Holis everyone :3
Aquí AriFloynter al habla (usurpando el lugar de mi geme MUAJAJAJAJAJAAJAJAJA vale ya ._.).
Os traemos la segunda parte de este coso y, aviso, la parte de Danny (porque la de Doug siempre es un fumada xD) ha quedado muy, muy, MUY pastelosa. Sí, mientras escribía escupía arcoiris e.e
Anyway, espero que os guste tanto como a nosotras, porque nos emocionamos muuuucho escribiendo este fic :3333 Sobre todo por las conversaciones fumadas que mantenemos sobre él.
Y también quiero decir que al final creemos que serán 5 partes en vez de 4 (sí, sí, ya sé que a vosotras os gusta eso JAJAJA).

Love yaw and enjoy reading! 33
AriFloynter


Episodio Nº 2: Sobre cómo empecé a ser feliz

Escurro con fuerza la fregona en el cubo, sacándola y atacando sin piedad de nuevo el suelo, intentando que, así, la mancha de vete tú a saber qué que lo adorna desaparezca. Dougie, a mi lado, está tratando de hacer lo mismo, con menos éxito que yo si cabe, debido a su poca fuerza física (al menos aparentemente… aunque, admitámoslo, con esos bracitos tampoco es que vaya a ser Iron Man).

Durante el día, siempre tenemos unas cinco horas o así en las que nos 'invitan' a todos los presos a realizar este u otro trabajo. Que si la lavandería, que si la cocina, que si la librería, que si mantenimiento… que si limpieza. Lo que nos toca a los residentes obligados de nuestra sección hoy: dejar como una patena los sucios pasillos, cuartos y baños de esta planta. Misión imposible, ya os lo digo, porque parece que la mierda del lugar es la única que se alegra de estar aquí, puesto que no hay quien la despegue.

En momentos como éste, en el que nos obligan a concentrarnos en trabajar y en el que se nos es prohibido hablar a tono normal, son en los que pienso una y otra vez sobre mis sentimientos… con más intensidad de lo habitual, porque admito que son, en gran medida, sobre lo que pienso la mayor parte del tiempo. Hace tres semanas que los admití frente a mí mismo y, a pesar de haber dado ese gran paso de gigante, no quiero continuar caminando ese sendero: sé con certeza que está lleno de espinas, zarzas, trampas y arenas movedizas. Y temo salir demasiado magullado, hundirme tanto que no pueda salir y me termine ahogando. Porque, seamos realistas, el enano es demasiado especial como para siquiera plantearse el estar conmigo, un estúpido macarra por el que, a pesar de salvarle una y otra vez, estoy seguro que no siente más que aprecio y amistad. No soy para él y lo sé. Él no es para mí, y eso también lo sé. No en ese sentido; la única relación beneficiosa para ambos es la amistad. Y debería bastarme, siempre me ha bastado, y nunca he pedido más, es lo único que necesito… solo necesito su amistad y nada más… ¿por qué no soy capaz de creérmelo ya? ¿Por qué no soy capaz de engañarme una vez más y convencerme a mí mismo que sigo siendo autosuficiente, que sigo sin depender de nadie?

Continúo restregando con fuerza la fregona sobre el suelo, mis ojos empañándose inevitablemente ante ese hecho aplastante: Dougie y yo nunca podremos estar juntos. Somos demasiado diferentes. Y él seguro que no ha cometido la estupidez de enamorarse. Él se conforma con la amistad, lo sé. Y duele. Duele demasiado que yo ya no quiera conformarme.

-Dan, ¿estás bien? – la pregunta entre susurros me sobresalta, y giro la cabeza hacia al rubio, que me mira con el ceño fruncido, la arruga acrecentándose al notar que mi mirada brilla un poco más de lo normal. Y en ese momento odio la capacidad tan alta de observación que posee.

- Sí, sí, es sólo que el olor de la lejía me ha revuelto un poco el estómago, nada más. – respondo con una mentira, viendo en sus mares de plata que no la acepta a pesar de haber expuesto con ella mi mejor sonrisa, en un intento de hacerla más verídica y creíble. Rompo el contacto visual, que por primera vez en lo que le conozco se me antoja incómodo. Al volver a fingir que estoy concentrado en la maldita roña del suelo, noto una quemazón en la espalda, unos ojos acuciantes por detrás, y no tengo que voltearme para saber que el guardia nos observa a Doug y a mí intensamente, supongo que como modo de prevención por si se nos ocurre cometer una locura… ni que estuviéramos ideando un plan para atacarle con la puta fregona y huir, solo estábamos hablando.

