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Capítulo dos: Polluelo.

―¡No! ―gritó y su voz resonó en el bosque.

Y es que Sasuke Uchiha le hacía perder la paciencia. No entendía cómo podía ser tan torpe.

―Te dije que debías separar los pies al ancho de los hombros ―continuó―, debes tener un amplio rango de movilidad, siempre a tu derecha… o al lado contrario de tu brazo más hábil ―refunfuñó sin paciencia―, pero no me haces caso…

Sasuke bufó exasperado mirándola con nada de amabilidad, con el sudor corriendo por los costados de su rostro, la ropa pegada en la espalda, las extremidades agarrotadas y el estómago vacío; Tenten era la maestra con menos compasión y paciencia que existía en el planeta, no le daba ni un segundo de tregua. Aunque él jamás, jamás, se rebajaría a pedírselo.

"Mueve los pies"

"Flexiona las rodillas. ¡Las rodillas! ¡Esos son tus codos!"

"El cuello más relajado, cuidado en tú hombro. ¡Mueve los pies!"

"Gira la muñeca en el sentido de las manecillas del reloj. ¡Al otro lado!"

Tenten puso los ojos en blanco pidiendo paciencia a algún ser divino, estaba convencida que el Uchiha lo hacía a propósito, que se empeñaba en llevarle la contraría sólo para hacerla enojar; nadie podía ser más torpe que cuando comenzó a entrenar, creía incluso (a veces) que el problema era ella y no sabía enseñar o que simplemente el Uchia era tan terco que le hacía perder la paciencia, pero era su obligación.

Por otra parte no le calzaba que siendo un Uchiha, siempre admirado y respetado por pertenecer a uno de los clanes más importantes de Konoha, envestido de la fama negativa que provocó dimitir en las filas shinobis de la aldea, considerado un ninja hábil para cualquiera fuera la tarea, resultaba ser un fracaso en el manejo de las armas en general. Torpe y lento, atacaba con más fuerza que precisión y aun, después de años, aquella katana de la que tanto se vanagloriaba no lograba ser convertida en una extensión poderosa de su brazo sino que era un objeto que entorpecía alguno de sus ataques. A ella todavía le quedaban dudas de por qué ocurría aquello desconociendo gran parte de lo que pasó con él después que se fuera de Konoha, así mismo poco y nada sabía del entrenamiento al cual fue sometido cuando vivía en la aldea; la verdad es que conocía muy poco de él. Lo único que le quedaba claro es que era torpe, terco y muy mal aprendiz. Obviamente Sasuke nunca reconocería sus falencias y tampoco se mostraba muy dispuesto a corregir dichos defectos porque le afectaba el orgullo; le hería el hecho de no ser tan perfecto como él mismo se consideraba. Aunque eso no significaba para nada que el chico fuera débil, sólo era torpe y se notaba que había dedicado poco tiempo a entrenar armamento, pero eso no importaba; ella era maestra de armas y le encantaban los retos.

El único Uchiha vivo bufó molesto, muy molesto, pero decidió apretar los dientes y no gritarle un par de cosas a la mujer que sentada tranquilamente a la sombra de un árbol le gritaba a todo pulmón lo descoordinado y torpe que podía ser usando su katana, a la vez que comía una extraña mezcla de cosas. De cierta forma hacía más esfuerzos de los habituales por mantener la calma con ella, principalmente porque le estaba ayudando a mejorar su técnica en armamento (y él se había rebajado a pedirle ayuda), porque tenía que comportarse para no tener más problemas de los que ya tenía por desertar y luego volver a Konoha (y lo que pasó en la guerra) y un poco, aunque realmente no quería pensar en eso, porque le tenía lástima. Razones que no le agradaban, pero el trato se limitaba a que ella le traspasara sus conocimientos en el manejo de armas y él consiguiera superar sus falencias, por lo que debía mantener un trato más o menos cordial para que así la chica no lo mandara a la mierda. Así que aunque debiera tragarse su orgullo (sólo un poco) prefería mantenerse callado y acatar las órdenes.

