La mañana siguiente de Hinata, que era dada a madrugar, fue tan atípica para su carácter que su hermana tuvo pesadillas al respecto. Entró en su cuarto para despertarla con una broma. Hanabi en verdad no tenía mala intención, había visto a su hermana más desanimada últimamente y su charla con Naruto...Fue en Ichiraku. La oyó media Konoha y para cuando Hinata desapareció en una licorería, lo sabía la otra. Al menos la parte shinobi. Tal vez, si los involucrados en cuestión tuvieran un perfil público menor no sería así. Pero se trataba del heroe del mundo shinobi y la princesa de los Hyuga, la media hora que había tardado en llegar a las orejas de los desinteresados miembros del departamento de i+d era un nuevo récord.
(Que la princesa de los Hyuga se había ido a ahogar sus penas al monumento de la Cuarta Gran Guerra Shinobi no lo hizo. Hanabi suponía que tener a la heredera de los Yamanaka y Reina Cotilla como amiga tenía sus beneficios.)
Si Hanabi se paraba a pensarlo, despertarla de esa manera había sido una muy mala idea. Despechada y con resaca, hasta la dulce Hinata podía ser mordaz. Aún así. Le había lanzado una Almohada Gentil. Hanabi ni siquiera sabía que se podía usar jyuuken en proyectiles y mucho menos en una almohada. Si no hubiera interpuesto el brazo, tendría los puntos de chakra faciales cerrados. (No era un aspecto atractivo, sobre todo porque uno de los efectos secundarios del Jyuuken era el relajante muscular. Tener media cara dormida por el puño gentil no sólo era extremadamente doloroso, sino humillante)
Por su parte, Hinata enterró la cabeza en las sabanas, maldiciendo internamente la intensa luz que entraba por la mañana. Estaba mentalmente recitando los pros y contras de salir de su refugio, dejandose llevar en favor a quedarse simplemente por pereza a vivir. Era curioso, uno pensaría que la primera resaca sería horrible y que las ganas de quedarse en la cama y darle la espalda al día serían incontrolables y, sin embargo...Hinata se había levantado muchos días con más esfuerzo.
(Depresión, le aclararía Ino más adelante, en una tarde de nostalgia por la inocencia perdida e introspección acompañada de té. Eres muy fuerte Hina-chan, la aseguraría con esa pequeña y madura sonrisa que sólo había adquirido tras la guerra. Hinata lo negaría con suavidad, con las mejillas ardiendo.)
(Porque por más que la dijeran cumplidos, siempre acababan sonando huecos para las orejas de Hinata)
Así que se levantó, se aseó y entrenó con total normalidad. Estaba distraída, sí, pero acostumbraba a estarlo. Sabía cómo entrenar con voces menospreciandote constantemente en tu cabeza, con ojos cansados e irritados, con cansancio extremo, sin verdaderas ganas. Ya había hecho todas esas cosas antes y las volvería a hacer. (Ya había hecho estas cosas con ni-san acompañándola y sin ni-san a su lado y había golpe más duro que ese.) Hinata sonrió entre jadeos. Uno podría pensar que el rechazo de Naruto la dolería más, que le marcaría un antes y un después en su vida. Sin embargo...después de tanto tiempo, de tantos fracasos y del constante rechazo que sentía a su alrededor Hinata había aprendido a hacer de cada derrota una victoria. Y no iba a dejar que Naruto-kun, su inspiración, cambiara eso. Jamás, no él. Si algo había aprendido a ser Hinata, era ser testaruda y que el cambio comenzaba con uno mismo, con pequeños pasos. Con objetivos fijos.
(Había despertado sobre una almohada salada esa mañana y sus ojos no tiraban a lavanda sino a rojo. Se miraba al espejo y encontraba una ilusa marioneta con los hilos rotos que en algún momento de su vida se había creído persona)
Y si algo había sacado de la tarde anterior, aparte de la conclusión que Uchiha Sasuke se parecía demasiado a un gato callejero (sin ninguna clase de tolerancia al alcohol, era adorable) maltratado por la vida que Hinata quería adoptar y nutrir hasta que dejara de ser tan arisco, era que quería cambiar su clan. Hinata se había cambiado a sí misma, eso era algo que debía creer y no iba a esperar a las promesas de Naruto-kun para hacer algo que era su responsabilidad. Hinata era Hyuga, no Naruto y el sello del Pájaro Enjaulado era un asunto de su clan.
