Disclaimer: Harry Potter no me pertenece a mí, sino a la grandísima escritora JK Rowling. Yo no escribo en servilletas, no ando en tren, no vivo en Londres y no paso todo el día en las cafeterías (lo que no quiere decir que no desee hacerlo).

N/A: Aquí va el segundo capitulo. Un poco menos de dos semanas desde que subí el primer capitulo, quizás sean dos semanas entre cada capitula, quizás más o quizás menos. No prometo nada. Debo admitir que me costo sangre, sudor y lágrimas la última parte de este capitulo. Así que espero que les guste, aunque se pueda ver un poco forzado en algunas partes. Gracias a todos aquellos que dejaron un review, la verdad es que alegran el día y realmente son un genial incentivo para el autor. Los invito a hacer más preguntas y dejar opiniones, para saber que les gustaría que pusiera en el fic y que cosas no. Críticas también, son siempre aceptadas. Muchísimas gracias a mi beta y amiga Aliot02, ¡¡por soportar todas las conversaciones dirigidas a este capítulo!!

N/A (31.12.2008): Bueno, vamos avanzando, este capitulo ya ha sido editado y pronto haré lo mismo con el tercero. Nada de la trama ha cambiado, sólo algunos arreglos aquí y allá. Disfruten.

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Portal de Sueños y Sombras

Capitulo 2: Digamos Adiós

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Martes – 31 de Julio, 2001

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Harry se apareció en la protectora oscuridad del callejón, su cabeza repleta con las palabras del Ministro Shacklebolt. Con pasos lentos se dirigió a su departamento, siempre pensando en como explicarle a Ginny que tendría que irse en un par de días, para no volver en quizás cuantos meses… Habían planeado utilizar aquella semana para ellos dos, disfrutar de los pocos días que tenían para estar juntos. Era difícil mantener una relación estable entre un auror que trabaja excesivamente tarde y una integrante de las Arpías de Holyhead que pasaba demasiado tiempo entrenando. Hermione se había autodenominado la consejera sentimental de la pareja, sin entender por qué no se establecían y se casaban (ella y Ron llevaban dos meses de compromiso, sin una fecha segura para el matrimonio). La verdad era que ninguno de los dos estaba listo para la vida matrimonial, lo habían conversado una innumerable cantidad de veces. Harry no estaba dispuesto a dejar que Ginny sacrificara su excelente carrera como jugadora de Quidditch, al igual que Ginny no estaba dispuesta a que Harry acortara sus horas de trabajo, cuando lo que el mago estaba haciendo era limpiar el Mundo Mágico de toda la mugre que Voldemort había dejado atrás.

Eran una pareja ocupada, pero que disfrutaba enormemente del tiempo que tenían para estar juntos, y que no perdía una oportunidad para dejar al otro saber cuanto lo quería. No era una relación perfecta, y en la mitad del tiempo que compartían peleaban por una nimiedad u otra, pero las reconciliaciones nunca fueron algo malo. Estaban felices como estaban, y Harry no podía dejar de preguntarse si este nuevo 'viaje' que tenía que hacer cambiaría en algo la relación.

Una vez frente a la puerta de entrada, conjuró una rosa y se apuró a entrar.

El departamento estaba en penumbras. Ginny, aparentemente, aún no volvía de la Madriguera. Estirando la mano derecha, Harry presionó el interruptor, prendiendo así las luces. La sala de estar y la cocina-comedor aparecieron en todos sus colores. Dejo la rosa sobre el mesón, decidiendo entregarla a la pelirroja una vez llegara a la casa, y continuó con su camino hacia el refrigerador (no había comido nada desde el almuerzo que había tenido en su oficina y se moría de hambre). Mientras revisaba las sobras y sacaba una cerveza de mantequilla, el fuego de la cocina se prendió mágicamente.

¿Harry? —resonó una familiar voz en la cocina— ¿Estas ahí?

El auror se volvió hacia las llamas verdes en la que flotaba una conocida cabeza de cabellos flameantes, un pedazo de pan en cada mano.

¿Ron? —Harry se acercó a la cocina—. Hola, ¿Ginny sigue allá?

Si, dame un segundo… —la mata de pelo rojo desapareció. Harry aprovecho la oportunidad para terminar de hacer su sándwich.

¿Harry? —Ginny apareció en al quemador, sus ojos paseándose por la cocina hasta detenerse en el auror—. Finalmente llegas, hemos estado llamando cada diez minutos durante la última hora, y la chimenea en tu oficina esta bloqueada —su voz no tenía la tensión de estar enojada, pero tampoco sonaba extremadamente feliz.

