La magia de amar
Disclaimer: Todo lo que aquí se lea y esté relacionado con Harry Potter, pertenece a J.K. Rowling, autora de la saga de libros bajo dicho nombre.
Dedicatoria: A Camila, que siempre supo de Fred.
Cosas evidentes
Hermione apareció a unos cien metros de La Madriguera, se sacudió el sobretodo negro y acomodó un poco su cabello, tarea casi imposible. Miró a su alrededor unos instantes, el lugar seguía exactamente igual, la casa aún parecía sostenida con magia, lo cual era cierto; el inmenso parque, lleno de maleza y pasto sin cortar repleto de gnomos; y aquel estanque verdoso donde seguramente agua no era lo que abundaba.
Comenzó a caminar hacia la casa, el pasto estaba aún cubierto por nieve que no se había derretido: el frío era insistente y el sol aún no lograba evaporar la nieve que había caído la noche anterior.
Cuando estaba por tocar la puerta oyó varias voces provenientes de adentro que pedían el desayuno y una voz más aguda que las demás la cual dejaba muy en claro que aquella cocina no era ninguna fonda, por lo que si se iban a poner exigentes podían perfectamente mandarse a mudar que nadie se los impediría. Hermione creyó ese el momento perfecto, así que decidió dar tres golpes rápidos y seguidos a la puerta y esperó. De pronto escuchó una voz del otro lado de la puerta, que identificó como la de Ron- ¿Quién es?
-Hermione Granger, acudí al colegio Hogwarts y mí patronus es una nutria y espero que eso te sirva Ronald Billius Weasley- Cuando Hermione pronunció el segundo nombre de Ron se oyeron varias risas ahogadas y algo que sonó a café en medio camino que seguramente ahora estaría regado sobre la mesa. Inmediatamente Ron le abrió la puerta y su amiga descubrió que su rostro estaba completamente rojo aunque sonriente.
Cuando se quiso dar cuenta Hermione estaba en medio de un abrazo con seis tentáculos, pertenecientes a Harry, Ginny y Ron.
-¡Hola querida!- la señora Weasley se abrió paso y abrazó a Hermione- ¿Qué quieres de desayunar?
-¿Por qué ella puede pedir y nosotros no?- Hermione miró detrás de Molly, George despeinado y somnoliento sonreía desde una de las sillas de la mesa.
-Espero haberme equivocado y no haber escuchado nada salir de tu boca, George Weasley- Molly sabía amenazar cuando lo deseaba.
-Le agradezco señora Weasley, pero ya desayuné-contestó Hermione.
-¡Oh tonterías!, te haré unos panqueques deliciosos- Molly cerró la puerta de entrada y se dirigió a la cocina.
George miró a Hermione de reojo y articuló con su boca "Te estás aprovechando"
Las preguntas, las risas y anécdotas no se hicieron esperar y tal era el alboroto que habían armado, que cuando Molly se dispuso a servir el desayuno para Hermione desistió en seguir preguntándole cómo estaba y qué tal había sido el viaje.
-Así que en ese momento ahí estábamos, rodeados por Dementores con muchas ganas de darnos un lindo beso, pero tu sabes que yo le soy fiel a Luna y bueno…- Ron caminaba por la cocina escenificando su relato, estaba parado frente a la puerta cuando se escuchó un estruendo, como algo que chocaba contra una pared
-Tienen todavía a…
-Sí, nadie se anima a donar a esa lechuza a algún lechuzario… aunque no creo que sirva de mucho, ni siquiera sabe cazar ratas- Ron abrió la puerta y se encontró con Errol, que apenas se movía, tirada en el suelo- Para ti George- dijo extendiéndole una carta.
El gemelo Weasley abrió la carta y al leerla se atragantó con un pedazo de panqueque que le había robado a Hermione- Pero en esta casa no lo dejan a uno desayunar en paz- dijo mientras seguía riendo
-¿Quién es?- Ginny cogió la carta en la cual solo había una frase:
Me daba lástima que te perdieras la inspección de Mc'Gregor
-¿Quién es…?- Harry había leído también la carta
-Mc'Gregor es el Presidente de la comisión de algo que ni me acuerdo, en fin, esta fastidiado porque le mandamos un regalo de prueba y…- George pinchó otro panqueque del plato de la recién llegada y se marchó.
