Digimon Adventure tri y sus personajes no me pertenecen


Olvida todo

ii.

Sólo rompió a llorar durante una noche. Luego de pasar el día con Gatomon y abrazarla fuertemente en despedida, ahogó los lamentos en la almohada, con cuidado de no perturbar a Taichi.

Era egoísta tomar esta decisión sin comunicarlo a los otros, lo sabía. Más pusilánime le resultaba si entendía, como ella lo hacía, que la pena mayor no recaería en ella misma; al quitarle la posibilidad de intervenir a los demás, los condenaba a enfrentar las consecuencias sin preparación. Sin duda alguna, ninguno lo merecía.

Pero ha observado a otros adoptar resoluciones egoístas a su alrededor por tanto tiempo que se sabe imposibilitada de dar marcha atrás.

Sin embargo, se pregunta si fiarse de la fuerza de los demás para sobrellevar lo que viene implica que lo soportará ella misma, esta vez. Oprimida, imagina una existencia ajena a su vida hasta hora, y la conclusión es tan horrible que casi no consigue sofocar una exclamación angustiada. Por ello, acaso, evitó aproximarse a Takeru a la salida de la escuela, e ignoró las llamadas de Mimi-san y Sora-san durante los últimos días; es tan injusto perder tanto por…

No.

Una vida y devolver la alegría a su persona importante valían abandonar todo aquello. Debía tener fe en que saldría bien.


Muchos discuten las similitudes entre los hermanos Yagami como si se tratara de un asunto polémico; quizá lo es, pues el comportamiento superficial de ambos muchachos varía cual aceite y agua. Al final, "Hikari es más sensata que Taichi" es la única conclusión transparente, asevera la multitud; definitivamente, la menor Yagami no es del tipo de personas que correría al precipicio sólo con la confianza de un futuro provisorio, a diferencia de su hermano.

Y están equivocados, por supuesto.

Ni el elegido del valor es el modelo de la determinación ilusa, ni su hermanita es el parangón de la cautela o la amplia reflexión. Si existe un motivo suficiente, si las circunstancia no ofrecían una solución alternativa, ambos removerían los cimientos del mundo para proteger lo que amaban. Referirse a ellos de esa manera, echando a manos estereotipos vanos sólo es reflejo de una ignorancia irrisoria, aun si comprensible.

Tales reflexiones ahuyentaron su vacilación acerca de acudir al llamado de la portadora de la luz. Si solicitaba su presencia durante el período aciago en el que se encontraba, debía de tratarse de una cuestión importante. Conocer al par Yagami conlleva respetarlos, a su modo; sin vacilar, respetaba a Hikari demasiado como para desoír su solicitud de buenas a primeras, aunque se le antojara extraña.

Frente a la expresión ávida, no obstante, se cuestionó si debía dar crédito a lo que escuchaba. Sólo la instintiva deferencia hacia la chica consiguió mantenerlo sentado frente al largo relato de un inverosímil; ella había encontrado una forma de traer a Patamon de vuelta, afirmaba, pero no podía lograrlo sola. Mediante la magia, con su ayuda, conseguirían recuperar al digimon compañero de la esperanza.

Imposible.

—¿Qué…? ¿Qué estás diciendo? —balbuceó, pugnando por no reír. En definitiva no se burlaría de las fervientes pupilas claras mientras pudiera resistir lo absurdo de su historia—. ¿Cómo es que…?

—El dueño de la tienda me aseguró que lo haría, si pagábamos juntos el precio.

Era mentira.

No, no la acusaba de mentirosa. Trató de aclararlo cuando la vocecilla dulce creció en incredulidad y decepción; desde el rictus vehemente en sus manos, hasta el brillo insistente en sus ojos, cada una de sus acciones reflejaba que creía en sus aseveraciones a pie juntillas, pero ello no cambiaba la posible existencia de un engaño. Ese tipo, quien fuera que halló en ese sitio extraño, tal vez buscaba timarla.

Por qué, eso sí, o cómo era extraño determinarlo. El detalle de la solicitud ya resultaba alarmante, pues implicaba que el sujeto conocía los pormenores de su pérdida y de sus aventuras previas; más que absurdo, ya era hasta peligroso. Ella insistió, determinación de hierro repitiendo los pormenores y suplicando creerle porque estuvo allí dos veces y no existe motivo para engañarla; ese hombre ganaría nada con ella, y además…

—Él sabía quién era yo, sin conocerme. Sabía de nosotros, de nuestros compañeros y nuestra pérdida.