Doug prefiere no seguir ahondando en el tema, en parte porque no me ve muy partícipe de expresarme con claridad, y también porque el vigilante sigue con sus ojos fijos en nosotros dos, la mano derecha seguramente tanteando ya sobre la porra. El rubio, con un gesto aún algo consternado en el rostro, continúa intentando fregar su trozo de suelo, en silencio.

Cuando yo ya he terminado, unos cuarenta tediosos y agonizantemente lentos minutos, no hago amago alguno de ir a entregar el material y volver a descansar a mi celda tras tal infame tarea, ya que sé que el guardia me va a obligar precisamente a eso, a irme a la celda. Por lo tanto, sigo fregando con ahínco, haciendo ver que existen manchas en el suelo ya limpio (¡milagro!), para así poder continuar a su lado, en la misma habitación que el enano. Y no, esta vez no es por mi recién admitido amor ni por todas esas chorradas sentimentales, sino que es algo que llevo haciendo desde poco después de conocerle: hay que protegerle. Simple, ¿verdad? Y para proteger a alguien, es necesario, bien estar cerca de él en todo momento, bien tener poderes de teletransporte y sentido arácnido para advertir con antelación los posibles peligros acechantes. Y a mí como lo único que me ha picado en la prisión son las putas chinches de los colchones de nuestras literas, tengo que coger por cojones la primera opción. Es decir, pegarme a él como una lapa… Metafóricamente hablando, vamos, no es que quiera pegarme a él físicamente… bueno, puede, pero no… no era a lo que me refería, ¿de acuerdo? Ag.

Sacudo la cabeza, tratando de no sonrojarme y, sobre todo, que Doug no me vea hacerlo, a la vez que vuelvo a mojar la fregona. Le miro de reojo, y lo veo tan concentrado limpiando el suelo a unos cuantos metros de mí (aprecio la punta de su lengua asomar entre sus finos labios, y es tan tierno que me entran ganas de morirme de ternura) que una diminuta sonrisa tuerce mis labios. ¿Cómo voy a dejarlo solo?

Aquí, en la cárcel, cualquier desliz podría ser catastrófico, como el de la última vez. Solo me despisté unos minutos en el patio, los que tardé en ir a devolverle la pelota a los que estaban jugando al baloncesto en la cancha que tenemos habilitada, pero cuando volví a esa esquinita fresca de césped (el poco que hay en el patio) Dougie ya no estaba. Por suerte, no tardé mucho en dar con su paradero, y logré espantar a los que le estaban pegando antes de que lograran hacerle algo más que romperle el labio y magullarle levemente la cara. Aún me arde la sangre en las venas al pensar en esa escoria humana, y juro que haría tiempo que habrían recibido su propia medicina si no llega a ser porque Dougie me hizo prometerle que no me metería en problemas con otros reclusos por él.

Y por esa promesa, a eso es a lo que me limito: a llegar, dispersar a los agresores, avisar a los guaridas que nunca hacen nada más que comentar aburridos que darán un parte que luego se torna inexistente al alcaide, y esperar a que me devuelvan a un rasguñado Dougie a la celda. A pesar de que lo que quiero sea montar una auténtica carnicería. Porque eso es lo que se merecen todos los que aprovechaban la debilidad ajena para satisfacer su propio ego y suficiencia: ser tratados como cerdos. Y a los cerdos, llegado el momento, se les ha de abrir en canal.

¿Por qué? ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué se empeñan en hacer daño a Dougie? Él nunca les ha molestado, nunca se ha metido con ellos, ni siquiera les ha dirigido una mirada cruzada. ¿Solo es ese deseo de sentirse superior lo que les lleva a intentar apalearle día sí, día también? ¿O quizás es que John y su panda de lameculos buscan vengarse de mí? ¿Podría ser? ¿Qué sepan que el rubio es mi punto más débil y traten de derribarme a mí a través de él?

No lo sé, nunca he comprendido por qué lo hacen, y como lo único que puedo afirmar con certeza es que mi presencia es de las pocas cosas que acobardan a esos macarras, espero pacientemente, restregando el suelo con la fregona a pesar de que no lo necesita más, a que Dougie acabe.

