"LIMERENCIA"
"O PERDER LA CABEZA POR AMOR"
Disclaimer: Ninguno de los personajes que aquí se mencionan de Dragon Ball Z me pertenecen. Son única y exclusivamente del magnánimo Akira Toriyama. Si me perteneciera, Mirai Trunks aparecería en Dragon Ball Super pero en una competencia de trajes de baño con aceite.
Nota de autora: [Universo Alterno] Ya me conocen así que ya saben a qué atenerse: todas las advertencias que el Ranking M significan.
"Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad."
- Wislawa Szymborska
:Kame Sennin Kyanpasu:
—En serio Lunch, me saca de casillas la forma como Maron siempre revolotea alrededor de Yamcha, intentando llamar su atención con su mímica de niña tonta. ¡Y ese idiota siempre le sigue el juego! ¡Es asqueroso! —
—Vamos, Bulma. Sabes que los hombres son muy hormonales y…
—¡Idiotas sexuales!—suspiró con fuerza, peinando su flequillo. –Yamcha ha cambiado tanto desde que entramos a los últimos cursos. Al principio odiaba toda la atención que recibía de las otras chicas, pero ahora… si me descuido un segundo ¡podría terminar siendo un sucio playboy! De hecho, la semana pasada…—
Bulma calló abruptamente al notar una silueta cruzando por el pasillo principal. Por alguna razón ajena a su actuar, su corazón galopó sin frenos.
Parpadeó dos veces.
"¿Podría ser?"
Dio un respingo al ver que Lunch zarandeaba su mano—¿Uh, Bulma? ¿Sigues en la tierra? —
—Tengo que irme— declaró con firmeza para salir despedida por el pasillo, persiguiendo la silueta.
"¿Qué hace él aquí, en MI instituto?"
Bulma, heredera del espíritu científico de su padre y partidaria del escepticismo, se preguntó por qué estaba tan convencida de que la presencia de aquel joven en su instituto no era fruto del azar. ¿Acaso la casualidad jugaba con ella? ¿Acaso quería convertirse en un destino?
Distraída buscando entre los pasillos, tropezó con fuerza contra una dura espalda.
—¡Diablos!
Agitó la cabeza, dispuesta a proferirle insultos al entrometido, hasta que notó que era él.
Él.
Altanero y engreído como la primera vez que lo vio.
—Tú. Muchacha. —comentó con voz fuerte —Dime dónde está Kakarotto—
La peliazul lo observó con curiosidad.
—¿Eres el moribundo grosero de aquel club?
Vegeta alzó una ceja. —¿Eres la sirvienta chismosa de Kakarotto?
—¡Óyeme pequeño! — puso las manos en jarra sobre sus caderas. Arrugó el ceño —No me gusta tu tono de voz—
"¿Pequeño? Debería ahorcarla"
—Y a mí no me gustas tú. —se cruzó de brazos —Ahora que hemos acabado con las ridículas presentaciones y nos hemos declarado nuestro mutuo desagrado, ¿por qué no haces algo útil y me llevas donde Kakarotto? —
Bulma sintió que la ira le hinchaba las venas de las sienes. Antes de perder la compostura, respiró hondo y sonrió con coquetería, desconcertando al joven.
—Supongo que su majestad puede hacer uso de sus estúpidos pies por sí mismo, como aquella vez en que se desplomó de narices. —
El pelinegro la miró con los ojos entrecerrados. Antes de que pudiera reprenderla, se había marchado, contoneando graciosamente las caderas.
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—¿Estas bien, cielo? Te ves algo distraida.
Bulma parpadeó, intentando volver a la linea de conversación que tenía con Yamcha.
—Si mi amor, pienso que tu cabello se vería mejor corto—
Lo observó directamente a los labios, perdida en sus propios pensamientos. El encuentro con Vegeta le taladraba la cabeza como una premonición, y durante el día luchó contra el deseo de esconderse de él, o ir tras él para confrontarlo de nuevo.
