Gracias por los comentarios!! Me he quedado sorprendida!! Me alegro que les guste.
Estrella de Kaleido Star: Gracias por comentar wapa, si, es libre, siempre he pensado que Rowling se complicaba diciendo lo de la sangre y su familia... aunque entonces no hay trama XD
JessyPotter: Pienso igual que tu, hay Univeros Alternos que están muuuy bien hechos y que, en mi caso, si no sigues leyendo, te quedas con una sensación extraña. Tal como digo, hay cosas de la saga de HP que si se cambian, por pequeñas que sean, la historia hubiera sido diferente...(Se necesitaba que Harry no tuviese amor de famila, para que le recordaran que sus padres sí que le querían...) Gracias por comentar wapa
Nemrak: Una semana he tardado, jijiji, no es muy largo, pero espero que sea de tu agrado. Intentaré actualizar cada semana, y espero que continues leyendo, que eso me anima, gracias por comentar linda.
Por cierto, sabeis como contestar los reviews, cuando te llegan al correo? Se me hace más privado y más divertido de esa forma XD.
Aclaro, para que no sea tan lioso, que Edward y Margaret, son los abuelos de Severus, pero como ellos lo cuidaron en su momento, Severus los toma como padres. Ya se sabe que muchas veces se toma como padres aquellos que te cuidan, sean tus abuelos, o el hermano...
Severus los nombra padres en la intimidad con la familia, cuando los Prince aparezcan en público, los tratara como sus abuelos.
Un año juntos
Habían pasado cinco meses des de que Severus se llevó a Harry a su casa. Ya se empezaban a ver los cambios de la nueva vida del niño, pues este se mostraba muy feliz y ya tenía el peso y la altura necesaria para su edad. El pequeño al principio se había mostrado muy reticente en no tener que hacer nada de tareas domésticas, a lo único que le habían enseñado a hacer, pero no se opuso en absoluto en tener cinco comidas diarias.
Severus le enseñó el abecedario, a leer y a escribir, tal como le dijo en su momento. Hasta que entró al colegio muggle. Harry aprendía rápido y sorprendía a Snape, quien no pensó que un niño tan pequeño lo entendiera todo.
—Severus ya acabé de leer— Harry se levantó de su asiento y fue a buscar al hombre que estaba sentado en un sillón—. Pregúntame lo que quieras.
—A ver— Severus tomó las hojas que le tendía el niño—. ¿Me haces un resumen?
—Mark es un niño que tiene muchos hermanos, y él es el mayor. Cuida de todos ellos porque sus papas no se encuentran bien y un día al ir a comprar se pierde y acaba llegando a una casa muy bonita, pero sabe que no puede entrar, así que se va. Llega dos horas después a su casa y sus padres están curados, y no sabe porque— relató sin equivocarse el niño.
—Felicidades, no has fallado en nada. Ahora tienes tiempo libre, puedes hacer lo que quieras.
—Vale— el niño se fue de la habitación, dejando sorprendido a Severus. De momento solo le daba a leer historias que él mismo se inventaba y escribía en hojas de pergamino, pues creía que un cuento era demasiado largo. Pero pronto tendría que darle cosas más largas para leer, porque todo lo acababa muy rápido. Se levantó del sillón y fue a su laboratorio.
Estuvo dos horas bien largas preparando una poción complicada, pero un ruido le distrajo cuando ya estaba dejando reposar el caldero. Al abrir la puerta vio que era el niño que le miraba indeciso.
—Harry ¿qué haces aquí? No es muy seguro que estés en esta habitación.
—Es que me aburro, ¿por qué no juegas conmigo? Nunca lo haces— el niño le seguía mirando.
—Ya te lo dije pequeño, yo no sé de juegos. Pero si quieres vamos al salón y hablamos de lo que quieras— los dos salieron de allí y se fueron a dicha habitación. Harry se sentó en el regazo de Severus, como llevaba haciendo des de que estaba en esa casa—. ¿De qué quieres hablar?
—Esto...puedo...— el niño parecía no aclararse.
