[La bella durmiente: capitulo 2]

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Marinette estaba demasiado ocupada como para ponerle atención. Ella pasó toda la mañana tras la sombra de Nathalie, mirando vestidos y pidiendo permisos en la alcaldía para filmar en edificios públicos. Adrien apenas si la había visto, pero esperaba con todo su corazón que ella no hubiera sido capaz de conseguir un cuarto de hotel disponible, y que tuviera que compartir la noche con él.

Adrien se encontraba almorzando cuando la vio pasar frente a él. Ella se encontraba charlando con la gerente del restaurante del hotel.

— El señor Agreste aprobó el menú, por favor, dígame si necesita otra cosa— dijo Marinette en tanto le entregaba una hoja de papel a la gerente. La mujer le respondió rápidamente, y las dos pronto se encontraron libres para continuar con su trabajo.

— ¡Marinette! — la llamó Adrien antes de que ella pudiera escapar nuevamente.

— Adrien— dijo la chica quien se volteó hacía él. En ese momento, fue claro que ella quería huir, había pasado todo el día haciéndolo.

— Me estás evitando — afirmó Adrien.

— ¿Yo? No, ¿cómo crees? — preguntó Marinette de una forma nada convincente.

— Sí, lo estás haciendo.

— Tengo que decirte algo— comenzó ella nuevamente, mientras comenzaba a alisar de manera casi compulsiva la tela de su pantalón — tuve mucha suerte, encontré una habitación disponible a unas cuantas calles de aquí, es un bonito lugar, no es tan lujoso como este, pero es un hotel de negocios bastante cómodo — dijo. Adrien no se encontraba interesado en escuchar nada acerca de su nueva habitación.

— Ven a almorzar conmigo — la interrumpió Adrien — yo invito.

— No creo que sea una…

— Ven conmigo, Marinette — insistió Adrien. Marinette lo miró a los ojos, justo cómo hizo la noche anterior cuando le pidió que durmiera con él, pero al fin aceptó. Él sonrió por lo bajo al ver la reacción de la chica, ya se estaba dando cuenta de cuanto poder podía tener sobre sus decisiones.

Marinette y Adrien se sentaron en la terraza. Ella ordenó rápidamente y sin poner mayores objeciones a la comida, a él le gustaba cuan sencilla podía a llegar a ser, muy diferente a las socialités con las que Gabriel lo había obligado a salir por años. Al principio, Adrien no habló más que de trabajo y de algunas otras tonterías, quería que ella bajara la guardia antes de entrar al tema que realmente le interesaba, pero no fue sino hasta que llegó el café que se atrevió a lanzar su ataque.

— Quédate conmigo esta noche — murmuró en voz baja mientras se inclinaba hacía adelante y tomaba la mano de Marinette por encima de la mesa.

— Tengo una habitación en el hotel l'…

— Lo sé, pero eso no importa, por favor, tienes que venir conmigo.

— Esto no está bien, Adrien, se supone que estamos en un viaje de negocios.

— Nadie tiene porque enterarse.

— Pero no está bien.

— No estamos haciendo nada malo. Ya somos adultos, esto es problema nuestro.

— Adrien… — suspiró Marinette.

— No quiero obligarte a hacer nada que no desees, yo solo… me gustaría volver a estar contigo, una noche más— confesó. Adrien no sabía de donde había llegado el valor para pronunciar aquellas palabras, pero se sentía expuesto, lo siguiente que dijera Marinette sería definitivo, pues ella podría rechazarlo para siempre o darle una oportunidad.

— ¿Tienes una tarjeta de sobra? — preguntó ella refiriéndose a la llave de su habitación. — No quisiera que Nathalie o tu papá nos vieran subir juntos.

— Tienes razón — asintió Adrien, pues lo último que necesitaba era a Gabriel Agreste metido en sus asuntos de pareja.

— ¿Así que aquí estás? — preguntó Nathalie quien se encontraba en la puerta de la terraza.

— Sé que es tu hora de almuerzo, pero debes darte prisa, las muestras no han llegado y necesito a alguien que las traiga — dijo Nathalie azorada.

—Ya terminé, yo puedo ir por ellas — respondió Marinette. La chica se puso de pie y disimuladamente tomó la tarjeta que Adrien había acabado de dejar sobre la mesa, la guardó en el bolsillo de su pantalón y salió de la terraza. El movimiento fue tan sutil que él pensó que la asistente de su padre no se había dado cuenta, pero, por la forma en que ella levantó su ceja y le dirigió una mirada cargada de sarcasmo entendió lo contrario.

— Te esperamos esta noche a las siete. El señor Agreste mandó que te dijera que te quiere sobrio, si es que no es mucha molestia — dijo Nathalie.

— Yo…

— A veces me cuesta trabajo recordar que ya no eres un niño — murmuró Nathalie molesta mientras se retiraba de la terraza.

