Notas: Scott: Escocia; Eylan: Gales; Kevin y Dylan: Irlanda del Norte e Irlanda del Sur. 'Iggy' en este fic es un dulce conejito

Suena: Una mezcla extraña de 'M.I.A' de Avenged Sevenfold y 'Long Tall Sally' de Little Richard


¿Qué diablos pasaba por mi cabeza?

Los días pasaban a un paso inexorablemente lento y casi exasperante, mientras en mi cabeza se repetía una y otra vez la escena que había protagonizado bajo la lluvia en compañía de Jones, donde había accedido de una vez por todas a tener una salida con él ¡Una maldita cita! No me hacía a la idea, y trate de no pensar demasiado en ello, pero era imposible que no circulara por mi cerebro a cada segundo y, aún más cuando Francis y las chicas se enteraron, ¿¡Por que tenía que abrir la boca y comentarlo!? Los tres, con ojos brillantes, no hacían más que especular y cavilar sobre donde iríamos, lo que haríamos y con que me sorprendería Alfred. Y a empezar a preguntar con ojos inquisitivos si el norteamericano había conseguido su objetivo de seducirme o encandilarme ¿No podían simplemente, dejar en paz aquel vergonzoso tema?

¡Estaban haciendo una montaña de un estúpido e insignificante grano de arena! Aquello era solo una cita para quitarle las ideas raras de una vez por todas a Alfred…

Solo para quitarle las ideas de la cabeza ¡Nada más!

"Nº7 Odio la sencillez con la cual me desarmas"

Va-vaya Alice… — La voz de Alfred fue haciéndose cada vez mas opaca mientras me miraba en cuanto hice mi aparición en el parque que él me había indicado el día anterior, saludándolo con un seco movimiento de cabeza. El muchacho me escrutaba minuciosamente, y pude notar como sus mejillas se coloreaban ligeramente — Te ve-ves diferente…

Pare en seco delante de él y lo mire fijamente durante unos segundos, mordiéndome la lengua y sintiendo ganas de desaparecer en aquel mismo instante. Claro que estaba diferente, me decía a mi misma mientras repasaba mentalmente mi vestuario para aquella… 'salida' –me negaba a llamarlo cita, aun que las muchachas insistieran de manera aplastante en aquel escandaloso termino. Pase una mano nerviosa por mi pelo suelto, algo extraño para empezar, mirándolo por encima de las gafas de montura roja con ojos duros y algo afilados ¡Demonios, me temblaban las rodillas! — ¿Es lo mejor que puedes decir, Jones? ¿Tan mal me veo? Tsk… — Carraspeé, ácida, mientras me cruzaba de brazos, sin apartar la vista ¡No era como si me importara lo que pensara aquel troglodita amante del football de mi aspecto o la forma en la que me había vestido! Si me había arreglado, estrenado aquel vestido azul y cambiado de peinado para variar era porque quería tener un buen aspecto para salir de casa el fin de semana ¡Solo y exclusivamente para eso! ¡Que se pudriera el americano si no le gustaba su atuendo! ¡En el maldito infierno!

¡N-No es eso…! — Jones, siempre tan hablador, tan ocurrente, tan comunicativo… Estaba completamente cohibido, en blanco, solo con la vista clavada en mí, sin poder articular a penas sonido entendible, sonriendo de manera exagerada. Fruncí la boca aún más si se podía, decidida a que si seguía así, la salida sería muy corta… Muy, muy corta — Es que te ves muy linda con el pelo suelto. Demasiado… — Ahora me toco a mi ponerme completamente roja, lo cual acentúo su sonrisa infantiloide ¿¡Como podía aquel yanqui idiota decir cosas tan a ligera allí, en medio de la calle, así…!?

Estupideces, Jones — Traté de recuperarme rápidamente de aquel golpe que me había asestado, carraspeando de nuevo y negando con la cabeza, acercándome un poco más a su persona — Es solo otro peinado, me veo como siempre. No digas tonterías — Mi voz tenía un tono autoritario de que dejara aquel tema, pero siempre olvidaba lo cabezón y corto de miras que era aquel grandote de ojos azul cielo, que ahora brillaban como zafiros.

¡No son tonterías, de veras te ves diferente! Muy… No, más… ¡No se definirlo, Alice, pero me gusta! — Aclaró, cerrando sus orbes destellantes y soltando una risilla infantil por lo bajo que, muy a mi pesar, se me antojo adorable. Tsk… Alfred comenzó a caminar en dirección hacia mí, señalando el camino que debíamos seguir hacia dios sabía donde ¿A dónde iba a llevarme aquel atolondrado devorador de hamburguesas…? Aquella zona solo la conocía de oídas, así que no tenía ni idea que nos deparaba la salida — Po-por cierto, cogí esto para ti —Alzó de repente la mano que trataba de ocultar todo aquel lapso de tiempo, mostrándome una flor de colores llamativos, brillantes, ofreciéndomela con gesto casi asustado ¿Por qué? No era el primer regalo que me hacía ni el más bochornoso, me recordé a mi misma rememorando aquella fatídica serenata que me había dedicado semanas antes junto a sus amigos y a la pegadiza sintonía de "Singing oah, I love you moah" que se podía escuchar por los pasillos desde aquel día. La gente no iba a olvidarse de lo sucedido en ese patio jamás…

