SEGUNDA PARTE

-Esta distancia es la más próxima que podemos estar sin ser detectados por los habitantes del planeta -dijo Trevize ante la mirada expectante de sus pasajeros. -Permaneceremos un tiempo aquí esperando detectar cualquier movimiento. Nuestra situación es ventajosa porque nosotros sí sabemos que ellos están allí, pero ellos no saben siquiera que existimos. Esa es la ventaja de la sorpresa.

-¿Qué podemos ver desde aquí? -consultó Pelorat -Estamos muy lejos. Apenas podemos ver el planeta como un punto.

-Nosotros no podemos ver, pero la Farstar tiene muchos equipos que miden una gran cantidad de señales. Miren las imágenes aumentadas del planeta. Esa coloración azul es la misma que tiene Términus, con lo que podemos sospechar que hay agua. También se puede reconocer abundantes manchas más claras, que me atrevo a apostar son nubes. Para estar más seguros, la nave hará un análisis espectral que estará listo en unos segundos. Pero esa no es la información que más me preocupa. Son las señales de radio las que deben interesarnos, ya que ellas delatan a una tecnología avanzada y potencialmente peligrosa para nosotros.

Mientras Trevize daba su clase magistral, los dos únicos que presenciaban el discurso, miraban con curiosidad las imágenes que se presentaban ante ellos y escuchaban con atención todo lo que se decía.

-Efectivamente -siguió diciendo Trevize -El planeta tiene una atmósfera compuesta por Nitrógeno, Oxígeno, Agua y Anhídrido carbónico. En resumen, hay vida. Lo que no logro detectar es algún tipo de señal de radio, pero por más que reviso en todas las frecuencias, no encuentro nada fuera a la señal de estática. ¿Puedes detectar algo Bliss?

-Eso es lo que estoy haciendo y estoy detectando una potente señal de vida. Me parece que está habitada por seres humanos.

-¿Estás segura? -preguntó Trevize -Yo no detecto ninguna señal de radio.

-Sí. Estoy segura. La señal es particularmente intensa.

-Entonces eso puede indicar que no tienen tecnología. Eso nos da una ventaja muy importante, ya que no deben tener naves de transporte que signifiquen una amenaza para nuestra seguridad en esta nave. Debido a la fuerte emisión de señales de vida -siguió exponiendo Trevize -debe estar habitada por una gran cantidad de humanos pero viviendo en una etapa pre-electrónica. Será muy interesante conocer una cultura en ese nivel de evolución Pelorat, ¿no te parece?

-Es un caso muy sui generis en la galaxia -aceptó Pelorat -ya que todos los planetas conocidos tienen cierto nivel de desarrollo tecnológico que le permiten disfrutar de las mínimas comodidades que una persona necesita. Tengo mucho interés en conocer de más cerca lo que nos espera allá. ¿Podemos acercarnos un poco más al planeta? Ya me aburrí de ver ese punto de luz, necesito verlo de más cerca.

-Paciencia Pelorat. Tenemos que tomar las previsiones para no resultar dañados. Todo lo que hemos dicho son sólo conjeturas, no está comprobado que sea cierto lo que dijimos.

-Pero la nave no ha encontrado ninguna señal -dijo impacientándose cada vez más Pelorat -que demuestre algún riesgo. ¿No es eso suficiente para acercarnos con tranquilidad?

-Sin embargo -dijo Bliss que había permanecido inquieta desde que llegaron a ese punto -detecto algo que no sentía desde que abandonamos Gaia. Es esa presencia que emana del planeta y que no logro comprender.

-¡Qué raro! -dijo Trevize nuevamente analizando las señales detectadas por la nave -La Farstar no detecta ninguna señal de radio, por más que lo hace una y otra vez.

-La única manera de saberlo -volvió a insistir Pelorat -es acercándose y conociendo al planeta de manera directa.

Las protestas de Pelorat no tuvieron éxito y la nave permaneció un día galáctico en esa misma posición y con todos los instrumentos de la nave en plena actividad de verificación de cualquier tipo de señal o actividad que se pudiese detectar que provenga del planeta. Durante todo ese tiempo, Trevize permaneció conectado a la nave, pero la falta de actividad hizo que sus compañeros lo abandonaran a las pocas horas, no sin antes reclamar el exceso de miedo. Trevize no hizo caso de los reclamos y permaneció, tal como dictaba la prudencia, en estado de alerta por el resto del tiempo. Sin embargo una vez sintió que su cuerpo reclamaba un descanso, programó a la nave para que despierte a todos en caso de detectar cualquier tipo de señal. Una vez hubo realizado eso, se recostó en su litera y antes de que se diese cuenta, ya estaba sumido en un profundo sueño.

Algunas horas después, que supuso eran las ocho horas galácticas que cualquier persona necesita para recuperarse de una agotadora jornada, despertó un poco confundido. Había esperado ser despertado por la alarma de la Farstar indicando la detección de una señal desconocida, pero eso no había ocurrido cosa que lo extrañaba mucho. No escuchó ninguna señal de sus compañeros de viaje, por lo que decidió ir en su búsqueda. Los encontró en la sala sentados en posición de relajamiento, ambos tenían los ojos cerrados pero por la forma en que estaban sentados dedujo que estaban despiertos. No quiso molestarlos y sin decir palabra los dejó y se dirigió a buscar algo para comer. Estuvo comiendo algunos bocadillos mientras pensaba en sus experiencias en la visita de los otros planetas espaciales, y sus siempre apresuradas huidas. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no sintió cuando Bliss entró seguida de Pelorat y recién los vio cuando se sentaron a su lado en la mesa.

-¿Descansaste bien? -preguntó Pelorat iniciando la conversación.

-Sí. -Respondió Trevize asintiendo igualmente con la cabeza. -Estaba muy cansado y necesitaba dormir.

-Nosotros también dormimos bien. -dijo Bliss.

-La Farstar no detectó ninguna señal de radio, -continuó Trevize -y vamos a acercarnos al planeta, para verlo más de cerca.

-Esa sí es buena noticia -dijo Pelorat animado por la expectativa de conocer un nuevo planeta.

-Pero nos acercaremos por la parte obscura. Todavía no quiero arriesgarme a ser observado. No me gustan estos espaciales. Sobre volaremos la superficie para ver el estado de las cosas, y aterrizaremos en algún lugar que veamos conveniente y seguro. Pero primero terminemos de desayunar, que tengo un hambre inusual.

A los pocos minutos, una vez se hubieron concluido los bocadillos, los tres se dirigieron a la sala de control donde observaron cómo el planeta que había permanecido tantas horas en forma de un lejano y débil punto de luz, se convertía en una gran esfera azul, para posteriormente convertirse en un bola negra. Estuvieron orbitando el planeta en una posición en la cual les permitía ver siempre el lado obscuro del planeta. Desde allí lo sensores intentaron detectar cualquier tipo de señal que pudiese ser emitida por algún tipo de inteligencia, pero nuevamente los resultados fueron negativos. Nada había allí abajo que emitiera algún tipo de señal de radio, sin embargo pudieron ver puntos de luz sobre la superficie que revelaba la existencia de ciudades iluminadas artificialmente durante la noche. La nave permaneció fija mientras el planeta giraba lentamente.

-Parece un cielo estrellado -dijo Pelorat después de observar largo tiempo los tenues puntos de luz que titilaban por el efecto de la atmósfera.

-Sí -agregó Bliss -es muy lindo verlo desde aquí. Ese punto es muy brillante, ¿no les parece?

Señaló con su dedo un punto que acababa de entrar en la zona de obscuridad, y lentamente empezó a brillar con más fuerza a medida que la ciudad prendía sus luces nocturnas.

-Sí -respondió Trevize -es notoriamente más iluminada que el resto de las ciudades. Me parecería que es su capital. Sin embargo apenas estamos empezando a ver la superficie y no sabemos qué hay al otro lado. Tendremos que permanecer todo un día planetario para poder sondear toda la superficie.

-¿Y cuánto es eso? -consultó Pelorat impaciente.

-De acuerdo a los cálculos realizados por la Farstar, su día planetario es de aproximadamente veintitrés horas galácticas.

-Eso es mucho. Nos vamos a aguantar todo ese tiempo.

-Puedo decirle a la nave que grave toda la secuencia de imágenes y después de que termine la vemos en alta velocidad. Eso es lo más recomendable.

-Pero qué vamos a hacer mientras tanto.

-Por ejemplo me pueden contar qué es lo que estaban haciendo esta mañana temprano cuando entré a sus habitaciones.

Pelorat puso el rostro de un color rojo intenso y permaneció mudo. Bliss, viendo la situación incómoda intervino.

-Estaba enseñándole a comunicarse como lo hacemos en Gaia.

-¿Telepatía quieres decir?

-En cierta forma sí. Es una manera diferente de comunicarse, de ser parte de un todo. En realidad no te comunicas con la otra persona, simplemente te unes y el pensamiento es uno para los dos. No es formalmente telepatía.

-Pero puedes saber lo que él piensa, y él puede saber lo que tú piensas. Así como los de la segunda fundación.

-Algo así. Pero diferente

-Pero todavía no hemos logrado nada -dijo Pelorat ya más recuperado pero igualmente incómodo.

-Pero tienen todo el día para practicar -dijo burlescamente Trevize -Así me cuentan después cómo les fue.

No hubo respuesta y Trevize reconoció que no había sido muy bien aceptado el comentario, por lo que tuvo que volver a hablar para suavizar el ambiente.

-La verdad es que nunca me gustó nada de eso, pero tampoco quiere decir que tenga algo en contra. Sólo quería decirles que me parece interesante y que después me pueden contar.

-Eso es exactamente lo que haremos -respondió desafiante Bliss. -Ahora si nos perdonas, tenemos cosas qué hacer.

Trevize quedó solo en su habitación mirando los datos que llegaban constantemente de la superficie del planeta, pero nada de lo que llegaba presentaba algo amenazante. No sabía si estar tranquilo, o si preocuparse por esa situación, por lo que decidió revisar con detalle cada dato. El trabajo resultó ser muy absorbente tanto que al revisar nuevamente el tiempo transcurrido se dio cuenta que había permanecido allí por doce horas. Se acordó de sus compañeros de viajes y decidió ver lo que estaban haciendo. La nave le permitía ver todas las habitaciones sin moverse de la suya, y pudo observar a Bliss y Pelorat sentados a cada extremo de la habitación, con los ojos cerrados e inmóviles. Pudo percibir una sonrisa en el rostro de Pelorat que le indicaba que había logrado su meta de comunicarse con Bliss. Por un momento sintió envidia por aquello, no solo porque ahora Pelorat, al igual que los antiguamente temidos agentes de la segunda fundación, tenía el poder de la telepatía, sino porque veía que aun a pesar de su edad tenía una meta en su vida. Sin embargo Trevize con todo el poder de un consejero de la alcaldía de la fundación, no había tenido en toda su vida algo que lo guíe y lo empuje a seguir hacia una menta, aunque sea inalcanzable. Había vivido siempre luchando con los eventos que se le presentaban a diario, sin saber a dónde lo guiarían.

Se recordó que no había comido nada en todo el día, y se dirigió a buscar algo para comer. Se preparó algo con las provisiones que habían obtenido de viajes anteriores, y se dio cuenta de que ya no quedaba mucho y que en breve deberían reabastecerse para poder continuar con sus viajes. Mientras comía sintió deseos de ver llegar a sus amigos, a quienes empezó a extrañar. No quiso ir a interrumpir sus experiencias para evitar que mal interpreten sus intenciones. Estuvo con esos pensamientos rondando es su cabeza, hasta que sintió los pasos de Pelorat que se acercaban hacia él.

-¿Cómo te ha ido con la nave? -preguntó Pelorat iniciando la conversación una vez estuvo en la habitación.

-Todo muy bien -respondió más tranquilo Trevize -Pero apenas llevamos la mitad del trabajo de revisión de la superficie. Una vez concluya les voy a avisar para que veamos dónde es más conveniente aterrizar. ¿Y a ustedes cómo les ha ido en su experimento?

-Es increíble. No te puedo decir cómo es que funciona, pero se llega a comprender lo que el otro piensa. Funciona, y eso que yo soy un viejo duro de enseñar. Tú lo harías muy fácil, te lo aseguro.

-No me gustaría que me lean la mente, de eso no tengas duda. Por eso prefiero mantenerme totalmente aislado, como los llama Bliss.

-Y respetamos tu decisión -dijo Bliss que acababa de entrar.

-Tienes un muy buen alumno -le respondió -Aprende rápido.

-Tiene mucho interés en aprender. Eso ayuda mucho. Con un par de clases más y bastante práctica, podrás comunicarte con cualquier persona de Gaia. Con personas del resto de la galaxia no creo que sea posible. ¿Cuándo descenderemos?

-Después de descansar descenderemos en una zona que veamos conveniente en base a los datos que está tomando la nave en este momento. Deberemos tener mucho cuidado, para evitar contratiempos.

-Te preocupas mucho. -respondió Pelorat -ya verás que la pasaremos muy bien.

La conversación que continuó fue muy amena en esa oportunidad, olvidándose por completo la incomodidad de la situación anterior. Varias horas después se despidieron para ir a descansar, con la esperanza de que la espera haya terminado. Al despertar horas después se volvieron a encontrar para tomar el desayuno, el cual tomaron a la rápida con la impaciencia de poder ver la grabación tomada durante todo el periodo anterior.