Después de haberle gritado durante un rato, Tenten lo observaba detenidamente estudiando sus movimientos, distinguiendo qué era lo que hacía mal para ayudarlo a mejorar. Quería realmente enseñarle, la idea de volver al Uchiha un ninja más completo le parecía sumamente satisfactoria, porque de esa forma lograría cerrar la boca de todos aquellos que la desvaloraban, la miraban con compasión o la creían frágil sólo por estar embarazada de un hombre muerto. Ella les demostraría a todos que su embarazo no la limitaba; no la volvía débil, no la convertía en una mujer que necesitaba del cuidado de todos, que no se rompería. Que era fuerte. Que saldría adelante aunque Neji no estuviera.

Esa tarde habían acordado entrenar con armas luego que ella se quejara porque casi siempre los entrenamiento consistían en perfeccionar las técnicas visuales de Neji , mientras que ella a pesar de haber mejorado mucho gracias a esos entrenamientos, se encontraba en una clara desventaja al no poseer una línea sucesoria tan poderosa como las de los Hyūga, consiguiendo en ocasiones un par de rasguños, en otras herirlo de mediana gravedad y en las menos dejarlo completamente fuera de combate al traspasar su defensa absoluta y predecir sus movimientos después de tanto tiempo estudiándoles. Principalmente por eso y por su berrinche de niña pequeña, Neji había accedido a entrenar puntería y ataque a larga distancia con armas; método en el cual Tenten era una experta y él un poquito menos que patético, pero sólo porque la precisión de sus técnicas visuales no era aplicable a su puntería. Nadie podía ser perfecto, ni siquiera un Hyūga.

Estaban en eso; Neji le lanzaba sin ánimos unas cuantas armas y ella le arrojaba otras tantas deteniendo en el aire cada una de las que le enviaba su rival: totalmente aburrido y ella comenzaba a fastidiarse ya que él nunca tomaba en serio los entrenamientos que la chica proponía. Fue esa la razón que la llevó a precipitar un ataque sorpresivo invocando un Bō sin darle tiempo necesario de reaccionar correctamente por lo cual el joven debió defenderse con lo que contaba sin tener un segundo para corregir sus movimientos o lograr frenar la rapidez de los movimientos de su compañera. Neji retrocedía a cada ataque, Tenten no se detenía, pero aun así no lograba asestarle un buen golpe. Fue en un abrir y cerrar de ojos en que él intentando defenderse movió de extraña forma sus pies, tropezando y perdiendo el equilibrio. En un intento vano por frenar la caída se sujetó de la chica precipitándose ambos al suelo.

La joven de cabello castaño y peinado maltrecho pensó que aquello era sin duda lo más inverosímil de la vida ¡Esas cosas sólo ocurrían en la imaginación! O las películas bobas, pero ahí estaban; ella sobre él, con sus rostros separados escasamente, la Bō enterrada dolorosamente en las costillas, Neji más sonrojado de lo que había estado incluso en sus momentos más bochornosos y ninguno se movía…

―Así no ―escuchó la voz femenina a su espalda. Se sorprendió levemente debido a encontrarse tan concentrado intentando hacer lo que ella decía, que no la sintió acercarse―. Debes levantar más tu brazo, doblar el codo e intentar equilibrar el peso…

Ella seguía parloteando a su espalda, mientras con sus manos le guiaba los brazos enseñándole la correcta forma de posicionarlos. Sintió el abultado vientre de la mujer chocar varias veces contra su cuerpo y una disculpa entremedio, sin embargo Tenten parecía no darle importancia a una situación que a Sasuke le resultaba un tanto incómoda, no porque le repugnara o molestara tenerla tan cerca, sino que porque nunca había compartido con una mujer embarazada por lo que le resultaba extraño que ella, además de ser casi de su edad, estuviera empujándolo levemente con un vientre abultado debido a que en su interior crecía otra persona. Por otra parte, no sabía exactamente cómo tratarla. Creía que en cualquier momento comenzaría a gritar de dolor o que el bebé nacería o que pasaría cualquier cosa mala si se esforzaba mucho o si él la tocaba, aunque fuera por accidente. Tonterías, pero igualmente extraño.

Sasuke se dejaba guiar como un muñeco en todos los movimientos que Tenten le entregaba, pensando en que ella lo trataba como uno más, sin darle importancia a su apellido o lo que él hizo; simplemente un muchacho más, incluso con la paciencia que utilizaba al enseñar a los niños de la academia, aunque de forma un poco más humillante en ocasiones, sin embargo lo hacía sentir que a ella no le importaba el pasado tan oscuro que él llevaba a cuestas y por momentos se preguntaba qué o cuáles eran los motivos que Tenten tenía para ello.

