Capítulo 2

La búsqueda de poder

01

Draco conoce de los helicópteros. En realidad, conoce varias cosas referentes al mundo muggle porque, aunque en secreto, su familia no ha cortado lazos con él. Es imposible labrar en el mundo mágico una fortuna semejante, por lo cual han debido moverse con sigilo en un lugar prohibido para ellos. Estudian sus maneras, sus adelantos tecnológicos y, por supuesto, Draco como heredero Malfoy no se queda atrás.

Sus negocios muggles son un secreto, se han cuidado de evitar que se filtre información al respecto, más ahora cuando en la guerra contra el Señor Tenebroso era peligroso mantener aquellos lazos. Lucius debía ser el perfecto mortífago: sangre pura, leal a la causa, inmensamente rico, poderoso tanto con la varita como sin ella.

A Draco lo educan con el mismo recelo una vez tiene la edad suficiente para poder confiarle los secretos de los Malfoy. Ya no es un niño y debe irse preparando para continuar las labores de sus antepasados; el oro atrae a los Malfoy, o tal vez son los Malfoy quienes atraen a la riqueza.

En este sentido, su mentalidad es práctica y son cautelosos a la hora de moverse detrás de bambalinas. De quienes ostentan el poder, son la sombra. Los reyes en la sombra, piensa Draco una vez cuando Fudge es invitado a cenar en su casa y da la impresión en toda la velada que el primer ministro —o, incluso, el dueño del Reino Unido— es Lucius y no él.

Las malas lenguas hablan de que manejan al primer ministro y a su círculo con imperius, la realidad es más simple: es el dinero de Lucius y su influencia en tantas ramas del mundo mágico quien mantiene dominada la situación. ¿Una maldición? ¡Demasiado banal! Tal vez un mago de pacotilla lo usaría; Draco ha aprendido que los Malfoy son más sigilosos, delicados, eficaces.

Una vez se montó en un helicóptero. Fue gracias a un primo, quien tenía uno vayaMerlínasaberporqué. Draco, excitado, aceptó el viaje gratuito y la nueva experiencia, después de entender que no se trataba en lo absoluto de una extraña especie de dragón. A su regreso a su mansión en Wiltshire, ninguno de sus invitados habituales a la mansión le creyó la historia y tuvieron que aguantar el malhumor de Draco por ser considerado un mentiroso.

Sin embargo, considera que los transportes muggles no tienen nada que hacer con los mágicos. Ellos no pueden reproducir la sensación de volar en una escoba, también desconocen los hechizos de levitación y vuelo (aunque estos últimos sean sumamente difíciles de conseguir). En menos de un segundo, Draco puede encontrarse en Londres después de haber estado de compras por París gracias a los trasladores.

La ropa muggle, en cambio, no tiene nada que envidiarle a la mágica. Las túnicas están bien para la época de los fundadores de Hogwarts, pero la ropa muggle es más cómoda. Cuando se encuentra solo en la mansión, en compañía de sus empleados y sus padres, no duda en usarla. Más adelante, descubrirá que Daphne hace lo mismo en la intimidad de su hogar.

—¿Pero ustedes no odian a los muggles? —cuestiona Pansy cuando los escucha intercambiar opiniones al respecto.

—Por supuesto —dice Daphne, sin demasiada convicción, como si fuera una lección aprendida pero monótona. Tiene el mismo tono cuando habla de las guerras entre gigantes y duendes en Historia de la magia—. Pero no se puede negar que están mejor que nosotros en muchas cosas, como en moda. Moda. ¡Y el culto que le dan a la apariencia física! Ojalá los magos fueran igual de superficiales.

—Oh, dios —susurra Theodore Nott, quien está sentado en la misma mesa que ellos—. Al menos Malfoy y tú parecen tomarse en serio eso de volverse tan superficiales como los muggles.

—Nott no habla, pero cuando lo hace… —opina Pansy, feliz de tener un aliado.

—Sí, ¿qué tiene de malo ser un poco superficial? —pregunta Malfoy—. Me gusta cuidar la apariencia física y no lucir ese triste aspecto de los magos mayores que se toman a pecho eso de parecer almas errantes.

—¿Cómo quien? —pregunta entonces Zabini.

—Severus Snape —dicen entonces todos y se echan a reír.

