CAPITULO 1:
Bella
"La vida es algo más que observar cómo la viven los demás… comienza a vivirla"
Se que no soy la persona más perfecta del mundo…tampoco soy muy llamativa, mis ojos son café, mi cabello marrón ondulado en las puntas y mi piel pálida. Se que soy torpe, no se pelear, soy un desastre en las manualidades, en deportes apesto, tampoco soy una chica diez en la escuela… pero tampoco es para que me deshereden ¿cierto?
Aun recuerdo el rostro de mis padres cuando me dieron la noticia, sus facciones eran serias y sin un ápice de cariño, esto me lo gano por no ser como mis hermanos, tampoco es que quiera serlo… es decir de que sirve ser tan perfecto como ellos, no es que fueran a ganar un premio Nóbel o algo por el estilo ¿verdad?
A veces pienso que soy adoptada, pero luego de unos minutos, esas ideas desaparecen de mi mente, solo basta saber de donde vengo para afirmar que pertenezco a mi familia, pero… el ver los logros de mis hermanos hace que vuelva a cuestionarme mis orígenes, aunque después llego a la misma conclusión: pertenezco a mi familia.
-Isabella… te vas de casa- fue lo único que dijo mi padre, y luego se retiro a su oficina seguido de mi madre. Cuando me di cuenta ya estaba en el avión que me llevaría de Transilvania a Forks, Washington.
Cuando pise el suelo Londinense una brisa fresca golpeo mi rostro. Era tranquilizante el pensar que era libre. Después de tanto tiempo de reglas y modales. Tal vez…y solo tal vez podría aparentar ser normal. Solo aparentar.
Pensé que ya no tenia nada que perder… me habían desheredado por el simple hecho de ser una inútil. En cierta forma los comprendo si fuera ellos también, hubiera hecho lo mismo, aunque no puedo evitar decir que duele. Son mi familia. Una muy extraña y poco ortodoxa diría… pero MI familia al fin.
Mientras me dirigía a mi nuevo hogar, recordé a mis hermanos, no a todos ya que tengo muchos. Solo a los más cercanos. La última vez que los vi fue hace cuatro años.
Tanya, la mayor de nosotros, prodigio del violín, orgullosa y caprichosa. Casada con un hombre adinedarado de una familia cercana a la nuestra, siempre elegante y altanera. Pero como era hermosa, tenía con que presumir. No recuerdo que alguna vez haya demostrado cariño hacia mí, no me desilusiona tampoco.
Kate, la que sigue… creo que es a la única que echare de menos. La única con la que tuve una relación casi familiar… no es que fuera cariñosa… pero si era amable conmigo. Era una gran abogada. Muy reconocida en Transilvania e Italia.
Peter, el tercero en nacer. De novio con una chica llamada Charlotte, creo. Nunca le preste a la vida privada de mis hermanos. Se que era muy bonita, pero solo la vi una vez. No me gustan las reuniones familiares. Es gran prodigio como pianista y tenía una gran voz. Lo último que supe de el es que lo contrataron para cantar ante la reina de Inglaterra.
El cuarto fue Benjamín. Se que dirigía una empresa mundial de hoteles, era alto, muy buen mozo y tenía carácter firme para los negocios. Se que vivía en Norteamérica con su mujer, Tia. A ella nunca la vi.
Decidí dejar los pensamientos de mis hermanos a un lado y concentrarme en mi presente.
Estaba sola en un país que nunca había visitado. Por suerte estudie su geografía antes de llegar, busqué en Internet los lugares y hasta ya había comprado un departamento. Como dije… estaba sola, pero con una gran cuenta bancaria cortesía de mi padre, por lo menos no me dejo sin nada.
En unos pocos minutos el taxi se detuvo enfrente de la dirección que yo le había indicado anteriormente. Le pagué y salí del vehículo. En la puerta del edificio había un gato negro. Lo miré y el devolvió la mirada. En una milésima de segundo huyó como si su vida dependiera de ello. ¡Ja! Gato tonto como si pudiera ser más rápido que yo. Como si tuviera alguna oportunidad de escapar. Detuve ese pensamiento al darme cuenta de que si tenía oportunidad de sobrevivir dado que yo soy una inútil cazando. Seguí caminando.