Adrien no dijo nada, tan solo se limitó a terminar su café y dar una vuelta por el centro turístico de la ciudad. Sin embargo, no pudo resistirse a la tentación de pasar por su habitación a mitad de la tarde. Adrien encontró lo que estaba buscando en cuanto entró al cuarto, pues Marinette no había retirado sus maletas de allí, es más, junto a la mesilla del teléfono halló una nota de cancelación de reservación, lo que solo podía significar una cosa: ella dormiría con él las noches restantes.

Él volvió a su habitación cuando faltaban treinta minutos para el inicio del evento publicitario, pues no le tardaría mucho alistarse. Sin embargo, se sorprendió al encontrar su baño cerrado con llave, desde adentro. Adrien supo de inmediato que debía tratarse de Marinette quien se preparaba para la noche. De repente, la puerta se abrió de par en par y le dejó ver a la chica completamente vestida y peinada.

— Lo lamento, me apoderé de tu baño sin tu permiso— dijo Marinette dedicándole una sonrisa mientras luchaba con el cierre de su pulsera. Adrien dio un paso hacía adelante y cerró el pasador de la joya.

— No me molesta en lo más mínimo— respondió Adrien — te sienta ese color — dijo al ver el vestido rojo intenso con falda de corte abierto, que le recordaba el color del traje de Ladybug.

— ¿Te gusta? — preguntó Marinette.

— Me encanta — respondió Adrien. Marinette se sonrojó y reacomodó su flequillo en un gesto nervioso, pero encantador.

— Nos vemos abajo, por favor, esta noche no enfades al señor Agreste— le advirtió Marinette antes de desaparecer por la puerta de la habitación.

Los siguientes cuatro días fueron muy parecidos a aquel, ella tuvo que trabajar, y él también, ya que consiguió unas cuantas sesiones con unas compañías locales. Adrien sabía cuanto odiaba Gabriel que hiciere comerciales y campañas baratas, en vez de limitarse a trabajar con diseñadores de alta costura, pero esto solo le daba al muchacho un incentivo más para continuar aceptando esa clase de trabajos. Sin embargo, detestó no poder verla más que en incómodos eventos sociales y en las noches que compartían juntos.

Durante aquellas tres noches, Adrien llegó a su cuarto muy entrada la noche. Él no estaba orgulloso de admitirlo, pero esto era planificado, le gustaba acostarse junto a ella cuando ya estaba dormida y observarla por un rato. Puede que él no fuera uno de aquellos ancianos japoneses, pero entendía que encontraran placer en hacer algo cómo aquello. Adrien se reprendió mentalmente varías veces, pues aquella no era la manera más saludable de empezar una relación.

La ultima noche antes de regresar a casa, Adrien programó el despertador para que sonara mucho más temprano que de costumbre, no quería que ella se le escapara en aquella ocasión, mucho menos cuando sería la ultima vez que tendrían una excusa para pasar la noche juntos. Marinette no se despertó a pesar de que el reloj había sonado muy alto, y Adrien aprovechó sus últimos momentos para mirarla un poco más, esta vez, bajo la luz del sol. Ella se encontraba acostada de lado, enfrentándolo y con las cobijas bailando sobre su cuerpo. Hacía demasiado calor cómo para querer cubrirse, de forma que él tuvo una vista de sus piernas entrelazadas, y sus senos colocados uno sobre el otro, mientras que su rostro conservaba una expresión tranquila, con muchos de los rasgos de niña que aún no terminaban de desaparecer.

¿Qué pensaría Marinette si estiraba su brazo y la estrechaba contra él? ¿se molestaría? se preguntó Adrien mientras que sus dedos comenzaban a abrirse y cerrarse compulsivamente sobre la almohada. Tras pensarlo por un rato, Adrien estiró su mano y la colocó sobre el arco de su cintura, la tela de su pijama era suave y le pareció insignificante frente a lo que ocultaba debajo de ella. Marinette soltó un suspiro y comenzó a abrir los ojos lentamente. Ella se asustó al verlo despierto, por lo que dio un leve respingo hacía atrás.

— Buenos días — dijo Adrien con una sonrisa en sus labios.

— Buenos días — respondió Marinette — no pensé que estuvieras despierto, aún es muy temprano.

— Hoy es nuestra última noche aquí, quería despertar primero— dijo. Marinette no respondió, pero miró atentamente la mano que él aún mantenía sobre ella. Adrien captó la indirecta, y la retiró, sabía que había hecho algo indebido, ella había cambiado, podía sentirlo, el encanto se había roto, a menos que él luchara por reconstruirlo.

— Lo sé. — contestó Marinette tras una larga pausa.

— A menos que tu quieras seguir durmiendo conmigo — sugirió Adrien — en ese caso, no tendría que ser la última noche, podría haber muchas más.

— Adrien… — comenzó Marinette. Él sabía lo que ella trataría de decir, pero no le interesaba escucharlo. Se quejaría, le diría que lo que estaban haciendo no era correcto, casi anormal, cuando lo que se esperaría de ellos es que fueran una pareja saludable que tuvieran citas y sexo como cualquier persona, en vez de permanecer tendidos el uno junto al otro, mientras la observaba descaradamente. Él asentiría, diría que tenía razón, pero ello no lo haría quererla menos.

