Corolarios de Aflicción
Una linda joven, entraba a la oficina, iba delicadamente vestida, el pelo rubio lo llevaba recogido en un moño, y en sus manos cargaba unos papeles, al ver al joven que la saludaba, ella sonrío ampliamente, y los ojos le brillaron, dejó los papeles y le dio un abrazo.
- ¡Archie! – le dijo mientras lo abrazaba - ¿Cuándo llegaste?
- Hoy hace unas horas – le dijo muy sonriente al tiempo que los dos se sentaban en unos sillones que estaban al fondo de la oficina.
- Esperábamos que llegaras hasta el sábado en la noche
- Bueno no pude resistir perderme los preparativos
- ¿Cómo va la escuela? – le preguntó Candy
- Bien - dijo un poco pensativo – ¿y los preparativos para la fiesta?
- La verdad es que se esta saliendo de mi control, la tía Elroy empezó a invitar a toda la familia, se le ve mucho más animada.
- Y ¿Cómo te sientes?- le preguntó Archie
- Es un sentimiento extraño, eso de presentarme en Sociedad, es como si hubiera estado encerrada todos estos años y nunca nadie me hubiera visto, estuve a punto de negarme, pero la tía Elroy hizo mucho hincapié en que debería de hacerlo. – se quedó un tanto pensativa y continuó -Pero vamos, platícame de cómo te ha ido ¿Cómo vives en Boston¿cuándo me invitas a conocer la ciudad?
- No hay mucho que ver – se apresuró a decir Archie
- Me imagino que ha de ser bonito – dijo con una hermosa sonrisa como si se viera si misma en Boston.
- Por otro lado si fueras no podría atenderte como te lo mereces, y me sentiría mal por eso.
- Tienes razón – contestó Candy – cuando estas allá estas muy ocupado con la escuela, fue una imprudencia de mi parte comentarlo.
En ese momento el reloj que tenía en la oficina empezó a sonar, Candy giró su cabeza para verlo, y se levantó de su asiento como un resorte, algo asustada.
- ¿Qué te pasa? – le preguntó Archie al verla tan agitada
- Se me hizo tarde – decía mientras recogía lo mejor que podía los papeles que estaban dispersos sobre el escritorio
- ¿Que quieres decir con que se te hizo tarde? –Inquirió Archie
- Ya tendría que estar allí –dijo mientras tomaba un sombrero que estaba sobre un perchero - ¿Dónde están las llaves? –se preguntó en voz alta al tiempo que revolvía un cajón del escritorio.
- ¿No son esas? – dijo Archie señalando unas llaves que estaban sobre un librero
- ¡Si! – Exclamó alegre Candy, las tomó y buscó su bolsa que estaba sobre una silla.
- ¿A dónde tienes que ir tan deprisa?
- Con Albert, hoy es nuestra noche libre
- ¿Noche libre? – inquirió Archie
- Si, bueno ya sabes que el esta todo el día metido en sus negocios y yo aquí, y cada vez que queríamos vernos no podíamos, porque cuando yo estaba libre él no lo estaba y al revés, cuando él estaba libre yo no, así que decidimos los dos en dejar una noche libre a la semana.
- Así que se citaron los dos solos – dijo Archie un tanto celoso
- Archie¿por qué no vienes? a él le encantará verte.
- No lo se – contestó algo pensativo
- Anda, nos veremos en un restaurante donde los platillos son deliciosos, no queda muy lejos.
Archie y Candy salieron de la oficina, y cruzaron el mar de gente que aún continuaba en los pasillos, todos cuantos veían a Candy le preguntaban algo o querían detenerla, sin embargo Candy fue muy insistente en que debía marcharse, con la promesa de que vería todos esos pendientes al día siguiente salió del edificio. Archie no decía nada estaba bastante callado.
- Siempre es igual – dijo Candy mientras se acomodaba el sombrero -¿Quieres saber algo?
- ¿Qué? – le dijo Archie mientras caminaban por la avenida
Nunca pensé que podría ser de mucha utilidad en este lugar cuando me lo sugirió Albert, le reclamé le dije que aquí no podría ayudar a la gente, pero el tiempo me ha demostrado que yo estaba equivocada. Hay muchas personas necesitadas en el mundo...
- Sí – contestó Archie muy serio
- Cuando le comenté que quería regresar al hospital, se asustó, el sabía que estaban reclutando enfermeras para ir al frente y yo quería enlistarme... – Candy vio como Archie había apretado la mandíbula– Perdóname Archie, lo siento, no me fije que era lo que estaba diciendo a veces soy tan tonta
- No pasa nada – dijo él fríamente
- Mira hemos llegado – le dijo Candy cuando llegaron a la entrada de un edificio que esta cerca de unos jardines, el lugar era sumamente elegante, gente lujosamente ataviada estaba sentada en las mesas del lugar, un pianista a lo lejos dejaba sonar las melodías para ambientar el sitio, Candy se adelantó pero vio que Archie se había quedado parado. - ¿No vas a pasar?