—Bulma…
—¿Si?—respondió, divagando aún en sus pensamientos —Yamcha, tengo muchas cosas en mi mente y…—
—Tus ojos brillan más que cualquier día— comentó su novio, acercándose para darle un beso en los labios. Justo en ese momento, apareció Gokú y se sentó en la mesa junto a ellos. Bulma saltó de felicidad al verlo, sin evitar esconder la curiosidad que le generó el encuentro con el nuevo joven.
Yamcha gruñó por lo bajo.
—Claro que lo recuerdo, Bulma. Vino a buscarme— respondió Gokú, tomando una rebanada de pizza.
—Él mencionó a un tal Kakarotto. ¿Eres tú?
—Así es. Me inscribí con ese nombre para evitar problemas con mi abuelo Gohan, por si me atrapaba la policía en el club—
La peliazul posó su barbilla en su mano —¿Y que hablaron? —
—Me retó a muerte. ¿No hay más pizza? —
—¡¿QUÉ?! — chillaron al unísono.
Yamcha continuó —¡¿Y estás tan tranquilo?!
—Dijo que piensa ganarme en el Torneo de Artes Marciales y retarme de nuevo en el club Namek para hacerme pedazos. Es bastante arrogante, eh?—
—¡Es un enfermo! — se quejó la peliazul
—Nunca había conocido a alguien con tanta determinación. Me muero por pelear con él. ¡Será divertido!
El ingreso de Vegeta hacía unas semanas a Kame Sennin distaba mucho de ligar asperezas entre el pendenciero Raditz y los desafortunados estudiantes con los que se tropezaba, pues continuó reinando el imperio infundido en terror, robo de dinero, agresiones físicas y visitas a detención. Sin embargo, Bulma pudo notar que Raditz era el único que realizaba el trabajo sucio, tal vez por iniciativa propia o instado por el más pequeño. A él nunca lo vio manchando sus manos.
Exceptuando aquella vez en que ahogó a Ten ShinHan en el inodoro y le rompió la cabeza con la tapa, luego de que el calvo lo retara a muerte porque Raditz encerró a su hermano Chaos en el locker.
Ni siquiera iba a clases, pues estaba en el mismo curso que ella.
"A quien engaño, yo tampoco voy a clases"
Parecía que solo vivía y deliraba por entrenar obsesivamente en el dohjo del instituto, comer hasta explotar en la cafetería y proferirle amenazas a Gokú cada vez que lo topaba.
Y aun así nunca lo atacó a puños como un animal. Parecía que Vegeta se regía por un extraño código de conducta interno, pues caminaba como toda una realeza, se quitaba los zapatos al entrar al dohjo, se sentaba recto en el asiento de la cafetería, medía sus modales -contrario a su compañero-, miraba a todos como si fueran pordioseros, y evitaba en lo posible ensartarse en comportamientos bajos dentro del instituto.
La música enérgica la sacó de sus pensamientos matutinos.
I don't believe that anybody feels the way I do about you now
—Chi-Chi, está muy temprano para eso—Bulma recostaba su barbilla en la ventana de copiloto. Supuso que cuando su amiga la llamó anoche para contarle sus penas acerca de la indiferencia de Gokú, no había dimensionado lo mucho que le había afectado.
—¡Tonto! ¡Tonto!—la pelinegra pisó con rabia el acelerador de su automóvil. Llegarían tarde a clases. – There are many things that I would like to say to you but I don't know how – para este punto dio un giro bastante rápido, logrando derrapar el auto y que Bulma casi se infartara – AND AFTER AAAAAALL…. YOU'RE MY WONDERWAAAAALL -
—Estoy harta de que interponga el entrenamiento antes que nosotros— comenzó la pelinegra —El problema es ese maldito club que les ha lavado el cerebro a todos, especialmente a mi Gokú. Y todo por culpa de… ¡Ajam! ¡Allí está ese malnacido!—
Al frente de ellas, en el aparcamiento del instituto, se encontraba Raditz aún sentado en su moto, fumando un cigarrillo.
