2 "¿Dulce?"

Toshiro se encontró con Kyosuke a la entrada del parque, iba con prisa, algo agitado. Cuando vio a su moreno amigo se detuvo y aspiró aire sin orden.

-Kyo, ¿también vas tarde?

-Sei me llamó cuando estaba a mitad de un partido importante con mis niños, derrotamos al equipo de Nerima como si nada – anunció Kyosuke con orgullo.

-Yo estaba en el cine con Yuri, no podía dejarla por una noche de hombres – explicó Toshi, apenado -. Espero Sei no esté molesto por la tardanza.

-¡Bahh!, ya sabes como es nuestro camarada, no se enoja tan fácilmente.

Kyosuke se desvió del camino del parque para meterse entre los árboles vecinos, Toshiro lo siguió, todavía agotado.

-Seiyuro no ha estado bien desde lo que pasó con Kishi.

-¿Con esa depravada? – bufó Kyo, sin detenerse -, no debería darle tanta importancia, digo, sé que… no ha sido sencillo lo que le hizo, ¡pero Sei es muy fuerte!, si pudo contra esa Ladydevimon aquel día, ¿por qué no lo superaría esta vez?

-Quizás tengas razón – suspiró el canelo -. Superó que le atacara ese digimon… Aún así me preocupa.

Los muchachos avanzaron por un sendero improvisado por ellos. Siempre tenían reuniones especiales cerca de ahí, en una casa de árbol que los tres habían construido después de la aventura de las memorias borradas.

-Noche de hombres, eso fue lo que dijo – habló Kyo -. Hacía siglos que no nos reuníamos los tres.

Los jóvenes llegaron hasta un tronco no muy alto, aunque ancho y sin ramas, sobre él había una escalera empotrada. Toshi se encaramó en ella, a pesar de que sabía que Seiyuro se encontraba en la casa de árbol, había mucho silencio. La tarde sólo ofrecía el concierto lejano de los ruidos de grillos y hojas arrastrándose.

-¿Seiyuro? – preguntó Toshi, subiendo.

Seiyuro estaba recostado en la mesa con la cara tapada por sus brazos, al lado de él, totalmente vacías, estaban dos botella de licor.

-¿No se tomó todo esto él solo verdad? – preguntó Kyosuke, que había subido tras Toshiro.

-Mira, yo mejor no te contesto – renegó Toshiro, acercándose a Seiyuro, quien no se había dado cuenta de la llegada de sus amigos.

-¡Hey, Sei! – le gritó Kyo.

Seiyuro alzó uno de sus brazos y saludó con un movimiento torpe.

-Se les hizo tarde… - dijo con dos "hip" "hip" seguidos -, debieron llegar antes a la noche de hombres para mal decir juntos a las mujeres.

-¿Cómo?

-Bueno, todas son unas malditas menos Minagawa y nuestras "hip" respectivas mamás… y "hip" las amigas "hip".

El rubio levantó el rostro, lo traía hinchado. Sus ojos azul celeste estaban perdidos en algo que ni era la nada, ni eran sus pensamientos. Toshi suspiró desganado, tanto él como Kyo se sentaron al lado del Takaishi.

-¿Por qué decidiste emborracharte, Sei?, ¿qué ganas con eso?

-¡tú mejor no digas nada, Toshi! – protestó Seiyuro – Yo bien que no te digo nada cuando fumas.

-Por supuesto que lo regañas – recordó Kyosuke - ¿Qué no te acuerdas?

-Es porque está ebrio – opinó Toshiro.

-Como sea… el caso es que ustedes me han traicionado – dijo Sei como si estuviera resentido.

-¿Por qué?

-Prefieren "hip" estar con las mujeres que "hip" asistir a la "hip" noche de hombrrrr… "hip" hombres.

-¿Querías que dejara a Yuriko sola en el cine?

-¡Yo ni siquiera estaba con una chica, Sei!, estaba con mis niños en un partido.

-Sí, como sea. De cualquier modo "hip", todo "hip" "hip" es culpa la enemiga "hip"… la muy atrevida…

-¿Kurumi otra vez?, camarada, no deberías pelear con Kurumi por mi culpa – dijo Kyosuke. – y Seiyuro, por favor no le digas enemiga a Kurumi…

-"hip"… ella y sus imprudencias… me dijo "hip", que era un inestable "hip" en el amor…

-Sei, ¿y tú que piensas? – preguntó Toshiro, cruzando los brazos.

-… esa estúpida… "hip", pues tiene razón "hip", ya lo sé…

-Y eso siempre lo has tenido claro contigo, Seiyuro – le mencionó el canelo hijo de Hikari -. ¿Crees que es normal que lleves un listado de todas las novias que te haces cada año?

-"hip", ¡pero eres "hip" tú quien me las anotas!

-Porque tú me lo pides de favor. – dijo Toshi -. Además es divertido, no te lo voy a negar.

-Pues anota "hip" a Kagura… la lista crece "hip"

-Oye, camarada, ¿y por romper con esa chica te pusiste a beber?