- Me siento algo cansado – manifestó - será mejor que me vaya a dormir.
Y sin decir más pidió un taxi, y se fue, Candy un poco consternada entró al restaurante, buscó con la vista a Albert pero no lo vio, estaba a punto de preguntar por él cuando oyó una voz que la llamaba.
- Candy¡que bien! –Dijo un joven sonriente de pelo rubio y grandes ojos azules, el cual iba elegantemente vestido, se acercó a Candy y ella sonrió.
- Pensé que estarías esperándome, salí muy tarde – le comentó al tiempo que se sostenía del brazo que Albert le ofrecía.
Se sentaron ante una de las mesas que estaban cerca del piano, las suaves melodías que interpretaba el pianista, llenaban el ambiente, cosa que parecía pasar desapercibida por la gente que allí comía.
- Albert¿Quién crees que apareció en mi oficina hoy?
- ¿Es alguien a quién conozco? – le preguntó entre interesado y divertido.
- OH sí, es alguien a quien conoces – le contestó Candy con una gran sonrisa.
- ¿No será de casualidad Archie? – le dijo Albert con una sonrisa picara
- ¿Cómo lo supiste? – le contestó desilusionada Candy.
- Jejeje – río Albert – Deberías ver tu cara, perdón te arruine tu juego, lo se porque hoy en la mañana recibí una visita inesperada también.
- ¿Archie también fue a verte? – Preguntó Candy
- No, él no fue a verme, pero si me fue a ver Darren, compañero de clase de Archie.
- ¿un compañero de clase¡Qué raro!
- Si yo también pensé lo mismo, así que lo recibí para ver que es lo que quería decirme, es muy agradable
- ¿Y que quería? – inquirió Candy.
- Pues... – se quedó un poco pensativo – decirme que estaba preocupado por Archie.
La cara de Candy hizo un gesto de extrañeza, pero luego miró a Albert y vio la sombra de preocupación en sus ojos.
- Al parecer Archie no ha estado asistiendo a clases desde hace más de un mes.
- Pero él me dijo que todo iba bien.
- Si eso mismo me contaba en la última carta que recibí de él, así que no quise creerle, pero en el transcurso de la plática me dijo muchas cosas que me hicieron pensar que tal vez Archie nos estaba ocultando algo.
- Pero son meras suposiciones – Le comentó Candy – Tal vez no sea verdad.
- Así que en cuanto se marchó, tomé el teléfono y me comuniqué con el rector y confirmó lo que Darren me había dicho.
- Entonces ¿qué es lo que hace?
- Tengo que creerle a Darren lo que me dijo.
- ¿Y que te dijo?
- Que se despierta muy tarde todos los días, pasa gran parte del día en la azotea de los dormitorios, y que ya cuando se va haciendo noche acude a un bar que esta un poco retirado del campus y que regresa ya casi de madrugada...
- Albert eso es serio... muy serio – comentó Candy preocupada.
- Si lo se, de hecho Darren se preocupó porque hace unos días desapareció, entonces intuí que venía para Chicago.
- Si, la verdad es que la primera impresión fue de que estaba muy feliz de estar aquí pero mientras hablábamos lo noté un poco distraído, lo invité a cenar con nosotros pero no quiso, me dijo que mejor se iba a dormir.
- Candy, estoy preocupado, tengo que hablar con él, creí que te habría contado algo.
- No, se puso muy serio cuando le comenté que quería conocer Boston, la verdad es que no se que pensar, a diferencia de eso se veía bastante normal.
La conversación fue interrumpida por el mesero que llenó la mesa de deliciosos platillos, el agradable aroma que estos emanaban le hizo recordar a Candy que tenía mucha hambre, así que al igual que Albert se dispuso a comer, el resto de la noche la platica se fue diversificando, así Candy no volvió a pensar en Archie sino hasta que llegó la hora de dormir, Albert había tenido que atender una llamada desde otra parte del mundo, así que Candy se escurrió por la mansión, para no toparse con la Tía Elroy que estaba muy exaltada por la inminente fiesta, y afortunadamente llegó a su habitación, cuando estaba allí, se preguntó si Archie también estaría ya en la mansión, sin embargo no quiso molestarlo, a diferencia de la mayoría de señoritas de dinero ella no gustaba de tener una mucama así que Candy se encargaba de su arreglo personal al igual que de su cuarto, le gustaba mantener una cierta independencia en lo referente a estos asuntos, así que ordenó un poco su habitación antes de cambiarse la ropa por un camisón para así irse a la cama.
