Capítulo 2

Se decía una y mil veces que la noticia de Richard no había significado absolutamente nada para ella, pero lo cierto era que no había podido dormir en toda la noche. Tan solo el hecho de saber que Terry estaba de nuevo en Lakewood la hacía sentir nauseas.

- ¿Hoy no has ido a la joyería, Candy? – Le preguntó su madre durante el almuerzo.

- No… no me sentía bien – Mintió ella. Lo cierto es que sentía temor por salir a la calle – Además, Stella se está encargando de todo. Para eso la contratamos ¿No es cierto?

- Aún no confío plenamente en esa mujer.

Por regla general, Rebecca no confiaba en las mujeres que usaban ropa muy ajustada, en las que tenían más de una cirugía estética, en las que habían pasado por un divorcio, en las que coqueteaban descaradamente con cualquier hombre que se les pusiera en frente, o en las que eran católicas. Stella cumplía con todos los requisitos.

- Deja en paz a nuestra hija, mujer – Intervino Abraham, quien hasta ese momento había mantenido su rostro oculto tras el periódico - ¿O querrás que termine yéndose de casa como Zach?

- ¡Eso nunca! – Rebecca fue rotunda – No permitiré que Candy se vaya de casa.

Ante esas palabras, Candy no pudo hacer más que sonreír. Rebecca había dedicado su vida entera al cuidado de sus dos hijos, y sabía lo difícil que sería para ella separase de sus "pequeños".

A diferencia de muchas de las familias de Lakewood, los Waitzman siempre habían sido muy unidos. Si bien no eran judíos ortodoxos, siempre habían tratado de seguir las normas que su religión implicaba, solo Candy y Zach habían cometido algún que otro desliz, pero ya habían dedicado varias horas a sus rezos.

- Creo que iré a visitar a Zach – Comentó Candy mientras ayudaba a su madre a recoger las cosas de la mesa. Su hermano era la única persona que podía llegar a entenderla en esos momentos, o mejor dicho, era el que menos la juzgaría.

- Espera – Rebecca se movió con rapidez y envolvió el strudel que había quedado del almuerzo – Llévale esto – Le entregó el paquete – Me temo que esa chica con la que está conviviendo no es una buena cocinera, Zach está tan delgado…

- Mamá… no hables así de Annie. Es una buena mujer y es mi amiga.

- Lo sé, lo sé… - Rebecca izó un movimiento con sus manos – Trataré de contenerme. Ve y llévale eso a tu hermano.

Candy besó a su madre en la mejilla y salió de la casa con el strudel. Aún no llegaba a comprender porque Rebecca nunca había querido a la novia de su hermano. Ella y Annie habían sido amigas desde muy pequeñas, habían compartido muchas cosas, pero tampoco podía negar cuando su hermano le había dicho dos meses atrás que estaban saliendo. Al principio se enfadó. En cierto modo estaba un poco celosa, pero por otro lado, conocía a su amiga mejor que nadie, y ella sabía perfectamente que nunca había dejado de amar a su antiguo novio, Archie. Habían terminado la relación por una infidelidad de él, pero Candy siempre creyó que volverían a estar juntos. Bueno, pues ahora estaba con su hermano.

En un acto de valentía, Candy decidió dejar sus temores atrás y caminar hacia la casa de su hermano. Lakewood era un pueblo pequeño, y si en verdad Terry había vuelto, no tardarían en encontrarse, y en el momento en que ello sucediera, ella al fin tendría la oportunidad de gritarle en la cara todas aquellas cosas que había querido decirle seis años atrás.

En el camino no pudo evitar que viejos recuerdos vinieran a su mente. El día en que todo comenzó…

Flashback

Candy nunca había sido una de esas chicas que salía con sus amigas los fines de semana, asistía a fiestas y se emborrachaba. Tampoco es que fuera una jovencita aburrida que pasaba sus días encerrada en su casa, la diferencia era que Candy siempre se había caracterizado por ser demasiado madura por tener tan solo 16 años.

