Villa Crepúsculo, ni idea de porqué se llama así, es un lugar muy hermoso, sobre todo los atardeceres que tiene. Creo que mudarme desde Vergel Radiante no fue tan mala idea, claro, me pude dar cuenta de eso tiempo después de haberme mudado. Es una ciudad tranquila, en resumen. Tiene ese toque de un pueblo viejo de ladrillo con algunos detalles modernos.

Llegue a la editorial, mi jefe, Ansem, un hombre ceñido de ojos anaranjados, estaba platicando en la acera con una chica rubia y de ojos azules, esos rasgos me tienen persiguiendo desde ayer. Me trague una sonora risa a causa de aquel curioso pensamiento y entre.

—¿Por qué tardaste tanto, Axel?—maldito bipolar, en el teléfono sonaba como el mismísimo diablo y ahora suena como la persona más calmada del mundo.

—Oh, no iba a llegar con la cruda más notable del sacro mundo.

Se acomodó el fleco, su pelo de color azul y negro... esa manera al estilo emo que siempre lo trae—pero si siempre te ves desarreglado.

Ignore ese último comentario—bueno, ¿para qué tanto alboroto?—le pregunté cruzando los brazos mientras comenzábamos a caminar.

—Una diseñadora gráfica, muy recomendada por Ansem...

—Tu padre—lo interrumpí sabiendo que eso lo haría enojar.

—Ansem—recalco con ira-el caso, se llama Naminé, vino para eso de la portada—dio un suspiro—así que verás unas cosas con ella, se dice que ella misma dibuja las cosas.

Como siempre, yo estoy muy separado de todo este mundo, pero bueno, a mi sólo me interesa si publico o me mandan rumbo al carajo—claro...

—Mira, ahí está—Ienzo señaló el extremo del pasillo, pudiendo ver a la joven rubia acercarse hacia nosotros dos.

—M-Mu-Mucho gusto, yo soy Nami-Naminé Strife—la menor hizo una reverencia. ¿Strife? ¿De dónde me suena? Ya lo investigare después. Su timidez me tomó de sorpresa, no pensaba que alguien a quien Ansem recomendará, según Ienzo, tanto fuera de esa manera.

—Axel Flynn, ¿lo captas?—ella agachó la mirada cuando me presente.

—Como siempre andas intimidando a la gente. Yo soy Ienzo Wise.

—Un gusto, los dos.

Pase todo lo que le restaba a la mañana y gran parte del día con aquella chica Naminé. Estuvimos platicando y viendo las cosas del diseño de la portada. ¡Dibuja excelente! Los rumores sobre que ella dibuja las cosas eran ciertos, pero ya vi que es debido, creo que estaría mejor en el mundo del dibujo en vez de andar metida en todo esto.

—Entonces, ¿el diseño del atardecer es el que más le favorece?—se tornó muy seria al incluir todo sobre un negocio.

—Sí.

—Bien, creo que con eso damos por...—un celular comenzó a sonar interrumpiendo a la chica—¿hola...?—parece que era el suyo—oh, ¿Riku?—y creo que ahora me va a dejar colgado hasta que termine—Axel, ¿me permites?—sólo asentí.

En realidad, ya dimos un cuando así que no veo la razón de que siga aquí. Pase y me despedí rápidamente de Ienzo que se encontraba platicando con su padre.

Llegué rápido a mi apartamento, pero al entrar me di cuenta de que en realidad no tenía nada que hacer. Usualmente pasaba el tiempo cocinando esperando a que Saïx llegara de su trabajo. Vivir solo era un cambio drástico. Me recosté en el sillón que aún apestaba a ebriedad y tomé mi teléfono celular, no estaba de humor para gastar mi tiempo en Internet.

—¿Qué hacer, qué hacer…?—me decía como un extraño mantra personal. En eso marqué rápidamente y esperé unos tonos.

—¿Qué sucede, Axel?—escuché la calmada voz de Ienzo como respuesta.

—Estoy aburrido, ¿qué haces?—le pregunté con un tanto de cansancio.

Se distinguió un ligero suspiro del otro lado de la línea—trabajando, con una banda, ¿si sabes que tengo más clientes además de ti, verdad?

—Vamos, Ienzo, ¿no puedo ir contigo a escuchar a esa banda?

—¿No tienes algo que hacer con tu novio o algo así?—me cuestionó con un tono déspota.

Entonces recordé que todo había sucedido tan rápido que no le había dicho a nadie, aunque la única persona con la que poseía algún tipo de amistad era Ienzo.

—Yo… mejor nada, pasa buena tarde.

—Le diré a Even que cancele mis citas de hoy, estaré en tu apartamento dentro de unas horas, pasa buena tarde, Axel—me colgó al instante.