—Harry, no tengo todo el día.
— ¿Por qué no puedo llamarte papa?— el niño le miraba triste, él quería llamarle padre, pues se comportaba como tal.
—Ya te lo he dicho dos veces.
—Pero no lo entiendo, tú ahora eres mi papá. Igual que el abuelo Edward y la abuela Margaret. Ellos me dejan llamarles así.
—Sí, pero el caso de ellos es diferente. Yo conocía tus padres, no puedo tomar el papel de ellos. ¿Lo entiendes?—no podía dejar que le llamase padre, no cuando sus padre le querían mucho.
—Sí, pero tú no los remplazas, eres uno nuevo, así, tengo tres— dijo inocentemente.
—Pequeño, ¿ya te expliqué como murieron verdad?— el toro asintió—. Ellos sacrificaron su vida para salvarte a ti y ese amor que tanto demostraban, tú lo tienes aquí— señalando su corazón—. Y aquí— cogiendo la medalla—. Ya sabes que no puedes quitarte esta medalla para nada, pues si lo haces estarás desprotegido.
— ¿Pero tú me proteges no?— preguntó más con sus ojos verdes que con sus labios.
—Sí, pero puede que en algún momento yo no pueda hacerlo.
—Pero para mí eres un papa aunque a ti no te guste— el niño saltó de los brazos de Severus y se fue corriendo al jardín.
—Harry, ven por favor— le llamó después de ir a buscarlo.
—No quiero.
—Harry, por favor ven.
—No.
—Harry, no tengo paciencia, o vienes tu o voy yo— era comportamientos como ese que el hombre no toleraba.
—Ven tu— dijo cruzando sus bracitos.
—Tú lo has querido— Severus se acercó y cogió al niño como un saco de patatas y entraron al salón—. ¿Qué es ese comportamiento? ¿A caso en todos estos meses no te he enseñado nada? Con caprichos no se consigue nada.
— Lo sé Severus— decía con la cabeza gacha, sin atreverse a mirar al adulto a los ojos.
— ¿Entonces?
—Es que me da rabia, en el colegio todos hablan de sus papas, y yo no puedo, me tienen lástima porque los míos no están, y si me preguntan por ti, no sé qué decir— explicó el niño entre lágrimas.
—Pues di que soy tu tutor.
—Los que tienen tutores son porque sus padres no los quieren, y ellos me querían.
— ¿Qué tonterías son esas? Hay gente que tiene tutores porque sus padres han muerto o no pueden cuidar de ellos.
—En clase no es así, yo lo veo.
—Esta discusión queda acabada. Prepárate para bañarte que pronto cenamos.
—Sí, Severus— el niño se fue corriendo a su cuarto, aún con lágrimas a los ojos, pues no quería ver al mayor.
Severus seguía sentado en el sillón pensando en lo que el niño había dicho. En todo ese tiempo, solo había mencionado dos veces si podía llamarlo padre, y él se había negado. A pesar que odiaba a Potter, no podía quitarle el puesto de padre, su conciencia no podría. Pero el niño seguía insistiendo, le había cogido cariño, de eso no dudaba, igual que él al niño. Se levantó para bañar al niño y al entrar al cuarto vio que el niño se lavaba solo. Igual que la otra vez, no dejaba que le ayudasen si estaba decepcionado o enfadado, y ésta vez eran las dos cosas.
— ¿Qué te pasa ahora?— preguntó con voz seria, más de lo que quería.
—Nada.
—Harry...— se relajó un poco.
—No pasa nada, ¿no puedo lavarme solo? Ya tengo cinco años, y en casa de mis tíos lo hacía solo— dijo sin mirarle a los ojos.
—Ahora ya no estás allí, vives aquí, y sé que tus baños se hacen largos de tanto que juegas.
—Esta vez no será así.
— ¿Es por lo de antes?— se agachó enfrente la bañera
—No
— ¿No entiendes que no quiero sustituir a tu padre?— preguntó tranquilamente, aunque por dentro no era lo mismo.