Era hora de ponerse a trabajar.
(Porque no hacer nada significaba quedarse sola, consigo y sus pensamientos. No lo aguantaba, necesitaba huir, Hinata siempre había sido una cobarde y eso era algo que jamás cambiaría)
Con un nuevo propósito en sus pasos, Hinata se dirigió a una parte del distrito que tendía a evitar. Las habitaciones de los venerados ancianos Hyuga. Tenía que encontrar a Hisao, su frío y caustico Oji-sama. A cada metro, se daba animos a sí misma. Ni siquiera su padre era capaz de causarle escalofríos en la piel con solo pensar en él. Debía hacer esto bien, el bouke dependía de ella, los nuevos niños, pequeños que se parecerían a su ni-san y sufrirían como él si no hacía nada, dependían de ella.
(Neji-nisan tendría que estar a su espalda, como el silencioso pilar que tan desesperadamente necesitaba. Y, sin embargo, su punto ciego estaba más vulnerable que nunca a un ataque)
—Oji-sama, espero no molestarle —Comenzó la conversación, una vez que sus sirvientes (Familia, familia, eran una familia. Nunca menos. Suyos, de Neji. Protejelos Hinata-sama le decían sus ojos agonizantes Los dejo a tu cuidado) les ofrecieron una habitación y les sirvieron el té con aperitivos. —Pero temo que necesito su consejo en un asunto en el que he sido tercamente negligente hasta la fecha.
Los ojos de su abuelo se afilaron casi instantáneamente, atravesándola y deseando descifrar sus secretos.
(Pero Hinata había hecho frente al rinnengan y se había reído en la cara del mangekyou y aunque técnicamente ese Uchiha no fuera su enemigo, no se intimidaría como antes)
—Hmm, continua— Concedió con un soberbio movimiento de cabeza. Con gentileza, Hinata dio un sorbo de té, tomandose su tiempo. Tranquila, se recordó a si misma, sin prisa, no le dejes controlarte.
(Ojos metálicos y retorcidos mirándola con burla y esa pizca de incredulidad que acababa siendo más insultante que cualquier ofensa. Histeria a sus espaldas, teñida de desesperación y derrota que de alguna forma u otra se las había arreglado en ser más dolorosa que el frío metal atravesando su pecho)
—Sospecho que conoce el tema al que me refiero —Acabó diciendo, mirándolo entre sus pestañas en una imitación a su timidez habitual. Normalmente, el gesto sería genuino. No obstante, Hinata no tenía tiempo para excentricidades personales, debía ser profesional. Hisao no contesto, prefiriendo permanecer impasible y esperar que su nieta más desfavorecida revelara sus intenciones. —El sello del Bouke.
(Esclavos. Gritos de agonía que acompañaban a un resentimiento obligado a ocultarse. Una brecha que dividía ovejas de pastores y aunque hubiera un lobo en el rebaño, se le obligaba a recubrirse con lana y docilidad)
—Ya veo —Hisao clavó una mirada cargada de despreció a Hinata —Ahora que tu sueño —Pronunció la última palabra con clara desdeña — ha probado ser tan futil como todos tus intentos de ser una heredera digna deseas con desesperación algo con lo que distraerte. Desde tu punto de vista supongo que ser la lider de tu clan probaría a ser satisfactorio, ¿o me equivoco?
Hinata contuvo las ganas de reaccionar aunque el impulso de encogerse en si misma y arruinar la perfecta seiza en la que se había posicionado fuese más tentador que nunca. Como siempre, parecía haber descifrado todos sus pensamientos de un solo vistazo y los había torcido de tal manera que lo único que sentía era un profundo sentido de inadecuación acompañado por una apabullante vergüenza en si misma. Logró no reaccionar con suma dificultad.
