Cáp. 2 La segunda y tercera visión, y el descubrimiento en la playa

Bueno, esa noche cenamos más temprano que de costumbre... la razón, saldríamos con Sano, estábamos un poco urgidos, pues había llegado Saitoh, el padrastro de las hermanas Takani y tiene un genio…, así tuvimos que pedirle autorización para pasear a sus hijas.

- Ustedes dos han estado muy vagos y flojos para mariscar y pescar –reclamaba mi tía Emina- ni siquiera nos han ayudado a traer los ingredientes para la cena.

- Hemos estado un poco ocupados en otro tipo de pesca tía –decía Sano mirándome de reojo.

- No... si de eso no nos caben dudas, y es en familia por lo que se ve – agregaba mi madre-, y podrían decir quién es de quién?

- Las intercambiamos tía, para que no sean tan aburrido –Sano lo dijo en un tono tan serio que todos nos reímos.

Luego, a la hora del postre, Sano me habló aparte:

- Estas viejas están muy copuchentas hombre, no podremos conversar aquí, así que mejor nos apuramos y salimos rapidito.

Estuve de acuerdo.

- Demo... vamos a otro lugar, un lugar donde no nos conozca nadie... te parece que vayamos al casino?

- Me parece una excelente idea.

El casino tenía una doble vida, de día funcionaba como fonda y de noche como casino, vendiendo tablas de queso, empanadas entre otras cosas para nosotros los más jóvenes, mientras los más adultos sólo se sentaban a jugar dominó o cartas, con un vaso de jerez o vaina.

Cerca de las 22 horas el lugar cambiaba radicalmente, pues se reunían los pescadores, empleadas domésticas, reclutas de la fuerza aérea, gente de no muy buena reputación; si, era un lugar para todo tipo de gente.

Alrededor de la medianoche, el local ya tenía un fuerte olor a fritanga y a alguno que otro olor desagradable. Sano y yo alcanzamos a escuchar una música movida mientras bajábamos las escaleras del casino.

- Ahora si podré hablar, y supones que el tema es Megumi –decía Sano.

- Me lo imaginaba –conteste- se ven bien y sin problemas.

- A eso me refiero Aoshi... tu sabes que en la ciudad ya tengo mi...

- No me vas a decir que te pusiste monogámico. Jajajajaja

- Pero es que hay un problema...

- El problema lo tienes tú... con una viviendo aquí y otra allá ¿quién se dará cuenta de que tienes dos mujeres? Te escribes con Megumi durante el año, y se ven en el verano.

Sano no estaba muy convencido…

- Mira después de unas copas de sour hablamos...

Así fue que nos devolvimos al casino, entramos por el balcón, y como no era tarde, aún quedaban mesas disponibles. Nos sentamos en la mesa más alejada, pues los parlantes nos hubiesen destrozado los oídos, ahí Sano continúo.

- El problema Ao, es que me enamoré de verdad de Megumi, y no puedo estar con dos a la vez, porque cuando uno de verdad se enamora no puede hacer eso. No puedo jugar con sus sentimientos.

Se acercó un camarero y pedimos unos pisco sour, cuando regresó con los tragos, Sano todavía seguía dando discurso, como siempre lo escuché con atención, pero luego de un rato comenzó a aburrirme, y traté de mirar disimuladamente hacia los lados, para que no notara que ya me había aburrido, fue entonces cuando la vi unas mesas más allá de la nuestra.

La pude ver sin problemas nada se interponía entre nosotros. Su cabello, sus ojos, su cuerpo, todo estaba alumbrado por un cilindro de neón, su sonrisa angelical, sincera e inocente.

- Oe Aoshi me estás escuchando!?!? –Sano me trajo a tierra demasiado brusco para mi gusto- oe ¿qué te pasa?

- Ahí esta –susurre.

- Nani? Nan da to? ( qué? Qué dices?)

- Mi ángel, está aquí.

- Que bueno, ve a sacarla a bailar y asunto arreglado.