Por lo general Candy dormía muy bien, nunca había tenido problemas de insomnio o para conciliar el sueño, y aunque esa noche había conciliado el sueño fácilmente, a mitad de la noche se despertó un tanto desconcertada, se sentía un poco inquieta, se sentó en la cama y miró hacía la oscuridad.
- No pasa nada - Dijo para si – Vuelve a la cama.
Se levantó, tomó un vaso y lo llenó de agua cuando oyó unas pisadas en el pasillo que estaba bajo su ventana. Con mucho cuidado de no hacer ruido Candy se acercó a la ventana, con la mano separó la cortina y se asomó por ella, alcanzó a ver una sombra pero la noche estaba bastante oscura así que no podía saber quien era, tomó una bata, unas pantuflas y se dirigió al jardín, para su sorpresa a pesar de que era más de medianoche la tía Elroy seguía despierta, en la sala repetía instrucciones al chofer que iría a buscar a algunos de los invitados que llegarían al día siguiente, se deslizó por la orilla para que no la oyera y con cuidado abrió una puerta que daba al jardín, la oscuridad que rodeaba la casa se veía ligeramente alumbrada por un farol que estaba colocado unos metros más adelante, Candy comenzó a sentir algo de miedo, la sola visión del jardín en penumbras era atemorizante, sin embargo ella continuó caminando por el largo corredor hasta que en medio de las sombras alcanzó a ver una figura que se dirigía hacía el lago, Candy continuó tras la persona tratando de no hacer ruido, la siguió por unos minutos, ella estaba segura de que se dirigía al lago pero en ese momento la persona dobló hacía la izquierda y siguió en su camino hasta llegar a la casa del árbol.
Un ligero viento desplazo las nubes que cubrían la luna y alcanzó a ver la cara de Archie que subía por las ramas hasta llegar a la casita que estaba sobre el árbol, al parecer no se había percatado de la presencia de Candy, aunque ella ya conocía la casita del árbol, tenía muchísimo tiempo que no subía a verla. Candy esperó unos minutos y comenzó a trepar por las ramas con mucho cuidado para no hacer ningún sonido que la delatara. Pronto llegó hasta una de las ventanas se asomó por ella, vio que Archie estaba con la cabeza entre las rodillas llorando amargamente, a los pies de este observó una caja de madera tallada abierta, por la oscuridad que había no pudo distinguir que había dentro de la caja, pero ver a su amigo llorando de esa manera le partió el corazón , se aferró a una rama pero no quiso entrar a la casita, con mucha delicadeza bajo del árbol, y cuando estuvo segura de que no la oiría se echo a correr hasta que llegó al jardín, tenía un dolor en el costado que le había provocado la carrera ya que no se había detenido ni para tomar aire, entró a la mansión y vio con alivio que la tía Elroy ya se había retirado a dormir, así que subió a su cuarto y se sentó en la cama muy pensativa.
- ¿Por qué lloraba de esa manera? – se preguntó Candy. – Tendrá algo que ver con lo que me comentó Albert.
Y al recordar la imagen de Archie llorando, unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas, nunca le había gustado ver a la gente que ella quería sufriendo. Muy preocupada se durmió.
En la mañana, se levantó mucho más temprano que de costumbre, se vistió y se dirigió al comedor, esperaba ver a Archie pero él no apareció, así que le pidió al chofer que la llevara a la institución, estaba por salir de la mansión cuando una voz irritada le hizo volver la cabeza.
- Candy ¿a dónde vas? - le increpó la Tía Elroy.
- Tía – contestó Candy con un dejo de temor.
- Me dirigía a la institución.
Candy – le dijo la tía Elroy tratando de calmarse – El día de hoy llegan parientes no puedes irte, esto es ya parte de la celebración, y no puedo recibir a todos yo sola. Es necesario que te quedes.
Pero les prometí ir hoy a atender varios asuntos. – le reprocho Candy
- Candy, recuerda que como una Andley no puedes pasar por alto tus obligaciones para con la familia.
Candy había abierto la boca para responderle a la tía Elroy, pero Albert que bajaba las escaleras, las miró a ambas y le regaló una enorme sonrisa a Candy, llegó junto con la tía Elroy y la tomó del brazo.
- Tía¿Cómo amaneciste? Hace un día soleado, vamos a desayunar al jardín – Albert prácticamente arrastro a la Tía Elroy hasta el soleado jardín, mientras balbuceaba sin poder decir nada.
Cuando llegaron a la mesa del jardín Albert separó una de las sillas e invitó a su Tía a sentarse, le comunicó a la doncella que les sirviera el desayuno en el jardín, después salió con Candy que se había quedado parada en medio del recibidor sin saber que hacer.