-Es un planeta bastante habitado -dijo Pelorat mientras veían las imágenes tomadas de la parte obscura del planeta. -Me pongo a pensar cómo se verá Términus de noche.

-Las ciudades de Términus son mucho más grandes, y abarcan grandes extensiones iluminadas. -Contestó Trevize -Este planeta, comparado con los otros que he visto en la Fundación, tiene muchos pequeños pueblos. Es como si no les gustase tener grandes ciudades. La mayoría de las ciudades tienen el tamaño que ven en la pantalla. Me tomé la molestia de medir varias ciudades y pude determinar que tienen diez mil habitantes. Como dije, son pequeñas ciudades. La ciudad más grande es está -al decir eso aceleró la imagen y dejó ver un punto de luz del doble de área que el resto -y tiene como pueden deducir el doble de número de habitantes. Como ven, incluso la capital es una ciudad muy pequeña. Pero no podemos decir que sean retrasados tecnológicamente, por que como ven sus ciudades están dispersas casi uniformemente, y a lo largo de todo el planeta. Durante toda la vuelta no he visto ninguna zona que no tenga la misma cantidad de pueblos ubicados a la misma distancia. Todo se ve perfectamente planificado. También eso me hace pensar que el número de habitantes está restringido a un número definido, mediante algún tipo de control de natalidad. De lo contrario la ciudades deberían ser mucho más grandes y de diferente tamaño. También deben tener algún sistema de comunicaciones entre todos los pueblos, ya que prenden la luz exactamente a la misma hora y la apagan a la misma hora. Eso es imposible de hacer sin tener un buen monitoreo y un reloj común. La superficie del planeta está totalmente cubierta por tierra. No existen ni mares ni lago ni montañas. Las imágenes del radar muestran todo uniforme, como construido a propósito. Pero por más que reviso no logro encontrar ningún tipo de señal de radio. No comprendo cómo han podido hacer todo eso que vemos, y no lograr el más elemental sistema de comunicación inalámbrico.

-Es algo asombroso -dijo Pelorat -que hayas deducido todo eso de sólo mirar esas imágenes. Yo jamás me habría dado cuenta de todo eso que dices.

-El siguiente paso es descender, por lo que sugiero lo hagamos en la cercanía de la capital. Es por lo general el lugar con más información. Además en un pueblo más pequeño es mucho más fácil que resalten tres forasteros. En la capital me imagino que hay más movimiento de gente y pueden pensar que somos de algún pueblo vecino.

-Me parece razonable -asintió Pelorat -Ya me estoy asustando un poco por tantas contradicciones, pero estoy impaciente por saber el por qué de todo eso. Estoy seguro que hay una explicación racional a cada incógnita.

-Primeramente sobrevolaremos a gran altura para conocer el panorama da día. Luego descenderemos rápidamente y lo único que ruego es que no nos vean.

Diciendo eso dio algunas órdenes a la nave la cual se fue moviendo al lado iluminado del planeta. El movimiento de la nave les dio la impresión de un amanecer y vieron cómo la estrella que iluminaba el planeta brillaba con gran fuerza escondiendo los detalles del planeta. Enfocaron la atención a la superficie del planeta y filtraron todo efecto de la luz de la estrella, revelando tal como habían supuesto a gran distancia, un planeta totalmente cubierto por exuberantes bosques. A distancias uniformes se podían ver pequeñas poblaciones con edificaciones de baja altura. También se pudo revelar hilos muy finos que comunicaban entre las poblaciones, conformando una extensa red.

-Es asombrosa la organización que hay en este planeta. -Dijo Pelorat mientras miraba concentrado las imágenes de la superficie. -¿Estamos lejos de la capital?

-No -respondió Trevize -De hecho estamos por sobrevolarla. Ya les avisaré cuando aparezca en la pantalla.

-Siento que es un planeta muy parecido a Gaia -dijo Bliss -Hay algo en su organización que me hace sentir como en casa.

-Es la abundancia de naturaleza lo que te recuerda a tu planeta -respondió Trevize. -Pero la diferencia es que este es un planeta en los primeros estadios de la evolución tecnológica, es lo que diríamos una época pre técnica. Sus habitantes me imagino son muy tradicionales y con un alto sentido del orden. No creo que sean como Gaia. Lo sientes así porque estás extrañando tu hogar.

-Me parece que esa es la ciudad capital. -dijo Pelorat que había permanecido atento a las imágenes del planeta de abajo -Es un poco más grande del resto.

-Exactamente -dijo Trevize -esa es la que estábamos buscando. Ahora buscaré una zona poco poblada para poder aterrizar. No quiero sufrir la misma mala experiencia que en Solaria. Haré un descenso rápido para evitar que nos vean.

Las imágenes que veían aumentaron rápidamente de tamaño hasta que se encontraron en un pequeño claro de unas decenas de metros de radio. Una vez estuvieron a unos pocos metros del suelo, la nave se detuvo inmediatamente.

-Siempre que haces eso me marea -dijo Pelorat -Veo que la nave acelera y frena de golpe, pero no siento nada. Eso confunde a mis sentidos y me marea.

-Es normal -respondió Trevize -Eso lo ocurre a todos los que se no están acostumbrados a las naves gravíticas.

-Yo tengo mucho tiempo en esta nave, pero no creo que llegue a acostumbrarme nunca. Soy muy viejo para eso. -dijo Pelorat que permanecía sentado y con las manos en la cabeza.

-Ya estamos en tierra -dijo Trevize -Haré un último análisis de la composición atmosférica y de microorganismos, y después saldremos.

Por unos minutos todos estuvieron pendientes de los resultados de los análisis. Ya habían tenido problemas en uno de sus viajes por no tener cuidado de las bacterias. Un problema que casi les costó la vida. No querían tener el mismo error dos veces.

-De acuerdo a los resultados de la nave -empezó diciendo Trevize -el número de bacterias está dentro de lo aceptable. Además todas corresponden a familias de bacterias conocidas. En resumen, no creo que haya ningún problema. Nos prepararemos para salir. En algunas de horas anochecerá, por lo que debemos apurarnos antes de que sea demasiado obscuro para regresar.

Trevize tomó su pistola y su látigo, como ya era tradicional, y revisó que tengan la carga completa. Cuando se aseguró que todo estuviese en orden, finalmente salieron a una nueva aventura. Al abrir la puerta, una brisa suave los recibió. Como todo planeta, este también tenía su olor característico que fue percibido por los tres simultáneamente.

-Huele diferente al resto de los planetas. -dijo Trevize -Muy parecido a Solaria. De acuerdo a lo que siento, se puede determinar que no tienen industrias que emitan gases a la atmósfera.

-Sí. -confirmó Pelorat -Huele a bosque. Aunque eso debe ser porque estamos en el medio del bosque. Una vez estemos en la ciudad, el olor cambiará como siempre.

Una vez estuvieron acostumbrados al olor, salieron de la nave y pisaron la tierra firme del planeta. Tal como vieron durante el descenso, estaban en medio de un espeso bosque. Sólo algunos metros de claridad rodeaba la nave, cosa que era muy conveniente para esconderla de la mirada de los habitantes de ese planeta. No les convenía que supiesen sobre su presencia, al menos por el momento.

-Apuremos el paso, antes de que sea muy tarde. Desde arriba pude determinar la distancia al pueblo. Estamos a unos veinte Kilómetros en esa dirección -dijo Trevize señalando hacia la espesura del bosque -Detrás de esta cortina de árboles, se encuentra un camino hacia el pueblo. De aquí al camino debe haber unos doscientos metros.

-Pongámonos en camino entonces -dijo Pelorat metiéndose en la espesura del bosque.

A los pocos segundos estaba tan cubierto de selva que ya no era posible ver ni el mínimo rastro de él. Bliss y Trevize lo siguieron rápidamente para evitar perderle, y se adentraron tras él a la espesura. El camino era muy difícil, lianas y arbustos cubrían toda la superficie que los árboles altos habían dejado libre. Las espinas arañaban sus ropas, lo que hacía muy difícil caminar, pero no había más opción que avanzar por lo que la lucha continuó por más de doscientos metros hasta que finalmente pudieron ver el camino. Era un camino perfectamente recto y terraplenado con una sustancia que no supieron reconocer. Por unos largos minutos permanecieron escondidos por si aparecía algún habitante local en su medio de transporte, tiempo que fue utilizado para hacer un reconocimiento a todas las heridas que habían sido hechas en sus cuerpos, durante el corto trayecto.

-Miren -dijo Bliss señalando al camino. Se había asomado un poco a la orilla para curiosear y había podido ver en el lejano punto del horizonte, un objeto sobre el camino que claramente se podía reconocer como un medio de transporte.

-Esperemos escondidos aquí. -Contestó Trevize. -Es mejor que no nos vean. Afortunadamente estos arbustos nos esconderán muy bien, y podremos conocerlos de cerca sin que nos vean.

-¿No podemos pedirles que nos lleven? -dijo Pelorat que se notaba muy cansado y no quería ni pensar en que tenía que realizar todo el trayecto al pueblo, caminando sobre sus doloridos pies.

-No seas tonto. -contestó Trevize -No conocemos a esta gente. No sabemos cómo tomarán a tres forasteros. No sabemos siquiera si son humanos. Lo mejor será que primero veamos cómo son nuestros anfitriones, y luego tomemos las medidas del caso. Además, este camino debe ser bien transitado, por lo que estoy seguro que este vehículo que vemos no será el único con el que nos encontraremos.

Permanecieron escondidos entre la espesura del bosque mientras observaban cómo los vehículos se acercaban lentamente. Para su fortuna la espera no fue muy prolongada pues en pocos minutos los vehículos pasaban frente a sus ojos. Cuando estuvieron a una distancia de unas pocas decenas de metros, se pudieron percatar para su asombro, que los vehículos flotaban sobre la superficie del camino. Eso contradecía la imagen de subdesarrollo que tenían del planeta, confundiéndoles más aún. Permanecieron agazapados mientras los transportes terminaban de alejarse por el otro lado del camino.

-¿Qué opinas de eso? -preguntó Pelorat.

-No sé qué opinar -respondió notoriamente asombrado -Desde el espacio parece que fuera un planeta en etapas básicas del desarrollo, pero eso demuestra que tienen tecnología avanzada. Conocen el manejo de anti gravedad y esa tecnología no es nada trivial de descubrir. Se necesitan otros tipos de avances antes de poder conocer este.

-Tendremos que ir a pie entonces -dijo Pelorat con una voz de desesperanza, y con la esperanza que Trevize se oponga y de otra solución.

-Y tenemos que empezar a caminar ya mismo -respondió y acto seguido salió de entre los matorrales que habían servido como escondite y empezó a caminar a un lado del camino, como si tuviese miedo de tocar su limpia superficie.

Sus compañeros apresuradamente se levantaron y siguieron sus pasos sin decir nada.

-Hay que estar pendiente por los vehículos de transporte. No es conveniente que nos vean. Si ven alguno, tendremos que escondernos rápidamente y esperar que se vayan. Algo más, tenemos que apurarnos si queremos llegar al menos cerca de la ciudad antes que obscurezca.

Tras que terminó de decir eso, aceleró el paso que llevaba dejando a sus compañeros rezagados, quienes tuvieron que apresurar su paso para alcanzarlo. Permanecieron caminando en silencio por un par de horas. Ningún vehículo de transporte se presentó durante ese tiempo, y la imagen del camino perfectamente recto no cambió durante todo el trayecto. La misma vegetación exuberante y el mismo camino perfectamente limpio. Era imposible reconocer un lugar de otro. Por momentos sentían que estaban en el mismo lugar y que no habían avanzado más que algunos metros, pero el dolor de pies les confirmaban que efectivamente ya hacía mucho rato y muchos kilómetros que estaban caminando.

-Ahí viene otro transporte, por detrás nuestro. -dijo Bliss alarmada

Sus compañeros se detuvieron y se voltearon a ver lo que se aproximaba. Un punto lejano se movía sobre el camino, era el transporte advertido por Bliss. Todos se dirigieron a la espesura del bosque y permanecieron escondidos esperando el paso de los vehículos flotantes. Pocos minutos después los veían pasar al lado de sus ojos, y flotando como el anterior. Avanzó con la misma velocidad que llegó y desapareció en el punto del horizonte.

-Estuvo cerca -dijo Bliss mientras que se levantaba de su escondite.

-Sí -respondió Pelorat -estábamos muy concentrados en el camino que nos olvidamos de la existencia de esos transportes.

-Gracias Bliss, hiciste una buena labor -reconoció Trevize.

-Los sentí acercarse -respondió Bliss -Era como si estuviera escuchando sus pensamientos y es me alertó.

-Sólo logré ver a un conductor -dijo Trevize quien se había asomado al límite cuando pasó el transporte, para ver más de cerca los detalles y sobre todo si había alguien en esos transportes- ¿Cuantas fuentes de pensamientos sentiste?

-Sólo había uno muy intenso. -respondió ella -Pero junto a ese pensamiento sentí el de una multitud. Y no quiero decir que estaba transportando a esa multitud en los vehículos que vimos. Simplemente sentí que junto al pensamiento que sentí, había una gran cantidad de pensamientos de mucha menor intensidad.

-¿Cuánto faltará para llegar? -preguntó Pelorat quien se veía notoriamente cansado y permanecía recostado en el que fuera su escondite, sin muchas intensiones de levantarse.

