Capitulo II

"Presente"

Pase las dos últimas semanas en cama con un fuerte resfriado. Lo malo de estar sola es que no puedes depender de nadie más. La primer semana Yuki paso dos o tres veces para ayudarme con mis compras y a visitarme; debo decir que si no fuera por ella no se que hubiera sido de mi.

No quise preocupar a Hanabi, quien también tiene una vida personal, así que decidí arreglármelas por mi cuenta como pudiera; al fin y al cabo había huido de Konoha para iniciar una nueva vida, una en la cual yo debía hacerme cargo de mi propio ser.

Lave varias mudas de ropa y las colgué sobre la estufa hogar que se hallaba en el living comedor. Si bien mi casa no era espaciosa como la mansión Hyuuga, al menos poseía todo lo que necesitaba para satisfacer mis necesidades. Una pequeña cocinita que compartía con el living comedor, la alcoba y un baño personal.

Mientras transitaba de forma fantasmagórica por mi departamento, colgando unas cuantas mudas de ropa, oí un ruido de llaves en la puerta lo cual me sobresalto.

-¡Hina soy yo! –Dijo Yuki entrando por la puerta y cargando varias bolsas entre sus brazos.

-¡Yuki! –trate de ir en su auxilio.

-¿Qué rayos haces levantada? –Inquirió sobresaltada al verme parada a su lado intentando apoderarme de una de aquellas bolsas.

-Estaba lavando algunas mudas de ropa… -mostrándole mi hazaña.

-¡Hinata, el médico dijo estrictamente que debías quedarte en cama! –exclamó furica.

-No puedo Yuki, tengo que arreglármelas sola. –Tomando una de las bolsas y depositándolo sobre una de las mesas de la cocina.

-Hina eres muy orgullosa y eso no te servirá de nada. En estos momentos necesitas de mi ayuda y a mi no me cuesta nada ofrecértela ¡Entiendes!

-Gracias Yuki eres la mejor amiga que jamás pude encontrar… -Sentí una profunda necesidad de abrazarla. A pesar de ser una completa desconocida a quien solo trataba desde hacía pocos meses, la muchacha, se había convertido en un ser muy especial para mi; tanto, como mi hermana Hanabi.

-Hable con la señora Haruka y me dijo que si yo no tenía inconveniente podría reemplazar a Azuza durante el turno matutino y ella me ayudaría durante la tarde reemplazándote a ti.

-¡De ninguna manera!

-Hinata… necesitas ese trabajo… -sentenció compungida.

-Lo sé pero no permitiré que tú hagas todo ese trabajo.

-Descuida yo no tengo otra cosa que hacer durante estas semanas así que me parece bien ayudarte hasta que te recuperes completamente.

-Ya estoy bien; de hecho pensaba ir a trabajar mañana y retomar mis clases en la facultad.

-Eso no. El medico dijo que tenías un resfriado muy fuerte y que si no te cuidabas eso podría llegar a una pulmonía, y no es broma Hina. –Yuki me sentó de sopetón en una silla. –Vas a cuidarte solo unos días más, si haces una tontería como esa estarás mucho más tiempo en la cama.

-Pero…

-Pero nada… –replico suspirando ofuscada.

-Aún que sea déjame ayudarte a acomodar los víveres… -La miré suplicante.

-No, quédate ahí, prepararé un té. Tengo que contarte algo. –Mientras ponía agua a calentar sobre la cocina.

-¿Qué cosa? –La chica se tornó seria por un momento.

-Fui a ver al amigo de Sora, ese tal Sasuke, a la facultad.

-¿Por qué fuiste a verlo? –acomodándome en mi silla.

-¡Como no iba a ir, ese tipo cometió una canallada contigo!

-No fue culpa suya Yuki, más bien yo fui la terca por no escucharte y salir sin paraguas. –Suspirando.

-En fin seguramente tienes parte de la culpa, no desligo eso, pero creo que él también es "en parte" el causante de tú estado. –Depositando una taza de té sobre la mesa.

-¿y que paso?

-Bueno para mi sorpresa ese tal Sasuke Uchiha es… como decirlo… todo un galán con las chicas.

-¿Por qué lo dices? No tenía pinta de ser un mujeriego, bueno al menos no me lo pareció. –Aseveré incrédula.

