Que bueno que les gusto ^^ aquí el segundo cap

Los personajes de Harry Potter y esta historia no me pertenecen, le pertenecen a sus respectivos creadores.


Draco POV

Llame a la puerta delantera, espere con impaciencia y me enderece cuando un hombre mayor me abrió y sonrió.

-Draco –saludo el señor Granger, cediéndome el paso-. Llegas en punto, como siempre.

-Gracias por recibirme –entre en la casa y mire alrededor. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve ahí, pero el lugar no había cambiado nada.

La entrada era ancha y recibía luz a través de un tragaluz que llenaba de sol el reluciente piso. Las paredes del vestíbulo que conducía a la parte trasera de la casa estaban cubiertas de fotos familiares enmarcadas, de niños sonrientes y padres orgullosos. La sala de estar en la que entraron tampoco había cambiado. Las paredes seguían siendo de un amarillo suave y cálido, los muebles eran grandes y cómodos y la chimenea de piedra estaba decorada con una urna de cobre llena de flores frescas, el señor Granger se sentó en el sofá y agarro la cafetera que había en una bandeja, sobre una ancha y rayada mesa de pino.

Mientras el servía el café que yo no deseaba tomar, recorrí la habitación y me detuve ante el mirador curvado. El limpio cristal ofrecía una amplia panorámica de la pradera de césped bien cortado, rodeada por viejos robles. Sin embargo, apenas y podía admirar la vista. Mi mente se centraba en la tarea que me esperaba: convencer a William Granger para que me vendiera el terreno que necesitaba.

-¿Qué trae a Draco Malfoy a mi casa a primera hora de la mañana?

Me volví hacia mi vecino. El medía un metro setenta y tantos, tenía abundante cabello oscuro salpicado de canas, la piel algo curtida y bronceada por el trabajo y agudos ojos marrones.

Acepte la taza de café que me ofrecía y tome un sorbo por pura cortesía. Me senté en un sillón frente a él y sujete la taza con ambas manos.

-Quería hablarte de esa parcela de ocho hectáreas que tienes en el prado norte, William.

-Ah –el hombre esbozo una sonrisa comprensiva y se recostó en el sofá.

No era bueno dejar que el adversario supiera cuanto se deseaba algo, pero William Granger no era ningún tonto. La familia Malfoy había hecho ofertas por ese trozo de tierra varias veces en las últimas dos décadas. Y el señor Granger siempre las había rechazado de plano. Sabía lo importante que era el tema para mí, así que no tenía mucho sentido disimular lo contrario.

-Siempre he querido esa tierra, William, y estoy dispuesto a hacerte una oferta muy ventajosa.

El movió la cabeza, tomo un sorbo de café y dejo escapar un suspiro.

-Draco…

-Escúchame antes – me incline hacia delante, deje la taza de café en la mesa y apoye los codos en los muslos-. No utilizas ese terreno como pasto. No le sacas ningún partido.

El señor Granger sonrió y negó con la cabeza. Era testarudo y lo sabía muy bien. Controle la impaciencia que me atormentaba y trate de darle un tono cordial a mi voz.

-Piénsalo, William. Estoy dispuesto a hacerte una oferta sustanciosa por la propiedad.

-¿Por qué es tan importante para ti?

Ahora empieza el juego.

Desee que fuese un juego sencillo. William sabía muy bien que yo quería que el rancho Malfoy recuperase su extensión original, pero iba a obligarme a dar razones.

-Es la última parcela que falta para completar la propiedad original, de la familia Malfoy –dije secamente-. Como sabes muy bien.

El señor Granger sonrió de nuevo. Pensé que parecía un duende benévolo. Por desgracia, no parecía un duende dispuesto a vender.

-Hablemos de negocios. No necesitas la tierra y yo la quiero. Es sencillo. ¿Qué me dices?

-Draco – hizo una pausa para tomar otro sorbo de café-. No me gusta vender terreno. Lo que es mío, es mío. Lo sabes. Tú sientes lo mismo al respecto.

-Sí, y esa parcela es mía, William. O tendría que serlo. Empezó siendo tierra de los Malfoy. Debería volver a ser de los Malfoy.

-Pero no lo es.

Sentí una intensa frustración.

-No necesito tu dinero –El señor Granger se inclino hacia delante, dejo la taza en la mesa y empezó a pasear por la habitación-. Lo sabes y, aun así, vienes a convencerme arguyendo que sacare beneficio.

-Obtener beneficio no es un pecado, William –Contraataqué.

-El dinero no es lo único en lo que piensa un hombre.

Se detuvo ante la chimenea, apoyo un brazo en la repisa y me miró.