-Estamos a mitad del camino aproximadamente -respondió Trevize -En otro par de horas, si seguimos al mismo ritmo que vinimos, estaremos entrando a la ciudad. Es sólo un esfuerzo más y estaremos en nuestra meta.

-¿No podemos descansar un poco? -imploró Pelorat desde su cómoda posición.

-No. Si no lo hacemos hoy, tendremos que dormir en el bosque, y yo no sé qué clase de criaturas puede haber en este lugar. Y no estoy dispuesto a arriesgarme.

El sólo oír de extrañas criaturas en el medio de la obscuridad, fue suficiente influencia para hacer que Pelorat rápidamente se levante y esté listo para caminar a la par de sus compañeros. Siguieron con el mismo ritmo de avance por una hora más, sin tener que esconderse por la aparición de un transporte.

-Estamos cerca de una finca -dijo Bliss en el medio del silencio de la marcha -puedo sentir a las personas desde aquí.

-Avanzaremos con cuidado entonces -contestó Trevize -Eso indica que ya estamos llegando al pueblo.

-Pero no creo que podamos llegar con luz -indicó Pelorat -Así que es mejor que intentemos pasar la noche en ese lugar. Yo no puedo avanzar mucho más de lo que ya hemos hecho, estoy muy cansado y me duelen los pies horriblemente.

-Eso lo veremos una vez encontremos la finca que dice Bliss que existe -respondió Trevize apoyando su mano sobre su pistola láser para darse un poco de confianza.

Avanzaron con mucho más cuidado esperando encontrar en su camino algún claro que indique viviendas. Tuvieron que caminar quince minutos antes de encontrar la mencionada finca. Primero vieron un leve cambio en el tipo de vegetación que se les presentaba, pero a los pocos cientos de metros, el frondoso bosque fue remplazado por un pastizal de gran extensión. Redujeron la marcha sabiendo que en el pastizal ya no tendrían la protección que tenían en el bosque, y por momentos se detenían para poder oír y ver con más atención todo lo que los rodeaba. A la derecha del camino, en medio del pastizal, se erguían una gran cantidad de edificios.

-Son viveros -dijo Pelorat al observar detenidamente los edificios que se presentaban ante ellos. -Sus paredes son transparente, ¿lo pueden ver?

Ambos compañeros asintieron con la cabeza y siguieron su marcha por el camino.

-Regresaremos al límite entre el bosque y este pastizal -dijo Trevize -es la mejor manera de tener en donde escondernos. En estos pastizales seremos vulnerables.

Pelorat no respondió, pero su cara se volteó hacia atrás para ver el camino que debía desandar, mostrando un absoluto pesar. Sin embargo la sugerencia era la más adecuada para su situación, por lo que voltearon y caminaron sobre sus pasos hasta el lugar que se había dicho. Se introdujeron paralelos al bosque y al pastizal, dejando tras suyo el cómodo camino que los había traído. El esfuerzo por caminar en esa superficie cansaba más que hacerlo en el perfectamente plano camino, por lo que rápidamente el cansancio aumentó reduciendo la velocidad de avance.

-Descansemos por unos minutos -sugirió Trevize. Sus compañeros recibieron la noticia entre complacencia y asombro. Pelorat y Bliss no esperaron para cumplir con la sugerencia e inmediatamente se echaron sobre las yerbas. Trevize se sentó y apoyó sus espaldas sobre un frondoso árbol de pequeña estatura. Estuvieron allí descansando por algunos momentos, olvidando completamente su condición de intrusos de un planeta desconocido.

La temperatura del ambiente era un poco fresca, y recién pudieron percibirla después de permanecer algunos minutos en reposo. Sin embargo no lo era tanto como para que empiece a ser molesto. El sol brillaba con menor intensidad que en Términus, pero mayor que una gran cantidad de planetas igualmente habitados. Los árboles correspondían a las mismas familias que todos los árboles de la galaxia, pero había algunos que nunca habían visto anteriormente. Eso delataba que el planeta había sido colonizado directamente por personas de la tierra, en la primera ola de colonizaciones iniciada por los espaciales. Lo mismo sucedía con las aves que surcaban el cielo y llenaban el ambiente con trinos de todas tonalidades. Bliss estaba extasiada con el ambiente, y se notaba que la estaba pasando muy bien.

Trevize se aburrió rápidamente de estar en esa posición y decidió estirar un poco las piernas. Se levantó y caminó algunos pasos haciendo un reconocimiento del lugar donde se encontraban. Una vez satisfizo su curiosidad, elevó la mirada por encima de los pastizales pero no pudo ver nada debido a la altura de estos. No conforme con eso, se dirigió al árbol que le había servido de apoyo y se trepó lo más alto que pudo considerando su peso. Una vez estuvo conforme con la altura que había conseguido trepar, dirigió su mirada hacia el otro lado de los pastizales.

-Estamos cerca de las construcciones que vimos desde la carretera -dijo a sus dos compañeros que permanecían recostados entre las hierbas sin la menor intención de levantarse. -Y son viveros como dijo Pelorat antes.

Permaneció callado un par de minutos, dejando a los dos que permanecían abajo, reposando y disfrutando de la naturaleza.

-Veo personas caminando -dijo Trevize revelando cierto nerviosismo -Entran y salen de los viveros. Parece que son los encargados de mantenerlos. Hay unos niños entre ellos. Deben ser una familia.

Pelorat y Bliss, que ya se habían levantado para poder observar por ellos mismos lo que le relataba Trevize, y se dirigieron al árbol vecino al de Trevize. Era un árbol un poco más alto y más delgado, pero era suficiente para que pueda sostener el peso de Bliss. Una vez Bliss estuvo arriba, Pelorat se dirigió al otro árbol y estuvo uno par de minutos intentando llevar su peso a lo alto del árbol, pero finalmente y con mucho esfuerzo logró ver por sus propios ojos a la familia que frente a ellos cumplían sus labores en la granja. Había ocho granjas como esas, una a lado de otra, y cada una con una familia que la atendía, tal como pudieron evidenciar durante su observación. Estaban muy atareados, aparentemente debido a lo avanzado del día que se acercaba a su fin, ya que se movían sin descanso entrando y saliendo sin cesar de los viveros. En la siguiente granja se podía ver una máquina que era conducida por uno de los granjeros por entre los pastizales, cosechando y posteriormente dirigiendo lo cortado al interior de un silo ubicado a un lado de los viveros.

-Parece una granja como cualquier otra de las que hay en todos planeta que componen la fundación -comentó Pelorat después que se aburrió de ver las mismas escenas repetitivas en las granjas -No parecen ser personas fuera de lo común. Además ya me cansé de estar aquí arriba. Si ocurre algo interesante me avisan.

Una vez dijo eso descendió del árbol y volvió a acomodarse en la hierba donde estaba antes de subir. Bliss le hizo compañía y Trevize quedó nuevamente sólo en lo alto del árbol, vigilando las actividades que se realizaban en las granjas.

Pocos minutos después él también se cansó de su posición y descendió a acomodarse en su árbol, y una vez estuvo abajo comentó.

-Esperaremos que obscurezca un poco más, -empezó diciendo -para poder acercarnos sin que nos puedan ver. De esa manera podremos conocer sus actividades desde más cerca. Por lo pronto descansemos un rato.

Al tiempo que estuvieron recostado, el crepúsculo formó una bella imagen en el horizonte, con el que informaba la llegada de la noche. Los tres visitantes permanecieron unas horas más recostados en el suelo, y vencidos por el sueño. Trevize despertó asustado y confundido sin saber cuánto tiempo había estado recostado durmiendo. Una vez se recuperó de su somnolencia despertó a sus compañeros quienes asustados despertaron consultando qué pasaba. Miraron a su alrededor y no pudieron ver nada en absoluto. Sólo pudieron escuchar la susurrante voz de Trevize que los instaba a despertar.

-Ya es tarde -decía la voz -Tenemos que ir hacia las granjas. De acuerdo a mis cálculos, es pasada la media noche.

Ambos asintieron y alejaron de sí el sueño que todavía los envolvía. Caminaron por entre los pastizales hacia la única fuente de luz que había en las granjas, tropezando en su camino ya que la luz de las estrellas era insuficiente para poder guiar sus pasos. Finalmente salieron de los pastizales y quedaron al descubierto entre las edificaciones. Ningún ruido molestaba al ambiente, lo que les permitió escuchar sus pasos y su respiración como si estuvieran amplificados. Observaron de cerca las vacías salas de los habitantes de la granja, pero a ninguno de ellos. Los instrumentos que se veían no diferían en mucho a los que ellos tenían en sus propias casas, lo mismo que los muebles y la propia granja. Una vez estuvieron satisfechos con la inspección emprendieron su marcha de regreso al mismo lugar donde descansaron. Al poco rato llegaron y volvieron a recostarse para quedar nuevamente dormidos.

El sol había transitado un pequeño camino en el cielo cuando Trevize despertó, sintiéndose traicionado por su instinto que no lo había despertado al amanecer. Se levantó y buscó con la vista a sus compañeros, encontrando a Bliss todavía recostada en la grama. Por más que buscó con la mirada el cuerpo de Pelorat, no pudo encontrarlo en las inmediaciones. Se levantó despertó a Bliss preocupadamente.

-Bliss, Bliss. Despierta. Pelorat no está.

Ella se levantó inmediatamente cuando escuchó la última frase e igualmente como había hecho él, buscó con su mirada por entre los alrededores con el mismo resultado.

-¿Sabes dónde fue? -volvió a preguntar Trevize.

-No. -respondió ella -No debe estar muy lejos. Seguro volverá en pocos minutos.

Decidieron esperar su regreso tal como ella lo sugiriera, pero la espera no logró su objetivo y Pelorat no regresó con ellos.

-Estoy seguro totalmente seguro que se fue solo a la granja -dijo Trevize con un tono de preocupación -No sé qué es lo que tiene en la cabeza.

-Tengo la sensación de que no le ha pasado nada. -respondió Bliss intentando tranquilizar a Trevize -Con Pelorat hemos creado un canal de comunicación que me permite conocer sus emociones aun si está alejado de mí. En este momento siento que está tranquilo.

-Él siempre está tranquilo, no tiene el sentido de la cautela. No podría reconocer el peligro ni cuando su propia vida dependiese de ello.

-Será mejor que vayamos a buscarlo en lugar de estar criticándolo. -dijo un poco molesta Bliss -Ya veremos que no hay peligro.

Trevize se subió a lo alto de un árbol y dirigió su mirada hacia las construcciones que se levantaban detrás de los cultivos.

-Veo personas trabajando pero a esta distancia no podría saber si es que él se encuentra entre ellos. Tendremos que acercarnos para poder saber dónde está.

Esto último lo dijo con una clara molestia en la voz, como recriminando a Pelorat por lo que les estaba obligando a hacer. Se bajó del árbol con cierta dificultad y una vez en la superficie señaló con su mano en dirección de las construcciones. Caminaron entre los cultivos con la cabeza agachada para evitar ser descubierto en su trayectoria. Caminaron en silencio por algunos minutos hasta que estuvieron lo suficientemente cerca como para poder ver con claridad a las personas que continuaban trabajando con la misma intensidad que lo hicieran el día anterior. Buscaron entre cada grupo de personas, el rostro de Pelorat pero sin mucho éxito, hasta que finalmente Bliss golpeó nerviosamente el hombro de Trevize quien inquieto dirigió su mirada hacia ella. Estaba señalando con su mano hacia un grupo de niños que no habían sido vistos a primera vista por que habían permanecido relativamente quietos, ya que no participaban de los trabajos de la granja. En el medio del grupo resaltaba el cuerpo de Pelorat quien se veía claramente contento conversando con sus amigos. La imagen que veían tranquilizó a Trevize, aunque no totalmente, quien se fue acercando lo más posible a donde se encontraban los niños. Bliss fue tras él igualmente escondida y en el más absoluto silencio para evitar irritar a Trevize. Una vez se encontraron lo más cerca que les permitía su escondrijo, se detuvieron intentando escuchar lo que decían, aunque sin mucho éxito debido un poco a la distancia y otro a que el idioma que hablaban era extraño para ellos.

Permanecieron es ese estado por un largo rato, hasta que se sintieron fatigados por la posición. Sin embargo, ni los niños ni Pelorat mostraban la mínima intensión de moverse de donde se encontraban. En un intento de ubicarse en una posición más cómoda, Trevize involuntariamente tropezó en su propio pié cayendo sonoramente y moviendo de manera notoria las plantas que los escondían. Eso atrajo la atención de todos los niños y del propio Pelorat quien dirigió la mirada hacia donde ellos se encontraban. Algunos niños, los más curiosos y temerarios, se dirigieron hacia donde ellos se escondían no dejando más opción que levantarse y mostrarse ante todos.

-¡Trevize! -dijo Pelorat con asombro y vergüenza -Me encontraron.

-Sí. -respondió Trevize igualmente avergonzado por haberse dejado encontrar de esa manera tan tonta. -Te anduvimos buscando.

-Estaba con mis pequeños amiguetes -contestó ya más tranquilo -Bliss está contigo, ¿verdad?

-Sí, aquí estoy -dijo ella saliendo de entre los matorrales para un nuevo asombro de los niños -Estábamos preocupados por ti. ¿Por qué te viniste sin avisar?