-No puedes negar que es muy atractivo Hina… -Yuki suspiro.

-Y veo que haz caído en sus garras amiga. –Echando a reír ante lo cual la muchacha rompió a carcajadas.

-No me hagas caso, sabes que yo amo a Sora. En fin, la cuestión es que fui a increparlo y por supuesto estaba rodeado de muchachas. No te puedes imaginar la cara de esas chicas cuando me le acerque y lo llamé por su nombre.

-Vaya debe de tener un gran numero de fans –sorbiendo mi te.

-Bastantes, créeme. Le dije que lo que te había hecho pasar en la cafetería era imperdonable y que tú no merecías que nadie te tratara así, que era un ser despiadado y sin corazón que no sabía la clase de mujer que se perdía. –Sirviéndose una taza de té y sentándose a mi lado. –Creo que no esperaba esa reacción en mí. –Yuki rió.

-¿Y que te dijo?

-Bueno no le deje responder, me fui muy ofuscada de allí. –Exclamó enfadada -Yo… quiero pedirte disculpas Hina por haberte presentado a ese tipo… -Yuki se tornó cabizbaja -lo que menos hubiese querido era que salieras otra vez lastimada. Se que has sufrido mucho por alguien y creo que todo debe darse a su tiempo. Yo quise apurarte y ahora me doy cuenta de mi error.

-No te disculpes Yuki –Colocando mi mano sobre su hombro a lo cual la chica me miró asombrada –Tú no tienes la culpa de nada, simplemente no compaginábamos es todo.

Para mi mala suerte el virus que padecía se rehusaba a abandonar mi organismo y tuve que pasar encerrada en casa una semana más. Yuki trabajaba doble turno en la cafetería de la señora Haruka y en sus ratos libres me llamaba por teléfono.

Tuve que notificar mi estado en la facultad para justificar mis faltas y que pudiera acudir a rendir mis exámenes cuando estuviera repuesta. Lo malo sería conseguir los apuntes de algún compañero. En el tiempo que cursaba allí no había hecho amigos o al menos conocidos como para pedir el préstamo de aquellos papeles.

Eran casi las seis de la tarde. Yuki saldría tarde esa noche y me había quedado sin antibióticos. Me vestí y abrigue, me envolví en una gruesa bufanda y salí rumbo a la farmacia. Camine un par de cuadras hasta llegar al lugar. Hacía más frio que de costumbre ese día, y una gélida ventisca impregnada de copos de nieve se mecía por toda la ciudad.

A pesar del clima y de la atmosfera inhóspita no era la única deambulando a esas horas por la ciudad. Parecía que la temperatura favorecía los abrazos para contener el frío y el revuelo de hormonas por doquier, esto me causo risa.

Centre mi vista en una joven parejita que caminaba en frente de mí. Ambos cuchicheaban junto al oído del otro mientras reían por lo bajo con complicidad. Caminaba ensimismada mirándolos cuando una cabellera dorada resalto una cuadra más adelante.

Mi corazón se agito, mi estomago se revolvió y mi garganta se anudo torpemente ante aquella aparición. Detuve mi paso, era él, tenía que ser él. Me desespere y comencé a seguirlo con rapidez.

Solo podía observar aquella dorada cabellera de ensueño tomando la delantera. La gente circulaba a mi alrededor y esquivarlos en mi estado se había tornado todo un suplicio. Para mi asombro lo vi ingresar en la farmacia ¿Acaso todo aquello era una señal? ¿Podría Naruto estar allí? No lo dude ni un segundo y me adentre al lugar con rapidez.

El recinto era amplio y con varias estanterías dispuestas en el medio del salón. Había algunos compradores en el mostrador pero ni rastro de Naruto. Comencé a caminar bordeando las estanterías. Mi desesperación aumentaba con cada paso ¿Qué le diría? ¿Se acordaría él de mí?

Me pareció verlo rumbo al mostrador. Corrí lo mejor que pude junto a él; mi corazón se acelero y mi respiración era cada vez más dificultosa, inhalaba profundas bocanadas de aire para poder respirar pero nada de eso me detendría. Necesitaba verlo, necesitaba oír su voz, que sus brillantes zafiros se clavaran en mi mirada incinerando mi alma y mi corazón.

-¡NARUTO! –dije en voz alta tocando su hombro para que me mirase. Para mi decepción aquel hombre no era Naruto.

