He aquí un nuevo capitulo de este fic.

Advertencia de contenido, un muy leve lime y algo de cursileria no apto para diabeticos. Sin más, a leer.

CAPITULO II. SANANDO LAS HERIDAS

Aunque al principio estuvo renuente, Harima al final accedió a usar el baño de la residencia Sawachika, y es que después de estar varios días sin volver al apartamento de su tutora, pasar la noche en aquel viejo templo y llenarse de su propia sangre, en verdad necesitaba una ducha.

Harima miró con detenimiento el gran baño, quizá más espacioso que el piso que compartía con Itoko, estaba lujosamente decorado y prácticamente parecía un spa; de cualquier manera sumergido en el agua tibia sentía que podía relajar su cuerpo y su mente por un rato.

El joven mangaka salió de su momentánea somnolencia cuando escuchó la puerta del baño abrirse, por un instante no le prestó atención, suponiendo que sería nuevamente aquel loco mayordomo, sin embargo recordó que dicho sujeto no estaba en casa y dudaba que las reparaciones fuesen tan rápidas, por lo tanto solo quedaba otra persona en la residencia.

Giró lentamente su rostro y fue quedando petrificado cuando notó que entre el vapor aparecía una figura femenina sumergiendo sus pies en el agua muy cerca de él.

-Oj –ojou ¿Qué haces aquí?- El chico casi pierde el habla cuando notó que su anfitriona cubría su cuerpo únicamente con una pequeña toalla.

-Bu –bueno, esta es mi casa, y soy libre de andar por ella cu- cuando lo desee-

-¡Ese no es el punto! ¿Por qué has entrado mientras yo estoy aquí?- Para este punto Harima estaba sumergido hasta la nariz, dándole la espalda para evitar mirar más de lo debido.

-Bueno, pe- pensé que podría ayudarte, ya sabes, a lavar tu espalda, de seguro tú no puedes hacerlo, por eso necesitas ayuda, así que si es solo la espalda no no tiene nada de malo ¿verdad?- Decía la chica más para convencerse a sí misma que al moreno.

-Pues si es solo la espalda… supongo que… no hay problema-

Como pudo, Harima se ató una toalla en la cintura y salió del agua para sentarse en un banquito, procurando mantener su vista ocupada en el techo para no verse tentado en mirar el cuerpo de su compañera. Entonces Harima notó que su asiento estaba justo en frente de la puerta, ¡si quería una oportunidad de escapar definitivamente era esa! Pero de algún modo sentía curiosidad por saber que tramaba la rubia, así que reservaría su huida como plan de reserva por si la cosa se ponía fea.

-quédate quieto- ordenó la chica tras de él al empezar su tarea.

Eri recorrió con la esponja la amplia espalda del Hige, suavemente haciendo especial énfasis en la cicatriz que iba desde el hombro a la cintura, no resistiendo la tentación de enmarcarla directamente con su mano. Harima por su parte poco a poco fue perdiendo toda la tensión relajándose con aquel reconfortante masaje, hasta que notó que la esponja era remplazada por dos cosas aún más suaves que frotaban su espalda al unisonó. El moreno solo entendió que eran esas extrañas cosas cuando sintió las libres manos de Eri invadir sus pectorales, proporcionándole caricias que hacían que sus neuronas hicieran corto circuito. Aquellas delicadas manos exploraron el torso y el marcado abdomen, bajando lentamente hasta deshacerse de la toalla y apoderarse del ahora despierto miembro del muchacho.

Cuando Harima giró su cabeza para intentar encontrar una explicación, fue recibido por un apasionado beso que daría pie a una pasión desenfrenada.

Sawachika se mojó el rostro por enésima vez y elevó la mirada hacia el espejo, viendo sus muy sonrojadas mejillas debido a la fantasía que acababa de tener.