(Podía fallarse a si misma. Una y otra y otra vez. Podía fallar a su padre, al clan, a la Aldea, a su equipo. Pero no a Neji-nisan. No. Hinata no fracasaría ese día. Se negaba a hacerlo)
Así que se imaginó que tenía enfrente suyo a Obito Uchiha, con esa convicción retorcida brillando en sus ojos y esas palabras tan ponzoñosas. Se imaginó que a su lado Naruto estaba vacío de esperanza por una vez, perdido como el niño olvidado que era.
(Se imaginó que era necesitada por las personas que amaba y se sintió egoísta por sentirse más completa que nunca al hacerlo.)
—Sus ojos son tan certeros como siempre, honorable Hisao-jiisama. —Le dio la razón. El problema con los grandes manipuladores, con los excelentes oradores, era que siempre había la suficiente verdad en sus palabras, el raciocinio justo como para que sonaran lógicas, plausibles. Naturales. Negar ese hecho, solo resultaría en humillación.
—Hmph, los halagos te servirán de poco conmigo, niña
—No— Le cortó Hinata, sonriendo dulcemente en victoria anticipada. Era una sonrisa perfeccionada bajo su estricto reflejo— Ya no soy una niña, oji-sama. Soy la heredera del clan más noble de Konoha y ya va siendo hora que me comporte como tal. —Hinata miró intensamente a su abuelo sin ninguna clase de sentimiento expuesto. Para ella no era fácil ocultar lo que sentía, siendo de naturaleza expresiva y sin embargo...
(Una vez le dijeron que era una persona admirable porque no odiaba e Hinata no tuvo el valor de decirles que sí que lo hacía. Que todos los días ese odio amenazaba con consumirla en un pozo sin fondo que Hinata temía en silencio. Porque si lo hubiera hecho, hubieran visto lo repulsiva que era en realidad y, pese a vivir una mentira manteniéndose callada, Hinata siempre había sido una cobarde)
Lo único que había aprendido a pasar por indiferencia era el disgusto y la ira. Y Hisao, que separó a sus propios hijos (A dos gemelos idénticos, a su padre y a su tío. A dos personas que deberían haber compartido un vínculo incuestionable y no lo hicieron, no en vida), que amenazó con poner el sello a la frente de su imouto, que la despreció por su debilidad y envenenó a su padre en su contra...No, Hinata no tendría problemas en parecer indiferente ante él.
—La única cuestión a resolver, venerable anciano, es si va a darme lo que le pido o tendré que acudir a otro. —Hisao, lejos de sentirse intimidado, la ojeó de manera similar que un león observa a una cría perteneciente a otro macho en una manada que acababa de conquistar justo antes de matarla. Insignificante en el momento, pero capaz de volverse una amenaza más adelante. Aunque, siendo sinceros, el 'más adelante' de esa cría de león estaba cada día más lejano.
(Y la tristeza, qué difícil había sido y qué acostumbrada estaba a ignorarla. Pinta una sonrisa sobre un rostro de porcelana, un gesto suave y tierno, Hinata, como una autentica kunoichi. Kurenai sensei sonrió No eres muy buena con el genjutsu pero las mejores ilusiones no necesitan chakra)
—¿A otro dices? —Bebió un poco más de té. La arrogancia de la juventud le sorprendía — Está Hitomi —Hinata no desvió la mirada, ignorando que su tía abuela Hitomi sufría Alzheimer y apenas podía recordar su nombre, mucho menos el sello del pájaro enjaulado —Tal vez Hitachi. —Un veterano que perdió la vista en la tercera gran guerra ninja. Estaba en la cúspide del suicidio o el homicidio, todos lo sabían. Pero había logrado enfurecer de tal manera a todos los miembros del clan que algunos hasta esperaban el día con ansias. —O puedes preguntar a Hiromi -Estaba completamente sordo — Siempre quedará Hikari— Tenía artritis en la mandíbula y sufría de un parkinson tan terrible que le era imposible pronunciar ni una sola palabra
—O tal vez Jiro —Sugirió inocentemente Hinata. Para su creciente satisfacción, su abuelo se tensó y la miró con una efímera pero intensa furia.