—Chi-chi. No estarás pensando…—
La pelinegra sonrió a medio lado, tomando el timón con fuerza y agudizando la mirada. Con un chillido propio de un gato arañando el pizarrón, aceleró directo a su objetivo, frenando en el último milímetro y logrando chocarlo con el capó. Raditz cayó al piso.
—¡Voy a morir! ¡Voy a morir!—chilló la peliazul
Por detrás del vidrio pudo escuchar las palabrotas de Raditz. Chi-chi le señaló el dedo medio.
—¡Si no te gusta como conduzco, apártate de la acera y deja de chillar!—
Retrocedió para parquearse en el puesto de enfrente y apeó del auto con ira, amenazando con llevarse a todos por delante. Bulma suspiró. Su día no empezaba de la mejor manera.
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—Demonios—Bulma mascullaba con desidia, intentando recordar la clave de su locker. Por alguna extraña razón no lograba recordarla.
Odiaba el instituto. Había rogado a sus padres que la sacaran de allí y dedicarse al negocio familiar, pero parecía que su madre aún la veía como una niña pequeña que debía socializar.
Lo había decidido: terminaría este año y lo tiraría todo por la borda.
—¡Señorita Brieff! La he estados buscandos el día de hoy—
"Mierda, mierda"
—De hechos, la he estados buscandos todo el primer periodo.—
Bulma sonrió nerviosa. No había vuelto a la electiva de química en varios meses, simplemente porque le parecía una pérdida de tiempo. Y cuando por fin se decidió a volver, apareció el odioso de Vegeta. Y aunque no lo quisiera admitir, lo estuvo evitando todo este tiempo.
—No quiero escuchar ningunas excusas sobre su ausencias. Debido a que no volvió a mis clases, no escogió su parejas para el proyectos de fin de año.
"¿Proyecto? Yamcha no me habló de eso."
"Espera, ¡ni siquiera me escogió como su pareja! ¡Ese imbécil!"
"¡Maldito vago! ¡Seguro tampoco fue a clases!"
"¿Y si se emparejó con otra?"
"¡AGGH LO MATARÉ, BASTARDO!"
—Siendo la únicas faltantes, la emparejé con el estudiantes nuevo—abrió un folio de cuerina –Vegeta Saiyan—
"Tiene que ser una broma. UNA MALDITA BROMA"
Golpeó con furia el candado del locker y recordó que hacía un mes había cambiado la contraseña. Le llegaron los números a la cabeza y lo supo:
Era el día y mes en que fue al club por primera vez.
Tarble tragó saliva con dificultad para sostenerle la mirada aguileña del que se encontraba sentado en el sillón al frente de él. El mutismo de Vegeta cada vez se hacía más insoportable.
El sitio era espantoso. Estaba abarrotado de cajas de comida china, cartones de pizza, ropa sucia, botellas vacías y era evidente que hacía mucho tiempo no habían aseado la mesa central, cubierta de un polvo blancuzco. Pero lo que siempre le impactaba, cada vez que iba a visitar a su hermano, era la enorme cruz sado de san Andrés clavada a la pared, y los arneses y mordazas bondage esparcidos por toda la sala, a plena vista.
—Nii-sama…—
—No—
—Por favor—el menor inclinó el rostro a modo de súplica, acercándole el sobre blanco. –Padre está enfermo y…—
—Y un demonio—el mayor le arrebató el sobre a Tarble, y a continuación lo tomó del cuello de su camisa. Lo zarandeó en su rostro –Dile que puede meterse su asqueroso dinero por donde mejor le quepa.—
—¿Es que piensas vivir en esta pocilga hasta el fin de tus días? ¡Padre te necesita! ¡Yo te necesito!— arrugó el ceño, fiel herencia Saiyan.