Dejé mi teléfono en la mesa, me dirigí al cuarto y me tiré de manera directa en la cama. Me sentía cansado sin razón alguna, debía comer pero no tenía la energía suficiente para ir a cocinar, entonces percibí un conocido olor en las sabanas, sentí una extraña combinación de tristeza con asco, era el aroma de aquel peliazul. Aquello me hacía cuestionar dónde estaría y si estaba bien, era estúpido pero mentiría al decir que ya no lo amaba. Dolía y bastante, ¿acaso era mi culpa? ¿qué le daba aquel Xenmas que yo no?

Me retiré de inmediato de la cama, no aguantaría un instante más absorbiendo aquel tóxico edor. Volví a la sala y preferí aguantar la peste a ebriedad siendo que me acosté en el sillón.

El timbre sonó cosa que me despertó rápidamente. Me levanté para abrir sabiendo con obviedad quien era. Le abrí a Ienzo simplemente me observó con una cara inexpresiva.

—Pasa—le dije dirigiéndolo con un brazo al sillón.

—Estas hecho un asco—me dijo con desagrado. No me interesó, yo sabía cómo me encontraba, se sentó en el sillón y me observó detenidamente—Axel, ¿qué te sucede? Incluso en el trabajo te note con un impulso de energía falso—me senté a su lado.

—Saïx me dejó—solté con un tono monótono. Mantuve mi mirada recta observando la televisión apagada pero logré ver de manera periférica que Ienzo había girado la mirada con preocupación.

—¿Qué?

—Saïx me dejó—repetí. Me giré hacia él, esperaba una elocuente plática sobre ello pero al mirarlo solo pude vislumbrar una atónita mirada.

—Axel…

—Me sorprende que no digas nada.

—Pensé que ustedes eran del tipo de parejas que era la definitiva.—me dijo con un tono delicado—Disculpa por ese comentario,—dijo moviendo su fleco—¿qué tal te encuentras al respecto?

La pregunta era de una respuesta obvio, pero conociendo a Ienzo la respuesta que él buscaba era algo más—devastado, siento que todo esto es mi culpa, Saïx siempre quería que fuera más serio, más responsable.—la voz se me quebró un instante, de seguro y lo que ese hombre le daba era aquella relación seria y con compromiso que él buscaba.

—Entonces no está tan mal que hayan terminado—dijo rápidamente.

—¿Qué?

—Tú no le brindabas lo que él quería, como la vez que publicaste por primera vez y él te desalentó al comenzar—en mi mente pasaron esos instantes en que Ienzo se negaba a que yo dejara—hablando de, ¿cómo harás con el apartamento?—me preguntó obviamente tratando de cambiarme el tema.

—Este libro saldrá dentro de poco y las regalías de los otros me mantendrán bien.—le respondí aún sabiendo que él conocía la respuesta—Pensé que éramos de esas parejas que aún con sus diferencias nos complementamos, incluso con el dinero que ganaría con este dinero yo...—las imágenes de aquella tarde en que me detuve a ver anillos de compromiso ardieron en mi mente.

Ienzo tenía una mirada de sorpresa pero se compuso en pocos segundos, entonces sacó su teléfono celular, entonces una canción sonó de este—esta es la banda que estoy dirigiendo, son buenos pero no tienen un género definido lo que los hace difíciles de vender...—me dijo con su típico timbre de sabelotodo, subí la mirada—mira, Axel, no sé qué podría decirte al respecto de esta situación, tengo experiencia nula en lo que respecta a las parejas, pero, llevamos años trabajando juntos y creo que nuestra relación ya es amistosa, así que para cualquier cosa sabes que te apoyo—dijo observando fijamente a la hacia enfrente, aquella mirada declaraba una sinceridad un tanto ajena a él.

—Lo sé, lo sé…—dije recostandome sobre mis piernas—pero eres la única persona con la que mantengo contacto alguno, y ello apareció gracias al trabajo—oculte la mirada—supongo que deseaba que alguien me escuchará y quién mejor que el único amigo que tengo—le dije con un tono de voz que descendía en sonido. Él tan sólo atinó a suspirar ante lo que le había dicho.

Tardó unos segundos en contestarme—esta bien, ¿requieres platicar aún más sobre esto?—me preguntó, a lo que yo me acomode en el sillón de manera habitual para después afirmar lentamente con la cabeza.

Pasamos unas horas platicando, en realidad yo hablaba y él escuchaba. Le contaba cómo es que las cosas estaban un poco tensas el día en que se fue. Ienzo se fue en la noche después de una llamada, a lo que me dejó en el apartamento con la mente un tanto más tranquila.