Apreté la copa con fuerza para que no se notara lo nervioso que estaba.

- Iie Sano, ahora no quiero hacer nada...

- Anta baka?!?!?!!? (eres idiota!?!?) nos has tenido dando vueltas por todos lados buscando a gasparín y ahora el regio no quiere ir a sacarla a bailar ¬¬.

- Onegai shimasu (por favor), kowai yo (tengo miedo).

- Definitivamente hay bakas y tu... ùú... y dime... doko da? (dónde está)

- Allá... –apunté disimuladamente con el mentón...

¬¬ ¬¬

En ese lapso, ella y el hombre de la barca se pusieron de pie y fueron a la pista, en la mesa quedó una mujer mayor y un joven. Comenzó a sonar una cumbia //que nunca falten en las historias de pueblo... ùú# // y otras parejas se animaron a bailar.

Mi ángel venía abrazada de una manera paternal hacia su acompañante, así que supuse que era su padre.

- Oe –me dijo Sano- tu fantasma es una bishoujo!!!(niña bonita) de veras que lo es.

Cuando Sano dijo "tu" sentí una alegría en mi interior, claro como no sentirme feliz.. si ya sentía que era mia, mia y de nadie más.

- Y gomen, ahora sé porque te tenía tonto, y que sólo porque somos amigos desde años no voy yo y me echo encima. Pero mira como baila...

Ella se había separado de su padre e inicio el baile, se alejaba y acercaba al compás de la música, movía sus brazos e inclinaba levemente la cabeza hacía atrás //... el baile me salió parecido a la danza del vampiro// lo suficiente para que la luz reflejara su cara, obviamente yo estaba atónito entre su mirada y su sonrisa.

Sano, quien no le sacaba los ojos de encima me dijo:

- Oe Aoshi, no es por nada, pero gasparín tiene algo raro, que no sé como describirlo...

- Nani? Cómo se te ocurre... yo no le encuentro nada.

- Pues es algo, en su sonrisa.

- Ahora si que estás hablando leseras, si es lo más hermoso que ella tiene.

- Tu crees?

- Obvio –ya me estaba poniendo muuuy serio.

- Mejor fíjate, si algo raro tiene.

- En qué me fijo?

- Gomen, pero parece que gasparín tiene la sonrisa pegada a la cara y le queda bien sabes, pero... mmmm no sé...

Mientras me decía esto, el caballero le dijo algo, lo cual debió haber sido muy cómico pues estallo en una carcajada que fue como el canto de un querubín, así que le hice notar a Sano esa variación.

- Pero mira hombre si eres porfiado, ves que ha vuelto a quedar igual?

Sano tenía razón, volvía siempre a esa sonrisa, y eso me cautivo aún más.

- Es tan linda Sano...

Y ese fue mi última observación de la noche. Al terminar nuestra última copa de sour Sano me dijo que tenía sueño, así que nos fuimos a la casa, claro que antes pedimos la cuenta, jeje no podíamos hacer un perro muerto, supuse que Sano estaba extrañado de no sacarla a bailar, pues en lugares como aquellos predomina el machismo y es uno quien debe sacar a la dama a bailar, pero el hombre que la acompañaba junto al joven, el miedo de un rechazo, a quedar en ridículo después de haberla buscado por cielo, mar y tierra me paralizaron, pero por dentro, muy dentro de mí me decía que no sería la última vez que la vería, estaba seguro de volverla a ver, si ella estaba ahí era porque vivía en el lugar. Así que nos levantamos para marcharnos, pero pasamos cerca de su mesa, me hubiese gustado verle la cara más de cerca, pero estaba dándome la espalda, claro que escuche su voz...

Al día siguiente, Saori y Megumi nos fueron a buscar a la casa. Venían con su hermano menor, Yahiko.

- Por qué debemos aguantar a este enano –decía Sano- oe Aoshi... por qué no lo ahogamos??

