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Capítulo 2: Quizás nos volvamos a ver

Hay almas a las que uno

tiene ganas de asomarse,

como una ventana llena de sol.

(Lorca)

14 de Febrero

-Y así acabé, llegando tarde y usando zapatos que me apretaban, en la presentación más importante de mi vida.- relataba Lexa entre pequeños sorbos a su jugo de china.

Delante de la castaña, la rubia de ojos azules le escuchaba atentamente. Un pedazo de pizza sujeto en su mano derecha y una mirada llena de interés. Habían acabado en una pizzería cerca del parque. Griffin aclaró inmediatamente que ella estaba invitando y que Lexa no pagaría nada. La ojiverde decidió no discutir, la rubia tenía cara de ser muy insistente.

Luego de tener que esperar unos minutos en la fila Clarke comenzó a ordenar y Woods frunció el ceño. La rubia había pedido pizza con piña. Por suerte, pareció estar consciente de que no todo el mundo comía dicha combinación y se volvió hacia Lexa a preguntarle que deseaba. La castaña inmediatamente pidió una pizza con solo queso, la otra sonrió percatándose de como Alexandria acentuaba el solo.

-Y luego el hijo del jefe se pasa por donde no le pasa el sol mi negocio.- anunció Woods antes de dar un mordisco a su pizza.

-¿No le afecta a él que tu pierdas negocios? Digo, es hijo del jefe, está perdiendo dinero.- inquirió la rubia con curiosidad.

-Está forrado en dólares, no creo que le importe perder un negocio. Y si en el proceso puede hacerme daño, bienvenida sea la pérdida.- explicó la castaña, Griffin levantó una de sus cejas.

-El problema es muy personal entonces...- se atrevió a decir Clarke y Lexa asintió. La tristeza que se reflejó momentáneamente en sus ojos no pasó desapercibida por la rubia.

-Estuvo detrás de mi durante un año hasta que supo que no me iban los hombres. Creo que le herí en su orgullo. - explicó la castaña mirando su comida, la ojiazul podría decir que había algo más pero decidió no insistir.

-Lo que hace el orgullo.- comentó Clarke bebiendo de su coca cola.

-Mi exnovia me dejó por él.- murmuró Alexandria, era la primera vez que se lo decía a alguien. El hecho de que la rubia fuese una desconocida a la cual nunca volvería a ver le brindaba cierta tranquilidad.

-¿Cómo?- cuestionó su acompañante.

-Para que veas que tan personal se lo tomó el chico. Estuvo detrás de mi ex hasta que ella decidió dejarme. Son novios aún.- siguió hablando Lexa y Griffin se habia quedado completamente sorprendida.

-Tu novia era bixesual entonces.- intentó organizar su cabeza Griffin.

-No, nunca le habían gustado los hombres: o eso me dijo cuando me conoció. Al parecer Finnito fue la excepción.- explicó Woods volviendo a tomar de su bebida.

-Esa mujer estaba ciega o Finnito es un dios griego.- comentó Clarke, como si no diese crédito a que alguien fuese capaz de dejar a la hermosa chica de cabellos castaños por alguien más.

-Ninguna de las dos. Creo que el punto decisivo fue el dinero. Claro, ella dijo que...que se había enamorado de él.- resumió Lexa y Griffin supo que quería cambiar de tema porque la castaña llevó su mirada a la ventana. Afuera los carros transitaban por las llenas calles de Nueva York.

-Entonces, además de trabajar en una gran empresa. ¿Qué hace Lexa Woods?- interrogó Clarke con una sonrisa volviendo a poner atención a su comida y deseando dejar a un lado temas no tan alegres.

-Soy muy aburrida, en realidad.- admitió Woods.

-Oh, vamos, cuéntame cualquier cosa. ¿Película favorita?- insistió Clarke.

-Te reirás de mi.- murmuró la castaña y una sonrisa se extendió por el rostro de la ojiazul al verle sonrojarse ligeramente.

-La mía es Avatar. Anda, es tu turno.- pidió la rubia y la ojiverde sonrió dándose por vencida.