- Candy, se que la institución es muy importante para ti – comenzó a decirle Albert – Pero no quiero que te metas en problemas con la tía Elroy esta celebración aunque en muchos sentidos le ha levantado el ánimo, también la incomoda hace mucho que ella no preparaba un evento de esta naturaleza.
- Me estas pidiendo que me quede – Le contestó ella con un respingo
- No puedo pedírtelo, porque se que eso te haría sentirte mal, así que lo que voy a pedirte es que si vas a ir a Institución regreses antes de la comida.
- Entonces puedo ir – le dijo alegremente Candy
- Si, pero ya sabes que no puedes quedarte como todos los días. – le dijo con una sonrisa en la cara.
Candy lo vio a los ojos y estuvo a punto de decirle lo que había pasado en la noche, pero cuando quiso abrir la boca lo único que pudo decir fue un "Gracias", con la voz algo ahogada, se ruborizó un poco y salió por la puerta principal, estaba por subir al carro cuando tuvo la impresión de que debería ir hasta la casa del árbol, le pidió muy amablemente al chofer que la esperaba mientras con un paso veloz se dirigía al árbol. En poco tiempo llegó hasta donde estaba el árbol, parecía que Archie ya no estaba dentro, así que trepo por las ramas hasta llegar al pequeño balcón y abrió la puerta de entrada, había varios de los adornos en el piso, pero a ella no le interesaba eso, así que buscó con la vista la caja de madera tallada, pero no la vio, así que comenzó a mover los muebles que había allí pero no la encontró, muy desilusionada trató de acomodar todo para que no se notara que había movido los muebles, y salió de allí, bajó del árbol y se sacudió el vestido, y caminó hasta donde estaba el carro.
Pero al llegar a donde estaba el carro vio a una joven elegantemente vestida, que estaba parada cerca de la puerta principal, le tomó unos segundos reconocerla pero en cuanto lo hizo una enorme sonrisa ilumino su rostro.
- ¡Patty!- exclamó Candy
La joven levantó la cabeza y de igual manera sonrió, tenía más de un año que Candy no la veía, y en ese tiempo había cambiado un poco físicamente, había perdido mucho peso, y sus ojos habían vuelto a adquirir el brillo que habían tenido cuando recién se habían conocido, su vestido azul pálido le iba muy bien con su pelo castaño que lo usaba mucho más largo y había cambiado de anteojos por unos más discretos, llevaba un sombrero que hacía juego con sus guantes y su bolso. Sé acercó y abrazó a Candy, las dos se veían muy contentas, Candy la hizo pasar a la mansión y con un poco de pesar mandó decir al chofer que avisará a la institución que no iría ese día.
Cuando Albert la vio regresar se sintió un poco desconcertado pero cuando divisó a Patty comprendió porque había regresado, así que se levantó de la silla del jardín e invitó a Patty a almorzar con ellos, la tía Elroy se alegró de ver que Candy no se había ido y recibió afectuosamente a Patty. El almuerzo transcurrió con la típica alegría de una reunión de viejos amigos, Candy y Patty recordaron momentos que pasaron en Londres, Albert solo las acompañó un rato y tuvo que retirarse cuando George llegó a buscarlo, la Tía Elroy se vio en la necesidad de ir a cerciorarse de que sus ordenes habían sido cumplidas, Candy se sintió muy bien de que ella y Patty se hubieran quedado solas para poder platicar más cómodamente.
- Te veo muy bien. ¿cómo te has sentido? – le preguntó Candy en cuanto la Tía Abuela había entrado de nuevo a la casa
- La verdad es que mucho mejor – dijo con una extraña mirada – Sin embargo no sabría decirte con exactitud como me siento.
- ¿A que te refieres? – inquirió Candy
- Pues que he tratado de sobreponerme al dolor, hay momentos en los que he llegado a sentirme feliz, aunque han ido acompañados con un poco de culpa, como si no tuviera permiso de serlo, pero hay días en los que no quisiera ni levantarme...
Pero Patty se quedó callada, Candy se levantó y le sirvió un poco de té junto con unas pastas, en ese momento sentía una pena similar a la que había sentido en la noche cuando había visto a Archie llorar, sin decir una palabra le acercó la taza y volvió a sentarse.
- Patty – le dijo finalmente Candy – creo que es muy bueno que ya no sientas tanto dolor, todo en la vida tiene que acabar, sentir el dolor de esa manera no es bueno, te diré algo que me dijo una vez Albert "En vez de llorar la muerte de tu ser querido recuerda los buenos momentos que pasaste con esa persona y siéntete feliz de haberla conocido"
- ¿Cuándo te dijo eso? – le interrogó Patty con curiosidad
- OH, lo olvidaba, tú no lo sabes jamás te lo conté, pero estoy segura que si has oído hablar de Anthony.