-¿Necesita algo? –me pregunto él joven tras verme en aquel estado calamitoso.

-No, lo siento… lo confundí… con… alguien mas…

Baje la mirada e intente calmarme. Busque la receta en el bolsillo de mi abrigo mientras podía sentir nuevamente como algunas lágrimas se escabullían de mis ojos.

-¿Siempre eres tan impulsiva? –inquirió una voz masculina que supe reconocer. Miré a mi lado y pude verlo. Sus ojos negros se habían posado en mí y me miraba con algo de compasión. –Por lo que veo tú amiga tenía razón cuando dijo que te cause un estado calamitoso. –Esbozando una turbia sonrisa.

Lo miré con indiferencia y me acerque al mostrador entregándole la receta al farmacéutico.

-Un momento por favor… -dijo escabulléndose con la receta en mano.

-¿No piensas contestarme? –Insistió el pelinegro.

-¿Y que quieres que te diga? –Mirándolo a los ojos con frialdad.

-¿Quién es Naruto por ejemplo? –sonriendo –Vi como a ese sujeto lo llamabas Naruto y como tus ojitos irradiaban chispas de felicidad, bueno al menos un momento. Pero cuando te diste cuenta de que no era él, tu cara se transformo, y has vuelto a poner ese desabrido rostro que traes cotidianamente.

-¡Muérete! –dije con enojo ¿por que este chico lograba ponerme en un estado tan furico e incontrolable? tanto que tenía ganas de saltar y morderle el cuello.

-Aquí tiene señorita… -el farmacéutico me miró con asombro mientras yo respiraba agitadamente por la corta carrerilla y por el subidon de adrenalina causado por aquel arranque de ira.

-Gracias… -Pague y me retire con prisa de aquel lugar.

-¿Quieres que te lleve? –Inquirió tras perseguirme el molesto muchacho.

-¡No! Puedo caminar gracias –conteste con sarcasmo.

-Pero hace frío y no te ves muy bien que digamos.

-No vivo lejos… y prefiero caminar. –Claramente sentía como me agitaba y mi cuerpo dejaba de responderme con tanta avidez.

-Puedo resarcir mi mala conducta al menos… -Dijo sujetando mi brazo.

-No me interesa tu caridad ¿entiendes?

-Si, entiendo… lo siento… no debes tomar frio… -Lo miré algo confusa este sujeto era raro, primero me agredía y luego su actitud era completamente diferente.

-No quiero involucrarme con extraños… -Sonriendo levemente.

-Técnicamente no soy un extraño… sabes mi nombre o no. –Aproximándose más a mí.

-Eso no te hace alguien familiar…

-Y si te dijera que te conozco desde que era un niño ¿que me dirías? –Tras estas palabras detuve mi andar completamente.

-Que es mentira y que si fuera verdad te recordaría. –Intentando retomar el paso.

-¿Y si no puedes recordarme?

Lo miré fijamente intentando buscar en él algo familiar, algo que aseverase que aquella afirmación era cierta. Mire sus cabellos emblanquecerse por los fríos copos de nieve, su pálida y tersa piel sonrojarse por el despiadado clima, sus delicados labios, el contorno de su rostro, su cuerpo, su forma de vestir. Cuando tome conciencia de lo que hacía sentí un intenso pudor. Lo miré a los ojos y él solo se limito a sonreírme con algo de cinismo.

Pude sentir un fuerte calorcillo remolón en mi interior y mis mejillas encenderse acaloradas ¿acaso me sentía avergonzada? ¿Me hallaba intimidada por él?

-Lo siento no creo que te conozca… -Intentado retomar el paso.

-Eres Hinata, Hinata Hyuuga, hija de Hiashi Hyuuga un importante empresario de la zona sur de Konoha. Tú hermana menor se llama Hanabi Hyuuga.

Asististe al jardín y la primaria elemental de Konoha al igual que la mayoría de los chicos de la ciudad. Eres reservada e introvertida y no haces amigos con facilidad, a menos claro, que esas personas despierten algo especial en ti. No has tenido novio pero por lo que dejas entrever alguien te ha roto el corazón, e intuyo que esa persona ha sido ese tal Naruto ¿Verdad? –Lo mire aterrorizada mientras acababa su frase.

-Aléjate… ¿Cómo?… me das miedo… -Retrocediendo espantada.