-Estoy deprimido ¿Algún problema con eso, Motomiya? – protestó Seiyuro, poniéndose de pie como si estuviera a punto de lanzarse a golpear a alguien.

-No.

-Ah… bueno… "hip"… pues mejor ya váyanse con sus mujeres… - Seiyuro buscó en las botellas -. ¡Pardiez!, yaaaa"hip" se acabaron miii sake.

-Tú te lo acabaste solo, Seiyuro – suspiró Toshiro, sosteniéndolo para que no se cayera.

-¡Ya "hip"! ¡Suéltame hermanito! – Toshiro no lo soltó, Kyosuke en cambio lo sostuvo del otro lado. -¡Y tú "hip" también, Motomiya!

-¿Es por lo de Kishi, Seiyuro? ¿Esa vieja te tiene así? – preguntó Kyo, con seriedad -. No me gusta verte deprimido, camarada.

-Esa vieja se pudrirá… en el mundo oscuro, juuaajajaja.

-(¬¬U)

-Debiste pensártela antes de tomar tanto, Sei. Ahora no sé que voy a hacer para evitar que papá Takeru te vea alcoholizado.

-¡Pues que me vea como soy!

-Claro que no, ¿quieres acaso que te pierda la confianza como cuando desapareciste un día entero?

-Mi papá… ya no "hip" confía en mí… da lo mismo. – Sei entristeció su rostro -… "hip" hermanito, déjame quedarme aquí… estando "hip" solo… y luego quiero caer… caer pero nunca azotar "hip"… ¿comprendes hermanito?

-No te puedo dejar aquí.

-¡Soy "hip" tu hermano mayor!

-Pero yo soy el más grande de los tres y digo que nos vamos – interrumpió Kyosuke, asustado por las declaraciones de Seiyuro ¿Cómo estaba eso de que quería caer?

Los dos jóvenes de cabello marrón se las arreglaron con dificultades y lograron bajar a Seiyuro de la casita del árbol, que misteriosamente crujía y les despertaba temor. El rubio Takaishi se había tranquilizado, cada vez hablaba menos.

-Tengo la solución – dijo Toshiro -. Mi tío Taichi se fue a un congreso de abogados y no regresará hasta mañana al mediodía… estoy seguro de que  es buena idea inventar que habrá una "pijamada" en casa de mis primos Taiki y Hidemi.

-Buena idea, camarada.

-¿A dónde vamos "hip"?, llévame "hip" a ver a mi preciosa hermanita "hip"

-Estás loco, ¿Qué diría Min si te viera así?

-Diría… "hip" hola hermano… ¿no?

--

-¿Qué diablos? – balbució Taiki Yagami cuando abrió la puerta de su apartamento. Sus ojos castaños se desorbitaron levemente al ver que su primo Toshiro y Kyo Motomiya estaban entrando a su casa arrastrando a un tercero.

-Te lo explico en cuanto lo dejemos en el sofá, Taik – excusó Toshiro, él y Kyo estaban colorados por la carga.

-¿Qué le pasa a Seiyuro? – Taiki apretó la lata de aluminio de la que anteriormente bebía, miró con curiosidad al rubio y sonrió - ¿Está borracho, verdad?

-Me temo que sí – respondió Toshiro.

-Y no quieres que Takeru lo vea así – agregó Taiki.

-Así es.

-No hay problema, pueden quedarse, le diré a mi tía Hikari que haremos pijamada – dijo Taiki -. ¡pijamada!, tremenda estupidez, mejor díselo tú a mi tía.

Taiki se remangó su playera negra, dejó la lata en el piso y la aplastó con la planta del pie. Kyosuke y Toshiro nada más retrocedieron un poco, por precaución.

-¿Qué se supone que haces? – preguntó Kyo - ¿Por qué no lo echas a la basura simplemente?, digo yo, se te lastimará el pie.

-¿Te importa?

-Pues no Taiki, pero es estúpido.

-¿y qué? – dijo el gemelo Yagami, despreocupado.

-Primo, ¿es una arracada lo que traes en el lóbulo?

-Sí ¿Algún problema?, quise ponérmela ahora que salió papá. Pienso que se me ve bien.

-A veces no comprendo tus impulsos rebeldes, pero haz lo que quieras – comentó Toshiro, pidiendo paciencia por lo bajo. Desde que Taiki se había enfrentado al descubrimiento de Hidemi y a la presencia de su madre, su carácter se había trastornado bastante, ahora Taiki Yagami quería aparentar ser rudo, impenetrable, fuerte, Toshiro pensaba que su primo se había cerrado al cariño de los demás para no terminar nuevamente lastimado. -. Mira, iré a mi casa para explicarle a mamá lo de la pijamada, y no te preocupes, le diré que fue idea de Seiyuro.

-Y le traes ropa al borracho – pidió Taiki -. Si la casa huele a alcohol mañana mi papá me va a linchar.

-Claro, ahora regreso – dijo Toshiro, y luego salió de la casa para ir a su hogar, que estaba en el mismo edificio de condominios.