Mi departamento se ubicaba exactamente en el tercer piso de un edificio antiguo. Tan antiguo que podías ver las grietas en las paredes.
Llegue a mi nuevo hogar a eso de las ocho y media de la noche… suspire. Mañana tendría que asistir a un instituto. Solo por formalidad, ya que ya sé todo lo que hay que saber en lo que respecta a la educación, sin embargo lo hago para entretenerme en algo.
Abrí la puerta de mi nueva residencia. No era muy grande, pero para una sola persona estaba bien. La sala principal contaba con dos puertas, una era la del baño y la otra, la de mi habitación. Había una cocina con una barra para usar de mesa. Sonreí irónicamente. Como si fuera yo a cocinar.
Deje mis maletas en la sala, mañana ordenaría. Abrí mi bolso y saqué un libro, me fui hacia la habitación y luego me tumbé en mi cama para leer. No tenia sueño. Nunca lo tenía.
Amaneció.
Aun acostada contemplé por la ventana, el amanecer, como no había cortinas, el sol golpeó mi cara, el calor que me brindaba era dulce y chocaba contra mi fría piel de mármol.
Era 22 de noviembre… y era un día muy soleado para ser otoño, por suerte el sol no lastima mi pálida piel, es una ventaja ser de la familia real.
Me levante tranquilamente, no es como si hubiera dormido en la noche pero si estuve acostada leyendo mi libro favorito "Ángeles y demonios" de Dan Brown, me vestí normal, nada que llame la atención, cepille mi cabello y me hice una cola alta, tome mi bolso y salí de mi departamento. Me coloque los auriculares de mi Ipod mientras me dirigía al instituto.
El , era una escuela secundaria que contaba con una gran edificio, cafetería, canchas de tenis, fútbol soccer, rugby, voley, jockey, básquet y béisbol, típica escuela de deportistas… pero eso no era lo malo para mi, lo malo seria el hecho de que entraba un mes después del comienzo de clases, y eso solo significaba una cosa: sería ¨ La Nueva ¨.
Estaba escuchando la canción "what i´ve done" de Linkin Park cuando llegue al edificio.
Para entrar al colegio y pasar desapercibida ingrese por la parte del estacionamiento. Grave error. Me sorprendí al ver tantos autos, algunos DEMASIADO caros. Amo los autos, en eso soy muy buena, tengo una gran habilidad para arreglarlos.
Seguí caminando, pude reconocer un Porshe Turbo, un BMW M3, un Jeep, una Ferrari F430 ¡¡¡un Volvo!!!… cielos!! Estos chicos si que tienen dinero.
Al entrar en el instituto pude ver muchos carteles de ánimos a lo que pensé que sería el equipo de fútbol soccer.
¨ ¡vamos espartanos! ¨
¨ ¡¡TEAM All Star a las finales!! ¨
Y cosas por el estilo eran lo que decoraba el instituto completamente… valla fanatismo… ingrese a la secretaria y espere a que me atendieran. A los pocos minutos apareció una mujer de… diría yo… unos cuarenta y tantos años, su rostro parecía amable, al verme me dirigió una calida sonrisa que le devolví por pura formalidad. Luego de lo ocurrido con mis padres no estaba de ánimo para ser una persona alegre.
-hola cariño ¿en que puedo ayudarte?- dijo con una voz delicada y suave.
-soy Isabella Swan…emmm… me acabo de transferir-respondí al segundo de que ella formulara la pregunta. Solo quería irme de allí lo más rápido posible.
-mmm… Swan… ¡aquí esta!- dijo sacando un sobre, que, seguramente, contenía los horarios de mis clases, aulas, descanso y libros que tendría que comprar. Me lo entregó, y le agradecí al tiempo que me preguntaba de qué país venia ya que mi acento no sonaba muy ingles.
