:SEPARACIÓN:
Capitulo dos:
- ¡Syaoran¡Syaoran, espera! – alguien viene corriendo en mi busca, me detengo, pero no doy la vuelta. Ya que no quiero hablar con nadie.
Alguien posa su mano en mi hombro. Doy media vuelta resignado, y me sorprendo de ver que la voz que me llamaba era la de Meiling. Luego llega Tomoyo. Y las dos me llevan hacia el bosque detrás de la escuela. Caminamos por largo rato ¿Qué querrán? Nadie habla, pero todos sienten la tensión que hay en el aire. Llegamos a un claro y nos sentamos allí. Ninguna de las dos habla así que yo tendré que iniciar la conversación.
- ¿Por qué me han traído hasta aquí? – pregunto aun confundido. ¿Qué quieren estas dos? Acaso no entienden que estoy sufriendo.
- Sabes, no esta nada bien lo que haces – me dice Meiling apuntándome con el dedo – Eres la persona mas cruel del planeta, Li.
Yo miro confundido a Meiling y luego a Tomoyo, esta está con la cabeza gacha. De repente veo como corren lágrimas por su rostro ¿Qué es lo que te hace sufrir Tomoyo¿Por qué lloras amiga mía? Meiling se acerca a ella y la abraza para consolarla, todavía dirigiéndome una mirada de absoluto desprecio.
- Syaoran… ¿Por qué?… ella… te… ama - solloza Tomoyo. ¿Qué es lo que sucede¿Por qué tanto misterio?
- ¿A quien te refieres? – pero luego caigo en la cuenta de el porque están aquí, Sakura – Ustedes no pueden venir a acusarme de que yo soy el malo de la historia… es ella… ella va por la vida destrozando almas… y yo fui una de sus victimas… es una…
- ¡Cállate!
Tomoyo se para frente a mí, es primera vez que la veo enojada. Tomoyo se me acerca lentamente, sendas lágrimas caen por su rostro. De repente pone frente a mí un sobre, del que cae una carta. Miro la carta y luego a Tomoyo, me arrodillo para recogerla y Tomoyo pasa por mi lado, no sin antes decirme con un tono de voz muy bajo, para que solo yo la escuche.
- Si de verdad te importa Sakura tanto como dices… lee la carta, si no… - y da un largo suspiro, dejando que algunas lagrimas caigan al suelo… sus labios tiritan de rabia y ella los mordía para reprimirla – si no pues anda olvidándote de que alguna vez existió. Adiós Li Syaoran.
Tomoyo se marcho con paso decidido y sin mirar ni una vez asía atrás. Meiling la siguió, dejándome solo en el claro. Tome la carta y me senté en un tronco seco que había cerca. Pareciera que todo el bosque quisiera que me enfrentara a mi destino, porque en ese momento todos los pájaros cesaron su cantar y el viento para de producir silbidos entre la hojas. No quería leer nada que me hiciera recordar con más fuerza a Sakura. Debería dejar la carta aquí e irme para nunca volver. Pero mi preocupación pudo más que mi voluntad y lentamente tome la carta entre mis manos. Le di una mirada rápida a las tres páginas, era la letra de sakura, fina como su alma, y de seguro ese era su olor… olor a cerezos.
Leí la carta.
¿Por qué Sakura¿Por qué no me lo dijiste desde un principio? Yo hubiera comprendido. ¡Maldita sea! No llegare a tiempo.
Estaba yendo a 120 Km. /Hr, en la moto que me presto Touya, iba por la carretera que llevaba directo a la estación de trenes. Solo veía que el camino a mí alrededor se convertía en una mancha borrosa. A lo lejos oí el sonido del silbato de partida. ¡No llegaría a tiempo!
¿Sakura, donde estas¿Dónde estas¡Maldita sea! La gente del andén me estorbaba, no la veía, no la distinguía por ningún lado. El tren comenzaba a acelerar su marcha. Entonces vi como Tomoyo despedía con la mano a alguien, esa debía ser Sakura. Corrí como alma que la lleva el diablo, el tren ya iba a una velocidad considerablemente rápida. Pase como un rayo junto a Tomoyo, esta esbozo una sonrisa. Sabía que yo había comprendido. Sakura se asomo por una ventana, era la ultima del vagón, me extendió una mano para alcanzarla. Corrí hasta el termino del andén y salte hacia ella tratando de alcanzar sus delicados dedos… pero no lo logre y caí fuertemente al suelo, sobre los viejos y desgastados rieles en mal estado. Levante la vista y oí como mi amada me gritaba.
- ¡Búscame en Londres! –tenia lagrimas en sus ojos, al igual que yo, lloraba nuestra brusca separación. Me levante.
- ¡No me olvides! – le grite con todas mis fuerzas, pero el tren estaba muy lejos, solo vi como ella me hacia señas de despedida desde lejos. Esa imagen me persiguió por meses. Sus castaños cabellos se arremolinaban por el viento y sus ojos, llenos de lagrimas, me decían… me exigían que la buscara. Mi corazón, nuevamente se destrozo y esta vez, no había nadie que recogiera los trozos.
Tomoyo llego a mi lado, traía consigo un pañuelo con el cual paro el correr de la sangre que caía desde mi brazo. Al caer me había echo una gran herida. Los dos volvimos a la ciudad en la moto, específicamente fuimos a la casa de Tomoyo. Ninguno de los dos hablaba… porque no había nada de que hablar. En eso entro una de las guardaespaldas de Tomoyo, traía noticias.
- Natacha… dame la carta… - pide Tomoyo a su guardaespaldas, esta le entrega un sobre con un leve olor a cerezos – puedes retirarte Natacha.
- Si, señorita Daidouji.
- Syaoran… ahora has entendido el porque de esta situación – me dice Tomoyo ofreciéndome una taza de sake. Yo le digo que no quiero amablemente y comienzo a llorar silenciosamente.
- Tomoyo… ella debió habérmelo dicho… - le digo a la pálida chica, pálida como la luna que nos cernía en esta oscura noche.
Tomoyo se sienta a mi lado, y me muestra una vez mas la carta que Sakura le envió antes de marcharse. Yo miro la carta, y no puedo evitar pensar en que Sakura jamás volverá. Yo no puedo viajar a Londres en su busca.
Tomoyo me mira con gran pesar, sabe por lo que estoy pasando y puede que me culpe en gran parte por la partida de Sakura. Lee la carta y al terminarla la tira al fuego de la chimenea. La carta se consume en minutos
- Ella, dice que llego bien… Syaoran… se que Sakura debió avisarte antes, se que debió explicarte la situación en que se encontraba… pero tu no quisiste escucharla – me dice con un tono que denotaba profunda tristeza.
- Pero yo la quería… ¡Acaso no se había dado cuenta de eso!
- Te entiendo, pero tu debiste habérselo echo saber – me dice Tomoyo reprochándome – Ella te amaba, pero no estaba segura de que tu la amaras… si le hubieras dicho antes que…
- ¡Ella debió decirme primero que iba a casarse con Eriol!
CONTINUARA...