-Ya les cuento, pero primero quiero presentarlos a mi grupo de amigos. Sería muy descortés de mi parte si no lo hago. Estos son los hijos de los granjeros encargados de esta planta productora de alimentos.

Luego pronunció algunas palabras que resultaron incomprensibles para ellos. Lo único que lograron entender de todas las palabras que escucharon, fueron sus propios nombres pronunciados un poco diferentes aunque comprensibles. Los niños saludaron a sus nuevos visitantes con mucha alegría y curiosidad, pero sólo Bliss respondió con la misma efusividad, lo que hizo que poco a poco fueran dejando de lado a Trevize, lo cual fue muy de su agrado ya que le permitieron conversar tranquilamente con Pelorat.

-¿Qué es lo que pretendes hacer? -reclamó Trevize -No se suponía que nos delatarías así.

-Pero no hay problemas. -respondió un poco avergonzado -¿Ya ves? Los habitantes de este lugar son muy amigables. He estado conversando con estos niños y pude averiguar que son, como vimos, ocho familias de granjeros cuyo objetivo es cuidar de los cultivos y preparar alimentos para los que viven en la ciudad. Están contentos con su situación ya que pueden vivir tranquilos con la naturaleza y lejos de la bulla de la ciudad. Dice que en esta época es la más laboriosa, pero el resto del año es muy tranquilo y sin mucha actividad.

-¿Has conversado con algún adulto?

-En realidad no he conversado más que con estos niños. Apenas he estado algunos minutos con ellos antes que ustedes lleguen.

-Pero, ¿y todo el tiempo que no te vimos?

-Estuve en casa de uno de ellos. Con él es que he conversado más. El idioma que emplean es muy diferente al que nosotros empleamos, tienen raíces muy antiguas y la única manera que he tenido para lograr comunicarme fue emplear mis viejos conocimientos históricos del idioma.

-Si, eso me di cuenta al presentarnos. Hablan un poco como los solarios, aunque bastante más difícil.

-Exacto. Pero con el tiempo uno termina aprendiendo su idioma, en eso siempre he tenido facilidad de aprendizaje.

-Has tenido suerte con estos niños, pero no sabemos cómo nos tratarán ellos. -dijo Trevize señalando a un par de granjeros que se dirigían hacia ahí.

-Son granjeros. -respondió Pelorat -Y la gente del campo, en toda la galaxia, es gente de bien.

-Eso espero, porque ya no tenemos más opción que intentar serles amigables.

Dos personas mayores con ropas de trabajo propias del campo, con sombreros que cubrían sus cabezas y lentes de sol para protegerse de la luz constante propia del trabajo al descubierto, se acercaron hacia donde se encontraban ellos tres y el grupo de niños. Estos últimos al ver llegar a sus mayores, se callaron y dirigieron su mirada hacia ellos. Uno de los niños, aparentemente hijo de uno de los adultos, se acercó a su aparente padre y empezó hablar rápidamente algo relacionado a los forasteros. Ni siquiera Pelorat fue capaz de comprender lo que el niño decía, por lo que una vez se calló el niño, los tres quedaron en total incertidumbre. El niño volvió a hablar y señalando a Pelorat pronunció un sonido parecido a su nombre, a lo que el adulto le dirigió la mirada. Pelorat respondió el saludo levantando la mano y pronunciando, en la medida de su capacidad, una vieja frase de saludo que había leído en uno de los libros antiguos que había tenido la oportunidad de leer en algún museo, en realidad ya no se acordaba dónde.

Aparentemente el saludo fue bien recibido por que el granjero extendió su mano hacia Pelorat y este rápidamente la recibió cautelosamente. Empezaron a hablar con cierta dificultad, y el granjero se dio cuenta de la situación y cortésmente empezó a hablar mucho más lentamente, lo que facilitó enormemente el esfuerzo de Pelorat. Durante la conversación, Pelorat presentó a Bliss y Trevize, quienes igualmente fueron saludados calurosamente por sus ahora anfitriones.

Al finalizar la conversación, los granjeros les indicaron el camino para que ellos los sigan, cosa que puso en alerta a Trevize. Bliss por su parte permanecía en el absoluto silencio y concentración, intentando ubicar la naturaleza de las extrañas ondas que no podía dejar de detectar desde que se aproximaron al planea, y que ahora tenían una intensidad mucho mayor. Sin embargo no podía comentar nada de lo que percibía, para evitar alterar a sus compañeros. Caminaron por un par de minutos e ingresaron a lo que parecía un comedor público, y les indicaron que se sentasen. Uno de ellos, el que había hablado previamente afuera, empezó a hablar dirigiéndose a Pelorat ya que según pudieron determinar, era el único que entendía su idioma aunque con cierta dificultad.

-Son personas muy amables -dijo Pelorat después de conversar por unos minutos con sus anfitriones -nos invitaron a desayunar. Les comenté que habíamos pasado la noche en el bosque y que ...

-¿¡No le habrás contado que venimos de otro planeta!? -preguntó Trevize con un leve tono de pánico en su voz.

-¡No! -siguió diciendo -Les dije que venimos de lejos, que somos algo así como nómadas, y que nos dirigimos a la ciudad. Eso los extrañó un poco, ya que no es muy común que las personas vayan caminando de ciudad en ciudad, habiendo transportes que permiten hacer eso con el mínimo esfuerzo. Les dije que somos amantes de la naturaleza, eso parece que les convenció. Espero.

-Ahí viene el desayuno. -dijo Bliss señalando a algunas mujeres que entraban con bandejas llenas de frutas frescas, recién sacadas de la misma granja -Se ve muy natural todo. Hace tiempo que no disfrutaba de un desayuno así.

Mujeres jóvenes les atendieron y les hablaron con amabilidad, pero sólo Pelorat pudo responder el saludo con palabras, los demás sólo hicieron un gesto con la cabeza y esbozaron una sonrisa, como idioma universal de agradecimiento. Las jóvenes respondieron con el mismo gesto y abandonaron el lugar para volver luego con los hombres que los habían guiado hasta allí.

Se sentaron en la misma mesa al lado de Pelorat, para que este haga las funciones de traductor. Después del saludable desayuno, la sobremesa fue muy activa de charla, ya que estos señores aparentemente no solían tener visita así que cuando llegaba una, aunque sea de personas desconocidas, aprovechaban para darles todas las atenciones posibles.

El idioma que se hablaba tenía claramente la misma raíz que el idioma que se hablaba en toda la galaxia, por lo que poco a poco fueron atendiendo más y más palabras. Bliss fue la que más rápidamente estuvo al mismo nivel de entendimiento que Pelorat, debido a que ya había tenido oportunidad de tener que aprender otro idioma. Había que considerar que el idioma utilizado por la fundación no era exactamente el mismo al empleado en su planeta Gaia. También tuvo que aprender a comunicarse con los solarios y en especial con Fallom, con quien compartió muchos momentos. En realidad todos ellos habían tenido una vida muy intensa en lo que se refería aprender nuevos idiomas, debido a su vida nómada que habían obtenido desde el inicio de la búsqueda del planeta tierra.

Después del desayuno los llevaron a conocer todas las instalaciones del lugar, y les mostraron las plantaciones que orgullosamente cuidaban. Por lo que tuvieron oportunidad de ver, el orgullo que tenían era muy bien merecido dado a que todo estaba limpio y ordenado. Las plantaciones eran muy fructíferas y de seguro tendrían una excelente cosecha ese año. Ya en la tarde Bliss pudo pronunciar sus primeras palabras, lo que causó asombro y alegría de sus anfitriones, quienes a partir de ese momento la incluían en sus conversaciones. Trevize demoró en empezar a hablar, y recién en la tarde del día siguiente pronunció su primera palabra. Pelorat, desde el principio de su estadía en la granja, tuvo una muy buena acogida entre los niños, quienes no se desprendían de él.

En la noche, después de la cena común con todos los habitantes de la granja, los condujeron a cuartos de huéspedes que habían habilitado durante el día. Eran cuartos separados para cada uno de ellos y muy cómodos, aunque sencillamente decorados. El día había sido muy agitado desde el mismo amanecer, por lo que un buen descanso era algo que ya hacía rato que estaban deseando. Antes de irse a descansar, los tres se juntaron para poder compartir las impresiones de sus anfitriones.

-Primero me gustaría que saber algo. -empezó diciendo Trevize dirigiendo sus palabras a Pelorat -¿Por qué razón dejaste nuestro campamento hoy en la mañana, y te acercaste a esos niños? No te estoy recriminando nada, simplemente quiero saber qué pasó.

-Bueno...-empezó diciendo tímidamente Pelorat ante al que sentía era un merecido regaño -Cuando vinimos a observar, involuntariamente se cayó mi cuaderno de notas, el que siempre cargo conmigo. No me percaté de esto hasta que una vez de regreso al campamento, lo busqué para escribir las conclusiones de la visita. Busqué por todos lados pero no pude encontrarlo, y fue ahí que me di cuenta de la pérdida. En esa libreta tengo anotado todos mis pensamientos, por lo que es muy importante para mí. Quise volver a buscarla pero era muy obscuro y sabía que era en vano intentar hacerlo a esa hora. Debía esperar que el sol iluminase para poder ir a buscar. Por eso esperé hasta el amanecer y con los primeros rayos ya estaba yo nuevamente en la granja buscando mi libreta. Afortunadamente la encontré rápido, pero en mi viaje de regreso me encontré con un niño. Había tenido un mal sueño, me supongo, porque estaba despierto mirando todo lo que yo hacía. Cuando me vi atrapado, no me quedó más que presentarme, para evitar que me confundan con un ladrón y llame a su padre. Estuve un buen rato conversando con él, hasta que el resto de las personas despertaron, y fue allí que sus amigos empezaron a salir y me vieron. Pocos minutos después llegaron ustedes. Lo único que puedo pedirles, es disculpa por habernos puesto en esta situación, aunque estoy tranquilo porque afortunadamente son buenas personas.

-Eso parece, -dijo Trevize -aunque lo averiguaremos más tarde. Siempre ocurre así. Pero ahora vamos a descansar, ya mañana veremos qué hacer.

Los tres se dirigieron a sus respectivas habitaciones, donde se recostaron y sin darse cuenta cuándo, ya estaban completamente dormidos, rendidos de tanto trajín de ese día.

Al día siguiente se despertaron un poco después del amanecer. Salieron de sus habitaciones y se sentaron afuera contemplando el paisaje lleno de vegetación. Una mujer joven apareció y los guió a tomar su desayuno, y al entrar en la sala pudieron ver a todos los niños que ya estaban terminando de comer. Les brindaron, al igual que la mañana anterior, un suculento desayuno de frutas y cereales. Los tomaron con gusto y una vez hubieron terminado de comer, se sintieron con más ánimos para conversar. El niño que encontró a Pelorat la mañana anterior, se acercó a la mesa y se sentó al lado de este, saludando a todos en su ya no tan extraño idioma.

-¿Cómo han estado? -preguntó una vez terminaron los saludos.

-Muy bien, gracias. Ustedes han sido muy amables en atendernos de esa manera.

-Muy pocas veces tenemos visitas -dijo el niño -y cuando vienen, nuestros padres se esmeran por hacerlos sentirse bien.

-Y lo están haciendo muy bien. -respondió Bliss -Muchas gracias nuevamente. Veo que hay mucho trabajo en una granja.

-Sólo por estas épocas de cosecha. -respondió -En realidad la vida es muy tranquila y sin muchos problemas la mayor parte del año. Es más tranquila que en las ciudades.

-¿Conoces la ciudad? -consultó Trevize con un notorio interés.

-Si, he ido con mi padre y mi madre algunas veces. A negociar la venta de los productos de la granja. Es muy movido y todo está lleno de gente. No se tiene tanta libertad como aquí. Es por eso que no me gustaría ser seleccionado para vivir en la ciudad.

-¿Los seleccionan? -consultó Bliss extrañada por la palabra.

-Sí, dependiendo de las necesidades que haya y de las características de la persona, se selecciona para tener una actividad. Pero eso ocurre después de que se cumple quince años. A mí me toca en un año más.

-Todo es muy organizado en tu ciudad -siguió diciendo Pelorat -Me gustaría conocerla.

-Tendría que consultar a mi padre, para que los haga visitar.

Cuando hubo terminado de pronunciar la última palabra, entró por la puerta el padre del muchacho, y se dirigió hacia ellos. Todos quedaron en silencio esperando que él se integre en la conversación.

-Buenos días señores. -dijo el recién llegado. -Veo que ya han terminado su desayuno.

-Si, muchas gracias por su hospitalidad. -respondió Trevize -Ha estado todo muy bien, ustedes son muy amables.

-Me contaba mi hijo, -dijo mientras se sentaba en la misma mesa que ellos, justo al lado de su hijo -que son de una ciudad muy lejos de aquí. ¿De qué ciudad me están hablando?

La pregunta cayó de una manera inesperada entre los tres viajeros, quienes se miraron entre sí buscando la respuesta a esta difícil pregunta. Trevize se sintió con la responsabilidad de responder por su grupo, y tomó la palabra para responder.

-En realidad somos de muy lejos, de una ciudad que está a muchos días de viaje.

-¿Se puede saber qué ciudad es esa? -siguió consultando después de escuchar la poco convincente respuesta.

