1era Aclaración: ni Naruto ni sus personajes me pertenecen, son de Masashi Kishimoto, pero la historia es 100% mía y no permito su préstamo ni ninguna clase de adaptación.
Para las palabras o letras:
-Si están así serán los pensamientos de los personajes.
-Si están así es para resaltar.
-Si está "así" son llamadas telefónicas.
-Si está "así" es sarcasmo.
Disfruten el capi n.n
El misterioso ángel de las alas negras
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Nuestro primer encuentro
Esta era la primera vez que usaba una computadora, y no, no estaba jugando en Internet ni nada de eso, estaba investigando sobre esa puerta tan extraña.
Antes había decidido ir a la biblioteca pero eran demasiados libros y no tenía tiempo que perder, llamé a mi papá para preguntarle si había una mejor forma para hacer investigaciones.
Él no me preguntó qué quería investigar, no es esa clase de persona, simplemente me dijo que le pidiera a mi abuelo usar su computadora.
Claro que a mi abuelo no le agradó mucho la idea.
-Tengo trabajos muy importantes que hacer y necesito esa computadora, creo que tu "investigación" puede esperar –dijo como si todo lo relacionado conmigo no tuviera importancia alguna.
Tuve que esperar una semana para que él dejara en paz esa máquina, mientras tanto leí el manual para que no me culpe de habérsela dañado o algo así.
Aunque en realidad no era tanta ciencia usar un computador, química sí es complicado comparado con esto.
Como sea, el punto es que ya había revisado como diez páginas y lo único que he encontrado sobre esa puerta es…absolutamente nada, solo veo subastas de puertas antiguas, promociones de seguros, llaves, etc.
No me iba a rendir tan fácilmente, si en lo único que ha tenido razón mi madre es decir que soy testaruda e insistente, pero mi padre decía que eso podría ser más una cualidad, ya que significaba que yo no desistiría hasta cumplir mis metas.
Seguí abriendo y cerrando ventanas hasta que encontré una con un diseño medieval, tenía dragones, guerreros en armaduras y hechiceras.
No sé muy bien por qué pero decidí explorar más ese sitio web.
Hice clic en muchos lugares hasta que por fin la encontré, la puerta de madera oscura.
-¡Es esa! –no pude evitar gritar de emoción.
Miré la hora notando que pronto vendría mi abuelo para sacarme del estudio, tomé una hoja y copie el link de la página, cerré todo, no sin antes borrar el historial (por si acaso, uno nunca sabe) y me fui de ahí.
Cuando tuve otra vez la oportunidad de usar el computador no me tardé nada en averiguar lo que hacía tan especial esa puerta, de hecho me impactó mucho saber su uso.
-Para encerrar criaturas malvadas –leí en voz baja-. Qué raro, ¿por qué mi abuelo tendría algo malo aquí?
Esto me parecía demasiado extraño, mi abuelo, un viejo amargado que solo le preocupaba su trabajo y pensaba que todos deberían largarse del planeta Tierra ¿encerrar una criatura? Si apenas soportaba a Tigresa.
Seguí leyendo, pero no encontré cómo abrirla, solo que es llamada como la Puerta del diablo.
-En serio dudo que mi abuelo tengo un demonio en su casa, ya tiene suficiente con él.
Ahí detuve mi investigación, ya tenía lo básico, solo me faltaba saber cómo abrirla.
Ahora que lo pienso, mi abuelo me prohibió cinco puertas (sin contar esta), en alguna de ellas puede haber el secreto que tanto busco, solo necesitaba que él se fuera.
Pasaron tres semanas en donde no pude hacer nada para continuar con mi investigación. Tenten me vigilaba más de lo usual, estaba pegada a mí como un chile en el zapato las 24 horas del día. Me parece raro que me dejara entrar sola al baño.
Con el abuelo tenía el mismo problema. Estaba todo el tiempo en la mansión, trabajando obviamente. Ocupaba el computador, la biblioteca y no me quitaba el ojo de encima (claro que a cierta distancia).
Un sábado por la mañana recibí un regalo del cielo. Tenten se tomó unos días libres y mi abuelo me informó que tenía que irse a una reunión del trabajo.
-Si eres tan inteligente como dice tu padre, entonces creo que puedes cuidarte tu sola por unas horas.
-Sí abuelo –contesté con naturalidad tratando de que no se notara mi euforia.
-Muy bien, regresaré a las once de la noche, no me esperes.
-Nunca lo hago –pensé- Sí abuelo –repetí.
Sin más él se fue, y yo no perdí mi valioso tiempo.
Fui a mi habitación para tomar mi bolso, guardar mi cuaderno de dibujo, mis colores y la información sobre la puerta oscura.