-No soy un psicópata Hinata… y aún que no lo parezca soy muy observador. Estudiamos juntos en la misma facultad ¿claro que no te has dado ni cuenta de eso verdad?

-¿Qué? –Inquirí asombrada.

-Ven mi coche esta ahí -señalando un auto color plateado aparcado a la orilla de la acera. –Me gustaría que habláramos. Al menos déjame llevarte a tu casa. En serio, hace mucho frio y no te ves nada bien.

-Yo…

-¿Quieres que me arrodille y te pida perdón? Fui un grosero y un impertinente lo sé pero me enfada verte así. –Exclamo ofuscado.

-¿Verme como? –Inquirí desconcertada.

-Triste… -Apartando su mirada rumbo a la calle. Pareciera que decir aquello le había costado bastante o al menos se veía un tanto avergonzado por cometer aquella confidencia. -¿Vienes?

El pelinegro me extendió la mano y por alguna razón que no comprendí la así sin dudarlo. El chico me acerco hasta mi apartamento. Para mi fortuna no resulto ser un psicópata al menos se había comportado tan caballerosamente como la primera vez que le vi.

-Yo vivo aquí… -expresé tras señalar el edificio.

-Es un lugar bonito… no de los mejores de la ciudad pero al menos esta en un barrio decente. –Contesto mirándome a los ojos mientras lo contemplé desorientada. -¿Quieres que te acompañe? –Inquirió tras mi dubitación.

-¡No! –Reaccione con rapidez –Puedo ir sola, gracias por haberme traído a casa.

-De nada… -Me dispuse a bajar del coche cuando él volvió a hablar. –Hinata…

-¿Si? –volví a mirarlo a los ojos.

-Se que te has atrasado mucho con las clases y si lo deseas… puedo traerte mis apuntes… -Creo que en ese momento lo miré muy descolocada por que tocio intentando romper aquella incomoda atmosfera que se había creado en torno a ambos. –O tal vez no… -algo cabizbajo.

Baje del coche rápidamente y antes de cerrar la puerta volví a asomarme a ella.

-Mañana… puedes venir por la tarde si no tienes nada que hacer…

-¿Mañana? –El chico me miró asombrado.

-Bueno es que yo no puedo ir a buscarlos; ya me escape hoy para buscar el medicamento en contra de las recomendaciones de mi medico, pero si no puedes yo intentaré ir por ellos. La verdad es que los necesito para preparar los exámenes y no atrasarme… -Excusándome con rapidez.

-No… descuida, yo los traeré. Puedo pasar después del mediodía ni bien salga de la cursada.

-Muchas gracias… -sentí algo de nerviosismo pero necesitaba decirlo, necesitaba decir su nombre – gracias Sasuke…

Cerré la portezuela del coche y me escabullí dentro del edificio. La garganta me dolía y mi cabeza daba vueltas, pero a pesar de todo aquel malestar, había olvidado por un instante mi pasado tormento para centrarme solo en mi presente.

Al día siguiente me levante temprano e intenté acomodar un poco mi dulce hogar. Por primera vez desde que llegué me sentía más contenta, aun que atribuía aquella situación a mi mejora matutina.

Alguien llamó a la puerta. Miré el reloj eran las once de la mañana ¿tal vez Yuki se había escabullido del trabajo para verme? Me ajuste la bata y camine con mis pantuflas hacia la puerta de entrada.

-¡Te estaba esperando Yuki! -expresé alegremente abriendo la puerta de par en par.

-Buenos días… -Sentenció una voz masculina balbuceando un poco.

-¡SASUKE! –tras ver su rostro estático, en el umbral de entrada, observarme de arriba a bajo, no pude evitar cerrarle la puerta en la cara.

¿Qué rayos había hecho? Le cerré la puerta justo en sus narices. Estaba despeinada y desgarbada. Limpie y ordené mi casa pero había olvidado lo esencialmente importante "a mi" lucía como un espantapájaros dejado al sol y la lluvia.