(Una parte de sí misma, esa que la asustaba tanto, se regocijó ante ello. Estar al otro lado de la ecuación se le hacía insoportablemente satisfactorio y, por unos segundos, se vio a si misma, cuarenta años en el futuro, con los mismos ojos indiferentes y lengua cruel que los ancianos Hyuga)
—Aquel que desconoce el orden de las cosas es aún más ignorante de su funcionamiento. —Rechazó inmediatamente. Momentos después cerró silenciosamente los ojos. Hinata no necesitó más indicios para saber que reconocía que había sido manipulado.
—Sé que me desprecias, oji-sama. ¿Dejarás de lado tus sentimientos personales para entrenarme? —Hinata le ofreció una rama de olivo. Aunque tambien era un ultimatum. Era cierto que para conocer mejor los secretos del sello la mejor opción era su abuelo pero no era la única. Estaba su padre, estaba Jiro, estaban los pergaminos antiguos, estaba la investigación pura y dura. Simplemente era el camino más corto. Por no decir que practicamente le estaba abofeteando con sus propias palabras. Hinata podía recordar perfectamente los pequeños comentarios, las miradas despectivas, los susurros malintencionados de su abuelo cada vez que perdía la compostura en público.
(El mejor amigo de un ninja es la decepción escuchaba la voz de Iruka-sensei. Tenía seis años, era inadecuada y frágil y quería que su padre estuviese orgullosa de ella. La subestimación y la kunoichi siempre van juntas canturreó esa chunnin de labios rojos y llenos en una perenne sonrisa y lunar tan falso como la calidez de sus ojos. Hinata tenía talento, por primera vez en su vida. Tenía talento precisamente donde podía no haberlo tenido. Era un triunfo tan amargo que Hinata lo consideró un golpe del tan llamado 'destino' con el que tan fríamente se consolaba su nisan en aquel entonces.)
—Mañana, tras las actividades matutinas —Concedió, noble hasta en la derrota. Hinata solo podía aspirar a alcanzar semejante dignidad algún día. No se dejo a si misma arrepentirse por ser tan cruel. Jiro era (O había sido. Volvía a ser, sin Neji.) la cabeza de la Rama Secundaria del Clan y, al contrario que sus predecesores, no aprobaba del orden de las cosas. Organizó una revolución, intentó cambiar las cosas. —¿Qué pretendes hacer con el clan? —Preguntó con severidad. El clan casi se colapsó en si mismo. Fue Hizashi quien pagó el precio.
(Jiro jamás podría dañar al hijo de su hermanastro, por más que odiara al hermanastro en cuestión. Bastardo que era, el afectuosos y terriblemente inocente 'Oji-san' que los gemelos le regalaban cada vez que le veían le había derretido por completo. Y, con un rehén bajo su manto protector y un sobrino al que proteger, la situación se solucionó. Provisionalmente)
Hinata no contestó. Con una última (y extremadamente dulce) sonrisa se despidió educadamente y salió de la sala, cerrando la puerta tras de sí con suavidad. Recorrió los pasillos de su mansión tranquilamente, manteniendo una expresión serena en el rostro y saludando con una reverencia a todos aquellos que se cruzaban en su camino, familia secundaria o no. Una vez que llegó a su cuarto y la puerta quedó cerrada, las rodillas la fallaron.
Hiperventilando, miró sus manos temblorosas. No podía creer lo que acababa de hacer. Acababa de plantarle cara al clan. No sabía si debía estar orgullosa o aterrorizada. Inmediatamente después fue corriendo al baño a vomitar lo poco que había podido desayunar. Al parecer la resaca y los venerables ancianos Hyuga no eran una buena combinación.
(Era una muñeca con las cuerdas rotas y, por primera vez en su vida, se movía por voluntad propia)
(Pero la muñeca solo deseaba que hubiera un pájaro en su lugar, surcando los cielos, libre para elegir su destino. La muñeca añoraba una sonrisa minuscula en un rostro de marmol, un 'sama' que quería decir 'imouto' y unos ojos similares a los suyos, pero distintos.)