No estaba acostumbrado a estar a la defensiva en una negociación. Tener que alzar la vista para mirar a William, desde el esponjoso sillón, hizo que me sintiera en desventaja, así que me puse de pie. Metí las manos en los bolsillos de los pantalones de mezclilla y contemple al señor Granger, preguntándome sus intenciones.

-He oído un "pero" implícito en tu frase –dije con un pequeño rallo de esperanza-. ¿Por qué no me dices que tienes en mente? Así descubriremos si es posible llegar a un acuerdo.

-¡Ay, la impaciencia! Deberías aprender a disfrutar más de la vida, Draco. No es bueno centrarlo todo en los negocios.

-A mi me va bien.

No estaba interesado en escuchar consejos. Ni que nadie me hablara de "disfrutar" de la vida. Solo quería ese último pedazo de tierra.

-Hubo un tiempo en que no pensabas así –musitó él. Sus ojos se ablandaron comprensivamente y su sonrisa se borró.

Me tense al instante. Lo peor de vivir en un sitio pequeño era que todo el mundo se enteraba de los asuntos personales de uno. Sabía que William intentaba ser amable, así que controle el nudo de ira que atenazaba mi estomago. La gente creía conocerme y ser capaz de entender lo que sentía y pensaba.

Error.

La gente se equivocaba.

Me interesaba tan poco la comprensión como los consejos. No necesitaba la compasión de nadie. Mi vida era como yo deseaba que fuera. Solo me faltaba esa maldita parcela.

-Mira, William. No he venido aquí a hablar de mi vida. He venido a hacer un trato. Si no te importa…

-Eres un hombre de ideas fijas Draco – El señor Granger chasqueo la lengua con desaprobación-. Aunque lo admiro, también es algo que dificulta la vida.

-Deja que sea yo quien me preocupe por mi vida, ¿de acuerdo? –el cosquilleo de impaciencia que había sentido antes empezaba a burbujear y bullir en mi estomago-. ¿Qué me dices, William? ¿Va a ser posible que lleguemos a un acuerdo?

El cruzo los brazos sobre el pecho y ladeo la cabeza, estudiándome como si buscara algo concreto. Tardo unos minutos en contestar.

-Podríamos llegar a un acuerdo. Pero los términos que tengo en mente son distintos de los que esperabas.

-¿A qué te refieres?

-Es sencillo – se encogió de hombros-. Tú quieres la tierra y yo quiero algo a cambio. Y no es tu dinero.

-¿Qué es?

El hombre asintió, volvió al sofá y se puso cómodo. Luego alzo la vista hacia mí.

-Conoces a mi Hermione.

-Si… -corrobore con suspicacia.

-Quiero verla feliz –dijo William

-No lo dudo –

¿Qué diablos tenía que ver Hermione en este asunto?

-Quiero verla casada. Asentada. Con una familia.

Me puse rígido y sentí un escalofrió. Todos mis sentidos se pusieron en alerta. Oí el tictac del reloj en la repisa de la chimenea y a una mosca chocar contra la ventana. Inspire profundamente y saboree el aroma de la salsa de tomate que hervía en la cocina. Tenía la piel tensa y los nervios a flor de piel.

Inspire de nuevo, moví la cabeza y mire a el señor Granger fijamente, incapaz de creer lo que acababa de oír. El peso de lo que William parecía estar sugiriendo cayó sobre mí como una tonelada de ladrillos. Pero el hombre me miraba con determinación, esperando a que absorbiera sus palabras.

¡No podía ser verdad!

¡No podía estar hablando en serio!

Me había enfrentado a negociaciones difíciles y siempre había ganado. Esa no sería diferente.

-No veo que tiene que ver el matrimonio de Hermione conmigo, ni con esta conversación.

-¿No lo ves? – sonrió-. Tú estás solo, Draco. Hermione está sola…

Definitivamente ese asunto estaba yendo mal…

Muy mal.

¿Hermione casada conmigo?

Impensable.

Mire a William a los ojos y vi que era totalmente sincero, por increíble que pareciera. Apreté los dientes e inspire un par de veces para calmarme. No funciono.

-Seré claro- dijo apoyando un brazo en el respaldo del sofá, como si estuviera perfectamente cómodo consigo mismo y con su entorno-. Te ofrezco un trato, Draco. Cásate con mi Hermione. Hazla feliz. Dale un bebe o dos. A cambio te daré la parcela.

¿Un bebe o dos?

La furia se desboco como un volcán y vi todo rojo. Mis pulmones no recibían bastante aire. Tenía el cerebro nublado por la ira y me resultaba imposible pensar. Era mejor así. Si consideraba las palabras del señor Granger seriamente, solo Dios sabía lo que podía llegar a decir.

