Espero que os guste más que a mi, tuve que reescribir el capitulo, ya que me dio por editarlo y parte se borró.

Me gustaría poder llegar a transmitir muchas emociones en este capitulo, Draco, pero no estoy seguro de que llegué a hacerlo.

En fin, os dejo un nuevo capitulo, y os aseguro que el siguiente será muuuucho mejor que este.


Capitulo 2. El ataque.

Las protecciones de la casa empezaron a temblar, inmediatamente adoptó una pose defensiva, esperando, esperando que pasara y que con suerte, todo fuera un error. Perdió la esperanza cuando sintió caer la primera de todas las capas que tenían, estuvo absolutamente seguro que algo iba mal, muy mal, cuando escuchó la un sonido, tan parecido a el canto de una sirena fuera del agua, un grito desgarrador. Detuvo totalmente lo poco que estaba haciendo en ese momento, de igual forma que el resto de los habitantes de la casa, justo después de que el sonido cesara, todas las protecciones empezaron a caer, una por una, hasta que al final, ya no quedó ninguna. No puede ser. Fue lo primero que pensó.

Eso solo significaba una cosa. Un maldita cosa.

El encantamiento Fidelius estaba roto.

Por Merlín.

Su corazón se detuvo, lo que pareció ser horas, aunque solo fue una milésima de segundo.

Sintió como le comenzaba a faltar el aire. No tenía tiempo. Tenía que moverse. Tenía que actuar ahora. ¡Ya!. No podía perder el tiempo pensando. Ya lo haría en algún momento, cuando estuvieran juntos. Juntos. Sentía como poco a poco las lagrimas comenzaron a bajar por su mejillas.

Ya no tenía importancia alguna lo que fuera que estuviera haciendo, tenía que reunirlos a todos. Era cuestión de minutos, segundos quizás.

Corría tan rápido como le era permitido. Varita en mano fue hacia el pasillo que llevaban a las escaleras que daban directamente con el salón, donde sabía que estaba el resto, esperaba, deseaba, rogaba que estuvieran allí.

- ¡Frank! ¡FRANK! - Gritaba, necesitaba saber que estaba bien, si él estaba bien, el resto lo estaría, o eso quería pensar.

-¡Papá! ¡Estamos en el salón, estamos todos!

En lo que fueron cuestión de segundo, bajando las escaleras, que en su tiempo amó al ser tan largas y hermosas, pero que hoy odiaba por retrasar en su llegada. ¡Malditas y estúpidas escaleras del demonio, joder, joder, joder!, se repetía como si de una letanía se tratara.

Al legar al final de la escalera inhaló y exhaló repetidas veces, hasta calmarse un poco. Debía mantener la calma.

Delante de él tenía a su familia, sus hijos. Sus hijos, de los dos. Esos niños a los que amaba, con un amor que no sabía que podía llegar a sentir, con un amor que no sabía que podía existir, al acabar ese pensamiento su corazón se detuvo menos de un segundo, de la misma manera que sucedió cuando las protecciones de la casa cayeron al completo.

Cuatro niños le estaban mirando, sus caras reflejaban tristeza, miedo y preocupación. Los cuatro sabían lo que estaba pasando, a mayor o menor escala, pero lo sabían. Desde que vieron los ataques que se estaban acercando, se comenzaron a preparar, sabían que cabía la posibilidad que esto, lo que ahora mismo les estaba pasando, pudiera suceder, en menos de un mes les enseñaron todo lo que pudieron enseñar a unos niños de tan corta edad. Sabían que hacer en el caso que las protecciones cayeran, que el Fidelius ya no estuviera. Se lo enseñaron todo. Pero aún y así, mantuvieron la esperanza que jamás pasara.

Acercándose a paso rápido, llegó donde estaban, comprobó sus cuellos. Los tenían. Gracias a Merlín los tenían.

Sintió el tan característico sonido de una aparición, si no calculaba mal, venia desde el jardín trasero. Solo contaba con un minuto, quizás dos.

- ¡Tips!.- Gritó

Casi al acabar de decir el nombre, apareció un elfo domestico con una camiseta gris, dos tallas más grande.

- Señor, aquí tiene a Tips para lo que necesite, señor.- Decía mientras hacía una reverencia tan grande, que sin duda alguna podría tocar el suelo con sus orejas

- Tips, escúchame bien, empezó el plan de escape, reúne a los elfos, sabéis donde ir, recoge todo lo que puedas de los niños.- Dijo.- Pero si ves que tu vida o la de alguno de otros elfos corre peligro, escapad.- Hablaba de forma tan rápida que dudaba que el pobre elfo, que en esos momentos le miraba con esos grandes y asustados ojos, le hubiese entendido alguna palabra.- ¡AHORA!