Algunas veces hablan sobre su jefe de casa, se llenan de teorías al respecto de su apariencia: su cabello grasoso, su piel cetrina, sus dientes amarillos y su olor tan agradable como el sudor de un gigante en un día muy caluroso. Se preguntan si habrá quedado así gracias a una maldición anti-higiénica. Ni siquiera Nott, tan serio, resiste la oportunidad de colaborar en las suposiciones de su nido de serpientes.

Al final de la tarde, Draco y Daphne convencen a Pansy y a Nott de vestirse como los muggles. Pansy queda encantada de inmediato al presentarle un vestido corto y negro que le queda bastante bien; Nott es más reacio, pero da igual, porque la insistencia de un Malfoy y un Greengrass solo cesa cuando tienen cumplidos sus caprichos.

02

Daphne no es una única persona para todo el mundo; del mismo modo, se ha dado cuenta que existen múltiples Draco y múltiples Theodore que se van intercambiando mientras interactúan con su sociedad.

Daphne se cuida bien de la apariencia que da. Sabe que es hermosa, aunque sea una belleza delicada y frágil. No hace nada por demostrar a quienes no le interesa que lo sea, que es más que una chica preciosa, con una fortuna detrás asegurándole un esposo tan rico como ella.

Para las señoras que piensan que la bruja de sociedad solo debe ocuparse de criar hijos después de graduarse de Hogwarts, asiente y sonríe como si estuviera de acuerdo, alejándose de las polémicas que, por ejemplo, alguien como Hermione Granger hubiera provocado. Daphne reconoce cuando una batalla está perdida, a diferencia de Draco con su asunto —¿enemistad o despecho?— con Harry Potter o el interés romántico de Pansy con Malfoy. Es ridículo enamorarse ahora, cuando de antemano no se puede decidir al esposo con la libertad que otras poseen.

Con los profesores, los estudia de modo de adaptarse a ellos. Con Binns se comporta como un florero, pues al hombre le importa poco su relación con sus alumnos. Con Flitwick, habla y sonríe y lo adula; con Sprout se muestra educada y encantadora, mientras que con Trelawney se permite hablar más de la cuenta sobre lo que cree ella que ve con su ojo interior. Con Snape no habla, solo se esfuerza en darle buenos resultados que hablen por ella. Con McGonagall prefiere equivocarse lo menos posible, porque sabe que al igual que Snape le da puntos a Slytherin por el más mínimo detalle, la jefe de casa de Gryffindor se los quita.

En un principio, Daphne no tiene planeado ser diferente con Malfoy y Nott, pero el tiempo juntos, conociéndose desde la infancia, compaginándose los tres, le ha demostrado que es posible mostrarle una faceta rara de ella: la auténtica.

03

Draco está seguro que el casamiento oscila entre Pansy Parkinson y Daphne Greengrass, por lo que les da el mismo trato a ambas chicas. En un principio es fácil, porque la actitud no varía de la que tiene con el resto de sus amigos. Cuando cumple los catorce años, es consciente, por las exigencias que Pansy le pide cada vez más, que pronto la cordialidad y las bromas se van a quedar cortas para enfrentar la situación.

También debe elegir, de una vez, cuál de las dos chicas sería una esposa beneficiosa. A pesar de que está seguro que su madre tiene la respuesta, evita preguntarle y decide enfrentar el problema solo. Observa el comportamiento de las parejas de Hogwarts hasta quedarle claro que, en comparación, Draco parece un inocente cubo de hielo. Con más pesar que interés, prueba acariciar cada vez que se roza con alguna de las dos chicas y de dedicarle cumplidos estúpidos que Pansy recibe con una sonrisa encantada y Daphne con una mirada escéptica.

—No me gustas, Malfoy —le confiesa ella—. Y pensé que yo no te gustaba a ti.

—¿Y por qué no te gusto?

—Eres demasiado… No lo sé. Es que no te puedo imaginar con una chica. Lo siento.

El desaire de Greengrass fue el que provocó que Draco invitara a Pansy al Baile de Navidad y no a ella. Greengrass asistió con Zabini y Draco tuvo la impresión en toda la velada que no dejaban de hablar sobre él y sus inmensos esfuerzos por estar a la altura de las circunstancias, en especial cuando se aburre a pesar de que Pansy generalmente le ofrece buena compañía. Tal vez sea el hecho de que debe comportarse como el resto de los chicos con su cita. Llega a considerar que ha debido quedarse en la Sala Común con Nott.