-La bella y la bestia, pero si volvemos a vernos pienso negarlo.- le advirtió Alexandria y la sonrisa de la ojiazul se hizo más grande.

-Al parecer tenemos un secreto.- susurró Clarke guiñándole juguetonamente.

-Cuéntame de ti, Clarke.- pidió la castaña, la de ojos azules supo de inmediato que le gustaba como aquella desconocida pronunciaba su nombre. Era diferente a como lo decían otros, era especial.

-¿Qué puedo decir? Soy doctora y mi vida es tan extraña que terminé con una desconocida en una pizzería en el día del amor.- simplificó Griffin con una sonrisa y Lexa rodó los ojos.

-Así que doctora. No tienes cara de eso.- comentó Woods bebiendo de su jugo.

-¿Y de qué tengo cara entonces?

-De artista, cantante quizás.- insistió Lexa.

-No se me da mal cantar.- admitió la rubia.

-Lo sabía, está escrito en tu cara.- dijo la castaña logrando que la sonrisa de la otra se hiciese aun mayor.

-¿Te apetece un helado?- interrogó Clarke luego de un silencio, sujetando la mano derecha que Lexa tenía sobre la mesa. La ojiverde miró sus manos, luego miró los ojos de la chica y asintió.

En las calles la gente iba de un lado a otro, pero no fue difícil conducir hasta una heladería. Clarke insistió en ir un poco mas lejos con tal de ir a su heladería favorita y la castaña no se quejó. Estaba logrando despejarse luego de un día tan horrible y no desperdiciaría la oportunidad.

-Déjame adivinar, eres una chica vainilla.- comentó Clarke mientras entraban a la heladeria. Lexa se cruzó de brazos porque iba a negar aquello aunque fuese verdad; pero la sonrisa de aquella desconocida le desarmó.

-Si soy una chica de vainilla.- admitió Lexa y Clarke tenía una sornisa de victoria.

-Con sprinkles.- le susurró Lexa cuando la rubia iba a pedir, haciéndola reír y ganándose una mirada cargada de curiosidad por parte de la vendedora.

-Yo prefiero el chocolate.- le dijo Clarke mientras esperaban su pedido.

-Es un poquito empalagoso a veces.- susurró Lexa.

-¡No lo has dicho! Tu primer defecto.- comentó Clarke, la castaña rodó los ojos y le empujó suavemente antes de tomar el helado.

Se sentaron lejos del mostrador, justo con vistas a un parque. Clarke parecía estar disfrutando de su helado de chocolate como si de una niña se tratase. Lexa sonrió porque hacía mucho que no se sentía tan relajada. ¿Esto estaba ocurriendo? ¿Estaba comiendo helado con una desconocida?

-Se te va a derretir.- le dijo Griffin atrapando un poco de helado de vainilla antes de que golpease la mesa y pegándoselo a Lexa en la nariz haciendo que esta inmediatamente le imitase.

-Entonces, ¿que hacías en el parque?- interrogó Lexa antes de seguir con su helado.

-Iba hacía la librería que está cerca, no había estacionamiento así que dejé el carro en el parque. Cuando volvía te vi.- explicó Clarke encogiéndose de hombros.

-¿Sueles hacer esto?- interrogó la castaña.

-¿Conseguir que hermosas castañas acepten comer helado conmigo? Es lo típico.- comentó la rubia haciendo reír a Lexa.

-O sea, subirle el ánimo a desconocidas que han tenido un día pésimo.- explicó Lexa.

-No podía dejar a un ser tan adorable en medio del parque.- explicó Griffin.

-No digas esas cosas, no soy adorable.- susurró Lexa, no sabía porqué, pero la chica delante de ella le hacía sentir nerviosa.

-No suelo hacer esto. Nunca. Es solo que...no lo sé...¿nunca has visto a alguien y has sentido la necesidad de levantarle el ánimo?- preguntó la rubia, Lexa sonrió.

-Gracias, Clarke. Por desperdiciar el día del amor y la amistad con una desconocida.

