Capítulo 2
17 de octubre de 1814, Longbourn
Querido Sr. Darcy:
Espero no importunarle al enviarle estas palabras. Quería en primer lugar agradecerle su carta que, por cierto, no esperaba bajo ninguna circunstancia. Me alegra saber que me ha podido perdonar, y no le quepa duda de que usted ya está perdonado. De hecho, hace mucho que no guardo ningún tipo de rencor hacia usted. ¿Cómo podría? Creo que los dos nos confundimos por momentos; después de todo, ha de convenir conmigo en que somos personas muy testarudas y con caracteres difíciles, Sr. Darcy.
He de confesarle que esperaba poder verle en la boda de mi querida hermana Jane para decirle cara a cara todo lo que le escribí. Jane me informó de que no podría acudir porque unos negocios le habían retenido. Espero que todo haya ido bien desde entonces.
En Longbourn muchas cosas han cambiado desde que estuvo aquí la última vez. Como sabe, Jane y Bingley ya están instalados en Netherfield, y mi hermana menor ha contraído matrimonio con el párroco de Meryton. Como podrá suponer, la Sra. Bennet está inmensamente contenta, así que puedo dedicarme a la vida de contemplación en vez de a la de la caza de hombres.
Por el contrario, espero que Pemberley no haya cambiado en nada. He de confesarle que sus tierras son verdaderamente bellas, y que envidio las posibilidades que tiene de pasear por ellas. Creo que durante mi visita a Derbyshire no tuve ocasión de decírselo.
Confío en que usted también goce de buena salud, y espero que pueda saludar a su hermana Georgiana de mi parte. Fue un placer conocerla entonces.
Espero noticias suyas pronto,
Elizabeth Bennet
Cuando Elizabeth terminó de escribir, el reloj de la sala de estar sonó, indicando la llegada de la medianoche. Se había pasado un buen rato decidiendo qué escribir y cómo hacerlo. El resultado, le parecía, era satisfactorio.
Aquella noche se acostó con una sonrisa en el rostro, que todavía al día siguiente seguía plasmada en su cara.
— ¿Te ha pasado algo, Elizabeth? — le preguntó Mary durante el desayuno. Las dos hermanas se encontraban solas en el comedor. El Sr. Bennet había decidido encerarse ya a leer en su despacho y la Sra. Bennet había ido temprano a visitar a la Sra. Lucas.
— No, nada. — dijo Elizabeth con una sonrisa. — ¿Por qué lo preguntas?
— Por eso que acabas de hacer precisamente. Hacía meses que no te veía sonreír, y ya no digamos reír, a pesar de que antes lo hacías constantemente.
Elizabeth se quedó paralizada ante aquella observación. ¿Tan mal humor había tenido durante aquellos meses? Es cierto que la situación con el señor Darcy le había causado tristeza y malestar, pero había intentado esconderlo. De hecho, solo su hermana Jane conocía toda la historia.
— Supongo que todos pasamos por mejores y peores rachas, pero te aseguro que ahora estoy bien.
— Me alegro. — dijo Mary, sorprendiendo a Elizabeth con una sonrisa. — Sé que no soy Jane, y que tampoco soy una persona fácil con la que tratar, pero si alguna vez necesitas hablar con alguien…
— Gracias, Mary. — dijo Elizabeth sinceramente. — Lo mismo te digo. Si alguna vez necesitas hablar con alguien…
Después de desayunar, Elizabeth se dirigió caminando a Meryton con el fin de enviar la carta que había escrito al Sr. Darcy. Aprovechó además para comprar más hojas, tinta y sobres. Y es que esperaba poder utilizarlos muy a menudo de ahora en adelante.
— ¡Elizabeth! — escuchó que la llamaban. Vio entonces aproximarse a la Sra. Phillips. — ¡Oh, querida! ¿Qué tal estás?
— Bien. — contestó confusa Elizabeth.
— Tu madre está realmente preocupada. Espera que cuanto antes aceptes un empleo como acompañante.
— Lo sé. — dijo Elizabeth, suspirando. Al parecer, su madre regresaba a las andadas. Esta vez, hablando de las penurias de su hija menos querida.
— Debes hacerle caso, querida. Creo que sería un trabajo apropiado para ti.
Elizabeth no pudo evitar mirar a la Sra. Phillips con la expresión sarcástica con que había mirado a su madre en otras ocasiones. — Sí, lo haré, Sra. Phillips. — le dijo para poder librarse de la conversación.
Así, en cuanto pudo, Elizabeth se escabulló de la charla indeseada y tomó el camino de regreso a Longbourn. La mañana había empezado muy bien, con la esperanza de poder continuar su correspondencia con el Sr. Darcy y su charla con Mary, pero parecía que todo volvía a la normalidad.
