Gabriel siempre había sido un hombre terco y obstinado, era en extremo difícil hacerle cambiar de opinión y algo simplemente insólito el solo pensamiento de que se rindiese ante cualquier cosa.

HawkMoth ya llevaba varios meses luchando contra los héroes de París, varios meses siendo derrotado por estos pero sin dar su brazo a torcer, en todo ese tiempo no había bajado la cabeza ni una sola vez ante la derrota sino que se prometía conseguir la victoria en la siguiente ocasión.

Y estaba más que seguro que ganaría en cuanto lograse sacar ese as bajo la manga en el que estaba trabajando, su próximo akuma sería el más letal y poderoso de todos.

Gabriel conocía y aplicaba a la perfección la frase "quien no arriesga no gana", y para crear a su mejor campeón lo arriesgaría todo.

Sabía bien lo importante que esa pasarela era para él como diseñador y también era consciente de lo que Audrey podría hacerle a su carrera, pero eran aspectos que estaba dispuesto a arriesgar y de ser necesario sacrificar con tal de cumplir su objetivo.

También era peligroso para HawkMoth el conectar su mente con una persona como Audrey. Siempre que creaba un akuma parte de sí mismo se sincronizaba con la de su víctima y viceversa, era algo que le permitía controlar mejor a sus soldados y manipularlos más fácilmente, pero la reina del estilo no era cualquier akuma y Audrey no era cualquier persona.

Pero valía la pena correr el riesgo, Emilie valía eso y mucho más. Confiaba en que pronto podría traer de regreso a su encantadora esposa y amada madre de su queridísimo hijo.

Solo debía ensuciarse las manos una vez más para que todo terminase.

Pero su plan respecto a la reina del estilo desde un principio tuvo diferentes imprevistos.

Su akumatizada no solo había buscado venganza directa contra Gabriel Agreste como él había esperado, sino que esa retorcida mujer había desquitado parte de su furia con Adrien.

Eso no era parte del plan.

Audrey debería haberse enojado con el diseñador "irrespetuoso", tal vez con alguno que otro empleado suyo o reportero indiscreto, pero HawkMoth no pudo prever que esa demente atacaría de esa forma a su hijo solo por no encontrarlo a él antes.

Como portador del Miraculous de la mariposa y creador del akuma, él mejor que nadie sabía lo que podría ocurrirle a Adrien si permanecía demasiado tiempo bajo los efectos del ataque de la reina del estilo. Y eso era lo que más le aterraba.

Odiaba poner en riesgo a su hijo, de verdad le desesperaba saber que estaba en peligro por su culpa, pero si quería traer de regreso a Emilie ambos tendrían que soportar un poco más esa clase de situaciones.

Esa sería la última vez que pondría a Adrien en peligro. En cuanto la reina del estilo obtuviese los Miraculous y se los diera, todo terminaría y su familia volvería a estar unida y a salvo.

Pero si las cosas comenzaban a salirse aún más de control, HawkMoth tendría que hacerse a un lado como villano de París para dar paso al padre que era Gabriel Agreste.

"Si no salvan a su hijo, Gabriel Agreste aparecerá"

Esa era su muda promesa, jurada en silencio y en secreto ante el amor que tenía por su familia.

La reina del estilo era su más poderosa y peligrosa creación, podía sentir la creciente desesperación de Ladybug ante el poder de su mejor villana.

Pero ni siquiera su más grande creación hasta el momento fue suficiente para cumplir su objetivo.

Si su más poderoso akuma, con el que tantos riesgos había corrido, no había sido capaz de derrotar a los héroes ¿Qué esperanzas le quedaban?

¿Cómo traería de vuelta a Emilie sin los Miraculous? No quería rendirse después de tanto tiempo y esfuerzo, aun extrañaba y necesitaba a su amada esposa, pero simplemente ya no sabía que más hacer.

Había explorado todas sus opciones, por más absurdas, peligrosas o descabelladas que pudiesen ser algunas.

Había akumatizado desde jóvenes de todo tipo, toda clase de adultos, experimentando con niños pequeños e incluso un bebé ¡Hasta había intentado akumatizar a un robot!

No quería darse por vencido, no quería renunciar a su sueño, a Emilie, pero es que simplemente ya no sabía que más intentar.

¿Qué más podía hacer? Se había quedado sin opciones para continuar.

La reina del estilo había sido su akuma mas fuerte y a pesar de ser tan inestable estuvo a punto de obtener la victoria. ¿Pero a qué precio? Adrien había sido atacado y tomado como rehén de la villana, tuvo que ponerlo en peligro para seguir controlando a su demente akumatizada, su casi victoria pudo haberle costado a su hijo.

No estaba seguro de ser capaz de pagar el precio de nuevo.

Ya había sido demasiado doloroso perder a Emilie, no podía seguir arriesgando de esa forma a Adrien. Ya le era muy difícil saber el peligro que él corría solo por ser hijo del supervillano de París, simplemente no soportaría perderlo a él también.

No podía continuar con eso, ya no más.

De por sí el ser un villano era sentir como la oscuridad le rodeaba y llegaba a fusionarse con él, pero siempre había seguido avanzando a pesar de que todo estuviese oscuro. Era como caminar de noche en una habitación con las luces apagadas pero que aun así él supiese orientarse allí dentro.

Pero ya no podía avanzar, la misma noche había perdido cualquier pequeño rastro de luz y la oscuridad era cada vez más sofocante.

Si hubiese podido habría continuado soportándolo todo para traerla de vuelta, pero ya no tenía ningún sentido seguir ahogándose en el dolor de perseguirla habiendo confirmado que jamás podría alcanzarla.