-de Transilvania- le respondí, quería irme de allí, pero… tampoco quería sonar muy maleducada, eso es algo que no soy.
-Woow! ¡¡Transilvania!! Solo falta que me digas que tu padre es Drácula jaja- dijo a modo de broma. Ilusa. Si supiera.
Sin detenerme a contestar su broma, salí de la secretaria y comencé a buscar mi clase.
La mañana pasó tranquila, sin contar el hecho de que todos supieran que era la nueva, como odiaba eso…
La última hora antes del almuerzo era literatura, a mi parecer es una materia divertida. Claro, cuando eres alguien tan torpe como yo, una clase en la cual hablas de libros es muy segura. La profesora, la Sra. Stein, era una mujer que tendría unos cincuenta y tantos, vestía un traje negro, su cabello gris lo mantenía sujeto en un alto moño y su rostro tenia tanto maquillaje que parecía una mascara, a veces me pregunto que tanto fanatismo le ven al maquillaje algunas mujeres y otras veces pienso que soy rara. En fin, en esa hora conocí a una chica que sinceramente no recuerdo su nombre, no es que me importe recordarlo tampoco, solo se que nunca dejo de hablar en el camino a la cafetería. Al ingresar, me quede pasmada, ¡esta es una escuela o un desfile de modas! ¡O es que acaso me encontraba en el set de grabación de una de esas series como Gossip Girl o Greek! Diablos, aquí todos se vestían endemoniadamente bien, no es que me importase pero el hecho de ver a todos así vestidos me hacia culparme por el haberme vestido con mis converse negras viejas, unos jeans negros y una remera de mangas largas blanca con un buzo rosa, aquí era al contrario a los demás institutos, en este lugar realmente resaltas si te vistes normal ¡Dios!
Me senté con esa chica cuyo nombre sigue siendo un misterio para mi olvidadiza mente, y sus amigos –no recordaba sus nombres tampoco- y comenzaron a platicar sobre los torneos de la próxima temporada de verano. Decidí ignóralos. El deporte nunca me llamó la atención. Me entretuve viendo a mi alrededor, había muchas mesas, pero una de ellas estaba vacía completamente a pesar de que había estudiantes comiendo en el suelo, me pareció muy extraño, por lo tanto me dispuse a preguntarle a esta chica que me invitó a su mesa, pero no me dio tiempo ya que de repente todo en alumnado, y cuando digo todo me refiero a TODOS los estudiantes, se pararon de sus asientos y se dirigieron hacia la puerta principal de la cafetería y dejaron espacio para un pasillo que casualmente terminaba en la mesa vacía.
-que sucede- pregunte a mi compañera de literatura. Ella volteo a verme con una mirada de sorpresa, pero al segundo sonrió y me contesto.
-cierto eres nueva- pareciera que todo el mundo le gusta hacerme sentir peor con eso de ser nueva, realmente odio ser el centro de atención, mas cuando soy tan torpe y podría caerme enfrente de todos- mira la puerta- hice lo que me dijo y a los segundos entraron lo que pensé serian los chicos VIP del instituto, irónicamente todos comenzaron a gritar y aplaudirles como si fueran súper estrellas de Hollywood. La chica sin nombre tomo mi brazo y me arrastró hasta el principio de la multitud para verlos mejor.
-¿Quiénes son?- le pregunte, ella volteo hacia a mi, luego siguió mirándolos y sonriendo como idiota. Valla perdida de tiempo. Antes de que pudiera irme ella respondió
-el TEAM All Star- la mire esperando a que continuara- son los capitanes de cada deporte que hay aquí, son muy populares- eso ya lo había notado, de todas formas sentía curiosidad por saber que mas tendría para decirme ella –cada unos de ellos ha llevado a su equipo a la victoria desde que están en la secundaria, son líderes natos- dijo con admiración y con lo que creo que fue un poco de envidia.