-¿Por qué rayos estaba pensando yo en cosas como esas?- Cuestionó a su reflejo. -¿Desde cuándo me he vuelto una pervertida?-

Eri dejó de reprocharse a sí misma cuando notó que la lavadora había terminado, así que sacó la ropa del muchacho y salió del cuarto de lavado. Afortunadamente ella no se había ensuciado con la sangre, por lo que se limitó a cambiar sus ropas, vistiendo ahora una cómoda blusa y unos jeans.

-Cielos, hasta parezco una esposa llevándole la ropa limpia a su marido, si Mikoto me viera seguro que se burlaría de mí por al menos una semana-

Eri pasó el pasillo y al correr la puerta del vestidor continuo al baño se quedó petrificada al encontrar a Harima cubierto solo por una toalla.

-¡KYAAAA!- Eri le arrojó el cesto de ropa en la cabeza y salió lo más rápido que pudo del vestidor.

-¡¿Qué demonios haces aquí baka? ¿Por qué no esperaste en el baño?!- Gritó a través de la puerta.

-¡Lo hice Ojou, pero tardabas demasiado y ya me estaba apachurrando!- Respondió desde dentro.

Sawachika permaneció frente a la puerta hasta que esta fue nuevamente abierta revelando a un ya vestido Harima. El moreno salió al pasillo dando unos pasos mientras terminaba de secarse el cabello, pareciendo por un momento ignorar la mirada incomoda que Eri ponía sobre él, pero repentinamente se detuvo y giró hacia donde estaba la rubia.

-Escúchame Ojou, no entiendo muy bien la situación, pero… ¿acaso te sucede algo?-

-¿A qué te refieres?-

-A que me parece que has estado actuando un poco extraña desde hace rato, en el jardín intentaste decirme algo, pero por alguna razón no lo hiciste, no pareces tú-

Eri se quedó en blanco por las suposiciones del chico ¿Acaso estaba siendo tan evidente? ¿Se habría dado cuenta Harima de sus sentimientos? Pero él tenía razón, no se sentía como ella misma, y sabía que si quería lograr algo, debía dejar de actuar como una cobarde, eso simplemente no iba con ella.

-Está bien Hige, te lo diré, pero promete no reírte- Eri mantuvo la vista desviada y tras su espalda sus dedos jugueteaban incesantemente, invadida nuevamente por los nervios pero decidida de cualquier manera.

-Um, está bien- Acordó el moreno.

-Bueno verás Hige… Hay un chico…-

Eri no pudo continuar pues notó la picara y burlesca expresión de Harima, la que logró a la chica sacar de sus cabales.

-¡Prometiste que no te burlarías!-

-¡Lo siento Ojou! Pero es que nunca pensé que te escucharía hablar sobre esas cosas. Había olvidado que hasta las niñas ricas tienen corazón- Harima notó la expresión avergonzada de la rubia y sintió que había hablado de más, así que intentó corregirse. -Es decir... es bueno que hayas encontrado alguien a quien querer. Yo soy un verdadero desastre para esas cosas, pero creo que no hay nada mejor que estar enamorado de alguien… Pero ¿Cómo es él? Apuesto a que es un gran sujeto, quizá el hijo de una familia acomodada, de buenos modales y muy educado…-

-No en realidad- Susurró Eri interrumpiendo a Harima. -Es un completo insensato, Mal estudiante, insensible, imprudente y tonto- El moreno se quedó bastante confundido no entendiendo como la Ojou podía gustar de alguien así, pero antes de que pudiese decir algo la rubia continuó. -Pero… También es sincero y decidido, cuando estoy con él siento que puedo dejar de fingir, ser yo misma, me cuesta admitirlo, pero desde que lo conozco mi vida ha cambiado mucho y aunque a veces ha habido malentendidos siempre ha estado dispuesto a ayudarme, y por eso se ha convertido en alguien importante para mí… Demo… Cuando el nuevo año escolar comience, es poco probable que pueda pasar más tiempo con él… Además no sé si yo le guste siquiera…-

