Disclaimer: Esta es una traducción del maravilloso fic de Arathe. FMA no me pertenece por desgracia. Y todos los personajes son propiedades ya sea de Hiromu Arakawa o de la propia Arathe.

N/T: Muchas gracias todos aquellos que leyeron el primer capítulo, aquí les traigo el segundo, sorry por tardar he estado algo ocupada, prometo no tardar…espero. Agradezco de nuevo a MaryLover mi beta por ayudarme en la traducción del capítulo.


:Capítulo 2:

:Transición:

Edward se dio la vuelta y enterró su rostro en la almohada, flotando entre el sueño y la conciencia sin estar realmente en uno u otro. Le tomó un momento a su adormilada mente averiguar qué le había despertado. Tenía frío. No, no frío, se estaba congelando. La parte racional de su mente le sugirió que rectificara la situación antes de que él se congelara hasta morir. La parte cansada y de mal humor de su mente educadamente le dijo a la otra parte que cerrara la puta boca y lo dejara dormir. Edward se inclinaba a estar de acuerdo con la segunda parte, pero la primera no iba a ceder y en contra de su voluntad, se despertó.

"Maldita sea", murmuró, buscando las mantas que debía haber tirado en algún momento de la noche. Tal vez si no pensara demasiado todavía podría volver a dormir. El mundo, sin embargo, parecía tener otros planes para él. Renunciando a su búsqueda a ciegas, Ed se sentó y se frotó los ojos con un bostezo soñoliento.

Las mantas, descubrió, de alguna manera se habían caído por completo de la cama y yacían en amontonadas en el suelo. Las miró enfurecido durante unos minutos. Culpando su despertar tan prematuro a esos molestos pedazos de tela. No iba a venir disculpa alguna de todas formas y volvió a bostezar, balanceando sus piernas a un lado y haciendo una mueca cuando su pie desnudo entró en contacto con el suelo frío. Tropezó con las mantas y las recogió, arrojándolas sobre la cama.

Un vistazo por la ventana confirmó que, en efecto, ninguna persona sana estaría despierta todavía alrededor. Con un suspiro, Edward trató de encontrar una camisa, frunciendo el ceño cuando se dio cuenta de que su ropa no estaba donde él la dejó. Una mirada rápida por la habitación reveló que sus ropas habían desaparecido por completo, dejándole sólo los pantalones de pijama con los que había dormido. Con un gruñido de fastidio, decidió que estaba demasiado cansado para preocuparse. La preocupación no comenzaría hasta después de la primera taza de café.

Café. Sintiéndose un poco animado por la idea, Edward se pasó una mano por el cabello despeinado y lo ató en una cola rápida. Deslizándose por el pasillo, se detuvo, algo captó su atención. ¿Era tocino eso que olía? Su estómago gruñó en feliz afirmación y Ed, sin necesitar mayor insistencia, hizo una parada rápida para hacer sus necesidades y luego siguió el aroma celestial hasta el pequeño comedor con un mínimo de dificultad y sólo dos giros equivocados.

Mustang ya se había levantado y vestido, el periódico en una mano y un pedazo de tostada en la otra. Levantó la vista cuando entró Ed, levantando las cejas ante el estado de desnudez de su invitado. Edward se dio cuenta de esto, y agradeció que estuviera demasiado cansado como para avergonzarse de ello. "Buenos días", dijo Mustang cuando Ed se dejó caer en una silla.

Golpeando su cabeza en la mesa con un golpe sordo, Ed gruñó, "Café primero, conversación después."

Mustang se rió entre dientes, empujando su taza hacia el joven. "Tómalo, voy a servirme otro".

Edward cogió la taza con un murmullo de gracias, sentándose y tomando un largo trago. Estaba caliente, y le quemó un poco en el camino al tragar, pero no le importó. Terminó el café rápidamente y dejó la taza, sintiéndose un poco más humano. Un poco. Arrastrarse de regreso a la cama hasta el mediodía probablemente haría maravillas, pero en realidad en estos momentos no era una opción. Ed suspiró. "Lo necesitaba".

"Me di cuenta". Mustang dobló el periódico y lo puso a un lado. "No eres muy madrugador que digamos"

"No," dijo Edward, haciendo una mueca. "¿Qué hora es?"

