad y fulgor justo antes de morir y perderse en el invierno para no renacer nunca.
Así había sido amar a Victor Nikiforov y en ese instante, justamente antes de volver a competir contra él para ganarle, porque no había otro objetivo en Yuri que no fuera ganarle, Yuri no sentía amor ni siquiera por el recuerdo de aquellos ojos azules que insistían en mirarlo pero para los cuales, acercarse a él, sería una tarea en vano…