-Vamos Tigresa, ya encontré qué podemos hacer en este lugar.
Mi gata, que estaba acostada en su camita, me miró durante unos escasos segundos para después bostezar con pereza, demostrando lo poco que le importaba que yo haya encontrado alguna actividad interesante.
Así que esto sería a las malas.
La tomé entre mis brazos y ahí la cargué para que me acompañe en mi aventura, claro que protestó removiéndose entre mis brazos, pero no le hice caso.
Bajé las escaleras donde estaban mis objetivos, empecé con la más cercana. Obviamente estaba cerrada con seguro, pero ya sabía cómo abrirla, solo necesité unos palillos muy finos y resistentes (los cuales usaba en ciertas ocasiones para recogerme el cabello, mi madre me los regaló el año pasado esperando a que me viera más femenina) con ellos quitaría el seguro sin problemas. Al principio pareció resistirse la cerradura, sin embargo en un santiamén esta cedió. El truco lo había aprendido después de haberme leído una colección entera de libros sobre detectives y espías, era una suerte que a Tenten le gustara esa clase de lectura.
Al entrar solo me topé con otra biblioteca, superficialmente se podría decir que era una biblioteca cualquiera, pero no tenía lógica, sino ¿por qué me prohibirían este cuarto?
Entré con cuidado al lugar, y miré el suelo notando que éste estaba lleno de polvo. Lo que significaba que estaba dejando mis huellas por todas partes.
-"Genial, estoy dejando evidencia" –le dije a Tigresa, ella también miró al suelo y alzó una de sus patitas para ver que se le había ensuciado.
Soltó un bufido de molestia.
-Te limpiaré luego, lo prometo.
Siguió quejándose por un largo rato, aunque eso no era lo importante (además que lo hacía casi siempre), ahora era necesario buscar la forma de abrir esa puerta misteriosa.
Miré los libros en los estantes, estos no eran de ciencia o de física, de hecho ni tenían título.
Saqué uno que tenía una pasta gastada y de color púrpura llenándome de polvo y manchando el vestido blanco que estaba usando.
-Otra cosa que me tendré que encargar luego –murmuré.
Abrí el dichoso libro viendo sus gastadas páginas por el paso del tiempo, aunque mi abuelo era un fanático de la lectura (como todos los miembros de esta familia) no sabía para nada cómo cuidarlos. Las esquinas estaban dobladas sin posibilidad de poder alisarlas otra vez, algunas tenían pequeños cortes y parecía que la pasta la había estrellado contra el suelo un millón de veces.
Cuando vi la letra pensé que era la de mi padre, pero al ver mejor las eles, supe que era en realidad la de mi abuelo, él las hacía un poco más pequeñas y gorditas, en cambio las de mi padre eran muy finas y largas.
Como sea, el punto es que era la letra de mi abuelo.
No me tardé mucho en leerlo, el libro era muy grande y pesado como para ser un diario, pero lo era.
Solo entendí que mi abuelo investigaba algo, el resto estaba escrito en otro idioma completamente desconocido para mí, no parecía ni francés, ni italiano ¡ni siquiera un rastro de latín!
Seguí viendo esos enorme diarios, los cuales algunos tenían unas ilustraciones que el tiempo se había encargado de borrar. Algunas me parecieron tener forma humana, otras de animales como una pantera y un caballo.
-¿Desde cuándo estudia animales?
Vi a Tigresa y me pareció que se encogió de hombros.
Continué viendo pero estaba perdiendo mi tiempo, solo eran un montón de diarios viejos y gastados que ya nadie podría comprender, aunque era sospechoso ese hecho. Mi abuelo no podía ser tan viejo, esta biblioteca tenía siglos sin ser visitada. Lo más lógico era pensar que tenía algún pariente con la misma caligrafía.
Decidí que mi visita aquí ya no era necesaria. Esparcí el polvo para ocultar mis huellas y las de Tigresa. Volví a ponerle seguro a la puerta, no sin antes verificar que todo lo había dejado tal y como estaba antes de que invadiera el lugar.
Caminé para dirigirme a la puerta número dos, esta para mi sorpresa no tenía seguro. Tenía un montón de cajones y carpetas con hojas esparcidas por todo el suelo.
La habitación para mi suerte no tenía polvo, así que esta vez no tendría problemas con mi investigación.
Miré las hojas dándome cuenta de que eran informes, y no precisamente de trabajo de oficina. Los más interesantes que encontré fueron estos:
Viernes de 1709 13 horas 45 minutos
Hoy ingresé a la Sociedad A.D, mañana a las 12 horas empezaremos nuestras investigaciones, todavía no han encontrado al espécimen de investigación, pero pronto lo hallaremos, si de algo estoy plenamente seguro es que no puede esconderse por mucho tiempo. Eso es todo por hoy.
