TIATS
El nombre de los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es completamente mía. Contiene lenguaje vulgar y escenas sexuales. Solo para mayores de edad.
— ¿un buen fin de semana, eh? — Al pasar junto a Alice, su secretaria, le sonríe ampliamente, sin negar que se lo había pasado bomba.
Era lunes, siete y cinco de la mañana y era el primer lunes en el que se levantaba de un humor alegre. Y ella lo notó.
— vamos a la oficina. — dice sin dejar de sonreír, Alice suelta una risilla y sale corriendo de su escritorio.
Una vez en la oficina, Alice se pasa media hora escuchando la parte aburrida del fin de semana, sin que diera detalles; siempre sonriendo pero nunca diciéndole lo que quería escuchar. Y otra media hora respondiendo sobre las ventas obtenidas del mes y las ganancias de la empresa.
— ¿cuáles son los pronósticos para el próximo mes? — le costó formular la pregunta ya que no podía aguantarse las ganas de reírse al ver la cara encabronada de Alice.
— una muerte lenta si no me dices lo que vine a escuchar de tu sucia boca. — Jasper por fin se soltó a reír. - increíble, esta vez duro un poco más su tolerancia.- pensó. — ¡deja de sonreír y dime!
— bono extra a la chica. — dice una vez que puede dejar de reír. — por una tolerancia extraordinaria. — Alice le muestra el dedo de en medio. — Dios santo que grosera, antes solías mostrarme este dedo — y le enseña el dedo donde estaba el anillo pero ella lo ignoró. — ¡Dios Alice, mira que me dio el anillo! — Jasper sonríe de oreja a oreja; extiende su mano y le muestra el hermoso anillo de diamantes que María le había dado en la cena de aniversario. — ¡creí que nunca me lo pediría, pero me sorprendió!
— ¡Dios mío, es hermoso! — dice Alice muy emocionada.
Alice llevaba más tiempo con su novia que Jasper con María y no había recibido el anillo.
Una vez Frida la había troleado, dándole una cena de aniversario de lo más romántica, con una noche de lo más caliente y al día siguiente le había dejado una pequeña cajita dorada, donde muy bien pudo caber un hermoso anillo, pero que en vez de eso contenía un par de arracadas muy feas que Alice dejaba tiradas en cualquier lado esperando que se perdieran, pero las muy malditas nunca lo hacían.
— ¿te encuentras bien Alice? Parece como sí te hubieses ido.
— Sólo me alegro por ti, Jas — Alice forzó una sonrisa que Jasper hizo como que se la creyó.
Ellos se conocían tan bien que sólo con una mirada sabían lo que el otro pensaba, sentía y quería.
Hubo una época en la que Jasper estaba perdidamente enamorado de Alice. Desde que la vio por primera vez hace cuatro años, sólo vivía por y para ella; siempre que era su cumpleaños le regalaba un almuerzo carísimo en el mejor restaurante francés de la ciudad y cuando no tenían tiempo de salir, mandaba a traerle un ramo enorme de rosas o el collar de oro más fino que pudieran encontrar. Pero todo eso cambio cuando Frida llegó a su oficina sin previo aviso, enojada era decir poco y con todos y cada uno de los regalos que él le había dado a Alice. Fue ahí cuando el balde de agua fría le cayó directo a la cabeza: Alice era lesbiana de hueso colorado, Frida era celosa y también le llevaba diciendo a Alice desde hace tiempo que le dijera a Jasper que la dejará en paz, pero ella nunca le había dado una advertencia en todos esos años, ¡ni siquiera cuando la había besado!
Después de eso no le quedó ninguna esperanza de tener a Alice como compañera de vida; tiempo después se enamoró de María.
— ¿serías mi madrina? Rosalie ya dijo que sí pero quiero que tú también estés a mi lado. — Alice vio la ilusión y el deseo no carnal en los ojos de Jasper y siendo su mejor amiga no se pudo negar, y tampoco quería porque en algún momento el también sería el dama de honor.
— claro que sí Jas. Sabes que siempre estaré a tú lado. — Está vez la sonrisa fue más real.
Jasper estuvo a punto de acercarse y tomarla entre sus brazos, pero se contuvo, y no porque él quisiera sino porque María había aparecido de repente y estaba parada en la puerta, observando.
María sabía que Alice era lesbiana así como también sabía que Jasper estaba loco por ella.
Una Bartender se entera de todo.
— hola cariño, hola Alice. — dice desde la puerta. — ¿puedo pasar?
— claro que sí, amor. Pasa, pasa. — Jasper y Alice se movieron a la vez, él se levantó de su asiento y Alice movió la silla que estaba enfrente del escritorio para que se sentara María. — adelante, ¿qué te trae por aquí?
Él no la mira a los ojos, solo ocultaba su mirada.
— hoy hay inventario y me pidieron que trabaje desde temprano. — mira su reloj — dentro de media hora de hecho, así que vine para acá para ver si querías ir a almorzar.
Jasper mira a Alice, ella mira la blusa abierta y escotada de María y María lo mira ceñuda a él.
— cla- claro linda. — él toma torpemente su chaqueta y su celular. — ¿nos vamos? — le da una sonrisa coqueta y ella no puede seguir enfadada.
María se levanta del asiento sin siquiera mirar a Alice y Alice lo prefiere así, porque solo así puede morbosearla sin que termine insultada y abofeteada.
María tenía buen culo.
— ¿te apetece algo, Alice? — Jasper la mira molesto. Ella se sonroja.
— eh, no. Gracias. Yo... Iré a comer con Frida al apartamento. — Jasper se encoge de hombros como si no le importará y María tuerce disimuladamente los ojos.
María ya empezaba a cabrearse pero ya hablaría con Jasper sobre lo que pensaba de su relación con Alice.
Antes, ella escuchaba y aconsejaba a Jasper cuando estaba llorando de amor y hasta las chanclas de borracho. Ahora era distinto, ahora ella era su novia y no tenía por qué morderse la lengua y aguantarse toda esa mierda de la Alice lesbiana e indiferente.
Jasper tendría que olvidarla por las buenas o por las malas, porque una vez que ellos estuvieran casados, la lesbiana se iría a joder gente a otra parte.
— si quieres te podemos dar un aventón. — Sugirió Jasper y María lo pellizco. — ¿qué?...
— sí, estaría bien. — dice Alice sonriendo y dando saltitos. — porque estos zapatos me están matando.
- y no será lo único que te mate.- pensó María mientras ella y Jasper la seguían para agarrar sus cosas e irse con ellos. - tampoco serás el único cadáver. - María mira a Jasper y sonríe. - Dios me conceda que no.