— Marinette — la interrumpió Adrien. — yo sé lo que estás pensando, crees que no soy más que un excéntrico, que estoy loco o algo así, no puedo negar que yo también estoy algo sorprendido, pero quiero estar contigo, duerme conmigo.

— Lo pensaré— fue lo único que respondió Marinette.

— Bien, eso me basta— asintió Adrien quien se levantó de la cama, caminó hacía la cocina del cuarto contiguo y comenzó a hacer café — ¿quieres café?

— Sí— respondió Marinette.

— Anoche pasé por una panadería, compre huevos y pan, quería preparar el desayuno, después de todo, es nuestro último día en esta habitación y aún no hemos tenido tiempo de disfrutarla — comentó animadamente Adrien mientras caminaba de la cafetera hacía la nevera y alistaba todo para la comida. Marinette salió del cuarto principal y se sentó en una de las sillas del mesón que separaba la cocina de la sala de estar.

— Gracias, eso suena delicioso — dijo Marinette quien aún parecía algo confundida. Adrien se la quedó mirando por un momento, ella llevaba su cabello cómo si fuera una especie de nido de pájaro, y a pesar de todo, seguía siendo lo más lindo del mundo. Él se percató de que la estaba haciendo sentir incómoda al ver que ella comenzaba a aplanárselo contra la nuca, por lo que dejó de observarla y siguió con el desayuno.

Adrien salió de la habitación mientras Marinette se bañaba, y fue hacía la cerrajería que quedaba dos calles más abajo del hotel, para cuando volvió, ella se hallaba completamente vestida y haciendo el check out con ayuda de un botones.

— ¿En dónde estabas? — preguntó Marinette.

— Tuve que salir a hacer una compra, nada importante.

Marinette y Adrien salieron con sus maletas hacía el pasillo, tenían que reunirse en el lobby del hotel con todo el resto del equipo para abordar el avión.

— ¿Papá sigue en el hotel? — preguntó Adrien mientras esperaban el ascensor.

— Lo dudo. Nathalie es quien maneja todos sus asuntos personales, pero creo que él tenía que estar de vuelta en París— dijo Marinette. La puerta del ascensor se abrió, y todas las suposiciones de la chica se vinieron abajo, ya que Gabriel Agreste se encontraba allí frente a ellos.

— Buenos días señorita Dupain. Adrien — dijo Gabriel mientras asentía en su dirección. Desde que era niño, él había aprendido a identificar las señales, y esta era una de ellas, su padre quería matarlo en aquel momento. Adrien se sintió culpable, después de todo, pese a que los dos se encontraban en un viaje de negocios, Marinette era la que tenía todas las de perder en aquel asunto.

— ¿Aún tenemos unas sesiones después de todo esto, o me equivoco? — preguntó Gabriel Agreste a Marinette. Adrien se sorprendió, él no parecía molesto con ella.

— Sí señor, hay sesiones toda la semana y una filmación de un comercial el viernes — explicó Marinette.

— ¿Tienes el cronograma a mano? ¿puedo verlo? — preguntó Gabriel por lo que ella le pasó la tablet que tenía en su bolso. Su padre y Marinette hablaron de negocios todo lo que restó de camino hacía el lobby.

Adrien tuvo que sentarse junto a otro modelo durante el vuelo, pero no dejó de mirar la parte delantera del avión en donde se encontraba sentada Marinette.

— Vaya que si te pegó fuerte, debe tener talento — comentó el modelo que estaba sentado a su lado con una sonrisa estúpida en su cara.

— Ese no es tu problema — le contesto Adrien quien hubiera querido darle un puñetazo.

Cuando desembarcaron, Adrien corrió lo más rápido que pudo para alcanzar a Marinette, quien se despedía de un grupo de personas en la entrada del aeropuerto. Él notó las risitas de las otras chicas en cuanto se acercó a ella, era obvio que para esas alturas ya todos se habían dado cuenta de que estaba loco por ella, pero aquello no le importaba.

— ¡Marinette! — la llamó Adrien mientras arrastraba su maleta lo más rápido posible.

— Adrien.

— Dime que lo pensaste, Marinette, dime que volverás a dormir conmigo— dijo él mientras luchaba por recuperar el aliento.

— Si, lo pensé.

— Dime que sí, dime que lo harás.

— Sí, lo haré.

— Tengo esto para ti — dijo mientras sacaba la llave que mandó hacer para ella poco antes de salir del hotel.

— Adrien, esto es una locura— murmuró Marinette sorprendida. A pesar de sus palabras, ella tomó la llave, y una nota que Adrien sostenía.

— Ahí está escrita mi dirección, estaré esperándote— murmuró Adrien.

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Adrien se reunió con Ladybug poco antes de las ocho. Normalmente, sus rondas por la ciudad no se extendían a más de media noche, y muy pocas veces habían necesitado permanecer despiertos por más tiempo. Sin embargo, aquella velada no fue tranquila como la última vez, una versión diferente de un Akuma hizo acto de presencia, y ellos tuvieron que luchar con ella. Chat Noir y Ladybug vencieron, por lo que se sentaron un rato en la cornisa del techo de un edificio de apartamentos.