El equipo ocho siempre había estado semi-oculto tras un velo de misterio, casi involuntariamente. No era por un afán de ocultarse, ni mucho menos. Irónicamente, sus miembros eran de esa clase de ninja honestos que tan raramente puedes encontrarte: Shino, por más estoico que pudiera llegar a ser, no tenía pelos en la lengua y mucho menos mentiras; Hinata, la Hyuga más transparente y tímida de la historia de su clan; Kiba, un gran cachorro con grandes colmillos cubiertos por una simpática lengua acompañado por otro fiel cachorro, Akamaru, quien por más que creciera, seguía derritiéndose con una caricia y un cumplido. Finalmente, Kurenai, viuda y madre, bella y cálida, que se había retirado de las fuerzas shinobi para criar a su adorable hija.
De todos los doce de konoha, el equipo 8 era el que más misiones de búsqueda, captura y asesinato había realizado con éxito. Si sumábamos muertes, vieja costumbre que tras la Cuarta Gran Guerra Shinobi todos alegaban haber dejado atrás, el total sería casi mayor al numero que sumaban el resto de equipos juntos. Tal vez la paradoja radicara en su maestra, una experta kunoichi en las artes de engaño que, como bien sabían los ninjas más experimentados, era dos veces más peligrosa que cualquier shinobi versado en el mismo arte. (Aunque genios como Uchiha Itachi o Shisui, sutiles, enmascarados, prodigios en las sombras y a la luz del día, insistieran en romper el esquema) Era profundamente irónico.
Lo más ironice de todo era la constante subestimación a la que estaban sometidos. Si fueras a dirigirte a un miembro del siempre disfuncional equipo 7 y le preguntaras, amablemente, qué equipo ganaría si fueran a combatir contra el ocho no dudarían ni un instante. Sin embargo, Hatake Kakashi, ex-ANBU, miembro con el mayor número de asesinatos en décadas, leyenda entre ninjas y veterano de dos guerras, sonreiría con cierta diversión. Él, a pesar de su fama mundial, también era un maestro de la decepción y uno siempre sabía reconocer sus iguales. Aún así, su equipo era desproporcionalmente poderoso, y sus miembros estaban llenos de sorpresas.
(Shino se encargaría de Sakura, sutilmente, mientras Kiba la provocaría para que no se diera cuenta de lo que estaba pasando. Hinata distraería a Naruto con motivación, culpa y 'no te contengas, Naruto-kun, da tu mejor esfuerzo contra mí aunque no sea tan fuerte como….' y cerraría dos veces consecutivas sus puntos de chakra en un abrir y cerrar de ojos, sin darle tiempo a soltar el inspirador discurso que seguro estaba en su boca. Si Sai fuera el oponente en cuestión, Shino comería sus ataques con facilidad, fortaleciendo sus insectos y empezaría un absurdo debate sobre las nociones de un combate amistoso. Si, por el contrario, Sasuke decidiera unirse…Suponiendo que quedaba algo de aquel niño de la academia en él, la estrategia cambiaría drasticamente. Sería Akamaru ganaría el combate, no Kib. y Shino se encargaría de Sakura. Akamaru era un perro, grande afectuoso y adorable – una de las debilidades más secretas del Uchiha )
(Lo más probable, sería que ganaran en un primer momento. La revancha, sin embargo, sería brutal. No obstante, el equipo 8 se especializaba en rastreo y si no querían ser encontrados jamás lo serían. Mucho menos trabajando en equipo)
Si fueras, en vez de ello, al equipo 10, Chouji tal vez no contestaría inmediatamente, tan incapaz en su bondad de entender esa competitividad entre amigos como cuando era un niño. Ino, por el contrario, te cegaría con una radiante sonrisa llena de confianza y, con tono asegurado que nunca perdía ese toque coqueto, recalcaría en tu falta de fe en la clásica y genial combinación de Ino-Shika-Cho. Shikamaru, la tercera pieza de ese gran contraste armonioso que era su equipo, lo consideraría con un poco más de profundidad. Luego suspiraría, llamando a todo el asunto problemático en la salida más fácil de la conversación que podía encontrar. No obstante, si uno insistiera, sus pequeños y afilados ojos se endurecerían con una frialdad aterrorizadora, esa de la que servía para jugar en el campo de batalla como lo hacía en un tablero de shogi y diría '10 movimientos' con total confianza.
