Hola...
Mi humor cambia según la situación, y este fic no es alegre precisamente, así que me adecuo a las circunstancias.
Gracias a Ariadna Simonds, Mery Vedder, Gaby Sara, Feorge-Gred y Julietaa por los reviews del prólogo.
Diario de un Weasley en San Mungo
Se despertó a media noche a mirar
si en el reflejo del agua podía encontrar
aquella risa que un día mudó
y, por segunda piel, de soledad se vistió.
Mägo de Oz-El poema de la lluvia triste
Hola a todos. Mi nombre es Louis William Weasley.
Si estoy aquí escribiendo esto es porque, gracias al idiota de mi primo, no puedo hacer nada más interesante. Por cierto, estoy desde ayer en San Mungo. Hace menos de un mes que me dieron el alta después del accidente y me encuentro otra vez aquí encerrado. Cómo odio los hospitales.
Ah, diré lo que me ha pasado. James Sirius Potter, el idiota de mi primo, tuvo la genial idea de colarse en la habitación donde el tío George tiene todas las pociones para inventar cosas. He de admitir que en su momento a mí también me pareció buena idea. Nos pusimos a curiosear, porque hay un montón de cosas interesantes, con tan mala suerte de que nuestro tío nos pilló. James tenía un frasquito de cristal en la mano, y del bote que dio lo tiró lejos. Y "lejos" resultó ser mi pierna.
Ahora me duele un poco menos, pero mirarla es asqueroso. Menos mal que me la han vendado y no tengo que verla. Hace un rato ha venido mi prima Rox, y si la hubiera visto le habría dado un infarto, tan seguro como que me llamo Louis.
Maman me ha dado este diario para que escriba lo que me pasa mientras estoy aquí. Pero si lo hiciera, pasaríais la mitad del tiempo muertos de aburrimiento y la otra mitad asqueados mientras relato las curas de mi pierna. Así que hablaré… de otra cosa. No sé todavía de qué.
Louis suelta la pluma sobre el libro y se muerde el labio. Lo cierto es que sí sabe de lo que quiere escribir, aunque no sabe la mejor forma de hacerlo. Además, escribir sobre ella le dolerá. Porque, desde hace casi un mes y medio, le duele todo lo que implique recordar a Noah.
Si ella siguiese viva, piensa, ahora estaría con él, distrayéndolo para que no se agobiase ante la perspectiva de dos semanas confinado en una habitación de hospital, haciéndolo reír y olvidar el dolor de su pierna.
Pero está muerta, se recuerda Louis, y aprieta las mandíbulas para evitar derramar las lágrimas que se acumulan en sus ojos. Por mi culpa, agrega, y sabe que es verdad.
Noah murió hace un mes y medio.
Fue una noche que volvíamos de una fiesta. Estábamos James, Noah, el novio de James, que por cierto me cae muy mal (me niego a escribir el nombre raro ése que tiene más de lo necesario), y yo. Íbamos en el coche de James, al que se lo habían regalado sus padres. Pero conducía yo, que también tengo el carné de coche, porque él estaba tan borracho que si Elijah no lo hubiese arrastrado al coche no hubiera sido capaz de subir por su propio pie. Juro que yo no probé ni una gota de alcohol; además, nunca le he visto el atractivo a emborracharte y hacer gilipolleces de las que luego ni te acuerdas. Y llovía. Llovía mucho, tanto que ni se veía la carretera. Yo conducía muy lento, aunque Noah, que iba sentada en el asiento del copiloto, insistía en que disminuyese todavía más la velocidad.
Le hice caso, como siempre. Noah solía tener razón. James, desde el asiento de atrás, comentó que hasta un peatón podría adelantarnos. A mí me daba igual. Noah estaba más tranquila, y además yo podía ver mejor lo que teníamos delante.
Pero no todo el mundo tiene dos dedos de luces. Se creen dioses, capaces de conseguirlo todo con sólo desearlo, sin querer creer que la vida es frágil, que la gente puede morir. Piensan que morirán de viejos. Yo también lo pensaba entonces. "Dormiré cuando me muera", la de veces que James y yo hemos dicho esa frase, cada vez que nos reñían por no poder estarnos ni un minuto quietos. Y hasta esa noche, estuve convencido de que ésa era la única verdad.
Era una curva cerrada, con la poca visibilidad que tenía reducida a un borrón. Y del borrón salieron dos luces, supongo que de un coche. El caso es que, pese a que iba haciendo eses por la carretera mojada, no era muy difícil adivinar que iba derechito a nosotros. Di un volantazo para esquivarlo, pero se me olvidó que más allá del borde de la calzada había un precioso terraplén preparado para los cuatro, y que la Muerte acechaba esa noche, dispuesta a llevarse a alguno de nosotros.