Viendo como Tips desaparecía delante suyo, se giró mirando a sus hijos, seguían en el mismo lugar que apenas unos segundos.

- Lo hemos ensayado.- Dijo con una voz que trataba de ser calmada, pero que con cada palabra parecía que ponía más nerviosos a sus hijos.- Vais a ir tocando el collar que tenéis puesto en el orden que ensayamos, no antes.- Vio como los cuatro asentían nerviosamente y dirigían su mano al collar.

Los primero en desaparecer fueron sus gemelos, Altair y Linx. Casi al segundo después Frank tocó su collar, mientras le daba una mirada nerviosa, queriendo transmitir esperanza y una petición que había sido formulada anteriormente. Te espero al otro lado, no me dejes. No nos dejes . Parecía decir su hijo. Lo entendía. Claro que lo entendía. Cogió a su hija Medea en brazos, la apretó tan fuerte como pudo, mientras sus ojos giraban mirando por última vez lo que fue su casa durante siete años y apretó con toda su fuerza el collar.

Lo último que pudo distinguir, no sin mucha claridad, tres figuras, probablemente hombres, entraban en el salón con sus varitas en al mano. Solo pudo ver que ninguno de ellos portaba mascara alguna, aunque llevaban ropas que les delataban. Mortífagos.

Sintió como el suelo se estabilizaba, ya no sentía los característicos movimientos de cuando se es trasladado. Paro aún así no abrió los ojos y apretó a su hija un poco más contra su cuerpo, podía sentir los brazos de su hija alrededor del cuello. Temblaba. No sabía si era su hija o su propio cuerpo el que temblaba.

Quiso abrir los ojos, pero se dio cuenta que no le servia de mucha ayuda, volvía a llorar.

Se obligó nuevamente a dejar de llorar. Llorar no ayudaba en estos momentos, podía sentir como sus hijos se acercaron a él, seguramente también llorando. Debía mantener la calma. Por él. Por todos.

Escuchó una voz conocida, una voz que le trajo paz. Una voz que le decía, aún si esas no eran las palabras formuladas que salían de la boca de aquella persona, que se encontraba seguro, podía respirar. Podría llorar tranquilamente.

Habían escapado.

- ...ta, venga ya puedes calmarte precios...- Decía aquella voz.

Poco a poco fue liberando a su hija, sentía como alguien, no sabía quien, la cogía en brazos, liberando le de un peso aún mayor que solo el de su hija.

Decían su nombre. Trató de quitarse las pocas lagrimas que tenía en sus mejillas con el puño de su camisa, tenía que enfocar la vista para distinguir con quien hablaba. Tardó un poco en darse cuenta que frente estaban Hermione y Pansy, ambas mirándole con pena. Comprendió la magnitud de todo lo que estaba pasando.

Estaba en Inglaterra.

Oh Merlín, Morgana y Salazar, oh santo Merlín. Fue lo primero que pudo pensar.

- Esta muerto.- Decía entre lagrimas y titubeos.- Muerto.- Repitió.- Por mi culpa...- Dijo tan fuerte como un susurro.

- No digas eso cariño, no es tu culpa.- Le decía Hermione mientras le abrazaba

- Se que estas mal y quieres, necesitas llorar.- se corrigió.- P-pero ahora no puedes cariño, debes aguantar un poco, llevaremos a los chicos a una habitación para que descansen y podrás llorar abiertamente, nadie te lo negará.- Dijo.- Nadie.- Repitió Pansy, con una voz tan dulce y que trataba de calmarle, una voz que la hacía parecer otra persona, cualquier persona menos ella. Funcionó.

- Llevaré a los chicos a la cocina para que tomen un poco le leche o coman algo y después los llevaré a una habitación.- dijo Blaise, cuando vio que respiraba con tranquilidad.

Escucho los pasos dirigiéndose hacia algún lugar, no supo como, sus amigas le ayudaron a que se sentara en un sofá. Escuchó susurros a su alrededor, susurros que le hicieron darse cuenta que había más gente además de sus amigas en el salón. Levantó la vista y pudo ver sus caras.

