Disclaimer: Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenecen.
2/38
Dedicada a: Lucia991, por introducirme en esta maravillosa parejita y por su incondicional apoyo =).
¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Bueno, como dije que haría (un capítulo al día), he aquí el segundo capítulo de ésta historia, que espero disfruten. Así como espero hayan disfrutado el anterior. De antemano, gracias, de verdad, por darle una oportunidad a mi historia e invertir su valioso tiempo en leerla. Muchas gracias, de verdad. Y, si se sienten inclinados, me encantaría saber qué piensan o qué les parece, para así poder mejorar. En fin, espero que éste capítulo les guste. ¡Nos vemos y besitos!
Aversión a primera vista
II
"Aversión a primera vista (II)"
Primer año, para Lily, había pasado volando. Había aprendido muchas cosas, muchas de las cuales había olvidado ya también. Además, había decidido, odiaba pociones. En realidad, no era tanto la materia en sí, sino el hecho de tener que estar en las mazmorras con los de Slytherin. Y aunque odioso Slytherin Nº 1 no estaba, dado que era dos años mayor que ella, las cosas eran iguales de horribles. Ya que, en opinión de Lily, todos los Slytherin se parecían. No en aspecto, bueno, no todos, pero sí en personalidad. De hecho, parecían competir para ver quién era el más desagradable. Pero, para desgracia del resto, Scorpius seguía siendo el peor de todos ellos. Por esa razón también, Lily no podía esperar para intentar conseguir el puesto de buscadora en el equipo de Gryffindor (dado que finalmente tenía la edad para intentarlo) y humillarlo en el campo, atrapando la Snitch antes que él, dado que era conocido por todos que Scorpius era el buscador de Slytherin. Fred y James, ambos bateadores, aparentemente estaban entusiasmados con la idea también. Dado que querían tener luego la oportunidad de enviarle volando una bludger a la cabeza. Rose desaprobaba la idea por completo, evidentemente, y Molly acordaba con su prima dado que, como aspirante a prefecta, debía señalar todas las razones por las que no era correcto hacerlo. Lily sospechaba, a pesar de todo, que Fred y James planeaban algo. Y ésta vez hasta Albus parecía involucrado.
Por supuesto, las audiciones para conseguir buscador terminaron con ella consiguiendo el puesto. Era esperable, después de todo, su padre había sido el mejor buscador y su abuelo también y su propia madre había jugado para las arpías de HolyHead y se esperaba de ella que fuera una gran voladora, como su madre. Además, Lily había practicado mucho desde niña, primero escabulléndose y robando las escobas de sus hermanos cuando aún no la dejaban volar y luego jugando con James y Fred y Teddy y sus tíos ya que entre todos podían prácticamente armar dos equipos por su cuenta, cada vez que todos tomaban una escoba. Y Lily había aprendido algún que otro truco a la hora de volar y jugar al Quidditch también. Alguno de éstos cortesía de su madre y otros tantos más consejos sobre cómo derribar competidores del tío George. La mayoría de los cuales incluía atraer una bludger hasta los contrincantes y apuntar con la quaffle a la cabeza de los demás. Y, por supuesto, las anécdotas de sus padres de cuando todos ellos habían jugado, como la vez que su padre aparentemente había perdido todos los huesos de su brazo y la vez que había vencido a Malfoy (padre) atrapando la snitch primero y Lily estaba dispuesta a repetir esa historia. Si debía hacerlo, Scorpius Hyperion Malfoy mordería el polvo. Tal y como había hecho ya Revenclaw, en el último juego contra éstos.
—Éste año sí ganaremos la copa, con Lily en nuestro equipo —exclamó Fred, animado, caminando junto a James y ella.
James sonrió y le pasó el brazo por detrás del cuello a Lily, expresión de complacencia —Esa es mi hermanita. Le patearemos el trasero ésta vez a Malfoy y los de Slytherin, ¿verdad Fred?
El pelirrojo asintió —Solo recuerda, Lily. Tienes que atrapar la snitch en el rostro de Malfoy y ganaremos. El partido de Hufflepuff será pan comido.
La pelirroja torció el gesto, soltándose del agarre de James —Ya lo sé —aunque amaba a su hermano, encontraba que era difícil tolerarlo cuando estaba junto a Fred, dado que ambos parecían potenciarse mutuamente.