—Pero no lo haces, no estás sustituyendo a nadie, porque yo no me acuerdo del mío— esta vez si que lo miraba.
—Pero yo sí, y no quiero hacer eso. ¿Cómo crees que se sentiría?— preguntó de nuevo, mientras le ayudaba a lavarse el pelo.
—No creo que se sienta mal por tener otro padre, así tengo uno en el cielo y otro aquí.
— ¿Y si luego te arrepientes?— esa era una pregunta que siempre se hacía. No podría soportar que el niño no quisiera verlo luego de un tiempo, igual que en Hogwarts, aun cuando faltaba tiempo.
—No me arrepentiré, de verdad, Severus yo quiero decir al cole que tu eres mi papa, y todo lo que me has enseñado— el niño rogaba mirando con ojos brillantes al adulto, esperando que su padre no se negara.
—Está bien, tú ganas. Pero cuando seas más grande tu conocerás gente que no sabe que yo te cuido, y que piensan que tú no sabes nada de tus padres y nada de magia.
—Ya fingiré. ¡Gracias papa!— el niño saltó a abrazarlo y dejó a su nuevo padre todo mojado.
— ¡Harry! ¡Mira como me has dejado!— se quejaba, aunque internamente estaba contento y esperaba no equivocarse con el permiso que le había dado al niño.
—Pues te bañas conmigo, nunca lo hemos hecho, y como papa te toca hacerlo— Severus levantó una ceja, mirando al niño a los ojos y éste se reía feliz de nuevo.
Dos horas después Severus acostaba a su denominado nuevo hijo, que sonreía feliz, mañana tenía colegio y estaba esperando con ansias poder decir a todos sus amigos quien era y como era su papa.
No podía negarle nada a ese niño, por más que lo intentara, esas esmeraldas que tenía por ojos se le clavaban en un corazón que creía extinguido.
El día siguiente Harry cogía su mochila para irse al colegio con Elisabeth, como siempre hacía, pero esta vez se encontró a su padre esperándolo.
— ¿Papa? ¿Y nana?— preguntó curioso. Era curioso por naturaleza y sabía que a veces preguntaba de más.
—Te llevaré yo a partir de ahora.
— ¿De verdad? ¿Por qué?— una sonrisa surcó su cara.
—Te conozco tanto como para saber que vas a estar presumiendo de tener un nuevo padre. Además tengo que habar con tu maestra, para decirle que tus aptitudes van mejorando.
—Por supuesto, tú me has enseñado.
—Lo sé, venga cógeme que nos apareceremos.
—Papá— lo llamó entre sus brazos.
—Dime— sonaba muy bien como lo había llamado. El niño se había acostumbrado en tiempo récord en llamarlo así, o en realidad solo esperaba que le dejasen para hacerlo.
—Si la maestra pregunta donde vivo, ¿qué digo? La otra vez insinuó algo.
—Tengo un apartamento a diez minutos de tu colegio, pero no vivo allí porque no tengo laboratorio, además que no quiero ponerte en peligro, esta casa te protege.
— ¡Gracias!— le dio un beso en la mejilla, y se aparecieron.
Los días fueron pasando hasta ser 24 de diciembre. El niño ya había empezado las vacaciones y Severus también las suyas como maestro. Harry ya tenía el nivel necesario para su edad, incluso más, si le adelantaran al colegio unos cuantos cursos, le iría bien. Estaba pensando esa decisión que le mencionaron la maestra y el director del colegio al que iba, pues sería un desperdicio que el niño desaprovechara esa inteligencia en el curso en el que estaba. Lo que lo hacía detenerse era su edad, ¿con cinco años podría estar con chicos de diez? No podría defenderse. La última palabra la tenía su hijo y si este quería adelantar, adelantaría. Ya le preguntaría lo que quería hacer.
—Papa, venga levántate, tenemos que ir a casa de los abuelos, vamos levanta— el niño entró a la habitación de su padre y se subió a la cama, saltado en ella.
—Harry, son las siete de la mañana, no tenemos que ir allí hasta las cinco de la tarde.
