Problemas
Elisabeth se había despertado temprano aquel día, pues todavía aun no había salido el sol, y solía despertarla su luz, ni siquiera el cielo se había tornado azul claro que marcaba el alba. Se removió inquieta, miro el otro extremo de la gran cama donde debería descansar su marido, con las sabanas rojas y blancas, arrugadas y el no estaba, supuso que debía de haberse marchado hacia bastante, pero aun así puso la mano allí donde dormía su marido por las noches y noto calor, tenue, pero aun notable.
Se sentó, y miro hacia la ventana, estaba abierta y entraba una brisa casi imperceptible , el marco de madera, brillaba levemente pese a la poca luz que había. A su lado estaba la cómoda de madera oscura y de aspecto robusto con uno de sus cajones sobresaliendo mal cerrado.
Se levanto, era alta de piel bastante clara, casi como la nieve, su cabello pelirrojo le caía por la espalda algo desordenado. Se aparto el pelo de sus ojos color marrón muy oscuros, chispeantes y llenos de movimiento. Cerro la cómoda y salió de la habitación, se dirigió a la cocina y puso a hervir la tetera.
Mientras hervía, se dirigió a una habitación, enorme llena de libros de todos los tamaños y colores que pudieras imaginarte, ella se movió decidida entre las muchas estanterías se paro en una del medio y cogió uno de tapa dura de cuero color morado y muy grueso, y se lo llevo a la sala. Cuando llego puso madera encima del poco fuego que había en la chimenea, se sentó, abrió el libro y se dispuso a leer cuando escucho unos Toc…Toc…Toc….
Fue hacia la puerta, grande con tallados de plantas y flores en la madera. Al abrirla, vio a una mujer que vestía un traje negro largo y holgado, tenia la piel morena, una cara con unos rasgos muy afilados que enmarcaban unos ojos tan oscuros como su cabello que colgaba rizado por detrás de su cara.
-Hola Sofía, que agradable sorpresa,- abrió un poco mas la puerta para dejarla pasar y continuó- como es que vienes tan temprano?
La mujer entro y se dirigió hacia el salón, mientras que Elisabeth se dirigía a la cocina a preparar dos tazas de té, coger unas pastas y luego las llevo al salón donde su invitada tenia cara de enojo repugnancia y decepción.
-Te apetece una taza de té?
-Elisabeth, Sabes lo que ha hecho tu adorable hijo anoche?- lo soltó como un escupitajo, remarcando con sarcasmo "adorable".
La anfitriona de la casa, se removió, tratándose de su hijo no podía ser nada bueno, respiro hondo varias veces y contesto:
-Vamos… Sorpréndeme- intento parecer lo mas calmada posible y así evitar que se notara su ansiedad, pero por la cara de satisfacción que tenia su invitada no lo había conseguido.
-Pues bien, como sabrás, tanto la mansión de los Morgan como su familia es realmente antigua. Esta mañana, tu hijo ha pintarrajeado la fachada principal de la mansión con dibujos obscenos, ha man…- pero pese a la seguridad que mostraba, la señora Morgan se sonrojo y no continuo.
-Sofía que pasa? Que ibas a decir?- hizo una pequeña pausa, respiro y prosiguió- y, con respecto a la fachada, lo mandaremos a limpiarlo solo y así aprenderá la lección.
La inquilina se dispuso a continuar, pero antes decidió dar un sorbo a su té.
-Elisabet, la fachada es lo de menos, sabes que mi hija esta prometida con el hijo de los Jonson no? Pues de madrugada los hemos sorprendido retozando…- tenia los ojos llorosos, y daba pequeñas para que no se le salieran las lagrimas- confió en que se le de un severo castigo a ese muchacho, unos azotes en publico o algo así no estaría mal…
Elisabeth divertida rió y luego suspirando dijo:
-Azotes? De verdad acabas de decir eso? Tu piensas que ese niño tiene 4 años? Además hay que reconocer que María también tiene culpa, mi abuelo decía, Dos no pelean si uno no quiere.
Acto seguido y como una exhalación, Sofía se levanto dejando a Elisabeth estupefacta en el sofá y se dirigió hacia la puerta de la casa. Elisabeth fue rápido a abrir y susurro un ligero y liviano "adiós Sofía", al que ella no se molesto ni en responder.
Al salir Sofía, se fijo en que ya había pasado un rato des de la salida del sol, cerro la puerta y volvió al salón a seguir con su lectura asta que su hijo se despertara.
*_*_*
Solo recordaba haber levantado la mano, furiosa, para pegarle a su hijo,- la había sacado de quicio, con aquella cara de niño bueno- y de pronto. Nada.
Dijo algo, y espero mientras miraba esa habitación, medio destrozada, esperaba una respuesta pero se sorprendió al ver a otra persona en la casa, vestida de negro. Se apresuro a decir, levantándose y poniéndose recta, como siempre:
-Quien es usted y que hace en mi casa?
-Tranquila madre,- se apresuro a contestar en joven Lanor- venia a casa cuando te desmayaste… me fue de mucha ayuda.
-Tenga, esto le hará bien- dijo sacando una planta del interior de su túnica- es una planta con propiedades medicinales.
La mujer lo cogió y se dispuso a llevárselo a la boca, masticarlo rápido y tragar, pero cuando abrió la boca, el hombre hizo un ademán que la hizo detenerse.
-Tiene que hacer una infusión con esa planta y tomarlo caliente y sin una pizca de azúcar.
Elisabeth lo mito de hito en hito y puso la planta en la mesa, luego se dirigió a su hijo con algo de recelo:
-Pon a calentar algo de agua y tráemela, por favor- al girar la cabeza noto un dolor en el cuello e hizo una mueca- me gustaría que me mirara el cuello, ya que parece saber algo de medicina, señor…
-Oh, se me había olvidado, que feo de mi parte,- fue asta donde se encontraba su anfitriona y prosiguió- soy Michael Smith,- le cogió una mano y la beso mientras hacia una reverencia- a su servicio, mi señora. Esta visita, estaba prevista para decirle que su hijo es poseedor de una habilidad muy poco común pero, por lo que veo, llego un poco tarde.
Haciéndole un gesto con la mano, los dos se sentaron en el sillón, para seguir conversando del tema tan serio que acababa de sacar el extraño huésped
-Eso que dice, que mi hijo tiene un Don?-Pregunto extrañada.
-Algo así, vengo porque su hijo tiene que asistir a una academia especial. En todo Rovira, nuestro querido continente, hay unos pocos cientos de hombres y mujeres poseedores del Don.
-Y usted pretende que mi hijo vaya con extraño a estudiar cosas raras. Pero cuanto tiempo?-Pregunto la mujer, pensando en lo sucedido aquella mañana
-Pues en torno a cuatro o cinco años,-Asomo algo de duda en los ojos de Michael pero continuo diciendo- todo depende de ellos.
Después de un rato de silencio incomodo, llego Ted con una taza de agua caliente que poso en la mesa delante de su madre. Al momento, el extraño se puso en pie y le tendió la mano al chico, luego a Elisabeth y dijo:
-Bueno señora Lanor, piénsenlo y mañana a primera hora vendré a veros, y como espero, yo y el joven-Dijo mirando a Ted- partiremos rumbo a la capital, Darhum. Espero que hagan lo mejor.-Y sin decir mas se fue a la puerta y los dejo solos a los dos.
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