-¡Imperdonable!- Exclamó Harima con su típico espíritu de lucha enaltecido. -¡Debe ser un completo idiota si se atreviera a rechazar a una chica tan hermosa como tú! ¡No te preocupes Ojou! ¡Si lo que quieres es acercarte más a ese chico entonces tienes todo mi apoyo!-

Eri tenía los ojos como cuadros y las mejillas sonrosadas no solo por la gran exaltación del Hige, sino también porque inconscientemente le había dicho que era Hermosa ¿Eso significaba que el mangaka también gustaba de ella? ¡Pero el muy baka ni siquiera se había dado cuenta de quien hablaba! Aún así esa parecía ser su oportunidad.

-Entonces ¿me ayudarás a acercarme a ese chico? ¿Sin importar de quien se trate?- Sawachika inconscientemente buscó la mano de Harima, logrando que este calmase su anterior euforia.

-Por- por supuesto… Ojou- Al sentir el contacto de la mano de la rubia, el ex delincuente sintió todo su valor irse de paseo, siendo reemplazado por una extraña sensación en la boca del estomago. -Puedes decirme-

-Su nombre… El nombre de ese chico es…-

FLASH

¿Flash?

Un segundo fulgor iluminó la habitación, logrando llamar la atención de ambos jóvenes, quienes se percataron que no estaban tan solos como imaginaban pues el mayordomo Nakamura estaba de pie a unos pasos de ellos haciendo uso de una costosa cámara fotográfica.

-Este será "The first contact"- Habló el hombre del bigote tras la lente.

-¡¿Qué rayos haces Nakamura?!- Exclamó Eri más avergonzada que un tomate, arrojando en el proceso a Harima de vuelta al pasillo.

-Supuse que a la señorita le gustaría tener algo para recordar este momento, espero no haberlos interrumpido, por favor continúen-

-¡No hay nada que recordar! ¡No hay nada que interrumpir! ¡Nada!-

-Etto… Nakamura- Harima se incorporó y se acercó al mayordomo. -¿Si usted está aquí significa que mi motocicleta ya ha sido reparada?-

Fue entonces que Eri cayó también en cuenta, si la moto estaba lista entonces el Hige podría marcharse ya, y aunque la heredera Sawachika miró homicidamente a su sirviente este se limitó a sonreír con satisfacción.

-Así es joven Harima, sígame y se lo mostraré-

El moreno y la rubia siguieron al amo de llaves al garaje de la residencia, y entre lujosos autos y limosinas la máquina de Harima era ocultada por una manta, que al ser removida dejó a ambos adolecentes sorprendidos.

-Increíble… Increíble ¡Increíble!- Exclamó Harima al ver su querida compañera como salida del programa "pimp my ride".

Y es que no solo el daño producido por Masaru había sido reparado, sino que también todos aquellos desperfectos acumulados por años que por falta de dinero, tiempo o dinero nunca había podido componer ahora no existían más, y por si fuera poco el cromado, la pintura y la tapicería eran nuevos, tanto que de no ser por unas marcas que el mismo había puesto en el manubrio le costaría creer que era su moto original.

-¿Qué le parece joven Harima? Mi amigo es realmente eficaz en las reparaciones de estos modelos ¿Por qué no lo comprueba usted mismo sacándola a correr un rato?- Nakamura le extendió entonces el casco y las llaves. -El tanque también está lleno-

-¡Ojou! ¡Acompáñame! Sería un desperdicio si no aprovechamos al máximo esta belleza- Habló Harima ya montado en el asiento y extendiendo la mano hacia donde estaba su anfitriona.

Sawachika dudó por un momento, pero después entendió que esa era la oportunidad que le estaba brindando su fiel mayordomo, y aunque sus métodos fueran extraños le agradeció silenciosamente al tiempo que tomaba su propio casco y se acomodaba en la parte trasera sujetándose del chico. Segundos después la motocicleta rugía rumbo a la salida de la residencia en dirección a la ciudad.