Una media hora larga después, lo hace, y solo entonces me permito estirarme un poco, haciendo crujir los huesos de mi espalda de haber estado mucho rato en la misma posición encorvada. Miro a Dougie, sonriendo un poquito al ver cómo se aparta el flequillo que le cae sobre los ojos de un resoplido. Él termina encontrando mi mirada, y se permite una pequeña sonrisita también, que roza lo cómplice.

Minutos después, hemos devuelto los utensilios de limpieza al guardia y caminamos por el pasillo pertinente que lleva a nuestras celdas, el único que se nos está permitido recorrer a estas horas. Durante el camino, el enano, como no es la primera vez, se cuelga de mi brazo, casi achuchando mi bíceps, tremendamente feliz por razones que escapan de los confines de mi consciencia. Ya sabéis, es como un niño pequeño, y muchas veces se comporta de esta manera conmigo, a lo que yo solo puedo responder con cariño y tranquilidad… o podía. Porque esta vez es diferente.

Es la primera vez que el rubio hace gesto de acercarse a mí de esta manera tan personal desde que mis sentimientos fueron revelados. Y, por ello, estoy tenso. Mucho. Tanto que temo que me dé un calambre muscular.

¿Qué por qué estoy tenso? Porque noto la piel de mi brazo, allí donde la de él toca, mucho más viva que el resto de mi cuerpo. Porque en el estómago se me han aposentado unas extrañas y embarazosas mariposas que no he sentido nunca con tanta intensidad. Porque noto mi corazón meter sexta y pisar a fondo el acelerador. Porque los pulmones se me oprimen, haciéndose más pequeñitos y dificultándome el respirar.

Simplemente, porque ya no siento lo mismo que antes. O, bueno, puede que sí, que esto lo haya sentido antes, más o menos amplificado. El problema reside en que ahora sé identificar la causa con total claridad.

Intento aparentar normalidad ante este hecho, actuar como siempre, pero creo que no lo consigo, ya que Dougie se para unos pasos después, soltándose de mi brazo, a lo que mentalmente me quejo. Y, seguidamente, agarra con sus pequeñas manos mi muñeca, sus dedos cerrándose con relativa fuerza en torno a ella con el fin de voltearme para quedar frente a él, de esta manera medio acorralándome contras sus ojos de acero y contra la pared del pasillo, que se antoja desierto.

-Danny, te noto muy raro, de verdad. ¿Por qué estás tan nervioso? ¿Pasa algo? – pregunta, un tanto preocupado y con un brillo creciendo en sus ojos cuyo significado no sé llegar a discernir. Mierda, se ha dado cuenta. Demasiado tiempo vivido juntos como para no hacerlo. ¿O acaso me creía que yo era el único que había aprendido a interpretar casi cada gesto del otro?

- Na-nada… - ¿alguien me aplaude? En la cara, por favor.

Mi contestación, muy a la altura de la mierda, y encima con un tartamudeo muy significativo, confirma sus sospechas sobre mis nervios.

Y, sin embargo, no sé muy bien por qué, el enano se va acercando peligrosamente a mí, rodeando mi cintura con sus bracitos, creando así un improvisado abrazo y provocándome, de paso, un colapso mental.

- Dougs, ¿qu-qué demonios ha-haces? – pregunto, nervioso perdido. ¿Pero qué queréis? ¿En serio voy a poder contener mis sentimientos de esta manera? ¿Cuándo siento sus brazos en torno a mí de esa manera tan dulce? ¿Cuándo sus ojos me miran de esa manera tan intensa que me asusta, me ahoga y me encanta por igual? ¿Cuándo se pega tanto a mi cuerpo que tengo la sensación de que su corazón está latiendo con fuerza en mi propio pecho? La respuesta negativa que me da mi mente es tan contundente que me hace encogerme, sintiendo hasta miedo. Y tristeza. Porque no podemos estar juntos de esta manera. Él no es para mí. Es pequeño y frágil, y mi misión aquí solo debe ser la de protegerle. A mi lado solo se corromperá, a mi lado nunca podrá arreglarse del todo.

Ha sido error mío enamorarme de él, y yo solo debo aguantarlo y solucionarlo, sin arrastrarle a él a este caos confuso, abrumador y oscuro.