Nuca había tenido novio, si bien varios de sus compañeros mostraron interés por ella, Candy nunca le había dado demasiada importancia a ese tema.

Como en todas las escuelas, el colegio San Pablo era dirigido por los grupos dominantes, y en este caso, las dos personas más influyentes eran Susana Marlowe y Terrence Grandchester. A Candy no le caía bien ninguno de los dos. No podía decir nada en contra de Terry, pues nunca él nunca había reparado siquiera en su existencia, pero el tan solo hecho de ser el novio de la chica que se encargaba día a día de hacer de su vida un infierno era razón suficiente para pensar lo peor del capitán del equipo de futbol de la escuela. Susana, por su parte, nunca había tenido motivos para odiarla hasta que Candy ganó un concurso de talentos en cuarto grado, y desde ese momento, se convirtió en el punto de burlas y abusos de Susana, quien jamás le perdonaría tal humillación.

Susana representaba todo lo que una chica quería ser, rubia, alta, de ojos azules, todos los chicos querían invitarla a salir, pero alguien como ella solo podía escoger lo mejor: Terry Grandchester. Nadie sabía cómo habían comenzado su relación, simplemente lo habían aceptado como un hecho que no podía ser de otro modo.

Candy siempre había tratado de hacer caso omiso de los comentarios, burlas y maltratos por parte de Susana, pues no quería ponerse a su nivel, aunque debía admitir que más de una vez tuvo ganas de enfrentarse con ella en una pelea de gatas. Cualquier otra persona hubiera sufrido un trauma por todo aquello, pero no Candy, ella estaba muy segura de quien era y no dejaría que nadie la hiciera dudar de ello, aunque debía admitir que a veces las cosas que Susana hacia y decía dolían demasiado.

Eran los últimos días de verano cuando Candy tuvo que quedarse después de hora en la escuela para ayudar en los preparativos del baile de otoño. No sabía en que había estado pensando cuando decidió ofrecerse como voluntaria, pues la profesora McGrundin le había dejado todo el trabajo pesado a ella. Al finalizar el día, estaba agotada, sucia y para colmo llovía torrencialmente.

Estaba parada en bajó el techo de la galería esperando que pasase de llover, o en su defecto, que alguien se apiadase de ella. La primera opción parecía cada vez más lejana, pero afortunadamente un auto rojo tuvo la decencia de frenar, por desgracia, no era exactamente la persona a la que Candy deseaba ver.

- ¿Necesitas ayuda? – Le preguntó la varonil voz de Terry desde el auto.

- ¿Perdón? – Candy miró hacia atrás y luego volvió a mirar a Terry - ¿Me estás hablando a mí?

Terry le dedicó una de esas sonrisas de lado de la que todas las chicas del colegio hablaban todo el tiempo, y sintió enojo contra sí misma por haber sentido ese estúpido cosquilleo en el estómago.

- Sube – Terry le abrió desde adentro la puerta del acompañante.

- No, gracias. Esperare a que deje de llover – Lo cierto es que no quería añadirse un problema más con Susana.

- Vamos – Insistió Terry – No querrás esperar hasta que oscurezca.

Él tenía razón, ya se estaba haciendo tarde y no tardaría en oscurecer. A Candy no le gustaba estar sola en la calle a altas horas de la noche, y sus padres se preocuparían. No le quedaba más remedio que aceptar la propuesta de Terry.

- Gracias – Candy entró en el auto y cerró la puerta y le dio la dirección de su casa, pero después de que Terry arrancara no pudo evitar preguntar – ¿Porque te detuviste?

- ¿Qué dices? – Le cuestionó él sin apartar la mirada del frente.

- ¿Por qué te has detenido y ofrecido a llevarme?

- Está lloviendo – Le dijo lo obvio – No sería una buena persona si no te hubiera brindado mi ayuda.

- Pero no me conoces.