"Sólo las seis y media." Ed saltó cuando la respuesta llegó desde detrás de él, Evan apareció de la nada con dos tazas de café y un plato en la mano. El hombre era como un fantasma, nunca estaba ahí hasta que lo necesitaban, y Ed juraría que no le había visto ni una vez ir o venir. Evan no se inmutó en su estado de desnudez o en su automail, poniendo un plato y una taza de café en la mesa frente a él y pasando el otro a Mustang.

"Ojalá no hubiera preguntado," gruñó Edward, agradeciendo a Evan. Si despertar tan temprano estaba mal en muchos niveles, definitivamente podría acostumbrarse a que lo alimenten.

"Pido disculpas por sus ropas Edward." Dijo Evan. "Me las llevé para lavar, no lo esperaba levantado tan temprano. Las tendrá de vuelta en su habitación para el momento en que haya terminado con el desayuno."

Ah, eso explicaba todo. "No hay problema, sobreviviré". Era muy extraño que la gente haga las cosas por él. Se preguntó cómo los ricos se acostumbraban sin sentirse culpables. "Uh, puedo lavar mi propia ropa y hacer otras cosas. Quiero decir, no quiero ser una molestia y tú ..." se calló al ver la expresión en la cara de ofendido el anciano. "A menos que no te importe," terminó débilmente

"Por supuesto que no", dijo Evan inmediatamente, cogiendo la taza vacía de la mesa. "No es una molestia en absoluto."

Hubo una risita desde el otro lado de la mesa, y Ed volteó para ver a Mustang que lo miraba divertido. "Nunca sugieras que Evan no puede hacerse cargo de las cosas", aconsejó, sonriendo detrás de su café. "Toma su trabajo muy en serio."

Con un asentimiento de cabeza y un bostezo, Edward se guardó ese consejo y volvió para darle a su desayuno la atención que tanto merecía. Mustang apartó su plato y lo miró en silencio, tomando su café de a pocos. Una vez que Ed había terminado de comer, dijo: "Sabes, ese brazo tuyo es verdaderamente extraordinario. Funciona igual de bien que uno de verdad. Nunca he visto nada igual."

"¿Esto?" preguntó Edward, haciendo un gesto con la mano de automail. "Esto es basura. Deberías ver lo que mi mecánica podía hacer. Eso era un automail de calidad". Suspiró. Lo que no daría por tener su viejo automail de regreso, y no este lento y reconstruido pedazo de mierda que tenía ahora. Por lo menos no había tenido que hacerlo mucho más grande a causa de que había crecido un poco. Muy poco, pensó con amargura. Con unos pocos ajustes había sido capaz de hacer un reemplazo del brazo y la pierna, pero si tuviera que reemplazar los herrajes para cualquiera de los dos, no tendría la misma suerte. "Es una tienda pequeña en el medio de la nada, pero los Rockbell hacer los mejores automails de por ahí."

"Entonces, es común ver miembros como ése."

Ed se encogió de hombros. "Más o menos. Hubo un montón de personas que perdieron miembros en la guerra, algunos los perdieron a través de la alquimia como yo. Incluso hay personas que voluntariamente sustituyen sus brazos con automail para hacerse más fuertes, pero eso es una estupidez si me preguntas. "

"Increíble", dijo Mustang, sacando un reloj de bolsillo y revisándolo con un suspiro. "Me gustaría poder quedarme y hablar más, pero tengo una reunión con uno de mis socios de negocios en media hora." No se veía particularmente emocionado. "Espero estar de vuelta al mediodía. Hasta entonces, siéntete libre en echar un vistazo alrededor, explorar un poco".

"Muy bien. ¿Diviértete?" Ed ofreció, sonriendo cuando Mustang resopló y giró los ojos. Al parecer, las reuniones de negocios no eran su idea de un buen momento. Con un adiós con la mano Mustang había desaparecido, Edward tomó una solitaria pieza de tocino sobrante del plato abandonado. Comió lentamente, pensando qué hacer.

Un baño primero, decidió. Con suerte, su ropa ya habría vuelto a aparecer, así tendría algo que ponerse después de lavarse. Entonces Edward vería si podía pedir un poco de papel y una pluma a Evan y empezar a trabajar en ideas para llevarlo a casa. Suspiró. Eso probablemente iba a ser mucho ensayo y error, ya que no tenía nada con qué trabajar, pero quería tener algo que mostrarle a Mustang cuando abordara el tema con él, aunque fueran sólo teorías.

Hubo un repentino tirón en la pierna de su pantalón, Edward miró hacia abajo y vio a Kara de pie junto a su silla, el pelo revuelto y vestida con un camisón rosa. ¿Cuándo había llegado hasta allí? Kara se frotó los ojos soñolientos, y cuando se dio cuenta de que tenía toda su atención, le preguntó: "¿Dónde está el tío Roy?"