El hilo de mis pensamientos se ve cercenado con la contestación que Dougie me da, firme y sin ningún atisbo de titubeo.

-Explotar- lo dice con voz clara, cargada de un cariño tan inmenso como la necesidad que también se deja entrever. ¿De qué cojones habla?

No me deja mucho tiempo para intentar deducir qué ha querido decir, ya que, sin ni siquiera verle venir, se acerca aún más, recortando la distancia que nos separa hasta posar sus labios en los míos en un dulce, dulce beso.

Un beso que si no estuviera empeñado en evitar hubiera sido como tocar el cielo con la punta de los dedos.

Hubiera sido lo que más ansío para vivir, lo que calmara ese resquemor de mi interior.

Y también, si no me obcecara en afirmar la imposibilidad de su correspondencia, hubiera notado el amor que transmite el pequeño en ese tierno gesto, puesto que habrá unido nuestros labios por la misma extraña razón que la que me corroe a mí.

Pero yo todo eso no lo quiero ver. No quiero verlo, porque entonces no habría freno que me detuviese, no habría barrera con la que toparme, y terminaría dejándome vencer por la tentación, cosa que solo puede llevar a su propia corrupción, a que estropease esa inocencia que sé que le caracteriza.

Y por eso le rechazo, rechazo su confesión silenciosa, su declaración sin palabras, tomándolo con delicadeza de los hombros y apartándolo suavemente de mí, nuestros labios rompiendo el contacto, doliéndome en cada célula de mi ser… y más aún cuando veo su mirada.

Esa mirada de plata que ahora está empañada de una profunda y desgarradora tristeza e incomprensión, tanta que se sienten como afilados pedacitos de cristal roto.

Y me odio un poco más.

Porque yo tengo que protegerle de todo, y sobre todo del dolor.

¿Entonces por qué estoy permitiendo que su mirada se rompa, y encima por mi culpa?

Me trato de convencer que es por su propio bien, que nada tiene que ver el miedo que atenaza mi estómago al pensar en sentir tal dependencia y necesidad hacia alguien, al pensar en una relación seria. Nunca me he enamorado tanto como con Dougie y… me da miedo salir herido y herirle… es demasiado riesgo… no… no puedo afrontarlo, ¿de acuerdo? Soy un cobarde.

-Deberíamos volver a la cel… - comienzo tras unos eternos minutos en silencio, intentando hacer ver que nada ha pasado y que no me siento tan monstruo por teñir de protección hacia él lo que no es más que pura cobardía por mi parte. Pero es que creo con tanto fervor que esto es lo mejor para él….

-¿¡Realmente vas a hacer que no ha pasado nada!?-me corta, utilizando un tono que jamás había empleado conmigo, pegando un brinco lejos de mí, los puños fuertemente apretados y sus orbes plateadas rebosando pequeñas gotitas saladas. Al ver que no contesto, se encoge, y las gotitas se derraman por sus párpados, haciéndome sentir como el mayor montón de mierda de todo el planeta.- No me lo puedo creer… Tú… creía… -niega fuertemente con la cabeza, intentando detener las lágrimas amargas del rechazo que ahora ruedan por sus mejillas. Y entonces se da la vuelta, y con paso apresurado trata de alejarse por el pasillo, en dirección contraria a la de nuestra celda.

-Doug, esp…-digo, tomándole del brazo, aunque el agarre no dura mucho porque él se suelta de un rudo tirón.

-¡Déjame! ¡Déjame y no se te ocurra seguirme!-me grita, y luego tengo que ver cómo corre por el pasillo, alejándose, mientras yo me odio aún más.

Me quedo observando el pasillo por el que ha desaparecido su menuda figura durante lo que parecen horas. Luego, casi inconscientemente, miro las cámaras que vigilan este pasillo, y por mi cabeza pasa el hecho de que nuestro beso ha sido profanado por la intromisión de algunos ojos indiscretos. Solo espero que los guardias no vengan ahora, y no hayan visto huir a Dougie, porque pueden ponerse en lo peor, ya que no deberíamos salirnos de la ruta hacia nuestra celda ni estar rondando por aquí, porque si es así le acabarán haciendo daño.