Harry expiró lentamente, preparándose para un posible enojo de la pelirroja.

Lo siento, me mantuvieron ocupado en el trabajo —se agachó, hasta que su cara quedo a meros centímetros del flamante rostro de su novia—. De verdad que lo siento mucho.

¡Pues deberías, no es todo los días que al cumpleañero se le olvida ir a su fiesta de cumpleaños!

¿Fiesta? —preguntó incrédulo— ¿Qué fiesta? ¡Pero si dijiste que sería sólo una reunión!

¿En tu cumpleaños vigésimo primero? ¡Y tú me creíste! —la indignación de la mujer era casi palpable, pero su voz logró suavizarse al ver la cara de completa sorpresa que tenía el auror—. Puedes llegar a ser realmente denso, Harry. No entiendo cómo sobrevives de auror cuando ni siquiera sospechas de una fiesta sorpresa."

Harry sonrió tentativamente.

Bueno, los magos oscuros tienden a preferir planes de asesinatos más que fiestas, ¿sabes?

Ginny finalmente cedió.

Llegare en unos minutos, hablamos entonces… —la pelirroja pensó unos segundos—. ¿Deberían venir Ron y Hermione?

Sí —seguían siendo sus mejores amigos después de todo, y merecían saberlo, fuera un secreto o no—. Nos vemos.

Ginny le guiñó un ojo, y con un último destello la llamada se cortó. Harry tomó asiento a la mesa, pan y cerveza de mantequilla a cada lado. No tomaba más de 5 minutos aparecerse y subir hasta el quinto piso, donde el departamento estaba ubicado, así que el auror no tenía mucho tiempo para comer antes de tener que empezar las explicaciones. Casi sin parar a respirar se terminó el sándwich en menos de lo previsto, y con el poco tiempo que tenía libre se dedicó a ordenar un poco la sala de estar para recibir a sus invitados. Cuando terminaba de acomodar el último cojín el aire a su alrededor se volvió celeste, casi calipso, anunciando la entrada de personas con magia al edificio. Después de unos segundos, el color cambio a dorado, anunciando que los intrusos eran amigos.

El timbre emitió una alegre tonada.

Harry tomó la rosa del mesón, y se apuró en abrir la puerta. Hermione, Ron y Ginny entraron, cargados de enormes paquetes envueltos en papel de regalo. Harry esperó a que la pelirroja dejara las cajas en el piso para entregarle la flor.

Sé que es un cliché, pero no pude recordar cual era tu flor favorita —dijo, con una exagerada reverencia. Era una mentira blanca, las flores favoritas de la pelirroja siempre habían sido las rosas rojas.

Ginny lo golpeó en la cabeza, le quito la rosa de la mano y lo besó profundamente. Harry la envolvió en sus brazos y la sostuvo fuerte. No se habían visto en más o menos tres días, entre que ella llegaba cuando el iba saliendo o al revés; y el mago pensaba que eso era demasiado tiempo para pasar sin siquiera un beso de la pelirroja. Después de los saludos y los abrazos de feliz cumpleaños, el grupo pasó a sentarse en la sala. Cada uno tomó un cojín y conformaron un círculo en el medio. Cuando Harry y Ginny habían decorado el departamento, habían decidido que los sillones y sofás eran completamente innecesarios viendo que todos sus conocidos eran lo suficientemente jóvenes para sentarse cómodamente en el suelo.

Una vez todos estaban plácidamente sentados, Ron, siempre tan elocuente, fue quien tiró la primera pregunta.

Entonces… ¿alguna buena razón para plantarnos en tu cumpleaños? —su sonrisa dejaba ver que el comentario no era más que una broma, pero Hermione aún así le dio un codazo por su falta de tacto.

Podría ser algo serio, Ronald —dijo la bruja, como toda explicación. Y Harry podía concordar con ella, era bastante importante.

Empezó explicándoles la existencia de otras dimensiones, para luego pasar a la parte en que él se veía involucrado. El trío de espectadores escucho atentamente, con algunas interrupciones de Hermione que trataba de sacarle a Harry más información de la que él tenía o incluso entendía. Ron todavía no hallaba la forma de cerrar la boca desde que había mencionado por primera vez el portal, y Ginny lo miraba como si quisiera petrificarlo y esconderlo donde nadie pudiera nunca separarlo de ella. Harry estaba en la mentalidad de dejarla hacer, pasar el resto de su vida inmovilizado y escondido bajo la cama de la pelirroja no sonaba tan mal cuando consideraba la alternativa, Merlín sabía que el mago tampoco tenía muchas ganas de ir.