— ¿Cómo van las cosas con tu chica? —preguntó Ladybug sin ningún rodeo.

— Maravilloso, ella es genial, ha pasado tan solo una semana y ya prácticamente estamos saliendo, aunque es algo extraño.

— ¿Extraño? — preguntó Ladybug.

— Sí, fuera de lo usual, extraño— trató de explicar Chat Noir sin hacerse demasiado explícito, ya que una parte de él se avergonzaba de lo que hacía con Marinette, no porque estuviera mal, ni porque no se atreviera a reconocer que estaba enamorado de ella, sino porque sabía a ciencia cierta que el mundo no sería tan generoso con una relación como la suya, por fuera de los elementos "normales".

— Debo confesar que lo mío también es extraño— murmuró Ladybug.

— ¿El te obliga a hacer algo que no quieres hacer? — preguntó Chat Noir molesto.

— No, claro que no, él es un caballero, siempre lo ha sido, pero tengo que admitir que me tranquilizaría más si lo que hacemos fuera algo más físico, sería más normal, esto es… demasiado íntimo. — dijo Ladybug. Probablemente, la chica estaría esperando que él no comprendiera, pero lo hacía perfectamente, ya que esa era la mejor manera de definir lo que él tenía con Marinette.

— Pero de alguna manera, lo que ustedes tienen es extrañamente sexual — afirmó Chat Noir sin dejar de mirar hacía el vacío.

— Oh sí, si que lo es— afirmó Ladybug — apenas nos hemos tocado y ni hablar de besarnos pero sí que lo es, a veces no sé que quiere Adrien de mi.

— ¿Adrien? — preguntó Chat Noir mientras trataba de disimular con todas sus fuerzas que su corazón estaba por salir de su pecho.

— Sí, olvidé mencionarlo, mi "persona" es un sujeto famoso, es Adrien Agreste, debes haber escuchado acerca de él, está en todos y en cada uno de los periódicos y revistas de esta ciudad— agregó Ladybug. Adrien se sintió a punto de desmayarse, era la primera vez que ella le daba una pequeña pista acerca de su identidad y con esto había sido suficiente para confirmar todas sus teorías. Marinette era Ladybug.

— Es afortunado— dijo Chat.

— ¿Por qué?

— Por tenerte.

— No es cierto, yo no soy la gran cosa en la vida real — respondió Marinette mientras dejaba salir un largo suspiro.

—¿Qué no eres la gran cosa?— preguntó Chat Noir incrédulo — ¡pero si eres Ladybug!

— Pero el no lo sabe— contraatacó Marinette.

— No necesita saberlo, tu eres Ladybug, con o sin poderes. De seguro eres una de esas personas carismáticas que tiene un buen numero admiradores detrás suyo, casi puedo apostar que eras esa chica que resaltaba en todo, la presidenta de la clase, incluso los videojuegos, pero aún así dabas todo por ayudar a los demás, aunque ellos no supieran que eras Ladybug — dijo Chat Noir sonriendo por lo bajo y recordando a aquella Marinette de quince años que fue su primer amor con y sin disfraz.

— Esas son demasiadas suposiciones, Chat Noir— opinó Marinette.

— Tu te sorprenderías de cuantas veces mis suposiciones son acertadas— contestó Chat Noir.

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Adrien no se sorprendió al encontrar su apartamento vacío. Él aún no sabía si ella finalmente vendría. Se habían separado tan solo veinte minutos antes, si es que iba a pasar la noche con él, debía ir antes a su departamento a recoger algo de ropa para el día siguiente. Adrien caminó hacía un mini bar que tenía en su sala de estar, y se sirvió un vaso de whiskey con hielo. Las manos le temblaban y no podía tener la muñeca completamente estable, pues aquellas revelaciones aún lo perturbaban.

— Así que finalmente sabes quien es Ladybug — dijo Plagg con una pequeña sonrisa de satisfacción en el rostro— y resultó ser la misma chica con la que sales en la vida real, oh, Adrien, tu nunca dejas de divertirme.

— Y tu nunca dejas de burlarte de mi — respondió Adrien malhumorado.

— Pero que sensible— se quejó Plagg — ten cuidado con eso, de seguro querrás estar sobrio para cuando llegue tu novia, o lo que quiera que sea — le advirtió. Adrien no le hizo caso y bebió todo el contenido del vaso en un solo trago al tiempo que sonaba el timbre.

— Hola— saludó Marinette, en cuanto Adrien le abrió la puerta. Ella se veía más tímida que de costumbre, y llevaba una pequeña maleta consigo, probablemente, con su pijama y una muda de ropa. Adrien sintió una alegría indescriptible al verla, pensó que ella no vendría, que se había asustado y que lo dejaría, pero allí estaba.