Era doloroso y difícil, casi imposible, pero Gabriel debía renunciar a recuperar a Emilie.

No solo por él mismo, sino por Adrien. Ya no podía seguir arriesgándolo solo para volver a fracasar.

Y con todo el dolor y peso de la amargura ante la impotencia y el fracaso, Gabriel se disculpó una vez más con Emilie antes de finalmente despedirse de ser HawkMoth.

Debía seguir adelante.

Si HawkMoth no había conseguido recuperar a Emilie y salvar a Adrien del dolor, Gabriel Agreste debía entonces aparecer una vez más.

Solo Gabriel, no más villano ni portador, solo el diseñador y padre que hace tanto tiempo casi dejaba de ser.

Ya más tarde pensaría que hacer con el Miraculous de la mariposa y Nooroo.

Gabriel finalmente había decidido cambiar, no más villanos, no más planes, no más peleas, no más Miraculous... no más oportunidad de regresar a Emilie.

Resignarse a renunciar a su esposa fue como sentir que la perdía de nuevo, como todo el dolor de la frustración e impotencia volvía a golpearlo sin piedad alguna. Ya no podía hacer nada, no tenía esperanza.

Se había jurado a sí mismo que no volvería a presentarse en público hasta que toda su familia estuviese reunida otra vez, pero en vista de que ya no había forma de que Emilie volviese para acompañarlos, Gabriel decidió aparecer junto a la única familia que le quedaba.

Y fue así como tomó la decisión de buscar a su hijo. Necesitaba ese consuelo que solo Adrien podía darle al saberlo a su lado, que a pesar del dolor y sus errores no lo había perdido todo.

Iba a arreglar las cosas, todo lo que había perdido y provocado con sus errores, empezando por su relación con su hijo.

Por eso no le importó en lo más mínimo interrumpir su propia pasarela o el alboroto de la prensa al verle aparecer en público, solo quería abrazar a Adrien y olvidarse por un momento de todo lo demás.

Arreglaría las cosas, no más HawkMoth ni akumas. Se disculparía con cada víctima de sus planes, empezando por su amado hijo, y siguiendo con la que consideró su obra maestra como villano, su fallida invencible reina del estilo.

"Ya despedí al responsable de todo este malentendido..."

No había expulsado a ninguno de sus empleados, pero si se había desecho del causante de todo, HawkMoth ya no haría de las suyas para obtener nuevos soldados.

No recordaba la última vez que había participado tan "relajado" en una conversación, la verdad era que esa joven Marinette tenía tanto talento que los había impresionado a Audrey y a él a pesar de ser tan solo una joven novata.

Tal vez, solo tal vez, su dolor podría llegar a sanar algún día.

Pero como si de una señal se tratase, un brillo de esperanza apareció frente a sus ojos, un brillo dorado del que emergió un Kwami.

La chiquilla Bourgois tenía en sus manos el Miraculous de la abeja, ese error por parte de los héroes sería su oportunidad dorada.

¡¿Y qué si la reina del estilo había fallado?! ¡Ahora podría akumatizar a alguien que no solo tenía un insufrible carácter lleno de egoísmo, sino que también el poder de un Miraculous a su merced!

Aún había esperanza, tenía una oportunidad invaluable que no pensaría desperdiciar.

Al parecer, después de todo, una reina Bourgois si le daría la llave para traer de vuelta a Emilie.

Era otra oportunidad para HawkMoth, el villano de París no iba a retirarse viendo frente a él una oportunidad como esa.

Como lo supo desde el principio, no fue necesario esperar mucho para que Chloe cometiese una tontería que la conduciría a grandes sentimientos negativos.

Era momento de actuar.

La reina de las abejas dio paso a la reina de las avispas en cuanto la mariposa negra alcanzó su objetivo.

Podía sentirlo, un poder increíblemente superior al de cualquiera de sus akumatizados anteriores, el poder de su akuma fusionado con el de otro Miraculous era simplemente impresionante y embriagador.

Pero ni siquiera todo ese poder bastó para derrotar a los héroes, por más cerca que estuvo de lograrlo no lo consiguió. Su reina avispa había fracasado también.

Aunque la sensación que le dejó no fue la misma que la reina del estilo. Esta derrota no sabía a fracaso, sino a esperanza.

Estuvo cerca, tan cerca, ese error de sus enemigos casi le daba la victoria a él.

No podía simplemente rendirse, mucho menos ahora que sabía la clase de consecuencias que podría aprovechar de los deslices y fallos de Ladybug y Chat Noir.

Extrañaba demasiado a Emilie, y ahora que sabía que sus esperanzas para recuperarla seguían en pie, no se rendiría ante nada sino que lucharía con más fiereza que nunca.

Un nuevo plan maestro comenzaba a maquinarse en su mente, y de ser necesario maquinaría muchos más hasta tener el éxito que tanto anhelaba.

HawkMoth no desaparecería todavía, aun le quedaban esperanzar para pelear una vez más. Gabriel tendría que esperar un poco más de tiempo para terminar de volver, y cuando lo hiciese, sería únicamente con Emilie a su lado.


Ni yo misma tenía idea de cuanto extrañaba escribir sobre Gabriel!

Perdonen la tardanza, pero mis tiempos e inspiración simplemente no cooperaban.

En fin, historia dedicada a nuestra queridísima Lu por el día de su cumpleaños! (Que fue ayer, pero más vale tarde que nunca dicen por ahí) Espero de todo corazón que te guste!