- El primo de ... Stear – le contestó un poco indecisa
- Si, él murió hace ya bastante tiempo antes de que entráramos al Colegio San Pablo, él murió enfrente de mí, se cayó de un caballo – le explicó Candy con un dejo de amargura.
- Lo siento mucho Candy – se apresuró a decirle – Yo sabía que el había fallecido, pero nunca me imagine que tu habías estado presente.
- Créeme, todo fue horrible cuando pasó y el dolor que sentía entonces pensé que nunca se iba a ir, pero entonces Albert me buscó y me dijo que debía ser fuerte y no estar llorando todo el tiempo, se que aunque me dijo eso el dolor no se fue inmediatamente, pero me hizo reflexionar en sus palabras y finalmente un día deje de sufrir de esa manera y traté de seguir viviendo, y a pesar de que eso sucedió hace tanto tiempo se que hay parte de mi que seguirá añorándolo, y la aflicción que te hace sentir no desaparece por completo pero es una gran mejora.
Al oír esas palabras Patty sonrió, tomó un sorbo de té, y se quedó pensativa unos instantes como si quisiera decirle algo a Candy pero no se atreviera.
Candy, todo lo que me has dicho tiene que ser verdad, mi abuela me ha ayudado mucho creo en parte que ella es responsable de que no me sienta tan miserable, mis padres me han apoyado muchísimo, y estoy preparada para lo que me depara el futuro.
- ¡Así se habla! – aseveró Candy con energía.
- Pero aunque yo me he sentido mucho mejor, se de alguien que no – dijo dubitativamente – Candy ...
Patty volvió a quedarse callada, y Candy la miró un poco asustada, Patty tomó aire y continuó:
- Es Archie – le profirió Patty – él no ha estado nada bien.
- ¿Cómo sabes eso? – inquirió Candy asombrada
En el transcurso del año ha ido varias veces a visitarme, cuando llegó la primera vez me dio mucho gusto, pensé que estaba de paso o que iba a visitar a sus tíos, ya sabes los Leegan, - hizo una pausa y Candy asintió al comentario de su amiga – pero no era así, cuando me visitaba no hacía otra cosa que hablar de Stear, me pareció normal al principio. Pero cuando empezó a visitarme con tanta frecuencia empecé a sentirme un poco desconcertada, yo supuse que era normal que quisiera verme y saber como estaba, y no resultaba extraño que quisiera hablar de Stear, pero con el tiempo cada vez que me empezaba a sentir mejor, aparecía y volvía a revivir el dolor que sentía, la verdad es que las últimas veces que fue yo ya no lo quise atender mi abuela lo hizo.
- Entonces estuvo allí muchas veces – dijo Candy muy extrañada – y la escuela ¿no te comentaba nada de la escuela?
- La verdad no platicaba nada de su vida actual todo era acerca de Stear
- Entonces es eso lo que tiene, él esta mal, lo que me comentó Albert no era todo.
- ¿Ya sabias algo de esto?
- Precisamente el día de ayer Archie llegó a la ciudad – dijo Candy – Vino a visitarme al principio parecía feliz pero al rato de estar platicando se tornó silencioso y malhumorado, creí que había dicho algo incorrecto, ya me conoces suelo hablar más de lo que debería, pero después . . .
- Candy, tenía tanto miedo de decírtelo, yo se que lo estimas mucho y no sabía como ibas a reaccionar.- se quedó callada un momento y después continuó - ¿Has hablado con Annie?
- Cielos he sido muy mala amiga tengo cerca de dos meses que no se de ella, aunque me mandó decir con la tía Abuela que estaría el domingo en la fiesta. ¿Por qué lo preguntas?
- Por nada – se excusó Patty un poco preocupada – solo quería saber como estaba.
Candy la miró inquisitivamente, sabía que su pregunta no era una simple curiosidad, pero no se atrevió a indagar acerca del objetivo de su pregunta, así que decidió cambiar de tema.
- Supongo que vas a venir el domingo a mi fiesta – Sonrió unos segundos y continuó – Se oye extraño, pero realmente es una fiesta en mi honor.
- Claro¿por qué crees que estoy aquí? Tu invitación llegó hace bastante tiempo y ni siquiera lo pensé dos veces.
- Gracias Patty – dijo sonrojándose un poco Candy – Pero platícame, que haces ahora que ya finalizaste el colegio.
- Pues podría decirse que principalmente me he estado sobreponiendo a todo el dolor que mi corazón cargaba, mi abuela ha querido que me ocupe de algo más que mi misma, y tiene razón, no quiero pasar el resto de mi vida siendo tan egoísta, hay tanta gente que sufre en el mundo... yo no soy la única. – le dijo mirando enérgicamente a Candy.
