14 días antes del festival
Hemos dejado el pantano atrás, ahora mismo estamos comiendo en la parte este de la ciudad del reloj, esperando a un preciado amigo de mi padre. No sé que papel desempeñe aquí, pero al parecer es importante. Yo, por mi parte, haré como que juego, pero me esconderé y oiré su conversación.
El hombre ahora está con mi padre, curioso el hecho de que es bajo, su cabello está alborotado, parece tener la mirada perdida y es el mejor amigo de mi padre.
Se ha sentado y ya están comenzando a hablar… Tomaré nota.
»—¿Estas seguro de esto? —Preguntó decisivamente el hombre.
»—Sí, sabes cuanto he esperado este momento. —Contestó mi padre con los ojos brillosos.
El hombre dejó escapar un suspiro.
»—… Tienes la autorización del alcalde, o sea, yo.
Papá Sonrió con una extraña expresión en la cara.
»—Es usted el hombre mas comprensivo de la historia, alcalde Dotour.
»—Oh, gracias Anton, tu eres el mejor investigador paranormal.
Ahora hay un silencio…
Mi padre lo ha roto.
»—Alcalde… —hizo una pequeña pausa, buscando las palabras adecuadas— ¿Ya está lista la casa?
El hombre arqueó la ceja.
»—Sí, más que lista. Aunque la canción que compuso tu difunta esposa… ¿No será lo suficientemente desesperante como para hacerte huir en unos días?
»—No, nunca pasaría eso, y menos con el símbolo que tiene esa canción en mi vida: Adiós a los gibdos fue la canción que compuso Eve antes de morir, nunca me cansaría de oírla…
Mi madre… ¿Compuso una canción? No puedo creerlo… ¿Por qué hay tantas cosas que no sé?
»—Anton, ten muchísimo cuidado… Sabes los peligros que pueden haber ahí, más que nadie en este mundo. Sabes las atrocidades que oculta ese cañón y por ningún motivo entres a la torre de piedra, o si no… no vivirás para contarlo. ¿Será esta la última vez que nos veamos?
Mi padre se recargó en la silla, con miedo en la mirada, comenzó a sudar caudalosamente, el brillo de sus ojos se apagó. Creo que aquel hombre había dado en el clavo.
»—Dotour… Para eso existe la canción, es la que nos va a proteger de las cosas que haya ahí. Tendré muy presente a la diosa del tiempo, yo sé que ella verá por mí y por mi pequeña Pamela… No necesita Preocuparse…
»—Espero… Sabes que yo siempre veo por tu bien y por el de tu hija… —El hombre alzó su vista al cielo y después a la gran torre del reloj—, ¿No sería tiempo ya de que se vayan?, se está haciendo tarde, y no quiero que les pase algo en el camino, ó en el cañón.
Dotour se paró, haciendo un ademán algo curioso. Se despidió cordialmente de mi padre y ahora está partiendo a yo que sé dónde.
Padre ha comenzado a llamarme, la expresión que tiene no me causa buena espina, cada vez más quisiera que se resignara a ir a ese lugar.
Llegamos a un lugar casi desértico, un cañón lleno de ratones con bombas en sus colas, caminamos con Sigilo, evitándolos. Mi padre comenzaba a ponerse histérico porque el atardecer se estaba dando a cabo.
Después de escalar las faldas del cañón ahora estamos en una villa desierta: Son varias casas, todas descuidadas y desiertas, como si la gente que vivió allí hubiese desaparecido de un día al otro. La resonancia del viento hace que parezcan gritos a lo lejos, la corriente viene de esa extraña entrada, con una mirada burlesca y la boca abierta, incitándote a entrar en ella.
También hay una gigantesca puerta de lo que al parecer es el castillo abandonado. Me quedé mirando embobada los extraños dibujos que están gravados en ella.
Nuestra casa, está en medio del pueblo desierto, tiene colores vivos y un enorme fonógrafo sale del techo. Todavía no sé para que sirva, quizá sea lo que nos mantendrá protegidos, como le dijo mi padre a aquel hombre.
Es media noche, no puedo dormir, mi padre está afuera, tengo miedo de que le pase algo. Puedo oír sus leves pisadas, pero, en el techo, escucho golpeteos, como si los espíritus nos estuvieran advirtiendo de algo, ellos no quieren que estemos aquí. Yo tampoco.
Al parecer el reino de Ikana sigue estando habitado…