-Hinata he venido a traerte los apuntes… lamento adelantarme pero salimos temprano… -El chico guardó silencio mientras yo permanecía dubitativa en el centro del living. –Puedo pasar dentro de una hora si es molestia…

-¡No! Espera un momento…

Me dirigí a la habitación y me vestí lo más rápidamente posible. Tomé el cepillo del baño y me acomode el cabello, me lavé la cara y presioné levemente mis mejillas para que tuvieran algo más de color. Después de pasar casi un mes en cama mi rostro no lucía de lo más saludable pero al menos el arreglarme le daba un severo cambio a mi apariencia. Tomé un pequeño frasquito del botiquín del baño con perfume de lavanda, y me rocié un poco con aquel delicioso y relajante aroma.

Volví a echarme un último vistazo en el espejo del baño y me escabullí de la habitación hacia la puerta de entrada; respiré hondo y la abrí.

Sasuke yacía recostado sobre el marco de la puerta pero al verme permaneció petrificado por unos instantes; internamente aquello me producía satisfacción.

-Lamento haberte hecho esperar… es que… bueno… no te esperaba antes…

-Descuida… -Dijo ingresando al living. –Pero me alegra que te arreglases para mi… -expreso con elocuencia mientras miraba detenidamente la sala.

-¡No es por eso! -Sentencié intentando excusarme.

-Te he traído los apuntes de todas las materias. -Entregándome dos carpetas rechonchas de tantos papeles.

-¡Ohh vaya han hecho bastante este mes! –exclame algo agobiada por todo aquel material que debía copiar.

-La verdad es que si… -contemplando atrevidamente toda la habitación – ¿Vives sola? –Inquirió mirándome a los ojos.

-¿Por qué lo preguntas? –respondí aterrada.

-Tampoco es para que pongas esa cara Hinata –El chico hecho a reír con descaró tras notar mi desconfiada actitud.

-¿Cuándo necesitas los papeles de regreso? –Pregunté tratando de cambiar radicalmente el tema.

-Bueno… lo antes posible, también debo de estudiar. –Sentándose en una silla.

-¿¡Pretendes que los copie ahora! –Exclamé exaltada.

-No…

-Bien cuando los tenga puedo llamarte u llevártelos a la facultad, como quieras…

-Prefiero que me avises antes –proclamó serio.

-¡Perfecto! Si me dejas tu número yo te llamaré. –Aproximándome a la puerta.

-De hecho el número esta en el interior de la carpeta.

-¡Ohh si aquí esta! –tras echar un rápido vistazo a una tarjetita de identificación pegada en una de las solapas de la carpeta. –Bueno… te veré pronto entonces… -Abriendo la puerta.

En ese mismísimo instante pude percatarme de que mi visitante no se había movido de su asiento.

-¿Piensas quedarte?

-Si… -Contesto descaradamente.

-Yuki sabe que vendrías y si no te marchas ahora llamaré a la policía. –Aseveré con seguridad.

-¿Me tienes miedo Hinata?

-Cara de loco tienes –Mirándolo seriamente. Ante mi acusación el pelinegro hecho a reír.

-Ya te dije que no tengo ninguna intensión de hacerte daño o de verte sufrir Hinata.

-Entonces vete…

-Podrías al menos invitarme un café; no he comido ni tomado nada desde esta mañana. ¡Me lo debes! –Guiñándome el ojo.

-¡ESO ES CHANTAJE! –me acerque a él con furia apuntándolo acusadoramente con mi dedo índice.

-Tal vez lo sea… -Sasuke me miró directamente a los ojos y durante un momento me sentí muy intimidada por aquel reflejo azabache en sus ojos.

-Sabes… -mirándolo algo abstraída –Dicen que solo los demonios tienen los ojos color negros. –Sasuke rió un poco con el comentario.

-Entonces, supongo que los ángeles tienen los ojos perlados… -Objeto haciéndome burla.

Tras este comentario me di cuenta la tonta actitud que había adoptado. Estaba acuclillada a sus pies mirándolo como embobada. Esta acción aceleró mi corazón desbocadamente ocasionando un hondo suspiró que no pude contener.

-Te prepararé un café…

Me puse de pie y me dirigí a la cocina. Había cometido otra estupidez y necesitaba superar aquel momento incomodo.

-No es la primera vez que me hacen ese comentario.

El chico coloco la mano en la barbilla y el codo en la mesa del living y se abstrajo mirando por la ventana. Parecía haberse absorto con el paisaje por que me costo unos segundos poder captar de nuevo su atención mientras le servía el café.

-Tengo que irme. –Levantándose de sopetón de su asiento y dirigiéndose rumbo a la puerta.