Las chicas se dejaban mandar por este... /mejor me omito el comentario ¬¬/. Un ejemplo claro fue Yahiko quiso salir esa mañana y jugar al pirata, pero ni siquiera nos preguntó llegó partió y tuvimos que seguirlo, claro su papá le había contado cuentos acerca de corsarios y piratas que habían escondido su tesoro en la playa, y para más remate en una cueva, así que nos adentramos en ella, esta cueva tenía dos entradas una como siempre de fácil acceso y la otra escondida entre los roqueríos además que los que han entrado cuentan que el espacio es muy estrecho y que casi hay que anda a gachas del suelo. Aunque de alguna forma era bueno pues así alcanzábamos a tomarle las manos a las chicas, ya que el hermano era un soplón y cada vez que nos acercáramos a ellas debíamos dar una justificación ante el padre. En cuanto a mi... bueno cada vez pensaba más en mi ángel y me olvidaba completamente de Saori, lo malo, es que ella se dio cuenta, claro que no me preguntaba tampoco, así que todo relajado. Hablamos de nuestros futuros, los estudios, viajes, películas, música, etc. Estábamos, sin duda, más cercanos que antes, como una relación más de amigos, aunque sé que ella quería algo más, seguro estaba esperando a que le preguntara por la carta que le envié desde la capital, en la cual yo me declaraba y le pedía que fuese mi novia. Pero todo aquello era opacado por la imagen de mi ángel.

- Estamos llegando –dijo Sano.

Nos detuvimos un instante, necesitábamos descansar, respirar un poco antes de seguir con esa tortura, Saori y Megumi llevaron una cesta con sandwiches y un termo con café y bebidas, pues como dicen... tuvieron la intuición de que el paseo sería largo. Claro que como buenos caballeros nos turnábamos el famoso canasto para que las chicas no se llevaran la peor parte, afortunadamente nosotros nos pusimos unas zapatillas deportivas por si acaso, Megumi parece que lo intuyo, pues la única que andaba con zapatillas de goma era Saori, perdiendo el equilibrio frecuentemente y en una de las tantas su rodilla dio con una piedra que estaba sobresaliente y se lastimó, si bien la herida no fue profunda, fue batante ancha, asi que le hice un vendaje cortando mi polera //que hermoso y sexi debe verse Aoshi // y luego me la lleve abrazada a mi costado.

Yahiko, como iba más adelante nos aviso que había encontrado la entrada o salida... (depende de cómo lo vean), así llegamos a la cueva del pirata, cuando en eso el enano se metió en un agujero y no salió más. Como era de suponer las chicas comenzaron a preocuparse, así que nos rogaron que fuésemos a buscarlo, y tuvimos que ir.

- Ojalá y se quede atrapado este enano –le dije.

- Ni lo sueñes –me decía Sano- a estos enanos los protege el diablo de la guarda.

Antes de llegar al agujero, salió el enano diciendo que por ahí estaba la salida. Lo seguimos y nos dimos cuenta de que nos había llevado a otro agujero aún más estrecho, con Sano nos miramos y casi lo matamos. Bajamos otro poco y vimos que dentro de todo ese roquerio había una pequeña laguna y arena seca, en cosa de segundos ya estábamos en traje de baño, bueno, excepto Saori que estaba herida. Yahiko se fue a revisar por ahí si es que encontraba algo, Sano y Megumi tenían un mundo aparte al nuestro, haciéndose arrumacos y se hablaban en voz baja, pero para Saori y yo, la situación no pudo haber sido más incómoda, no hablábamos sólo atinábamos a comer.

- Oe Aoshi, no es que quiera arruinarles el panorama, pero de verdad, la rodilla me está doliendo demasiado.

- Pues no podemos devolvernos por las rocas –agregué- voy a buscar un atajo, y poder regresar por el cerro, puede que ahí se encuentre un camino por el cual regresar.

- Pero desde aquí no se ve nada –decía Saori.

- Pero debe haber y mucho más de uno –acotó Sano que se acercaba y escuchó la conversación.