Suspiré exasperadamente, agarrando la flor y mirándola, tratando de parecer indiferente ante el presente inesperado — No debes arrancar flores, Alfred ¿Qué tienes, 13 años? Compórtate — Reproche enseguida, quizás con demasiado tono materno, alzando la cabeza para mirar al chico, varios centímetros más alto que yo, a los ojos, clavando mi mirada en la suya — No estas en edad de ir haciendo esto — Alce las cejas, pero apreté la flor en la mano. No iba a decírselo, pero era preciosa y además, como comprobé segundos mas tarde, olía particularmente bien. No me parecía correcto que hiciera aquella clase de cosas, ¡Arrancar flores de lugares públicos estaba prohibido! Pero… — Pero gracias, supongo… — Susurré de golpe, esta vez sin mirarlo, continuando con el paso rápido e, inusualmente silencioso. El muchacho estaba extrañamente sonrojado, con las manos en los bolsillos de sus jeans oscuros y vigilándome con el rabillo del ojo, lo cual me hizo soltar un suspiro, rodando los ojos de tal forma que acabé poniéndolos en blanco — ¿Qué pasa?

Nada — Canturreo, de un estado de humor casi envidiable, comenzando a adentrarse por los caminos de piedras que nos ofrecía dicho parque, en dirección a sus profundidades — Es solo una cosa que dijiste hace un momento, que me ha hecho infinitamente feliz — Le dedique una larga y desconcertante mirada, sin entender ni una sola de sus palabras ¿Qué había dicho yo para que aquel patán sonriera con aquel nivel de felicidad? Ante mi interrogante gesto, él largo una risotada de las suyas, característica. Alta y casi molesta, aumentando mi ceño fruncido — Es la primera vez desde que me acerque a ti que me has llamado "Alfred"

Continúe con el paso mientras que él seguía riendo escandalosamente y llamando la atención de la gente que caminaba a nuestro alrededor, pero no me percaté casi de ello. Solamente podía seguir con mi vista fija en el, sintiendo como la respiración acelerarse a cada paso dado por ese 'pequeño' detalle en el cual yo no percaté demasiado, y que para el gordo yanqui parecía ser lo mejor del mundo…

¿Cómo lo hacía para que cualquier cosa que hiciera yo, pareciera tan única, tan extraordinaria? ¿Qué cualquier sencillez se convirtiera en excepcional así, de repente?

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"Nº8 Odio el calor delicioso de tus manos"

La risa ensordecedora del muchacho americano y mis suspiros exasperados no desentonaban tanto juntos como me había parecido anteriormente. Sobretodo cuando era capaz de responderle ácidamente y entonces poder dibujar una de mis sonrisas socarronas y triunfantes, disfrutando de las pucheros infantiles que el contrario esbozaba en sus labios rosáceos, lloriqueando de forma falsa para luego reír una vez más, como siempre. No sé estaba tan mal…

¡Mierda Alice, no debería ser tan agradable! Me reprochaba a mi misma mientras aferraba mis piernas con fuerza, observando al charlatán yanqui hablar sobre lo que podríamos hacer aquella tarde, después de disfrutar del parque. Bufé de medio lado cuando menciono cierto restaurante de comida rápida, pero pareció saber captar bien la idea de que no era de mi agrado ¡Dios, había algo mas que serrín dentro de ese enorme globo que tenía sobre los hombros!

Nada de comida basura — Exclamé casi de forma inquisitiva y él afirmó, como un niño bueno que ha entendido una orden directa y clara de un superior y, sin darme apenas cuenta, me descubrí a mi misma sonriendo ante aquella reacción por su parte, aun que trate de desviar la cara para que Jones no se percatara del asunto ¡No sonrías!

Después de aquello comenzó a preguntarme sobre mis gustos mientras jugaba distraídamente con el cordón de sus gastadas converse, mirándome a cada instante con una sonrisa idiota y feliz en los labios al escuchar hablar de mis colores favoritos, mi discos, la música que adoraba, mis pasatiempos, comenzando a compararlos con los suyos. Rock y metal, música clásica contra música country. Notas agudas, martilleantes e incesantes contra notas más bien suaves y relajantes… ¡Cara y cruz en algunos momentos! Nos dimos cuenta que compartíamos un gusto similar por algunas bandas como los Beatles, lo que inicio una risotada por parte de ambos, yo disimuladamente y el abierto, tumbándose en la hierva y mirándome desde abajo, dulce ¡Mierda, su mirada era demasiado…!

Sintiéndome arder, deje de observarlo, centrándome en mis dedos sobre el vestido azul ¡Alice, relájate! Pero casi se me nublo la vista, perdiendo la conciencia de mis pensamientos cuando de repente note algo similar a un dedo avanzar por mi espalda, juguetón, mientras la voz de Alfred preguntaba si estaba bien, ante lo que yo, con rapidez, me moví, para detener el contacto entre ambos cuerpos — Estoy bien… — Mi voz, un simple susurro, valieron para que soltaras una risa de alivio, pero mis mejillas no cesaban en su papel de dejarme en evidencia, sobretodo cuando mi mente se alió al recordarme una y otra vez la sensación que había causado tu tacto en mi espalda, aun que fuera por encima de la ropa ¡Nunca, a pesar de lo que nos veíamos diariamente, nos habíamos tocado! ¡Su piel era…! Tsk…

Allí, sentada en la hierba junto al torpe jugador de football y tratando de ser lógica y mantenerme calmada y serena, me di cuenta de que el muchacho tenía las manos más cálidas y dulces que jamás me habían rozado ¡Y eso era demasiado molesto!