-¿Y no está Hide? – preguntó Kyosuke.

-No – respondió Taiki, sacó de la nevera otro jugo enlatado -. ¿Quieres jugo, Kyo?

-No gracias, yo voy de salida.

-¿No te quedas a cuidar a este loco? – preguntó Taiki, apuntando al rubio.

-No puedo. Tengo que festejar con papá y los niños que ganamos el partido de hoy.

-Ah… fútbol – dijo Taiki -. El fútbol es una basura, hay demasiadas reglas, demasiado orden, y ahí andan todos los niños de idiotas tras el balón, no hay libertad en ese ridículo juego.

-Bueno, antes te gustaba – dijo Kyo, levemente enojado.

-Me equivoqué.

-Sí, como digas – Kyo comenzó a ponerse los zapatos.

-¿Qué? ¿Te molestó lo que dije?

-No, ya te conozco – respondió Kyo -, luego nos vemos.

-Adiós. Me saludas a tu papá, él era lo único decente del soccer cuando era un mocoso.

-Claro Taik, nos vemos – agregó Kyo, viendo su reloj -. Le dices a Toshiro que tuve que irme antes por lo del festejo, ¡ah, y suerte con Sei!, cuando despierte se pondrá algo latoso.

-Pues que se batalle él solo – bufó Taiki mientras Kyo se retiraba.

El chico se acercó a cerrar la puerta, pero en esos momentos su hermana gemela había arribado.

-¡Hey, no me cierres, hermano! – saludó la chica, deteniendo la puerta.

-Ah, eres tú. – saludó Taiki - ¿Qué hora son estas de llegar, Hidemi?, ¡son las nueve de la noche!

-¿Qué no es un arete lo que traes en la oreja?, sí, es eso. Entonces no puedes regañarme hermano, en todo caso mejor te regaño a ti.

Taiki gruñó.

-Mira, eso lo discutimos luego. Tenemos visitas.

-¿Visitas?

-Toshi y Sei van a quedarse a dormir porque Seiyuro tuvo la "brillante" idea de emborracharse, y como el tío Takeru no lo debe ver y aquí no está papá, van a quedarse.

-¿Se emborrachó? ¿Y está bien?

-Está roncando el desgraciado – dijo Taiki, bostezando -. Iré por los futones extra.

Hidemi se quitó los zapatos, caminó con curiosidad hasta la sala en donde vio que Seiyuro estaba acostado. La chica se sonrojó inconscientemente, se acomodó el cabello y se hincó al lado de su apuesto amigo.

-¿Sei? – llamó con timidez, moviéndole el hombro

No obtuvo respuesta, el joven sólo se movió en el sillón, quedó frente a su anfitriona. Hidemi se estremeció al tener tan cerca el rostro rosado, simétrico y atractivo de Seiyuro pero no retrocedió, simplemente siguió observando, grabando cada detalle del niño que un día la había salvado de la desesperanza.

-Sei… en verdad estás dormido – susurró Hide, enternecida, sonriendo con timidez mientras que con su mano acariciaba los cabellos rubios y desordenados del chico. -… la última vez que te vi tan cerca, fue en el mar de la oscuridad, aquél lejano día…

Su cabello era suave, revoltoso, su frente amplia estaba algo humedecida, y sus cejas amarillas, medianas, estaban levemente fruncidas, como si el chico estuviera renegando por algo. Hidemi siguió tocando el cabello, trataba de acomodarlo, era una misión inútil, el pelo regresaba adonde mismo. La chica suspiró, estar así, acariciando con calma a alguien querido, la hacía sentir tranquila, relajada.

-¿Tomaste mucho en casa de tu novia, Sei? – Hide sabía que no iba a responderle, y ese justamente era el encanto del momento. Podía hablar, acariciar a su amigo… no necesitaba saber lo que el otro pensaba, no tenía que responder a nada ni explicar la razón de su cariño.

-El cariño que a veces se siente muchas veces no puede ser explicado

"El cariño que a veces se siente muchas veces no puede ser explicado, ¿por qué esa voz se escucha dentro de mi cabeza? ¿Por qué me siento tan bien?... no lo comprendo, el alcohol nunca me ha hecho sentir bien, debería dolerme la cabeza, pero en cambio nada más siento una calidez muy intensa. Alguien me está acariciando, es la dueña de esa voz que habla en susurros ¿Quién es ella y qué me hace sentir?, la cercanía es corta… si tuviera ánimos para abrir los ojos al menos y olvidarme de que he tenido un mal día".

Seiyuro trató incorporarse, pero sólo pudo abrir los ojos unos segundos. En ese corto tiempo vio un rostro moreno, liso, tierno, lleno de belleza. Después volvió a caer rendido en el sofá por los efectos del alcohol.

-¿Seiyuro, estás despierto? – preguntó Hidemi, con la voz alterada y el sonrojo en aumento.

-Casi despierto… - respondió Seiyuro, entre los sueños y la realidad.