Entonces, empiezo a preocuparme por su seguridad, a obsesionarme con su bienestar, a pesar de estar yo mismo roto en mil pedazos. Comienzo a desconfiar de todo y de todos, y aunque me ha dejado bien claro que en estos momentos no quiere mi compañía, lo único que pasa a ocupar mi mente es el encontrarle. Aunque haya huido por mi culpa. Aunque yo lo haya puesto en peligro. No puedo permitirme más incidentes ni deslices, no puedo dejar que ellos le encuentren solo antes que yo. Además, quizás… quizás si le encuentro y… y me armo de valor para contarle los motivos de mi reacción… quizás así pueda perdonarme y entenderme un poquito… no puedo soportar que llore por mí…

Por eso, comienzo a correr, buscando en todos los pasillos imaginables de esta horrible prisión, gracias a Dios sin encontrarme con ningún guardia que pueda detenerme. Y corro, y busco, y me desespero, hasta que me acuerdo de ESE lugar. Una oleada de alivio y esperanza insufla mis pasos acelerados, esta vez en una dirección concreta: el lavabo abandonado de la segunda planta.

Ese lavabo está situado en la zona poco frecuentada de la prisión, esa vieja que los retrasados que manejan este sitio no vieron necesario restaurar. En esa parte de la prisión, en un recoveco escondido y algo difícil de encontrar (un viva al arquitecto de este sitio por tan magnífica chapuza), se encuentra la puerta a uno de los lavabos de esa planta. Dougie la encontró durante una de nuestras horas libres hace meses, en una de las típicas 'misiones de exploración' que tanto le gusta llevar a cabo, y sé que cuando el enano está triste o quiere estar solo, va allí a reordenar sus pensamientos. Y, cuando lo hace, cuando se toma esos pequeños tiempos en solitario donde solo está él y su cabecita, en ese baño ruinoso, yo me siento seguro, porque sé que nadie entra ya allí y que estará a salvo.

Una vez llego frente a la puerta, después de esprintar hacia allí, cerciorándome en cada pasillo que no habrá nadie que me pueda detener de mi particular ''misión'', me acobardo. ¿Por qué ahora mismo me tiemblan tanto las manos? Tengo miedo. ¿De qué? De su reacción. A pesar de preocuparme por su seguridad, sé que ahí no le va a pasar nada, y no quiero que su posible contestación o represalia al rechazo provoque otra herida a mi magullado interior, esta vez una que no pueda cicatrizar por muchos años, siglos o milenios que pasen.

No puedo vivir sin el enano. Ya no.

Y le estoy perdiendo, lo sé. En el preciso momento en el que le he rechazado, le he visto romperse, he visto cómo se fragmentaba su delicada superficie, y no he hecho nada. Y todo por mi propia cobardía, toda enmascarada por esa protección de la que siempre os hablo, protección que ahora más que hacia a él parece orientada a mí mismo, a mi propio bienestar y seguridad. Sí, soy un cobarde y de los buenos, con una buena coraza en la que me refugio.

Pero esta vez debo romper la coraza. O al menos intentarlo.

Debo recuperar a Dougie.

No me malinterpretéis, sigo pensando que no debería estar conmigo, y convencerle de lo contrario no es mi objetivo. Solo quiero hacer que comprenda mis miedos, los reflexione, entienda y respete. Nada más.

Porque no estoy hecho para él y, aunque duela, puedo acostumbrarme a ello, no me importa. Duele más vivir en un mundo sin Dougie Poynter.

Y por todo esto, me armo de ese valor que finjo tener y abro la puerta, con incertidumbre, pero por fin sin titubear. Y encuentro una imagen que me rompe aún más el corazón, haciendo que odie cada célula de cada recoveco de mi cuerpo.

En un rincón de aquel olvidado baño, con la cabeza entre las piernas, se encuentra un Dougie temblando violentamente, debido en gran parte a los sollozos desgarrados que escapan de su garganta. Joder, la he liado demasiado y lo sé. De verdad que quiero morirme…

Parece que el pequeño rubio, de tan concentrado que está, no se ha percatado de mi presencia en este inhóspito lugar. Por eso, aprovecho para acercarme lentamente y sentarme a su lado, sin tocarle, a pesar de morirme de ganas de atraerlo hacia mí y abrazarle, para hacerle sentir menos solo y, de paso, hacer que yo me sienta menos mierda. Y noto un pinchazo en el pecho, impresionantemente cerca del corazón, debido a ese querer y no poder que se debate en mi interior.