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"Nº9 Odio tu olor que me hace vibrar cuando estas muy cerca de mi, calmándome los males"

¡Mira, ese sitio no se ve tan mal! — Casi quise golpear la cabeza hueca de aquel idiota cuando todos y cada uno de los transeúntes que circulaban cerca de nosotros se giraron, para observarlo y, evidentemente, mirarnos a ambos ¡Maldita sea, aquella sirena que tenia por garganta era irritante e hiriente!

¡No chilles, Jones! Demonios, estas hablando conmigo, ¡No con toda la maldita ciudad! — Espeté con una dureza casi hiriente y ojos hirientes, asentando en sus costillas un pequeño codazo para tratar de recuperar la compostura en plena calle. Desde que habíamos abandonado el parque y nos aventurábamos por las calles, buscando algún local donde entrar, Alfred estaba con una euforia casi preocupante en el cuerpo. Lo cual me ponía más y más nerviosa — Tranquilízate, ¿si, idiota? Vamos, el sitio esta bastante bien… — Reconocí. Un local tranquilo, del cual procedía una música suave y casi agradable ¡Si era demasiado tranquilo nos tirarían del mismo por los chillidos de mi ruidoso e irritante acompañante! — Comportarte como es debido, aun que sea solo un rato…

¡Si! — El tono de su voz no decaía ni un ápice y negué con la cabeza, rindiéndome un poco, sabiendo que más que por molestar, el joven lo hacía casi sin pensar. Era un habito molesto e irritante, pero no podía evitarlo aun que quisiera… Al llegar a la puerta, el ojiazul se apresuro, tomando el mango de la puerta y abriéndola, con una actitud servicial y caballerosa que me desarmo durante unos segundos ¿Y aquello?

Tras una tos, lo mire de arriba abajo, con ojos analíticos y casi fanfarrones — ¿Qué pasa, ahora además de un héroe, eres un caballero? — El cinismo de mi tono era palpable, pero este solo sonrío, agitando la cabeza en un gesto claramente afirmativo. Bufe, divertida, entrecerrando los ojos — Los héroes no chillan como locos en la calle. Y que ni decir los caballeros, tendrías que mirar en probarlo, Alfred… — Solté una de mis risas victoriosas mientras este solamente podía sonrojarse y sonreírme, como siempre. Pase por su lado, dirigiéndome hacia la puerta que mantenía abierta para mi, regalándole un pequeño vistazo ¿Debería agradecerle aquel gesto? Había sido agradable, después de todo — Thanks… — Sonrosada, abrí la boca para hacerlo, cuando de repente todo se esfumo de mi cerebro al cruzar el umbral de la puerta y vislumbrar el interior. O más bien QUIEN había en el interior

No. No. No, no y no. No podía ser posible que aquella cabellera de un tono rojo fuego, salvaje, estuviera allí, dentro del local donde íbamos a entrar Jones y yo… ¡No! ¿Qué… Qué hacia él allí? ¿¡No debía estar en un bar bebiendo whisky hasta vomitar su estropeado y maloliente hígado!? — ¿¡'Lili'!? — No, me había visto ¡Mierda, mierda! El plan de desaparecer, fingiendo cualquier escusa no era factible. Con él no… ¡Maldito bastardo pelirrojo! Rápida y con el corazón en un puño, tragué saliva, intentando pensar la mejor manera de desaparecer de allí…

— Espera fuera, ¡No entres! — Pedí casi mascullando y sin vocalizar demasiado, cerrando la puerta tras de mí pero no del todo, dejando fuera del local a un confuso y aturdido americano ¡Su cara en aquel momento era de autentico desconcierto! Pero… Scott no podía ver al muchacho de cabellos rubios, ya que si no, no habría manera de que los dejara en paz ni aquella tarde ni nunca ¡Mierda de hermanos mayores…! Este se acerco a mí, con su sonrisa superior tatuada en la boca y las cejas alzadas, entre sorpresa y diversión por aquel encuentro fortuito. Suerte que Alfred no había entrado antes que yo…

¡Pero 'Lili'! ¿Qué haces aquí?— ¿Qué mierdas hacia allí el capullo de mi hermano mayor? Sentía cada poro de la piel chillar mientras ardía de la cabeza a los pies al tiempo que enfrentaba su mirada verde y brillante, tan parecida a la mía propia. Arrugue la boca, claramente molesta por su presencia y por aquel apodo con el que le gustaba llamarme solo para fastidiarme y sacarme de quicio, al igual que el resto de los imbéciles que vivian en mi casa y se llamaban mis hermanos ¡Idiotas todos…!

No me llames así, Scott…

¿Tu no deberías estar en una biblioteca o algo así, pequeña sabelotodo? — Ignoro mi petición, para variar, mientras que mis ojos se desviaban discretamente hasta la puerta entreabierta a mis espaldas, la cual ocultaba a Alfred ¿Y si el capullo de mi hermano salía y se topaba con sus ojos azules? Pobre e ingenuo idiota, no sabia de lo que lo estaba librando ¡Pero estas en un bar! ¡Y sola! Saliste de casa tan arregladita que todos pensaban que tendrías una cita… ¡Aun que ya le dije al estúpido de Kevin que era imposible que tú tuvieras algo así! — Comenzó a reír mientras, desafiante, me pasaba un brazo por los hombros, chasqueando la lengua — ¿Una cita doña perfecta? ¡Imposible! ¿O si? ¿Tienes un novio y no nos lo presentaste? ¡Muy mal, hermanita!