-Pobre hombre- dijo Harry revoleando sus ojos.
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La bolsa repleta de libros de medicina que había encargado apenas había llegado a Londres, se revolvía entre sus cansados brazos. Al fin decidió que ya estaba cansada de presumir su gran paquete al público y decidió que reducirlos era la mejor opción. Intentó buscar su varita, escondida en algún lugar de su abrigo, pero la hazaña fue casi imposible, en el momento que se atrevía a sostener con un solo brazo aquellos tomos, perdía toda la fuerza y parecían a punto de caer.
Fastidiada bufó y miró a ambos lados del Callejón Diagon que aparecía disfrazado para navidad, con guirnaldas verdes o rojas y algunos pequeños árboles decorados con grandes borlas, cada una entonando algún mensaje de paz y amor. Hermione buscó algún lugar donde apoyarlos, ya que nunca apoyaría un libro en una calle o vereda.
Rodó los ojos, fastidiada. Ella y sus estúpidas ideas de hacer compras al estilo muggle: así le quedarían la espalda y sus brazos.
-Te ganaste el premio a la tontería Hermione- dijo hablando consigo misma
-Estoy de acuerdo
¡Genial!, hablaba sola y encima la gente le contestaba, se volteó para ver quién era y luego mandarlo a volar sobre alguna Nimbus 1985, cuando se encontró con Ron que la miraba bastante divertido.
-¿Alguien te pidió opinión?
-Veo que estamos de buen humor, dame que te ayudo- Ron estiro los brazos para recibir la bolsa y pese a que su orgullo era grande, los brazos de Hermione pedían alivio y no podía dejar escapar aquella oportunidad, por lo que se los entregó- No se te ocurrió hacerles un… está bien, no digo nada- continuó Ron para evitar una discusión.
La chica revolvió entre su abrigo, sacó su varita e inmediatamente, la pesada bolsa se convirtió en un paquete de no más de 15 cm de alto, Hermione lo metió en su bolsillo, mientras le mascullaba a su amigo un imperceptible "Gracias"
-Vamos a tomar un café así descansas- agregó Ron sonriendo.
-Qué gracioso- agregó Hermione ya menos fastidiada.
-Este lugar es algo raro pero muy agradable. Entremos.
Lumière tenía una entrada estaba decorada con unos extraños artefactos que nadie por allí conocía: eran dos ejemplares de los más viejos proyectores de cine: el cinematógrafo.
El lugar no era menos extravagante, detrás de todo en una de las paredes se podían ver películas, las cuales parecían haber sido grabadas hacía muchísimos años. En ese momento pasaban una que mostraba a unos obreros saliendo de una fábrica.
-Este lugar es extraño, pero el café es delicioso - Ron explicaba todo esto a Hermione, mientras se sentaban en una mesa un tanto alejada de la barra dónde se encontraban los meseros.
-Está ambientado en el cine Ron, más bien en las viejas películas muggles, la que están pasando es la primera filmación de los hermanos Lumière.
En ese momento se acercó uno de los meseros, estaba vestido de una manera muy informal: un pantalón negro y una camisa blanca, no llevaba puesto ningún tipo de uniforme, ni anotador.
-¿Usted conoce la historia?- el mesero, un hombre alto, delgado y pálido, se había acercado.
Hermione afirmó con la cabeza- Así es. Los hermanos Lumière, los creadores del primer proyector cinematógrafo.
Ron comenzaba a impacientarse, tenía hambre y aunque se mordía la lengua para no pedirle enseguida a aquel hombre que dejara la carta y se marchara de una vez, su estómago lo delató.
El mesero miró al pelirrojo, el cual se puso tan colorado que las pecas de su rostro desaparecieron por un momento, y comentó -Disculpe- dijo mirando de nuevo a Hermione- su novio está hambriento, aquí les dejó la carta- de uno de los bolsillos de su pantalón sacó dos cartones negros que poseían un botón en el extremo inferior derecho.