No sé cuántas vueltas dio el coche, porque a la tercera dejó de importarme. Sólo estoy seguro de que, cuando se detuvo, estábamos boca abajo, y el vehículo se había convertido en un montón de chatarra. James salió por la ventana del asiento de atrás y me ayudó a salir a mí. Luego se encargó de sacar a Elijah, que parecía estar inconsciente. Ya no se reía, pese a que minutos antes se había burlado de que avanzásemos a tan poca velocidad. Llamaba a Elijah y lo sacudía para despertarlo, sin éxito. A pesar de lo asustado que estaba, era el menos herido de los cuatro.
A mí me dolía todo, y aunque apenas podía moverme miré por la ventana para ver cómo estaba Noah. Seguía en el interior del coche, pero no podía salir porque tenía las piernas atrapadas. No obstante, se movía. Metí una mano por la ventana para tomar la suya. Ella lloraba, tenía miedo por lo que acababa de pasar, pero yo no podía hacer nada más que hablarle y prometerle que todo saldría bien.
Idiota de mí.
Después de un rato, no sé si largo o corto, James, que había conseguido espabilar un poco a Elijah, se levantó y dijo algo de avisar a alguien antes de desaparecerse. Se esfumó justo a tiempo para no oír a su novio, que en esos momentos no me parecía tan idiota, pedirle que se quedara. Fue entonces, mientras llovía como si se fuese a inundar todo el mundo y Elijah, que parecía no ser del todo consciente de lo que pasaba, murmuraba el nombre de James entre cosas incomprensibles, cuando me desmayé.
No he preguntado qué ocurrió después, porque lo supongo. Pero creo que James volvió con sanadores y nos llevaron a San Mungo.
Después murió Noah. No sé si es un consuelo, pero al menos pude hablar con ella y despedirme antes de… bueno, de que muriera.
Le prometí que estaría bien. Sé que no estoy cumpliendo mi promesa, porque no salgo con James ni me río. Pero no puedo hacer nada. No es mi culpa, es ella la que se ha ido, así que no tiene derecho a exigir. Supongo.
Al menos he encontrado una forma de no sufrir, aunque sea durante unas horas. Y aunque al idiota de James no le parezca bien.
James debe de tener un sexto sentido o algo, porque en cuanto Louis lo menciona en su diario, su primo entra en la habitación. Louis se enjuga rápidamente las lágrimas que se le han escapado recordando a Noah, aunque el muchacho las ve de todas formas. Louis lo ve morderse el labio, preocupado, y busca algún tema para evitar que le pregunte lo mismo que todos:
-¿Qué tal en el exterior?
-Eh…-James se encoge de hombros-. Igual que siempre, supongo. ¿Te sigue doliendo la pierna? Ya te he dicho que no era mi intención, pero es que el tío George me dio un susto que no veas…
-James-lo interrumpe Louis-. Cállate. Ya te he dicho que no pasa nada.
-Ya, pero aun así…-James se muerde el labio-. Es un poco triste, ¿no? Hace un mes que saliste de aquí y ahora…-pero se interrumpe al darse cuenta de lo que acaba de hacer y mira a Louis con remordimiento.
Que no es que a Louis no le duela el corazón como si se lo estuviesen arrancando cada vez que recuerda que Noah ya no volverá, pero le irrita un poco que todo el mundo crea (sepa) que es de cristal. Prefiere no comentar nada al respecto.
-No pasa nada-le asegura-. ¿Sigues con el idiota?
James pone los ojos en blanco. Louis no puede ni ver a Elijah. El sentimiento es mutuo.
-Oye, yo nunca protesté cuando…-pero vuelve a quedarse callado-. Pero si Elijah es un encanto.
-Lo que tú digas-replica Louis, y suspira con tristeza.
James se da cuenta.
Él también se siente mal por la muerte de Noah. Era su mejor amiga, y la primera, después de Elijah y él mismo, a quien tuvo el valor de confesarle sus preferencias sexuales. Es triste tener que hacerse a la idea de que ya no tiene a nadie de quien quejarse porque parece su segunda madre, ni a quien consolar cada vez que discute con Louis. Pero James sabe que Louis lo está pasando mucho peor que él.
Por un momento, James se imagina cómo estaría él de haber sido Elijah quien hubiera muerto en el accidente. Se estremece sólo de pensarlo.
Bienvenidos al día número ocho de mi confinamiento en esta puñetera habitación blanca y aburrida. Creo que me voy a volver loco como no salga de aquí rápido…
James ha estado aquí hace un rato. Apenas ha dicho nada, y mejor, porque últimamente se las ingenia para que todo lo que diga me recuerde a Noah. En realidad, todo me recuerda a ella, pero él más, porque siempre fuimos los mejores amigos, desde antes de empezar Hogwarts. Le lanzaba sapos, porque a ella le daban miedo y a mí me encantaba hacerla rabiar.