— Marinette — murmuró Adrien en su oído mientras la abrazaba fuertemente. Él aprovechó la oportunidad para plantar un beso en su mejilla, siempre había querido hacerlo, pero nunca tuvo la oportunidad.

— ¿Te ocurre algo? — preguntó ella con una sonrisa — estás más cariñoso que de costumbre.

— Estoy feliz de verte, hoy más que nunca — dijo mientras tomaba las mejillas de Marinette con ambas manos y levantaba su rostro.

— Yo también estoy feliz de verte— contesto Marinette.

Adrien la hizo entrar a apartamento, y el ritual de las noches anteriores se repitió.

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Aquel lunes siguiente, tanto Marinette como Adrien tuvieron que volver a trabajar. Él tuvo que luchar con todos sus instintos por no voltear y mirarla por milésima vez, debía que concentrarse, pero lo mortificaba verla mientras le tomaba las medidas a aquel otro modelo que le había preguntado por ella en el avión, y que tenía una expresión malintencionada en el rostro. Adrien hubiera dado todo por poder borrarle esa sonrisa.

— Vaya, Adrien, a veces pienso que serías muy buen actor — dijo el fotógrafo quien le había indicado que tenía que parecer molesto, casi cómo si se encontrara dispuesto a pegarle a alguien.

Adrien siguió con todo aquel teatro hasta que el fotógrafo estuvo satisfecho con las fotos que tomaron. Él tuvo que esperar a un lado a pesar de que él ya había terminado, mientras que el otro modelo y Nicole hacían lo suyo, los dos se hallaban muy ocupados imitando una pareja enamorada, en tanto él iba hacía la mesa de bocadillos a tomar café.

— ¿Te molesta si te hago compañía? — le preguntó a Marinette mientras se paraba junto a ella y se recostaba en la mesa.

— Tu sabes que no — contestó Marinette quien se hallaba muy ocupada haciendo retoques en el bordado de una falda.

Adrien se quedó en silencio, pero recordó nítidamente la primera noche que pasó con ella después de enterarse de que se trataba de Ladybug. Marinette no cambió ante sus ojos, para él seguía siendo la misma, pero lo que sentía por ella era mucho más fuerte que nunca. Esa misma persona que se hallaba dormida frente a él había sido su compañera de equipo por casi siete años, él la conocía mejor de lo que nunca hubiera conocido a nadie y quería seguir compartiendo su vida con ella hasta cuando fuera posible.

Aquel día, Marinette llevaba una pijama diferente, era una bata con tirantes parecida a la anterior, pero esta era blanca con un panda sonriente en el centro, definitivamente, no era la prenda más sensual del mundo, pero poco le importaba.

— Marinette, Marinette, estas llena de sorpresas — le murmuró Adrien a su compañera de cama quien no pareció darse cuenta de nada, ya que tan solo se limitó a cambiar de posición, mientras se tendía hacía arriba, estiraba los brazos sobre la almohada y doblaba las piernas en un ángulo algo extraño, pero que empujó la tela de su pijama hacía su cintura. Adrien sabía que Marinette tenía razón, había un gran componente sexual en todo aquello, no era algo normal en lo absoluto, pero era más intimo que cualquier romance de una sola noche.

Al día siguiente, Adrien aprovechó que era sábado, la invitó a desayunar, después, la llevó a su departamento y pasaron la tarde perdiendo el tiempo entre películas y charlas relajadas. Él no lo admitió, pero se quedó mirando más de la cuenta un anuncio de alquiler de un apartamento en el mismo piso que el de Marinette.

—¿Te molestaría si viviera aquí? — le preguntó Adrien a Marinette — este edificio es lindo, ha de ser más cómodo que el mío, lo único que hay en mi barrio son vendedores de crack — se quejó.

—Este barrio es definitivamente mejor que el tuyo, y un poco más barato — respondió Marinette con una sonrisa. Adrien supo de inmediato que no le habría importado que viviera junto a ella.

En ese momento, los pensamientos de Adrien se vieron interrumpidos, así como la concentración de Marinette, quien levantó su mirada al ver a Gabriel Agreste, y a su asistente entrar a la habitación. Adrien supo de inmediato que algo grave había ocurrido, a juzgar por la forma en que se veían su padre y Nathalie. Marinette también debió darse cuenta, ya que se mostró preocupada.

— Renzo — llamó Gabriel al modelo que se hallaba posando. — necesito hablar contigo.

Todos los presentes se quedaron atónitos mientras que el modelo daba un paso hacía adelante y se unía a Nathalie y a Gabriel. Su padre le dedicó una última mirada al equipo de filmación, aunque reparo especialmente en Adrien y Marinette.

— Pueden irse a casa, la sesión de hoy queda cancelada — dijo Gabriel — Adrien —llamó, dirigiéndose a su hijo— te espero en el café de siempre, a la hora del almuerzo, no llegues tarde, hoy no estoy de humor.

—Sí señor — asintió Adrien.

—¿Quieres que te lleve a casa? — preguntó Adrien a Marinette— hoy traje mi auto.

— Sí.