Allí estaban todos ellos, reunidos y mirando fijamente donde se encontraba sentado. Luna, Rolf, Dean, Hestia Jones, la familia Weasley al completo, contando lo que parecían ser las parejas de sus hijos, Daphne, Theo, Astoria, Vincent, las hermanas Patil, Smith y gente que no reconocía, ya fuera porque no recordaba sus nombre o simplemente no conocía.

Y también estaban ellos, la familia Potter.

Potter, Harry Potter, tenía la mandíbula fuertemente apretada y estaba pálido. ¿Porque? . Se atrevió a pensar, aunque en ese mismo momento supo la respuesta. La actual señora Potter, aunque llevaban años casados, le miraba con aprensión, enfado y con algo que no pudo identificar.

- Ti-tienes que decirnos que ha pasado.- Dijo una voz ronca, que pudo identificar como la voz de Dean. Seguramente también ha llorado. Pensó.

- Tiene que explicar muchas cosas.- Escuchó que decían.- ¿Porque ha pedido ayuda?, ¿Quien falta? ¿Quienes son esos niños?.-

Eran unas de las cuantas preguntas que pudo entender. Cálmate, tienes que calmarte, después podrás desahogarte tranquilo. Ya no sabía cuantas veces se había repetido la mismas palabras, una y otra vez, aunque parecían ir perdiendo significado poco a poco.

- Solo los antiguos miembros de la Orden del Fénix pueden convocarnos, b-bueno, solo ellos pueden hacerlo del modo que nos han llamado, y tú.- Escuchó, más no vio, como decía Potter.- Tú no eres un miembro.

- Y muchos de los que estamos aquí tampoco lo somos Potter.- Dijo Pansy, con tanto veneno en cada palabra, acompañado de una mirada fría.

- Es verdad lo que dices Harry, solo los miembros podemos convocar una reunión o pedir ayuda de la forma que se hizo.- Dijo Hermione, mirando a los ojos a Potter y añadió.- Pero esta reunión, esta convocatoria para pedir ayuda, la hizo un antiguo miembro de la Orden.-

- Él no es un miembro.- Dijo la señora Potter, con un tono de reproche y tratando de remarcar cada una de sus palabras.

- No.- Dijo con una voz entrecortada.- No lo soy y no lo seré nunca.- Aclaró y pudo ver la cara de desconcierto que reflejaban todos, menos sus amigos, ellos sabían todo. - Yo no pedí ayuda.

- Entonces vete.- Dijo Ginevra. Todos los que se encontraban en esa habitación se giraron a verla con una expresión diferente, algunos, sus amigos, con enfado y otros preguntándose el motivo de tanto veneno en cada de sus palabras.

- No se irá.- Dijo Luna, de una forma tan sería que sorprendió a todos.

- No, no se irá a ninguna parte.- Secundó Dean.

- ¿Alguien me puede explicar quien hizo la maldita convocatoria para ayudar a ...-

- No termines esa frase Ronald, si te atreves a decir algo en su contra ten por seguro que tendrás ocho varitas apuntando al cuello y estoy segura que más de una te atacará.- Dijo Hermione, interrumpiendo a Ron.- Y te aseguro que yo seré la primera en atacar.-

Todos quedaron en silencio. Un silencio que solo era interrumpido por las voces que se escuchaban de fondo, seguramente sus hijos que estaban en la cocina con Blaise.

- Bueno.- dijo Fred Weasley, después de aclararse la garganta.- Si no fuiste tú quien nos llamo a todos, ¿Quien fue?

- Su marido.- Dijo Rolf, el esposo de Luna.- Su esposo es quien nos llamó.- Aclaró, mientras se iba acercando hacia donde estaba sentado, tratando de darle apoyo. En todos los años que le ha conocido, Rolf ha sido una de las personas en las que ha visto que puede confiar totalmente.- Él nos pide, nos pidió ayuda para su familia.

- ¿Se puede saber quien es?.-

- Es...- Comenzó a decir Pansy, pero se vio interrumpida por la voz de su amigo.

- Neville.- Dijo miando a los presentes.- Neville Longbottom.- Susurró.

- ¿Donde está?.- Preguntó Blaise, que en ese momento entraba en la habitación donde se encontraban.

- Muerto.- Dijo

- Co-como puedes estar seguro que ha muerto...- Dijo Luna mientras salían lagrimas de sus ojos, segundos antes que Rolf estuviera con ella y la abrazara.

- Las protecciones cayeron.- Apenas podía hablar, no quería hablar con nadie de esa habitación.

- No puede ser.- Aseguró uno de los Weasley.- Tienes que estar equivocado, no puede estar muerto.