Le llamó la atención el instante en que la chica dejó de hablar deteniendo también sus movimientos, quedándose de pie tras él con el vientre apuñalándole incómodamente la parte baja de su espalda casi a la altura de su trasero. Volteó el rostro para observarla de perfil y exigirle que continuara, que él no tenía tiempo para perder y que debía ensayar todas las posturas que le impartía, pero su sorpresa fue mayor cuando la vio con la mirada perdida en un punto lejano. Desvió sus ojos hasta el punto en que ella miraba intentando encontrar aquello que le había llamado la atención, encontrando rápidamente que justo bajo el árbol en el cual Tenten pasó gran parte del tiempo sentada, había un pequeño pájaro al que distinguió como un polluelo que apenas sabía volar picoteando un corazón de manzana que la misma Tenten había dejado ahí. Instantes después dos aves más se posaron en el lugar; halcones peregrinos, identificó. La hembra, a la cual distinguió por su tamaño, tenía las plumas de las alas café con el pecho blanco, mientras que el macho era de color gris azulado. Ambas aves buscaban a su polluelo y en cosa de segundos, madre e hijo emprendieron el vuelo, pero el macho se quedó ahí, viéndolos a ambos, aunque a Sasuke le pareció que aquellos ojos oscuros y fieros estaban posados en su compañera. El ave echó a volar siguiendo a su familia.

"Eso fue extraño" pensó Sasuke volviendo la vista a la chica, pero ésta permanecía con la vista fija en el lugar que estuvieron posadas aquellas aves. Notó el rostro de ella más pálido de lo normal y sus ojos cubiertos por un brillo extraño. Reaccionó al sentir claramente (lo más insólito ocurrido en su vida) cuando el ser diminuto que crecía en el interior de Tenten se movió. Se alejó rápidamente, totalmente perturbado, llamando la atención de ella por su precipitado actuar.

―Mañana seguiremos con esto ―sentenció escondiendo su estado―. Ya es tarde y tengo hambre.

―¡Genial! ―se alegró la maestra de armas―. Yo también ¡Vamos a comer!

No tuvo tiempo (y quizá tampoco la intención) de decirle que no iría con ella. Lo que acababa de pasar era sorprendente y aquellos ojos café; lo que escondían, la manera en que miraban, como nunca los había visto, no podría olvidarlos.

―Como quieras… ―murmuró mientras guardaba su Chokutō.

Caminaron en silencio rumbo a la zona urbana de Konoha; ella sumida en sus pensamientos y él sin deseos de entablar una conversación. Suficiente era con pasar la mayoría de sus tardes en compañía de la chica como para tener que forzar un dialogo casual entre ambos. Le llamó la atención que en algunas ocasiones ella acariciara su vientre mientras caminaba (él seguía creyendo que en cualquier momento esa criatura nacería debido al tamaño que tenía) al tiempo que sonreía. El impulso de preguntarle si realmente se movía o incluso de poner una mano sobre el bulto lo sobresaltó, apartando raudamente aquellos pensamientos, pero la nostalgia lo consumía y la necesidad de saber si su madre tuvo alguna vez un comportamiento similar lo atacaba. Era absurdo cuestionarse aquello, desechó la nostalgia, no le servía de nada recordar a su madre, no le ayudaría en nada suspirar melancólico imaginando a Mikoto sonriendo dulcemente mientras acariciaba su vientre con cariño; no le servía. No le servía. Él sólo debía esforzarse en mejorar lo mejor posible, comportarse adecuadamente para recibir el perdón de su aldea y convertirse en un shinobi de elite. Sólo eso. Y para alcanzar sus objetivos necesitaba (aunque no le agradara) las enseñanzas de la mujer que acariciaba con tanto cariño su enorme vientre.

Hijo de alguien que conoció. Hijo de alguien que estaba muerto. Que murió en la misma guerra que él perdió todo.