Vete al demonio, Scott, ¡No tengo que explicarte ni decirte nada! Déjame en paz… — Trate de relajarme, de no alterarme. Pero sabía que aquel elemento era capaz de eso y mucho más, aquel demonio de cabellos rojizos sabía como exasperarme de forma increíblemente rápida y con una exactitud casi matemática. Era verlo y hablar con el más de dos segundos y estallar como una fiera ¡Era una señorita, no debía ponerme a blasfemar en un sitio público! Ya le partiría la cara en la intimidad de nuestro hogar… — No te importa lo que vaya a hacer…

¿Cómo que no? Mi hermana pequeña acaba de entrar sola a un local lleno de hombres vestida como una chica, ¡Me preocupo como buen hermano mayor que soy! — Su risa final dejaba claro que lo único que quería hacer esa olisquear y enterarse de la razón de que estuviera allí, pero sin razones protectoras, las que tendría que tener un puñetero hermano decente ¡Tsk…! — Ya sé, ¡tienes una cita con ese tipo que te regalo ese feo peluche que tienes sobre la cama! ¿No es cierto? — Me apunto con el dedo, con esa sonrisa brillante, maliciosa y sarcástica en los labios, lo cual me hizo palidecer un momento ¡No, no, no! ¡No podía sacar el tema de 'Alfie'! ¿Y si el yanqui lo escuchaba y se enteraba de que había pasado de un rincón de la habitación hasta el encima del somier? — ¿Tan feo es que lo escondes, 'Lili'?

¡Si, he quedado, Scott, pero no te importa! 'Get out, bloody wanker'! — Me mordí la lengua con fuerza hasta tal punto que empezó a dolerme de una forma inimaginable ¡Si seguía así, empezaría a despotricar contra él y contra todo! ¡Y Jones estaba a pocos metros, y aun que él no me importaba en absoluto, no quería volverme una salvaje con el tan cerca!

¡Claro que no me importa! Pero solo quería saber de donde sacaste a un chico sordo y ciego. ¡Por que si no, no me explico como aguantan tu cara de amargada y tu mala lengua! — Otra risa más escapando cruelmente de los labios de mi querido hermano mayor… ¿¡Tan difícil era pedir ser hija única!? Le escupí un 'No te importa lo que yo haga' mordiéndome los labios con rabia… — ¡Pobre infeliz! Sería mejor que le dijeras que lo que usas como pecho es relleno, y que en el fondo eres un hombre, 'Lily'Ya venia otra vez con diminutivo, su referencia a mi mal genio y a su siempre comentada teoría en que yo en realidad era un chico como el resto de mis cuatro hermanos… ¡Idiota, imbécil!

Tú, idiota… ¡Dios, lárgate, Scott! — Sentía como todo mi cuerpo vibraba por dentro de rabia contenida, y era tal que podía sentir como los ojos comenzaban lentamente a nublarse ¡No iba a llorar delante de mi estúpido hermano! — ¡Siempre jodiendo, no sabes hacer otra cosa! — Espeté, llena de rabia homicida pero aún así, conteniendo mis impulsos de estrangularlo — ¿Sabes? Me largo, bastante tengo con aguantar tu cara de imbécil en casa ¡Adiós! — Y sin más, abrí la puerta, girándome sobre mis talones y esfumándome de la habitación tenuemente iluminada, saliendo a la calle, con la respiración agitada y preocupantemente rápida ¡God! ¿Alguna vez aquel idiota iba a dejar de joder de aquella forma? No me importaban alguno de sus tratos, pero… Tsk! Al menos sabía que después de aquello, Scott no saldría a buscarme a la calle. Se había mofado bastante allí dentro, tenia suficiente para disfrutarlo él solo hasta que volvieran a encontrarse por los pasillos de la casa… — ¿Alfred? — Mascullé en voz baja cuando abrí mis orbes esmeraldas, tras haberlas cerrado violentamente para relajarme.

El muchacho estaba apoyado en la pared, con las mejillas completamente rojas y regalándome una de sus miradas avergonzadas, dándome a entender que había escuchado, si no toda la conversación, una buena parte de ella ¡Maldito Scott! — ¡Mierda, lo oíste todo! ¿Verdad? Tsk... — Me quejé, aún más rabiosa, comenzando a caminar en dirección a dios sabia donde. Solo quería alejarme de aquella puerta, y de la posibilidad de volver a encontrarme con aquel ser que mi madre me aseguraba ser de mi misma sangre aun que yo lo dudara con todas mis ansias — Será mejor que me vaya a mi casa…

Jones, que lo único que había hecho desde el momento en que salí del bar fue mirarme, sonrojarse ante cada gesto que hacía y seguirme sin abrir la boca me agarro de la muñeca con delicadeza, pero firme, obligándome a parar ¿Por qué? — Espera… ¡N-no! ¡No pasa nada, Alice! ¡No tienes porque irte! A penas escuché, y…

Azorada, y sintiendo la muñeca arder, puse los ojos en blanco, con una mueca de exasperación dibujada en el rostro — Es que ya no estoy de humor, Alfred…