- ¡Claro que te conozco! – Rió Terry – Te sientas delante de mí en la clase de física, y suelo copiarme de ti en los exámenes de matemáticas… lo siento, no soy muy bueno en esa materia.

- No hay problema – Dijo Candy restándole importancia al asunto – El tema aquí es… ¿No se enojará tu novia por haberme llevado a mi casa?

- ¿Mi novia?

- Susana – Le contestó ella con fastidio.

- Oh… Susana y yo ya no estamos juntos – Le dijo Terry con naturalidad.

- ¿En serio? – La voz de Candy sonó con más interés del que hubiera querido – Quiero decir… ustedes han sido novios desde… no lo sé… ¡siempre!

- Solo digamos que se agotó el amor.

Candy no creía que el amor podía agotarse así como así, pero tampoco quiso hacerle más preguntas a Terry, si había pasado algo entre Susana y él no era problema suyo.

- Gracias por haberme traído – Le dijo una vez que llegaron a su casa.

- Espera – Candy se sorprendió cuando Terry la tomó del brazo impidiéndole salir del auto.

- ¿Qué sucede?

- Se me ocurre una forma para que me lo agradezcas como es debido.

Candy frunció en entrecejo. Debió haberse imaginado que nada de eso era gratuito. Probablemente Terry le pediría que le hiciera la tarea de matemáticas por un mes o algo por el estilo.

- ¿Qué? – Le preguntó con recelo.

- Te invito a salir este fin de semana.

- ¿Qué? – Volvió a preguntar, esta vez con asombro ¿Terry Grandchester estaba pidiéndole a ella una cita?

- Podríamos ir al cine, y luego a tomar un helado.

- Yo… - Estaba atónita, no sabía que responder.

- ¿Qué dices?

- De acuerdo – Termino por contestar.

- Genial – Terry sonrió y soltó el brazo de Candy – Pasaré a buscarte a las cuatro ¿Te parece bien?

- Sí – Dijo ella sin poder terminar de comprender lo que estaba pasando.

- Hasta luego, Candy.

- Hasta luego.

Con las fuerzas que le quedaban, Candy bajó del auto y entró en su casa. Se preguntaba si lo que había sucedido minutos atrás era real ¿En verdad Terry le había pedido una cita? Aún no podía comprenderlo, solo le restaba esperar para ver qué sucedería ese fin de semana.

Fin de flashback

Ahora entendía que había cometido un gran error al aceptar salir con él. Pero el daño ya estaba hecho y de nada valía lamentarlo, solo quedaba seguir adelante.

Llegó hasta la casa donde ahora vivía su hermano y toco el timbre. Segundos después, Annie estaba recibiéndola con una gran sonrisa en el rostro y vestida solamente con una bata de ceda.

- Candy… que bueno que has venido – La saludó – Pasa, Zach está tomando una ducha.

- Ya veo…

A juzgar por su aspecto desaliñado, era evidente que Annie y su hermano habían estado "divirtiéndose" antes de que ella llegara. Candy sabía que su hermano no era casto, pero le costaba imaginárselo en una situación intima, y más aún si la mujer en cuestión era su mejor amiga, quien siempre le había contado en detalle las cosas que hacía con sus novios.

- ¿Esto lo envía Rebecca? – Le preguntó Annie tomando el paquete con el strudel.

- Mamá piensa que Zach no está alimentándose bien.

Candy fue hacia la única silla en toda la sala que no estaba cubierta por ropa sucia y se sentó. La casa era un desastre, no comprendía como su hermano podía vivir en un chiquero como ese.

- No me extraña – Dijo Annie con fastidio – Rebecca siempre me ha odiado. Y ahora no soporta que su hijo este saliendo con una chica no judía… menos si se trata de mí.