Tanto que su tío George había asegurado que eran la viva imagen de él y Fred cuando eran más jóvenes, solo que James –había bromeado- no era tan apuesto como lo había sido su hermano o él, que aún sin una oreja era más atractivo que James. Ginny, su madre, lo había amenazado con hacerle un maleficio de mocomurciélagos si volvía a decir que su hijo no era atractivo, y George había cerrado inmediatamente la boca. Tío Ron había reído y dicho que era como en los viejos tiempos, solo que por entonces Hermione lo reprendía más seguido. Lily realmente creía que las cosas quizá no habían cambiado tanto como sus padres creían. Al menos no en lo que a ciertas cosas respectaba.
Desgraciadamente, los días eran ahora fríos y las condiciones no parecían las más favorables para jugar. El campo, usualmente de un vibrante verde, se encontraba lleno de escarcha que hacía lucir la hierba más pálida. Y la gente, amontonada en las tribunas, se encontraba abrigada hasta el cuello con las bufandas de sus respectivas casas. Lily misma inclusive llevaba la bufanda de Gryffindor firmemente asegurada alrededor del cuello. Cuando se detuvieron en los vestuarios, James puso una mano en su hombro derecho y Fred otra en el izquierdo —Nosotros cubriremos tu espalda —aseguró el primero, y el segundo acotó, con una amplia, amplia sonrisa—. Nos aseguraremos de que no te golpeen, muy fuerte... —James, como era esperable, rió.
Lily se apartó del alcance de su hermano y primo, labios presionados en una línea —Gracias, ese es un consuelo... —sinceramente, prefería confiar en un Colacuerno húngaro a depender de esos dos. Mejor conseguir la snitch rápido, decidió. Afortunadamente, Albus era guardián y al menos podía contar con que su hermano vigilara los postes.
Entre las tribunas, pudo ver a Rose, Molly, Lucy, Dominique, Lois, Roxanne y Hugo alentando por ellos. De hecho, y si debía admitirlo –con una sonrisa-, no había sido difícil reconocerlos, no con la cantidad de cabezas pelirrojas reunidas en un solo lugar.
La voz de Scorpius le borró la sonrisa del rostro —¡Hey!, Potter, ¿lista para perder?
Ginny aferró el mango de su escoba con más firmeza, dedicándole al rubio platinado una mirada de desafío —Ya quisieras, Malfoy —le espetó, firme y con el mentón alzado. Y luego, sin más, montó su escoba y de un golpe con el pie al suelo, se elevó. Scorpius frunció el entrecejo y la imitó.
En primer lugar, no permitiría que una Potter, sangre impura y pequeña niña mimada le ganara. No a él, que era un Malfoy, miembro de una de las últimas familias sangre pura de Inglaterra y de la gran casa de Slytherin. Y ciertamente no permitiría que alguien que creía que podía ganar con solo ostentar los logros de sus padres en Quidditch lo hiciera. Además, su padre había afirmado que Potter ni siquiera era tan bueno en Quidditch y su madre seguramente había únicamente tenido suerte de entrar en las Arpías de HolyHead. Si, eso era, suerte. Y Scorpius no permitiría que los Potter y Weasley le ganaran. No a él, de todas las personas —¿Y Weasley por qué no juega? ¿Malo como su padre o simplemente tiene miedo de ser golpeado por una bludger? —gritó socarronamente, manteniéndose ahora en el aire al mismo nivel que la pelirroja.
Lily supo al instante que se refería a Hugo. Le dedicó una mirada furibunda —Ahórratelo para cuando pierdas, Malfoy —y se aferró con fuerza al mango de su escoba. Cuando el partido comenzó, Lily no perdió tiempo en elevarse por encima de los postes e intentar encontrar la snitch lo antes posible. Malfoy, al otro lado del campo, volaba en círculos también escaneando el campo de juego con la mirada.
Frunciendo el entrecejo, Lily inclinó hacia abajo la punta del mango de la escoba y descendió unos metros, buscando la snitch dorada completamente concentrada. En el fondo, oyó unos vitoreos y la voz del comentarista anunciando que Slytherin acababa de adquirir posesión de la quaffle y se dirigía directamente a los postes de Gryffindor. Unos segundos después, el vitoreo aumentó y Gryffindor iba perdiendo 10 a 0. Media hora más tarde, y aún sin haber visto siquiera un atisbo de la snitch, Gryffindor iba perdiendo 120 a 40. Lily aferró el mango y aceleró, decidida a no permitir que Slytherin les ganara. En ese momento, sin embargo, un suave aleteo, a modo de zumbido, sobre su oreja derecha la detuvo. Volteando la cabeza, la vio. Pequeña y dorada aleteando de un lado al otro.