A Hidemi le llegó un aire de alcohol proveniente de su visita, la chica retiró las manos de la cabellera de Sei, las puso tras su espalda.

"Se ha detenido… no quiero que se detenga, si ella me acaricia la amargura se diluye y olvido que estoy deprimido, ¿quién es? ¿En dónde estoy?, pareciera ser que no estoy totalmente consciente, es por el licor, ¿por qué tuve que beber licor?"

-No te… "hip" detengas "hip" – pidió Seiyuro, todavía alcoholizado, inconsciente de su realidad pero sumido en las sensaciones de caricias dulces y embriagadoras.

Hidemi tragó saliva por el susto, ¿la había reconocido Sei?, ¿por qué le pedía eso?, lo pensó unos instantes, luego volteó hacia el pasillo, su hermano no estaba por ahí, miró hacia la puerta de entrada, tampoco había llegado nadie. Acomodó su mano nuevamente entre las mechas doradas de Sei, no pensó en si hacía lo correcto, ella sólo se había dejado guiar por millones de sensaciones hermosas que flotaban por el aire.

Le gustaba, le gustaba mucho Seiyuro desde siempre. Le parecía un caballero, un artista, un galán, una persona valiosísima que era capaz de todo con tal de hacer germinar siempre la esperanza. Quizá ella lo idealizaba, ¿pero acaso eso importaba? A los quince años no.

Volvió a recorrerle el cabello con la palma de su mano, el chico suspiró agradecido, sonrió y sus mejillas resplandecieron aún más, como si el ocaso estuviera en su rostro juvenil.

Seiyuro Takaishi volvió a abrir sus ojos, esta vez su mirada estuvo menos perdida, poco a poco las imágenes se fueron formando, el calor se incrementaba por el suave contacto de las caricias. Frente a él, como un trébol de cuatro hojas en un desierto perdido, se halló la cara dulce de Hidemi Yagami, se encontró su entera figura virginal, tierna, y en esos momentos tentadora. Seiyuro no habló, siguió observando el leve escote de la blusa, los hombros apacibles, tersos, la mirada radiante, soñadora, las cejas confundidas, los labios delicados, preciosos, delineados por un carmín pálido. Un cúmulo de sensaciones lo atiborró de manera imprevista, como si anteriormente hubieran estado atoradas en alguna parte dentro de su ser. De pronto todo se volvió dulce, tentativo, muy tentativo. La poca mente que le permitía tener su estado alcoholizado le borró el raciocinio, alzó sus brazos, la rodeó con ellos de forma brusca y torpe, sin pensar en las consecuencias, luego la atrajo a él. Hidemi se frenó un poco, pero la excitación que tenía Sei también la sentía ella… se dejó llevar por el ensueño, sintió que su piel rozaba con la de él.

-Sei…

Seiyuro acercó sus labios a los de ella, besó su barbilla lentamente, saboreando el aroma de algo que apenas procesaba, ¿qué era ese intenso sentimiento?, ¿por qué hasta ese momento lo sentía? Seiyuro subió sus labios un poco, un ligero roce le hizo tocar la boca de Hidemi que esperaba por él, quiso acercarse más… ¿tan cerca estaba el amor?

-¡¡No toques a mi hermana!! – gritó de repente Taiki. Como rayo había corrido a la sala /al ver la escena melosa/ y había separado  abruptamente a su hermana del "agresor".

Taiki Yagami, con el rostro impregnado de furia hizo a un lado a su hermana gemela y agarró de la playera a Seiyuro, quien nada más pudo abrir más los ojos, de la impresión.

-¿Taiki "hip"? ¿Qué sucede?

-¡No te vuelvas a acercar a Hidemi para jugar con ella!

-¿Hidemi? – Seiyuro se despabiló un poco, quiso librarse de la amenazan de Taiki pero no pudo.

Vio que Hidemi había palidecido, vio en ella la misma bella figura que momentos anteriores había estado apunto de besar. Esa chica era real, no había sido un sueño. La dulzura percibida era real, ¡no era una ilusión como otras veces!

-… no fue un sueño.

Taiki respondió con un puñetazo, Seiyuro cayó pesadamente al suelo.

-¡Hermano, déjalo! – pidió Hidemi -. ¡No es culpa suya, se le pasaron las copas!

-¡Y a mí qué demonios me importa! – graznó Taik, con los puños apretados - ¡¿Oíste, Seiyuro?!, ¡no me importa que estés ebrio, aún así no permitiré que juegues con los sentimientos de mi hermana! Ella no es como tus otras conquistas, ¿¡Entiendes?!

-¡Taiki, cállate!

-¡Tú no te vas a burlar de sus sentimientos! – gritó el chico, fuera de sí.

-¿Sentimientos? – preguntó Seiyuro, sentándose.

Hidemi se sintió atrapada, las lágrimas se le salieron y sus piernas la hicieron correr a su habitación.

-¡Hide!

-Hermano, odio que se metan en mi vida de esta forma – dijo Hidemi con voz dolida, desapareciendo.