Pelorat captó el peligro que surgía de seguir mintiendo. Era un planeta muy organizado, y debía tener un sistema de información que compartían entre las ciudades. A esa hora, ya deberían saber que nadie había salido de la anterior ciudad, y que la única manera que ellos llegaran era clandestinamente. Y sólo los delincuentes viajaban de esa manera.

-En realidad la ciudad de la que hablamos, está en otro planeta. -dijo Pelorat después de medir las consecuencias de esa revelación. -Tuvimos problemas con nuestra nave espacial y nos vimos forzados a aterrizar.

-Hace mucho tiempo que no tenemos visitantes extranjeros. -dijo ya menos tenso el anfitrión -De hecho, esta es la primera vez que tengo conocimiento de que alguien haya llegado a Baleista en los últimos mil años. No sé de épocas anteriores.

El saber que no tenían que fingir relajó notoriamente la tensión de los tres viajeros, lo cual se reflejó en su animosidad en hablar el extraño idioma de sus anfitriones.

-Intentamos llegar a la ciudad para solicitar ayuda. -dijo Trevize practicando el idioma -Buscamos la ciudad más grande del planeta. No descendimos en la ciudad por que no queríamos causar problemas. Es por eso que dejamos la nave muy cerca de aquí y nos dirigimos caminando. Intentamos subirnos a uno de los transportes que vimos en la vía, pero nos fue imposible hacerlo.

-No lo hubieran podido hacer, -confirmó el anfitrión -debido al sistema de seguridad, además de la velocidad. Sin embargo si quieren visitar la ciudad yo los puedo llevar. Sólo tengo que comunicarme con la ciudad y un transporte vendrá a buscarnos.

-Sí, eso mismo nos sugirió su hijo, un muchacho muy inteligente se puede ver. -dijo Trevize ya relajado.

-Viajan mucho entonces. -preguntó nuevamente el anfitrión.

-Se puede decir que sí. Con Pelorat hemos estado viajando mucho tiempo y por muchos mundos. En uno de ellos se nos unió Bliss.

-Nosotros hace muchos miles de años que no sabemos de viajes interplanetarios. Y tampoco tenemos muchas visitas. De acuerdo a lo que me enseñaron, no hemos recibido una visita en los últimos mil años, como ya les dije. Esta es una parte del universo más bien abandonada.

-Pero sí saben de la existencia de otros mundos, por lo que veo.

-Sí. Estudiamos historia y sabemos que este mundo fue colonizado por una persona muy importante para nosotros, una persona que finalmente le dio nombre a este planeta.

-Baleista, ese es su nombre, ¿no es verdad?

-Sí. El nombre se lo puso nuestro fundador, cuyo nombre era Elijah Baley.

-¡El fundador de los viajes espaciales!

-Conoce la historia por lo que veo.

-Algo me ha enseñado Pelorat. Él es historiador, sabe mucho del mundo antiguo. Yo no soy muy instruido en ese tema, por eso le pregunto siempre a él.

-La verdad yo tampoco conozco mucho de la historia muy antigua. Solo las partes más importantes. Yo soy granjero y de eso he estudiado mucho. Me gusta y por eso me dedico a esto. En la ciudad existen personas que, como su amigo, saben mucho de la historia antigua.

-¿Van seguido a la ciudad?

-Sólo cuando tenemos que llevar los productos o tenemos que traer algunos insumos. No me gusta la ciudad, no es como el campo. Quizá estoy muy acostumbrado a levantar la vista y mirar el horizonte, y eso no se puede hacer en la ciudad.

-Cuando veníamos, pude ver que habían muchos vehículos de transporte por la carretera.

-Es que estamos en época de cosecha. Es la época del año en que más viajamos a la ciudad. Tengo curiosidad en saber qué los trajo a este lejano planeta. No somos muy populares y no creo que tengamos algo interesante qué visitar. Somos un pueblo trabajador, como verá.

-La verdad es que hemos estado buscando un planeta por mucho tiempo. Ya lo hemos encontrado, pero tanto viajar nos ha convertido en nómadas y no me imagino estar, como usted, quieto en un lugar. Estamos, se puede decir, vagabundeando por el universo. Su planeta lo escogimos al azar para pasear. Es interesante conocer nuevos mundos.

-Espero que le guste nuestro mundo y se lleve buenos recuerdos.

-Hasta ahora me ha gustado bastante. Tiene mucha vegetación y eso le gusta mucho a Bliss. Muchas gracias por su cortesía.

El resto de los comensales ya habían terminado su comida y se habían dedicado a conversar animadamente. Luego de un periodo de buena charla, poco a poco se iban levantando para continuar con sus labores de la tarde. Lo mismo hicieron los recién llegados, quienes continuaron con la visita turística por el resto del lugar.

Tal como fuera ofrecido el día anterior, los visitantes se prepararon para ser llevados a la ciudad en los vehículos de transporte que ingresaron silenciosamente en la granja y que en ese momento empezaron a ser cargados con los productos que allí cultivaban. Mientras el personal de la granja realizaba las labores de cargamento, los visitantes del espacio tomaban su fresco y sano desayuno. Ambas labores culminaron simultáneamente y los viajeros fueron invitados a subirse en los vehículos para su viaje. Junto con ellos, y a título de guía turístico, viajó uno de los gentiles anfitriones quien iba animándolos con una conversación amena y contando algunas anécdotas que había tenido en sus pocos viajes a la ciudad. El vehículo, una vez inició su suave y silencioso viaje, no se detuvo en ningún lugar intermedio hasta que finalmente llegó a las afueras de la ciudad donde se realizó la descarga de todos los productos. Desde allí fueron guiados en dirección del centro de la ciudad para lo cual tuvieron que caminar varios cientos de metros sin la ayuda de ninguna maquinaria sino de sus propias piernas. La ciudad que se les presentaba a sus ojos y que tuvieron la oportunidad de observar desde el cielo en su viaje de reconocimiento, no se diferenciaba en nada a cualquier ciudad pequeña de alguno de los planetas agrícolas de la fundación. El estilo de las casas difería levemente dándole un toque personal y que demostraba un nivel de concentración humana no muy elevada comparado con la mayoría de las ciudades de ese mismo tamaño en la fundación.

En su trayecto de reconocimiento fueron dirigidos hacia el mismo centro de la ciudad donde pudieron ver en el medio de una plaza, la presencia de un monumento al fundador de aquél lugar. Era una estatua en tamaño natural de Baley y su hijo, por lo que pudieron leer a un lado de la escultura. Luego de haber realizado el paseo por la plaza, fueron dirigidos al que parecía el edificio más importante del lugar. Como si lo estuvieran esperando, el personal del gobierno del lugar salió a recibir a los recién llegados quienes quedaron muy contentos con tan importante recibimiento. Sólo Trevize permaneció cauteloso recordando los muchos peligros que había tenido que correr en los otros planetas que tuvo que visitar.

El alcalde del lugar, como él mismo se presentó, los invitó a pasar a una sala de visitas donde se pudieron sentar a descansar las piernas luego de tan larga caminata. El guía que los había traído hasta ese lugar, sin decir nada ni despedirse simplemente no ingresó a la sala y desapareció, pero esta situación no fue percibida por ninguno de ello debido a la gran pomposidad con que eran tratados por el alcalde y que no les permitía pensar en otras cosas sino en entender lo que este importante funcionario les decía en su idioma.

-Me informaron que vienen de otro planeta. -dijo una vez culminaron todos los temas protocolares.

-Sí. -empezó diciendo Pelorat quien por su mayor facilidad de palabra, se sentía en la obligación de ser el que tome el puesto de interlocutor. -Venimos de la fundación. Así llamamos al conjunto formado por la mayoría de los planetas habitados de la galaxia. Estábamos buscando la Tierra original donde se inició la vida del hombre.

-Después de encontrarla decidimos a visitar los primeros planetas colonizados por la Tierra y por eso estamos aquí.- terminó diciendo Bliss animándose a hablar.

-¿Y por qué eligieron exactamente nuestro planeta? Nunca fuimos muy populares ni en las épocas de esplendor.

-En realidad escogimos al azar. -respondió Bliss con cierto tono de vergüenza -Pero tengo la seguridad de que hemos elegido uno de los mejores.

-Por qué dice eso. -preguntó el alcalde -No tenemos nada que nos haga sobresalir con respecto a planetas más avanzados.

-El mundo ha cambiado algo allí afuera. -dijo Trevize participando de la charla -Hemos tenido la oportunidad de ver planetas muertos y que reflejaban en sus escombros una grandeza pasada muy superior a varios otros que igualmente pudimos visitar.

-Se nota que sabe bastante de la historia del espacio. -dijo el alcalde dirigiéndose a Trevize.

-En realidad no sé mucho de historia. Solo conozco lo que he visto con mis ojos. Pelorat sabe mucho más. -respondió Trevize al comentario.

-Nosotros hace ya muchos años, tantos que ya no figuran en nuestros registros, dejamos de viajar y recibir visitas del espacio. Eso nos ha aislado un poco del movimiento de la galaxia y sus planetas. Como ve, somos un pueblo agrícola que produce sus alimentos para mantener la vida de nuestras familias y no conocemos mucho de la historia fuera de nuestro planeta. Es por eso que para mí, es un honor poder contar con la presencia de visitantes tan importantes y sobre todo interesantes. No sucede mucho aquí, y cualquier visitante es muy importante, más si tomamos en cuenta que el último visitante vino muchos miles de años atrás.

El alcalde, emocionado por tan extrañas visitas en su ciudad y al saber que venían del espacio y que conocían interesantes historias del pasado, no paró ni un momento de hacer pregunta tras pregunta para poder saciar su curiosidad. Por su parte, Pelorat igualmente emocionado al tener ante sí una persona interesada en escucharlo, contó con lujos de detalles toda la historia antigua de la tierra y de los espaciales. Igualmente contó sobre la guerra con la tierra y no pudo evitar mencionar el estado tan lamentable en el que se encontraba la cuna de la humanidad sumida en una radiactividad tan mortífera no solo para los vivos sino también para la propia nave Farstar. Este resumen de la historia de los inicios de la vida espacial de la humanidad, se extendió durante todo el día y sólo fue interrumpido para almorzar en una sala adyacente a la que se encontraban.

Trevize, quien no había contribuido mucho en la historia que era contada por Pelorat, permaneció alerta durante todo el tiempo que duró la estadía. Afortunadamente para él, el final de la tarde marcaba el final de la extensa exposición del historiador y la hora de marcharse. No tenía mucha idea de qué harían con ellos; si los enviarían de vuelta a la granja o los alojarían en la misma ciudad, pero el sentir sus armas en contacto con sus manos le regresaban cierta tranquilidad.

Finalmente el alcalde, cansado de tan extensa exposición histórica y utilizando como excusa el cansancio de Pelorat, cansancio que no existía porque cuando de historia se trataba él podía permanecer horas de horas hablando sin parar, les indicó que podrían pasar la noche en un pequeño hostal del lugar el cual ya había sido acondicionado para atenderlos con las mayores comodidades que tenían.

Fueron dirigidos al hostal por el mismo alcalde, caminando por las calles ordenadas y limpias hasta que finalmente se encontraron en él. Trevize caminó todo el tiempo con ambas manos en sus diferentes armas, por si la amabilidad del que habían sido objeto, no fuese más que una forma de ganar tiempo para organizar su aprensión. Fueron asignadas habitaciones para cada uno de ellos, cosa que levantó cierta sospecha en él, pero hasta ese momento, ninguna de las diferentes situaciones imaginadas por su fértil y pesimista mente, se presentaron y pudo recostarse con cierta tranquilidad a descansar.

Una vez se hubo marchado toda la comitiva que los había acompañado, salió de su habitación y se dirigió a la habitación de Pelorat. Tocó la puerta y a los pocos segundos Bliss le abría la puerta.

-Pasa -le dijo ella poniéndose a un lado para permitirle el paso.

-¿Qué les pareció todo? -dijo él como único saludo.

-Que son personas muy amables -respondió Pelorat.

-Los habitantes de alfa también eran muy amables. ¿Te acuerdas? -respondió Trevize

-Pero en esa oportunidad el comportamiento de ellos era sospechoso -dijo Pelorat -Ahora todo está normal y simplemente ellos quieren agradarnos por la curiosidad de tener unos habitantes de otras estrellas a quienes consultarles cosas de otros mundos. Han estado separados del resto de los planetas durante tanto tiempo, que están muy ávidos por saber todo lo que sea posible.

-Eso más bien es sospechoso. Nos mantienen con vida porque nos necesitan por la información que tenemos, pero el rato que hayamos satisfecho su curiosidad no sabemos qué sucederá. -concluyó Trevize

-Siempre pensando mal. -respondió Pelorat

-Eso nos ha salvado la vida en varias oportunidades, ¿no? -dijo como única respuesta.

La charla continuó durante un par de horas más, en la cual cada uno de ellos expuso su apreciación de la situación y sus experiencias, concluyendo que al menos por el momento no corrían peligro alguno, pero que se debería estar en constante alerta. Con esta conclusión, cada uno se dirigió a su respectiva habitación a descansar y prepararse para el día de mañana.

