El último amanecer?
Harry dobló la carta con cuidado. Al salir de la carpa, miró por lo que tal vez sería una última vez, a Ron, su hermano, su mejor amigo. Sentía una sensación… extraña.
Muchas veces se habían peleado y distanciado. Pero esta vez era distinto; Harry debía enfrentar su destino, un destino que, por primera vez, el había elegido. Y aunque este camino lo alejara de las personas que amaba e incluso de la vida propia, sabía que era el correcto.
Salió al bosque, con cuidado, por si Hermione estaba despierta. Pero no, su amiga se había quedado profundamente dormida, con la cabeza apoyada en las rodillas.
Dejó la carta al lado de su amiga y antes de partir, le acarició el cabello suavemente. Como los extrañaría. Suspiró y se adentro nuevamente en la oscuridad, una oscuridad asfixiante.
Cuando la sensación de opresión desapareció, se encontraba a la orilla de una isla, rodeada por muros. El agua, de espesa espuma, rompía contra la orilla, y salpicaba a su alrededor al romper con las olas. Enormes celdas, de barrotes oxidados y lúgubres, rodeaban toda la extensión de aquella prisión.
Azkaban no parecía tan malo después de todo. Al menos no estaba rodeado de dementores. Entró por una puerta principal, cubierto aun con la capa para hacerse invisible.
El sol comenzaba a asomarse detrás de los infinitos muros. ¿El último amanecer? La pregunta quedo suspendida en medio de aquel aire deprimente. No sabía su respuesta.
Trago saliva y comenzó a caminar por esos siniestros y desiertos pasillos, con el corazón desbocado, rezando por que Ginny no estuviera allí, que lo hubieran engañado…
Se dijo, intentando distraer a su palpitante corazón, que el amor era una debilidad en cierto modo. Dumbledore tenía razón, era una fortaleza. Pero Voldemort… no estaba del todo equivocado.
Pero era una debilidad que merecía la pena sufrir. Porque el amor, había logrado que Harry siguiera con vida, incluso ahora, cuando se disponía a abandonara aquella vida plagada de dolor, perdida y sufrimiento, se sentía capaz de decir, de admitir, tal vez por estar tan cerca de perderlo todo, felicidad. Felicidad de ser quien era, de tener a los amigos que tenia. Por qué no había verdad que superara ese hecho en sí mismo. Ron, Hermione, Fred, George, Charlie, Bill, Arthur, Molly, Hagrid, Lupin, Tonks e incluso aquella personita tan especial, y que tanto amaba, por la que estaba dispuesto a entregar su vida.
Esas personas habían hecho que su vida, que parecía condenada a un infierno eterno, viera la luz, de un nuevo amanecer. Pero eso debía acabar ya. La vida le había dado suficientes pruebas de que él no podía seguir en este juego.
La vida era como… una especie de macabra obra de teatro. Llena de falsedades, pero a la vez gratificante. Algunos personajes tienen papeles secundarios. Otros, primarios. A algunos les tocaban papeles románticos. A otros, dramáticos.
Suspiró. ¿Sería que para él había sido designada la tragedia?
Y ahora se daba cuenta de que siempre había podido elegir. De que no estaba obligado. Pero solo ahora se daba cuenta que siempre había podido elegir, aunque no lo hubiera creído.
Y ahora, mientras se abría camino hacia el patio de Azkaban, comprendió que este era su destino y que lo cumpliría feliz. Salvaría a Ginny. Costara lo que costara. Y si moría en el intento (sacudió la cabeza, tratando de no pensar en eso) estaría… estaría feliz.
Confiaba en que alguna vez Ginny pudiera volverse a enamorar de alguien digno de ella, que no la pusiera en peligro segundo a segundo, día a día; Aunque el sobreviviese a este encuentro, ojala ella realmente no malgastara su vida esperando a un héroe. Un héroe que parecía desatinado a la tragedia.
Deseó que Ron y Hermione pudieran ser felices, y lograr destruir a los vínculos que ataban a Voldemort a la vida, para así acabar con él de una vez por todas. Sabía que si él no podía, sus amigos jamás le fallarían.