-ahh… ¿Cómo se llaman?- debía admitirlo la curiosidad me mataba, a simple vistas parecían perfectos, llegue hasta preguntarme si no serian de mi raza pero eso quedo descartado cuando escuche los latidos de sus corazones.
-la primera es Angela Black, capitana del equipo de jockey, tiene 17 años, es la mas dulce- señalo a la muchacha que encabezaba el desfile, su rostro era muy amable, tenia ojos marrones, y su larga cabellera negra llegaba hasta su cintura, vestía una simple remera blanca con cuello alto y mangas largas que le llegaba hasta la cadera, sobre esta llevaba un chaleco marrón. Unas botas de cuero negro y taco aguja le llegaban hasta la rodilla, cubriendo unos jeans negros.
- luego le sigue su hermano, Jacob Black también de 17 años, capitán del equipo de básquet- el chico al igual que su hermana poseía ojos marrones, su cabello corto hasta la nuca era de color negro, llevaba el flequillo solo en los costados de su rostro, el cual parecía muy infantil pero maduro a la vez. Era delgado pero con musculatura y debería de medir un metro setenta. Vestía una campera blanca con dibujos tribales en negro, unas adidas blancas con negro y un jean azul gastado. Sigo insistiendo estos chicos vestían muy bien! Jacob venía hablando con otro chico.
-ese chico es Ben Cheney, capitán del equipo de béisbol, tiene 18 años- era un moreno muy guapo de ojos marrones, su cabello caía desordenadamente por su rostro y le llegaba hasta sus hombros, mientras caminaba mantenía un gran sonrisa en su rostro, tenia la misma altura que Jacob y vestía un jean azul holgado con una camisa blanca de mangas largas enrolladas hasta los codos que cubría a una camiseta del mismo color de la camisa, esta se le cernía a su torso marcando sus abdominales. Estoy segura de que si pudiera sonrojarme ya lo habría echo, a veces el ser como yo tiene sus ventajas.
Seguí mirando a los que pasaban, luego venía una chica rubia de la mano de un chico muy musculoso, mire a mi compañera esperando a que me explicara quienes eran ellos.
-esos son Rosalie Hale y Emmett McCarthy, ambos de 18 años, capitanes de voley y rugby respectivamente, son la pareja de oro- puede entender el por que de eso, se veían muy bien juntos, como la bella y la bestia, aunque de bestia el chico no tenia nada, al igual que todos era muy guapo. Ambos tenían ojos azules, ella llevaba el cabello suelto hasta la mitad de la espalda y el corto al raz de su cabeza. ¡Su ropa realmente era bonita! Ella llevaba una falda hasta la mitad del muslo rosada con tablas, unas botas blancas, una remera de mangas cortas blanca y con un saco negro de igual corte en las mangas, con capucha y largo hasta las rodillas. El poseía unos jeans rectos blancos con una remera negra de mangas cortas que parecía un talle mas chico que el que debería usar, logrando así marcar sus pectorales, y sobre ella una campera blanca con capucha.
- OH si que son populares- me limite a decir mientras ellos se sentaban en sus sillas y comenzaban a platicar.
-si y no solo son buenos es deporte, también son guapos, buenos en las materias y muy adinerados… Dios SON PERFECTOS como los envidio – solo pude sonreír ante ese comentario.
-porque no se vuelven a sentar todos- le pregunte mientras observaba a mi alrededor. Ella señalo la puerta y ahí fue cuando lo vi. Entraba junto con una chica, ambos hermosos, sus pieles eran pálidas aunque yo podía escuchar los latidos de sus corazones, eso me hizo relajarme un poco, por lo menos no tendría problemas con los de mi especie aquí.
Ambos caminaban con seguridad, mirando al frente sin detenerse por nada ni nadie.