—Pero tenemos que preparar las cosas, vamos va— seguía saltando.
— Vale vale, pero deja de saltar— era normal que Severus estuviese cabreado, quería dormir y no podía hacerlo, porque su hijo tenía el reloj interno acostumbrado a esa hora.
Durante ese día prepararon los baúles para ir al norte de Escocia, que eran donde vivían los que le había cuidado como su propio hijo, aunque fuese un nieto.
Eran cerca de las cinco cuando se aparecieron y ya les esperaban con una sonrisa.
—Hola niños, ¿como están?— preguntó una mujer de cabellos blancos y bien vestida, notándose la clase que tenía.
—Bien, pero abuela, aquí no hay ningún otro niño— dijo mirando a ambos lados de la casa
—Lo dice por mí, Harry, siempre me trata como un niño, aunque tenga más de veinticinco años.
—Pero tú ya eres papa, así que ya no eres un niño— le miró con confusión.
—Pero lo trato como tal querido— intervino la mujer—. Venga entrad que la merienda ya está preparada.
Todos entraron y se sentaron al salón principal, Harry, como siempre, al lado de Severus, y éste delante de sus abuelos.
—Severus, ¿no tuviste problemas con el director?— preguntó su abuelo, quien también estaba bien vestido.
—No mucho, le dije que tenía cosas que hacer, y que por supuesto no le interesaban.
—Es muy entrometido ese viejo, no se para que quieres trabajar ahí, si te puedes montar un laboratorio para investigar tu solo— decía mientras tomaba una taza de té.
—Pero de esta manera se lo que trama, además Harry irá allí— él le pasaba una taza de chocolate al niño.
— ¿Ese señor es el hombre que me dejó con mis tíos?— Severus asintió—. ¿Y tendré que ir a su colegio?
—Por desgracia sí pequeño, pero has de saber que tu padre y yo hemos estado hablando y hemos quedado en que te enseñaremos las materias mágicas, de esta manera no serás un ignorante como todos esperan.
— ¿Y cuando empiezo?— preguntó feliz el niño.
—En enero. Ahora aprovecha las vacaciones que tienes. Además tengo que decirte que tu Maestra Sue y el director Grandler hablaron conmigo.
—No he hecho nada malo— dijo a su padre.
— ¿Y porque deberías haberlo hecho? Hay veces que llaman a los padres para felicitarlos— miró extrañado a Harry.
—Eso es cada mucho tiempo— acompañó esa frase con un gesto de manos, como si mostrara la altura de alguien.
— Pues ese tiempo ya ha llegado para ti. ¿Te acuerdas que te hicieron unos exámenes hace dos semanas?
—Sí, eran muy fáciles y los acabé rápido. ¿Me equivoqué?— su voz se notó triste. No quería decepcionar su padre.
—No, los hiciste perfectamente, esos exámenes son de niños mayores que tú, de quinto curso. Tienes buen nivel y ellos han decidido subirte de cursos, hasta quinto. Es tu decisión ir allí o no.
— ¿Tú me das permiso?
—Por supuesto, son tus estudios. ¿Les digo que si?
—Sí, gracias papa— se levantó para abrazarlo y se quedó en su regazo acabando su merienda.
Lo que quedaba de tarde lo pasaron jugando y hablando entre ellos, en un momento de diversión Harry le pidió a su padre que tocara alguna pieza para tocar piano y su éste lo hizo. El piano para el niño era uno de los mejores instrumentos. No le gustaba tocarlo, sino escucharlo.
Luego cenaron y se acostaron, pues el día siguiente sería muy agotador, ya que era navidad.
Eran las nueve de la mañana cuando Harry se levantó, se puso sus zapatillas y bajó corriendo hasta llegar donde se encontraba el árbol, con todos sus regalos debajo. Iba a buscar al resto de su familia cuando los vio bajar por las escaleras. Iban en pijama, pero con una bata de seda encima, las tres de diferentes colores.
—Bajad rápido, vamos, los regalos se han de abrir— dijo emocionado y saltando de nerviosismo.