"Se fue a una reunión," le dijo Edward. Ella parecía un poco molesta por la noticia, y Ed añadió: "Pero dijo que iba a estar en casa a mediodía."

"Oh". Ella se quedó pensando por un momento. "Tengo hambre".

Ed parpadeó ante el repentino cambio de tema. "Um". Sin estar seguro de qué hacer, miró a su alrededor, pero nada le era de ayuda. "¿Sabes dónde está la cocina?" , preguntó. Ella asintió con la cabeza bostezando.

"De acuerdo entonces," Ed se levanto y cargó a la niña, balanceándola sobre sus hombros y sonriendo ante el chillido de alegría. "Vamos a buscarte el desayuno."

"¿Cómo es que tu brazo es así?" preguntó ella, empujando su automail con un dedo pequeño. "Esta frio".

"Bueno," dijo Ed lentamente, tratando de averiguar la mejor manera de explicárselo a una niña. "Mi brazo real se cayó, por lo que tuve que reemplazarlo por uno de metal."

"¿Se cayó?" Repitió, y Ed sonrió interiormente ante su tono horrorizado. "¿Por qué?"

"Bueno, hice algo muy malo, y ese fue mi castigo", le dijo Ed, ese era más o menos el caso, al menos con su pierna. No creía que la niña realmente entendería si trataba de explicarle todo el asunto de Al .

"Si hago algo malo, ¿mi brazo se caerá también?" Preguntó en voz baja.

"Nah. Eso sólo ocurre si tú haces algo realmente malo. Además, eres una buena chica, ¿cierto?"

"Cierto," asintió Kara, aunque no sonó del todo convincente observó Ed con una sonrisa.

"Muy bien niña, ¿a dónde vamos?" Kara le señaló una puerta pequeña, que Edward no había notado antes. La cocina, descubrió, estaba sólo a un corto pasillo y dos puertas de distancia. Hizo una nota mental para recordarlo y así pudiera encontrarla por su cuenta más tarde.

Un hombre pequeño y delgado levantó la vista al entrar, les sonrió y volvió a su tarea de cortar papas. "¿Qué puedo hacer por ustedes dos?" preguntó, con un leve acento en sus palabras que Edward no pudo identificar.

Ed retiró a Kara de sus hombros y la puso de nuevo en pie. " Aquí la enana dice que tiene hambre."

El hombre dejó caer las papas en rodajas en un tazón y puso su cuchillo a un lado, mirando a Kara con una espesa ceja levantada. "Así que es eso, ¿Y qué le gustaría Señorita Kara?"

"¡Huevos!" dijo ella alegremente.

"Entonces huevos tendrás", le dijo con una sonrisa. Hizo un gesto a la niña para que se sentara en la silla que acababa de desocupar, cogiendo el cuchillo y las papas en rodajas y poniéndolas sobre la mesa. Sin volverse, el hombre dijo: "Debe haber algunos huevos en el mostrador que hay detrás de ti Ed, ¿podrías pasármelos?" Edward lo hizo, un poco sorprendido, tanto por el tono amable y familiar como el hecho de que el hombre ya sabía su nombre. Como si leyera su mente, el hombre se limitó a sonreírle por encima del hombro y le dijo: "Evan me contó, si te estás preguntando. Soy Liam, el encargado de alimentar a este esta tropa. Roy se moriría sin mí, ¿verdad que sí gatita? " dijo, dando un codazo a Kara.

Ella soltó una risita y asintió. "Liam dice que el Tío Roy no sabe cocinar", le informó a Edward, rodando una papa abandonada entre sus manos, la rodaba a un lado y otro.

"Traté de enseñarle una vez, pero es un caso perdido, ese tipo. Quemó la sopa. ¡Sopa!" Liam levantó las manos teatralmente y Ed sonrió. "Un desastre tras otro con ese hombre, lo juro. Al final tuve que prohibirle entrar a la cocina después de que casi quemó todo el lugar", dijo Liam, apuntando a unas chamuscadas marcas en la pared cerca de la estufa.

"De alguna manera, realmente no me sorprende", dijo Edward muy divertido. Este Roy Mustang quizá no fuera el Alquimista de Fuego, pero aparentemente se las arregló para quemar las cosas bastante bien.

" Voy a empezar, ¿aún con hambre? " le preguntó Liam, rompiendo los huevos en una sartén.