Hermione miró a Ron y lo imitó, tocando el botón en su cartón. De pronto aquel objeto plano pareció cobrar vida, en blanco y negro aparecían los nombres de los cafés que se ofrecían. Lo único que había que hacer era tocar lo que se deseaba e inmediatamente se emitía el pedido.
Ella eligió un café llamado "Cristales del cielo", que parecía ser de una mezcla de flores exóticas. Por su parte Ron pidió uno llamado "Cola de dragón"
La charla fue amena. Recordaron, se actualizaron y rieron como hacía mucho tiempo no lo hacían. Eran amigos, muy buenos amigos, pero su relación siempre había estado signada por las peleas y algún celo adolescente que se fue tan rápido como llegó a sus corazones.
-Es raro esto, nunca lo habíamos hecho- Ron parecía algo tímido al decir aquello
-Es verdad y me agrada mucho. Luna parece entrenarte bastante bien- Hermione sonrió entre dientes
-Me imagino que no insinúas que soy un perro o algo parecido.
-Para nada…
-¿Y tu?
Hermione tomó un sorbo de aquella deliciosa bebida y miró intrigada a su amigo- ¿Yo qué?
-¿No tienes a nadie que…? Bueno… que… eso.
Hermione sonrió un tanto embobada, claro que había conocido a mucha gente, incluso hombres y muy apuestos, pero nunca nada había pasado de algunas citas. No había dejado a nadie en Francia, pero sí a uno en Londres.
-No, no dejé nadie allá. Pero sí a…-La última frase se escapó sola de sus labios, cuando quiso darse cuenta ya era muy tarde y los ojos celestes de su amigo la miraban atónitos.
-No me digas que es Krum…- Ron se agarró la cabeza, no podía creer que su mejor amiga estuviera enamorada de aquel tipo tosco.
-¡Pero claro que no Ron!, igual no tiene importancia, fue hace mucho tiempo
-¿Me dirías quién es?
-Sabes que no te lo diré, así que no se para qué preguntas si ya sabes la respuesta de antemano- Pero la chica se sorprendió al ver una sonrisa de costado en el rostro de su amigo-¿Qué pasa?
-Lo conozco. Bien parece que de un momento a otro me enteraré.
Hermione no respondió nada, aquella observación tan inteligente, la asustaba un poco, Ron no era de tener el ingenio muy agudo que digamos y menos que menos era de atar cabos tan rápido.
-Es verdad, Luna te ha entrenado bien
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Aquella cama era un desastre total, si se hubiera visto de afuera se hubiera reído de sí misma. Ella que juraba nunca caer en aquella costumbre que tiene la mujer de preguntarse una y otra vez qué se va a poner para tal o cual salida se encontraba a sí misma aún en ropa interior y sin la menor idea de qué usar.
Desde que le había llegado carta de Fred indicándole que el 23 de Diciembre se celebraría la fiesta de apertura del lugar a la cual se había comprometido a asistir, no había dejado de pensar cómo iría vestida. Aún faltaba un día y ni siquiera sabía a ciencia cierta si la túnica roja bien ajustada y con cuello volcado era más o menos adecuada que la esmeralda, con mangas sumamente delicadas y con un lazo a la cintura.
Movió ligeramente su varita y en un abrir y cerrar de ojos todo había ido a parar al armario nuevamente, se miró en el espejo y vio su cabello enmarañado, no tanto como antes pero aún así exclamando a grito entero: ¡no podrás contra mí!
No daba más, estaba exhausta, ese chico la tenía loca, más que antes y no solo porque sabía que iba a pasar una noche entera a solas con él, sino porque iba a ser una fiesta e iban a tener que bailar y Hermione estaba lo suficientemente notificada de bailes para saber cómo iban a hacerlo: mano con mano, mano cintura, mano espalda y lo peor de todo un contacto visual irresistible. La otra opción era apoyar su cabeza en su hombro pero eso era demasiado para su bienestar mental.
Movió rápidamente su cabeza y decidió darse un baño para relajarse y alejar cualquier tipo de ideas extrañas de su mente. Colocó espuma y sales con aroma a lavanda en la bañadera y dejó que el agua la llenara. Se desvistió y se sumergió en aquella sustancia aromática, algo espumosa.