Cuando llegaron a la parte urbana de Konoha realizaron un mudo recorrido con objetivo claro sin siquiera ponerse de acuerdo. Caminaban en silencio por las calles más transitadas rumbo a Ichiraku en busca de un suculento plato de ramen, dándose cuenta por primera vez que en esa ocasión el objetivo de las miradas de los aldeanos no era él. Sus oscuros ojos se posaban entre los transeúntes a medida que avanzaban, percibiendo que era Tenten a quien miraban. Algunos con compasión, otros con reproche, lástima, tristeza; la observaban como si fuera un ser frágil y desamparado, no como la kunoichi maestra de armas que era. La miraban como él la veía en ocasiones y esa realidad le desagradó. Él sabía que era todo menos frágil o vulnerable.

Desvió su mirada hacía su acompañante dándose cuenta que ella caminaba erguida, con la cabeza en alto y la vista puesta al frente derrochando soberbia que parecía no pertenecerle, con una mano posada en su crecido vientre el cual lucía con orgullo, sin dejarse afectar por las miradas que le dedicaba la gente al pasar, demostrando que no le afectaba en lo más mínimo ser el blanco de los comentarios, el objeto de ojos ignorantes que desconocían la verdad, de ser la todavía (para muchos) adolescente que luchó en una guerra estando embarazada, de un joven adolescente que se sacrificó en esa misma guerra. Un Hyūga. El hijo de Neji Hyūga.

Por primera vez en todos los meses que llevaba entrenando con Tenten, recapacitó un poco en la historia que ella llevaba acuestas, la misma que él poco y nada conocía, esa historia trágica de la que todos se compadecían y a la que él nunca le dio importancia. Ella estaba tan sola como él y se prometió a sí mismo que nunca más la volvería a mirar con lástima, ni a compadecerse de la maestra de armas. No tenía por qué hacerlo.

―¡Ramen de pollo! ―gritó la castaña cuando estuvo cómodamente sentada en uno de los taburetes de Ichiraku―. ¿Tú qué quieres? Yo te invito pupilo ―sonrió con burla.

―Sopa de tomate ―respondió y ella enarcó una ceja.

―Aquí no venden esa mierda… ―dijo con cara de asco.

―Entonces quiero lo mismo que tú ―masticó cada palabra sobándose el puente de la nariz.

―¡Don ramen de pollo! ¡Grandes! ―ordenó nuevamente la castaña tan entusiasmada como una niña pequeña―. Hace hambre…

Cuando las órdenes fueron servidas ambos comieron en silencio, aunque luego de un rato Tenten empezó a parlotear de muchas cosas al mismo tiempo, en una especie de monologo sin sentido; sobre el hambre que tenía, los niños de la academia, lo que habían avanzado en el entrenamiento, de lo entusiasmada que se sentía por estar a punto de cumplir siete meses de embarazo y lo poco que faltaba para tener a su hijo, sobre el pollo que utilizaban para el ramen y miles de cosas más. La castaña podía hablar mil palabras por minuto y llegaba a ser tan desesperante como Naruto, pero incluso él se sorprendía de escucharla, no atentamente, pero aun así recordaba muchas cosas de lo que ella le decía.

Quizás Tenten no tenía con quien hablar y por la forma en que ella lo trataba, era como si se conocieran de toda una vida. Como si confiara en él...

―Así que ahora no sólo entrenan juntos, sino que también salen a comer… ―se escuchó una molesta voz femenina a espaldas de ellos. Tenten detuvo su parloteo y ambos se giraron―. No te bastó con embarazarte de Neji, ahora que él está muerto quieres que Sasuke-kun cuide a tú bastardo…

Hasta el Uchiha se sorprendió del veneno que contenían las palabras de Sakura, pero no supo cómo reaccionar. Lo que ella decía no tenía ningún sentido, eso era obvio; todos sabían del entrenamiento que la maestra de armas le daba y a pesar que Sakura siempre se opuso e hizo pataletas, él la ignoró. Su antigua compañera de equipo no era nadie para opinar sobre lo que a él le convenía no. Menos todavía para decir algo tan imbécil como lo que acababa de pronunciar. Incluso Ino, quien la acompañaba, estaba visiblemente estupefacta.