- ¿Te acuerdas de aquella vez que te dije que no te debía dar miedo vivir? – le pregunto en voz bajita cuando no puedo aguantar más tanto sollozo, sacándolo de una manera u otra de ese pozo en el que se ha metido. No le veo dar ningún respingo, ni siquiera hace amago de moverse, por lo que me hace llegar a la conclusión de que sí se había dado cuenta de mi presencia.

- Sí – responde solo, tras unos minutos, los sollozos siendo interrumpidos y dando paso a pequeños sorbos por la nariz, aunque no haga amago de salir de su recién encontrado escondite y mirarme a los ojos.

- ¿Y también recuerdas que te dije que te enseñaría a ser valiente? – vuelvo a insistir, ahondando en el recuerdo, para que su memoria lo reproduzca fielmente en su cabeza y no haya amago de confusión.

- Claro… y lo hiciste – dice, una mezcla de sentimientos difusa empañando sus palabras, haciéndome sentir confuso y, ante todo, temeroso del final.

- Dougs, es imposible que lo hiciera. Soy un cobarde y siempre lo seré – le aclaro, provocando en él un respingo que hace que, por fin, alce la cabeza y me mire a los ojos. Y en esos ojos que hoy más que nunca son mares plateados, sólo encuentro tristeza, dolor, incomprensión y, sobre todo, curiosidad por esto último. – No, no digas nada, déjame hablar – le suplico al ver su pequeña boca abrirse, intentando que de ella salga algo, sin éxito alguno, imagino que de la impresión. Yo nunca he admitido ser un cobarde, sino todo lo contrario. Siempre he sido el malo, aquel que se defiende de todo, al que todo le resbala, el que no necesita a nadie. Que equivocada está la gente, hay mucho, mucho más debajo de esa pose… Y aunque Dougie intuya todo lo que hay bajo la superficie, no se imagina completamente todo aquello que esconde. – Verás, te debo una disculpa, o más bien un millón de ellas, porque sé que no entiendes lo que ha pasado allí, en el pasillo. Pero es lo mejor para ti.

- ¿Se puede saber qué dices? Ya sé que no te gusto de esa manera, lo has dejado bien claro, no necesito más explicaciones: es muy simple y yo no soy idiota. Así que ahórratelas, ahórrate el mal trago y mejor déjame solo – escupe con tristeza, dejando entrever con sus palabras la incomprensión que siembra su mirada.

Y en sus esferas de mercurio veo su herida, la que yo le he provocado, tan profunda como la mía. Y por eso, por intentar aliviar aunque sea mínimamente ambas, decido no pararme a pensar en las siguientes palabras que salen de mis labios.

- No es que no me gustes. Es que estoy enamorado de ti. – mientras estas palabras salen atropelladamente de mis labios, sintiendo como cada rincón de mi pecosa cara enrojece, la del rubio expresa una mueca sorprendida, pensando probablemente que es una broma. Por eso clava profundamente sus orbes en las mías, intentando encontrar algún indicio de mentira, leyendo mi alma. Pero lo único que encuentra es la verdad de mi sentencia. Así que añado: – Pero no podemos estar juntos.

- ¿Pero de qué cojones hablas? – suelta como un exabrupto, perdido del todo. Y por la cabeza me pasa que nunca le había oído decir un taco como ese 'cojones'.-No…

- ¿Tú me has visto? ¿Has visto lo que soy? Obviamente no soy para ti, ni tú para mí. – le corto, sin posibilidad de que continúe hablando, sintiendo un dolor incesante ante esas palabras que, al decirlas en voz alta, se han hecho mucho más reales.

Estoy tan concentrado en el dolor que se ha creado en mi pecho, unido al intento de no llorar, que no me doy cuenta de que Dougie se ha movido. Solo lo percibo cuando noto dos bracitos rodeándome con fuerza el cuello, imperceptiblemente haciéndome sentir mejor.