- Bueno me voy, cualquier cosa les aviso.

Camine hacia un muro de rocas, el cual estaba en un estrecho pasaje, si no encontraba nada después de esa vuelta debería dar todo por perdido. Avance otro poco hasta que pase la curva y la vi, había una caleta y bañándose en ella estaba mi ángel. Me acerqué un poco, tenía el pelo tomado en un moño, un traje de baño normal, estaba jugando con las olas, igual que los niños... saltando cuando se acercaban, me estaba dando la espalda, como miraba ese cuerpo, espontáneo, atlético, sus pechos, duros y firmes.

No sé en que momento se giró y cuando me vio su sonrisa marcó aún más su cara, me llamaba agitando los brazos

- Oe, acércate, ven! -decía.

Luego corrió hacia la arena, se sentó abrazándose las rodillas esperando que me acercara.

Quede frente a ella, y sentado de igual forma. Pude comprobar que realmente era hermosa, un dolor crecía dentro de mí, no sé si era el hecho de haberla buscado tanto y tenerla ahí, frente a mi después de tanto tiempo.

Estaba tan ensimismado en mis pensamientos, que no me fije cuando tomo un puñado de arena y me lo aventó en la cara, claro que, no es por alardear, pero tengo buenos reflejos, aunque si bien no lo esquive, alcance a cerrar mis ojos... //se imaginan que hubiese pasado si llega a lastimar los hermosos ojos de Aoshi TT //, iba a repetir la agresión cuando yo me tiré sobre su cuerpo:

- Hidoi na (eso esta mal) –le dije. No lo hagas otra vez.

La tenía en una posición... ejem... no muy cómoda para ella, pero si para mi, ella estaba sobre la arena, de espalda al sol, y yo encima suyo, sujetando sus piernas con las mías con fuerza, y las manos aprisionando sus brazos.

- Gomen nasai (perdóname) –dijo en un leve susurro.

- Promete que nunca más lo intentaras.

- Hai, lo prometo, demo... (pero...) hanatsete (suéltame)... onegai shimasu (por favor)

La solté, y se volteó, quedando así de espalda al sol. Me senté a su lado, luego me miró, el peinado que ella tenía se había desarmado un poco debido al forcejeo, y le quedó un poco de cabello sobre sus ojos, el cual, instintivamente, lo volví hacía arriba como una caricia. Me tomó de la mano y me dijo:

- Tienes la piel suave... como la de un bebe... tu no trabajas?

- Iie, yo estudio, y tu?

- Yo... trabajo, y a veces vivo allá arriba.

Miré hacía donde ella apuntaba, se encontraban en el lugar tres construcciones, una era más grande que las otras.

- Y las otras veces estoy en el circo.

- Nani? –yo no entendí esa parte.

- Si estoy en el circo... con mi papá.

Le pregunté que hacía y no me respondió, estaba como absuelta en sus pensamientos, fue cuando escuché la voz de los chicos.

- Sumimasen (lo siento), debo irme.

- Me puedes venir a ver?

- Claro! cuando tu quieras –dije.

- Mañana, ven mañana a la hora de once, te haré pancito amasado.

Luego acerco un brazo, me llevo hacia ella y me beso en la cara.

Después me fui corriendo hasta encontrarme con ellos, les conté que había encontrado un camino apto para Saori. Cuando pasamos por la caleta, mi ángel ya de había ido.


Nota de la autora:

Al fin... me ha costado un poco esto… pero ya el Cáp. 2 está terminado, Aoshi por fin conoció a su ángel, bueno, un poco, porque el muy quedado no le preguntó el nombre... pero eso ya se solucionará en el siguiente Cáp. jeje

Arigato a quienes seguirán la historia... ya que no son pocas personas.. por lo que me doy cuenta.. si no.. no hubiese subido el 2º cap

Perro muerto : se dice generalmente de las personas que consumen algo y luego se van sin pagar la cuenta.