- Me agrada oírte decir eso, la vida es muy corta para pasársela en los rincones llorando.- comentó con una sonrisa - ¿Y no has pensado en lo que quieres hacer?
- Pues realmente lo único que he pensado ha sido gracias a ti, en muchos sentidos me has animado a seguir tus pasos.
- ¿Mis pasos? – preguntó Candy un poco extrañada.
- Si, se que no tengo vocación de enfermera pero se que quiero ayudar a la gente quiero hacer que la gente que se siente tan triste como yo solía sentirme tenga la seguridad de que se puede seguir viviendo a pesar de todo.
- Se que no te escrito mucho en estos años, pero te he mencionado la Institución, pensaba si...
- Pues en parte quería pedírtelo... – le dijo entusiasmada Patty
- Entonces ¿quieres cooperar con nosotros?
- Si no te molesta, claro que sí, mi abuela ha accedido a venirse a vivir conmigo a Chicago y creo que estoy lista para lo que sea...
- Patty ¡Qué feliz me hace saberlo!, No te vas a arrepentir.
- Ya no pasaremos tanto tiempo sin comunicarnos – le aseveró mientras le apuntaba con su dedo índice.
- No, ya no, que te parece si empiezas el Lunes porque estos tres días que faltan para la fiesta va a estar muy difícil los primeros eventos empiezan el día de hoy por la noche – Candy se quedó callada y continuó de manera apresurada – Eso me recuerda Tengo que ir a recoger mi vestido ¿me acompañas?
- Nada mejor que ir de compras – le dijo Patty imitando la voz de Annie
Ambas rieron y salieron del jardín, Candy alcanzó a ver a la Tía Abuela muy irritada, así que trató de escabullirse sin que la viera pero el intento le resulto fallido, justo cuando estaban por llegar a la puerta ella las alcanzó. Parecía bastante enojada así que Candy apenas levantó la cabeza.
- ¿A dónde vas? – le pregunto la Tía Elroy tratando de suavizar la voz
- Voy a recoger mi vestido de con Madame Mouchoir – se apresuró a decir Candy.
- ¡OH! - Exclamó la Tía abuela y su expresión cambió radicalmente – Recuerda que también William te mandó hacer uno para esta noche y para mañana, ya que vas a ir, sería bueno que te probarás los vestidos y que los trajeras de una vez, voy a mandar a Elsie contigo
- No es necesario – le comentó Candy
Pero la tía Elroy había llamado ya a Elsie, y esta ya se preparaba para salir a acompañar a Candy, la tía le dio varias instrucciones a Elsie y antes de retirarse le dijo a Candy.
- Candy, le podrías comentar a Madame Violet que yo iré esta tarde por mi vestido, las espero a comer – les dijo amablemente mientras que Patty inclinaba un poco la cabeza por la cortesía recibida.
El resto de la mañana se la pasaron en la tienda de Madame Violet Mouchoir, era una de las modistas más prestigiadas entre la Alta Sociedad e incluso la realeza, tenía poco tiempo instalada en Chicago, la guerra la había hecho huir de París, pero sus clientes habían aumentado en gran consideración, y desde que estaba en París la tía Elroy había sido una de sus clientes frecuentes, así que aunque tenía varias personas que le ayudaban a atender a los clientes siempre les daba una atención personalizada a todos los miembros de la familia Andley. La tienda era grande y lujosa, varios vestidos estaban en los escaparates, Candy sabía que el taller estaba en la parte trasera del edificio, era un taller enorme y varias costureras trabajaban sin descanso sobre los diseños de Madame Mouchoir, Candy había accedido a que ella le hiciera sus vestidos porque sabía que aunque era muy dura era de buen corazón y trataba muy bien a quienes trabajaban para ella. Patty veía embelesada varios vestidos que decidió probarse, mientras a Candy le ajustaban el vestido que usaría en la noche, cuando estaba probándose el vestido de la cena del sábado una joven entró a la tienda, el elegante sombrero, le tapaba la mitad de la cara, pero cuando levantó la cara dejó ver los bellos rasgos que poseía, unos ojos grandes y azules, con unas cejas altas y bien delineadas, una nariz recta un poco respingada al final, una boca pequeña y bien formada, sin embargo la expresión que tenía era de la más suma tristeza, la grácil figura se movía lentamente junto con el vestido blanco que llevaba, llego al mostrador y preguntó por Madame Violet, cuando la oyó hablar Patty se le quedó viendo.