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Adrien sabía que lo que hubiese sucedido con el modelo debía ser importante, ya que encontró a Gabriel Agreste sentado en su mesa de siempre, con la corbata desanudada y un cigarrillo en la mano, aquello solo se presentaba cuando algo muy grave había ocurrido.

— ¿Qué sucede? — preguntó Adrien quien no esperó a que su papá le dijera que tomara asiento.

— Esto es lo que sucede — dijo Gabriel pasándole una revista. Adrien vio las fotos, y encontró el último escándalo del mundo de la moda, se trataba de Renzo, junto con su novia, una cantante famosa, sentados en unos escalones de piedra en Toulouse, era obvio que estaban drogándose.

— Lee la nota al pie, se pone mejor.

— Dice que esta foto fue tomada en uno de los descansos de una de tus sesiones de fotos. Oh por dios… — murmuró Adrien mirando la foto, el asunto era tan grave que incluso salían Marinette, Nicole y Adrien en la parte de atrás de la foto, se veían borrosos, pero fue claro que aquello sucedió en sus narices.

— No quiero que piensen que yo estoy de acuerdo con esa clase de cosas —dijo Gabriel golpeando la mesa.

— ¿Qué vas a hacer, papá?

— Lo despedí, por supuesto. Él me ha puesto en ridículo frente a todos— dijo Gabriel mientras se frotaba el arco de la nariz. — tendré que cambiar al modelo, y rehacer las fotos que hicimos con él.

— Va a costarte una fortuna.

— Lo sé, lo sé. Tu agente y la de Nicole querían cobrarme por las fotos restantes como si se tratara de un trabajo completamente nuevo.

— Es una lástima, si esto hubiera pasado hace unos años, no habrías tenido que pagarme — dijo Adrien sarcásticamente.

— Cierra la boca, Adrien — dijo Gabriel. Adrien quiso sonreír, no era momento para meterse con su padre, pero no podía evitarlo, se lo ponía muy fácil.

— No voy a tener esta clase de problemas contigo y tu novia ¿no es verdad? — preguntó Gabriel Agreste apartando el cigarrillo de su boca y descartando la ceniza sobre el cenicero.

— ¿Te refieres a Marinette?

— A quien más si no. Nathalie me contó lo de la tarjeta, y yo lo vi por mi mismo. Siento decírtelo, pero yo también tuve tu edad. — dijo. Adrien se estremeció al pensar que su papá también hubiera podido hacer lo mismo con una chica.

— Ya deberías saber que ninguno de los dos tenemos ese hábito— dijo Adrien quien le devolvió la carta al mesero.

— ¿No te importa que esté saliendo con Marinette? — preguntó Adrien — pensé que sería todo un asunto, y que tratarías de arruinarlo, cómo todo lo demás— sugirió el muchacho. Gabriel Agreste se quitó el cigarrillo de la boca, en un gesto ofendido.

— ¿A que te refieres? — preguntó Gabriel— siempre te he apoyado en todas las locuras e idioteces que se te han ocurrido, Adrien.

— ¿Apoyarme en qué? — dijo Adrien. — irme a vivir solo e independizarme fue la primera decisión que he tomado contra tus deseos, nunca he hecho nada para molestarte, pero aún así trataste de impedir que siguiera trabajando, es una suerte que encontrara un agente lo suficientemente valiente y ambicioso como para ir contra los deseos del gran Gabriel Agreste. Solo espero que esta vez respetes a Marinette.

— Estás consciente de que puede que no sea más que una oportunista que…

— ¡Sabía que esta conversación iba a terminar así! — exclamó Adrien en voz alta.

— Quiere ser diseñadora, y tu eres el hijo del dueño, es obvio que la chica no es de fiar — insistió Gabriel quien finalmente mostraba cuales eran sus intensiones al invitarlo almorzar.

— No más papá.

— Todo el incidente de la habitación, ella no reservó, pero te ubicó en una reserva doble, parece algo tan decididamente calculado que…

— ¡No más! — gritó Adrien mientras golpeaba la mesa con la palma de la mano. El tintineo de la porcelana de los platos hizo un gran estruendo. Él estaba furioso y esta vez lo iba a escuchar.

— Marinette no es una oportunista, te diré quienes sí son unas oportunistas: la hija del alcalde con la que trataste de emparejarme cuando tenía quince años, o esa otra hija de ese comerciante ruso de pieles, o la sobrina de aquel banquero suizo. Todas ellas eran un montón de oportunistas disfrazadas. Tu te crees tan bueno juzgando a las personas, cuando ni siquiera me conoces, no te das cuenta de que yo ya he estado enamorado de Marinette desde hace siete años, ella fue mi compañera de escuela. — dijo Adrien dejó la servilleta sobre la mesa.

— Esta es la última vez que trabajamos juntos papá. — concluyó Adrien. — acabaré estas fotos, pero no vuelvas a llamar a mi agente.

— Adrien… — comenzó Gabriel Agreste, quien se quedó con la palabra en los labios, ya que su hijo ya había dejado el restaurante.

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— Te ves muy molesto esta noche — murmuró Marinette mientras se metía a su cama junto a él.