Después de tantos años, después de que ha pasado tanto junto a su familia y solo. Después de tener que tragar su orgullo en muchas ocasiones, después de aprender a controlar su carácter, aprender a morderse la lengua antes de decir algo que pueda ofender a otra persona. Después de casi diez años estaba seguro que ya no era el mismo niño mimado y estúpido que antes, sus hijos lo cambiaron, su marido lo cambió.

Pero los Weasley siempre encontraban la forma de hacer salir al antiguo Draco. A ese Draco que si se proponía podía matar con solo un pase de varita, ese Draco que cambiaba su dulce y cautivadora mirada, por una tan fría que estuvo seguro que sus hijos jamás lo reconocerían. Ese Draco, que en esos precisos momento salía a flote. Ese Draco que explotó.

- ¡¿Quien... Quien te crees que eres?!.- Dijo gritando, sus amigas lo soltaron como si quemara, todos los que estaban allí lo miraron sorprendidos, ya que hace apenas unos segundos apenas podía formular palabra alguna.- ¡¿Quien mierda te crees para decirme que estoy equivocado?! ¿Quieres saber porque estoy tan seguro que mi marido esta muerto?.- Preguntó, sin esperar respuesta alguna.- ¡Las protecciones de nuestra casa cayeron!.- No se había dado cuenta que poco a poco su voz, la que ya al empezar estaba gritando, ahora su voz sonaba tan desgarrada, transmitía tanto dolor, que todos, absolutamente todos los presentes sintieron como su corazón se encogía.- La-las protecciones cayeron.- Repitió mientras comenzaba a llorar. Pudo sentir como Pansy se acercaba y le abrazaba.- Las protecciones cayeron.- Volvió a repetir.- El Fidelius cayó... Las protecciones cayeron... S-si el Fidelius cae, solo significa u-una cosa.- Le costaba tanto hablar, le dolía pronunciar cada palabra.- Si el Fideluis cae.- Dijo con voz entrecortada.- Si cae, quiere decir que el guardián murió.

Si alguien en esa habitación tuvo la mínima esperanza de que la muerte de Neville fuera un error, después de las palabras pronunciadas por Draco dejaron de tenerlas.

Si Draco hubiese tenido fuerza levantar la cabeza y mirar a las personas que estaban allí, hubiese visto lagrimas en todos ellos. Lagrimas por perder un amigo. No supo cuanto tiempo estuvo llorando, o si continuó gritando, solo supo que de un momento a otro todo fue oscuridad.

Una oscuridad que le hizo recordar algunos momentos, momentos tan antiguos, como también algunos momentos que pasaron hace relativamente poco. Imagen tras imagen iban y venían en su cabeza: La primera vez que estuvo con Neville. El día que nació Frank. El día que se enlazó. Cuando supo que Neville estaba embarazado de Altair y Linx, sus gemelos. Cuando después de tanto trabajo pudo abrir su propia botica donde vendía sus pociones. Cuando Neville llegó a casa con lagrimas en los ojos anunciando que lo nombraban sub-director de la academia donde daba clases de herbología, la Academia Mágica de Perth. La vez que recibió una llamada de teléfono para decirle que su marido estaba en el hospital, aún recuerda cuanto corrió ese día, pensando lo peor y encontrando a un Neville llorando que le anunciaba que se había desmayado, se encontraba tan pálido y sudoroso, pero con una sonrisa en la cara y le anunciaba, sin dejar de llorar, que estaba embarazado y no se había dado cuenta. Recuerda con exactitud el momento en el que sus cuatro hijos tuvieron su primer indicio de magia. Recuerda como se juraron que estarían siempre juntos. Recuerda claramente como hace algunas horas atrás, cuando Neville salía de casa, le pidió que se cuidara y volviera con ellos.

Sintió que alguien abría la puerta de la habitación donde se encontraba, asustado, abrió los ojos para verificar que es lo que pasaba, quien era que abrñia la puerta. Pudo ver como sus hijos, los cuatro, entraban en la habitación, sin decir palabra alguna, los niños se acomodaron como pudieron en la cama junto a su padre. Nadie decía nada, las palabras sobraban y al mismo tiempo faltaban. Tenía que hablar con ellos, no sabía como, peor tenía que hacerlo.

