Disclainer:"Volver a casa" es un fanfic basado en el serial "Amar en tiempos revueltos". Alicia, Álvaro, Fernando y el resto de los personajes mencionados, menos Verónica y Petit Alicia, son propiedad intelectual de Diagonal TV y de RTVE. Yo no intento violar las leyes de copyright, ni obtengo ningún tipo de remuneración económica por escribir esto.

Tipo:Para todos los públicos


6 de marzo de 1979. Hospital de La Paz.

La última vez que había estado en aquel hospital había perdido a su padre. Dios o quien fuera quien la castigaba constantemente sabía que lo que menos la apetecía en el mundo era volver para despedirse de su "segunda" madre. Sin embargo, no ir una vez avisada no era una opción. Esa mujer la había tratado como a una hija, incluso sabiendo que era mala para su hijo, por lo menos se merecía el saber lo mucho que la quería.

A sus 88 años Doña Marcela había criada sola a un hijo, había hecho de segunda madre para ella y para su nieto, y había tenido la suficiente salud como para criar a dos bisnietas, pero la edad ya no la perdonaba y su corazón se rompió simplemente de tanto usarlo, seis días antes, saliendo del Colegio Electoral.

Desde Atocha fueron directos al Hospital. Tampoco era cuestión de después de todo no poder despedirse. Al llegar los dos caballeros la dejaron entrar primero en la habitación y lo primero que encontró fue una mirada azul que se clavó en la suya.

Leonor, la chica mayor de los de El Asturiano hacia ya dieciséis años que se había convertido en una Iniesta, por la gracia de Dios y de ambos contrayentes. Pedro jamás pudo quitársela de la cabeza. La chiquilla que ella recordaba, era en aquel momento una bella mujer que agarraba con amor la mano de la moribunda y les dedicaba a los tres una sonrisa de bienvenida.

Álvaro se adelanto ansioso para preguntar por la salud de su madre, pero nadie contesto a su pregunta velada porque Doña Marcela entreabrió los ojos y con una sonrisa cómplice recibió a sus invitados, centrándose en una en especial.

- Alicia.

Doña Marcela pensaba con claridad, tal vez su corazón estuviera cansado, pero su cabeza, su cabeza funcionaba perfectamente. Pidió amablemente a su hijo y sus nietos que salieran un momento. Quería hablar a solas con ella.

A Alicia le dio un vuelco el corazón, desde que empezó su huida de sí misma sólo recibía reprimendas y era eso lo que esperaba de Doña Marcela. Al fin y al cabo era a su familia a la que había abandonada, a su hijo al que dejo solo, a su nieto al que dejo sin madre por segunda vez. Sin embargo…

-¿Qué tal te encuentras? – preguntó la anciana con voz dulce cuando ambas se quedaron a solas.

-Bien.

-Estás muy guapa – prosiguió Doña Marcela.

-Y usted también – dijo Alicia sonriente mientras la sujetaba la mano con cariño.

-No mientas… No te pega. Soy una pobre vieja que se muere.

-Usted nunca será una pobre vieja – dijo la mujer con voz decidida-. Siempre será una Señora.

Doña Marcela sonrió con satisfacción ante el convencimiento de Alicia, tal vez, incluso, se pudo notar en su rostro un poco de orgullo, de coquetería, aunque al momento se borro, cuando con voz comedida comenzó a hablar, sin apartar un momento la mirada de su "nuera".

-He tenido suerte Alicia. Mucha suerte. Tuve un marido bueno, que me quiso y me respeto ante todo hasta el final de sus días. He tenido un hijo maravilloso que ha sido mi orgullo y mi satisfacción. Un hombre bueno y de ley, que nunca me ha dejado sola y que ha puesto el alma en todo lo que ha hecho. Tengo un nieto estupendo, muy buen chico, guapo a rabiar, marido ejemplar y un padre maravilloso. Su mujer es buena y le quiere. Son felices… Dios les ha bendecido con dos hijas preciosas que he podido conocer… y querer – Doña Marcela paró un momento para coger resuello mientas unas lágrimas incomodas comenzaron a resbalar por sus ojos-. He tenido salud para poderlo ver todo, incluso para poder volver a votar. La democracia Alicia. Moriré en democracia… Mis niñas podrán leer los libros de su abuelo sin esconderse… podrán estudiar lo que quieran sin el permiso de nadie. No llores por mí. No tengo miedo a la muerte. Mi vida ha sido plena. He tenido mucha suerte Alicia, he sido feliz, pero tú mi niña, ¿eres feliz tú?

A Alicia, cuyas lágrimas ya no podía retener en sus ojos, la pregunta le pillo de sorpresa. Que alguien se preocupara por ella tan maternalmente la pillo…desprevenida ¿Era feliz? ¿Lo había sido realmente alguna vez por un periodo medianamente reseñable? ¿Lo había sido de verdad? Acaso, ¿Se lo merecía?

- A que viene hablar ahora de eso… es de us...

- Quiero saberlo Alicia – dijo la mujer sin querer dejar reprochar nada a su "niña"-. Necesito saberlo. Todo está en orden en mi vida, todo… Sin embargo, cuando yo ya no lo esperaba Dios me dio una hija. Tengo que saber que estás bien. Que serás feliz. Tengo que saber si has encontrado lo que buscabas. ¿Lo has encontrado?

Alicia pensó en que contestar. Si valía la pena engañar en sus últimas horas a aquella mujer tan buena que la leía el pensamiento. Si merecía la pena seguir viviendo en aquella horrible mentira.

- No… - y las lágrimas comenzaron a resbalar sin control por su cara-. Ni siquiera recuerdo que buscaba, ni porqué marche. La última vez que fui feliz, usted era mi madre.

La anciana con un cándido movimiento consiguió llegar al rostro de la mujer y limpiar sus lágrimas.

- Siempre he sido tu madre.

- Nunca lo merecí. Ni a usted, ni a su hijo, ni a su nieto… nunca merecí ser parte de su familia.

- Mi niña, sigues tan perdida –dijo la mujer con cariño-. Uno no merece a su familia, simplemente le pertenece. Nos pertenecemos.

- Es demasiado condescendiente con mi actitud, siempre le fue. No ve...

La anciana sonrió con dulzura y la hizo callar. Como quien después de toda una vida, sabe las respuestas a todas las preguntas.

- Deberías de volver a casa.