Taiki bufó, ¡definitivamente no comprendía a las mujeres!, después de todo él sólo quería defender a su hermana.

-Maldición, todo por tu culpa, casanova – gruñó Taiki -. Ahora va a ponerse a llorar.

Seiyuro se puso de pie, aún no comprendía lo que estaba pasando.

-¿Por qué?

Taiki le desvió la mirada, los puños apretados se fueron aflojando.

-Ahí está un futón, mejor duérmete – dijo Taik, cruzando los brazos -. No quiero tener que olvidar que eres mi amigo, después de todo estás ebrio. Aún así te lo repetiré una vez más: mi hermana no es como las demás chicas, ella me tiene a mí y no permitiré que sujetos como tú le rompan el corazón.

Taiki se retiró. Toshiro entonces, habiendo escuchado los últimos enunciados de la plática, entró al hogar de los Yagami.

-Presiento que me he perdido de algo...

--

"No puedo dormir ¿Quién podría hacerlo después de haber cometido semejante estupidez?... ante la luz de la noche (porque la noche no es negra) estoy monologando. Me duele un poco la cabeza, pero debe doler  por la confusión… ahora más que deprimido no sé ni siquiera que está pasando, siento una inquietud enfadosa que podría ser incomodidad o mal presentimiento" Seiyuro se movía una y otra vez en el futon que los Yamagi habían instalado en la sala de estar, estaba despierto, parpadeaba de vez en cuando, ya no se le veía el semblante perdido por la borrachera "¡Pardiez!, ¿por qué Toshiro y Taiki tenían que regañarme como si fuera el patán más grande del mundo?, de haber sabido que no era un sueño no me hubiera dejado llevar por esos impulsos, ¡qué diantre!, no me voy a mentir a mí mismo, la verdad es que no recuerdo ni lo que pasó ni lo que hice… sólo tengo presente el rostro de Hidemi, ¡qué linda es!, no me la puedo sacar… si pudiera dormir a lo mejor soñaría con sus caricias" . Se sentó súbitamente después de su último pensamiento y negó con pesadumbre "No Sei, no debes pensar en ella, no querrías herirla, a ella la quieres mucho ¿No es así?, Taiki lo dijo, Hidemi no es como las demás chicas… Taiki habló de los sentimientos de su hermana, ¿qué siente Hidemi por mí?, ¿por qué estaba tan cerca de mí?... ¿qué pensará de todo esto? ¡Arggg, soy un imbécil!, debe creer que me quise aprovechar de ella, ¿por qué las cosas con las chicas me tienen que salir tan mal siempre?".

Seiyuro no pudo seguir pensando, se puso de pie, dobló su futón. No quería despertar al otro día cerca de Hidemi, no quería enfrentarla.

Lo más silenciosamente que pudo alistó sus cosas, se lavó la cara, de puntitas se fue acercando a la puerta de salida.

-ZZZZZZZZZ… Yuri-chan… no te enojes… ZZZZZZZ – Por un momento Sei pensó que Toshi había despertado, pero al oírlo hablar en sueños suspiró agradecido.

-Menos mal, sigue dormido, Toshiro.

--

Silencio. En la habitación había mucho silencio. El joven, que estaba recostado en la alfombra, parecía estar cambiándole una y otra vez el canal a la televisión, sin embargo no se oía nada.

-Hermano, ¿estás triste otra vez?

El muchacho no volteó, sólo respondió.

-No estoy triste, Min.

-¿De verdad?, ¿entonces me llevas al partido de fútbol?, ¡Kotty va a meter muchos goles, me lo dijo Kyo!

-Sí, seguramente meterá muchos goles.

-¿Vienes, hermanito Sei?

-No Min, no quiero salir, que te lleve Toshiro.

-Él se fue con su novia a pasear.

-Sí, claro… es un mandilón…

-¿Mandilón? – preguntó Minagawa -, hermano, ¿y tú ya no tienes novia?

-No Min, ya no tengo. ¿Por qué no vas a arreglarte?, seguro que O-chan llevará a Tulo al dichoso partido, ve con ellos.

-No me gusta que estés triste. – a Mina se le llenaron los ojos de lágrimas, Seiyuro se hizo el desentendido, por quinta vez en el día le repitió que no estaba triste.

En realidad Seiyuro no sabía lo que le ocurría, sencillamente no podía descifrarlo. A veces se pasaba horas pensando en Hidemi, en las sensaciones que ella le había provocado, en la piel tersa, en los labios lejanos y deseados. Cada vez que la gemela de Taiki llenaba sus pensamientos, una balanza equilibrada de felicidad y sufrimiento lo acogía al mismo tiempo. Por eso prefería no pensar.

Habían pasado catorce días desde el incidente en casa de los Yagami, en esos días el carácter de Sei había dado un bajón de inestabilidad terrible. Casi no quería ir a la escuela, por la tarde no salía a ningún lugar, lucía tan descontrolado que Hikari incluso le había mandado a hacer análisis.

El chico no bromeaba tanto como antes, evitaba hablar y sonreír, sus amigos lo creían enfermo.