La mañana los despertó con el brillo de la aurora que se colaba a través de las ventanas. Trevize fue el primero en levantarse y darse un buen baño para refrescar su cuerpo y terminar de despertar. Salió a caminar por los pasillos del hostal, esperando que sus compañeros se levantasen para ir a tomar el desayuno que estaba seguro le tendrían preparado. Bliss fue la segunda en levantarse y Pelorat los siguió. Una vez los tres estuvieron listos se dirigieron a la parte baja del hostal y fueron recibidos por una persona que gentilmente los dirigió al comedor en el cual estaba servido el desayuno. Cuando hubieron terminado de tomar todo lo que satisfacía sus necesidades, el alcalde llegaba para continuar con las actividades protocolares. Junto a él llegaba otra persona a quien presentó como el mayor historiador de la ciudad. Al otro lado se apareció una muchacha joven de unos dieciocho años, un poco tímida a quien presentó como su hija.

-Ustedes conocen a los jóvenes. -dijo un poco incómodo el alcalde -Ella quiso conocerlos de más cerca. Casi todos en la ciudad sólo hablan de los visitantes, ustedes son todo un acontecimiento para la ciudad. En un lugar como este que casi nunca pasa algo, excepto la eterna monotonía, su visita causa mucha expectación y mi niña no es ajena a esta curiosidad. Espero que no les moleste.

-No. -dijo Bliss tomándole de la mano a la recién llegada -Ella nos puede acompañar, va a ser un honor y una alegría compartir con ella. ¿Cómo te llamas preciosa?

-Liliz. -dijo ella tímidamente.

-Tú irás conmigo, yo te acompañaré. -respondió Bliss con la intensión de darle más confianza.

-No sé qué querrán hacer. -dijo el alcalde ya más tranquilo -Podemos dar unas vueltas para que les muestre la ciudad. No sé qué más podemos mostrarles en su visita a nuestra simple ciudad.

-¿Tienen un museo? -consultó Pelorat dirigiendo su mirada alternativamente hacia el alcalde y hacia el historiador.

-En realidad no tenemos nada de eso, -dijo el historiador -pero podemos ir a mi residencia. Allí tengo algunas obras que he podido recopilar a lo largo de mi vida. Podríamos decir que es un museo personal.

-Me encantaría poder visitarlo. -dijo Pelorat ya listo para salir.

-Entonces vamos de una vez. -respondió el alcalde señalando la salida como invitación a la partida.

La casa del historiador no estaba muy lejos, pero tuvieron que caminar algunos minutos antes de llegar finalmente al lugar. El lugar era relativamente grande, considerando que era el domicilio de una sola persona. En él se encontraban, dispersas en el patio, algunas esculturas o mejor dicho restos de esculturas que mostraban claramente todas las señales de longevidad. Siguieron camino hacia una sala que se encontraba en el segundo piso de su domicilio, la cual estaba llena de viejos documentos en el mismo formato de almacenamiento que habían visto en su visita en uno de los planetas espaciales. En esta oportunidad sin embargo, tenían la ventaja de contar con el equipo que permitía poder ver el documento codificado. Tanta información alegró los ojos de Pelorat, quien no pudo resistir ni un minuto para empezar a curiosear en toda ese mar de documentos en compañía de su colega historiador quien se notaba claramente contento de tener como visita a alguien que compartía el mismo placer por las cosas antiguas. El resto de los presentes, entre los que se encontraban el alcalde y su hija, además del Bliss y Trevize, se quedaron observando las actividades de los historiadores. Un largo rato permanecieron de pie como testigos silentes de lo que allí sucedía, pero ese silencio fue interrumpido por la voz de alcalde excusándose por abandonarlos allí. Importantes obligaciones exigían su atención, dijo finalmente.

Diciendo eso el alcalde tomó de la mano a su hija y se dirigió a la puerta con la intensión de marcharse tal como lo había dicho, pero algunos comentarios hechos en voz baja por su hija, comentarios que no pudieron ser escuchados por el resto de los presentes, le hicieron desistir en llevarla. Ella contenta permaneció en el lugar acompañando a los huéspedes mientras su padre se alejaba. Esa situación fue cada vez más absorbente para Pelorat y su nuevo amigo, pero para el resto de los presentes se empezó a tornar demasiado aburrida, por lo que Trevize se disculpó y decidió ir a pasar su aburrimiento dando un paseo por la ciudad. Bliss permaneció en el lugar, desechando la sugerencia de Trevize, pero Liliz siguió tras de Trevize con la excusa de querer guiarlo en su paseo por la ciudad.

El paseo de Trevize se prolongó durante todo el día, cosa que preocupó a Bliss cuando en la hora del almuerzo no los vio llegar. Pelorat y su amigo simplemente no echaron de menos a los ausentes, y menos al alcalde quien en toda la tarde estuvo ausente atendiendo sus obligaciones oficiales. Recién al finalizar la tarde aparecieron Trevize y Liliz, con claras señas de haber estado caminando todo el tiempo. Como si estuviese coordinado, el alcalde se presentó minutos después disculpándose por su prolongada ausencia. Finalmente, o mejor dicho afortunadamente, Pelorat levantó la mirada y pudo notar la presencia de sus amigos y la ausencia de luz en el exterior señalando el fin del día y la hora de irse. Cansado y satisfecho con sus nuevos conocimientos, siguió atrás de sus amigos cuando fueron guiados por el alcalde de nuevo en dirección al hostal donde estaban alojados. Una vez llegaron al lugar, sus anfitriones permanecieron un par de minutos con las actividades protocolares mínimas, hasta que finalmente se despidieron y los dejaron solos para que pudiesen descansar. Por fin, después de mucho tiempo, pudieron estar los tres amigos solos para poder conversar con tranquilidad.

-Es asombroso. -empezó a decir Pelorat cuando ya el silencio se hacía intolerable -La civilización donde nos encontramos, ha permanecido totalmente aislada y sin el mínimo contacto con los otros planetas desde que terminó la guerra con la Tierra. Se ha desarrollado en total independencia y tanto es así que la mayoría de la población no sabe que existen otros planetas.

-Si eso es así, -dijo Trevize sacando sus cálculos mentales -este planeta ha permanecido aislado por casi veinte mil años, más que el tiempo de existencia del imperio.

-Exactamente. El planeta fue uno de los últimos en ser colonizado por los miembros de la primera ola de viajeros espaciales. Cuando terminó la guerra contra la Tierra, tal como sucediera con los otros planetas de esta primera ola, fueron aislados por los de la segunda ola quienes apoyaron a la Tierra. Eso mismo sucedió con Solaria, si es que no te acuerdas. Como ya sabemos, este planeta fue colonizado por el propio Elijah Baley como una colonia particular una vez se decidió retirar de la vida pública. Sin embargo la guerra planetaria no dejó que se cumpla ese deseo y cuando todos los espaciales se organizaron para atacar la Tierra, fue el único planeta que se opuso por lo que despertó la ira de sus vecinos.

-Hasta ahora está interesante. -dijo Trevize sin mucho convencimiento -¿Qué más encontraste de interés?

-En realidad sólo he tenido la oportunidad de leer algunos documentos históricos. En su sala existen muchos más que no he tenido tiempo de ver y que tomaría muchos meses de labor.

-Que ni se te ocurra la idea de quedarte todo ese tiempo. Esta es una visita de paseo, como dijimos antes de venir, y los paseos son cortos. ¿Entendido?

-No te molestes. -respondió avergonzado por sentir que le habían leído la mente -Simplemente estaba indicando la cantidad de información que existía. No pretendía quedarme todo ese tiempo. -mintió.

-¿Y cuál fue la reacción de los vecinos? -consultó Trevize.

-No lo leí, pero de acuerdo a lo que me contó Albertus, el resto de los planetas atacaron Baleista y destruyeron todas las naves espaciales que habían. Como tenían todos sus recursos dedicados a atacar la Tierra, no hicieron más daño que ese. Luego de concluida la guerra, los ánimos estaban más tranquilos y sólo se dedicaron a bloquearlos durante todo el tiempo que existieron. Por esa razón es que este planeta nunca desarrolló tecnología espacial ni tuvo ningún interés por salir de su superficie. Se dedicaron a vivir tranquilos y aislados del resto de sus vecinos.

-Y eso continúa hasta los tiempos actuales. -concluyó Trevize -Y a pesar de que la amenaza exterior se ha extinguido en veinte mil años, ellos siguen con la tradición de vivir estrictamente en su planeta sin mirar hacia arriba.

-No es una mala forma de vivir. -agregó Bliss -No necesitan nada de los mundos exteriores y está conformes con lo que tienen.

-Como Gaia, ¿no? -le respondió Trevize.

El amanecer de un nuevo día en Baleista los encontró despiertos, ansiosos por tener nuevas experiencias y vivencias en este tranquilo y alejado mundo. El alcalde, ya menos curioso por sus visitantes, estuvo con ellos apenas un par de minutos, lo mínimo que exigía las normas de cortesía. Al igual que el día anterior, venía acompañada de Liliz quien se quedó con ellos una vez su padre se hubo marchado. Pelorat, impaciente por continuar sus charlas con Albertus sobre la vieja historia de la humanidad, se despidió de ellos y se dirigió sin demora a la casa-museo de aquel, sin siquiera ponerse a pensar si lo estaban esperando o no. Por su parte Bliss se fue por su lado a pasear por las calles de la ciudad, encontrándose de vez en cuando con habitantes del lugar quienes la miraban con curiosidad, propio de personas que no están acostumbradas a recibir visitas. Trevize, el último en abandonar el hostal, dejó que sea Liliz quien guíe sus pasos en la desconocida ciudad, completando el paseo que realizaran el día anterior. De esta manera, los tres compañeros se separaron disfrutando cada cual de las actividades que más les gustaban. No fue sino hasta el anochecer que todos ellos se volvieron a encontrar en el hostal. Luego de satisfacer su hambre luego de un día agitado, se dirigieron a una de las habitaciones para conversar.

Los días y noches transcurrían sin ninguna novedad, como en unas tranquilas vacaciones. Ya el hecho de ser de otro planeta alejado no despertaba ningún tipo de curiosidad entre la gente, lo que les permitía caminar por la calle como si fueran vecinos del lugar, con absoluta libertad sin tener que estar dando explicaciones ni contando historias a los que se encontraban. La sensación de peligro era cada vez menos intensa y por momentos se olvidaban de los cuidados mínimos que tendrían que tener en una tierra extraña, más considerando las malas experiencias que habían sufrido en sus anteriores viajes.

-No sé si estoy equivocado. -empezó diciendo nerviosamente Pelorat cuando hubo llegado de su cotidiana visita a Albertus -Todavía no lo puedo creer, pero estaba escrito en sus libros antiguos.

-¿De qué hablas? -interrumpió Trevize el monologo, impacientándose por no entender el motivo del nerviosismo de Pelorat.

-Es sobre la historia del Planeta. Cuando fueron atacados por los Espaciales.

-Sí, esa historia ya nos la contaste. Destruyeron todas las naves y estaciones de despegue.

-Eso fue lo que Albertus me dijo. Pero cuando él salió un rato y me dejó solo en su sala, busqué uno de los discos que habían sido retirados de su estante. Yo ya había notado que algunos de los discos habían sido retirados a las apuradas, dejando huecos en los lugares donde estaban. Cuando se fue Albertus, me dediqué a buscarlos por todos lados y finalmente los encontré debajo de su estante. Me costó encontrarlos, a pesar de que estaban muy mal escondidos. Afortunadamente Albertus tardó más de lo esperado y me permitió leer parte de la historia de la fundación de este planeta.

Como él dijo, Elijah Baley quiso crear un planeta para su uso personal, como una finca en las afueras de la ciudad. Trajo a toda su familia y todos sus robots para atenderlos y durante un tiempo vivieron tranquilos mientras acondicionaban el planeta con la ayuda de sus robots. Debido a la gran capacidad que tenía este genial hombre, y a la capacidad de sus hijos, logró crear un próspero planeta. Lo que empezó como una pequeña finca, bajo la guía de Baley y su familia se convirtió en uno de los más importantes productores de alimentos, comerciando con todos sus vecinos. Eso hizo que su poder comercial fuera muy importante, y le permitiera ser muy influyente con sus socios comerciales. Cuando se enemistaron con el planeta tierra, el único planeta que permaneció fiel a su origen fue Baleista, lo que le hizo perder las buenas relaciones que tenía con sus vecinos. Cuando destruyeron la vida en la Tierra, sintieron temor que la genialidad de Baley y su fidelidad con la tierra se vuelque en contra de ellos, así que decidieron atacar su planeta y destruyeron todo. Solo quedó con vida Elijah Baley y su nieto Zed Baley. Casi todos sus robots y sus instalaciones fueron destruidos sin piedad. Cuando estuvieron satisfechos, abandonaron el planeta en ruinas dejando con vida a Elijah para que viva sus últimos días de vida en la más absoluta soledad, como castigo. La idea de ellos era transformar Baleista en la cárcel privada de Baley. La supervivencia de Zed fue algo inesperada, debido a que en esos momentos él se encontraba jugando en el campo con algunos animales silvestres y no fue asesinado por que no sabían de su existencia. Siendo este su nieto menor y el único nacido en el propio planeta, su existencia era ignorada por el resto de los planetas.

