AUTORA: ¡Muchas gracias por los reviews! Me alegro de que os esté gustando el fic! ^^

Un especial saludo a DarkyBulma, sweetgild y Drama (por cierto, me suena mucho el Monte de los enamorados, pero no tenía ni idea del por qué del nombre. Pero tranquila, por fortuna, muchas romances similares sí que salieron adelante! sin ir más lejos, el de Alfonso VI - el del Cid - y su concubina, asiq... en principio, no te preocupes! XD ).

Bueno, os dejo con otro capítulo, a ver qué os parece... espero vuestros reviews y sugerencias!

Saludos!


LA PRIMERA IMPRESIÓN


- ¡Es la bruja Briefs!

- ¡Recoged a los niños! ¡Cuidado con la bruja!

Bulma esquivó, como pudo, la mirada de su sirviente. No estaba dispuesta a soportar la compasión de Goku. ¿Y qué si esos campesinos ignorantes la creían una bruja? ¡Peor para ellos!

Ignorando el agudo dolor de su corazón, la joven compuso su mejor gesto de desdén y atravesó el camino plagado de pueblerinos, sin mirarlos siquiera. Haciendo caso omiso de los impertinentes susurros.

- Bulma… - escuchó que la llamaba Goku.

- No digas nada. – Ordenó ella, de mal humor. – En vez de quedarte ahí plantado, ¿Por qué no vas en busca de una posada decente? Estoy cansada y tengo hambre – se quejó para hacerlo reaccionar.

- Si, señora – aceptó el muchacho.

En cuanto lo perdió de vista, Bulma se aproximó a la herrería del pueblo. Goku y ella llevaban más de tres días de viaje, para entonces, su padre ya habría puesto la fortaleza patas arriba para encontrarla. Al no hacerlo, seguro que mandaría varias partidas de soldados en su búsqueda y Bulma no podía permitir que la fortaleza se quedara sin protección alguna. Tendría que enviar un mensaje a su padre.

- ¡Buen día, gentil hombre! – exclamó zalamera, dirigiéndose al musculoso joven pelirrojo que, hasta hacía un segundo, golpeaba un hierro candente. Bulma supuso que se trataba de un simple ayudante, pues era demasiado joven como para considerarse maese. El muchacho la miró embobado, lo que iluminó aún más la sonrisa de la chica. Puede que su fama de bruja traspasara las fronteras del ducado de su padre, pero todavía no había nacido el hombre capaz de resistirse a sus encantos - ¿Tiene un momento para atenderme?

- Cla… ¡claro! – aseguró el ayudante, un tanto ansioso por hacerse con el favor de una dama tan bella.

Mientras, un molesto Goku recorría las calles del pueblo, buscando a la descarriada que tenía por ama. ¿Dónde se habría metido ahora? ¿No entendía lo peligroso que era pasear sola por medio de tanto fanático religioso? Estaban muy cerca de las tierras de Compostela, ¡y esa estúpida fama de bruja podría acarrearles muchos problemas!

Una risa cantarina llegó a sus cansados oídos desde una forja próxima a su situación. Suspirando con resignación, finalmente la encontró coqueteando descaradamente con un jovencito pelirrojo de no más de quince años. Nada más escuchar sus pasos, Bulma se giró hacia él, mucho más sonriente que cuando la dejó sola para ir en busca de una posada.

- ¡Goku! – lo llamó ella, agitando su mano. - ¿A que no adivinas?

- Pues seguro que no… - rumió Goku y volteó los ojos; pero de su ama podría esperarse cualquier cosa.

- El encantador Pelayo – señaló al chico pelirrojo – estará encantado de llevarle un mensaje a mi padre de nuestra parte, ¿no es estupendo? – afirmó Bulma, poniéndole ojitos al tal Pelayo. – ¡Desde luego, hace honor a su nombre! – concluyó, en clara referencia al primer y muy loado rey astur.

Ante tal elogio, las mejillas del herrero se volvieron encarnadas y sus pequeños ojos verdes comenzaron a bizquear.

Conteniendo la risa, Goku se acercó al muchacho para darle un apretón de manos.

- ¡Vaya! ¿de verdad? – exclamó él. Sabía que la autodeterminación del jovencito estaba perdida, cuando Bulma se ponía cabezota… - ¡Muchísimas gracias! – Luego encaró a la mujer.

- ¿Nos vamos? – le sugirió. – He encontrado un par de habitaciones en una posada, a las afueras.

- ¿A las afueras? – gimió ella, disgustada.

- Sabes que el populacho no emplea demasiado el agua… - le susurró Goku al oído. Si había algo que Bulma no soportara era la falta de higiene, lo que, entre otras cosas, había contribuido a su atroz fama de hereje. – Y, según me dijeron, el posadero del "Lobo y el Gato" ofrece a sus clientes una tina de agua… fría, eso sí – se apresuró a aclarar, lo que le propinó otra mirada de disgusto.

Bulma resopló, fastidiada, pero aceptó la sugerencia de Goku. Al fin y al cabo, menos daba una piedra…

- Está bien, vamos – ordenó.

Cinco días más tarde, a dos millas de la fortaleza de San Balayo, ambos aventureros (disfrazados de peregrinos) toparon de frente con una facción de las sonadas tropas del enemigo.


- ¡Radizt! – aulló Vegeta desde su tienda de campaña.