No recordaba haber estado nunca tan enfadado. Nadie me manipulaba, yo era el manipulador. Yo era el león a la hora de negociar. Nadie me sorprendía y nunca me sentía perdido. ¡Maldición y mil veces maldición! Nunca me había quedado sin habla.

Al mirar a William comprobé que disfrutaba viéndome confundido y eso solo logro enfurecerme más.

-Olvídalo –siseé. Incapaz de quedarme quieto, fui hacia el mirador y contemple el paisaje un par de segundos antes de volverme hacia el hombre que seguía tranquilamente sentado-. ¿Qué diablos te pasa, William? ¿Estás loco? La gente no comercia con sus hijas hoy en día. No estamos en la edad media ¿sabes?

El hombre se levanto, me miro con los ojos entrecerrados y agito el índice en el aire.

-La ganancia no seria para mí, sino para ti –apuntó-. ¿Crees que aceptaría a cualquier hombre para mi Hermione? ¿Crees que la valoro tan poco para hacer esto sin pensarlo? ¿Sin reflexión?

-Creo que estás loco.

-Si tanto quieres la tierra, ya sabes cómo conseguirla – el señor Granger soltó una risa seca.

-Increíble –La proposición era una locura. Siempre me había caído bien William Granger; nunca habría pensado que le faltaba un tornillo.

-¿Por qué te parece tan poco razonable? –Preguntó, rodeando el sofá para situarse junto a mí ante la ventana-. ¿Es una locura que un padre busque la felicidad de su hija? ¿O la felicidad del hijo de un hombre que fue su amigo? Lucius era en gran hombre y tú también lo eres, Draco, pero llevas mucho tiempo solo. Has perdido demasiado.

-William… -sonó como una advertencia.

-De acuerdo –alzo las manos-. No hablaremos del pasado, sino del futuro –se giro hacia la ventana y su vista se perdió en el horizonte-. Mi Hermione necesita algo más que tu rancho. ¿Es tan aventurado pensar que podrían construir algo juntos?

-¿Quieres que tu hija se case con un hombre que no la ama? –lo mire con fijeza.

-El amor puede surgir y crecer.

-No para mí.

-Nunca digas "nunca jamás", Draco –el señor Granger me miro de reojo-. La vida es larga y no está hecha para vivirla a solas.

La vida no siempre era larga y yo había descubierto que era mejor vivirla a solas. Solo tenía que preocuparme de mis propios intereses, vivía como quería y no me excusaba ni pedía disculpas por ello. No tenía ninguna intención de cambiar mi vida.

La irritación se exacerbo en mi interior. Quería esa tierra. Para mí se había convertido en una especie de Santo Grial. El ultimo trozo de terreno que completaría las extensivas propiedades de la familia Malfoy. Casi había paladeado la satisfacción de acabar con la tarea que me había propuesto. De repente, parecía que saborearía el fracaso y eso me quemo por dentro.

-Gracias, William. Pero no estoy interesado –dije.

Quería la tierra pero no estaba dispuesto a volver a casarme. Lo había intentado una vez. E incluso antes del desastroso final, no había funcionado ni para mí ni para ella. Simplemente, no estaba hecho para el matrimonio.

-Piénsalo –insistió el señor Granger, señalando la ventana.

Seguí su dedo y vi a Hermione y a su madre en el prado. Jean Granger se alejo y dejo a su hija sola, rodeada de pequeños y fuertes caballos.

El sol caía sobre Hermione como un haz de luz. Su cabello largo, ondulado y castaño revoloteaba alrededor de sus hombros; cuando echó la cabeza hacia atrás y se rio, me resulto tan intrigante que tuve que apretar los dientes.

-Mi Hermione es una mujer extraordinaria. Sería una gran decisión.

Desvié la mirada de la mujer, sacudí la cabeza y mire al hombre mayor que tenia al lado.

-Puedes olvidar esa idea tuya, William. ¿Por qué no piensas de forma realista y buscas un precio para ese terreno que nos satisfaga a los dos?

La situación se me había ido de las manos y sentía como si un muro se cerrara a mí alrededor. Era obvio que el señor Granger estaba loco, aunque no lo pareciera. Nadie ofrecía a su hija como parte de un trueque en los tiempos que corrían.

-¿Qué diablos crees que diría Hermione si oyera tu proposición? Pregunte, jugando mi última carta.

-Ella no tiene por que enterarse – el sonrió y encogió los hombros.

-Vives peligrosamente, William.

-Sé lo que les conviene a mis sobrinos, a mi hija – rezongo él-. Y lo que te conviene a ti. Es el mejor trato que harás en tu vida, Draco. Así que eres tu quien debe pensarlo seriamente antes de decidir.