"Estoy bien, gracias", dijo Ed. Entonces, un pensamiento se le ocurrió. "Supongo que sabes dónde puedo encontrar a Evan, ¿verdad?" Liam asintió con la cabeza en una alegre afirmación, señalando detrás de Edward con una espátula.

"¿Qué puedo hacer por ti, Edward?"

Bueno, eso estaba empezando a ser francamente espeluznante, decidió Ed, cuando al volverse encontró a Evan hurgando en la despensa detrás de él. Sabía a ciencia cierta que el hombre no estaba ahí hacía un minuto. "Uh, me preguntaba si mi ropa ya está lista"

"Sí," dijo Evan, terminando lo que estaba haciendo y cerrando la puerta de la despensa. "Están limpias y lo están esperando en su habitación."

"Gracias. Supongo que me podrías indicar la dirección correcta para un baño, ¿verdad?" Él tiró de su cola de caballo con una sonrisa triste. "Estoy hecho un desastre".

"Por supuesto, sígame", dijo Evan, saliendo sin esperar una respuesta.

"¡Adiós Ed!" Llamó Kara , despidiéndose con la mano. Él le sonrió y se despidió, corriendo tras de Evan.

El hombre lo condujo a un cuarto no muy lejos de la habitación de huéspedes que estaba usando. "Debería de haber todo lo que necesita en su interior. ¿Hay algo más que pueda hacer por usted?"

"En realidad, sí," dijo Edward, recordando sus planes de antes. "Imagino que puedo pedir un poco de papel y algo con qué escribir. Hay algo que quiero hacer antes de que Mustang vuelva."

"Por supuesto. Estarán esperándolo después de que haya terminado su baño."

"Gracias," dijo Ed, y Evan sólo inclinó la cabeza y desapareció por el pasillo. Edward se le quedó viendo por un momento. Tenía la impresión de que por alguna razón no le caía bien al hombre, a pesar de que los otros habían sido bastante amables. Resolvió en preguntarle a Mustang sobre ello más tarde, Ed volvió a su habitación, y fiel a la palabra, encontró todo lo que necesitaba.

Una media hora más tarde Ed se encontraba limpio, más feliz, y más despierto. Después de arreglarse, hizo su camino de regreso a su habitación, trenzando el cabello húmedo mientras lo hacía. Había una pila de papel blanco y un lápiz en la mesa esperando por él como había prometido. Quizás Evan no lo quisiera mucho, pero eso no le impidió hacer las cosas.

Ed cogió el lápiz, golpeando la punta contra su pierna mientras se acercaba a la ventana. Realmente era un buen día, ni rastro de la lluvia y las nubes que habían sido tan frecuentes el día anterior. Valdría la pena llevar sus cosas afuera, buscar un lugar donde sentarse y trabajar un poco en el aire fresco cuando todavía estaba lo suficientemente cálido.

Edward recogió los papeles y bajó las escaleras, agarrando su abrigo y zapatos de donde los había dejado junto a la puerta y salió a la mañana crujiente y fresca. Protegiéndose los ojos contra el brillo inesperado, Edward hizo una pausa, mirando a su alrededor. Había un grupo de árboles en todo el lado norte de la casa que parecían prometedor, resplandecientes aun con los tonos brillantes del otoño. Edward comenzó a caminar hacía ese lugar, metiendo los papeles bajo su barbilla y poniéndose su chaqueta.

Las hojas crujían bajo sus pies, Edward iba de árbol en árbol, buscando uno que se adaptara a sus propósitos. No pasó mucho tiempo, y pronto Ed se encontró frente a un gran y tosco árbol para escalar, con una perfecta rama a mitad de camino con su nombre en él. Enrollando el montón de papeles y poniéndolos en su bolsillo, Edward sonrió y se deslizó por la primera rama, subiendo al viejo árbol retorcido como si hubiera nacido para ello.

Una vez que llegó a su rama se sentó con un suspiro de felicidad, desplazándose un poco hasta que se acomodó con la espalda apoyada en el tronco. Edward se quedó sentado así por un largo rato, contento de ver que las hojas se mecían en la brisa, una o dos de ellas de vez en cuando se separaban de sus compañeras y caían al suelo. Se encontraba en un estado de ánimo mejor del que había tenido en mucho tiempo. Sacó el papel de su bolsillo y sacó el lápiz de donde lo había escondido detrás de la oreja. Finalmente, finalmente había dado con algo.