—Harry, los regalos no se moverán del sitio, y no tenías que hacer tanto ruido bajando— escondió un bostezo Severus.
—Lo siento, ¿puedo abrirlos ya?
—Claro mi niño— respondió la abuela.
Harry estaba feliz, porque por primera vez tenía regalos. Pensaba que no tendría, pero recordó que su padre días después de llegar a su casa, le dijo que como todo niño tendría sus regalos. Los abrió rápido y se sorprendió que Santa Claus se acordara que quería un tren, igual que unos muñecos pequeños que iban con tmuchas cosas incluidas. También recibió ropa muy bonita, y un libro de pociones, que miró extrañado y se giró para ver a su padre.
—Aceptaste que te enseñáramos magia así que Santa Claus te trajo un libro para que vayas leyendo— le respondió
— ¿Él lo sabe todo?
— Exacto— respondió con una sonrisa de suficiencia.
La navidad dio paso a año nuevo, y éste el inicio de las clases. Harry fue a una nueva clase, y las dudas que tenía Severus desaparecieron cuando su niño le contó que seguía viendo a sus antiguos compañeros y que los nuevos le cuidaban como un hermano pequeño.
Por otro lado Severus volvió a su trabajo, tenía que aguantar los ineptos alumnos que despreciaban el arte de las pociones y que él se encargaba que le respetasen y que le odiasen. El director Dumbledore le dijo que al llegar se dirigiese a su despacho que quería hablar con él.
—Señor, ya estoy aquí-habló al entrar al despacho.
—Severus, como han ido las fiestas?
—Como siempre.
— ¿Caramelos de limón?— Severus negó—. Bueno, más para mí
—Señor, tengo una clase que preparar, ¿para qué quería que viniera?
—Quería hablarte de Harry. Según los que le vigilan, el niño casi no sale de su casa, pero está bien.
¿Debería ir a presentarme?— preguntó detrás de sus gafas de media luna.
—Haga lo que usted quiera, pero creo que si nunca ha ido, el niño se asustará, además según me dijo sus tíos no son muy aficionados a la magia— dijo impasible.
—No, es verdad tienes razón, entonces haré como siempre.
— ¿Cree que es necesario que Potter no sepa nada de magia? Cuando venga aquí el niño no sabrá nada y será un ignorante— preguntó como si nada.
—Sí, pero nosotros lo protegeremos, aún es pequeño para saber sobre su verdadero mundo.
— De acuerdo, ahora debo irme, estoy retrasado— se despidió y salió del despacho. Por fuera se mostraba sereno, pero por dentro sentía furia, pues Dumbledore quería controlar a su hijo. Si antes quería proteger a Harry ahora lo haría más, era SU hijo, y nadie le haría daño.
Los días fueron pasando, y se convirtieron en semanas para luego ser meses. Se celebró el cumpleaños de Harry, que con sus seis años sabía de magia y de estudios muggles como uno de doce; recibió muchos regalos pero el que más le gustó fue una fotografía de sus padres, los Potter, nunca los había visto, y se convirtió en uno de sus preciados tesoros.
Pero para él, el día más importante no era su cumpleaños sino el ocho de agosto, el día en que llegó a su casa para quedarse para siempre. A pesar de que tuvo que pasar dos semanas con sus tíos y estos no le trataron como antes, echó en falta a su padre, que casi nunca se separaba de él. Incluso sabía que por la noche conectaba una de las chimeneas a su despacho por si tenía que ir al colegio. Todos pensaban que dormía en el colegio, pero la verdad es que dormía en su casa, con su hijo.
La mañana del aniversario de su llegada, los Prince se levantaron pasadas las diez de la mañana. Severus fue el primero y entró a la habitación, se sentó en la cama del niño y acarició los cabellos de su hijo, hasta que este despertó por tan agradable sensación.
—Buenos días pequeño— le miró sonriendo, como solo hacía con su familia.
—Buenos días papa.
— ¿Preparado para una buena celebración?
—Si— respondió con fuerza.
—Pues venga levántate y vístete.