Si pudiera moverme de esta dichosa cama le daría patadas a todo lo que hay en esta habitación. No aguanto más estar aquí metido y solo. Vale que a veces Vic viene a ver qué tal estoy y si necesito algo, pero se pasa la mayoría del día curando enfermedades raras o con su novio. Desde que acapara a mi hermana, Teddy no mola.
Minnie viene sobre todo por las tardes, cuando termina de trabajar en la tienda del tío George. Me ha comentado que sale con un chico, aunque no ha querido decirme quién. Seguro que él también la acapara y por eso no viene a verme. Cuando lo pille lo desollaré, y luego le daré su cabeza a Minnie, por si quiere llevarlo con ella a todos lados.
Merlín, sí que estoy aburrido, porque hablar de formas de asesinar a los novios de mis hermanas… Necesito salir de aquí. Necesito ir a la plaza y ver al grupo.
Oh, no he hablado de ellos aún, ahora que me doy cuenta. El grupo son cinco personas, muggles todos. James y yo los conocimos hace unas semanas, cuando él me convenció de ir a un concierto. Si esperaba distraerme, no lo consiguió. Pero lo que sí hizo fue que yo descubriera la forma de distraerme. Aunque eso no se lo diré, porque sé que no le hace mucha gracia el tema.
Pero a lo que voy. En el grupo están Leanne, que es la más simpática de todos; Gendry, que es un estúpido y además más desconfiado que un duende; Chris, alias el Agujas; Manoslargas (no tengo ni idea de su nombre de pila) e Inés. Inés es sólo una niña, me parece que tiene la edad de Lily, Hugo y Rox… y la pobre ha estado a punto de morirse ya dos veces. Pero es que es tonta, porque en cuanto le dan el alta vuelve a las andadas. No me extrañaría que cuando vaya a verlos de nuevo esté con otra sobredosis. Vamos, completamente idiota.
Louis suspira. Hace un rato que se ha dado cuenta de que escribir no es suficiente para lograr ignorar el extraño nerviosismo que lo hace estar revolviéndose continuamente en la cama.
Sabe por qué es, porque ya le ha pasado antes. Recuerda la jeringa que Leanne lo convenció para clavarse en el concierto. Es eso lo que necesita. Eso, y nada más.
En ese momento entra su hermana por la puerta. Vic entorna los ojos al ver que se ha mordido tanto las uñas que empiezan a sangrarle.
-Louis, ¿estás bien?-pregunta con preocupación.
-De maravilla-gruñe él-. ¿Qué haces aquí?-le suelta con cierta brusquedad.
Victoire sacude la cabeza.
-Venía a limpiarte la herida-comenta-. Si no vas a arrancarme las manos de un mordisco, claro-agrega, mordaz.
Louis respira hondo, recordando que su hermana no le ha hecho nada.
-No, no te morderé. Perdona-se disculpa. Victoire se sienta en un lado de la cama, retira las sábanas y le aparta los vendajes.
Para alivio de ambos, la pierna de Louis ya tiene mucho mejor aspecto. Ha recuperado ya la totalidad de la carne carcomida por el ácido, y las marcas se van desdibujando, ayudadas tanto por su condición de mago como por su ascendencia veela. Probablemente ni le quede cicatriz.
-Me parece que a lo mejor puedes salir la semana que viene-vaticina Victoire alegremente después de colocar las vendas limpias alrededor de la pierna de su hermano. Louis sonríe, contento por la noticia-. Lo hablaré con mis superiores, pero no creo que haya problema.
Louis se percata de que el tono de su hermana es un tanto frío.
-Oye, Vic, ¿te pasa algo?
-No… nada-Vic recoge las cosas con un floreo de su varita y sale de la habitación apresuradamente-. Hasta luego-se despide antes de cerrar la puerta.
Louis tiene la certeza de que su hermana miente.
Vaya, qué oscuro está… ¿Qué hago yo en un bosque? ¿Y por qué tiene que llover tanto? No me gusta la lluvia, se me pega el pelo a la cara y es agobiante.
Alguien me agarra el brazo. Me giro y veo a Noah. Qué guapa está, se ha puesto ese vestido rosa que tanto dice que le gusta. A mí también me gusta, es precioso. Noah es preciosa. Con cualquier vestido, y sin vestir todavía más.
-Vamos, es muy tarde-me dice, sonriendo.
Me acerco, pero ella da un paso hacia atrás y niega con la cabeza.
-¿Qué pasa?-pregunto. No entiendo nada, y me duele que me acabe de rechazar.
-No lo estás haciendo bien, Louis-me riñe, y su voz suena casi como la de mi madre-. Nada bien.
-¿A qué te refieres?-doy un paso más hacia Noah, pero ella retrocede dos, alejándose más de mí-. Noah, no entiendo por qué… ¿Qué he hecho?