— Papá es un cretino.

— ¿Qué sucedió? — preguntó Marinette — ¿fue mi culpa? ¿yo no le gusto, verdad?

— No, no es eso. Tu no eres el problema, está molesto porque ya no puede decirme que hacer, ya no soy su marioneta, y eso lo está matando.

— No quiero interponerme entre ustedes— dijo Marinette en tanto se acostaba de lado y lo enfrentaba.

— No lo haces, él y yo estamos en esta situación desde hace tiempo, este solo es un episodio más — dijo Adrien— ven aquí— le pidió a Marinette mientras la acercaba a él. era la primera vez que la tocaba mientras ambos estaban en la cama. Su cuerpo era increíblemente suave, y su aroma llenaba el cuarto, si el deseo tenía un perfume debía ser aquel, el mismo de su Ladybug.

— Adrien— susurró Marinette. Adrien sintió la punta de su nariz haciendo suaves toques en la piel de su cuello. Su mente lo llevó a sus días de escuela, no tendría más de quince años cuando los llevaron al salón de artes visuales y pusieron una película. Se suponía que era una actividad relajada, algo diferente a las clases, por lo que la profesora retiró las sillas y todos se acostaron o se sentaron sobre la alfombra en diferentes posiciones.

Adrien reconstruyó la escena en su mente, detalle a detalle. La luz casi inexistente de la proyección, el aire cálido pero algo viciado, sus compañeros acostados el uno sobre el otro, como si no se tratara de una actividad escolar sino de un relajado día de campo, y por su puesto, Marinette. Ella se encontraba sentada a unos cuantos pasos de él, con su espalda apoyada en la pared y Alya recostada en su regazo, las dos chicas parecían sacadas de una especie de escultura del renacimiento. Marinette se había retirado su chaqueta, ya que hacía demasiado calor cómo para tenerla puesta, por lo que podía ver claramente el contorno de su cuello.

Aquel día, fue la primera ocasión en la que Adrien sintió verdadero deseo, no una atracción inocente o un enamoramiento juvenil, este era el sentimiento del que todos los adultos hablaban. Una onda de calor lo agitó, si hubieran estado solos hubiera corrido hacía ella y la hubiera besado en los labios, pero se hallaban completamente rodeados, por lo que tuvo que permanecer sentado mientras abrazaba fuertemente sus rodillas a su cuerpo y trataba de poner atención a la película.

De vuelta en el presente, a Adrien le hubiera gustado poder decir algo, pero por más que lo pensaba "me gusta tu cuello" sonaba demasiado raro como para pronunciarse en voz alta. Adrien sonrió ligeramente. Nada en aquella situación era convencional, así que un insignificante fetiche con un cuello sería tan solo otra de sus rarezas.

— Debes pensar que estoy loco, mi Lady — le dijo Adrien a Marinette mientras ella dormía.

— Pero la verdad es que te amo— murmuró.

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Otras dos semanas pasaron, y el equipo de la campaña de Gabriel Agreste tuvo que volver a reunirse para terminar las fotos y rehacer las que habían quedado pendientes. Adrien miró los cronogramas de las sesiones, y se dio cuenta de que una de sus viejas conocidas estaba programada.

— ¿De quien fue la terrible idea de contratar a Olenka Petrov? — le preguntó Adrien a Marinette mientras miraba la planilla.

— Tu papá dijo que debíamos balancear el equipo, y agregar otra chica a la filmación, después de todo, algunas de estas fotos van a ser utilizadas para la campaña de la colección femenina— le explicó ella mientras terminaba de reorganizar las prendas que usarían en la sesión.

— ¿No te agrada? —preguntó Marinette.

— ¿Recuerdas a Chloe?

— Desafortunadamente sí.

— Es mil veces peor.

— Oh— fue lo único que alcanzó a decir Marinette.

Tal y como Adrien había temido, Olenka resultó ser mucho peor que la adicción de Renzo, los gritos iban y venían, nadie quedó ileso, ni las estilistas, los encargados de maquillaje, ni siquiera Marinette quien fue gritada en un par de ocasiones.

— No es necesario que suba la voz, ya la escuché, si tiene algún problema, podemos solicitar una cita con el señor Agreste, él de seguro la atenderá — dijo Marinette en una forma inusualmente dura considerando su personalidad dulce.

— Woow, tranquila, tranquila, no hay que ponerse así— respondió Olenska quien no parecía querer hablar con el diseñador.

Otro gran cambio había tenido lugar en la vida de Adrien. Unos cuantos días después de que Marinette hubiera comenzado a dormir con él, su arrendadora llegó a su apartamento con una carta, en la que le recordaba que el contrato solamente era para un hombre solo, y que la segunda persona podría aumentar el precio de la mensualidad, de lo contrario, tendría que desalojar en quince días. Adrien no era abogado, pero estaba cien por ciento seguro de que un contrato de arriendo no funcionaba de esa manera. Él tardó solo dos días en pasarse al apartamento que quedaba en el mismo piso que el de Marinette.