Extendiendo la mano, intentó atraparla, pero la pequeña bola dorada se apartó de su alcance y descendió en picada. Siguiéndola, Lily hizo lo mismo, aferrándose con todas sus fuerzas a la escoba y encorvándose (como su madre le había enseñado) para ganar velocidad. Desgraciadamente, su cambio de dirección brusco alertó al otro buscador del apercibimiento de la snitch. Cayendo en picada también, Scorpius se puso a su lado, hombro a hombro, intentando alcanzar la pequeña esfera antes que la pelirroja —Ríndete, Potter. ¡La snitch es mía! —gritó, por encima del sonido del viento latigueando contra ambos. Lily no dijo nada, en cambio, aceleró el vuelo. Malfoy la siguió de cerca.
Ya casi la tengo. Pensó la pelirroja, extendiendo la mano y rozando la pequeña pelotita dorada con las puntas de sus dedos. Sin embargo, cuando estaba por cerrar sus dedos alrededor de ésta, algo la golpeó violentamente en el hombro haciéndola perder el equilibrio. Malfoy se adelantó, carcajeando satisfecho y volviendo la cabeza para verla intentar recobrar el equilibrio. Una vez lo hizo, salió zumbando a toda velocidad tras el buscador de Slytherin y la snitch, pasando de largo al primero, y acercándose a la segunda, sus dedos rozando una vez más el suave alteo de las pequeñas alas de la esfera. Por segunda vez, algo la golpeó fuertemente de atrás pero esta vez mantuvo su equilibrio. La segunda vez, en cambio, ambos buscadores cayeron al suelo, rodando por la hierba del campo enredados en las escobas, uno de los mangos de las cuales se clavó en el estómago de Lily.
—¡Y ambos buscadores caen al suelo! —exclamó el comentarista.
Y Lily tosió, intentando recobrar el aliento y ponerse de pie o, al menos, arrodillarse. Su visión borrosa. Su mano derecha cosquilleando.
—Pero... ¿Qué es eso...? ¿Acaso Potter tiene la snitch?
Abriendo la mano, Lily confirmó que, en efecto, estaba en posesión de la snitch. Sonriendo, con dificultad y dolor, la alzó para mostrarla al público —¡Así es, Potter ha atrapado la snitch! Eso deja a Gryffindor 190 a 120 sobre Slytherin. ¡Gryffindor gana!
Dedicando una última mirada a Malfoy, que se encontraba en el suelo también, tosiendo y jadeando, se desmoronó. Su visión tornándose borrosa. Cuando despertó, la siguiente vez, se encontraba en la enfermería. Su cama rodeada mayoritariamente de cabezas pelirrojas a excepción de las de sus dos hermanos, cuyas cabelleras negras desordenadas contrastaban con la cobriza brillante de sus primos —Lily, eso fue genial —exclamó Hugo, emocionado.
James rió —Deberías haber visto la cara de Malfoy —y Fred acotó, como solía hacer, también carcajeando—. Parecía que hubiera comido pastillas vomitivas.
James asintió —Lástima que no pudimos mandarle esa bludger en su dirección —Fred acordó—. Estuviste genial Lily. Esa es nuestra buscadora.
El mayor de los Potter sonrió —Ésta vez ganaremos la copa.
Rose puso los ojos en blanco —No la de las casas, si siguen restándonos puntos por sus travesuras —señalando severamente lo obvio. La última vez que Fred, James y Albus se habían escabullido bajo la capa de invisibilidad habían sido descubiertos y Gryffindor había perdido 60 puntos.
Albus sonrió —No te preocupes, Rose. Con tus notas seguro que ganaremos.