— ¿Me ayudas?— tenía ganas de jugar, y solo acababa de levantarse.
— ¿Aun tengo que ayudarte?— enarcó una ceja y cruzó sus brazos, comenzaba el juego de las mañanas.
—Así es más divertido papá— sonrió más, si podía.
— ¿Vestirse es divertido?
— ¡Claro!
— Venga va, te ayudo, pero estos juegos deberían acabarse— susurró, para que su hijo no le oyera, pero fue todo lo contrario.
— ¡Algún día seguro!— ambos rieron y veinte minutos después bajaron a desayunar. Cuando entraron se encontraron con un gran desayuno y los abuelos Prince sentados junto a la nana Elisabeth.
— ¡Abuelo, abuela, habéis venido!— corrió a los brazos de los mayores, feliz de que el día más importante de su vida, ellos estuvieran con él y su papá.
— ¿Os quedareis todo el día?— preguntó sonriente.
—Sí, nos quedamos a dormir también, para estar más tiempo contigo y papá— respondió su abuela.
— ¿Has oído papa¿?— se giró a verlo—. Se quedan a dormir.
—Ya lo he oído.
—Severus ¿habéis tenido un buen verano?— preguntó su abuelo con una sonrisa, de las pocas que dejaba ver el patriarca, igual que su nieto.
—Aunque tenía al viejo todo el día pidiéndome cosas, no ha estado mal, ¿y vuestro viaje como ha ido?—se sentó a su sitio de la mesa.
—Muy bueno, Francia es un país exquisito, y hay el mejor champagne del mundo— dicho esto, hizo un movimiento de manos, como si llevara una copa en la mano.
—Edward no vuelvas con eso. Hay Severus, durante todo el viaje solo hablaba de eso. Iremos de nuevo, pero esta vez los cinco— sentenció la mujer, mirando a Elisabeth.
— ¿Yo también?— preguntó al sentirse observada.
—Eres de esta familia nana— dijo Severus.
— ¿De verdad iremos?— interrumpió el niño.
— Sí querido. Aunque papá tiene la última palabra— todos miraron al susodicho.
—Iremos pero dentro de mínimo dos años.
— ¿Tanto tiempo?— preguntó el niño con desgana.
—Harry, tu ahora estas estudiando tres tipos de estudio: el mágico que el abuelo y yo te enseñamos, y los dos muggles, primaria y secundaria. Además la abuela te está enseñando modales, como heredero de la familia.
—Lo sé, pero los muggles no son muy difíciles, el mágico es interesante y los modales no lo entiendo...yo no soy heredero de nada— dijo como si nada y lleno de confusión.
—Muchacho por supuesto que eres heredero. Eres nuestro nieto y como tal las cosas te pertenecerán en su momento— habló el abuelo todo serio.
—Pero no tengo vuestra sangre.
—Harry, a veces la sangre no lo es todo, nosotros te queremos y eres mi hijo, así que como tal tu vas a tener acceso como lo tengo yo— sentenció Severus.
—Oh, ¿pero si tú tienes un hijo yo ya no seré heredero verdad?— parecía que el niño no quisiera ser heredero, o por el contrario, estar seguro de todo.
—No voy a tener otro niño, y si lo tuviera, tú serías igualmente heredero, tú ahora eres un Prince, Harry
—Oh, gracias— y se levantó a abrazarlo y darle otro beso en la mejilla.
—Harry eres muy mimoso, he recibido en un año más abrazos y besos que en todo lo que llevo de vida— dijo mientras le acariciaba los cabellos, como le gustaba hacer, y el otro recibir.
—Porque eres muy frío, yo voy a bajarte esa coraza que tienes en tu corazón.
—A veces me olvido que tienes cuerpo de seis años y mente de casi quince— suspiró.
— Es que soy muy listo— se puso todo serio.
—Pues claro que sí niño, para algo eres mi nieto. Los Prince son listos por naturaleza y llevan el arte de las pociones— su abuelo se divertía con la actitud de sus niños.