Adrien podría decir que ya se parecían más a una pareja normal, casi siempre cenaban juntos, veían películas juntos, y cuando no estaban haciendo aquello, se encontraban peleando contra los espantos sobrenaturales que atacaban la ciudad. Chat Noir no había tenido muchas oportunidades de hablar con Ladybug en aquellos días, lo único que habían hecho era pelear contra un montón de rarezas que atacaban la ciudad.

La sesión volvió a comenzar, y aunque terminaron muy tarde, Adrien se quedó allí esperando a que Marinette pusiera todo en orden. Él miro el reloj de su celular, y se dio cuenta de que ya era muy tarde. Afuera de aquel palacete del siglo XVIII todo estaba oscuro, probablemente, eran los únicos que quedaban. Adrien miró a su alrededor, casi hubiera podido jurar que se encontraba embrujado con todos los espíritus de aquellos que alguna vez vivieron allí.

— Me gusta este lugar— comentó Adrien mientras Marinette terminaba de trabajar — es hermoso.

— Lo es, costó una fortuna conseguir los permisos para utilizarlo como locación — comentó la chica.

— No sé que hacer Marinette, ni que decirte.

— ¿A que te refieres, Adrien?

— Lo que tenemos es extraño ¿no lo crees? — preguntó Adrien.

— A mi me gusta estar contigo, puede que te sorprenda, pero hay una parte de mi a la que no le molesta en lo más mínimo esta situación, y otra parte…

— Otra parte — insistió Adrien para que ella continuara con su frase.

— Otra parte que quiere que me toques — dijo Marinette. Para Adrien aquello fue como una especie de orden, había estado esperando aquellas palabras por un mes, por años, para ser preciso. Él dio un paso para adelante, la tomó por los hombros y la besó en los labios. Estaba muy consciente que aquel beso no era un beso normal, era más que eso, Adrien quería reponer todo el tiempo que pasaron separados, las noches que pasó en vela pensando que Ladybug jamás correspondería sus sentimientos, y convenciéndose a si mismo de que aquello era lo mejor.

Su aliento era insuficiente para mantener aquel ritmo, pero siguió besando sus mejillas y su cuello mientras que los suaves suspiros que ella dejaba salir lo llenaban de emoción. Nadie se imaginaría que Adrien Agreste era capaz de sentir con aquella intensidad, siempre tan reservado y educado, incapaz de hacer nada impulsivo y sentimental. Marinette era la única que conocía ese lado de él.

Adrien la acorralo contra la pared, sin despegar su mirada de sus ojos azules. Sus manos se deslizaron desde su torso hasta el borde de su vestido, y sin el menor recato, levantó la falda hasta la cintura. Marinette entrelazó los brazos alrededor de su cuello para no perder el equilibrio, ya que él se hallaba demasiado ocupado bajando su ropa interior.

Marinette estaba lista, y él igual. Adrien bajó su bragueta y entró en ella despacio. La chica presionó sus labios en su mejilla sin dejar de murmurar suaves quejidos, mientras que las manos de Adrien sostenían uno de sus muslos contra su cuerpo para darle mayor estabilidad. Él hizo lo posible por ser delicado durante los primeros minutos, pero pronto ella movió sus caderas dándole a entender que debía aumentar el ritmo. La miró a los ojos durante todo el tiempo, apreciando su mirada azul y sus labios sonrosados y temblorosos, mientras que un te amo luchaba por salir de su pecho.

— Mi lady — murmuró Adrien — mi bella durmiente — repitió. Marinette entornó los ojos, y él se preguntó si ella también habría atado los cabos, si ya había confirmado las sospechas a las que hizo referencia antes de su viaje a Toulouse.

Cuando los dos terminaron, Marinette perdió finalmente el equilibrio, por lo que Adrien la sostuvo por los hombros antes de que cayera.

— Lo siento, las piernas me tiemblan — murmuró Marinette quien tomó los hombros de Adrien como punto de apoyo.

— Vamos a casa, mi lady — murmuró Adrien antes de besar nuevamente a Marinette.


Hola a todos, ¿Qué? No tienen derecho a juzgarme, por algo esto era raiting M (para mis lectores ffnet) para los de Ao3 como que va a pasar a ser E. Siempre que escribo uno de estos me da mucha pena, no sé porqué si soy un adulto, y me encanta leer estas cosas, los he escrito peores, y leído peores, este fue bastante limpio. Muchas gracias a todos los que comentaron y me incluyeron en sus categorías. En fin, cualquier comentario, estoy abierta a sugerencias, aún nos queda un capitulo, hasta la próxima.

RESPUESTA A LOS REVIEWS

Hola a todos, en primera gracias a kchibkn, HeiMao3, Marigabi y EclairLi por sus comentarios, me alegra que estén disfrutando de la historia. EclairLi, woow, gracias por tu comentario a la escena final. Y por su puesto que estoy continuando esto hasta el final, para ser honesta ya lo tengo todo escrito pero voy a dejar varios días entre publicaciones para que la gente alcance a leerlo.