―No te preocupes Sakura ―pronunció Tenten manteniendo la calma, poniéndose una máscara de indiferencia que cubría el rostro alegre y dicharachero que antes llevaba―. Mi hijo sólo tiene un padre aunque él esté muerto…

Se levantó con extremo cuidado, pagó y se retiró sin decir nada más. Sabía que Sakura moría de celos por el simple hecho que ella entrenara al Uchiha, pero esos no eran motivos suficientes para que la tratara así. Tenten no tenía la culpa si Sasuke había rechazado innumerables veces a su compañera de equipo quien le juraba amor eterno, ella en aquella ecuación no tenía cabida. Ajena totalmente a la extraña relación que unía a aquellos dos, simplemente se limitaba a cumplir con una orden impuesta y una extraña petición, nada más. Si en ocasiones intentaba romper la rutina en otras actividades en compañía del Uchiha era simplemente porque no tenía deseos de regresar tan pronto a la mansión Hyūga. Le hacía mal estar allí.

Aquella tarde luego del entrenamiento y la bochornosa situación que aconteció, Neji consumido por un nerviosismo raro en él, la invitó a comer un tazón de ramen. Ella aceptó alegre, olvidando rápidamente lo que había ocurrido y sin ánimos de hablar sobre el suceso; había sido un simple accidente, nada que malinterpretar. Comieron relajadamente, dejando atrás el entrenamiento, hablaron de temas casuales que siempre salían de la nada cuando estaban juntos; una tarde normal, un día juntos como cualquier otro, acompañándose, apoyándose, disfrutando de la cercanía del otro.

Neji se ofreció a acompañarla a su casa argumentando que ya estaba muy oscuro para que caminara sola, lo cual era completamente absurdo ya que ella era una kunouchi capacitada para defenderse sola y también porque estaban en Konoha y sería absurdo que alguien de su propia aldea la atacara, pero optó por no rebatirle y accedió con una sonrisa. Era como tantas otras ocasiones en las que él se ofrecía a acompañarla hasta su casa o como otras en que era Tenten quien lo iba a dejar a la mansión. Relación de compañerismo, de amistad que se había creado con los años, de unión y camaradería. De tanto más.

Llegaron sumidos en un silencio cómodo, ambos conscientes que el tiempo que compartirían por ese día llegaba a su fin. Ella le sonrío volteándose cuando estuvo en la puerta de su casa, él la observó fijamente con aquellos ojos enigmáticos y Tenten, como a veces ocurría, se perdió en ellos.

Entonces Neji la besó.

El primer beso de ambos. El primer beso de muchos.

En aquel tiempo tenían sólo dieciséis años. Soñaron con una vida juntos.

Y entonces él la abandonó.

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Bien! No demoré tanto :)

En este capítulo quise mostrar un poco más sobre el entrenamiento de Tenten a Sasuke, aunque los motivos todavía son desconocidos ;) no se confíen. La verdad es que para muchas (os) puede parecer extraño que Sasuke sea torpe en el manejo de armas, pero a mi se me hace divertida la situación además de leer un poco de información sobre Sasuke en la que se dice que él no es completamente eficaz con su espada y que sólo la usa como extensión del chidori, además de utilizar más sus técnicas visuales y el poder de los elementos para la lucha, dejando de lado las armas que considera innecesarias. Más adelante se verá más a fondo esto.

Por otra parte se da cuenta de la forma en que él mismo mira a Tenten; la compasión con la que todos la miran, como si ella fuera un ser débil vulnerable que se romperá en cualquier momento y él se ha dado cuenta que no es así, que Tenten no es la mujer que todos creen. También esto se verá más adelante, ya que según tengo pensado la historia no será en un orden cronológico y sí, tendrá muchos flash back.

Finalmente tuvimos un pequeño recuerdo del primer beso de Neji y Tenten, habrán otras situaciones de estos dos y queda pendiente para el próximo capítulo (creo) el por qué Tenten vive ahora en la mansión Hyūga.

Dudas, comentarios, no les gustó, opiniones, algo que les interesaría que se incluyera en la historia. Todo eso y lo que quieran en realidad pueden dejarlo en un lindo review.

Agradecer finalmente a todos los comentarios que dejaron en el primer capítulo, espero que este también hay sido del agrado de la lectora o el lector y ya saben, sus comentarios me animan a escribir más rápido ¿lo notaron?

Nos leemos!