En otra ocasión, Draco llega a la conclusión de que es el momento de besarse con alguna de ellas. Como teme la reacción exageradamente empalagosa de Pansy —quien sospecha, con temor, que está enamorada de él—, se lo propone a Daphne.

—¿Pero tú ya has besado a alguien antes?

—Sí.

—Mentiroso. No saldría nunca con un chico sin experiencia. Te sugiero la consigas y luego vuelves —le dice la chica, para después alejarse ignorando que ha dejado a Draco enfurruñado.

Se supone que ella debe ser su experiencia, ¿con quién más va a conseguirla? Pansy queda descartada, Tracey también pues no es aceptable que un sangre limpia tenga relaciones con alguien de menor nivel, Millicent no le parece bonita y no sabe cómo acercarse a las chicas de cursos superiores. Cuando prueba con chicas de diferentes casas, recibe un desdeño por parte de Hannah Abbott y un estallido de risas por parte de Padma Patil y sus amigas.

Cansado, y porque se encuentran solos en el dormitorio de Slytherin de cuarto curso, se sienta en la cama de Nott y mira a su dueño pensando si acaso estaría cometiendo una temeridad. Pero no le queda más opción.

—Me debes un favor, Nott.

—¿De qué hablas? Mis deudas contigo están saldadas —dice el chico, dejando su libro a un lado porque presiente que Malfoy se va a extender.

—No, no lo están. Me debes una bolsa de dulces.

—Eso fue un regalo.

—No, no lo fue. Pero no importa. Me la puedes pagar ahora y no te pediré dinero. Solo quiero una cooperación tuya.

—¿De qué se trata? —pregunta, viendo imposible negarse.

—Bueno… ¿Alguna vez has besado a alguien, Nott?

—No, no realmente. ¿Por qué lo preguntas?

—Supongamos que quiero probar antes de ir con alguien.

—¿Con Potter?

—¿Qué?

—Nada, sigue hablando.

—No, no, espera, ¿por qué insinúas que con quien quiero ir es con el-cara-rajada-se-me-cae-la-baba-por-la-novia-de-m i-rival?

—Es un apodo muy largo. Y yo hablaba en broma —decide aclarar Nott, ahorrándose preguntar cómo sabe aquel dato—. Estoy ocupado, Malfoy. Habla de una vez.

—Bueno…

Malfoy usa su varita para correr las cortinas y así tener intimidad. Nott sospecha que le va a pedir algo realmente grave. Solo que Draco jamás llega a pedirle nada, como presintiendo una negativa a la que no va a poder vencer. En su lugar, Draco le besa en los labios procurando que le corresponda a pesar de ser invasivo y no tener idea de lo que hace.

Nott, demasiado atónito para corresponderle en un principio, piensa que es mejor que comience a reaccionar o Malfoy querrá extender ese favor hasta quedarse satisfecho con la actuación de ambos.

La tarde siguiente se presenta con Daphne y le dice que ya está listo. Se besan, pero Draco apenas lo disfruta y la chica se da cuenta de que está fingiendo, por lo que deciden dejarlo sin más.

—¿Te gusta alguien más, Malfoy? —le pregunta, antes de irse.

—No, no realmente —le confiesa, sin querer aclararle que ella no le gusta de verdad, solo sigue pautas.

—¿Con quién te besaste antes?

—No te incumbe, Greengrass.

Sin embargo, vuelve a la cama de Nott más seguido de lo que antes la frecuentaba, y aprovecha cualquier espacio a solas de los que pueden disponer. No esperan tener una relación, ambos deben interesarse en chicas y seguir la línea de sus respectivas familias.

04

Una noche, antes de comenzar su sexto curso, Draco no duerme, pasan de la medianoche y sigue dando pasos febriles por toda su habitación. Las manos le tiemblan de emoción, los pensamientos se atropellan unos tras otros, a veces se imagina situaciones incoherentes respecto al futuro que, sin embargo, llega a considerar posibles.