El joven guerrero estaba de un humor de perros. Llevaba días esperando noticias de su señor Almanzor; concretamente, desde que éste les enviara la orden a todas sus tropas de aguardar su llegada a la ría de Iliya, donde los haría llamar para atacar juntos la ciudad santa. De modo que allí estaba, plantado en tierra de nadie, donde el frío agarrotaba sus músculos y los de sus valientes soldados. Y, para colmo, ¡el puto tiempo no ayudaba nada!

Vegeta soltó un terrible gruñido, mirando hacia el cielo gris y nublado.

¡¿De dónde salía tanta lluvia?

- ¿Mi señor? – Vegeta se giró al escuchar las palabras del guerrero. Y, durante un segundo, el joven líder se llenó de orgullo. Desde luego, el mal encarado Radizt era un genial prototipo de guerrero: fuerte, leal, valiente… y lo más importante, poseedor de un alma negra, sin rastro de compasión.

- Buen día, Radizt – saludó Vegeta, un poco más benevolente que hasta hacía dos segundos - ¿Hay noticias?

El soldado hizo una mueca antes de responder, pues ya se temía lo mal acogidas que serían sus palabras.

- No, mi señor. – contestó sin mirar los penetrantes e intimidatorios ojos negros de su líder – Las últimas noticias que nos llegan son de pequeñas razzias al sur de estas infames tierras… - echó una ojeada al cabecilla - …se cree que están dirigidas por "El Sarraceno Verde".

- ¿Piccolo? – exclamó Vegeta, indignado. Ese monstruo venido de lejanas tierras orientales… ¡Vegeta apenas podía soportar mirar su horrible faz! Poseía un inquietante parecido con las lombrices. - ¿Qué hará él aquí? – musitó, pasando de largo a Radizt.

Precisaba tiempo para pensar. Eso lo decidió a darse un baño en el río que discurría a pocas yardas del campamento. Las gélidas aguas despejarían su mente y calmarían su ánimo.


Mientras Goku prepara sus enseres para pasar la noche, Bulma aprovechó para lavarse apresuradamente, en las orillas del río. Pero, una vez allí, las nítidas y cristalinas aguas la tentaron y la joven no pudo resistirse a meterse en ellas. Después de todo, el frío pasaría en seguida y su cuerpo clamaba por una buena limpieza.

Quedándose tan solo con la ropa interior (apenas una fina camisa de lana que le llegaba a las rodillas), se sumergió de cabeza en el río. El placer que sintió fue sublime y no pudo evitar soltar un suave gemido.

De repente, el sonido de una rama al romperse resonó en el bosque como el clamor de una campana. Por un momento, el terror la dejó bloqueada, pero casi enseguida, Bulma culpó a su sirviente de lo ocurrido.

- ¡Goku! – gritó al aire sin dignarse a mirar siquiera. - ¡Más vale que no te acerques, si no quieres que te arranque los ojos y se los de a comer a los animales salvajes!

- Vaya… entonces, es cierto lo que dicen los rumores; las náyades tienen sed de sangre – afirmó la profunda voz de barítono de un desconocido, logrando que el corazón de la joven comenzara a bombear sin ton ni son. – Pero, tenía la impresión de que esas seductoras criaturas esperaban a que los hombres cayeran en sus garras, antes de acabar con ellos…

Bulma se quedó sin palabras, paralizada por la presencia del enorme y aterrador hombre, que la estudiaba desde la orilla con descarnada lujuria.

- Qui… ¿quién sois? – estaba segura de que, fuera quien fuera el impresionante caballero de extraño acento, no se trataba de un simple campesino o hidalgo gallego.

El hombre fingió no escucharla y, quitándose la blanquecina camisa, se adentró con ella en las aguas con los pantalones puestos.

Bulma se quedó sin aliento. Pese a las horribles cicatrices que le recorrían el torso y a sus acerados ojos del color de los azabaches, el desconocido resultaba tremendamente atractivo.

- ¿Qué importa eso, muchacha? – preguntó el hombre, alargando la mano para agarrarla.

Saliendo de su erótico estupor, Bulma se alejó de su alcance, asustada y, a su pesar, muy enardecida.

- ¿Cómo que qué importa? – chilló ella. - ¿Quién os pensáis que soy? ¿Una lechera? – cesó en su huída un segundo para clavar sobre él sus claros ojos, llenos de odio - ¡Yo no retozo con un cualquiera en medio de la nada!

¡Menudo genio tenía esa fémina! El joven ismaelita se había quedado petrificado cuando, al llegar al río, escuchó el claro chapoteo de un ser humano; no había tardado ni un segundo en desenvainar su espada y encararse con el intruso... ¡Cual había sido su sorpresa al toparse de pleno con semejante diosa turquesa!

Para su estupor, Vegeta se oyó soltar una carcajada, que cortó de cuajo casi enseguida. ¿Cuánto hacía que no reía? ¿Veinte años, quizá?

Enojado consigo mismo y con la hermosísima visión que lo contemplaba desde la orilla, por hacerle sentir semejante muestra de debilidad, Vegeta maldijo en su idioma natal.

Justo entonces, la mujer soltó un histérico grito de terror y salió corriendo, sin mirar atrás; dejando pasmado a un excitadísimo Vegeta, que estuvo tentado a salir corriendo tras ella y suplicarle que se quedara.

Por fortuna, su legendario orgullo le impidió hacerlo, salvando así su dignidad y su honra… pero dejándolo terriblemente insatisfecho.