Lily los observó a todos con una sonrisa, pero luego cerró los ojos. Estaba cansada, no lo negaría. Y el estómago y las costillas aún le dolían allí donde la punta de la escoba la había golpeado al caer. Además, y aunque amaba a sus hermanos y primos y a todo su familia, aquello era una exceso de Weasley's y Potter's. Simplemente demasiado para tolerar, estando en la enfermería. Afortunadamente para ella, Madame Hickey vino y comenzó a apresurarlos para que se marcharan, asegurando que la paciente debía descansar. Todos se despidieron de ella, afirmando que vendrían a visitarla al día siguiente, y Lily solo asintió, cerrando los ojos. Madame Hickey espiró, ordenándole severa y apresuradamente que tomara un brebaje —Bebe esto, regenerara esa costilla fisurada.
Lily obedeció, torciendo el gesto ante el horrible sabor del brebaje. La mujer le quitó el vaso una vez lo terminó —¿Qué esperabas, jugo de calabaza? —y se volteó, apartando las cortinas de la cama junto a la de Lily—. Tú también. Tienes dos rotas.
La pelirroja se volteó, solo para comprobar, con ligera sorpresa, que se trataba de Malfoy, el cual hizo la misma cara de asco al beber el brebaje. Cuando la mujer se marchó, sin embargo, el rubio platinado torció el gesto y la miró por el rabillo del ojo —¿Qué miras, Potter?
Lily frunció el entrecejo —No a ti, Malfoy —espetándole en devolución. No se dejaría amedrentar, no por Malfoy, de todas las personas. Después de todo, tío Bill siempre había dicho que había heredado el fogoso temperamento y fuerte y firme carácter de su madre y Lily estaba dispuesta a probar cuán cierto era aquello, especialmente frente a Scorpius.
El rubio se cruzó de brazos, arrepintiéndose de hacerlo cuando sintió el punzante dolor de sus costillas quebradas en el interior de su pecho —Maldición —masculló, por lo bajo—. Todo esto es culpa tuya. La snitch era mía.
—Si lo hubiera sido, Slytherin habría ganado —señaló con obviedad, molesta—. Además, tú me chocaste con tu escoba.
—No seas llorona, Potter —terció, fastidiado. Había perdido. Él, de todas las personas. Y frente a una de segundo. Frente a una Weasley, a una Potter y frente a una Gryffindor sangre impura.
—El que está llorando eres tú, Malfoy —señaló, dado que era el rubio quien había empezado a quejarse de todo y a culparla a ella. Éste se silenció, tensando la angulosa línea de su bien definida mandíbula. Sus fríos y duros ojos grises clavados en el techo de la enfermería.
Lily frunció el entrecejo, notando algo que no había notado hasta el momento —¿Nadie vino a visitarte?
El rubio la miró de por el rabillo del ojo, sin siquiera inmutarse —¿Cómo quien, mi sobrepoblada familia gentuza? —respondió mordaz, ácida y maliciosamente—. Yo no soy como tú, Potter —y, sin más, se volteó, dándole la espalda.
Nadie vendría, porque había perdido y deshonrado a Slytherin y a la casa Malfoy y por ende nadie se molestaría en ver si se encontraba bien, no esa noche al menos, y no hasta que el disgusto de que hubiera perdido se disipara. Quizá al día siguiente Croft y Goyle, es decir, los idiotas que solían seguirlo como sombras por todos lados y que hacían llamarse sus amigos, vinieran. Solo quizá. No que importara. No que los necesitara. Él era una Malfoy, después de todo.
Lily, por su parte, se quedó mirando la espalda ancha del rubio, perfilada en su dirección. Sin realmente sentirse ofendida por las palabras del rubio dado que, en aquel momento, Malfoy no le pareció hostil y bravucón y engreído. No, realmente. Sino claramente defensivo. De una forma hostil, sí, pero defensivo. Y Lily pensó, solo entonces, que quizá, solo quizá, era un poco triste también... El que nadie hubiera ido a visitarlo... El que nadie se hubiera preocupado por su bienestar...
Así que dijo —Buenas noches —y se dio vuelta, dándole la espalda a él y cerrando los ojos. Sin oír respuesta alguna, como era esperable.
Scorpius, en cambio, la observó por encima del hombro –sin dejar de darle la espalda- y volvió a apoyar la cabeza en la almohada, entrecejo fruncido. Pff, cómo si necesitara de tu lástima, Potter... No lo hacía, no realmente. Porque él era un Malfoy. Y aquello definitivamente había sido aversión a primera vista.
Definitivamente.
Nada más. Nada menos.