Cuando sus dedos estaban lo suficientemente arrugados salió del agua, dispuesta a no mirarse al espejo, ni ver el armario, tan solo leería toda la tarde. Iría a algún parque o plaza, quizás a Lumière y tan sólo leería.
Fue hasta su armario y se alegró al saber que podría elegir un cómodo jean y un sweater abrigado, sin necesidad de romperse los sesos pensando si sería adecuado o no, como lo había hecho hasta hacía unos momentos al intentar elegir la túnica perfecta.
Suele suceder que siempre que uno tiene un buen plan, algo ocurre que lo desequilibra, para bien o para mal, pero jamás sale como uno desea; por eso Hermione no supo si la presencia de Pig, la lechuza de Ron, detrás de la ventana era de buen o mal augurio.
La dejó pasar y tan agitada como siempre comenzó a dar vueltas por todos lados hasta que Hermione logró calmarla dándole algunas galletas de canela que tenía guardadas. Cuando lo logró, desató la carta cuyo remitente era Harry.
"¡Hermione!, en una hora en La Madriguera para cenar. ¡No faltes!"
Hermione miró a la lechuza que comía las galletas- Supongo que serán muy buenas noticias…-
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La sala de la casa de los Weasley estaba sumida en silencio, Hermione observaba a todos a su alrededor y se sonreía internamente al comprobar cuán distintas pueden ser las personas: Bill y Fleur discutían en voz baja sobre si la elección del color de la habitación para el futuro hijo u hija (no sabían que sería, pues ninguno de los dos había querido enterarse), el verde, era adecuado o no; por su parte Fred hacía anotaciones y George le hacía de vez en cuando algún comentario. Ron cabeceaba pues estaba quedándose dormido y Luna a su lado enroscaba y desenroscaba su cabello con uno de sus dedos.
Molly y Arthur estaban sentados uno al lado del otro y mientras la señora Weasley apretaba un repasador nerviosamente, su marido imitaba a Ron, aunque en su caso recibía de vez en cuando algún que otro codazo en las costillas que lo despabilaba por unos momentos.
-Ginny tenemos cosas que hacer, ¿podrías apurarte?- Ron parecía haberse despabilado un poco y miraba a su hermana reprochándole que tuviera que quedarse dormido en aquel sillón incómodo y no en su cómoda cama- Ya todos nos dimos cuenta…
-Cállate Ron- Harry, cuyo cabello estaba más despeinado que de costumbre, lanzó un cojín el cual quedó estampado en la cara del pelirrojo.
-Justo lo que necesitaba, cuando lleguen los que faltan llámenme- Ron tomó el cojín lo colocó tras su cabeza, abrazó a Luna y cerró plácidamente sus ojos. A los pocos segundos estaba roncando.
-Charlie está tardando y Percy también… ay Harry ¿y si se los decimos luego?- Tres toques en la puerta de entrada y Ginny salió disparada a abrir, volviendo luego de unos momentos con un Percy ojeroso y cara de pocos amigos.
-Bueno que sea rápido que tengo diez informes que hacer…
-Siempre tan odioso como siempre el prefecto perfecto- George comenzó a reír ante el comentario de Fred, aunque una mirada silenciadora de su madre hizo que pusieran sus mejores caras de "yo no fui" y se enfrascaran nuevamente en sus anotaciones.
Percy saludó a su madre con un beso en la mejilla e hizo una inclinación de cabeza para el resto. Luego se sentó y comenzó a conversar con su padre sobre una nueva ley referente a los muggles que se estaba tratando en el Ministerio. Hermione se sumó a la charla, pues si seguía un momento más envuelta en aquella tensión iba a terminar con los nervios de punta.
Las voces comenzaron a oírse cada vez más altas y se hizo un torbellino de conversaciones que relajaron el ambiente, lo cual Ginny y Harry agradecieron en silenci.
Una toz exagerada, proveniente de la chimenea llamó la atención de todos (incluso de Ron que despertó asustando preguntando dónde era la tormenta) Era Charlie Weasley que estaba allí desde hacía unos minutos y ninguno se había dado cuenta de su presencia.