- ¿¿Annie?? – Preguntó
La joven levantó la mirada y miró hacía Patty y la expresión sombría que cubría su bello rostro cambió en ese momento, una sonrisa ilumino su cara, se adelantó hasta el probador donde estaban Candy y Patty, Candy estaba parada sobre un banco con un vestido color lavanda, muy ajustado de la cintura y varias aplicaciones de plata en los bordes de las mangas y en el cuello, una de las asistentes de Madame Violet le medía el largo mientras le preguntaba si también se llevaría unas botas altas que le hacían juego al vestido, cuando la vio Annie sonrió al igual que Candy se acercó a ella y admiró el vestido que llevaba puesto.
- Te ves preciosa – le dijo cariñosamente Annie
- Pensé que me vería un poco pálida pero el fin de semana pasado le Albert y yo estuvimos en el lago y creo que me hizo bien – dijo alegremente
- Definitivamente – le contestó mientras se quitaba el sombrero y lo colocaba sobre una mesa que estaba en una esquina y dejaba a la vista el elaborado peinado que usaba, se quitó los guantes de encaje y los dejó junto con su bolsa en la misma mesa, y se acercó a Candy le acomodó la pequeña cola del vestido, mientras Candy bajaba del banco - Te ves muy bonita.
La asistente se acercó y la llevó tras una mampara para que se cambiara de vestido, mientras Annie veía entusiasmada el vestido que había elegido Patty.
- Patty¿cuándo llegaste? – le preguntó al tiempo que veía otros vestidos que había escogido Patty para probarse
- Ayer – le contestó acercándose al espejo para verse de cerca.
- Te ves muy bien – le comentó Annie, tomó un sombrero que estaba sobre un maniquí y se lo probó – Creo que Florida te ha sentado bien.
-Si, así es, pero he estado pensando mucho, así que me voy a regresar a vivir aquí.
- ¿Te regresas a Chicago? – le dijo volteándola a ver de manera tan rápida que el sombrero cayó al suelo.
- Si¿acaso no es grandioso? – le contestó muy sonriente – vamos a volver a estar juntas.
- Si, es verdad – le dijo débilmente.
Candy salió detrás de la mampara con otro vestido, uno azul cielo, de tul con listones de seda y bordados en plata, se paró frente al espejo y levantó la falda, dejo ver unos botines del mismo color que el vestido, las mangas en extremo vaporosas le daba una impresión semejante a la de una mariposa, Annie miró el vestido asombrada, Patty frunció un poco el entrecejo.
- ¿Y que piensan? – preguntó Candy mirándose en el espejo
- Te ves divina – opinó Annie.
- Me gusto más el primero que te probaste – expuso Patty – ese tiene demasiada tela.
- Si ese vestido yo lo escogí, pero este me lo mandaron hacer – dijo al tiempo que se ruborizaba
- ¡OH! –exclamó Patty – fue el vestido que te mando a hacer Albert.
- Si – dijo Candy mientras se mordía los labios – pensé que era demasiado pero no quiero decepcionarlo si no me lo llevo. Ni siquiera tienen que ajustarle nada me quedó perfecto.
- No se te vaya ocurrir no llevártelo – le espetó Annie – Es precioso, te ves como un ángel.
Candy se ruborizó más aún, se volvió a mirar al espejo y se vio a si misma tomada del brazo de Albert, él se lo había escogido y le quedaba perfecto, era algo ostentoso pero la ocasión lo ameritaba.
- Me lo llevaré – dijo decidida – voy a usarlo en el baile del viernes, enfrente de la familia
- ¿Por qué no lo usas el domingo? – le Preguntó Annie.
- No puedo, el vestido del Domingo lo escogió la Tía Abuela, no podría usar otro, pero el Viernes iba a usar uno que lleve a la Opera hace unas semanas.
Se quedó contemplando su imagen reflejada en el espejo durante varios minutos hasta que vio la hora y se percató que ya llevaban mucho tiempo en la tienda, así que regresó tras la mampara para cambiarse.
- Por cierto Annie – le dijo mientras estaba cambiándose – Me imagino que has de estar muy contenta.
- ¿por qué lo dices?
- Porque Archie esta en la ciudad.
- ¡¿¿Qué??! – exclamó sorprendida.
- ¿No lo sabías? –le preguntó Candy extrañada
- No, él no me... – se quedó callada y después de unos segundos continuó – no me ha contestado ninguna de las cartas que le he enviado este año.
- ¿Cómo dices? – inquirió Candy saliendo de la mampara con el vestido a medio poner - ¿por qué no me lo habías dicho?
- Candy, - dijo al borde las lágrimas Annie – Yo creo que él ... – y unas lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas – Creo que quiere romper conmigo.