En los días siguientes me mantuve sólo en mi apartamento, siquiera me había indignado en ir a embriagarme, tan sólo me quedé entristecido mientras vagaba y dormía hasta que el día terminará. Fueron pocos días en los que me permití alejarme de la realidad, lo que agradecía porque el lugar comenzaba a ser un desastre debido a la falta de tiempo que le había dedicado a la limpieza. Trataba de no prestarle atención a cada artículo que Saïx había dejado aquí, ¿acaso lo había hecho para que me torturaran después de su ida? Con cada día que avanzaba mi preocupación sobre el paradero del peliazul crecía de manera exorbitante, se sentía como si nunca lo dejaría de amar algo tan fuerte que parecía que me habían arrancado algo del pecho y en ello sólo se encontraba un hueco. Entonces, cuando yo seguía retorciendome en mi miseria, una llamada resonó en el silencioso y ahora lúgubre apartamento.

—¿Hola?—conteste con desgana.

—Axel, necesito que vengas a la editorial, la portada está terminada así que se necesita que vayas a la editorial, no estaré ahí hoy—se escuchaba a Ienzo del otro lado.

Me recosté en la pared un instante antes de recomponerme un instante, no tenía nada que hacer más que trabajar, esa era mi vida en estos instantes. Me bañé y cambié rápidamente.

Llegué en poco tiempo a la editorial, había tenido una extraña suerte con los semáforos hoy.

Me dirigí directamente a donde había discutido las cosas con Naminé hace unos días,

Ya en el estacionamiento pude ver por el rabillo que alguien se me acercó corriendo, provocando un choque en él que sólo se calló.

—Argh...—voltee a ver al chico… dudo que esto esto sonara muy correcto... ¡Es hermoso! Bien ya. Tiene unos rasgos infantiles y dulces, aunque se está sobando la nuca tiene una sonrisa juguetona y un pelo castaño claro con picos en distintas direcciones contradiciendo la gravedad... me siento de los más pedófilo pensando todo esto, digo, no debe de pasar de los diecisiete años.

—¿Estás bien?—le pregunte tendiendole una mano.

Sacó una ligera risa—sí—tomó mi mano y lo ayude a pararse—hola, soy Sora—se colocó las dos manos atrás de la nuca y en dedicó una sonrisa de alegría, espero y no poner una sonrisa boba o estar casi babeando por él... no me mal entiendan, sólo es muy atractivo.

—Axel, ¿lo captas?—le dije intentando recomponerme.

—¡Ey, Sora!—el nombrado se giró de un salto.

—Oh, ¿Riku, que pasa?—un chico alto de tez pálida, ojos turquesa y un pelo grisáceo corto.

El hombre me volteo a ver y me dirigió una mirada amenazadora—¿quién eres?

—¡Riku, él es Axel, Axel, él es Riku!—me reí por lo bajó, este chico es encantador, es un niño en un cuerpo crecido.

—Claro—devolvió su mirada al menor—¿has visto a Naminé?

—No, ¿no estabas hablando con ella?

—¿Naminé?—ahora que recuerdo, Naminé mencionó el nombre Riku cuando llamaba, de seguro estaba hablando con él

—Sí, ¿algo que con ella?—dios, este tipo es amenazador y eso que sé que soy mayor que él.

—Bueno, estuve trabajando con ella todo el día—le respondí desviando la mirada, no me gustaba mucho esa mirada y de paso buscando mi carro.

—De seguro y está en la entrada, Riku, vamos a buscarla allá.

—Sí—¿cómo es que de un momento estaba cortante y con él le responde tranquilamente?

—Riku, no te veo muy preocupado por Naminé...—el menor recalcó que se había quedado parado sin hacer nada, al escuchar eso salio corriendo para afuera.

—Bueno, me tengo que ir—y me ofreció una mano a lo que yo correspondí con un saludo—un gusto, Axel—me dedicó una sonrisa sincera y hermosa para después salir corriendo con su amigo.

¿Sonrojo, sonrisa boba o suspiro de colegiala? En este caso me tocó hacer los tres, me siento muy atraído por ese muchacho... no me gusta, no estoy enamorado, simplemente me lo podría tirar. Nada mejor que un polvo después de romper en una relación. Pero bueno.

Al llegar a mi carro rebusque en mi bolsillo por mis llaves y esta vez sí que las encontré rápido más también saque el papel con el número de Roxas. Me le quedé viendo fijamente un rato, al diablo, nadie me espera en casa al final de cuentas.

—¿Bueno?—escuche la voz del rubio del otro lado.

—Bueno, ¿Roxas?, aquí Axel.

Alcance a escuchar un suspiro—ah, eres tú, ¿qué quieres?—no logró reconocer que significa aquel tono, suena algo enojado pero también alegre.

—¿Estás trabajando?

—Hoy descanso, ¿por qué?

—¿Te gustaría salir?

—Unas visitas vinieron a la ciudad, así que será como reunión familiar en mi casa—¿me entrometo?—así que sería algo genial poderme escapar de esto.

—¿Estará Xion?

—Sí—debí de haberlo pensado...—está aquí, si deseas puedes venir a mi casa antes de salir.

—Querrás decir en la de tu mamá—chasqueo la lengua ante ese comentario—¡ahí estaré!—me colgó.