- Chicos.- Dijo tras aclararse al garganta, cuatro pares de ojos le miraban, le pedían que les dijera algo. Lo que fuese.- Sa-sabéis que os quiero, ¿verdad?.- Esas cuatro cabezas que eran sus hijos, a los cuales amaba con locura, asintieron casi a la misma vez.- Sabéis que con vuestro padre, daríamos la vida por vosotros, ¿verdad? y que si no fuera algo muy grave, siempre, siempre estaríamos los seis juntos, ¿verdad?.- Los niños volvieron a asentir y pudo distinguir, en los ojos de Frank, su hijo mayor, como luchaba para no dejar salir las lagrimas que con tanta fuerza estaba conteniendo.- Vu-vuestro padre tuvo que luchar con gente muy mala, y después de luchar con ellos para protegernos ... n-no podrá venir a casa.- Necesitaba respirar, parecía que el aire se le escapaba a cantidades gigantescas con cada palabra que salía de su boca.

- ¿No viene a dormir?.- Preguntó su pequeña Medea, que con sus cuatro años, era tan despierta y lista, que aparentaba no tener su edad.

- No enana, papá no vendrá más a casa.- Dijo Frank, mientras la abrazaba.

- ¿Como que no vendrá?.- Dijo Linx.

- ¿Esta enfermo y tuvo que ir al hospital?.- Preguntó Altair, mirando desde detrás de su gemelo, mientras ambos le miraban esperando, aunque ellos ya sabían la respuesta.

- No niños, ni hoy, ni mañana vendrá papá, esta... Con la abuela Narcissa en el cielo... - Susurró Draco.

Poco a poco los niños fueron cayendo dormidos. No supo la hora que era, solamente quería que el mañana llegara pronto, esperando un nuevo comienzo, solo podía esperar que después de dormir y descansar un poco, los niños estuvieran más tranquilos. Que el mismo estuviera más tranquilo.

Antes de caer en los brazos de Morfeo, su último pensamiento fue para su esposo, su difunto esposo, el cual le fue arrebatado sin culpa alguna, solo por defender a su familia, solo por luchar contra los que lo querían muerto.

Y sin saberlo siquiera, aquel día estaría marcado en su corazón de una forma incluso más profunda de lo que el mismo esperaba. Porque aquel tres de Febrero del 2012 siempre sería recordado. Aquel día juraría venganza por su amor perdido, juraría matar a aquellos que hicieron posible que su esposo no estuviera con ellos.

Porque ese día juro, sin saberlo, que mataría al que antaño llamó padre, Lucius Malfoy moriría por ser participe de la muerte de su esposo.


Bueno, espero que les haya gustado el capitulo, a mi personalmente no me ha gustado, tenía unas ideas que quería transmitir y creo que no he llegado a hacerlo. Espero que en el siguiente si pueda expresaros lo que quiero.

Y ahora, a responder vuestros comentarios! (han sido más de los que me esperaba ^^)

Kuroneko1490: Pues si, es demasiado pronto para poder valorar el fic. Espero que sigas leyendo y acabes dando tu opinión.

Dayan Walker: Preciosa mía, no mueras y ámame, sabes que al final tendrás lo que tanto quieres, pero un poco de variedad, que ya has visto que fue muy poco, no le hace daño a nadie. Ya verás como te encantará.

Nozomi Black: Es normal que estés confundida, de momento no puedo aclarar nada, pero voy dejando mis pistas, aunque pronto, muy pronto tendrás las respuestas de todo.

Jey Hamilton: Digamos que yo le tengo muy poco cariño a Potter, así que no sufras, si a llegado a hacer algo, pagará por ello. Con respecto a la toruta de Draco, no por Merlín, amo a este personaje y no me gusta hacerlo sufrir, más de lo que ya sufre, claro.

También soy muy fan de los Neville/Draco, y verás que al largo de la historia, se nota mucho en este capitulo, desde 2003, que es cuando nace Frank, hasta 2012 que es cuando empieza el capitulo, tengo 8 años ''en blanco'', los he dejado así por que quiero ir haciendo algunos ''one-shot'' sueltos y ir subiendo al más puro estilo Nev/Draco, auqnue serán más bien un Draco/Neville.

janamiercoles2: Me alegra que encontraras las historias perdidas, a mi también me ha pasado que al leer un fic e ir a ver el perfil del autor, encontrar historias que daba por perdidas. Muchas gracias por el apoyo.

tristega: Gracias! Y no esperes más, aquí la tienes! Espero que te guste.

Dark Lady: Como ya dije, este es un Drarry, pero haré algunos ''one-shot'' sobre Draco/Neville, no sufras.