El pensamiento más incoherente de todos es que va a asesinar a Albus Dumbledore el próximo curso. El escenario es soberbio, oscuro y lleno de asustados estudiantes que piden clemencia, mientras Draco, a quien nadie puede abatir, dispara la maldición asesina y le da en el pecho al anciano director de Hogwarts. Luego, se imagina entonces siendo recompensado por el Señor Tenebroso. A él y a su familia, reparando el error de su padre —un error del que no ha tenido entera culpa, pues otros mortífagos de verdad incompetentes lo arruinaron todo. Ellos y, por supuesto, Harry Potter—. Lleno de rabia, se guarda el impulso de usar su varita para causar hechizos destructivos. Esta será, además, una venganza hacia Harry Potter, el responsable directo de que su padre esté ahora en Azkaban y su prestigio por los suelos. Le quitará al director, quien siempre ha tenido una relación completamente inaceptable con él, y asesinado Dumbledore ¿quién destruirá al Señor Tenebroso? Nadie, se responde.

Casi al amanecer, se acuesta, ya más calmado de tanta emoción y pensamientos turbios, solo para imaginarse una última posibilidad. Ahora es la única que encuentra factible: asesinar a Dumbledore sin una gran demostración de magia negra, en la intimidad de su despacho, tal vez sin que él esté presente. Sabe que una rama de su familia es experta en venenos, podría usarlo también. Esa era el arma que usaban siglos antes para arreglar sus problemas con otras personas.

Cae dormido, pero es un sueño intranquilo. Un elfo doméstico lo despierta para el desayuno que tendrán con la compañía de su tía Bellatrix Lestrange. Imagina que van a celebrar.

05

Tracey Davis se sienta con ellos en el Salón Comedor. Pansy la mira con expresión desdeñosa y suelta un comentario sobre indeseables en la casa Slytherin. Crabbe y Goyle le ríen el comentario y Draco esboza una sonrisa floja.

No sabe cómo comportarse ante la única sangre sucia de su curso. Obviamente no es igual a él, pero considerando que solo Theodore Nott está a su mismo nivel, no es un hecho que sirva para considerarla tachada de su lista de relaciones. Además, la chica es inteligente y si ha caído en la misma casa que un mago como Merlín, debe existir una poderosa razón.

Draco es cuidadoso con el resto de las casas, pero ante los propios Slytherin se puede relajar un poco al respecto de la pureza de la sangre. Además, ¿quién lo sabrá?

En Herbología, Theodore, Zabini y Millicent se acercan a Tracey para que sean compañeros de trabajo. Pansy va a volver a criticar a la chica, pero Draco decide intervenir:

—El tema ya aburre, Parkinson.

Cuando se reúnen esa tarde en la Sala Común de Slytherin, Daphne invita a Tracey a estar con ellos. Pansy solo muestra su desacuerdo con la expresión del rostro, pero se ahorra cualquier comentario despectivo. Draco considera que es mejor así y, como le dice Nott a él después: ya tienen suficientes enemistades con el resto de las casas para encima buscarse peleas entre ellos.

06

Un Malfoy siempre consigue prevalecer. A pesar de la tempestad que casi los ahoga en la última guerra, los tres miembros de la rama inglesa mantienen la nave a flote, pese a las injurias y la drástica caída del prestigio del apellido. De la perdida de su posición dentro del mundo mágico.

A Lucius y a Draco les espera una ardua labor una vez vencido los mayores peligros después del derrocamiento de Voldemort (ya es posible decir su nombre, aunque nunca se sentirán cómodos con ello). Se han salvado de la cárcel, gracias al haber sabido cambiarse de bando justo en la batalla final. Un Malfoy es experto en pintar las situaciones a su conveniencia, y en la batalla de Hogwarts todos estaban tan inmersos en luchar y defenderse, mantenerse con vida, que nadie reparó en la actuación de Lucius, Narcisa y Draco. Solo Harry Potter tiene palabras al respecto, las suficientes para inclinar la balanza a su favor. Y la versión contada por Harry Potter vale más que cualquier opinión en contra.

Sin embargo, tener el agradecimiento del salvador del mundo mágico no es suficiente para convencer al resto. Los Weasley, en especial, han provocado una fuerte ola de descontento en cuando a la sentencia de los Malfoy. Lucius, una tarde, llega hacia Draco y le dice, sin rodeos:

—Tenemos la opción de irnos de Inglaterra. Recuperarnos en otro país será más llevadero que quedarnos aquí con tantos defensores de la justicia.