¡Pues déjame llevarte a un lugar animado! ¡Vamos, no puedes volver a casa con ese mal humor! — Volvió a sonreír de forma casi dolorosa, obligándome a poner una mueca de duda. Una parte de mi quería decir que se largaba, y otra… Negué, casi rendida 'C'mon', sé un sitio donde podemos divertirnos ¡Vamos! — Su mirada, similar a la de un cachorro termino convenciéndome, asintiendo ante su insistente petición con un leve movimiento de cabeza. Scott había aparecido, ¿Qué más malo podía pasar? Casi de una manera que no supe anticipar, el joven americano se acercó a mi cuerpo y lo envolvió con sus brazos, acercándome a él. Enmudecí, abriendo los ojos ante el sorpresivo abrazo y casi mareándome cuando un extraño y dulce olor me golpeo en la cara ¿Una mezcla entre vainilla, café y azúcar? No entendía muy bien aquella extraña mezcla que emanaba de Alfred, pero enrojecí cuando me sorprendí a mi misma inhalando aquel aroma, cerrando los ojos y embriagándome con él. Era relajante…

Tan pronto como se había acercado, se alejo, guiñándome uno de sus brillantes orbes — ¿Mejor? ¡Vamos, sígueme! — Y sin pedir tan siquiera permiso tiro de mi cuerpo, con una de sus manos sobre otra de las mías ¿Y aquellas confianzas? ¿Por qué? ¿Y por que no era capaz de decirle tajantemente que me soltara o que quien se creía para abrazarme? ¿Por qué me había sentido tan cómoda? Tsk… ¡No tenía sentido alguno sentirme como se sentía…!

— Así que tienes a 'Alfie' sobre la cama, ¿no? Su tono divertido me saco de mis pensamientos, haciéndome enrojecer, ¡Claro que lo había escuchado todo! ¡Maldita sea! Aun que agradecía de cierta manera que sacara aquello a relucir y no lo de 'tener relleno en vez de pechos'

— ¡E-Eres un idiota, Alfred! ¡Solo te quedas con lo que te interesa de las conversaciones ajenas! — Me queje con un mohín, pero sin detener mi marcha, sintiendome descubierta en algo estupido pero vergonzoso ¡Maldito Scott!

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"Nº10 Odio no poder evitar que todo mi ser se paralice cada vez que te veo aparecer…

No tenía que haber accedido a continuar con la cita, ¡Aquello era ridículo, completamente ridículo! Aún no entendía como con un simple abrazo había conseguido callarme y traerme arrastrando hacia el lugar mas absurdo del mundo… ¿Qué muchacho adulto que se respetara llevaría a su 'cita' a un centro recreativo? El ambiente estaba cargado de risas infantiles, lucecitas, sonidos varios… ¡Seguro que la mente de Alfred tenía que ser así, llena de rayos epilépticos parpadeantes y risas estúpidas llenando ese espacio donde debería estar el cerebro!

¿Ves? ¡Este sitio es fantástico! — Tu voz en este lugar no desentonaba tanto como en la calle, pero igualmente, era fastidiosa. Bufe muy alto, rodando los ojos y cruzada de brazos, tratando de mostrar mi malestar.

Hay miles de sitios mejores que este, ¡Idiota! ¿Qué se supone que vamos a hacer aquí? — Mis cejas alzadas y escépticas parecieron hacer dudar un momento al muchacho, que sonrío efusivo tras unos segundos para chillar un "Jugar" que me enmudeció ¿Qué teníamos, ocho años? — Alfred, esto es ridículo…

¡Ya veras, después de esto te habrás olvidado de tu mal humor! ¡Esto distrae muchísimo, hazme caso! — ¿Qué le hiciera caso? Golpearle era de lo que tenía muchísimas ganas, pero me las guarde para mí. Y en vez de eso le seguí con los ojos enfadados a cada y una de las maquinas que el yanqui quiso que probara. Primero con mal humor, luego curiosa. Dado que para los mandos resulté ser un poco torpe, él se ofreció a ayudarme y al cabo de una media hora me encontré chillando porque era incapaz de matar a un estúpido monstruo en la pantalla del videojuego mientras Jones reía escandalosamente detrás de mí.

¡No te rías! ¡No es mi culpa, este juego es ridículo! ¡Lo es!

¡El problema es que eres horrible jugando, Alice1 ¡No sirves para esto! — Se burlo sin maldad el contrario, picándome una mejilla con el dedo, pero al contrario de lo que habría pasado en una situación normal no me sonroje si no que sonreí de medio lado, desafiante y saque la lengua, dispuesta a hacerlo callar.

¡No soy horrible! ¡Es esta cosa, idiota! ¡Ya veras como…! — Y de nuevo enfrascado en otra partida ¡Aquello, aun que de niños, entretenía de cierta manera! Aun que lo único que hiciera fuera perder pantalla tras pantalla ante las risas del experto que tenia al lado… Rabiosa, competitiva y con las cejas alzadas en tono altanero, comencé a buscar algo en lo cual ganar a aquel gordo americano, dándome cuenta mucho más tarde que prácticamente nos habíamos recorrido el local — Vaya… — Susurré cuando, al darme cuenta de la hora, tuve que darle la razón a Alfred: allí las horas pasaban mas rápidas y distraía de lo lindo ¡Si seguía mucho tiempo allí, me atontaría! Quise girarme para preguntarle a mi acompañante cuando tiempo seguiríamos jugando con aquellas maquinas tan ridículas y entretenidas, pero algo había sucedido: Alfred no estaba allí, conmigo.