Los recuerdos iban tomando posesión de la mente del Takaishi todos los días, la imagen de Kishi, de Kagura, de todas las que fueron sus novias, le torturaban por las noches y se mezclaban con su idea pura y perfecta de Hidemi.

Seiyuro no se había dado cuenta antes.

Sei no había sabido ver en los ojos de su amiga hasta aquél día en que la tuvo tan cerca, tan palpable, tan suya… tan fugaz.

-¿Quieres comer, mi Sei? – preguntó Hikari desde la cocina.

-No mamá, gracias – respondió Seiyuro a su madrastra.

-Me tienes preocupada, te vas a enfermar… - murmuró Hikari.

-¡Mamita, ven a mi cuarto por favor!

-Voy Min – respondió Hikari ante el llamado de su hijita menor.

La señora salió de la cocina y se adentró a las recámaras. Seiyuro siguió ido, tirado en la alfombra.

-¿Puedo sentarme? – preguntó una voz masculina.

-Claro papá, es tu casa – respondió Seiyuro.

-Sei, hijo, ¿se puede saber qué estás haciendo?

-Intento ver televisión, papá.

-Sei, la televisión está apagada – dijo Takeru, un tanto alarmado.

-Por eso digo que intento.

Takeru y su vástago mayor quedaron en silencio. Takeru se quejó con una onomatopeya, de un movimiento rápido le quitó el control remoto a su hijo y lo escondió en su saco. Desde hacía bastante tiempo que veía que las cosas con su hijo no iban bien, pero sin duda alguna en los últimos días la situación había empeorado.

-Seiyuro Takaishi, ¿estás consciente de que los padres cometemos errores?

-Son humanos.

-Me he equivocado entonces, de alguna manera cuando los hijos crecen se complica la comunicación.

-…

-Aquella vez que desapareciste por un día estaba tan alterado que no quise decirte nada. Debí haberte regañado, castigado, ¡qué se yo!... cuando el médico me dijo que consumías drogas no quise creerle, pero poco a poco estoy cayendo en la idea de que así es, ¿qué rayos te está pasando, hijo?, necesito saberlo para poder ayudarte. ¿Crees que para tu familia es "atractivo" verte así, casi desfallecido?

-No me pasa nada…

-Cuando eras pequeño me hacías crónicas extensísimas de tus peleas semanales con Doguen Kido, no perdías detalle. – recordó Takeru, nostálgico -. Supongo que al ir creciendo se va perdiendo la confianza en los padres…

-No es mi caso, yo confío en ti, papá – aseguró Sei, poniendo atención a su preocupado progenitor. -. Es sólo que no quisiera que te decepcionaras.

-Prefiero ser un padre decepcionado a uno ignorante. – Takeru se acercó a su hijo - ¿Qué sucedió aquél día, Seiyuro?

-Salí con una mujer a un bar – respondió el rubio de 17 años, bajó la cabeza.

-Eso no es nada nuevo.

-Fue la peor estupidez que pude hacer, papá – habló Sei, mordiéndose los labios -. No salí con una chica ordinaria, tuve una cita con mi profesora de arte.

-¿Qué dices, Sei? ¿Con tu maestra?

-Me sentí incómodo con ella, pero no pude regresar, de alguna manera me drogué… Toshiro piensa que ella me drogó, y es muy posible, pero detesto hacerme la víctima, suficiente es tener ese recuerdo. –Se le remojaron los ojos, pero se controló -. Pasé la noche con ella, pero no lo recuerdo.

Takeru no supo que responder, no se imaginaba esa respuesta. Adentro de esa respuesta dada por su hijo podrían existir muchas explicaciones, muchas implicaciones. El padre miró a su vástago. Sei hubiera querido hacerse pequeño para abrazarse de su papá.

-Hijo, Sei, debiste decírmelo antes. Tenemos que tomar cartas en el asunto.

-No quiero. Ya arreglé ese problema. Lo he superado.

-No, no lo has superado.

-¿Acaso importa, papá?, eso ya no me interesa – dijo Sei -. En todo caso mis problemas con las mujeres empezaron a los 12, cuando tuve la decepción del primer amor. Las cosas pasan y las personas las superamos, así funciona el mundo.

-¿Y piensas superar tus problemas tirado en el tapete viendo una televisión apagada?

-Papá, dime… ¿qué harías al saber que lastimaste a una persona muy especial por estúpido?

-Pediría disculpas.

-¿Y qué harías si no tuvieras el valor de enfrentarte a esa persona por temor al rechazo?

-Yo no tengo hijos cobardes, Seiyuro – respondió Takeru -. Mis hijos son valientes y enfrentan sus problemas aunque les cueste la vida.

-Papá, ¿sabes entonces lo que me pasa?

-Sólo sé que se trata de una chica, ¿es eso lo que te tiene así? – preguntó el papá, el hijo asintió.

-Estoy enamorado, pero no me había dado cuenta.