A Draco la idea le parece sensata, pero su orgullo no le permite responder de inmediato. Irse significaría una derrota, una mancha en el apellido: después de todo, ¿cuándo un Malfoy ha flaqueado ante toda una sociedad?

La última palabra, por supuesto, la dice Narcisa:

—Un Black no huye, ¿un Malfoy sí?

Por ello, los Malfoy permanen en Inglaterra pese a la tempestad que sigue alzándose contra ellos. Es un momento de transición, donde padre e hijo trabajarán juntos para convertirse en aves de fuego.

07

En cuestión de años, las habladurías en contra de la familia Malfoy solo se dejan oír en la intimidad de los hogares. Draco camina por el Ministerio como si fuera suyo; la mayoría lo saluda, esperando congraciarse con él. Otros siguen ostentando la inquina del pasado y lo ignoran. Draco sonríe internamente por la expresión de Ron Weasley cada vez que él y su esposa quedan juntos en las reuniones del trabajo.

Como su padre se ha retirado, le corresponde a él seguir manteniendo la superioridad de la familia en alto, de ese modo el camino para Scorpius será más sencillo. Recuerda que le ha prometido a Astoria llegar temprano, pues Scorpius tiene una presentación de piano y espera que su padre esté allí para verlo. Draco solo irá para cumplir, porque su hijo todavía no puede hacer gran cosa con el instrumento. Ni siquiera se ha mostrado demasiado interesado en él, cree que ha permanecido con las prácticas gracias a la insistencia de la madre.

Se reúne con Hermione Granger antes del mediodía y logran terminar justo antes del almuerzo. Al salir del despacho, Draco se encuentra con Harry Potter, quien después de despedirse de sus compañeros del departamento de aurores, se acerca a él.

—¿Libre?

—Por los momentos, al menos que decidas usar las esposas otra vez —susurra Draco. Harry sonríe, poniendo los ojos en blanco.

—¿Quieres ir a comer? No traje almuerzo y…

—No hace falta que te expliques.

Van a comer al mundo muggle, por insistencia de Harry más que nada. Las primeras veces Draco iba receloso a esas salidas, luego se acostumbró al cambio de ambiente y lo dejó estar. Comprende que Harry adora el anonimato que le proporciona aquel mundo; en él, solo son dos amigos que van a comer juntos mientras comparten anécdotas del pasado y del presente. En el mundo mágico la gente tiene demasiado claro sus nombres como para pasarlos por alto.

Sin embargo, a veces Draco prefiere ir con Harry al apartamento muggle que ambos alquilaron en Londres. Es un sitio secreto donde pueden dejar sus papeles para otro momento; ya ni siquiera se les ajusta el disfraz de amigos íntimos.

08

Ocurrió hace años. Y, convirtiéndolo en una rutina, lo fueron repitiendo hasta sellar con el silencio una relación prohibida.

Draco lo sabía desde un principio: debía unirse con una mujer y mantener la línea de los Malfoy; aquello era más importante que sucumbir ante el deseo de una emoción que se vale más de la espontaneidad. Obedeció a sus padres cuando le informaron sobre el cambio de planes: Daphne Greengrass rechazó el enlace matrimonial, pero su hermana menor se ofreció en cambio. Y tanto vale una como la otra.

Instó a Harry a hacer lo mismo, de mantener esa relación desabrida con Ginny Weasley. Obedeció a sus propios intereses: atar a Harry Potter en una relación libre de pasión y amor de su parte para que todo lo que no pudiera otorgarle a Weasley se lo diera a él.

09

Draco vive en Inglaterra saboreando su recién adquirida libertad. Lejos de la amenaza de Voldemort, Draco se permite salir a las calles después de varias semanas de encerramiento. Pese a los deseos de su madre, se ha atrevido.

Los Malfoy se han mantenido en alerta desde que antiguos mortífagos siguen sueltos; algunos podrían querer vengarse de ellos por haber traicionado a la causa. Además, en el otro bando, el bueno, el resentimiento contra su familia nubla el juicio hasta del más sensato.

En el callejón Diagon, Draco procura mantener un bajo perfil. Revisa la lista de libros para el año extra en Hogwarts que debe hacer pues debe cursar nuevamente materias como Defensa contra las Artes Oscuras, después de invalidar lo aprendido el curso anterior. Es comprensible, porque las clases se limitaban a convertir a los interesados en candidatos a mortífagos y a torturar a los demás.