Fue cuando el auror menciono a Voldemort y a sus padres que las caras comenzaron a cambiar de expresión, la totalidad de la noticia finalmente entrando en sus cabezas completamente. La pelirroja sostenía su mano, sin nociones de alguna vez soltarlo. Ron y Hermione lo miraban preocupados, conociéndolo mejor de lo que el se conocía a si mismo y así comprendiendo las repercusiones que esa nueva dimensión podía tener en Harry. Conocer a sus padres podía ser muy bueno para el mago, o muy, muy malo.

Una vez Harry terminó su historia se quedaron en silencio. De afuera entraban los ruidos de la calle, los autos y la locomoción, las voces de uno que otro muggle que se paseaba por la avenida. Ginny apoyó su cabeza en su hombro, Harry enlazó su brazo en su cintura.

¿Cuándo tienes que irte? —Hermione, siempre práctica, preguntó.

El jueves —Ron y Hermione lo miraron, ya tratando de pensar en una forma de ayudarlo, quizás incluso acompañarlo—. Mañana se supone que conozca a quien hizo contacto.

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Lily observó con atención al hombre que yacía a su lado. Cabello negro y despeinado, rasgos aristocráticos, alto y delgado. Ojos castaños, generalmente cubiertos por un par de gafas redondas. Su respiración era lenta y profunda, su mente vagando entre los sueños más remotos. La pelirroja pasó sus dedos por su pelo, desordenándolo aún más. Negro oscuro en contraste con su piel blanca. Quería despertarlo, que la sostuviera fuertemente y la cargara a los brazos de Morfeo; quería despertarlo para continuar la conversación que habían dejado inconclusa. Realmente quería despertarlo, porque estaba celosa de su habilidad para dejarse llevar y olvidar por unas horas que su hijo mayor yacía muerto, ahora ya nada más que fino polvo.

Desvió su mirada al techo, tratando de dejarse ir como James. Sabía que en un par de días más caería nuevamente en la rutina que era su vida. Que cuando sus niños volvieran a la casa estaría infinitamente feliz de verlos, y que se llevaría a si misma a ignorar la pena que para ese Halloween cumpliría veinte años de existencia. Era imposible olvidar la muerte de un hijo, pero Lily y James sabían de primera mano que era posible sobrevivirla; siempre y cuando tuvieran razones para continuar. Y ellos tenían cuatro, seis contando a Sirius y a Remus, amigos de toda la vida. Jullien entraría a Hogwarts en septiembre para su primer año de educación mágica. Corine le había prometido a su padre entrar al equipo de Quidditch, y ambos estaban seguros de que así sería. Renée estaría de cumpleaños en Agosto, cumpliendo nueve añitos. Aiden había sido nombrado Prefecto de Gryffindor. Muchas razones para estar orgullosa, pensó Lily con una pequeña sonrisa en su rostro. Si tenía fe en algo, era en que su familia podía mantenerla a flote. Siempre.

Cerró sus ojos y cayó dormida.

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20 años atrás…

—¡James!

—¿Sí?

La voz provenía de su habitación en el segundo pisó, Lily dirigió sus palabras hacía la escalera. Ella y Harry se encontraban en la sala de estar, el pequeño descubriendo los trucos de la varita de juguete que su padrino le había traído de regalo.

—¿Podrías bajar y ver a Harry mientras le hago la mamadera?

—¡En un minuto!

El sillón pasó de un café oscuro a un azul brillante. El bebe pegó un gritó, demandando que su madre notara el arduo trabajo que estaba llevando a cabo. Lily bajó la mirada al suelo, donde Harry estaba sentado y sonrió. Verde encontró verde y Harry soltó un sonido, que Lily había aprendido a interpretar como una carcajada. Feliz, el bebe de apenas un año, volvió su atención a la varita.

—¡Siempre multiplicas tus minutos por 30!

James se demoró en contestar, procesando la acusación. Lily se preguntó que hacía su esposo encerrado arriba; generalmente tenía problemas despegando al animago de su hijo, no al revés.

—¡No es cierto!

Sabiendo que el hombre se tomaría media hora, sin importar que digiera lo contrario, la pelirroja se sentó al lado del bebe. Harry no parecía tener hambre aún, muy ensimismado con los colores que estaba esparciendo por la habitación.