—Pero aun no he preparado nada— contradijo el pequeño.
—Con tu padre enseñándote pronto serás un muy buen pocionista.
—Eso espero— dijo Severus.
—Os prometo que llevaré las pociones a lo más alto— e hizo un gesto de victoria.
—Muy bien dicho querido— rió la abuela de las locuras de su bisnieto.
—Papá estuve pensando eso de ir a tu colegio... ¿es necesario? Yo no quiero encontrarme con ese señor que se piensa que soy tonto, soy tu hijo, y eso quiere decir que soy muy listo, ¿no?— los otros asintieron—. ¿Entonces no puedo ir a otro colegio? Además quiero estudiar medicina, que es muy interesante.
—Lamentablemente tienes que ir, sería muy sospechoso, y por delante de todo está tu vida y seguridad. Me alegra que siendo tan pequeño ya tengas tus ideas fijas y que ames a esta familia, pero aun te quedan muchas cosas por aprender, además si quieres ser médico puedes estudiarlo en el mundo mágico, aunque no creo que te dejasen avanzar tanto.
— ¿Por qué no? Yo puedo hacerlo— protestó el niño.
—De eso estoy seguro, pero pequeño, ¿cómo te sentirías si por ejemplo aquí, estudiaras medicina y a los diez años ya fueras médico? ¿No te sentirías extraño? Además que mucha infancia tuya se perdería, y prefiero que disfrutes a que trabajes.
—Pero yo adoro la medicina, no me aburriría.
—Pero te pasarías toda tu vida trabajando. Podrás estudiar lo que quieras, yo no objeto nada, pero entonces miraremos si puedes ejercer la profesión o no, por tu temprana edad, ¿de acuerdo?— el niño asintió, y la conversación acabó.
Acabaron de desayunar y marcharon al mundo muggle a divertirse, estuvieron en Londres capital, a divertirse y ver los parques llenos de naturaleza con el paso de la mano del hombre, a diferencia de los campos verdes de su casa de Escocia, donde nadie había hecho nada para crear tan bello paisaje.
Todo era precioso, pero no le gustaba el ruido que había en la ciudad, ya se había acostumbrado a su nueva casa, o no tan nueva, ya hacía un año que vivía allí, y ya era hora de denominarla su hogar, con todo su amor y orgullo.
Ahora era feliz, sabía cosas de su padres, gracias a su papá y lo que más quería, tenía una nueva familia. Nunca se imaginó que aquel encuentro en la pescadería acabaría así. Daba gracias a ese día y como le pidió a su padre, cada año lo celebrarían.
—Harry, Harry— alguien interrumpió sus pensamientos.
—Dime papá.
— ¿Qué te pasa? Estas en otro mundo— preguntó preocupado Severus. Siempre se preocuparía de todo, para que su niño estuviera bien y fuera feliz.
—Oh, nada, solo pensaba en este año, ha sido fantástico.
—Ya verás que los siguientes serán aún mejores. Por cierto, toma, te las tendría que haber dado antes— le tendió un regalo.
— ¿Qué es?— preguntó con nueva curiosidad.
—Ábrelo y lo verás— el niño abrió el paquete que le tendía su padre y se encontró con dos fotografías muggles, de aquellas que casi no habían en la casa. En una estaban su abuelo y su padre de pie, detrás de una silla, en la que estaba sentada su abuela. Ellos tocaban, cada uno, un hombro de ella. Él se encontraba de pie, al lado de ella. Todos estaban sonriendo, recordaba perfectamente cuando fue hecha esa foto, eran días anteriores a Navidad. La otra foto era más bonita; su padre estaba sentado en la misma silla, y él en su regazo. Los dos se mostraban sonrientes y en los ojos había el brillo de la felicidad—. Gracias papa, son muy bonitas, las llevaré siempre conmigo.
—Harry, ¿te parece que vayamos a comprar un helado, mientras tu padre y el abuelo hablan de sus cosas?— el niño asintió—. Pues vamos. ¿Vienes Elisabeth?— preguntó a la otra mujer.