- Mamá no te odia – Le contestó Candy sin mucha convicción. Era verdad que a Rebecca nunca le había caído bien Annie ni su carácter descontrolado. A ella misma le costaba aceptar la relación de su hermano con su mejor amiga, estaba segura que su relación con Annie se acabaría para siempre si ella llegaba a lastimar a Zach.

- No importa – Annie fe hacia la cocina y salió tres minutos después con el strudel en un plato y un tenedor – Que más da lo que Rebecca piense de mí siempre y cuando continúe trayéndonos comida. Ya sabes lo mala cocinera que soy – Le dijo mientras saboreaba el strudel de Rebecca – Candy omitió decir que Annie era una pésima ama de casa en todo sentido de la palabra. En ese momento, Zach apareció en la sala cubierto solamente por una toalla alrededor de su cintura. Annie dejó el strudel en la mesita y se acercó a él colgándose de su cuello y besándolo en la boca – ¿Sabes cómo me excitas cuando sales de la ducha?

- ¡Annie! – Exclamó Candy notando como sus mejillas se tornaban rojas. Había visto esas muestras de afecto que Annie tenía con Archie miles de veces, pero en esa situación se sentía especialmente incomoda.

Zach separó con cuidado a Annie y se acercó a saludar a su hermana. Tenía el cabello negro mojado al igual que su pecho musculoso. No podía engarce que Zach era un hombre muy apuesto, tenía los ojos azules y los rasgos de sus padres, pero aun así no comprendía como Annie se había fijado en un abogado tan serio como él.

- ¿Cómo estás hermana?

- Bien – Mintió ella – Pero me gustaría hablar contigo… - Dirigió su mirada a Annie – A solas.

- De acuerdo – Annie comprendió la indirecta y se retiró hacia la habitación que compartía con Zach.

- Estaré contigo en unos minutos – Le dijo su hermano yendo detrás de Annie – Iré a vestirme.

- Claro.

Pasaron quince minutos antes de que Zach volviera a la sala completamente agitado, y Candy no creía que eso se debiera a los esfuerzos que había hecho para vestirse. Comenzaba a crees que a Annie le molestaba su presencia ahora que salía con su hermano.

- Dime… - Le dijo él mientras se sentaba frente a ella - ¿De qué quieres hablar?

- Zach… - Candy bajó la vista sin saber cómo comenzar – Tú… ¿Tú sabías que Terry está otra vez en Lakewood?

- ¿Qué?

- Ayer me encontré con Richard en la joyería… me dijo que Terry y Susana volvían hoy a Lakewood. Al parecer están intentando reanudar su relación.

- ¿Qué hacía Richard en la joyería?

- No lo sé, creo que estaba comprando una pulsera, el caso es… He pasado los últimos seis años de mi vida intentando olvidar a Terry, y cuando al fin creo que lo estoy logrando él aparece nuevamente para poner mi mundo boca abajo.

- Candy, escucha – La tomó de las manos y le habló con tranquilidad – No tienes que dejar que esto te afecte.

- No sé si podré hacerlo.

- Demuéstrale que ya no te interesa.

- ¿Cómo?

- No lo sé… déjate ver delante de él con algún chico ¿Qué te parece Albert? Acaba de terminar con su novia.

- ¿Estás bromeando? Albert siempre me ha visto como su hermanita menor.

- No estoy diciendo que te acuestes con él – Claro que no, Zach nunca entregaría a su hermana a su mejor amigo y socio – Solo digo que a Albert no se negara a hacerte un favor si eso significa que Terry no vuelva a molestarte.

- De todas formas no creo que lo haga. Estará demasiado ocupado con Susana y… su hijo como para fijarse en lo que hago o dejo de hacer.

- De todas formas hablaré con Albert… por tu parte espero que tomes en cuenta mi consejo y continúes tu vida con normalidad.

- Lo intentaré.