-Hola a todos- se veía el rostro de Charlie algo cansado y maguñado entre llamas de fuego verde.
-Hola querido, ¿cómo estás?- Molly se acercó a saludar a su hijo- ¿Cómo sigues de la herida?, ¿vas a venir?
-Si mamá ya te dije que cuando pasen las fiestas, que es la época donde los dragones se alteran más, voy a ir para casa… pero creo que estamos todos y tu hija quiere hacer un anuncio y muy importante
El silencio se hizo sepulcral y todos miraron a Ginny y a Harry que tomados de la mano se pararon y respiraron hondo, antes de hablar.
-De acuerdo… bueno lo que sucede es que yo y Harry, digo Harry y yo… ehm… bueno queríamos decirles algo-
-Escúpelo niña- Bill trataba alentar a su hermana, pero solo logró que Ginny comenzara a balancearse sobre sus pies y mirara a su novio pidiendo auxilio.
-Yo lo digo- le susurró Harry y luego miró a todos- Ginny y yo nos vamos a casar.
Apenas Harry terminó la frase, la señora Weasley salió corriendo a abrazar a su hija y a aquel chico que había sido como un hijo adoptivo por muchos años y que ahora lo sería con más razón.
Hermione desde su lugar esperó a que todos pasaran a saludar, a abrazar y acariciar los cabellos de Harry y una vez que todos terminaron se acercó y con los ojos llenos de lágrimas abrazó a sus dos amigos.
Cuando todo se calmó Molly, con Fleur, la cual insistió pese a las negativas, y Bill, fueron a preparar las copas para brindar entre todos por la noticia.
Arthur por su parte había subido hacia el altillo ante la indicación de su esposa.
El resto se despidió de Charlie, pues decidió irse antes de que su madre volviera, pues si no, no lo dejaría antes de darle miles de indicaciones, como siempre hacía. Y Percy hizo lo mismo, pero retornando a su labor mucho más feliz que antes.
-Y dime, ¿ya pensaron donde se irán de luna de miel, Ginny?... yo creo que ir a alguna selva sería algo interesante
Ron miró a Luna ya sin sorprenderse por el extraño comentario y agregó- No creo linda, la selva es peligrosa…
Pero por su parte Ginny parecía haberse percatado de aquel detalle, pequeño detalle que no había tenido en cuenta con su futuro esposo.
-Luna de miel… la verdad que no lo se, aunque por todo lo que leí en tus postales Herms, me gustaría que fuera en Paris-contestó Ginny.
-Entogses Haggy, debes teneg cuidado, los parisinos son increíblemente guapos- la voz de Fleur se escuchó desde la cocina y seguramente Bill habría hecho algún gesto, ya que a los pocos segundos se escuchó nuevamente- Pego no cagiño, tu sabes que eges el único paga mí.
-¿En serio son tan guapos Herms?- Ginny de pronto parecía muy interesada en el tema, ante lo cual Harry le dirigió una mirada de soslayo- Digo, seguramente conociste a varios.
"Gracias Ginny", dijo para sus adentrosHermione y aunque no lo expresó en palabras su amiga se había percatado del ceño algo fruncido de la chica, pero estaba muy entretenida en convencer a Harry que aún lo quería como esposo, cómo para preocuparse por enmendar aquella ida de boca.
-Ella me dijo que no había dejado a nadie allá- Ron desde su asiento junto a Luna acotó aquella frase tan poco oportuna, miraba con algo de reproche a la recién graduada doctora, como si en realidad le hubiera mentido.
-Pero Ron las aventuras no son un pecado capital, ni tampoco son firma de amor eterno, por eso se llaman aventuras- Bill salía de la cocina llevando las copas llenas a rebosar de cerveza de manteca para brindar, en ese momento un trapo salió disparado de la cocina hacia su cabeza
-William déjate de decir tonterías- a diferencia de lo que se hubiera esperado la voz no era de la esposa del segundo de los hijos Weasley, sino de su madre.
Sin embargo el interés se había centrado, nuevamente y contra su gusto, en Hermione, la cual deseaba que en ese momento Grawp, el hermano de Hagrid, apareciera y se la llevara muy lejos, antes de contestar aquella inquietud que ahora era general.