(Kiba y Akamaru bloquearían a Chouji, tentándole con comida a kilómetros de distancia e insultos fáciles. Shino, implacable, llenaría a Ino de bichos y tal vez dejaría que la mentalidad de colmena de sus kikakus la absorbiera en un momento de distracción que utilizaría para finalizar el combate. Hinata, por ende, tendría a Shikamaru como oponente. La cosa de tener la autoestima baja acompañada de gran ansiedad, acompañado de una inteligencia considerable, era que siempre estabas preparada para la peor situación posible. Shikamaru tendía a ganar sus combates tras dejar que sus oponentes se confiaran y Hinata jamás lo hacía, por miedo a equivocarse. Más tarde, por el más puro ejercicio de confusión, desaparecerían como sólo sabían hacerlo ellos y cambiarían de contrincante. Hyuga contra Akimichi, Aburame contra Nara y Inuzuka contra Yamanaka. Hyuga contra Yamanaka, Aburame contra Akimichi, Inuzuka contra Nara. Y cambio, cambio, cambio hasta que su trabajo en equipo confundiera hasta al épico Shika-Ino-Cho)
De los nueve novatos, descontando a Naruto y Sasuke, por motivos extraordinarios, todos habían llegado a jounin, antes o después de la guerra. De su equipo, sólo Shino había sido ascendido y rechazó el puesto. No por falta de habilidad. (Y si en tres cajones había un pequeño sello oculto con máscaras blancas y tantos reglamentales, nadie tenía porqué saberlo) De los cuatro equipos de Konoha, fue el equipo 8 el que se propuso como un experimento, con el silencioso heredero de los lógicos Aburame, el hiperactivo suplente de los fieros Inuzuka y la tímida mancha de los irreprochables Hyuga. Todo bajo el mando de una recién estrenada jounin, una kunoichi de belleza extraordinaria
(Cuando nos ven Hinata — Explicó con paciencia Kurenai —lo primero que ven es una cara bonita. Luego viene el cuerpo. Y ese momento de vanidad previo del que tanto se han burlado recoge su fruto.
—Demo, sensei yo no…no soy como…como las otras
—La mejor seductora nunca es la evidente. —Dijo con una mirada cómplice —La desinteresada, la inocente, la víctima, la peligrosa, son mucho más mortales. Nunca te rindas antes de empezar, Hinata — Y no lo hizo, no tras ese día. Su inocencia, tan alabada desde entonces, se volvió traslucida como el agua turbia e igual de inquieta, siempre lista para fluir lejos de casa)
Tres personalidades completamente opuestas, tenían una maestra sin experiencia ni una especialidad que encajara con las suyas. ¿Cómo alguien experto en genjutsu iba a crear el primer equipo genin específicamente especializado en rastreo?
Hinata no tenía confianza en sí misma y su timidez la retenía en dar su opinión. Shino jamás encontraba las palabras adecuadas y siempre era malentendido y rechazado. Kiba era impaciente y se lanzaba al ataque sin idear un plan, sin esperar al resto. Eran el experimento, los predecibles fracasados.
Eran tan o más cercanos que el resto de equipos
—¡Es un idiota! —Exclamó Kiba nada más al verla, con todo el ultraje de una mujer despechada. A Hinata no le había dado tiempo ni tocar el claro donde estaba situado el campo de entrenamiento 12— ¡Un total y completo idiota, Hinata! —Repitió, como para enfatizar la verdad en sus palabras — Y si no ve lo que se pierde, ¡que se joda!
—¡K-kiba-kun! —Aunque alarmada y algo avergonzada Hinata no pudo contener una pequeña sonrisa. Inuzuka siempre intentaba protegerla y, la mayoría de las veces, se molestaba más que ella cuando pasaba algo malo. Era adorable.