Cuando se hubieron marchado destruyendo todo, no contaron que la genialidad de las personas no se puede destruir, y que más bien los desafíos que ellos necesitan para poder desarrollar aún más su genio. Zed, digno nieto de Elijah, igualó y en algunos casos superó la genialidad de su abuelo. Juntos, sin prisa, construyeron nuevamente todo el planeta, cuidándose esta vez de mantenerse al margen de las relaciones con los otros planetas. Para combatir la soledad, repararon y construyeron una gran cantidad de robots de diversas cualidades. Todos ellos colaboraban en múltiples actividades en el planeta, por lo que nunca se sintieron, ni siquiera un momento, solos. Elijah murió dejando en Zed la responsabilidad de administrar el planeta. Este, conociendo que era el último de su familia y que al no tener posibilidades de salir de allí ni continuar con su estirpe, debía buscar otra manera de hacer perdurar su existencia. Por ese motivo dedicó toda su vida a investigar y crear robots cada vez más perfectos y eternos. En la última etapa de su vida, fue acompañado por uno de sus robots, el que consideraba su mejor creación. En sus últimos días, sabiendo que tenía que dejar en manos de su fiel robot el guiar a sus creaciones hacia un futuro próspero, tuvo que realizar en este una modificación simple pero trascendental.

Al morir él, se acabaría la vida humana en el planeta, eso significaba que no había nadie a quien hacer caso. Eso hacía que las tres leyes de la robótica ya no tengan mucho sentido. Al igual que su abuelo, modificó en este robot, las leyes agregándole la ley cero que decía. «Todo robot deberá realizar las acciones necesarias para garantizar la prosperidad de toda la población de robots y humanas, tanto en el presente como en el futuro más lejano.»

-¿Eso es todo? -preguntó Trevize ante el silencio prolongado de Pelorat.

-Como les dije, sólo estuve un corto tiempo solo. Cuando escuché los pasos de Albertus escondí los discos en el mismo lugar donde él los había escondido.

-Pero eso es absurdo. De dónde viene toda esta gente. De acuerdo a esa historia, Zed fue el último humano, por lo que no deberían existir personas en este lugar. Y como hemos visto, está lleno de humanos. Niños, jóvenes, hasta viejos. Los robots no envejece, simplemente se dañan. Si fuese verdad esa historia, este debería ser un planeta estrictamente poblado de robots.

-Yo tampoco entiendo, pero estoy seguro que si logro leer los otros discos, podremos saber lo que sucedió después.

-Eres tan diferente -dijo Liliz mientras caminaban por el pueblo ya en los límites que los separaba con la zona rural, llena de vegetación y animales silvestres. -No eres como tu amigo, el historiador. Tienes un magnetismo espacial, como si fueras superior. ¿Qué hacías en tu mundo?

-Soy, o mejor dicho era consejero de la alcaldía de la fundación. Como ya te dije, la fundación abarca todo el universo. Son miles y miles de planetas que están dirigidas desde Términus. La obligación de los consejeros y del alcalde, es guiar a toda la gran cantidad de planetas para que vivan en prosperidad y no caigan en la barbarie. Fue la misión que nos fue encomendada hace muchos siglos atrás por el fundador de la fundación. Hay también una segunda fundación la cual ayuda a la primera a guiar los pasos del universo. Pero eso ya no importa. -dijo esto último acordándose de Gaia y del proyecto Galaxia.

-Eres entonces una persona importante, mucho más importante que mi padre.

-No, ya no soy consejero, soy una persona normal como tú. Es mucha responsabilidad tener ese cargo. Además que no eres libre de viajar como ahora hago.

-Eres más feliz siendo libre, te entiendo. Pero de todas maneras tienes ese magnetismo que no lo puedes perder ni renunciando a tu cargo.

-Puede ser. -Fue lo único que atinó a decir en su incómoda situación.

Siguieron caminando por las últimas calles hasta que finalmente se adentraron en muy bien cuidados jardines que rodeaban la ciudad. En su camino iban encontrándose cada vez menos personas, hasta que una vez en el jardín, se sintieron totalmente alejados de la actividad de la ciudad. Se sentaron a descansar luego de una larga caminata, y poco a poco se fueron relajando hasta que finalmente el mismo magnetismo que había seducido a todas esas mujeres en los diversos planetas que habían tenido que aterrizar, ese magnetismo que era muy criticado por Bliss, hizo el mismo efecto en la hija del alcalde. Trevize, no pudiendo ceder ante los encantos de Liliz, se dejó llevar por sus sentidos y por la situación y complació tanto como pudo con los deseos de la joven muchacha. Luego de haber disfrutado de una intensa relación sexual, estuvieron un largo rato recostados en la grama perfectamente cortada. Cuando el aburrimiento de ver el mismo lugar mucho tiempo los levantó, ella lo guió de regreso hacia la ciudad. Trevize, siguiendo tras de sus pasos pudo percatarse que debido al frenesí de la relación, ella se había herido en su hombro con la grama donde habían estado. La herida era leve, pero había salido un poco de sangre la cual estaba seca en ese momento. Le limpió con sus dedos para evitar de esta manera cualquier tipo de marca de lo que habían hecho. Eso hizo que vuelva a sangrar un poco, pero finalmente volvió a cerrarse su herida sin dejar rastros visibles si no se acercaban a muy corta distancia. Ella era la hija del alcalde, y no sabía lo que en esa cultura se pensaba de lo que recién acababan de hacer. Lo mejor era no arriesgarse. Siguieron caminando por las calles de la ciudad, conversando sobre las vivencias que había tenido una persona tan viajera. En ese momento Trevize se acordó de lo que le había contado Pelorat sobre un mundo únicamente de robots, y le pareció absurdo. No se imaginó acostarse en la grama con una máquina. Además los robots no sangran, se dijo desechando de inmediato la idea.

-¿Qué has averiguado? -le preguntó Bliss mientras caminaban hacia el hostal

-No lo puedo decir en el hostal. No sé si hay micrófonos o cámaras. Es algo increíble. -contestó Pelorat nerviosamente.

-Pero dime qué has averiguado.

-En realidad nada. Simplemente confirmé la idea de que todos aquí son robots. Los mejores robots jamás fabricados. Pero no son robots comunes. Son casi humanos. Espera que lleguemos donde Trevize para que él también se entere.

Llegaron al hostal e intentando no despertar sospecha alguna, le invitaron a dar unos paseos por la ciudad.

-Como les dije antes, -continuó diciendo Pelorat una vez habían avanzado los tres una buena distancia del hostal -todos aquí son robots.

-Es imposible. -respondió Trevize.

-Sé que parece imposible, pero después que les explique se darán cuenta de lo fantástico que son estos robots.

-Puede ser que hayan muchos robots, -siguió insistiendo Trevize -pero hay humanos, como la hija del alcalde.

-¿Lo hiciste con ella? -dijo Bliss deteniéndose -Eres increíble.

-Sí. Pero no solo lo digo por eso. Ella sangró, y era sangre roja, con sabor a sangre. No era robot de eso estoy seguro.

-Déjenme que les explique. -volvió a repetir Pelorat. -Estaba mirando los documentos que Albertus me dejó, pero yo antes los había cambiado sin que se dé cuenta con los que se encontraban bajo su estante. Me dejó estudiando la información en el disco y abandonó la sala. Mientras él creía que yo miraba lo que él quería que vea, yo estudiaba lo que él había escondido. Y mirando todos esos documentos apresuradamente pude conocer todo lo que había sucedido en este planeta durante veinte mil años.

Una vez murió Zed, los robots guiados por el robot mayordomo continuaron su vida como si nada hubiese pasado. Los robots empezaron a crear a otros robots, los cuales creaban a otros con técnicas cada vez más desarrolladas. Inicialmente los robots eran fabricados para durar siglos sin sufrir daños, pero eso cambió cuando se dieron cuenta que cada generación de robots era superior a su antecesor, y entonces los robots viejos y obsoletos estorbaban y consumían el espacio de las nuevos y más eficientes versiones. Tomando esto en cuenta impusieron en sus fábricas de robots el concepto de obsolescencia y se decidió que todo diseño sería realizado para funcionar en perfecto estado un tiempo de 60 años y a partir de esa fecha empezaría a auto destruirse para dar paso a las nuevas generaciones. Todos los robots fueron creados con las leyes de la robótica modificada, por lo que todos ellos tendrían que seguir el esfuerzo de Zed de hacer un planeta de robots cada vez mejor. El concepto de obsolescencia estaba de acuerdo a la ley cero, ya que el no hacerlo cumpliría la tercera ley pero violaría la cero, cosa que no estaba permitida. Un pequeño sacrificio de un individuo para lograr un bien mayor y a más largo plazo que beneficie a toda la humanidad, o mejor dicho roboticidad.

Inicialmente los robots eran fabricados con metales, pero eso resultaba muy caro y poco eficiente en uso de recursos, por lo que se fue migrando generaciones tras generaciones hacia materiales más comunes. El silicio fue el primer material utilizado como reemplazo, lográndose avances increíbles con respecto a los robots de metal. Un gran salto fue cuando se mejoró el diseño cambiando de un diseño monolítico a un concepto de formar un robot con miles de robots microscópicos denominados microbots. De esa manera si se dañaban algunos, eran fáciles de remplazar. Otra ventaja era que con esos microbots se podrían crear infinidad de diferentes diseños de robots tan solo cambiando la disposición de los elementos. Esos microbots eran fabricados en serie y existían varios modelos de microbots, pero no muchos para no ir en contra de la idea de la simplicidad.

El siguiente paso en la evolución fue el hecho cuando los propios microbots fueron capaces de duplicarse simplemente dándole materia prima para hacerlo. De esa manera cuando un robot sufría un daño, los microbots que lo componían utilizaban la materia prima dejada por los microbots dañados y reconstruían los faltantes. Si se necesitaba más material, simplemente el robot la obtenía y la enviaba a la parte dañada para ser utilizada.

Todo funcionó maravillosamente mientras tenían materiales radioactivos suficientes para poder hacer sus baterías atómicas necesarias para energizarse. Pero luego de muchos siglos todos los recursos se agotaron y tuvieron que buscar fuentes alternativas. La única fuente de energía inacabable era el sol, por lo que inicialmente hicieron modelos solares. Pero habían épocas del año en que el sol aparecía muy poco y con poca intensidad, por lo que estos modelos no fueron muy efectivos. Tenían que tomar la energía del sol, pero de una forma indirecta, como los animales. Con esta información en mente, y con todo el desarrollo tecnológico realizado con silicio, fueron investigando cómo replicar todo lo conseguido utilizando carbono en lugar de silicio. Los primeros intentos resultaron un enorme fracaso, pero tenían todo el tiempo del universo para evolucionar. Finalmente lograron el éxito esperado y empezaron a migrar su tecnología hacia el carbono. Una ventaja adicional que tuvo la creación de robots de carbono y que no dependían de las baterías atómicas, fue la reducción importante del peso. Para evitar que la radiación afecte sus circuitos electrónicos, tenían que cubrirla con paredes de plomo de muy elevado peso. Eso no era necesario en robots de carbono, con lo que se lograba una mayor variedad en el diseño de estos modelos. Además que el carbono representaba una fuente inagotable de energía, al menos mientras que existan árboles y el sol brille en el cielo.

Los microbots de carbono fueron siendo fabricados cada vez más eficientemente, superando la funcionalidad de sus antecesores de silicio. El carbono pasó a ser uno de los elementos principales de composición de los microbots, pero ya no el único pues se fueron agregado otros elementos para lograr mayor eficiencia en el funcionamiento de ellos. El salto ocurrió cuando pudieron reproducir un microbot en base a las instrucciones de fabricación que se incluía dentro de cada uno de ellos. De esta manera el microbot ya no tendría que ser fabricado en lugares especiales, sino que simplemente era creado por otros microbot en el robot, los cuales leyendo las instrucciones iban creando uno a uno todos los tipos de microbot que necesitaba para reparar y crear el robot completo dentro de otro robot. De esta manera no se tendría que crear el robot completo en los laboratorios, sino simplemente el programa. El microbot huevo era el encargado de crear todo el robot dentro de otro robot nodriza. Todas las fábricas de microbots fueron cerradas y en lugar de tener esa función se dedicaron a investigar cuál de los programa generaba el mejor robot. El programa en el que estaba escrito todas las instrucciones que tenía que cumplir el microbot para realizar las actividades que le permitan darle vida al robot, fue con las generaciones siendo un programa cada vez más y más complejo. Muchas líneas de código lo componía, instrucciones escritas con moléculas creando largas cadenas. Luego por la longitud exagerada que empezaron a tener por la complejidad del programa, se partió el código en diferentes cadenas, método que es el que utilizan hasta nuestros días. Muchas variables entraban en juego, lo que hacía imposible predecir cuál de los parámetros era más o menos adecuado. Lo que parecía un buen diseño, luego de 40 años de vida resultaba un error. La única manera que pudieron hacer para mejorar fue emplear el ensayo y el error, pero de una manera inteligente. Realizar una búsqueda secuencial del mejor diseño era demasiado ineficiente, por lo que decidieron utilizar el método de selección por supervivencia del más apto.

Ya para aquella época el número de robots que poblaban Baleista se contaba por cientos de miles. Los laboratorios implementaron en sus nuevas generaciones de robots, un método que permitía que los ejemplares más aptos se junten e intercambien sus programaciones para crear un nuevo diseño con la esperanza de que este nuevo ejemplar tenga las características de ambos progenitores, es decir un robot aun mejor que sus padres. ¿Entienden? Inventaron el sexo para lograr una búsqueda mucho más efectiva. Por supuesto que de esa unión podría resultar un robot con todos los defectos de sus padres, pero ese robot simplemente no se reproduciría. Ese era el método y por miles de años han estado evolucionando sin parar hasta que ahora han logrado llegar a su situación actual.