Peligroso, en definitiva. ¿Acaso alguien los seguía? Y, ¿Qué propósito podía existir al preparar una mentira tan cruel? Tenía que hablar con Taichi de todo esto.

—¿Y eso es debido a la magia? —inquirió, encontrando la expresión anhelante tornarse dura ante su incredulidad.

—No existe tecnología que pueda explicar su conocimiento.

Siempre podría existir una. Honestamente, sentado aquí, escuchando a Hikari y enfrascándose en una retahíla infinita de reproches no lo averiguaría; absurdo, ilógico, tal vez hasta infantil, todo se vería claro tan sólo procediendo de una manera.

Una tienda de los deseos, claro.

¿Y si fuera verdad?


Acaso le fuera posible, después, describir el último encuentro, se atrevería a resumirlo en el mayor dolor infringido por un único sueño de fe; fe, demasiada esperanza y entendía, tarde, el peso eterno sobre el pecho de Takeru.

Esta, la manera de aligerarlo, vamos, si resultaba cierto, no dudaría de concederlo. Luego de escuchar al sujeto, la posibilidad del éxito se encontraba brillante, al alcance de las manos.

Después del duro cruce de verdades, ya no tenía por qué dudar.

—Lo siento, Yamato-san.

Viró hacia la figura menuda a su lado. Hikari, contrita, hasta incómoda, halló su mirar entre el silencio de la última espera; oh, claro, ella había escuchado lo que el dueño de la tienda reveló para convencerlo.

—No tienes porqué —replicó, rehuyendo el encuentro visual—. Yo pedí pruebas, y obtuve lo que quería.

Aún ahora los acontecimientos sólo exacerban la culpa. Crees, por ende, que perdiste a tu familia y a Takeru porque no eras suficiente para ellos; no pudiste, después de todo, proteger a su compañero, ni a su inocencia.

—Yo no debía escuchar esos pensamientos, no obstante. —La compasión grave encogió de repente un resquicio de mente que reconoció, al punto, una horrenda similitud evidente. Era el mismo tono que Taichi usaría en una situación similar—. Nadie que no eligieras con ese propósito tiene ese derecho.

No, nadie más lo tendría ya. El precio implicaba que los dos seres escogidos con tal propósito dejarían de poseer dicho permiso de inmediato; ellos no lo sospechaban, tampoco. Se hallaba aquí sin consultar con ninguno.

Valía, lo valdría, dejar atrás ese pasado. Sin duda, el vacío futuro le causaba ahora horror de una manera insospechada, pero jamás volvería atrás.

Desde los tres años (Taichi, Gabumon) sólo una persona se encontraba por encima de cualquier futuro y amor.

—Después de esto no lo recordarás, tampoco. —Un rictus quiebra el control eterno de la portadora de la luz. Ambos callan, menguan, frente a la silueta del que se acerca.

El fin.


Es, en realidad, una simbiosis extraña entre el terror de lo que viene y la fe que Taichi profesa por él lo que la empuja a aferrarse a su mano; no hay más que hacer, perderá todo lo que alguna vez ha amado, lo vale, pero…

Es todo. Realmente todo.

Yamato vira hacia ti, sorpresa encontrando cabida en la previa gravedad de sus pupilas; quizá también es algo suspendido entre su propia desazón y el instinto de hermano mayor lo que le empuja a pronunciar la siguiente frase en el tono más suave posible.

Se trata de la voz que, sabe, sólo Takeru ha oído durante sus peores momentos y aquella que su propio hermano emplea con esa misma sonrisa tranquilizadora.

—Todo va a estar bien.

Jamás podrá admitir que, pese a no creerlo de manera completa, asintió fuertemente repitiendo el mantra antes que la luz los engullera en una marea de vacío fulgurante.

Gatomon, lo lamento.


Porque no son seres vivos realmente, sus memorias son suficientes como precio.

¿Vivos?

Los seres a quienes denominan compañeros son creaciones humanas y como tales, no están vivas como ustedes. De lo contrario, sólo la lógica sempiterna de lo existente sería suficiente.


Nota. En algún momento de mi existencia continuaría esto, y el momento llegó. El título corresponde a un extracto de "I will go to you like the first snow" de Ailee, siguiendo la tradición de nombrar los capítulos con letras. Gracias a MissLouder que dejó un review a otro de mis trabajos (continuaré también ese pronto).