—No se conoce una chica como tú en todas las dinastías —Añadió Shino, los oscuros cristales de sus gafas centelleando al viento. Akamaru eligió ese momento para ladrar, como si estuviera de acuerdo. A Hinata se le escapó una risa
—¡Pero si eso es de Mulán! —Le acusó Kiba, todavía más indignado. Shino le atravesó con la mirada, transmitiendo una profunda insatisfacción. Kiba le examinó unos instantes, intentando descifrarle. Luego, suspiró. — ¿Es por lo que te dije de las metáforas y los bichos, no? —Preguntó, completamente agotado de las tonterías de su mejor amigo
—A Mirai-chan no le gusta verlas sola. La semana pasada vimos Hércules— Pacientemente, Shino esperó la explosión de su mejor amigo. Para su sorpresa, en vez de explotar, se deshinchó como un globo pinchado
—¿...Sin mí? —Acabó diciendo. La voz de Kiba se había vuelto mucho más suave de lo habitual y había desviado la vista para no ver a su mejor amigo. Un aura deprimente pareció envolverle. Hinata no pudo evitar sonreír ante el dramatismo de sus dos mejores amigos. Pasara lo que pasara, esos dos nunca cambiarían. Aun así, ¿shino había ido a ver a Mirai sin ellos?
—¿S-shino-kun? —Hinata le lanzó una mirada de cachorrito abandonado. A Shino se le encogió el corazón con culpa
—Está semana toca Aladdin. —Ofreció, con algo demasiado estoico como para ser entendido como timidez. —Y no, Kiba, que dijeras que mis metáforas son crípticas y sólo entendibles para mis kikkakus no me ha afectado en absoluto. Como cuando Woody le dijo a Buzz LightYear que era un juguete y no un guerrero intergaláctico en una misión en la Tierra y le dio igual
—Pero…—Comenzó a decir Hinata —Tuvo una crisis existencial sobre ello. Entró en depresión, incluso.
—Oh.
—¡Pero estoy segura que Shino-kun no se puso triste! — Hinata se forzó a si misma animarle. A veces, las mejores distracciones eran las más inconsecuentes.
—Joder, Shino. —Kiba rodó los ojos, algo exasperado —Si quieres hablar de bichos y hábitos migratorios y bailes de abejas pues lo haces y punto.
—A mí me gusta mucho cuando Shino-kun habla de insectos. Siempre estás más feliz cuando hablas de lo que te gusta
—…Eso no es lo importante —Cambió el tema, ocultando la parte inferior del rostro en su abrigo. Hinata y Kiba compartieron una mirada cómplice, sabían que sólo hacía esto cuando estaba avergonzado. — Hinata, ¿cómo es que Naruto…?
—Sí —Interrumpió Kiba, demasiado impaciente como para esperar la usual elocuencia de su mejor amigo. —Yo tampoco lo entiendo bien. ¿Por qué te rechaza ahora? Han pasado dos años y nada. Creía que se le había olvidado o algo
—Yo…yo le pedí una respuesta.
—¿¡Qué!?
—Hai —Hinata cerró los ojos, dejando ver sus vulnerabilidades como sólo había sido ser capaz de hacer delante de su equipo y sus hermanos. — Fue…fue lo correcto. Para mí —Las palabras no parecían querer salir de su boca, como si fueran arena mojada pegándose a la piel.
—No dudo tu juicio —Empezó Shino —No obstante no es propio de ti
—Tengo 18 años —Explicó, como quitándose un gran peso de encima a pesar de saber que lo vas a volver a echártelo a los hombros en breves. Alivio mezclado con cansancio. —Y, pese a todo, sigo siendo la primogénita de mi clan. —Dijo, como si lo explicara todo. Y, para el equipo 8, lo hacía. No había otro clan tan tradicional como los Hyuga en Konoha y todos los miembros del equipo ocho estaban familiarizados con lo que se esperaba de Hinata. Había días, en medio de misiones o cuando la guerra estaba a punto de estallar que se tumbaban los tres, hombro contra hombro y pasaban la noche en vela, hablando. A veces no decían mucho, otras, todo. Hinata confesó un día su futuro, planeado desde que nació: heredera, madre, kunoichi, fuerte, esposa, obediente, líder. Sus miedos: fracaso, soledad, inútil, débil, rechazo, subyugación, paria. —Esperar fue un lindo sueño. Pero debo despertar.