Harima estaba tan contento que se dio el lujo de recorrer todo Yagami un par de veces por largo rato, hasta que empezó a sentir que su estomago reclamaba una próxima parada.

-¡Ojou! Me está entrando algo de hambre ¿Te apetece que paremos a comer?- Preguntó a la chica que tras él se aferraba a su cintura.

-Um, está bien, si quieres podemos volver a mi casa, allí Nakamura nos preparará algo-

-Nah ¡tengo una mejor idea!- Harima entonces enfiló su rugiente maquina hacia una zona comercial y se aparcó afuera del local de un restaurante económico.

-Se que no es como lo lujosos restaurantes a los que estás acostumbrada, pero esta vez quiero ser yo quien te invite la comida…-

Eri No pudo evitar mirar a Harima bastante sorprendida por aquellas palabras.

-… No me malinterpretes. Este día me has ayudado bastante, en el templo esta mañana y al permitirme pasar un rato en tu casa, sin mencionar que tu mayordomo haya reparado mi moto. Es solo mi manera de agradecerte-

-Hige, no tenías…-

-¡Claro que tenía!... Pero si no quieres podemos ir a otro lado-

-No, está bien ¡Vamos! Entremos ¡Te advierto que ya me ha dado hambre!- Declaró con una sonrisa jalando a su compañero dentro del local.

Una vez en el interior ambos ordenaron una ración de arroz con curry (no es como si Harima tuviera dinero para más), comiendo sin demasiada prisa. En cierto momento el mangaka se percató de que se sentía bastante contento, difícil de creer considerando la depresión que había arrastrado apenas hasta esa mañana. Además frente a él, Sawachika también parecía de muy buen humor, se estaban llevando bastante bien aquel día, todo lo contrario a sus constantes discusiones y malentendidos. Por alguna extraña razón ese cambio no le desagradaba.

Harima cumplió su cometido pagando el solo la cuenta, pese a quedarse casi sin dinero y a la insistencia de la rubia por cooperar con su parte. De cualquier manera ambos quedaron satisfechos por tan buena comida casera y salieron en busca de la moto.

-¿Por qué los hombres son unos cabezotas? Aunque te has quedado sin dinero pagaste la cuenta completa ¿Qué pasa con esa actitud machista?- Señala Eri con tono arrogante.

-No soy machista, ya te lo dije, es solo algo que quería hacer para agradecerte. Si te hace feliz puedes pagar tú la próxima vez-

Sawachika se detuvo en seco y no pudo evitar sonrojarse ante la insinuación del Hige de que habría una "próxima vez".

-¿Qué te sucede Ojou?- Cuestionó al notar que su compañera había dejado de caminar.

-Está bien si quieres hacerlo… aunque en realidad no tienes nada que agradecerme- Su habla era tenue como un susurro, por lo que Harima no pudo comprender muy bien de lo que estaba hablando.

-¿Eh?-

-No es nada ¡mira! Tienes un grano de arroz en la mejilla- Dijo señalando el rostro del muchacho, y antes de que este pudiera reaccionar, ella elevó su mano y tomó el pequeño punto blanco para después llevárselo a la boca. -No deberías desperdiciar la comida- concluyó.

Harima se quedó meditando por un momento ¿Acaso la Ojou estaba coqueteando con él? ¡Na! Imposible, debía ser solo su imaginación, además a ella le gustaba otro chico. Espantando esos pensamientos de su cabeza se apresuró a seguir a la chica que lo llamaba ya montada en la parte trasera de su motocicleta.

-Cielos, por fin hemos terminado- Habló una chica de cabellos azulados y voluptuoso busto estirando un poco sus brazos.

-Sí, creo que ya tenemos todos los artículos de la lista de compras- Afirmó el chico de gafas que tras ella venía cargando algunas bolsas más.