-La decisión está tomada –asegure-. No me casare con Hermione ni con ninguna otra mujer. Pero si cambias de opinión y quieres hablar de negocios en serio, llámame.

Tenía que salir de ahí. La sangre me bullía por las venas y tenía la sensación de que me ardía la piel. Maldije al hombre por soltarme algo así de sopetón. Cruce la habitación con unas cuantas zancadas y abrí la puerta justo cuando Jean Granger entraba. Ella dio un respingo.

-Draco.

-Jean –la salude con la cabeza, lance una última mirada incrédula al señor Granger y salí, cerrando la puerta a mi espalda.

De inmediato, sentí que podía respirar de nuevo. El aire fresco traía el aroma de los caballos y del lejano mar; casi sin pensarlo, volví la cabeza hacia el prado en el que Hermione Granger departía con sus caballos.

Incluso en la distancia, sentí una atracción que hacía tiempo no sentía. La última vez que había visto a Hermione había sido en el funeral de Astoria y mi pequeño Scorpius. Ese día había estado demasiado ausente para fijarme y desde entonces me había concentrado únicamente en el rancho.

En vez de encaminarme hacia mi coche, me sorprendí yendo hacia el prado cercado.

¿Por qué lo hacía?

Ni idea.


Hermione POV

Observe el avance de Draco y ordene a mis hormonas que se echaran a dormir. Pero no escucharon. Empezaron a bailar, excitando cada una de mis terminaciones nerviosas.

-Ay, Loba –susurre, acariciando el cuello aterciopelado de la yegua-. Soy una idiota.

-Buenos días, Hermione.

Me cuadre y volteé hacia él. Con una sola mirada de sus ojos grises, supe que nunca podría "cuadrarme" lo suficiente.

¿Por qué ese hombre me encendía por dentro, como una sarta de fuegos artificiales del cuatro de julio?

Mi iluso corazón anhelaba a Draco Malfoy y a nadie más.

-Hola, Draco –dije, felicitándome por el tono sereno de mi voz-. Has salido temprano esta mañana.

-Si –su expresión se torció e hizo un esfuerzo obvio por controlarla-. He tenido una reunión con tu padre.

-¿Sobre qué?

-Sobre nada –dijo rápidamente.

Tan rápido que supe que ocurría algo. Y conociendo a mi padre, podía ser cualquier cosa. Pero era obvio que Draco no iba a hablar del tema, así que decidí reservar mi curiosidad para después. Se lo sacaría a mi padre. Draco se acerco, apoyo los antebrazos en el madero superior de la valla y entrecerró los ojos. La dirección del viento cambio de pronto y ella recibí una ráfaga de aire impregnado con su aroma. Olor a hombre y a menta. Me costaba seguir respirando.

-Parece que hay un nuevo miembro en tu yeguada –dijo él, señalando al potrillo.

-Llego anoche –Sonreí y mire al potrillo mamando-. Bueno, de madrugada. Estuve levantada hasta las cuatro de la mañana, por eso hoy parezco la novia de Dracula.

¡Idiota!

No lo veía desde el funeral de su familia y solo se me ocurría llamarle la atención sobre mi horrible aspecto.

Fabuloso.

-Yo te veo muy bien –dijo él, casi como si le molestara admitirlo.

-Sí. Seguro –reí, acaricie a Loba una última vez y trepe sobre la valla.

Supe de inmediato que debería de haber caminado hacia la puerta. Solía ser un imán para las caídas, por lo tanto no me extrañó que mi maniobra no fuera nada grácil ni fluida.

La punta de la bota se engancho en el madero inferior. Tuve un segundo para pensar.

Perfecto.

Estoy a punto de caer de cara en el barro, delante de Draco Malfoy

¿Podría ser peor?

La mano de Draco aferro mi brazo y me sujeto hasta que recupere el equilibrio.

-Gracias… -sacudí la cabeza para apartarme el cabello del rostro y mire sus orbes grises. Se me seco la boca.

El calor de la mirada de Draco me desconcertó. Era como someterse a un lanzallamas. Con la sangre hirviendo en mis venas, las respiración agitada y el estomago hecho un nudo, me limite a mirarlo. Sentir su mano en la piel incrementaba aun más el calor que sentía.

-Ven a cenar conmigo –dijo Draco, justo cuando me preguntaba como rayos me iba a justificar por haberme quedado paralizada como una estatua.


Espero que les haya gustado ^^

si gente, astoria esta 100 metros bajo tierra, asi que las personas que la odian o les cae mal, sean bienvenidas xD

Dejen reviews! :DD

Bye :)