Joel II Haruno.
...
Martes de 1740 15 horas exactas
El espécimen por fin ha sido atrapado, ha puesto mucha resistencia e incluso casi mata a uno de nuestros hombres, pero hemos sabido controlarlo a la perfección. Mañana temprano lo analizaremos para comprobar nuestras hipótesis, por ahora lo encerraremos en una habitación y con una puerta mística que fue fabricada en la edad Media, está surtiendo efecto así que podemos dormir tranquilos sabiendo que no podrá escaparse. Es todo por hoy.
Joel II Haruno.
La verdad es que ya no se qué pensar, es demasiado raro. Es como si hablara, y al mismo tiempo no, sobre un animal.
Bueno, de algo sí estaba segura. Yo tenía un antepasado que se unió a un grupo de investigadores y lo más probable es que mi abuelo esté continuando lo que él no pudo terminar, porque sino ¿cuál sería el motivo para conservar todos estos archivos?
Esto cada vez estaba más sospechoso.
Dejé todo en su lugar (creo, con tanto desorden es imposible saberlo), cerré la puerta y me fui directamente a la tercera, tampoco tenía seguro.
Este cuarto estaba lleno de ilustraciones y fotografías, en la parte de atrás de cada una estaba las fechas. Algunas se veían nuevas, pero con imágenes borrosas, otras parecían a punto de volverse polvo con solo rozarlas.
Salí de ahí cogiendo unas cuantas que me habían llamado la atención y me dirigí a la cuarta habitación. Por desgracia tuve que utilizar los palillos de nuevo, esta me costó más que la primera.
La habitación tenía sus paredes totalmente cubiertas por diferentes tipos de mapas, tanto modernos como antiguos. Los mapas que más parecían predominar eran los de Europa y Asia, seguramente por los constantes cambios que sufrieron durante la primera y segunda Guerra Mundial.
En cada país o ciudad había una tachuela con diferentes colores, también habían papelitos colgados, me imagino que recordatorios o datos extras.
América del Sur y Estados Unidos eran los que más tachuelas poseían al igual que Rusia, China, y Japón.
-Y ni una llave –pensé con fastidio.
Por suerte solo faltaba una puerta, también tenía seguro (y aunque suene repetitiva) me costó mucho abrirla ya que tenía doble cerradura, pero ya nada era imposible para mí.
Era la primera vez que veía una habitación tan pequeña en la casa de mi abuelo, y debí imaginar que esto no sería nada fácil.
Había un montón de llaves colgadas en la pared, con distintos diseños y tamaños, eran tantas que me estaban dando dolor de cabeza.
-¿Cuál crees que es Tigresa?
La gata en serio pareció meditarlo, pero al parecer también le dio dolor de cabeza.
Me imaginé que esto sería un juego de mi abuelo, la llave no puede ser una que esté a simple vista, debe ser una que enserio uno nunca la espere encontrar.
Observé mejor la habitación, seguramente la llave se parecería mucho a la puerta.
-Oscura, extraña…y ese olor a rosas –medité en voz alta.
Cerré los ojos para concentrarme mejor, estaba ese típico olor a metal, aluminio o plata, sin embargo la pude hallar.
Era como la imaginé, de color negra con un diseño completamente fuera de este mundo y ese olor que tanto me atraía. Se encontraba en la esquina más oscura de la habitación.
La guardé en mi mochila para salir rápido de ahí, puse los dos seguros y sin más me fui hacia esa puerta que tanto me había estado atormentando.
-¿Lista Tigresa?
Ella asintió aburrida.
Saqué la llave y la introduje en la cerradura, la giré con cuidado para escuchar ese chasquido que me indicaba que ya estaba abierta.
-Aquí vamos.
Inhalé y exhalé lentamente para prepararme de cualquier cosa, según los informes de mi abuelo lo que estaba detrás de esta puerta era peligroso, por eso debía ir con cuidado.
La empujé hasta abrirla por completo.
Lo que vi en esa habitación no era para nada de lo que yo había pensado.
Esos ojos que me estaban viendo tenían demasiada inteligencia y secretos, eran tan negros como una noche sin estrellas o nubes, su piel parece jamás haber sido tocada por lo rayos del sol, sus cabellos eran también negros, pero pude notar un pequeño tono azulado.
Pero sin duda, lo que más llamó mi atención fueron sus enormes alas, que no eran exactamente de color blanco.
-Por fin…te tardaste mucho –dijo con una voz que en mi opinión fue el sonido más hermoso que he oído en mis cortos años de vida.
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Lo que mis ojos estaban viendo…era a un ángel…el primer ángel con alas negras que el mundo haya podido presenciar.