-Bien Hanai, ahora hay que volver pronto al dojo para poder…- La chica dejó su frase sin terminar cuando fijó su atención en algo al otro lado de la calle.

-¿Sucede algo Mikoto?-

-Mira… aquellos dos ¿No son Sawachika y Harima?-

Efectivamente a varios metros de ella, la motocicleta de Harima se detuvo en un cruce, arrancando de nuevo a los pocos segundos, pero dándole suficiente tiempo para observar a su amiga sujetándose de la cintura del mangaka y mostrándose bastante alegre.

-¡Encárgate de esto Hanai!- Suo arrojó al aire las bolsas que ella cargaba, siendo atrapadas a duras penas por el chico cuatrojos, mientras veía como su compañera salía corriendo en la dirección que se había ido la moto.

-¡No puedo creer que Eri esté saliendo con Harima! ¡Esta va a ser la noticia del año! ¡Tengo que avisarle a Akira!-

Mikoto sacó su móvil y marcó velozmente el número de Takano justo antes de que Harima doblase por una calle perdiéndose de vista.

-¡Escucha Akira, no vas a creer lo que acabo de ver…!-

-Viste a Harima conduciendo su moto por la ciudad siendo acompañado por Eri, ella iba en la parte trasera sujetándose fuertemente de la cintura de Harima mostrándose inusualmente alegre- Explicó la voz de Akira tranquilamente al otro lado del teléfono.

-¿Co… ¡como rayos sabes eso?!- Exclamó la peliazul bastante sorprendida.

-Solo… lo sé-

Fue entonces que Suo se percató que en la acera contraria estaba Takano vestida como quien va a un safari mirando a través de unos catalejos en la dirección por donde había ido la pareja. Mikoto estaba, por decirlo de algún modo, confundida.

El día había pasado bastante rápido, el sol empezaba a descender sobre el horizonte, y Harima y Eri habían llegado hasta la costa justo a tiempo para ver el ocaso. Ellos pararon en una plaza cercana a la playa, donde niños, ancianos, parejas y deportistas convergían en la cálida tarde. Desde el mirador enmarcado por el ocaso, Sawachika miraba absorta al sol sumergirse en las aguas del mar, se sentía un tanto cansada después de tan largo paseo, pero al mismo tiempo parecía muy tranquila y calmada.

-Aquí tienes Ojou-

Harima logró sacar a la chica de sus pensamientos al extenderle un cono de nieve. Eri se limitó a comer en silencio mientras continuaba viendo el atardecer y Harima a su vez comía su propio helado con la vista fija en el horizonte.

-Ojou… ¿Cómo te sientes?- Habló Harima rompiendo el agradable silencio cuando el sol ya casi había desaparecido.

Eri no entendió muy bien la pregunta del moreno ¿A qué se refería? De cualquier manera en esos momentos era difícil no saber cómo se sentía; estaba contenta por haber pasado todo el día con él, satisfecha porque sus sentimientos parecían por fin aclararse, y un poco esperanzada porque Harima parecía haber superado su depresión por Tenma.

-Bien… me siento bien- Logró resumir simplemente su ánimo volteando a verlo.

-Yo… me siento extraño- Habló sin dejar de ver el horizonte. -Este sentimiento es nuevo, confuso, pero… no es desagradable, al contrario, es… cálido- Finalizó Harima mirando por fin a los dorados ojos de la chica.

Eri por su parte estaba muda ¿eso había sonado como una declaración? Realmente no, pero de cualquier manera sentía que su pecho no sería suficiente para contener su desbocado palpitar.

-Quiero que me hagas un favor Ojou- Harima sacó entonces de su bolsillo sus viejos y desgastados lentes obscuros y los extendió hacia la chica. -Estos son los anteojos que he usado por los últimos años, en ellos están los recuerdos de mi vida como estudiante y de mi amor por Tenma. Pero ahora que he decidido seguir adelante no tiene caso que sigan conmigo, por eso te pido que tú los guardes ¿puede hacer eso por mi?-

Eri dudó por un segundo pero después los tomó con cuidado, simplemente no podía creer que Harima le estuviera entregando algo tan valioso, por lo que los sostuvo entre sus manos y lo miró con una sonrisa.