¿Alfred? — Susurré, alejándome un momento de la maquina, tratando de lucir un gesto de enfado, pero realmente me asuste en décimas de segundo ¿Cuándo se había marchado? ¿Por qué se había marchado? Yo… Yo… Negué con la cabeza mientras me encogía, sintiéndome fuera de lugar y deseando salir corriendo de aquel sitio y maldecir en voz alta al yanqui estúpido que la había llevado allí ¿¡Dónde estaba!? — ¿Dónde estas, pedazo de idiota? — Masculle mientras apretaba los dientes, no queriendo reconocer lo nerviosa que me ponía aquella situación… Alfred se largo, dejándome allí sola, ¿Por qué? Quizás se había pensado todo… Mucho mejor. Y sé había dado cuenta de que, como había dicho Scotty, no valía la pena. Tal vez…

¡Alice! ¿Terminaste de jugar? — Una voz resonó enfrenté de mi persona y alce la cabeza, con la boca partida en una mueca de amargura. Alfred corría hacia mí con un objeto blanco en la mano, sonriente y risueño ¿De donde salía? Nada más llegar a mi lado lo empuje con resentimiento, cruzándome de brazos y desviando la vista, evitando ahogarme ante el alivio y el temblor que me recorrió de arriba a bajo al volver a verlo ¡Era como un calambre que me sacudía por completo, llenándome de un extraño alivio! — ¡Eh! ¿Qué pasa, has perdido y ya te enfadaste? ¡Estabas tan concentrada jugando, que quise traerte una sorpresa para cuando terminaras! — Blandió aquella masa de pelos blancos delante de mi, juguetonamente e ignorando mi mirada asesina, la cual trato de enfocar lo que me mostraba, básicamente para no acabar con su vida lenta y desgarradoramente. Jones me mostraba un animal de peluche, el cual supe reconocer como un pequeño y peludo conejo blanco, de pequeños ojos negros.

— Pero… — Mi rabieta casi se disipo, mirando alternativamente el peluche y luego al muchacho, frunciendo aun mas la boca — ¿Otro peluche? — Fue lo único que dejaron salir mis labios ante mi repentino nerviosismo y mi ligero tartamudeo ¡Me sentía tan ridículamente nerviosa!

¡Si, lo he visto de lejos y pensé que sería una buena compañía en la cama para 'Alfie'! ¿No crees? Sus palabras, una tras otra, borraban toda la amargura y la rabia que habia sentido hacia unos instantes, transformándola en algo que me ahogaba, me llenaba, me hacia temblar pero de una inexplicable felicidad. Temblorosa, alce la mano, asintiendo y agarrando el peluche entre mis manos. No sabía que decir en aquel momento, y mi rostro habló por mi, mostrando mis mejillas teñidas de rojo — Lo volveré a repetir, te ves adorable cuando te sonrojas… — Su tono era inusualmente bajo, suave, al mismo tiempo que una de sus manos se atrevían, temblorosas, a rozar uno de los cachetes de mi cara, deslizando las yemas por él, como si yo estuviera hecha de porcelana.

Yo, tratando de no soltar un suspiro demasiado revelador, me gire, nerviosa — ¡Te-tengo hambre! — Declaré, sin mucho convencimiento, pero buscando de alguna manera volver a tener el control ¡Empezaba a descontrolarme con sus acciones…!

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"Nº 11 Odio que, a pesar que odie todo lo que hagas, no puedo odiarte realmente, ni un ápice tan siquiera"

Vale, tenia que reconocer que aquello no estaba del todo mal, la salida estaba resultando incluso agradable. Extraña, pero agradable, a pesar del tinto amargo con el que la había cubierto mi hermanito mayor durante unos minutos. Estar allí, a la salida de los recreativos, con el nuevo amigo de peluche entre las manos y comiendo unos perritos con Alfred no estaba nada mal… ¡No era mi comida favorita, pero…!

— ¿Ves? Salir conmigo no es tan terrible… — Bisbiseo Jones con diversión en la voz, como adivinando mis pensamientos en aquel instante, dejándome sin habla unos segundos, obligándome a encogerme de hombros ¡No, no lo era, pero no lo confesaría!

— Supongo que no… — Resté importancia, mordisqueando aquel trozo de pan con toda la elegancia que me era posible, aun que al lado del jugador de football cualquiera parecería un completo caballero o una dama… ¡Que manera de comer y mancharse! — Ha sido… Bueno. No ha estado mal… — Suspiré, alzando una mano y limpiando restos de mostaza de la comisura de los labios ajenos, notando un cosquilleo en la punta de los dedos al realizar la acción y parando a los pocos segundos. Su notoria sonrisa solo me obligo a soltar un segundo jadeo, obligándome a apartar la vista — Alfred, ¿Por qué te gusto? — Aquella pregunta borro su sonrisa, volviendo el ambiente algo gelido ante mi interrogante… ¡Pero…! — Es que… ¡da igual que digas que te gusto porque te gusto! No comprendo como a alguien como tú puedo gustarle, ¡Somos completamente opuestos! Y…

— Bueno, quizás me gustas por eso, ¡Quizás sea una de las razones! —

El norteamericano regreso a su tarea de devorar el perrito, pero con un gesto de concentración casi admirable en él — Me gustas por tu personalidad, me parece interesante. Eres la chica más interesante y complicada que he conocido nunca, y creo que por eso me gustas. Además, dices que somos opuestos ¿Y eso que tiene que ver? Aun que tengamos gustos diferentes, podemos aficionarnos a los de los demás — Su mirada me taladraba y simplemente podía escucharle, retorciendo las orejas del pobre 'Iggy' — Has estado toda la tarde en un salón recreativo y te lo has pasado bien, ¿Y si yo fuera contigo a hacer algo que te guste, y acabo disfrutando? ¡No es tan raro, ni extraño!

