¡Hola! Sólo tengo que agradecer vuestros amables comentarios. ¡No me esperaba recibir tantos! En fin, muchísimas gracias.

Fandom: Bleach

Pareja: Ichigo/Rukia

Tema: #14 - Ego

Número de palabras: 517

Resumen: "Rukia no es ni será coqueta. Pero todos podemos tener nuestros arrebatos de vanidad. ¿O no?"

Género: Romance/¿Humor?

"Ego"

Mientras se abrochaba uno a uno los botones de la camisa del uniforme miró a Rukia de reojo. Ésta llevaba contemplando el reflejo de su figura proyectado en el espejo desde hacía ya media hora. Ichigo se sentó en la cama para observar más atentamente su extraña conducta.

Para ella, al contrario que la mayoría de las chicas de su clase, el aspecto físico era un tema que no le quitaba el sueño. No se maquillaba, no se esforzaba por conjuntar la ropa y tampoco acostumbraba en reparar en su peinado. Incluso solía tardar la mitad de tiempo que él en arreglarse para el instituto, y lo más curioso era que siempre tenía esa cuidada apariencia.

Sin embargo aquella mañana todo era diferente. Aunque intentase ocultarlo la morena parecía estar preocupada por el estado de su pelo y figura. No dejaba de dar vueltas alrededor de sí misma y de poner muecas de desagrado.

– Oye, ¿qué te pasa? – preguntó el estudiante intentado sonar algo menos malhumorado que de costumbre, a la par que se levantaba y empezaba a caminar en su dirección.

– Nada – contestó con un gruñido, mientras atusaba su falda de tablas.

– Si no ocurre nada, vamos. No quiero encontrarme con mi padre en la cocina – dijo tirándole de uno de sus delgados brazos.

– ¡Espera un segundo! – protestó insistentemente. Acto seguido hizo un inútil intento de zafarse de su fuerte agarre.

– No tenemos todo el día, llegaremos tarde al instituto – replicó, algo cansado por aquella estúpida discusión.

– Aún queda un cuarto de hora, vamos bien de tiempo. Además, tengo que cepillarme el pel… – quiso decir, mas fue interrumpida por un Ichigo que se había salido totalmente de sus casillas.

– ¡Que no! A ver si se te mete en la cabeza de una jodida vez que así estás bien. Hala, ¿se encuentra contenta ya la señorita? – ironizó, aparentemente enfadado, aunque en el fondo estuviese avergonzado por lo que acababa de decir. Él no era del tipo de personas que elogiaban a los demás, pero la situación le había obligado a hacer de tripas corazón. Y, para qué engañarnos, había mostrado lo que pensaba. No estaba dispuesto a que Rukia se convirtiese en una de esas desagradables personas que sólo se preocupaban por su apariencia. No era de esas, y aquello era algo que Ichigo sabía de sobra.

– Sí, lo estoy – respondió, burlona –. Vamos.

Entonces dejó todos los peines, cremas y demás potingues en la mesilla de noche más próxima a la cama del joven. Después, con una mueca alegre que incluso él pudo intuir, salió de la habitación.

El muchacho miró con el ceño fruncido la expresión altiva que se había dibujado en el rostro de su amiga.

– Maldita enana vanidosa… – murmuró para sí, sin poder evitar que una disimulada sonrisa se posesionara de sus labios. Al fin y al cabo cualquier persona necesitaba que ,al menos de vez en cuando, su ego estuviese bien alto…

… y Rukia, por muy Shinigami que fuera, no era una excepción.