Candy se adelantó para abrazarla, y vio como Patty se había quedado con una cara de culpabilidad sentada en una silla, Annie lloraba desconsoladamente en los brazos de Candy. Después de un rato Candy le acercó un pañuelo y ella se limpió las lágrimas y la miró, su linda cara demostraba un sufrimiento antiguo.
- Annie cálmate – le aconsejó Candy – La verdad es que no creo que el quiera romper contigo, como alguien quisiera romper con una bella mujer como lo eres tú. Sin embargo lo que me cuentas solo hace que me preocupe más por el.
- ¿Qué le pasa Candy? – le dijo a modo de ruego.
- No estoy muy segura, pero por todo lo que me he estado enterando indica que esta muy mal.
- ¿Esta enfermo? – le preguntó preocupada al tiempo que se limpiaba la cara con su pañuelo.
- Pues podría decirse que sí, pero no su enfermedad no es física.
- Annie, yo creo que extraña mucho a Stear – dijo finalmente Patty quien se había levantado de la silla.
- Todos lo extrañamos – le expresó Annie
- Pero él no lo puede superar - le dijo de manera muy convincente Patty.
- Pero ya pasó mucho tiempo, y hace un año parecía estar muy bien.
- Quizá nos mintió a todos – comentó Candy como si se lo dijera a ella misma pero en voz alta.
- ¿Por qué haría eso? – le preguntó Annie muy confundida.
- Debe haber sido mucho más doloroso de lo que podemos imaginar, recuerda que él creció con Stear y Anthony los dos se han ido, lo han dejado solo, el lazo que había entre ellos no podemos entenderlo, tú Patty nunca tuviste hermanos, y tú y yo al ser huérfanas no podíamos crear un lazo de ese tipo, se que te quiero como una hermana pero no se si al ser hermanos o primos haya algo más que este sentimiento – explicó Candy
- Pero porque no nos busco.
- No lo se – dijo Candy moviendo la cabeza – pero prométeme que lo vas a ayudar, yo por mi parte haré lo que pueda.
Annie se calmó y se quedó probándose unos vestidos, mientras que Patty y Candy salieron de la tienda cargadas de paquetes que Elsie y Dean, el chofer de la tía Elroy le ayudaron a subir al carro, Candy seguía preocupada por Archie, y también Patty que no decía una palabra.
Llegaron a la mansión Andley y el ambiente allí era de total caos, todos pasaban de un lugar a otro, con cosas en las manos, así Candy esquivando a uno y a otro llegó a su habitación y por orden de la tía Elroy Elsie se quedó a ayudarla a cambiarse para la cena de esa noche, mientras se arreglaba, una de las doncellas entró para avisar que los primeros integrantes de la familia Andley habían llegado y que se estaban preparando para la cena, Candy tomó un vestido verde muy vaporoso para llevar en la cena, Elsie se esforzó peinándola, un moño en lo alto con unos broches de perlas en forma de flores, el peinado alto resaltaba su largo cuello que enseguida Elsie engalano con un lindo collar de perlas que le hacían juego a los vivos del vestido, las zapatillas eran de color oscuro y se acomodaban perfectamente a los pies de Candy, cuando estuvo lista bajó por la escalera pero no vio a nadie, el ajetreo que hasta hacía unas horas parecía haberse apaciguado, ni siquiera la Tía Elroy daba señales de vida, dio un vistazo al comedor, el cual lucía majestuoso con los candelabros brillando, y los platos, copas y cubiertos puestos en total orden, los jarrones que por lo general estaban vacíos estaban ocupados por unos enormes ramos de olorosas flores, Candy siguió de largo y se le ocurrió que tal vez estuvieran en el salón de fiestas, se asomó, pero solo vio a varios sirvientes que limpiaban los espejos y las ventanas, entonces recordó que el salón sería usado hasta el día siguiente cuando la familia Andley estuviera completa.
El único ruido que se oía provenía de las cocinas, pero sabía de antemano que allí solo encontraría a los sirvientes así que entró a la biblioteca con esperanza de encontrarse a Albert, pero la biblioteca al igual que el resto de la planta baja estaba vacía, se sentó en uno de los mullidos sillones cuando oyó ruido afuera, Candy se levantó de su asiento y se acercó al ventanal, pero solo alcanzó a ver una sombra.
Candy salió de la biblioteca y se dirigió al jardín, los faroles que el día anterior estaban apagados ahora emanaban la luz suficiente para alumbrar los bien cuidados jardines de la mansión, Candy salió y el fresco aire de la noche le sentó bien, pero no veía a nadie, giró su cabeza tratando de distinguir algo, y cerca de una de las fuentes de cristalina agua vio una figura se acercó y al irse acercando la sangre se le fue a los pies, se puso sumamente pálida, se quedó pasmada.
- Anthony ... – alcanzó a susurrar.