N-no lo sé… ¡De verdad que no lo sé! — Mi voz temblaba al sentirme de repente derrocada en aquella conversación ¡Sabia que en el fondo, muy en el fondo, aquel muchacho tenia cierta razon! Aborrecía las maquinas de videojuegos, pero aquellas horas en ese sitio… No habían sido tan horribles — Solo que no entiendo como puedo gustarte ¡Ya escuchaste lo que dijo mi hermano! Soy horrible, malhumorada… ¡No lo entiendo!

El gesto negativo que me dedico con la cabeza me hizo callar, esperando a que tragara los restos de perrito que tenia en la boca — Sé como eres ¡He pasado muchas horas detrás de ti! Y algo me dice que aun no lo sé todo. Pero si que sé como me haces sentir, y sé que por mucho que descubra… No cambiara — Se mordio los labios de una forma tan inocente y dulce que me olvide de recordarme a mi misma que debía de respirar — Lo que me haces sentir cuando estoy contigo no va a cambiar, aun que pases todo el día de mal humor o gritando — Aseguró con gesto sereno, confiado. Seguro de sus propias palabras y de la validez de las mismas ¿De veras, estaba seguro? Yo… No sabia que pensar…

—Esta bien… Te creo… — Asentí ligeramente, dedicándole una pequeña sonrisa que el se tomo como la mayor de las declaraciones, ya que me la devolvió multiplicada por mil, destruyéndome por dentro de una forma lenta. Aquella sonrisa y ese gesto deberían estar prohibidos en publico — Acompáñame a casa… — Pedí en un susurro, avergonzada comenzando a caminar en la dirección a la misma, buscando relajarme y poner mi interior en orden para cuando volviera a entrar por la puerta de casa. Pero no había contado con la traviesa mano de Alfred agarrando la mía con picarda, enlazándose tímida pero decidida entre mis dedos y destruyendo todo orden, lógica o sentido de la realidad. Me mareaba de repente…

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"Nº 12 Y odio, odio, y odio que robes mi corazón con cada estúpida sonrisa"

¡Ya estamos casi! ¿Estas cansada? ¡Lo pasamos bien! ¿Verdad? Bueno, tendrás que reconocerme que no ha sido tan horrible, ¡Te han gustado los recreativos! — Mi bufido fue poco convincente para él, que se acerco un poco más hasta que ambos brazos estaban a punto de rozarse — ¡Sé que te han gustado, he visto tu mirada de satisfacción cuando has ganado la ultima vez! ¡Confiésalo! — ¿Por qué su voz tenia que ser tan brillante, tan contagiosa, tan…?

Esta bien, Alfred ¿Si reconozco que estuvo bastante bien, te callarás y no lo mencionaras nunca más? — Su manera de asentir la cabeza me hizo tener claro que no iba a ser así, pero de todas maneras me deje llevar. Además, su parloteo era incesante, esta nervioso y alterado ¡Como un niño lleno de azúcar! — Si, no ha estado tan mal… — Afirmé, con media sonrisa en los labios y apretando el pequeño peluche que llevaba entre los brazos ¡Era tan suave…!

Además, ¡Llevas un amigo para 'Alfie'! — Canturreó, cesando de caminar cuando llegamos a la verja de mi casa, mirándome dulce y yo, simplemente, desvíe la vista ligeramente, sabiendo que me había sonrojado nuevamente — Me alegro de que te lo hayas pasado bien después de… Bueno, ¡Y-ya sabes!

Ni lo menciones, Al — Rogué casi suplicante, cerrando los ojos y aventurándome hacia el interior del pequeño jardín, en dirección a la puerta — Ha sido agradable, inexplicablemente. No ha sido tan malo salir contigo…

¿Quieres repetirlo? — Casi se precipitó a preguntarlo, siguiéndome en mi recorrido, obligándome a parar bruscamente y mirarlo con los ojos abiertos, sin saber si estar mas sorprendida por sus palabras sobre una nueva cita o porque estuviera en la puerta de mi casa ¡Como si aquello fuera una estúpida película yanqui de su país! — ¿Mañana? ¿La semana que viene? — La esperanza y la ilusión tintineaba en sus ojos, brillantes en la tenue oscuridad que se iba adueñando del ambiente ¿Qué podía decirle? Había sido verdaderamente genial estar con él en aquel lugar infantil y ruidoso…

No lo sé, Al… — Aún así me resistí, aun que su sonrisa repentina me derritió algunas defensas más, ahogándome lentamente ¿A que altura del día había pasado de avergonzarme a sentirme ahogada? ¿Cómo lo había hecho…? Su gesto no decayó, mostrándome cada y uno de sus piezas dentales, deslumbrándome como siempre. Suspiré…

Ya te dije antes de que me gustaba la astronomía, ¿no? — Sin saber a donde llevaba aquella conversación, seguí asintiendo, casi obligándome a cerrar los ojos — ¿Te gustaría venir a ver las estrellas conmigo? Conozco un sitio donde podemos ir, apartados. Y llevaría mi telescopio… ¿Qué te parece?

Sentí mis labios temblar lentamente, mientras apretaba más a mi nueva mascota entre mis brazos ¿Ir a ver las estrellas? Eso sonaba… — Pero mañana es domingo, y tendríamos que ir por la noche…

¡Regresaríamos temprano, te lo prometo! ¡Nada de llegar a las tantas de la madrugada! No muy tarde, sé que odias faltar a clase — Su reacción fue tan rápida que me sorprendió enormemente, obligándome a soltar una risa baja y nerviosa. Asentí ligeramente, sin dejar de respirar con fuerza, azorada y nerviosa ¿Y si… le era sincera?