-Sí, yo los cuidaré-

La noche había caído ya cuando una motocicleta se detuvo frente a la residencia Sawachika. Pasajera y conductor descendieron y empezaron a despedirse.

-Bueno Ojou, hemos llegado-

-Sí, gracias por traerme- Habló entre nerviosa y sonrojada. –Me divertí mucho hoy, gracias por todo-

-Yo también me divertí-

-Escucha Hige, las vacaciones aún no terminan, así que, ya sabes, podríamos, volver a salir uno de estos días-

-Um, sí, creo que sería agradable ir a algún otro lado- Respondió Harima igual de apenado.

-¿En serio? Entonces es una promesa- Eri extendió su dedo meñique para sellar el acuerdo.

-Es un promesa- Respondió el chico entrelazando también su dedo pequeño.

-Bueno, será mejor que entre-

Eri soltó la mano del magaka y este asintió con la cabeza. La rubia subió entonces un par de escalones hasta el umbral de la puerta, pero antes de tomar la perilla se giró repentinamente y fue hasta donde Harima continuaba observándola, dándole un suave y fugaz beso en la boca, para después volver a subir tan rápido como bajó.

-Buenas noches Hige- Dijo mirándolo justo antes de cerrar la puerta.

Eri subió a toda prisa a su habitación, sin siquiera molestarse en avisar a Nakamura que había vuelto ya. Bastante apenada por lo que acababa de hacer brincó a su cama y abrazó su almohada lo más fuerte que pudo. Tras un rato logró entrar en compostura y decidió ponerse la pijama para descansar, pero entonces notó que sobre su mesita de noche estaba su teléfono móvil, el cual había olvidado durante todo el día, lo tomó y miró con sorpresa que había ¡más de 50 llamadas perdidas! Y todas eran de Mikoto. Eri estaba a punto de devolver la llamada pensando que sería algo urgente cuando el celular volvió a sonar, era ella.

-Alo, Mikoto lo siento, es que olvidé el móvil y…

-¡Sawachika tramposa! ¡¿Por qué no me dijiste que estabas saliendo con Harima?!-

-¿Qué? ¿Cómo? Espera, yo no…-

-Es inútil que lo niegues- Declaró la peliazul abriendo la puerta de la habitación de Eri aún con el teléfono en la oreja dándole un susto de infarto a la rubia. -Tengo pruebas- Suo mostró entonces unas fotografías capturadas a lo largo de la "cita" que tuvo esa tarde con Harima.

-¡¿De dónde demonios has sacado estas fotos?!- Exclamó al tiempo que volvía trizas el papel fotográfico.

-Pues allí abajo hay todo un centro de publicidad- Señaló como si fuera lo más normal del mundo.

Incredula, Eri bajó corriendo hasta el salón principal para encontrarse con la bizarra escena de una maquina impresora tamaño familiar siendo manejada por Nakamura y Akira, esta última disfrazada de pingüino dios sabe por qué. Cuando se percataron de la presencia de la rubia desplegaron en la pared un gran cartel con la foto in fraganti del momento exacto en que Eri daba el beso de despedida a Harima, acompañada por supuesto de confeti y el aplauso de los sirvientes.

Eri estaba blanca de la impresión.

-¿Y bien? ¿Nos vas a decir cómo te fue en tu día con Harima?- Cuestionó la peliazul acercándose junto con Akira a su amiga.

-Chicas… Hay un favor que quiero pedirles- Sentenció Eri una vez vuelta en sí, tomando a sus amigas por lo hombros mostrándose bastante decidida.

Hasta aquí este emocionante capitulo, espero no dejarlos muy picados, actualizaré en la vuelta de semana, y hasta entonces gracias por leer.