--

-¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL! – gritó Minagawa, desde las bancas, con fuerza tenía atrapada la mano de su hermano mayor -. ¡Mira hermano, nuestro primo metió gol bien rápido!

-Jeje, Kotty Ishida heredó mis habilidades deportivas sin duda alguna.

-Shhhh, no le digas Kotty, ya sabes que se enoja – dijo Min, con una sonrisa traviesa. – hermano, ya te ves menos triste, qué bueno que me trajiste, te vas a divertir.

Min le dio un abrazo a Seiyuro y siguió gritando hacia la cancha con mucho ánimo, allá abajo, en el pasto verde, un niño de aproximados 11 años los saludó con energía y siguió concentrado en el partido. El chico era de piel morena, estatura mediana, cabello anaranjado y rebelde, Seiyuro sonrió al verlo, Kotaro había crecido mucho en esos años.

-¡Ánimo Cotarro-senpai! – gritó una vocecita a espaldas de Min y Sei -¡Patea a esos insectos!

-No Tulo, así no se dice – reprendió con amabilidad otra voz.

-¡Pero así dice Ben!

Minagawa volteó hacia atrás.

-¡Tulo! ¡Por fin llegas! – dijo, muy contenta - ¡mi primo va a ganando, es el mejor!... ¡Hola, Osen!

-Hola Min, hola Sei – saludó Osen Izumi, y luego pasó a sentarse al lado de su rubio amigo.

-Nos tardamos porque Ben no quería traerme, es un malvado, pero mi hermana es buena y sí me trajo – informó Tulo con voz solemne – Hey Min-chan, allá está Satoru, ¿lo ves?

-Vamos por él, seguro no nos ha visto – Min volteó hacia Seiyuro –Hermano, ¿podemos ir por Satoru-kun?, ¡es que no nos ha visto!

-Es porque está miope Min, yo una vez me puse sus lentes y ¡Zumb!, no vi nada, mejor debería quitárselos.

-Está bien Min, vayan, pero con cuidado y regresen dentro de… ¡3 minutos!

-¡Órale eso es muy poquito tiempo! – rezongó Tulo.

-¡Vamos corriendo!

Los pequeños se alejaron de Sei y Osen, el joven rubio los seguía con la vista para asegurarse de que estaban bien, Osen en cambio miraba a Seiyuro, y lo analizaba. Osen Izumi tenía ya catorce años, seguía siendo una joven pálida y frágil, delgada, con enormes ojos negros; era tranquila, dulce, pero seguía siendo tremendamente curiosa.

-Sei, ¿ya te encuentras mejor?

-O-chan, yo no estaba enfermo.

-Lucías enfermo. Estábamos preocupados por ti. – admitió la pelirroja-. Taiki me dijo que estabas teniendo un mal rato…

-¿Taiki?

-Sí. Me lo dijo. A él también lo noté serio – mencionó Osen.

-Bueno, sí, tuve un mal rato… como todos – replicó el chico - ¿Y Tú que tal, preciosa?

-Yo estoy bien

-Te ves feliz, ¿cómo te has sentido de tu operación?

-Bien, lo de siempre – afirmó Osen -. Aunque estoy contenta porque tengo un nuevo amigo por el internet, es una persona lindísima.

-¿¬¬ un amigo?, ¿segura que un amigo?

-¡Claro, un amigo! – contestó Osen, alterándose un poco.

Tras la corta charla se concentraron en el juego, Kotaro jugaba en el medio campo, hacía buenas jugadas, daba buenos pases, Sei comenzó a recordar sus viejos tiempos, cuando la diversión más esperada era el fútbol, en aquellas épocas le encantaba que le echaran porras "Es bueno salir de casa para despejarse, ¿a que sí?"

-¡Oye Osen! – gritó Mayumi Ishida, tras May venía Hidemi Yagami, ambas se acercaron al sitio en donde Sei y Osen estaban.

-Hola chicas – saludó Osen, con calma. – Vengan a sentarse con nosotros.

-¿Contigo y quién más? – preguntó Hidemi.

-Pues con Seiyuro y… - Osen se percató de que Sei había desaparecido de su asiento, se rascó la cabeza. - ¡qué raro!, él estaba aquí hace un momento.

Mayumi encontró una pequeña bolsita de su primita Minagawa, miró a su alrededor pero no vio a nadie.

-Esto es de Min. – aseguró la rubia Ishida, quien seguía siendo una preciosa muchacha poco femenina y huraña.

-Él se ha ido de nuevo… - lamentó Hidemi, con tristeza -. Creo que ya no quiere verme nunca más…

-Lo que pasa es que es un cobarde, ¡así se comportan los hombres! – renegó Mayumi, ella y Osen ya sabían del pequeño incidente, Hidemi les había contado.

-Yo creo que Sei no la está pasando bien – opinó Osen.

-¡Pero está huyendo!, debería aclarar las cosas con Hide.

-Me pone tan triste verlo así… y todo por mi culpa – la adolescente se levantó de la grada -. Chicas, me voy a casa, no tengo muchos ánimos.