Me encantaría ir a ver las estrellas contigo, Alfred — Confesé, buscando sus ojos, sonriendo y sintiéndome por un momento como aquellas estúpidas y ridículas chicas de las películas y comedias románticas, que sonreían estúpidamente delante del chico antes de ser besadas ¿Pero que más me daba? En aquel momento, no me importaba en lo más absoluto… El estadounidense también sonrío, animado por mis palabras, mordiéndose los labios, asintiendo. Su rostro era la viva imagen de la felicidad absoluta y no reaccione cuando vi que se acercaba a mí ¿Por qué iba a importarme? Estaba perdida de repente en sus ojos y en la felicidad que había descubierto en ellos, cuando de repente la magia se perdió

¡JA! — La puerta se abrió de un golpe abrupto, haciéndonos saltar a ambos cuando varias cabelleras de diversos y diferentes tonos se asomaron, curiosas y risueñas. ¿Qué mierdas hacían mis hermanos al completo allí? — ¿Veis? ¡Os dije que 'Lili' tenía un novio! ¡Mirarlo, es de verdad! — La voz de Kev resonaba con aires triunfales mientras que Scott silbaba un '¡Es ciego, no hay otra explicación!'. Dylan y Eyan reían como locos, señalándome a mí misma y a mi supuesto novio, ante lo que me puse de los nervios ¿¡Qué estaban haciendo allí!? ¿¡Y diciendo cosas tan innecesarias!? Al verme a punto de estallar cerraron de golpe y porrazo la puerta, la cual no amortiguo sus gritos y risas, mientras chillaban a pleno pulmón por el recibidor, y haciéndoles alcanzar a escuchar un "¡Mama, 'Lili' tiene novio!"

Lo siento, aquí son todos idiotas, como puedes ver… — Me disculpe con los ojos en blanco y una sonrisa de amargura cruzando y decorándome el rostro, sabiendo la diversión que tendrían a mi costa en cuanto cruzara aquella puerta — No les hagas mucho caso…

Son divertidos — Aclaró el estadounidense, restándole importancia. Claro, que había olvidado que él era también un idiota ¿Quizás se llevara bien con mis hermanos? — ¡No importa, de veras! — Continuó al ver que mi gesto no se relajaba tan fácilmente, acercándose un poco más y haciendo algo que me tomo completamente desprevenida en aquel momento. Sentí sus manos en las mejillas, rozándome la piel con las mejillas lentamente, y antes de que pudiera pensar, su boca se acerco a la mía, robándome el aliento.

Su aliento era caliente y dulce, al igual que su aroma que ya me tenía completamente impregnada después de aquel día. Y era eletrificante, al igual que el roce de su piel… ¡Mierda! Tenía que haberme quejado pero solo pude abrir los ojos en una sorpresa momentánea, pero dejándolo hacer y, finalmente cediendo, entrecerrando los ojos ante aquella caricia dulce y sumamente casta, que no duro mas de unos minutos. Se separo con la cara de un tono carmesí intenso, y seguramente yo estaría igual o quizás peor. Me había besado, aquel molesto, estresante, acosador y pesado jugador de football me había robado un beso… Y casi con pesar, rogaba porque lo volviera a repetir. Boqueé en busca de aire y este, tierno, siguió acariciándome con sumo cuidado ¿Por qué tenia la sensación de que Alfred cuando me tocaba era como si tocara algo sumamente delicado?

Hasta mañana… — Susurro bajo antes de dedicarme la ultima sonrisa del día, separándose, alejándose de a poco. Mordiéndose los labios y con aspecto embelesado; y de suma y suprema felicidad ¡Se veía idiota y adorable al mismo tiempo! Alzo la mano para despedirse mientras andaba con pasos bailarines, casi idénticos a los del día en que había accedido a salir con él, dejándome allí con la mano alzada a modo de despedida y una sonrisa en los labios llenas de nervios y de felicidad, con el corazón en la garganta mientras notaba como los labios me picaban paulatinamente a más. Sentía que iba a morirme de felicidad mientras abría la puerta de casa.

Enfrentarme a aquella panda de gritones ya no me parecía tan horrible, ni a la sonrisa de mi madre preguntándome por mi nuevo 'novio' Nada me parecía horrible ni terrible, dado que no podía pensar en otra cosa que no fuera en la sonrisa de aquel idiota americano que hacia que mi corazón saltara con demasiada fuerza. Maldito, estúpido, adorable, enternecedor y único Jones...

···

"Oye Alfred… ¿Sabes que odio, por encima de todo? Que en fondo me gustes tanto, más de lo que puedas llegar a imaginarte, desde hace tanto tiempo…"


¡Y aquí tienes la continuación de tu pequeño regalo, pequeña y dulce Krizz! :B ¡Espero que te guste! Tarde en subirlo hoy porque desapareci de mi casa y acabo de llegar... ¡Ay, que locura de tarde noche! Pero dije que hoy, y aun que tarde... ¡Hoy!
Y al resto que comentaron en los reviews... ¡De veras, muchas gracias ;u;! Me dan la vida comentando, y de veras se agradece (:

Quería dejar una pequeña cosita que se me paso en el anterior capitulo, y es la canción que le canta Alfred acompañado de tan extraño coro.
Es de Alexander Rybak, un artista bielorruso. Y se le conoce porque gano en 2009 Eurovision para Noruega ¡Aqui les dejo el video para que lo vean!
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¡Saludos, espero que les guste y nos leemos pronto! ¡Besos a todos!