La chimenea se volvió naranja, el bebe miró a su madre en busca a aprobación. Lily aplaudió, el color combinaba perfectamente con la festividad que celebraban ese día. Harry gateo hasta alcanzar a la pelirroja y afirmándose de su rodilla se puso de pie.

—¿Quieres ir a caminar, Harry? —preguntó la pelirroja, tomando la manito libre del niño—, ¿te cansaste ya de decorar la casa?

El bebe respondió con diferentes sonidos, Lily notó que aún tenía la varita en su mano derecha. Con la izquierda apuntó hacia las escaleras e hizo otro sonido.

—¿Quieres subir? —volvió a cuestionarlo la bruja, tratando de adivinar los deseos del pequeño—, ¿Ir con papá?

Tomando los siguientes sonidos como una afirmación, Lily se paró, con cuidado de no botar al pequeño. Una vez de pie lo tomó en brazos, Harry seguía apuntando hacia las escaleras y haciendo ruidos. Apuntó la varita y se concentró. Las escaleras se volvieron verdes. Harry miró a su mamá.

—Ese es un buen color, supongo —la pelirroja levanto una ceja, pensando en Canuto—…. Por el bien de tu padrino, pequeño bromista, espero que los colores no necesiten más de un finite incantatem para desaparecer —Harry la miró confundido, adivinando que el tono de su madre significaba problemas para alguien, inseguro de si ese alguien era él. Con la mano libre le tiró el pelo, llamando su atención.

—Ay… Cariño, suéltale el pelo a mamá —la bruja desenlazó sus cabellos del puño de su hijo. Harry apuntó al segundo piso. Lily asintió—: Sí, sí. Arriba, arriba, que ya entendí.

Madre e hijo subieron las escaleras. El techo se volvió rosado, gran porción de la pared pasó a ser púrpura. De la última habitación del pasillo se escuchó la voz de James.

—¿Lily-flor?

Harry miró a su madre, sabiendo que se referían a ella. La cabeza de Cornamenta apareció en la puerta.

—No ha pasado media hora, ¿o si?

Lily sacudió la cabeza de manera negativa y levanto una ceja.

—Pero definitivamente pasó más de un minuto —contestó, con una mirada sólo medianamente reprobadora.

James sonrió inocentemente, dando un paso fuera de la habitación. Harry comenzó a sacudir sus piernas.

—¿Quieres que te baje, pequeño?

La bruja lo dejó en el suelo, de pie. James, al otro lado del pasillo se puso de cuclillas y comenzó a hacer ademanes con las manos. Harry llevaba dos meses caminando, pero ninguno de los dos se aburría de verlo tambalearse por el mundo.

El pequeño comenzó con pasos pequeños e inseguros, ganando velocidad poco a poco. No le tomó mucho alcanzar a su padre, y colapsar en sus brazos entre un sinfín de risas y aplausos. Mientras sus padres estaban distraídos Harry volvió la ropa de James de un desagradable color mostaza.

—Todo un merodeador —dijo el animago, mirando a su hijo al mismo tiempo que se limpiaba una lágrima imaginara de la comisura de su ojo.

Harry sonrió. Lily ignoró todo el acto.

—¿Lo ves mientras le hago la leche?

—Sí, claro.

Lily bajó a la cocina. No tomaba más de 30 segundos preparar una leche con magia, pero la bruja siempre había preferido alimentarse a la manera muggle. No es que pudiera cocinar muchas cosas, pero preparar un biberón no era algo muy difícil. Tomó la tetera y la llenó de agua. Su esposo y su hijo bajaron a la sala de estar, por la puerta de la cocina, la bruja podía observar como el bebe Harry continuaba cambiando las cosas de color.

Puso la tetera al fuego y sacó la leche en polvo de la alacena. Miró a su alrededor por la mamadera, pero no la encontró. Repentinamente las partículas de polvo en el aire se volvieron celestes, indicando que alguien había atravesado la barrera exterior. Lily se tenso. Las partículas se volvieron doradas y luego volvieron a ser invisibles. Color oro, sólo para aquellos cuyas auras el escudo reconocía.

La pelirroja aflojó la mano que sostenía la varita. Con un movimiento de muñeca la varita volvió al estuche que la bruja llevaba amarrado en su antebrazo. Relajándose, volvió su atención a encontrar la mamadera.