-¿No vas a tomar el café? –Inquirí algo enfadada.

-No –Sentenció rotundamente mientras salía del apartamento cerrando la puerta con brusquedad.

No pude reaccionar ante aquel desplante. Simplemente permanecí inmóvil con la taza de café en la mano ¿acaso se había enojado por algo? Sinceramente los cambios de humor de Sasuke Uchiha me tenían completamente perpleja y anonadada; parecía que cada vez que lograba entenderlo ínfimamente, él cambiaba radicalmente de actitud.

Después de otra semana rutinaria y enclaustrada en mi hogar pude finalmente comenzar con mis cursadas. La señora Haruka me había dado ese día libre para que pusiera mis cosas en orden con la facultad y luego volviera sin ningún inconveniente a trabajar.

Durante esos días en reposo Sasuke no había dado ni señales de vida. Su extraño accionar provocaba que su imagen, escabulléndose de mi apartamento, acudiese a mi mente recurrentemente. Quería no pensar en otro hombre, deseaba no pensar en él, pero por alguna razón no lograba sacarme sus extrañas actitudes de la cabeza.

Las clases habían terminado hacía un buen rato. Después de charlar con los profesores me senté algo exhausta en uno de los banquillos del hall de la biblioteca. A penas unos leves murmullos se escuchaban en la vecindad y esa tranquilidad persistente me ayudaba a relajarme y sosegarme.

No había visto a Sasuke en toda la mañana y tampoco había contestado a su celular tras mis recados de que viniese a buscar sus apuntes, los cuales, ahora reposaban junto a mi libro de biología. Fue en ese preciso instante en el que me di cuenta que todos mis vagos intentos por no pensar en el pelinegro se habían visto boicoteados por mi mente consciente.

Esta reflexión me llevó a buscar entremedio de las páginas de aquel grueso libro de biología. Allí se hallaba el último trozo de mi pasado, la persona a la que más amaba, al único objeto de mi tormento y deseo.

A pesar de que aquella foto no fuera posada única y exclusivamente para mi, su sonrisa, su escueta mirada y aquellos luceros azules titilantes, infligían vida en mi desquebrajado corazón. Aquel leve halito me ayudaba a seguir a pesar de su desprecio y su desamor. Había aprendido a vivir con eso sin darme cuenta de que aún no había logrado huir de aquello que una vez quise dejar atrás.

Acaricié su rostro y su cabello dorado, deseando con todo mí ser que aquellas caricias imaginarias rozarán su piel, sus labios, su corazón, aún que fuese tan solo un instante mí calor infundiera en él una leve chispa de amor.

Lleve mi mano hacia la frente intentando despejar algunas lágrimas de mis ojos; otra vez había recaído en aquella enfermiza dependencia llamada Naruto.

-¿Parece que te gusta flagelarte verdad? ¿Eres de esas chicas que se pasan la vida llorando por un amor imposible? ¿Acaso eres tan estúpida como para creer que él te esperará o algo así? –Sentenció una voz masculina a mis espaldas lo que logró sobresaltarme.

-¿Que? –inquirí en voz baja volteándome con rapidez para ver al seguro dueño de aquella voz. –Sasuke…

Intenté secarme las lágrimas con ambas manos para evitar que me viera llorar. Pero en el ínterin de aquella acción pude notar un intrépido movimiento que logró arrebatarme aquella foto de mi libro de biología. Sasuke miró la fotografía con enojo y luego volvió a increparme enfadado.

-¿Acaso lloras por él? ¿Vivirás por el resto de tú vida como una mujer amargada y antipática por un amor no correspondido?

-¡DEVUELVEME LA FOTO! –grite llamando la atención de algunos profesores sentados varios metros más adelante.

-¿Para que? Para que puedas regodearte de una fantasía poco creíble. Él jamás te amo y jamás te amará ¡Entiendes eso! –dijo enfadado.

-Tú que sabes, no tienes ningún derecho de tratarme así, ni siquiera nos conocemos y tampoco conoces a Naruto, no eres quien para juzgarnos ni para juzgar el amor que yo siento por él. –Exclamé en voz alta.

-¿Sasuke, ocurre algo? –Inquirió una muchacha pelirroja con gafas oscuras quien se acerco tras todo aquel griterío.

