¡Nuevo capítulo, nuevo capítulo! ¡Extra, extra! (?)
Muuuchas gracias por los comentarios recibidos en el anterior, me alegra ver que la historia ha tenido buena acogida :)
I want to know what love is
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2. To change this lonely life
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Krillin era agradable. Esa fue la conclusión a la que había llegado 18 después de meses de visitas nocturnas ocasionales a la pequeña isla. No había sido de manera inmediata, ya que tras el fin de la temporada de lluvias, la androide no había vuelto a hacer acto de presencia por Kame House durante semanas. Pero durante un anochecer cualquiera y sin aviso previo, la rubia había vuelto a aparecer frente a la ventana del guerrero.
– ¡Has vuelto! – había exclamado Krillin, quizá con demasiada emoción.
– Dijiste que podía hacerlo – replicó ella, poniéndose rápidamente a la defensiva.
– Sí, s-sí claro que sí. ¡Pasa! Ponte cómoda – la habitación del hombre era, probablemente, la estancia más ordenada y pulcra de la casa, pero aún así, el guerrero se dedicó a estirar una serie de arrugas inexistentes en sus sábanas antes de que 18 tomase asiento sobre la cama – ¿Quieres algo de comer o de beber?
La interacción siempre era similar; ella llegaba, él le ofrecía comida, bebida o incluso ropa, ella terminaba aceptando y él ponía esa cara estúpida de estar encima de una nube. Al principio era desconcertante, pero después de un tiempo, 18 había terminado acostumbrándose y hasta encontrándolo adorable.
Aún así, el pobre Krillin seguía teniendo la sensación constante de estar andando sobre la cuerda floja con un estanque de pirañas carnívoras gigantes debajo, ya que el carácter explosivo de la androide era, cuanto menos, impredecible.
Por otro lado, el guerrero no podía dejar de preguntarse durante cuánto tiempo más podría seguir manteniendo esas visitas nocturnas en secreto, ya que solo era cuestión de tiempo que el Maestro Roshi, Oolong o cualquier otro irrumpiese en su habitación o viese salir a la androide volando por su ventana. Aún así, ella había rechazado de manera tajante el bajar a la planta baja de la casa o hacer cualquier otro tipo de actividad que incluyera el tener que revelar su presencia al resto de habitantes de Kame House. Krillin llegó a plantearse en alguna ocasión incluso si todas esas visitas no habrían sido producto de su imaginación, ya que solo él estaba al tanto de las mismas.
Al margen de eso, lo primero que había llamado la atención del guerrero, una vez que empezaron a dejar atrás los silencios incómodos, fue que la androide era un ser curioso. Eran cientos las cosas que 18 decía no haber visto, o al menos, no recordaba haberlo hecho, por lo que Krillin disfrutaba llenando su habitación de decenas de cachivaches inservibles solo por el placer de enseñárselos y observarla descubrirlos. De esa manera, todas sus noches juntos siempre terminaban con un; "¿en serio que nunca has probado el algodón de azúcar? ¿no has visto un ornitorrinco? ¿nunca has contado las constelaciones?" y una promesa de que, en la siguiente ocasión, Krillin le habría conseguido dicho objeto por muy ridículo o estúpido que este fuese.
De esa manera, el guerrero también había llegado a descubrir que, además de curiosidad, la rubia poseía una sonrisa que podía llegar a ser hipnotizante y que la hacía ver completamente... humana.
– ¿Qué? – increpó ella, sacándole de su ensoñamiento. Sin darse cuenta, se había quedado embobado mirándola.
– ¿Q-qué de qué? – Krillin se sonrojó visiblemente, lo que solo aumentó el desconcierto de la androide.
– Me estabas mirando.
– ¡No! ¡P-por supuesto q-que no!
– Sí lo estabas – replicó 18, arqueando ligeramente una de sus cejas y utilizando un tono de voz analítico y objetivo, completamente opuesto al nerviosismo presente en el hombre – ¿Por qué?
Krillin comenzó a balbucear, sintiendo como un sudor frío empezaba a recorrerle la espalda. ¿Qué le respondía ahora? No podía decirle simplemente que, en lugar de olvidarse de ella, lo único que había hecho durante todo este tiempo era enamorarse aún más, superando con creces ese flechazo que había sentido al verla por primera vez. Además, el pequeño guerrero también tenía su orgullo, y este ya había sido más que pisoteado cuando 18 le había rechazado de esa manera delante de Gohan y los demás, por lo que aún no estaba preparado para afrontar un nuevo desprecio. Pero ahí seguía ella, mirándole casi sin parpadear, como si quisiera llegar hasta su cerebro y leer sus pensamientos, y esperando por una respuesta.
– ¡Krillin! – se escuchó la voz del Maestro Roshi por el pasillo de la casa. Apenas diez segundos más tarde, la puerta de la habitación se abrió de par en par, sin importar que fuese bien entrada la madrugada – Krillin, ¿te encuentras bien?