-y por último ellos son los hermanos Masen Cullen- me sobresalte al escuchar la voz de la chica a mi lado, pero deje que continuara- ella es Alice y el es Edward, ambos de 17 años, capitanes de los equipos de tenis y fútbol soccer- me entretuve mirándolos mientras avanzaban por el pasillo improvisado que los estudiantes habían creado. Los ojos de ambos eran de un color dorado. La chica llevaba su cabello negro corto y su flequillo caía del lado izquierdo y el lo tenía de un color cobrizo y parecía imposible de peinar. Ella vestía un vestido a cuadrille color beige, negro y blanco sin tirantes que venía con una camisa cosida, la falda le llegaba justo a la mitad del muslo con unas botas negras de tacón bajo a juego. Sobre su vestido tenia un buzo a rayas azul con blanco que le llegaba por debajo del busto y le caía por un hombro. El en cambio llevaba un pantalón negro recto con unas zapatillas deportivas negras, una remera de mangas largas de color azul con una campera de mangas cortas negra.
De pronto ocurrió algo que no esperaba, la chica llamada Alice volteo a verme, solo fue por un segundo pero sentí como si me estudiara y por un momento pensé que sabía lo que era.
Nerviosa salí de la cafetería como alma que se lleva el diablo. Fui a mi casillero, me senté contra el y me dispuse a respirar despacio, no es que lo necesitara pero lo había adquirido como una costumbre. Me entretuve pensando en ese chico. Muy guapo, debo decir. Me hubiera gustado verlo sonreír, pero la mirada que me dio su hermana me hizo recapacitar eso. O era muy sobre protectora o me advertía que no me acercara a ellos. Como si sintiera asco de mí.
Sin embargo, mis pensamientos volvieron a ese chico. Si mi corazón fuera lo suficientemente humano, habría latido con mucha fuerza que parecería que sería capaz de salirse de mi pecho. Nunca antes me había fijado en hombres. Simplemente no me interesaban por el momento. Me sentía como una adolescente. Y la verdad es que de joven no tengo nada. Pero… ¿Qué tenía ese chico que me ponía los nervios de punta? ¿Acaso su sangre cantaba para mí?
Imposible.
Mi cuerpo se tensó violentamente y mis ojos se desorbitaron por unos segundos. Me abracé a mi misma en un intento desesperado de calmarme. El solo hecho de pensar en la sangre me puso alerta. No quería saber que sucedería si veía ese líquido espeso. Ya era suficiente tortura poder olerla como para verla frente a mí. Rogué al cielo que nadie se lastimara cerca de mí.
Después de media hora sonó el timbre. Debía ir a clase, me levante del suelo al tiempo que los pasillos se llenaban de gente. Tomé mis cosas y me dirigí al aula 205. Biología.
Caminé lentamente como si fuera a mi fusilamiento, no sabía por que, pero sentía como si así fuera. Al llegar todos hablaban. Me ignoraban. Bien, punto a mi favor. Seguí caminando hasta pararme frente al profesor. Cuando me indicó donde sentarme, me dirigí allí. De acuerdo alguien allí arriba me odiaba y me mando una gran dosis de mala suerte. Mi compañera era Alice Masen Cullen. Allie para los amigos, claro que no me incluyo en esa clasificación. Me senté sin mirarla pero aun podía sentir sus ojos clavándose en mi cuello. Sonrío.
Ya había empezado la clase.
En ese momento desee nunca haber pisado esa aula.
Tendríamos que hacernos exámenes de sangre, ahí mismo. Nunca debí tentar a mi suerte. Dejaron dos bisturís y dos papeles para colocar la sangre, sobre la mesa. Me quise morir –si pudiera-. Sangre a mí alrededor, eso no era nada bueno.
Uno de los bisturís desapareció de la mesa, lo siguiente que vi fue a Alice cortarse el dedo dejando salir una mínima cantidad de sangre. Volteo a verme. Sonrió de vuelta.
-¿Qué sucede? ¿Te atrae mi sangre?- sentía que perdía el control de mí misma, pude ver que ella acercaba su dedo a mi rostro.
Lo último que recuerdo fue cuando movió sus labios diciendo con mímica lo que yo era.
Vampiro.
Luego todo se volvió negro.