-Tú no sabes lo que es el amor, no tienes ni idea Hinata. Has supeditado tu idea de amor a algo que no tiene lógica ni razón y mucho menos sentimiento alguno. Solo me das lástima…

-¡PUES YO NO PEDI TÚ LASTIMA!

En ese momento todo mi ser ardía consumido por el odio y el rencor. Sus palabras eran duras y sumamente hirientes, tanto, que fui presa de aquella ira guardada en mi corazón; la cual, tomó forma en ese preciso instante.

Me paré de golpe e intenté quitarle la foto de sus manos, pero entre el forcejeo, las lágrimas, y la fiera en la cual me había convertido ocasionaron un quiebre irreparable entre mi pasado y mi presente. La foto calló al suelo dividida en dos pedazos.

-¡SASUKE! –grito Sora quien había sido testigo al igual que la pelirroja de aquella odisea.

Caí al piso de rodillas bañada en lágrimas de dolor. No lograba hablar, no lograba respirar, todo mi ser se hallaba entumecido y postrado junto aquel trozo de papel, junto aquella añoranza del pasado.

Recogí la foto seccionada con ambas manos. El cuerpo me temblaba ¿Por qué no lograba controlarme? Me sentía trasladada en tiempo y espacio hacia ese día. Pude ver toda la escena en mi mente. El viento arremolinar mi cabello, la lluvia enjugar mis lágrimas, mi corazón galopar desgarbado tras una larga e irremediable espera, su ausencia, su desprecio, mi decepción tras oír sus labios pronunciar el nombre de su amada, su olvido.

-¿Qué pasa aquí jovencito? –Inquirió uno de los profesores tras acercarse.

-¿Estas bien Hinata? –Sora se acuclillo a mi lado intentando que reaccionase. Lleve la foto sobre mi corazón y miré a Sasuke con desprecio.

Tenía tantos deseos de decirle cuanto lo odiaba, cuanto lo despreciaba. Mi rencor era tan profundo que no lograba esbozarlo con palabras. Mi garganta se anudo y mi corazón bombeaba enfurecido. Me paré junto a él, lo miré con ira y sin pensarlo dos veces…

-¡TE ODIO! –grite con todo mi ser. Le imprimí un fuerte cachetazo en su mejilla izquierda con tanta violencia que le dio vuelta el rostro.

-¡Sasuke! –grito la muchacha pelirroja a su lado sorprendida.

Tome mis libros y mis cosas y dejé sus apuntes sobre la mesa. Necesitaba irme, escapar de allí. No podía estar en el mismo lugar que aquel tirano despiadado que había osado pisotear lo más preciado y anhelado que aún guardaba para mí.

Camine con prisa por las calles de la ciudad hasta que pude llegar a mi apartamento. Busque mis llaves de entre mi bolso e ingresé, pero antes de que pudiese cerrar la puerta él la detuvo.

-¡LARGO DE AQUÍ!

-No voy a irme… -Sentenció cerrando la puerta del apartamento con llave. En ese momento me asuste ¿Qué era lo que pretendía? Corrí a la cocina y tome un cuchillo del estante.

-¡LARGATE!

-¿Acaso vas a matarme? ¡LO HARÁS! –grito.

-¡Déjame sola!

-¿Vas a lastimarme Hinata? –acercándose un poco.

-¡Si no te alejas lo haré! –exclamé con ira.

-Aun que me apuñales o secciones mi cuerpo no puedes lastimarme más de lo que ya lo has hecho…

-Vete… por favor… -supliqué llorando.

-Te amo… -dijo impasible.

-¿Qué? ¿Por qué?... –me sentía confusa que rayos le pasaba a este hombre y que rayos me pasaba a mí.

Cuando tomé conciencia de que le apuntaba con aquella arma la solté. ¿No sabía si había perdido mi sano juicio o si jamás lo tuve? Nunca hubiese imaginado que amenazaría a alguien de esa forma ni en mis más remotas pesadillas.

Volví a caer en cuclillas en mi lugar. Lleve ambas manos al rostro intentando ocultar mi vergüenza y mi pesar. Lloraba más que antes despojándome de aquel profundo dolor.

-No puedes seguir huyendo Hinata… -Esbozo con ternura mientras acariciaba mi cabello. –Créeme te lo dice alguien que jamás ha logrado huir…