El guerrero se había quedado sin habla, esperando lo peor. Sin embargo, al ver que pasaban los segundos y que el anciano seguía ahí de pie como si nada, giró la cabeza en dirección a donde supuestamente debería de encontrarse la androide. Pero 18 era rápida, así que lo único que alcanzó a ver fue su ventana abierta. Ni rastro de la mujer. Krillin respiró con alivio, girándose de nuevo para enfrentar a su maestro, que empezaba a observarle con expresión de extrañeza.
– ¿Krillin?
– Estoy bien, perfectamente – respondió por fin – ¿Se le ofrece algo a esta hora?
– Me había parecido escuchar voces… – indicó el anciano, rascándose la calva con gesto de confusión y duda – Habrán sido imaginaciones mías. ¡En fin! Buenas noches – y tal como había aparecido, volvió a desaparecer, cerrando la puerta tras de sí.
El guerrero suspiró aliviado, liberando la tensión retenida. A continuación se asomó por la ventana, llamando a la androide un par de veces sin alzar demasiado el tono de voz, aunque sin respuesta. Al parecer, la visita había terminado por esa noche, así como la ronda de preguntas incómodas. Salvado por la campana.
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o.o.o.o.o.o
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– Mmmm… no está mal…
– ¿No está mal? ¿Eso es todo?
– ¿Qué más quieres qué diga? No son más que trozos de hielo casi derretidos con colorante azul – replicó 18, frunciendo el ceño, mientras que sostenía un vaso entre sus manos.
Había pasado algo más de una semana desde su último encuentro, y por fortuna para Krillin, ella había vuelto a aparecer esa noche como si nada hubiese ocurrido la última vez. Sin embargo, no habían tardado en incluir una nueva novedad en su creciente relación: por primera vez en meses, 18 había accedido a salir de Kame House con él. No podía considerarse una cita ni nada parecido, y todo continuaría siendo tan secreto y tan clandestino como siempre, pero una sonrisa boba había vuelto a aparecer en los labios del hombre a medida que ambos se acercaban volando hasta la ciudad. Concretamente, hasta la feria. Y más concretamente aún, hasta un puesto de granizados para poder hacer realidad la última de las promesas hechas por el guerrero.
– ¡Es mucho más que eso! Es refrescante y sabroso – replicó Krillin, tomando un sorbo de su propio vaso.
– Lo que tú digas…
Aún así, 18 continuo sorbiendo hasta acabar el granizado por completo, tirando después el recipiente de plástico a una papelera lejana, encestando cual jugadora de baloncesto profesional.
El guerrero estaba convencido de que la androide pediría marcharse en cuanto la bebida estuviese terminada. Sin embargo, ambos continuaron paseando por el recinto en silencio, mezclándose entre la gente, las luces y la música. No llegaron a montarse en ninguna atracción, pero para Krillin era más que suficiente el simple hecho de poder estar con ella, disfrutando de una noche cualquiera como una pareja cualquiera. Una pareja…
– Lo estás haciendo otra vez – habló 18, sacándole de sus pensamientos. El hombre apartó rápidamente la mirada, llevándola hasta sus pies – Tienes que parar.
– ¿Qué?
– No puedes fijarte en mí de esa manera.
18 podría tener amnesia y no recordar muchísimas cosas que cualquiera podría considerar básicas, pero no era tonta y llevaba mucho tiempo dándose cuenta de lo que estaba pasando.
– Nunca voy a gustarte, ¿no? – preguntó Krillin, tras soltar un pequeño suspiro derrotado. No es que tuviese demasiadas esperanzas, pero después de tantos meses de creciente amistad, había empezado a albergar la posibilidad de quizás, y solo quizás, ella pudiera estar cambiando su opinión respecto a él.
Era tarde y pocas personas quedaban ya pululando por la feria, así que estaban relativamente a salvo de miradas y oídos indeseados. 18 dejó de andar, quedándose parada a un metro de distancia de él, dándole la espalda.
– Me gusta pasar tiempo contigo, es agradable. Pero deberías de buscar alguien de tu propia raza para algo así – respondió la androide. Instantes más tarde siguió andando, tomando algo más de distancia para poder emprender el vuelo.
Krillin no hizo nada por detenerla, simplemente siguió mirándose los pies como si de repente se hubieran convertido en el fenómeno más apasionante de la Tierra, mientras que una punzada dolorosa le atravesaba el pecho de extremo a extremo. Sin embargo, justo antes de que ella se marchara, se dio cuenta de un importante detalle.
– ¡Espera! – exclamó – No has dicho que no. A mi pregunta. No has contestado – habló apresuradamente.
18 giró levemente la cabeza, mirándole de reojo por encima del hombro, con esa expresión seria y helada tan habitual en su rostro. Pero entonces, una sonrisa diminuta se dibujó en sus labios sonrosados, dándole un matiz completamente diferente a su rostro.
– Nos vemos pronto, Krillin – se despidió, desapareciendo en la oscuridad del cielo nocturno en un abrir y cerrar de ojos.
El guerrero se había quedado patidifuso, sin saber muy bien cómo reaccionar después de lo ocurrido. ¿Había querido decir lo que él había entendido?
¿L-le gusto?
Continuará...