(Y, sobre todo, confesó sus sueños, con el mismo cuidado y asombro que se le tenía a la lluvia en el desierto, un tesoro maravillosamente ordinario para otros pero excepcional para unos pocos. Triunfo, aceptación, familia, orgullo, amor, revolución, paz. El equipo ocho los atesoraba en un rincón de sus corazones, donde habían vislumbrado el alma de Hinata y protegían esa pureza que les había dejado ver, inconsciente de lo que era en realidad pero a sabiendas de su fragilidad)
A los 20, debía tener un camino asegurado. Hinata se confesó, se sacrificó con quince años y ayudó a finalizar una guerra con dieciséis. Con diecisiete trabajó para mantener la paz y con dieciocho disfrutaba de sus resultados. Con los diecinueve a semanas de distancia, no podía permitirse el silencio.
Shino y Kiba observaron cómo se perdía en sus pensamientos con esa melancolía que parecía tan apegada a su compañera. Siendo ambos bastante inexpertos (y algo desinteresados, a pesar del paso del tiempo) en asuntos amorosos, decidieron no comentar o indagar más. Si Hinata quería contárselo, lo haría.
—Sigo pensando que para ser el 'salvador del mundo' Naruto es un imbécil. —Repitió Kiba con compasión en la mirada. A su lado, Shino no dijo nada y, a la vez, Hinata lo escuchó todo. Akamaru, ese gigante gentil, lamió su mano, dejando baba por todas partes. Por alguna extraña razón, eso bastó para que su corazón acabara por romperse.
Una lágrima, precediendo a otras, bajo solemne por su mejilla. Hinata supo que, de cierta manera, eran un adiós. Adiós a esos dulces sueños de primavera en la que había una casa con grandes ventanales y dos revoltosos niños corriendo por el tatami, llenando la casa de risas y haciendo que su corazón se llenara de cariño. En los que se cenaba ramen al menos una vez a la semana y estaba rodeada de '¡Hinata-chan es la mejor, dattebayo!' con ojos imposiblemente azules que sonreían con afecto cuando se encontraban con los suyos. En la que era sexy, capaz y Naruto la amaba. La amaba tanto que cuando la veía en sus ojos estaban tan maravillados como los de Hinata cuando descubrió lo que era la fuerza de tu voluntad. Una sonrisa imposiblemente grande por la que se escapaban las palabras 'te veo Hinata, y nunca más pasarás a un segundo plano para mí'. Risas, benévolas y nunca hirientes y una calidez inimaginable.
—No. —Disputó Hinata, arrepentimiento y dolor batallando en su voz. Se limpió el rostro con el dorso de la mano — Naruto-kun no tenía la obligación de amarme de vuelta, Kiba-kun. Forzarle a ello no sería justo.
(Por un instante, su mirada se encontró con la de Shino. Esa que siempre era amable, con ella, siempre atenta, siempre llena de afecto tras esas lentes oscuras. Sonrió, porque cuando Hinata no sabía que hacer era como Sai, que creía que todo era mejor con una sonrisa. Shino asintió, silenciosamente.
Hinata volvió a sorprenderse de la fuerza de su mejor amigo. De la asombrosa entereza de su silencio)
—Entrenemos —Sentenció Shino. Lo hicieron, como si fuera otro día cualquiera. El alivio era agridulce, pero Hinata estaba empezando a desarrollar cierto gusto hacia ello. Con una sonrisa familiar en el rostro, reflejado en los de sus hermanos de armas, Hinata desapareció en un borrón. El aullido de furia de Kiba al casi estrellarse como un árbol le hizo gracia. La masa de bichos que le lanzó Shino, ya no tanto.
(Estaba en su familia, aquella que había elegido. No necesitaba la aceptación o el cariño de Naruto si ya tenía la de su equipo. Era suficiente con ellos.)