- Yo también te quiero, Dan. – me responde con voz dulce, correspondiendo a mi confesión, haciendo que mi corazón se hinche y empiece a propulsar sangre a toda máquina, sintiéndome vivo y, ante todo, querido, por primera vez en mucho tiempo. – Y no entiendo por qué no eres para mí. Eres la única persona que ha creído en mí en toda mi vida. Que me ha cuidado, querido y protegido. Que me ha hecho feliz, a pesar de estar donde estamos. Y, sobre todo, que no me ha juzgado por mis actos y me ha hecho ver cómo soy realmente. Dan, eres lo único que tengo. Y lo único que necesito. – y mientras me ha susurrado todas estas palabras, conectando sus ojos con los míos, y haciéndome ver que son reales, ha ido acercando poco a poco su cara a la mía, hasta que nuestros labios se encuentran a tan sólo milímetros. Respirando su aroma y su propio aliento. A punto de tocar de nuevo el cielo.

Y decido ser valiente de verdad. Lanzarme al vacío con todas las consecuencias que esto pueda acarrear. ¿Y si realmente estar juntos no es un error? ¿No debería probar, intentarlo, en vez de negarme una y otra vez la posibilidad de ser feliz?

Por ello, mato la ínfima distancia que nos separa y le beso. Dulcemente, sin prisa. Mostrándole todo lo que significa para mí, lo mucho que ha cambiado mi mundo desde que entró a esta prisión. El pequeño cierra los ojos antes que yo, correspondiendo al beso, enredando los dedos en los pequeños rizos cortados de mi pelo, mientras yo le posiciono mejor entre mis brazos agarrándole por la cintura. Continuamos el beso, conociéndonos, explorándonos, pero a la vez sabiéndolo todo el uno del otro. Como si fuéramos unos desconocidos completamente conocidos. Como si el mundo hubiera dejado de rodar, deteniéndose en este instante, dándole una forma nueva y marcando un antes y un después.

Cuando nos separamos, veo su mirada embelesada, feliz y, ante todo, enamorada. Y no puedo evitar decir por primera vez dos palabras que me asustan, pero que también me dan fuerza. Fuerza para ser feliz.

- Te quiero, Doug.

Y me inclino de nuevo en busca de sus labios.

-0-

''Hola, mamá. Perdona por no haber escrito antes, pero he estado muy ocupado. ¿Adivinas con quién? ¡Con Danny!

Sí, sí, ya lo sé, siempre estoy ocupado con Danny. Pero esta vez es diferente, de verdad. ¿Y sabes por qué? Porque ya no somos amigos. Al menos, ya no solo.

¿Recuerdas lo que te puse en la otra carta? ¿Eso de que quería que Danny me abrazase en nuestra celebración, que me cogiese de la mano, e incluso que me besase? Aún no hemos tenido celebración, pero, ¡lo ha hecho, mamá, me ha besado! Y muchas, muuuuchas veces.

Bueno, en realidad, la primera vez fui yo el que le besé. Fue hace una semana, cuando salíamos de limpiar los suelos de la planta. Lo llevaba notando muy raro desde hacia unos días, y, cuando estábamos solos en el pasillo de camino a nuestra celda… me dijo que no le pasaba nada y parecía tan mono de lo nervioso que estaba… no pude resistirme y le besé. En los labios.

Pero, ¿sabes qué?, me rechazó.

Mamá, te aseguro que nunca había experimentado tanto dolor junto. Ni siquiera en el instituto. Ni si quiera esa vez que me caí del monopatín y me rompí el brazo. Fue… como si me rompiera. Pero no un hueso o algo así… sino… como si fuera el alma lo que se hacía pedacitos… Como si me hubieran dejado caer desde muy, muy alto y no hubiera nada blando en lo que caer.

Pensar en el desliz que había cometido al besarle no fue nada comparado con sentir la pequeña esperanza de ser correspondido siendo pisoteada, sobre todo cuando fingió que no había pasado nada.

Y huí de él. Le dije que no me siguiera y corrí a ese baño abandonado de la segunda planta. No podía dejar de llorar y tenía la sensación de que me ahogaba en mis propias lágrimas… Menos mal que papá no está aquí, o me hubiera llamado nenaza por ser tan débil.

¿Sabes lo que pasó después, mamá? Que Danny me siguió. ¡Me siguió aunque le había dicho que me dejase en paz! Y… y en el baño… me dijo que aquello era lo mejor para los dos. Y yo no lo entendí, creí que estaba buscando alguna excusa para hacerme sentir mejor… y no le odiaba por eso, no, me odiaba a mí mismo por haberle puesto en la incómoda situación de tener que rechazar a un maldito crío que ahora, descubría que fantaseaba con él. Me daba tanta vergüenza y dolía tanto… llegué a pensar que de seguro mi beso le había dado asco.