Al llegar a casa, encontró a su hermana leyendo en el banco de piedra del jardín, lejos de los gritos de su madre y de la impasibilidad de su padre.
— ¿Ya has vuelto de Meryton? Es todavía muy temprano. — preguntó Mary confusa.
Elizabeth se sentó a su lado y suspiró dramáticamente. — Digamos que me he encontrado con la Sra. Phillips.
— Oh, no. ¿Qué te ha dicho?
— Pues básicamente que me vaya a trabajar como acompañante, que estoy preocupando a mi madre.
— Consuélate. — dijo Mary riendo. — Podría haber sido peor. Podría haberte recomendado conventos.
— ¿Te llegó a recomendar conventos? — peguntó Elizabeth asustada.
— Sí, incluso me propuso hablar ella misma con el antiguo párroco de Meryton para acelerar los trámites. — contó Mary. — Sé que he tenido una adolescencia muy rara, pero no hacía falta que me recomendara meterme a monja.
— Así es la señora Phillips, Mary. — dijo Elizabeth resignada. — Por cierto, quería pedirte un favor.
— Dime. — dijo Mary animada.
— ¿Podrías ayudarme con el piano? Querría aprender a tocar mejor…
— ¡Claro! — contestó Mary encanada. — Eso sí, no te recomiendo que me pidas que te enseñe a cantar. No es mi fuerte.
Las dos hermanas se dirigieron así riendo a la sala de estar, donde se encontraba el instrumento. Parecía que Mary, después de lo que ella llamaba "una adolescencia rara", comenzaba a salir de su caparazón, algo que alegraba enormemente a Elizabeth.
Los días siguientes pasaron de forma muy lenta para Elizabeth. Cuando envió la segunda carta, no había creído que la espera de la contestación fuera a ser tan tortuosa. Habían pasado seis días desde que la había envido, así que, teniendo en cuanta los plazos de los anteriores envíos, si la respuesta no llegaba mañana, comenzaría a preocuparse de verdad. Después de todo, no estaba segura de que las palabras del señor Darcy fueran una invitación a seguir escribiendo y no solo una mera cortesía.
— ¡Elizabeth, Elizabeth! — gritó la Sra. Bennett desde algún lugar de la casa.
— ¡Estoy en el jardín! — respondió Elizabeth también gritando.
Elizabeth vio cómo la señora Bennet venía corriendo a toda velocidad hacia ella. Eso solo podía significar una cosa: tenía noticias. En otras épocas, pensó, habría compartido sus chismorreos con Lydia pero, desde que esta se había ido, solo le quedaba Elizabeth para contarlos. Y es que Mary tenía una forma infalible para evitar escucharlos: quedarse de forma impasible mirando a su madre y no decir nada.
— ¡Tengo noticias de Lucas Lodge!
— ¿Les ha pasado algo a los Lucas? — preguntó Elizabeth.
— No, no. La Sra. Lucas ha sido mi informante. — explicó la Sra. Bennet. — Al parecer, el Sr. Johnson, el médico de Meryton, se retira, y será su hijo quien lo sustituya.
— Ajá. — dijo Eliabeth, ya que no sabía qué debía aportar ante tal descubrimiento.
— Al parecer se trata de un joven apuesto y soltero de 20 años de edad. — dijo la Sra. Bennet emocionada, como si todavía tuviera alguna hija a la que casar.
— Mamá, recuerda algo: ni Mary ni yo tenemos la inclinación de casarnos. — advirtió Elizabeth.
— ¡No seas aguafiestas, Lizzy! ¡Una pude soñar! — espetó la Sra. Bennet ofendida, antes de darse la vuelta y regresar a casa.
Elizabeth no sabía si reír o llorar. Parecía que la Sra. Bennet quería volver a sus orígenes, aunque poco le quedaba ya con qué trabajar: dos hijas testarudas y muy peculiares.
Tan sumida estaba en sus pensamientos, que tardó en darse cuenta de que un jinete acababa de llegar a las puertas de Longbourn. Elizabeth se levantó corriendo para alcanzar al mensajero antes de que alguien de la casa lo viera, ya que, si el envío era para ella, quería evitar el interrogatorio sobre su correspondencia.
— ¡Disculpe! — gritó Elizabeth mientras corría hacia él.
El joven se dio la vuelta y Elizabeth pudo comprobar que se trataba del muchacho de siempre.
— ¡Oh, Srta. Elizabeth! De nuevo carta para usted. — dijo él con una sonrisa.