-Creo que su cara lo dice todo- Fred acotó aquello mientras se levantaba tan casual para ayudar a su hermano a repartir las copas. El tono que había usado era bastante irónico y luego agregó- Pero estamos de festejo, ¿no? No de confesiones amorosas.
Todos se miraron entre sí por aquella extraña sentencia, impropia de Fred Weasley. Hermione se sentía horrible, ya que parecía que ella había sido la causante de todo aquello, por lo tanto cuando recibió su copa, simplemente hizo un ligero movimiento de cabeza a Bill y comenzó a tomar.
-Bueno, querida pero sabes que no me gusta que estés tanto tiempo parada- Molly ingresaba sujetando a Fleur por un brazo.
-¿Qué pasa aquí pog que tagnto silencio?- preguntó Fleur una vez que había logrado sentarse cómodamente en el sillón que era de Arthur.
-Nada, es solo que Fred parece que no quiere enterarse cuántos han besado a Hermione, eso es todo- Luna contestó a Fleur de una forma tan natural como si estuviera hablando de lechuzas mensajeras.
-Y les aseguro que ninguno en esta sala está interesado en saberlo-Molly zanjó el asunto de una buena vez, aunque su afirmación tenía poco de verdad. En realidad allí había varias personas con su curiosidad a flor de piel, sobre todo uno que parecía que echaba chispas de las orejas y que en ese momento se bebió todo el contenido de su copa
-¡Arthur!, ya baja, vamos a brindar- La matriarca Weasley tomó su pañuelo y enjugó alguna lágrima perdida, se dirigió luego hacia los recién comprometidos y los abrazó fuertemente.
-¡Aquí está Molly!- Arthur llevaba entre sus brazos una gran caja alargada, cubierta de polvo.
-¿Qué es eso señora Weasley?- Harry parecía intrigado, sabía que tenía que ver con la boda de los padres de Ginny, pero no sabía qué era. Sin embargo su novia si, pues en el mismo momento que la vio miró atónita a sus padres, sin poder creerlo.
-Este es la vara quebrada Weasley, ha permanecido en la familia por generaciones. Cada vez que alguien se casa es colocada entre medio de los novios y cuando ellos al fin se unen, esta les regala un retoño de sí misma. De allí nace un árbol que dará sombra y protección eternas a la familia.
Cuando Molly terminó de explicar a Harry el origen y fin de aquella vara, abrazo a su hija y ambas comenzaron a llorar. Arthur tuvo que limpiar varias veces sus ojos prontos al llanto y Harry parpadeaba más de lo normal.
Todos los presentes se dejaron arrastrar por esa corriente de dulcísima emoción y de pronto ésta le quitó el lugar a la tensión que hasta hacía unos momentos había imperado.
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-Eres un idiota- George se secaba la cabeza con una toalla y entraba al cuarto en el que estaba su hermano sentado frente a un escritorio anotando varias cosas- Pero como ya lo sabes creo que por eso te das permiso de hacer semejantes estupideces.
-Gracias por el apoyo, es bueno tenerte cerca- Fred miró fastidiado a su hermano- ¿Por qué demonios te bañas aquí?
-Tengo un compromiso pendiente, tú sabes, requieren de mi presencia
-Si y se llama Katy ¿no?- Fred podía leer a su hermano como si fuera el mismo y sabía que George podía hacer lo mismo con él.
-Si, está cada día más linda esa chica, pero no me cambies de tema. Si no fuera porque la perspicacia Weasley estaba con la guardia baja no hubieras salido ilesa de esa. Aunque Ginny… en fin- El chico se puso una túnica azul que hacía juego con sus ojos y resaltaba con mucha fuerza sus cabellos color fuego- Al menos ya la invitaste, por cierto, ¿ya acabaste los preparativos?
Fred levantó la mirada de las hojas que escribía y se sonrió casi malévolamente- Así es, me muero por verle la cara a ese Mc'Gregor
George se sonrió también- La fiesta de apertura del nuevo café va a ser memorable…
-Eso te lo aseguro: "Lumière" va a quedar en la historia.