Noah no responde. Doy otro paso hacia ella. Esta vez da tres pasos hacia atrás. No sé si gritarle por apartarse o llorar, porque no quiero que se aleje de mí. Pero no hago ninguna de las dos cosas. Me acerco a ella dos pasos. Ella pone un pie por detrás, otro, otro y…
Su pie derecho se apoya sólo sobre aire, y Noah cae hacia atrás, hacia un precipicio que, estoy seguro, no existía hasta hace dos segundos. Desaparece de mi vista como un cometa rosa.
Me acerco corriendo hacia donde estaba ella, pero para cuando llego no estoy en ese bosque lluvioso, sino en una habitación blanca. No entiendo cómo, pero ahora estoy sentado en una cama, y mi madre me ha cogido la mano y habla en francés tan rápido que apenas la entiendo, pero suena como "Tu n'a fait pas rien", una y otra vez.
En ese momento, la puerta se abre y por ella entra Frankie. Está llorando, pero no entiendo por qué. Sólo quiero volver a por Noah. ¿Cómo de profundo era ese barranco? Debe de haberse hecho daño al caer.
-Está… muerta. Noah.
-¡No! ¡No, no!
Se incorpora tan bruscamente que se marea, y su pánico y su desorientación aumentan.
Oye unos pasos acercarse a él rápidamente, pero no sabe ni siquiera de quién se trata; la habitación está demasiado oscura para ver nada, y los postigos de la ventana están cerrados. Pero tampoco es que le importe. Siente que se va a ahogar de miedo, de dolor, de impotencia. De todo. Su orgullo no hace nada para impedir que las lágrimas bajen por sus mejillas ni que sus hombros se estremezcan cada vez que solloza.
-Sólo era una pesadilla, Louis.
Unos brazos lo rodean y unos labios le dan un beso en un lado de la cabeza, pero a Louis no le importa.
-No…-musita-. Noah… Noah…
Una mano le acaricia el pelo.
-Venga, va, no pasa nada.
Entonces Louis reconoce la voz como la de Dominique. Se refugia en el hombro de su hermana, todavía desorientado, y después de unos segundos le devuelve el abrazo, temblando violentamente y aún llorando.
Tras unos minutos, Louis logra calmarse un poco. Se separa de su hermana y se enjuga las lágrimas, algo más tranquilo, pero sigue temblando y evocando el sueño una y otra vez.
-Lo siento, Minnie-le dice-. Tenía una pesadilla.
Dominique enciende su varita, y su rostro cansado se ilumina por la luz blanco-azulada. Le revuelve el pelo de nuevo a Louis.
-No te preocupes. Pero me has asustado, te he oído gritar desde el pasillo-Louis baja la vista-. ¿Estás mejor?-Louis se encoge de hombros y se recuesta en las almohadas. Ahora que vuelve a pensar con claridad, se siente ridículo por el espectáculo que ha montado-. Has soñado con ella, ¿no?-pregunta Minnie en voz baja.
-Un poco-responde Louis. Le duele la garganta; sí que debe de haber gritado-. Por cierto, ¿qué haces aquí?-pregunta-. Es muy tarde…
-Venía a hablar… um… con Vic-responde Dominique de forma no muy convincente. Louis la mira-. No puedes seguir así, Louis.
-¿Así cómo?
Minnie entorna los ojos.
-Pues así como estás. Te pasas el tiempo pensando en Noah. No digo que sea malo, pero está muerta. Nadie puede cambiar eso. Y mereces… no sé, estar mejor.
Louis prefiere no responder a eso, porque sabe que acabará mal con su hermana.
-¿Puedes llamar al señor Payne?
-¿Para qué?
-Tú llámalo.
Dominique sale de la habitación, y Louis aprovecha para cerrar los ojos y tratar de olvidar lo que ha soñado. No puede. No puede olvidar a Noah cayendo por el precipicio, igual que no puede olvidar la última vez que habló con ella. Al menos, no para siempre.
Pero ha descubierto que durante un tiempo sí es capaz de hacerlo. Ahora no es tan fácil, pero tampoco imposible. La poción para dormir sólo lo mantendrá tranquilo unas horas, aunque luego sea peor, pero prefiere eso a pasar toda la noche atormentándose con los recuerdos. Poco le importa que eso sea una muestra de cobardía.
Minnie vuelve tras unos minutos con el sanador Payne. A Louis sólo le hace falta poner cara de cordero degollado para convencerlo de que le dé poción para dormir sin soñar.
Unos minutos más tarde, se bebe toda la poción de golpe.
-Buenas noches- murmura con una pequeña sonrisa antes de sumirse en un profundo sopor lleno de vacío.
Notas de la autora: Si seguís teniendo dudas de lo que está haciendo Louis, no os preocupéis, el siguiente paso es poner un neón, y ya lo estoy preparando.
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