Elizabeth le dio las gracias y se apresuró a regresar a su punto favorito del jardín, un columpio que no se veía desde la casa, por lo que podría leer la carta sin ser molestada.
Con manos temblorosas comprobó que, en efecto, se trataba de una carta del Sr. Darcy. La abrió y se quedó sorprendida al ver, en esta ocasión, casi dos páginas enteras escritas.
20 de octubre de 1814, Pemberley
Querida Srta. Bennet:
Sepa ante todo que me ha alegrado enormemente recibir tan pronto noticias suyas, así que no, no me han importunado sus palabras, todo lo contrario. Me alegra también saber que los dos somos conscientes de nuestro carácter testarudo y difícil. Supongo que es algo que no podemos evitar y que los que conviven con nosotros deben aprender a manejar.
En relación a la boda de su hermana y el Sr. Bingley, en efecto, su hermana le informó bien acerca de mi situación. En este momento tengo algunos negocios nuevos en el norte de Escocia que me han traído más de un quebradero de cabeza. Tres días antes de la boda me habían informado de que había un problema con el proveedor de lana, así que tuve que desplazarme hasta el norte de la isla, un viaje bastante largo y frío en esta época del año, a pesar de la belleza del paisaje. No puedo negarle, sin embargo, que hasta cierto punto me alegré de no poder aceptar la invitación. En ese momento estaba convencido de que a la última persona que querría ver usted en un evento tan feliz era a mí, quien después de todo tenía gran parte de culpa en la situación de su hermana y el Sr. Wickham. Ahora sé, tras leer sus cartas, que no albergaba ni alberga tales sentimientos, pero en ese momento eso era lo que pensaba.
Me alegra ver, regresando a temas más alegres, que las cosas han cambiado para mejor en Longbourn. Me carteo frecuentemente con el Sr. Bingley, así que yo también le puedo corroborar que el matrimonio entre mi amigo y su hermana no podría ir mejor. Me alegra también saber que otra de sus hermanas se ha casado y, por supuesto, que su madre por fin le permita dedicarse a la vida de contemplación que tanto desea. Me atrevo a decir, sin embargo, que conociéndola nunca aceptaría una vida dedicada a la caza de hombres.
En Pemberley todo sigue prácticamente igual que cuando usted lo visitó. Este invierno lo pasaré entero en la casa, por lo que podré disfrutar, como dice, de la belleza del paisaje de Derbyshire. En cuanto a su saludo a Georgiana, lo he incluido en la última carta que le he escrito ayer mismo, ya que se encuentra actualmente en Londres, con unos amigos con los que pasará la temporada.
Confío en que en futuras cartas me cuente más de cómo es su vida ahora en Longbourn.
Espero deseoso su pronta respuesta,
F. Darcy
Esta vez, Elizabeth tenía una gran sonrisa en la cara en vez de lágrimas al terminar de leer la carta. Se alegraba inmensamente de haber hecho caso a la antigua Elizabeth y haberle escrito. Y es que, en efecto, sus palabras habían sido una invitación a seguir la correspondencia y no una mera cortesía.
Se alegraba también porque gracias a estas cartas estaba descubriendo el lado oculto que el Sr. Darcy nunca mostraba en sociedad: su sentido del humor, su bondad y su sinceridad. Estas cartas también le ayudaban a ver que ambos eran propensos a sacar conclusiones erróneas acerca del otro, como su supuesto deseo de que el Sr. Dacry no acudiera a la boda de su hermana y el Sr. Bingley.
Sus últimas palabras (Espero deseoso su pronta respuesta) la hacían desear incluso más subir corriendo a su habitación y escribirle, aunque sabía que eso sería imposible hasta la noche. No quería levantar sospechas, sobre todo ante su madre y la peligrosidad de sus descabelladas ideas.
Elizabeth guardó entonces la carta con cuidado en el bolsillo de su vestido. Suspiró mirando al cielo cubierto de nubes, pensando que, dada la situación actual, corría un grave peligro de enamorarse aún más del Sr. Darcy.
Hola a todos.
Espero que el segundo capítulo os haya gustado tanto o más que el primero. Como habéis leído, Eizabeth y Darcy ya comienzan a mantener una correspondencia fluida, aunque se enfrentarán a algunos problemas en los capítulos siguientes...
He querido darle también un poco de protagonismo a Mary que, aunque no será un personaje principal en la trama, sí será un importante apoyo para Elizabeth, dado que Jane vive e Netherfield con su marido.
Me gustaría poder leer vuestras impresiones y conjeturas, así que, a más reviews, más rapidez en subir nuevos capítulos. Si llegamos a cinco en un día, mañana mismo tendréis el próximo.
Gracias por leer,
Dalpaengi