-Nada de eso señorita, ¡estás saliendo con nosotras y tu asunto con Seiyuro es otra cosa!, ¿no crees Osen?

-Sí. Quédate un rato más Hide.

A Hidemi se le salieron las lágrimas.

-No… me regreso a casa…

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-¡¡BUUUUUAAAAAA!! ¡¡Yo quería ver a mi primo Kottyyyy jugar!! – lloraba Min, su hermano inexplicablemente la traía de regreso a su hogar casi a la fuerza.

-Se nos acabó el tiempo Min-chan, luego prometo recompensarte.

-¡BUAAAAAAA! ¡Tulo y Satoru si pueden estar allá, ¿por qué yo no?!

-Escucha Min, perdóname. No podía quedarme.

-¿Por qué? – la niña se secó las lágrimas de berrinche - ¿Estás enfermito?

-Algo así.

-¿Qué te duele?

-No sé.

-¿Te doy  medicina?

-No tengo cura

-Hermano, no quiero que te pongas enfermo…

-¡Háganse a un lado! – gritó el conductor de una bicicleta negra, enorme y con llantas hinchadas y sucias.

Al ver venir la bicicleta hacia ellos, Sei tomó a Min en sus brazos y saltó a unos arbustos.

Cuando salió de ellos vio una figura inerte en el suelo y una bicicleta hecha añicos por toda la banqueta.

-¡Es mi primo Taiki! – dijo Min, corriendo hacia el hijo de su tío Taichi.

-¿Qué hacía un metro elevado en el aire en medio de la banqueta?

-Seguro estaba practicando alguno de sus saltos mortales, ya sabes que ahora le da por practicar ciclismo acrobático o algo así.

-¿Mayumi? – se asombró Seiyuro, su prima acababa de llegar de manera inesperada.

-¿Qué, no te da gusto verme? – preguntó con algo de altivez, luego se inclinó hacia Min -. Toma Min, se te olvidó.

-¡Mi bolsita!

-Vine a entregártela – sonrió May, luego pateó la bicicleta de Taiki -… esta cosa quedó destrozada.

-May, ¿viene ella contigo?

-¿Quién es ella?, para que lo sepas Seiyuro, no soy adivina.

-Hidemi…

-Ah, Hide. – May miró que Taiki volvía en sí poco a poco -. Pues se fue a su casa llorando porque "alguien" la ignoró.

-¿Llorando?

-Sí, llorando.

-Soy un imbécil… lo que menos quiero es hacerla sufrir. – "Cada vez que la veo no puedo controlarme, me pongo feliz, pero es una felicidad que no puedo controlar… la veo, y me da miedo  que no quiera volver a saber de mí".

-Eah, Taiki, levántate – ordenó Mayumi, quien parecía ya estar impuesta a las locuras de Taik.

Taiki se puso de pie con mirada desafiante, le sangraba la boca, Min se escandalizó y corrió para ayudarlo, Taiki la alzó en sus brazos.

-Estoy más fuerte que nunca, Minagawa – le dijo -. Mira, sólo practicaba el salto doble por aquella rampa que ves en ese callejón, no pasa nada.

-¡No quiero que te caigas nunca nunca nunca! – rogó Min.

En todo ese tiempo May no había dejado de mirar a Seiyuro, esperaba una reacción que no parecía querer llegar.

-Yo sólo quiero que las cosas con Hidemi sean como antes – admitió Seiyuro.

-Entonces habla con ella – dijo Taiki, inesperadamente -. Si sigues así vas a lastimar más a mi hermana de lo que pensé, y entonces yo te haré mil pedazos.

-Taiki, tu hermana no es como las otras chicas, yo estoy consciente de eso, ¡yo la quieee…! – Sei se detuvo, pero su corazón en cambio rugió del susto, ¡él la quería!

-Argg… maldición – Taiki renegó, desvió la mirada -. Mira, no me gusta esta situación, pero tampoco quiero que Hidemi sufra, ¡haz lo que sea pero que se vuelva a reír!... Errr, búscala en el lago del parque, ahí va siempre que está deprimida.

-¡Taiki! – se admiró Mayumi, Min aplaudió.

-¿Estás seguro?

-El que tiene que estar seguro eres tú – dijo Taiki - ¡¡Pero eso sí!!, Si Hide llega llorando o con cara entristecida por tu culpa, juro que de esta noche no pasas, Seiyuro.

-Mayumi, ¿podrías llevar a Min al juego y luego a mi casa?

-Cuenta con eso.

-Y… Taiki, gracias.

Taiki hizo un ademán con su mano izquierda, ¡pero qué incómodo era ser el hermano celoso!

Seiyuro desapareció casi al instante, era su oportunidad… Su padre lo había dicho, él no era cobarde.

Él no se había dado cuenta, ¡pero era tiempo de arreglar sus errores!, de dejar atrás lo amargo para siempre.

Fin de la parte 2

La tercera parte de este fic la publicaré en unos días en cuanto encuentre el archivo. Gracias por leer este fic viejito e incoherente.