—No saques a relucir tus patéticos melodramas. Si Padre está así, es porque lo merece—
—Pero yo… yo no te he hecho nada, Nii-sama.
—Vete, Tarble—
El menor suspiró. Esta vez no iba a ser distinta de las anteriores. Se levantó del sofá, yendo directo a la puerta. Antes de marcharse, le dedicó una última mirada—Vuelve a casa. Por favor—
Presa de una cólera ciega, Vegeta estampilló su puño en la endeble pared de concreto. Se quedó en esa posición, observando las pequeñas grietas alrededor de sus nudillos hasta que una risa honda lo sacó de sus cavilaciones.
—Ese mocoso tiene un poder increíble para sacarte de casillas, príncipe—Raditz entró con sendas bolsas llenas de licor, seguido de dos jóvenes y dos mujeres que Vegeta había visto anteriormente.
Pasando por alto los saludos eufóricos de los llegados, se encerró en su habitación. Contrario al pequeño apartamento que compartía con Raditz y Nappa, su cuarto era un santuario. Totalmente blanco, pared inmaculada y pisos limpios, con las sábanas perfectamente tendidas y su ropa clasificada por colores en su pequeño closet. Un equipo de sonido de alta definición era la única ostentosidad que resaltaba entre sus pertenencias.
Se echó en su cama, con los brazos extendidos detrás de su nuca. Ya se escuchaba la música afuera de su habitación, supuso que la orgía había iniciado. Se permitió cerrar los ojos, hasta que el sonido de un nuevo mensaje en su celular lo alertó.
Nappa: Hermanos Gero en el club. US$5.000 Esta es nuestra oportunidad, príncipe
Sonrió divertido, poniendo sus guantes impecablemente blancos. Tanteó el bolsillo de su pantalón en busca de la cápsula y salió de su habitación.
Despertó desorientado y con frío.
A pesar de su aturdimiento, estaba completamente seguro de no estar en el club. Lo último que recordó Vegeta fue el bermellón opacando su vista, y un dolor escandaloso en su brazo izquierdo. Lejos de cualquier excusa misógina, nunca antes, en su problemática vida, había sido humillado por una simple mujer.
No era un travesti infiltrado. No era una marimacho. Para castigo a su ego, era una rubia hermosa, y fuerte como un demonio.
Observó su extremidad vendada con minucia. Saliendo de su sopor, examinó el recinto a su alrededor: paredes azul cielo, sábanas y cortinas a juego, tanques de oxígeno con el letrero "Capsule Corp", y una pequeña mesita de madera. Y allí estaba la peliazul con sus cabellos revueltos y su traje naranja, el mismo que traía puesto en el club.
Estaba profundamente dormida, con su rostro ladeado hacia la cama donde descansaba.
¿Estaría en casa de esa pesada?
¿Lo estaba cuidando?
Y si esa última pregunta era afirmativa, la siguiente era aún aterradora: ¿Por qué lo hacía?
¿Por qué una extraña, hacía el papel de buena samaritana con él?
Lo que no sabía Vegeta, era que Bulma era el tipo de personas emotivas que se preocupan por los demás, sin importar qué tan mal los haya tratado. Su insistencia constante por ayudar hacía parte de su naturaleza compasiva. Si bien su inteligencia era muy superior a la media, parecía que la mayoría de sus decisiones las tomara en base a sus sentimientos. Por eso siempre estaba en problemas. Y por esa misma razón ella continuaba detrás de él, sin importar lo odioso que era y lo poco que lo conociera.
Zarandeó su cabeza y bufó con rabia. "Me largo de aquí"
Avisos parroquiales: No se de quien diablos es la imagen que utilicé como cover a partir de este capítulo, pero si alguien conoce al autor, se lo agradeceré eternamente con desfile de los guerreros Z en trajes de baño.
De antemano mis disculpas por la demora, ya sé que soy la persona más horrible del universo. La vida de adultos no es divertida.
Abrazos a todos!