Una suave melodía se escucho a lo largo de la casa, anunciando que alguien estaba en la entrada. Sacando la cabeza de uno de los estantes que estaba revisando, la bruja se aseguró de que James se parara a abrir. El animago se levanto del piso y avanzó hacia la puerta. Harry estaba jugando en la alfombra con un ciervo del tamaño de la mesita de te. La mesita de te habiendo desaparecido. Lily se decidió a hablar con Cornamenta lo antes posible sobre las graves consecuencias que le traerían continuar transformando sus muebles en idealizaciones de él mismo. Harry se volvió hacia ella, sus brillantes ojos verdes sonriendo por si solos. La pelirroja le tiró un sonoro beso, el bebe sonrió y devolvió su atención al peluche gigante que le había regalado su padre.

Desde lejos escucho la voz de James:

—¡Peter…! —el resto de la conversación nada más que un montón de murmullos. La bruja sonrió, Colagusano después de todo era uno de sus amigos más cercano. Un merodeador.

Cuando Lily salió finalmente de la cocina encontró a Peter con su pequeño en brazos. Harry estaba profundamente dormido, su pequeña manito agarrada firmemente a uno de los dedos del animago.

Lily levantó el brazo en el que tenía la mamadera, una expresión de exasperación adornando su rostro, después de todo le había tomado un buen tiempo encontrar el biberón que ahora llevaba en la mano.

—Se suponía que Harry se tomara la leche. No que se quedara dormido.

—Nada que hacer, Lily-flor. Habrá que esperar a que el pequeño se despierte —la voz de James era baja, como si su atención se encontrara en otra cosa. Lily miró a Peter, un nudo formándose en su estomago. Algo no andaba nada bien—. ¿Seguro que estas bien, Peter? —no era una pregunta tanto como era una advertencia para la bruja. La tensión entre ambos animagos era palpable. Colagusano no respondió.

—Por qué no me pasas a Harry, Peter. Para poder darle la leche —Lily estudio a su amigo, estaba nervioso. Asustado. Sintió la fuerte necesidad de tener a su hijo en sus brazos, pondría encargarse del animago más tarde. La bruja no sabía que estaba sucediendo realmente, pero no podía ser nada bueno. Tenía que sacar a Harry de ahí.

La voz de Colagusano se escuchó quebrada en el silencio de su hogar, en pedazos. Para la pareja de espectadores estaba claro; este no era Peter Pettigrew. Peter estaba muerto. Desde el momento en que decidió murmurar sus últimas palabras.

—Lo– Lo siento… Lily, James…

La puerta de entrada exploto con un ruido ensordecedor, acallando la voz del obvio traidor. Desde los escombros apareció la figura del mago más temido de la época; protagonista de los miedos más profundos de Lily: Lord Voldemort.

La bruja no podía creerlo. Como en cámara lenta se volvió hacia el mago que sostenía a su niño. Al mismo tiempo James se levantaba del sillón, su varita desenvainada, un maleficio formándose en su boca. Con el rabillo de su ojo noto como aparecían desde las ruinas en la que se había convertido su sala de estar, dos mortífagos; túnicas negras y mascaras blancas. No había tiempo para pensar. Se lanzó hacía donde debía estar el animago con su hijo, el hechizo de James sobrevolando su espalda. Pero Colagusano no estaba ahí. Lily calló en el sillón, liberando la varita que tenía en su muñeca. Cornamenta ya estaba en modo de ataque, tal y como le habían enseñado en la Academia de Aurores. Como desde otra habitación, Lily podía escucharlo, pero su atención estaba completamente centrada en encontrar a Harry.

¡Flagello! —siguiendo inmediatamente su último hechizo, un látigo de magia salió de la punta de la varita de James hacia el mortífago más próximo, dándole en la mascara, quebrándola. Por el grito que emitió, Lily asimiló que era una mujer. Información desechada inmediatamente cuando escuchó los sollozos de su bebe, quien después de la explosión obviamente se había despertado. Sus ojos buscaron frenéticos la habitación, a su izquierda divisó a Colagusano arrastrándose hacía Voldemort. James también lo había notado; con dificultad redirigió el látigo hacia Voldemort, dándole a Lily la oportunidad de ir por Peter.

Voldemort detuvó el hechizo con un simple movimiento de la muñeca.

—Patético —su voz siseó por el espacio hasta alcanzar los oídos de la bruja. Lily sabía que James iba a estar en problemas, pero no había nada que pudiera hacer al respecto.

Ignorando cualquier otra cosa, apuntó su propia varita a Colagusano. Era un hechizo básico, pero Flitwick le había enseñado que cualquier encantamiento podía ser útil usado de la manera correcta, en el momento adecuado. Nada más que un susurro, pero con toda su intención detrás…

Impedimenta.

