Instintos vencidos.
Salieron de Las Tres Escobas tomados de la mano. En las mejillas de ella había unas manchas de rubor y una tímida sonrisa se asomaba en sus labios. En la cara de él no había nada de timidez, si no que sonreía abiertamente.
Era la primera cita que tenían. James llevaba años intentando que la chica pelirroja que estaba a su lado le prestara atención, y se había sentido realmente afortunado cuando ella finalmente aceptó.
Ni siquiera la nieve que caía lentamente sobre ellos podía poner de mal humor a James aquel día. Jamás se había sentido tan feliz en su vida, tan lleno de entusiasmo y con una sensación de calor que le inundaba el pecho. Ni siquiera el quidditch le producía tantas emociones juntas, y eso que era lo que más amaba en la vida… después de la dulce muchacha que sujetaba su mano tiernamente.
Sirius se burlaría. Reiría hasta que no le quedara más aire en sus pulmones, y luego seguiría burlándose de él. Porque no tenía mucha fe en que aquella cita saliera bien. Pensaba que James encontraría alguna forma de arruinar las cosas con Lily, como siempre hacía. Remus era el que tenía más fe, ya que era el único que había notado el cambio radical de su amigo en aquellos últimos meses. James había madurado finalmente, algo que Sirius no tenía intenciones de hacer.
James miró a Lily, aún sonriendo. Ella lo miró con sus bellos ojos verdes, y con la nariz algo colorada por el frío.
– ¿Qué? – preguntó, interesada.
– ¿Qué, qué? – preguntó él.
– ¿Por qué me miras así? – preguntó Lily, riendo. James sintió que podía derretirse allí mismo con aquella melódica risa.
– Porque me gustas – James le había dicho aquello muchas veces ya, pero jamás se cansaría de recordárselo – Mucho. Eres hermosa.
Lily se ruborizó, como cada vez que él le decía algún cumplido, y se acomodó un mechón rebelde detrás de la oreja algo nerviosa. Se detuvo, y James hizo lo mismo.
– Tú también me gustas… – susurró ella – Mucho, más de lo que jamás creí – le confesó, mirándolo a los ojos.
James temblaba de la emoción. La tomó por la cintura, y le dio un beso tierno y cálido que Lily aceptó con gusto.
Alguien cerca de ellos lanzó un grito, como el de un animal herido. James y Lily se separaron asombrados y miraron para ver quién había hecho aquel ruido.
– ¿Sev? – preguntó Lily sorprendida, mirando a Severus Snape con las cejas levantadas.
– Potter… – por alguna razón, Severus respiraba entre cortadamente. Temblaba con descontrol, pero no de frío, ya que llevaba una gruesa capa. Los músculos de James se tensaron por puro instinto, y las paletas de su nariz temblaron peligrosamente. Metió la mano en su bolsillo inmediatamente, para cerciorarse de que su varita seguía allí.
– Quej…– se detuvo a mitad de la frase y comprendió lo que estaba por decir – Snape.
Miró por el rabillo del ojo a Lily, algo asustado. Sabía que en otro tiempo ella había sido amiga de aquella maldita rata.
– ¿Te encuentras bien, Sev? – preguntó Lily preocupada.
– Así que es cierto lo que dicen por ahí… – susurró Snape peligrosamente, lo suficientemente alto como para que los dos chicos apenas pudieran oír – ¡Estás con él! ¡No quería creerlo! – los ojos de Severus parecían saltar de sus órbitas. Lucía como un verdadero loco.
James y Lily quedaron de piedra al oír gritar a Snape. James jamás lo había oído levantar la voz, ni siquiera para pedir auxilio cuando Sirius y él lo ponían de cabeza. Por un momento, James tuvo miedo. Como acto reflejo, tomó a Lily por la cintura para protegerla. Aquello hizo que Severus lanzara el mismo grito que hubiera lanzado un rinoceronte herido.
– Severus, puedo explicarlo – comenzó Lily.
– Lily, perdóname, pero creo que no necesitas explicar nadie a nadie – dijo James con seriedad – Vamos.
Concentrado en Lily, James no vio que Snape había alzado su varita. Sintió una ráfaga de aire caliente que llegó hasta él, y a tocarle la cara le produjo un dolor inmenso en su mejilla. Como si varios cuchillos calientes le hubieran cortado la misma.
– ¡Ay! – se llevó la mano instintivamente a la cara. Había sangre en ella.
– ¡Severus! – exclamó Lily con enojo.
– Maldita rata – murmuró James. Antes que Snape o Lily se dieran cuenta, el chico se abalanzó sobre Snape completamente furioso. Lo agarró del cuello de la túnica, fuera de si y levantó su puño.
– ¡James! – chilló Lily, y se llevó una mano a la boca horrorizada.
– ¡Hazlo! – río Severus, provocándolo. Miró a Lily y luego a su atacante – ¡Hazlo y muéstrale quién es la rata aquí!
James quedó petrificado sosteniendo a Snape con una mano, mientras la otra seguía preparada para pegarle la trompada de su vida. Pero… algo lo detenía. Y no era ningún encantamiento. ¿Qué estaba haciendo? ¿Y por qué no le resultaba placentero imaginar el rostro de Snape destruido? Nunca le había importado pegarle a Snape, sin embargo, pese a la rabia que sentía en su interior, sabía que lastimar a su compañero no era la solución.
Lo soltó de golpe, con odio en la mirada.
– No voy a rebajarme por ti, Quejicus – fue lo único que dijo.
Sintió que alguien suspiraba de alivio detrás de él.
– Vamos, James – Lily había recuperado su varita, y se encontraba bastante seria – Vayamos a la enfermería a que te curen eso – dijo, señalando la herida de la mejilla.
Lily tomó a James del brazo y lo alejó de Snape, quien miraba a la feliz pareja con profundo resentimiento.
– Gracias – la voz de Lily sonaba algo fría – Por no haber roto la nariz de Severus.
– Lo merecía – admitió el chico con dureza – Pero en unos meses saldremos de Hogwarts y se la verá con la verdadera justicia, si sigue jugando con artes oscuras. Y ese será un castigo mejor que una nariz rota – opinó el chico.
Lily, aunque en su interior le dolía saber que su amigo estaba del lado de los magos oscuros, tuvo que reconocer con tristeza que James tenía razón.
James, por su lado, creyó que aquella verdad aunque fuera muy dura, no podía ocultarse. Tal vez la verdadera razón por la que no había atacado a Snape era por la chica pelirroja que había a su lado, o simplemente porque había pasado ya la época en la que respondía físicamente a las agresiones de otros. O, por ambas razones.
James se sentía orgulloso de sí mismo. En otro momento, habría golpeado a Snape hasta dejarlo en le enfermería. Pero hacer eso en ese instante hubiera arruinado lo mejor que tenía.
Pasó un brazo alrededor de la cintura de Lily. La chica lo miró con rostro preocupado, pero al ver que James sonreía a pesar de aquel tajo horrible en su mejilla, ella también le regaló la mejor de sus sonrisas.