Aguzó el oído a medida que se acercaba a el patio. No oía absoluta mente nada. El agudo silbar del viento. La corriente de agua. Su propia respiración agitada. El galopar de su corazón desenfrenado. Nada más. Pero entonces un leve susurro, como el del papel al doblarse lo sorprendió.
Pero entonces, Harry los vio.
Voldemort, con una larga túnica negra, que contrarrestaba con su pálida piel, doblaba un sobre y se lo entregaba a una negra lechuza. E inmediatamente después, tal y como lo había visto, estaba Ginny, atada al mástil, con la cabeza gacha y los ojos llorosos. Sintió que el dolor y el miedo se apoderaban de él.
Pese al pánico que poco a poco tomaba control de sus sentidos, se abrió por su pecho un nuevo sentimiento al observar esos ojos miel, llenos de amor.
Su corazón desbocado, pareció abrirse paso y volar de felicidad, como si hubiera estado encarcelado. Una sola lagrima, se permitió brotar de sus ojos.
Sintió el un odio corrosivo al mirar aquellos ojos color rojo carmesí, que no lo veían.
—Bien, pelirroja, creo que ha llegado tu hora—se jactó Voldemort—Tal vez, te hubiera ido mejor te hubieras enamorado de otro chico menos problemático.
Ginny no contestó. Voldemort alzó la varita.
—Avada...
— ¡No te atrevas a tocarla!—gritó Harry lanzando al suelo la capa para hacerse invisibles y la espada resbaló de sus entumecidos dedos. Ginny alzó la cabeza horrorizada y negó lentamente, con los ojos color miel, bañados en lágrimas, rota de dolor. Voldemort, en cambio, soltó una risotada.
— ¡Miren quien está aquí! ¿Es que Harry Potter ha venido por su asquerosa noviecita?—Harry apretó los puños y Voldemort ensanchó la sonrisa—. Que rápido has sido, Potter. Pero el insignificante hecho que estés aquí, no figura nada. La muchachita pagará por la estupidez de haberse enamorado del hombre equivocado.
— Tu problema es conmigo, ella no tiene nada que ver. Déjala ir —dijo al mismo tiempo en el que se ponía delante de ella—, ¡Diffindo! -dijo apuntando a Ginny. Las cuerdas que la aprisionaban se soltaron y cayó al suelo.
—Oh, creo que no te irás ¿Verdad pelirroja?—Dijo Voldemort apuntando a Ginny por debajo de los brazos extendidos de Harry—. ¡Crucio!
Ginny comenzó a retorcerse de dolor. Harry con el rostro torturado, se dejo caer a su lado, observando el rostro agonizante de su amada.
— ¡NO! ¡N-no! ¡Detente! —Exclamó Harry fuera de sí. Creyó que enloquecería de ver el agonizante rostro de la mujer que amaba— ¡DEJALA! ¡Por favor! ¡POR FAVOR!
Ginny dejo de retorcerse y quedo tendida en el suelo, respirando entrecortadamente.
—Eso es, Harry Potter, suplica... Ruégame…
—Vete ahora—Suplico Harry en un susurro, profundamente aliviado. Le entrego su propia varita. Ginny la tomo con manos temblorosas, mirándolo fijamente a los ojos—.Desaparece—Suplicó, al tiempo que esbozaba una tranquilizadora sonrisa.
Luego se puso de pie delante de ella.
Solo había una forma de que Ginny tuviera un momento para desaparecer.
—Voldemort—susurró lo bastante audible.
En el momento en que el nombre tabú, fue pronunciado, una docena de Mortifagos aparecieron en el deprimente patio. Pudo sentir como Ginny desaparecía detrás de él y Harry dirigió la mirada a aquellos ojos rojos y fríos, carentes de expresión.
—Avada Kedavra — Susurró Voldemort torciendo una deforme sonrisa, apuntando directamente, al corazón del chico.
Hola a todos! ¿Qué tal? Espero que bien :) Ojala les haya gustado este capítulo y nos vemos pronto en el próximo :D
Saludos a todos, espero reviews!