Peter se congeló en pleno movimiento. En un mago adulto el hechizó no duraba más de unos segundos, pero fue lo suficiente para que Lily tomara cierta ventaja. Sabiendo que cualquier maldición podía terminar lastimando a Harry, la bruja escogió un ataque más físico. Corrió a toda velocidad. Erigiendo un escudo en el último momento en caso de que le dispararan por la espalda. Corrió y se lanzó sobre el animago. Con un mínimo de forcejeo le quito al niño de los brazos. Madres de todas las especies llegaban a ser extremadamente fuertes cuando sus crías se encontraban en peligro. Harry ya no sollozaba; sus gritos eran de miedo y confusión. Lily rodó, aparatándose al mismo tiempo de Colagusano, y del duelo que su esposo llevaba a cabo con Voldemort y uno de sus mortífagos. Había un traslador de seguridad en el segundo piso, uno de los peluches de Harry. El bebe estaba en sus brazos, sólo tenía que llegar a las escaleras.

Conjurando otro escudo, esta vez uno más potente, se puso de pie; decidida a sacar a su hijo de ahí. Peter se levanto al mismo tiempo, atacando rápidamente.

¡Atrum incendia! —una bola de fuego negro salió disparada hacia Lily. Magia negra. Su escudo se quebró bajo el poder del maleficio, pero entre el impacto y la destrucción de sus defensas la bruja saltó hacía un costado, evadiendo en mayor parte el fuego. Afirmando a Harry con su brazo izquierdo, su hombro derecho recibió los residuos del hechizo. Ignorando el dolor se volvió de modo que su propio cuerpo protegiera al bebe, su mirada y su varita fijas en el animago. Cinco minutos atrás Lily habría podido afirmar con toda seguridad que Peter Pettigrew era una de las personas más predecibles del planeta. Pero con aquella pequeña demostración de magia oscura, la bruja ya no podía estar segura de nada. ¡Él los había traicionado!

El mortífago ya no tenía a Harry. Nada detenía a Lily de usar hechizos algo más letales.

Quasso —un rayo de luz azul oscuro, directo al brazo que afirmaba la varita. Se sentiría como sin un bateador decidiera que Colagusano era una bludger. Sostenida lo suficiente le rompería el brazo.

Peter no tuvo tiempo de levantar un escudo, la fuerza del hechizo lo hizo retroceder un par de pasos. Mientras el animago terminaba con el maleficio que afectaba su brazo, Lily tuvo la oportunidad de avanzar hacia las escaleras. Su escudo listo y la varita firme. Sin despegar los ojos de su ex amigo. Concentrada en Colagusano no notó la forma oscura que se coló por su espalda.

Cuando finalmente se dio cuenta de la amenaza, ya era muy tarde. Antes que la maldición la golpeara en el pecho, Lily alcanzó a ver el rostro de la mortífaga. Aún debajo de toda la sangre que cubría su rostro, las hermosas facciones de Bellatrix Lestrange eran completamente reconocibles. Su maniática sonrisa.

Lily cayó al suelo bajó el macabro poder de la maldición. Sintiendo como millones de cuchillas azotaban su cuerpo, quemando su piel. Cruciatus, el hechizo predilecto del los Lestrange. Gritó, su primera vez bajo el poder de la maldición de la tortura, no pudo resistirse a las lágrimas que salpicaron sus ojos. Soltó a Harry, tratando con sus últimas fuerzas de levantar su varita y matar a la mujer. Una bota cayó sobre su mano, presionando con fuerza, la bota de un hombre. Su muñeca se quebró, sus dedos dejando ir su única salvación. Su último pensamiento racional antes de que el segundo Cruciatus la golpeara con fuerza, fue el de deducir la identidad del mago. Bellatrix y Rodolphus Lestrange se habían casado la misma semana que ella y James.

Antes de desmayarse, escuchó los gritos de su hijo llamándola. La burlona voz de Bellatrix al recoger al bebe del piso. El segador color verde esmeralda del Avada Kedavra. Con un sonido sordo el cuerpo de su hijo cayó a su lado. Verde encontró verde.

Se preguntó si James ya estaba muerto. Se preguntó en cuanto tiempo más iban a terminar con su propia vida.

Cerró sus ojos y se dejó ir.

Lily realmente no quería seguir con vida.

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¡Leer una historia, disfrutarla y no dejar un review es muy parecido a entrar a un restaurant, comer y no pagar la cuenta! – Atte, Liinak.

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