— Vamos, ¿y de qué quieres el helado?— preguntó la nana al niño, que en ese momento iba en medio de las dos mujeres cogido de las manos.
—De Vainilla y crema de caramelo.
— ¿Ese no es el sabor que le gusta a tu padre?— preguntó la nana.
—Sí, pero está muy bueno, me lo dio de probar cuando volví de Surrey, y me encantó.
— Definitivamente eres un Prince con sangre de Potter, porque a tu abuelo ese sabor le gusta.
—Me alegro de ser parte de dos de las más prestigiosas familias— y ya no se oyó nada más, pues desaparecieron entre la muchedumbre.
Mientras, los dos hombres adultos se sentaban en un banco a esperar y hablar de temas que mejor no hacerlo delante de la criatura. Edward esperaba el relato de su nieto, pero este sólo miraba el horizonte, pero sin ver realmente.
— ¿Severus me contarás algún día? ¿Qué ha pasado con ese viejo?— su humor cambió drásticamente, en el año que llevaba conociendo al niño le había tomado mucho cariño, igual que cuando acogió a su nieto como un hijo. Si les hacían daño a alguno de los dos, enloquecería.
—El director ya está tratando planes de cómo manejar a Harry cuando llegue a Hogwarts, y elige lo que decirle o no. La profecía, por supuesto está en el lado de "esconder"— dijo con una voz fría que hacía mucho que no enseñaba a su familia.
— ¿Y tú qué le has dicho?
— Que eso le carreará problemas, que Potter deber ser como su padre: estúpido, arrogante, pero listo, y no se dejará engañar. Obviamente me ha dicho que me guio por el odio que le profeso a su padre y que el niño no es así, que lo ha visto.
—Me parece que cuando Harry entre al colegio nosotros deberíamos aparecer de nuevo, los Prince llevan muchos años sin aparecer— Edward se rascaba la barbilla, era Slytherin y siempre le gustó jugar al juego de los demás, aunque después se jugaba al suyo propio.
—Padre, todos piensan que solo quedo yo, aunque en solo es Dumbledore quien piensa así, pues sabe que soy un Prince, para los demás soy Snape, y los Prince desaparecieron hace casi cincuenta años.
—Será entonces más interesante.
—Solo espero que el niño esté bien en el colegio, el viejo es capaz de ponerle amigos para que lo vigilen, pero de eso me encargaré yo.
— ¿Le contarás toda la verdad Severus?
—Sí, pero a su debido momento, la profecía...cuando vaya a entrar a Hogwarts, todo lo demás quizás antes. No quiero que su infancia sea un infierno. Puede que me odie por esconderlo tanto tiempo, pero prefiero su odio a verlo muerto— acabó diciendo con voz muy baja.
—No estés tan seguro, el niño te tiene cariño, para él eres un salvador, un padre, y sabrá que es por su bien, no haberlo sabido siendo un crío.
—Ojalá tengas razón padre— Severus se masajeó las sienes, debido a la tensión que llevaba toda la semana con las constantes visitas que tenía que hacer al director. Ahora el señor tenebroso estaba desaparecido, ¿no podía dejarlo descansar?
Cuando abrió los ojos, que no sabía en qué momento los cerró, vio a su hijo corriendo donde estaban ellos, con cuidado para que su helado no se perdiera.
—Papá, este es para ti, como nos gusta a los dos— le entregó el helado que llevaba en su mano derecha, y Severus se lo agradeció—. ¿Seguimos andando?
—Sí, venga, vamos— habló Edward, los dos se levantaron y todos juntos acabaron de disfrutar ese día.
La tarde acabó bien. Harry se durmió en los brazos de su padre, después de una larga caminata. Severus se despidió de sus padres de parte suya y de su hijo. Se apareció en su casa, con la nana a su lado, se saludaron y subieron. Él entró a la habitación de su niño y lo acostó.
La escena del primer día se repetía un año después.
Gracias por leer, aunque no sea un capítulo largo...
Severus aquí se comporta cariñoso, pero si se fijan, SOLO con su familia...