Zach tenía razón, no podía pasar el resto de su vida pensando en Terry y escondiéndose de él. Nada de lo que había pasado era su culpa y ella no tenía por qué avergonzarse de eso.

ooo

Terry había pasado toda la mañana instalándose en casa de sus padres escuchando de fondo las quejas de Susana. La casa de los Grandchester no era demasiado grande para albergarlos a ellos tres, Richard, Eleanor y el hermano mayor de Terry, Pete, pero la de los Marlowe tampoco lo era, así que no tenían muchas opciones. Susana insistía en que Terry debía comprar una casa para ellos solos pero solo había un problema: Terry no quería vivir con ella.

En un comienzo, la idea original había sido que Susana y Davy se mudaran con los Marlowe, pero Terry no pudo contenerse ante los ruegos de su pequeño por quedarse a su lado, y obviamente Susana no iba a separarse del niño.

Los planes de Terry se estaban complicando y no sabía qué hacer para solucionarlos.

- Mamá me ha dicho que la casa del doctor Stevens está en venta… pienso que podríamos ir a verla mañana – Comentó Susana. La casa del doctor Stevens siempre había sido la más lujosa y grande de Lakewood. Era una edificación de comienzos del siglo XIX que había pasado por un periodo de decaimiento después del fallecimiento de su propietario – Creo que si invertimos algo de dinero en ella podría convertirse en un bonito lugar para nosotros.

- Susana – Le dijo él intentando no perder los nervios – No pienso comprar una casa.

- ¿Por qué no? Tenemos el dinero – Era costumbre de Susana continuar hablando en plural a pesar de estar divorciados.

- Porque tú y yo ya no estamos juntos – Volvió a repetirle por enésima vez – Y esto es solo temporal hasta que me organice.

- No podemos vivir con tus padres.

- Yo no te obligue a venir.

- Escucha, Terry, debemos encontrar una solución a este tema. No es bueno para Davy vivir en este lugar. Él necesita una casa propia.

- Tienes razón – Dijo Terry después de pensarlo unos segundos. No era justo para su hijo vivir de ese modo – Veré lo que puedo hacer – Susana sonrió con triunfo. Una vez más había logrado su objetivo – Saldré un rato, necesito comprar unas cosas.

Terry salió de la casa. Lo que en realidad quería era estar un momento a solas para pensar. No iba a comprarle a Susana la casa del doctor Stevens, siempre le había parecido horrible, y mucho menos iba a mudarse con ella, la relación entre ellos estaba terminada y no quería dejar a lugar a dudas sobre ello. Pero lo que sí podía hacer era comprar una casa para Susana y su hijo, y tal vez una también para él solo. No tenía problemas de dinero, podría comprar dos casas modestas y el problema estaría resuelto. Sí, esa era la solución. Al día siguiente pensaba comenzar la búsqueda, pues necesitaba hacerlo lo antes posible.

Continuó caminando sin rumbo fijo cuando algo llamó su atención. Era capaz de reconocer esos rizos rubios a kilómetros de distancia, no cabía lugar a dudas que se trataba de Candy. Su corazón dio un vuelco al reconocerla, estaba más hermosa que nunca.

Quiso acercarse a ella y tomarla entre sus brazos, pero había dado dos pasos cuando vio cómo un hombre rubio se iba hacia ella y la abrazaba. Sintió como su corazón se quebraba en mil pedazos cuando vio la forma en que Candy lo miraba y le sonreía. En todos esos años que habían pasado no imagino siquiera que ella podría haber encontrado a alguien más. No cabía en su mente que, después de todo lo que había pasado entre ellos lo olvidara con tal facilidad, pero sabía que era muy egoísta por su parte esperar que Candy no volviera a amar a nadie nuevamente en su vida.

Cuando volvió a Lakewood, su propósito era uno, recuperar al amor de su vida, y no iba a detenerse hasta conseguirlo. Candy lo había amado una vez, y él haría todo lo posible por volver junto a ella.


Continuará…

Muchas gracias por todos los reviews! =)

Acá vamos con el segundo capítulo de esta nueva historia! Espero que les guste!

Besosssssssssssssss