-Ya no somos desconocidas. Sé tu nombre y tu el mío. Ahora solo falta que me domestiques.- habló la rubia y Lexa soltó una carcajada ante aquello.

-Que cosas se te ocurren.- admitió Alexandria, definitivamente estaba relajada gracias a la no-desconocida.

-¿Nunca has leído el principito? Domesticar es crear vínculos, Lexa. En medio de un mundo lleno de rubias yo seré única para ti.- le dijo Griffin con un guiño haciendo que Lexa negase lentamente.

-Definitivamente, el lenguaje es fuente de malos entendidos. Sí me leí al principito.- respondió la castaña.

-Quise decir lo que dije, no estas mal entendiendo.- insistió Clarke sonrojando a la castaña.

-¿Eres así de lanzada siempre?- cuestionó Woods.

-Si dejo pasar la oportunidad quizás nunca te vuelva a ver. No me juzgues por esforzarme.- respondió Griffin, pero el sonido de su celular le interrumpió.

Lexa la observó mientras hablaba por teléfono. Su rostro mostraba preocupación y la castaña supo que algo estaba mal. En aquellos ojos que habían estado cargados de diversión se instaló el miedo y luego la rubia se estaba levantando.

-Lo siento, Lexa. Tengo que irme. ¿Te llevo algun sitio?- cuestionó la rubia, y Alexandria supo que preguntaba por cortesía.

-Tranquila, tomo un taxi. Debe ser urgente.- respondió la castaña, la otra seguía con el celular al oído, pero le dedicó una sonrisa de agradecimiento.

-Ten, es mi tarjeta. Espero que volvamos a vernos.- le dijo la rubia antes de salir casi corriendo.

La castaña sujetó la tarjeta entre sus dedos. Tenía el número de la rubia y su nombre en letras negras. Una sonrisa se deslizó por los labios de Lexa. Frunció el ceño pensando en el tipo de situación que podría haberle surgido a la rubia, pero seguro se trataba de algún paciente.

Tardó poco más de una hora en llegar a su casa. Húmeda porque había comenzado a llover en el transcurso del taxi a su casa y mientras abria la puerta se habia mojado un poco. Soltó la llave en la mesa de la cocina y sonrió al percibir el aroma que inundaba la casa.

-Mmm...café.- susurró Lexa, eran las diez y se sorprendió al ver a Anya allí.

-Llegas tarde. ¿Dónde estabas?- preguntó la otra chica, había preocupación en su voz.

-Por ahí.- comentó Lexa observando con ojitos de cachorro la taza de los increíbles que su amiga le pasó.

-Uy uy, Lexi. ¿Ligaste? Porque tienes esa carita de haber ligado.- se burló Anya encarando completamente a su amiga.

-No seas tonta...bueno...conocí a alguien.- admitió Lexa y Anya se llevó una mano a la boca.

-Cuenta, cuenta. ¿Bajita, alta, morena, castaña?- comenzó a interrogar Anya.

-Rubia y un poco menos alta que yo. Se llama Clarke.- dijo Lexa y metió la mano en el bolsillo de su americana para mostrar la tarjeta de la rubia, pero no estaba.

-¿Qué buscas?- interrogó Anya al ver a su amiga tocarse por todos lados luego de dejar la taza en la mesa.

-No, mierda, no.- susurró Lexa llevándose una mano al rostro.

-¿Qué ocurre?- interrogó Anya.

-Me dio su tarjeta y la he perdido. ¿Cómo puedo tener tan mala suerte?- preguntó Lexa llevándose una mano a la frente. Esa había sido la mejor no-cita de su vida, pensaba que quizás podría llamar en dos días a la rubia e invitarla a cenar.

-¿La perdiste? ¿Segura?- preguntó Anya acercándose e intentando tantear los bolsillos de su amiga en busca de la tarjeta.

-¡Maldito Loki! Seguro esto es una de sus sádicas travesuras.- se quejó la castaña.

-Estas mal, Lex. Estas mal.- comentó Anya soltando una carcajada y yéndose hacia la sala a seguir con su película.

Continuará...