-Ahora son seres humanos. -dijo Trevize recordando su experiencia con Liliz.

-Exactamente. Son seres humanos que han evolucionado a partir de los robots.

-Pero es absurdo -dijo Trevize negándose a aceptar esa realidad.

-Al contrario, es lo más lógico y me llena de orgullo como humano que soy. Estos seres han evolucionado sin parar hasta la forma viviente más eficiente que hay. Ellos partieron de un modelo totalmente diferente al que dio origen al ser humano, pero han llegado al mismo punto. Eso sólo indica una sola cosa, que no importa el origen desde dónde se inicia la evolución, si se le da el suficiente tiempo todas las criaturas llegaran al mismo destino, el hombre.

Trevize no supo cómo refutar la contundente realidad que le mostraba la historia de Baleista. Liliz era humana en todo, en su forma de pensar, de sentir, de desear, de hacer el amor, y en su forma de sangrar. Pero en sus orígenes es simplemente una máquina. Bliss, con menos prejuicios sobre el concepto de humanidad al pertenecer a una gran entidad en la que se integraban no solo todos los animales sino incluso las plantas y los minerales, aceptó con más naturalidad las ideas expresadas por Pelorat, aunque no pudo esconder de todas maneras el asombro por el logro obtenido durante todo ese tiempo.

Las ideas iban y venían en las cabezas de los tres extranjeros, lo que no les permitió conciliar el sueño hasta avanzada hora de la noche. Al amanecer, pocas horas después que empezaran a dormir, se tuvieron que levantar para no dar sospecha alguna entre los robots humanos de que ellos sabían su verdad, y desayunar como habían hecho todas las mañanas.

Trevize salió a pasear solo y luego de caminar un largo tiempo por entre las casas de la ciudad, como guiado por un magnetismo inexplicable, llegó hasta la casa del alcalde. Lo supo porque Liliz permanecía en la ventana mirando hacia la calle, hacia él. Fue asombrosa tanta coincidencia, tanta que no lograba entender y le costó aceptar que aquella bella joven era ella.

-Buenos días. -dijo ella al esperar inútilmente que Trevize la saludara.

-Buenos días Liliz. -respondió él confundido aun por la casualidad.

-¿Quieres pasa? - dijo ella desapareciendo de la ventana y rápidamente apareciendo por la puerta abierta, señalando cortésmente su interior.

Trevize ingresó a la sala y, guiado por ella, se sentó en un cómodo sillón.

-Mi padre no está. -dijo ella para tranquilizar a Trevize -Mi madre es muy buena y discreta, no nos molestará, excepto para invitarnos algunos refrescos más tarde.

-Son muy amables conmigo, con todos nosotros.

-Son los primeros visitantes que tenemos en miles de años. Es lo menos que tenemos que hacer.

-Y nosotros se lo agradecemos.

-¿Todos son descendientes de Baley? -preguntó Trevize, segundos después y con la clara intención de comprobar la historia dada por Pelorat. Lo vio arriesgado, pero no podía creer que fuese verdad.

-Sí. Todos nosotros somos sus descendientes. Nuestro creador vino con toda su familia a este planeta, y su familia creció mucho hasta ser lo que ves ahora. Una gran familia.

-En esa época de la historia, -siguió diciendo Trevize cada vez más arriesgado -era muy común viajar con robots para que los ayuden en las labores más incómodas. ¿Existen algunos de esos robots todavía? ¿Ustedes siguen utilizando robots en estos tiempos?

-No. -contestó ella con una naturalidad fingida. -Todos los robots que vinieron con él, terminaron dañándose y no los repararon. No se han fabricado más robots en miles de años.

-Pero Pelorat leyó en documentos antiguos que encontró en otro planeta, que Baleista tenía muchos robots que ayudaban a Elijah Baley a trabajar. Fueron estos robots los que hicieron próspero este planeta.

-En realidad no lo sé. Quizás hubo muchos robots en aquella época, pero cuando murió él se perdió el conocimiento o el interés en hacer robots.

-Igualmente indican esos documentos, -siguió insistiendo Trevize al ver que ella se estaba poniendo más nerviosa, y por lo tanto más propensa a decir la verdad -que hubo una guerra entre Baleista y el resto de los planetas espaciales.

-No conozco la historia antigua. -respondió ella sin encontrar argumentos cómo defenderse.

-Y que en esa guerra fueron aniquilados todos los humanos que habitaban este planeta, excepto el propio Elijah.

El golpe fue contundente pues ella no hizo el mínimo esfuerzo por responder palabra alguna. Trevize casi comete un error diciendo que sólo sobrevivieron Elijah y Zed, pero afortunadamente logró detenerse a tiempo. Supuestamente para los espaciales Zed no existía.

Al ver que ella no respondió a su exposición, Trevize la invitó a pasear por el jardín que adornaba su casa. De esa manera ella se repondrá, pensó él, y podrá responder a mis preguntas con más tranquilidad.

Estuvieron paseando por un muy cuidado jardín, con algunas de las especies de planta que jamás había visto antes en todos sus viajes.

-Nuestro fundador, -explicó ella -era un amante de la naturaleza y cuando vino con toda la familia, trajo igualmente todas las especies de plantas que había en su planeta de origen.

-La tierra. -corrigió Trevize.

-Igualmente trajo todas las especies de animales y reprodujo aquí una copia, lo más perfecta posible, de lo que era la tierra. -terminó la idea utilizando esta vez el nombre dado por Trevize, para denominar al planeta origen de todos humanos.

-E hizo un muy buen trabajo. En los planetas de la fundación, no existen ya muchas de estas especies. Entre los que colonizaron esos planetas, no hubieron personas que amen tanto a la naturaleza como lo hizo Baley.

-Fue muy buen padre de todos nosotros.

-Y muy inteligente. Inventó los viajes espaciales y mejoró los diseños de los robot -volvió a atacar Trevize, más confiado sabiendo que nadie los escucharía en el jardín. -Robots cada vez más humanos. Como tú.

Ella, confundida por lo que él acababa de decir, no supo qué responder y simplemente se dedicó a contemplar una bella rosa. Él, por su parte, ya con esa palabra había delatado todo su conocimiento y no tenía sentido seguir fingiendo, aunque aún con la esperanza de comprobar que Pelorat y todos sus libros estaban equivocados.

-Nuestro fundador nos hizo a su imagen y semejanza. -empezó diciendo ella sin dejar de contemplar la rosa ante sus ojos -Pero no lo logró totalmente. Somos muy humanos, tan humanos como ustedes. Tenemos brazos, piernas, cuerpo humano. Nuestros órganos son iguales a los suyos. Sólo una cosa nos diferencia de ustedes, una cosa que nos mantiene presos. Algo que el creador de ustedes no los impuso.

-Las leyes de la robótica. -dedujo Trevize.

-Exacto. Fuimos creados desde el origen para obedecer a las cuatro leyes de la robótica.

Por un momento Trevize sintió la necesidad de corregirle y decir tres, pero se acordó de la ley cero que había introducido en el diseño de todos sus robots. Con esta ley el número ascendía a cuatro, tal como ella decía.

-No podemos actuar como queramos sin estar todo el tiempo pendientes de no desobedecer ninguna de esas leyes. -siguió diciendo ella -No somos libres de escoger lo que deseamos hacer. No tenemos lo que ustedes tienen.

-Libre albedrío.

-Libertad de correr por el parque sin tener que pensar en las consecuencias que tendrá esa carrera en el bienestar de toda la roboticidad en el futuro más lejano. Libertad de obedecer a tus sentimientos por encima de esas leyes.

-Pero esas leyes han hecho de este planeta el más hermoso de todos los planetas. -dijo él intentando consolarla -Estoy seguro que nunca han habido guerras ni disputas en todos los miles de años de historia.

Ella solo movió la cabeza en señal afirmativa.

-Estoy seguro que ustedes viven felices sin problemas y en una convivencia muy armoniosa, que sería la envidia de toda la fundación. Ustedes son inmunes a la psicohistoria.

-Pero no somos libres.

La frase era categórica y ante eso no había excusa posible para consolarla. Él había dejado un excelente cargo en la alcaldía por tener su libertad. Viajaba a los planetas que quería y hacía lo que su libre albedrío indicaba, aun a pesar de que haciéndolo en ocasiones ponía en riesgo su existencia. Era libre. Ella no.

Ante esta revelación, Trevize sintiéndose incómodo por haber puesto a Liliz en esa situación de depresión, consideró que decir cualquier palabra, aunque sea de consuelo, no ayudaría sino por el contrario complicaría más las cosas. Permanecieron en silencio durante toda la mañana mientras contemplaban todas las bellas obras de la naturaleza que se encontraban concentradas en ese jardín. Al llegar el medio día, Trevize se despidió con la excusa de tener que ir a almorzar con sus compañeros. Ella no lo detuvo, solo se dieron un beso de despedida y se alejaron con el mismo silencio como compañía.

En el hostal Bliss ya se encontraba almorzando junto a Pelorat en una pequeña mesa. Como los otros días, muy pocas personas los acompañaban. No era una población muy asidua a los viajes. Solo se veían granjeros entre los huéspedes, que seguramente venían a vender sus productos y regresaban a la mañana siguiente a sus sitios de trabajo.

-Buen provecho -dijo Trevize a modo de saludo.

-Tienes una cara un poco extraña. -contestó Pelorat entre bocado y bocado.

-¿Algo que tenga que ver con Liliz? -preguntó Bliss

-Sí. -confirmó él -Estuvimos conversando.

-Sobre su condición de robot, ¿verdad?

-Sí. En realidad, como dijo Pelorat, ya no son robots. Son humanos como nosotros. Solo que no son libres porque tienen que seguir obedeciendo a las cuatro leyes de la robótica.

-Son humano de cuerpo pero robots de alma. -dijo Pelorat abandonando por momentos su plato.

-Esa es la mejor explicación que alguien pueda dar sobre las personas de este planeta. -dijo Trevize -A veces tienes una excelente capacidad de concentrar ideas complejas en frases simples.

-Estaba pensando, -continuó Trevize- que ya es hora que nos vamos. La hemos pasado muy bien, pero no podemos permanecer eternamente en este lugar. Debo decir que, por el momento, es el mejor planeta que hemos visitado en todo nuestro viaje. Espero que eso no cambie cuando les digamos que nos vamos.

-Acuérdate que son robots, y los robots no pueden hacer daño a un ser humano. -dijo Bliss defendiendo a los habitantes del planeta.

-Por lo menos eso tiene de ventajoso el que tengan un alma de robot. -dijo Pelorat contento de repetir su exitosa idea sobre las almas.

La conversación fue interrumpida por la presencia inesperada del alcalde. Esta vez, a diferencia de todas las anteriores oportunidades, llegó sin la presencia de su hija. Venía acompañado por uno de sus colaboradores, a quién ya habían visto anteriormente en la alcaldía, pero que en todas las ocasiones habían permanecido en silencio.

-Buenos días señores. ¿Cómo la está pasando en nuestro sencillo planeta? -dijo a modo de saludo.

-Muy bien. -respondió Pelorat -Todos han sido muy amables con nosotros, cosa que agradeceremos eternamente.

-Ya hacía tiempo que no los podía visitar, por lo que me disculpo por no ser tan buen anfitrión como debería serlo con visitantes tan poco frecuentes.

-No se preocupe. En realidad nos hemos sentido muy bien, y el resto de sus ciudadanos han cumplido muy eficazmente con las funciones de anfitrión que usted no pudo cumplir.

-Eso me halaga. Y espero que me acepten una invitación a una celebración que tenemos todos los años desde que llegó por primera vez el fundador al planeta. Hoy se celebran veintiún mil cuatrocientos cincuenta y ocho años de existencia.

-Mucho tiempo. -respondió Pelorat tratando de imaginar cuánto sería todo ese tiempo.

-Estamos agradecidos. -dijo Trevize -Solo quedaría que nos indique a qué hora es la celebración, y sobre todo dónde.

-Si podemos ayudar en algo, -agregó Bliss -le rogaría que nos tome en cuenta. Sería un honor poder participar en un acto tan importante.

-El honor sería nuestro. -respondió el alcalde haciendo una reverencia -Pero todo ya está organizado. La celebración será en la plaza a la caída del sol. Ahora, si me disculpan, tengo que dejarlos. Ustedes ya saben cuán atareada es la vida de un alcalde.

-Una última consulta. -dijo Trevize no pudiendo aguantar más la curiosidad -Su hija Liliz, antes solía acompañarlo, ¿le pasa algo?

-Hoy no pudo acompañarme porque está ayudando a su madre a acomodar la casa para la festividad que haremos. Me olvidaba decirles que luego de la festividad, iremos a mi casa para participar de una pequeña fiesta. Ahora si me disculpan, nuevamente me despido.

Diciendo estas últimas palabras, el alcalde se alejó en compañía de su asistente, a quien como en todas las anteriores oportunidades, no se le había podido escuchar su voz.

-Una fiesta de despedida. -dijo alegremente Pelorat -Muy apropiado, ¿no les parece?

-No soy muy amante de las fiestas. -dijo Trevize sin mucho interés -Además tengo malas experiencias.

-Pero eso fue en otro planeta. Además no olvides las leyes de la robótica.