Parece que será un año tranquilo. Por las cartas, la mayoría de sus compañeros de Slytherin va a asistir. Menos Zabini, quien irá a una escuela de magia en el extranjero. No tiene noticias de Goyle. Su amigo lo ha evitado desde que terminó la guerra. Greengrass le aconseja que le dé tiempo para asimilar todo lo ocurrido, que no puede culparle eternamente por seguir vivo.

Draco piensa todo lo contrario. El humano posee una capacidad infinita para alimentar el resentimiento; por ello, la política en contra de los muggles por crímenes cometidos siglos atrás. Por ello, el trato a menos de los Slytherin por culpa de un mago que no sólo reclutó serpientes en su ejército.

El ataque ocurre antes de que pueda darse cuenta y defenderse. Cae al suelo, herido, con la mano a medio camino hacia su varita. Pronto se da cuenta de que sangra y no puede moverse para intentar huir o atacar; maldiciendo, procura identificar a su atacante en medio de la conmoción que él protagoniza. Justo cuando ve venir otro hechizo del rival, este se desvía gracias a otro hechizo contrario.

Quien se ha acercado a él como su barrera protectora le da la espalda, con la varita en alto, pero incluso en el suelo y confuso puede reconocer a aquella persona. Siempre ha podido, no por nada ha ocupado un sitio importante dentro de sus pensamientos.

—Harry Potter… —susurra—, más te vale que hagas el trabajo bien —termina, sonando como si fuera una orden.

10

Al despertar, Draco tarda en asimilar la situación. No está en una habitación de hospital, y no entiende por qué si ha sido atacado. A lo mejor fue secuestrado. Estúpido Harry Potter. Toda su vida salvando gente y, cuando le toca a él —otra vez—, falla.

No se puede decir que la primera vez lo haya hecho mejor.

Draco se levanta e inspecciona la habitación. Encuentra un retrato que se le hace familiar, cree haber visto a aquel joven en otro lugar, pero no recuerda cuál. Por lo demás, siente un poco de dolor al caminar, pero nada que sea un mal de morir.

La puerta de la habitación se abre y aparece su salvador.

—¿Por qué no estoy en San Mungo? —le reclama, antes de pensar en un agradecimiento.

—De nada, fue un placer salvarte el culo otra vez —le responde Harry, sin rastro de mala intención—. No te llevé porque no es seguro. No sé quién te atacó, pero no iba a dejarte en manos de cualquiera.

—¿Qué clase de lógica es esa? Me ibas a dejar con gente capacitada.

—Y desconocida. Y que tiene todavía mucho en contra de tu familia. No te compliques. ¿Cómo te sientes?

—Maravilloso, porque tú fuiste mi héroe.

—Hablo en serio, Malfoy.

—¿Por qué crees que yo no? —Draco piensa en seguir molestándole, pero recuerda el retrato. Lo señala—. ¿Quién es él?

Harry se tarda en reconocer al joven.

—Regulus Black. Esta es la…

—… casa de mis ancestros. La que te adueñaste. No, no es un reproche, ¿quién va a querer una casa vieja llena de cachivaches y recuerdos de otros? Solo tú tienes tal mal gusto como para vivir aquí. Oye, ¿le avisaste a mis padres?

—No. No se me ocurrió.

—Por supuesto que no se te ocurrió.

Draco pone los ojos en blanco y, caminando a paso lento, le pregunta a Harry dónde se encuentra la red flu.

Cuando ha hablado con sus padres, es consciente que debe esperar unos días más para poder recuperarse por completo. Harry Potter, de buena fe, le ofrece su casa para todo lo que necesite, como si acaso no existiera toda una vida de rivalidades entre ellos. Derrotar a Voldemort hace que lo demás luzca insignificante, piensa.

—Bien, Potter. Me quedaré aquí. Acepto tus ruegos por atenderme.

—Lo has entendido como te ha dado la gana —observa Harry, y mira desconcertado la mano que le ofrece Draco. Acaba por estrechársela—. En fin, pero aquí vas a cooperar un poco. No te quedaste paralítico.

Draco recuerda, años atrás, esta misma escena. Se le ocurre que, a pesar del retraso, por fin puede conseguirlo.

—¿Cooperar en qué si aquí hay un elfo doméstico? —cuestiona, pero Harry está decidido a poner su paciencia al límite.