Una voz en el fondo de su mente le susurró que no había garantía de que fuera a funcionar, no había garantía de que incluso pudiera funcionar. Edward ignoró esa voz. Tenía un presentimiento, una sensación visceral de que si podía averiguar el cómo, iba a ser capaz de utilizar a este Mustang para llegar a casa. Los años de experiencia le habían enseñado que sus corazonadas eran por lo general ciertas, sobre todo cuando se trataba de la alquimia. El truco sería conseguir que funcione el tiempo suficiente para tener todo hecho, pero Edward se basaba en la conexión entre ambos para hacerse cargo de ese problema.

Descansando la pila de papel contra su rodilla, golpeó el lápiz en su nariz por un momento, pensando. Lo mejor era empezar con lo básico y trabajar desde allí , decidió. Se encorvó y comenzó a escribir.


"¿Qué demonios estás haciendo ahí arriba?"

Edward ignoró la pregunta, porque no quería perder el hilo de sus pensamientos. Agitó una mano vagamente para detener cualquier pregunta adicional y terminó lo que estaba escribiendo, con el lápiz contra el papel. Leyéndolo de nuevo otra vez, asintió satisfecho. Recogiendo el block de notas, Ed sacó las piernas por encima de la rama, mirando hacia abajo para encontrar a Mustang mirando hacia sonrió al otro hombre. "Me gustan los árboles. Me ayudan a pensar."

Mustang resopló. "No pensarás mucho cuando te caigas y te rompas el cuello."

Ed levantó las cejas con aire ausente ordenando sus notas con cierto orden. "¿Detecto preocupación por mi bienestar?"

"Más preocupación por cómo voy a explicar a la policía cómo alguien llegó a matarse tontamente en mi propiedad."

Girando los ojos, Ed dijo secamente: "Estoy conmovido Mustang. En serio." Se inclinó y puso una mano sobre su corazón. "Justo aquí".

Los labios se contrajeron en una sonrisa, Mustang sacudió la cabeza y dijo: "¿Vas a bajar? Liam tiene el almuerzo esperando".

Ante la mención de los alimentos, Edward se dio cuenta de que tenia, de hecho, bastante hambre. Se apresuró a juntar el resto de sus notas, una página se deslizó de las otras por la prisa. Ed intentó agarrarla pero falló, mirando sin poder hacer nada, ya que cayó al suelo. "Mierda. ¿Puedes agarrar eso?"

Mustang lo hizo, mirando el papel con curiosidad mientras Ed bajaba del árbol más rápido de lo que era probablemente seguro. Aterrizó suavemente al lado del otro hombre, que le pasó el papel. Un rápido vistazo le mostró uno de los círculos que había elaborado, y lo metió de nuevo con los otros. "¿Cómo sabías que estaba aquí?" le preguntó de repente.

"Emily te vio salir más temprano", dijo Mustang, mirando las notas en la mano de Edward. "¿Qué era eso?" preguntó, señalando.

"Círculos de Alquimia" dijo Ed, enrollando todo y metiéndolo en el bolsillo de su abrigo.

Mustang asintió con la cabeza comprendiendo. Edward le había dado un breve resumen sobre la alquimia la noche anterior, y el hombre se había enganchado muy bien teniendo en cuenta que hacía dos días él nunca había oído hablar de ella. "¿Para qué sirve?"

"En realidad, quería hablar contigo acerca de eso", dijo Ed, decidiendo que era un buen momento como cualquier otro, y comenzaron a caminar de regreso a la casa. "Creo que es posible que puedas ayudarme a llegar a casa, y me preguntaba si estarías dispuesto a ayudarme a intentarlo."

Mustang asintió lentamente. "Pensé que podrías pedirlo. Me parece que el hecho de que existe un Roy Mustang, tanto aquí como allá es demasiado extraño para ser una coincidencia."

"Sí," dijo Edward, metiendo el lápiz detrás de la oreja. "Los dos están conectados de alguna manera, no lo dudo. Con tu ayuda, podría ser capaz de utilizar esa conexión para uh ... pedir un aventón a casa, más o menos. Aunque podría tomar un tiempo antes de descubrir lo que tenemos que hacer, . ¿Me ayudarías? "

Mustang se detuvo de pronto, mirando hacia el cielo por un largo rato. Asintió para sí mismo, y luego miró a Edward, con una leve sonrisa en los labios. "Voy a ayudar con en todo lo que necesites. Sólo dime lo que tengo que hacer."


Hermi Black