1. Cosecha
- ¡León! ¡León! ¡Despierta! - canturreaban las voces juguetonas de los mellizos.
Abrí los ojos lentamente, los dos saltaban de un lado a otro de mi cuerpo, aún tumbado en la cama. Me levanté con la misma lentitud y me froté un poco los ojos.
- Venid aquí, trastos - dije y los cogí con ambos brazos, uno sosteniendo cada niño.
Sonreí. Mario y María me despertaban usualmente así, siempre cuando me quedaba dormido. Tenían apenas cinco años y tenían pelo y ojos castaños claros. Eran divertidos y por suerte, muy alejados de la realidad. No recordaban a sus padres, muertos cuando aún no sabían ni hablar. Yo no sabía de qué habían muerto, pero eran como nosotros: huérfanos. Mi madre tampoco sé de qué murió, yo tenía dos años y mi padre... él murió hace algo más de dos años, en una explosión en una de las minas al aire libre de nuestro distrito. Los padres de los otros huérfanos también murieron del mismo modo, de sus madres tampoco lo sé. Los llevé a la cocina donde Lily y Markus cocinaban el desayuno y preparaban la medicina para Laura, que llevaba unos días enferma. Lily tenía doce años, Markus trece y Laura, catorce. Yo era el mayor, tenía quince. Miré el calendario que había en la nevera que casi siempre estaba vacía. No. Cualquier rastro de sonrisa se me borró de la cara de pronto. Hoy era la Cosecha.
La Cosecha significaba que los Juegos de la Supervivencia estaban cerca. En la Cosecha, se sacaban al azar los nombres de dos niños entre 12 y 18 años de cada distrito, que son elegidos como tributos. Los tributos tienen que participar en esos Juegos, que no son más que un espectáculo televisivo para la gente de Ciudad Unión, los únicos que no sufren por ello. Para nosotros, es una crueldad que nos obligan a ver. Es una lucha a muerte con un sólo superviviente. De nuestro distrito, el 13, no gana demasiada gente, ya que somos muy pobres comparados con los del distrito 2, ricos y con gran conocimiento de lucha. Sólo hemos tenido cuatro ganadores: Franz, muerto, ganó los 7º Juegos; Gerd, muerto, ganó los 13º Juegos; Oliver, muerto, ganó los 21º Juegos y Marlon, el único vivo, ganó los 60º Juegos. Hay muchos niños aquí, en edad tributable, cuyas papeletas estaban muy repetidas en la urna, por las teselas. Las teselas son un cargamento de comida para sobrevivir un año para una persona a cambio de una papeleta extra en la Cosecha, sólo pueden ser pedidas por gente en edad tributable. Laura pide tres al año para Lily, María y ella, y yo también, para mí, Mario y Markus; por lo tanto cada año ganamos cuatro papeletas. No le dejamos a Markus pedirlas, sólo nosotros nos arriesgamos. Me arreglé, saldríamos en la televisión de Ciudad Unión. Ayudé a Lily y Markus a arreglarse también, teníamos que estar en la plaza. Cogí a María y Mario y entré en la habitación de Laura.
- ¿Estás despierta? - pregunté
- Sí - me respondió - Déjalos aquí. Yo los cuidaré
- Lo sé. Este año te salvas - dije, intentando que sonase a broma. Pero, no nos reímos, no se podía bromear sobre la Cosecha o los Juegos.
Dejé a los mellizos y cogí a Lily y Markus, camino a la plaza. Toda la gente ya se reunía, los niños nos situábamos delante en grupos de edad. Lily y Markus estaban nerviosos. Yo no, ya eran 4 veces con esta. Mi papeleta tenía muchas posibilidades de salir. Enseguida llegó Effie Trinket, la escolta de los tributos de nuestro distrito. Era muy estrafalaria para mi gusto, como toda la gente de Ciudad Unión.
- Bienvenidos, todos. Vamos, sonreíd - dijo Effie con su tonto tono alegre, odioso - No pasa nada. Pasemos directamente.
Se acercó a la primera urna y sacó una papeleta. Mi mente pensaba lo mismo que la de los demás: "que no sea yo", "que no sea yo". Mi respiración se volvió bastante rápida. Me calmé. Pero perdí la calma de nuevo cuando escuché el nombre que salió de la urna.
- ¡Lilian Donner! - dijo Effie, contenta
¡No! ¡Lily no! Su primer año, y ya elegida, no. No lo pensé y corrí hacia el escenario. Había gente que gritaba y me intentaba detener. Lily ya se dirigía hacia el escenario. Tenía que pararla y sólo necesitaba tres palabras que grité enseguida, alzando la mano:
- ¡Me ofrezco voluntario!