Pero no, mamá, estaba equivocado. Porque entonces me dijo que estaba enamorado de mí… ¡Qué ÉL estaba enamorado de MÍ! Ay, soy incapaz de dejar de sonreír al pensar en ello. Parezco una chica.

Pero ahí no acaba todo, ¿eh? Porque a pesar de confesar que sentía eso por mí, luego me dijo que no podíamos estar juntos. Y no lo entendí. Hasta que me lo explicó. Y entonces pensé « Qué tonto». ¡Pensaba que no le merecía! ¡Qué no estaba hecho para mí! ¿Verdad que es tonto? Claro, yo no se lo llamé, por si se enfadaba, pero sí le dije que le quería. Mi primer « Te quiero» a una persona que no eres tú, mamá. Y también le dije todas esas cosas que te he puesto a ti en otras cartas. Que es el único que se preocupa por mí. Que es el único que me protege. Que es lo único que necesito para seguir teniendo razones para levantarme cada día.

Y le convencí. Y me volvió a besar. Y luego me respondió con otro «Te quiero». Y pensé en esas veces en las que papá me dijo que nunca nadie me querría, y también en los chicos de clase cuando me escupían diciéndome que no debería haber nacido, que en este mundo no había lugar para mí. Tenían razón, mamá, esos chicos tenían razón: no encajo en este mundo, mi sitio no está en él. Pero, tranquila, que por fin lo he encontrado. He encontrado el lugar al que pertenezco. Es chiquitito, delimitado por unos brazos tatuados, SUS brazos tatuados, que me rodean, pero es el más perfecto de los universos. Y sé que es solo mío, nadie más puede entrar en él para hacerme daño, ni siquiera pueden las voces de mi cabeza.

Desde ese día, soy muy feliz. Incluso ya no me quejo cuando hay lentejas para comer. Y eso que sabes lo mucho que odio las lentejas.

¿Sabes que por la noche, cuando apagan las luces, Danny me deja bajar de mi litera hasta la suya y me deja meterme en el hueco de entre su cuerpo y la pared? ¿Y sabes que entonces me abraza y me acaricia la cara y me desea buenas noches aunque luego no me deje dormir hasta un rato después porque no paramos de besarnos en silencio para que nadie nos descubra? ¿Alguna vez te ha pasado? ¿Lo sentiste tú por papá? ¿Has sentido que te iba a explotar el pecho con solo ver sus pupilas, que todo se fundía al notar su piel en contacto con la tuya, que miles de millones de pequeñas mariposas aleteaban sin control en tu estómago cuando te besaba? Dime, mamá, ¿sentías eso por papá? Porque si lo sentías, entonces lo entiendo, entiendo por qué no te fuiste, entiendo por qué aguantaste. Yo haría cualquier cosa por Danny… aguantaría cualquier cosa por él…

En breves encenderán de nuevo las luces y nos mandarán ir a desayunar. Danny aún sigue dormido, a pesar de que fue él el que me despertó para que me cambiara de litera antes de que vinieran a llamarnos y nos vieran durmiendo abrazados en la misma cama. De momento no podemos dejar que nadie nos vea, porque seguro que nos separan, así que tenemos que escondernos cuando queremos besarnos y tal. Es un rollo, pero merece la pena esperar a esa hora o par de horas en las que podemos estar completamente solos. Tranquila, mamá, no te escandalices, solo nos besamos, ¿de acuerdo? Aunque le otro día me mordió en el cuello y me acarició por debajo de la camiseta... se sintió también…

Tengo que irme, mamá, que ya nos llaman y tengo que espabilar a Danny para que bajemos rápido a desayunar. ¡O se acabarán las galletas de chocolate!

Te quiero,

Dougie. ''


*recupera su cuenta*

JEJEJEJEJE. Claro que lo de Dougie es fumada, lo he escrito yo JEJEJEJEJEJE.

Bueno, ¿qué?, ¿qué os ha parecido? Queremos reviews xDD Y prometo que Ari no es tan mal hablada, que las partes de los tacos son cosa mía (una cosa de la que nos hemos dado cuenta al revisar xDDDD ).

¡Feliz semana y nos veremos cuando vuelva a tener internet!